Hoseok tomó un sorbo de su taza de café, mirando con el ceño fruncido el documento que tenía frente a él. No era realmente un escrito suyo. Un colega del trabajo se lo había mandado para que lo revisara y editara lo mejor posible y, aunque no ganaría nada al hacerlo, no pudo rechazar al chico. Motivo por el cual se estaba tomando muy en serio su labor de asegurarse que aquel escrito saliera sin ningún error, lo que comenzaba a generarle un terrible dolor de cabeza. Soltó un suspiro frotando su cara.

No es que el trabajo fuera malo; no había encontrado ningún error ortográfico hasta el momento y la redacción era muy buena. La idea tampoco estaba mal planteada, pero… le faltaba algo, y no estaba del todo seguro de qué. La conclusión era algo débil, además, varias ideas parecían sacadas de la nada ya que no recordaba haberlas leído en algún otro punto del documento. Tenía una base muy sólida, pero todavía le faltaban varias cosas para considerarse un trabajo completo. Al menos eso es lo que él pensaba. Temía que el trabajo fuera perfecto en realidad y solo estuviera siendo demasiado estricto. Necesitaba una segunda opinión al respecto.

Justo cuando pensó eso, su pareja salió del cuarto que compartían, soltando un bostezo y rascando su estómago. Su cabello estaba enmarañado y sin forma. Jun se veía devastado y agotado, como usualmente hacía cada que despertaba. Al ver la hora, notó que ya era medio día. ¿Cómo era posible que a esa hora Jun actuara como si lo hubieran despertado a las cinco de la mañana? Genuinamente lo sorprendía.

El chico volvió a soltar un bostezo y frotó sus ojos levemente. Hoseok soltó una risita, ¿cómo es que tuvo la suerte de encontrar al hombre más adorable y guapo del planeta?

—Buenos días Jun— El mencionado volteó a verlo, ligeramente sorprendido de que estuviera aún en casa. Una leve sonrisa se formó en su rostro mientras caminaba hacia él, colocándose detrás para poder abrazarlo por la espalda, descansando su cabeza sobre la del otro. El pelirrojo sonrió, complacido, recargándose un poco en el chico, aceptando los mimos que le estaba ofreciendo. Se quedaron en silencio durante un momento hasta que el mayor de los dos decidió volver a romperlo —¿Cómo dormiste?

—Mal. Tuve una pesadilla en la que íbamos a una casa antigua y elegante de vacaciones, pero resultaba que uno de los cocineros era un genio malvado que estaba desarrollando una sustancia para volvernos zombies a todos y lo lograba, aunque yo y otra persona de ahí nos salvábamos y nos tocaba ver cómo todos se comían entre sí. Al final encontraba la cura, pero apenas iba a usarla contigo cuando otro zombie me atacó para morderme. Ahí fue cuando me desperté.

Hoseok escuchó todo, tratando de tomarlo en serio. Llevaba ya un buen tiempo viviendo con su pareja, por lo que sabía lo extraños que podían llegar a ser sus sueños y pesadillas, aunque nunca había logrado acostumbrarse del todo a estos. Jun terminó su pequeña anécdota, lo que significaba que tenía que decir algo pronto. Acarició uno de los brazos del chico mientras pensaba.

—Debiste estar muy asustado al despertar.

—Algo, pero fue más como una sensación de extrañeza— se separó levemente, frotando su barbilla —Me molesta mucho cuando los sueños no quedan inconclusos. Cada que despierto de uno así, termino todo desorientado, esperando que lo que sea que fuera a pasar en el sueño pase en la vida real— el joven suspiró de manera dramática —Es muy abrumador.

Hoseok le sonrió dulcemente mientras se recargaba en su mano para verlo mejor.

—Bueno, pero en este caso es mejor que no haya concluido ese sueño ¿no? No me imagino a nadie que quiera ver como lo matan, ni siquiera en un sueño.

—Hubiera preferido verlo a despertarme esperando que un zombie apareciera en cualquier momento y me matara— refunfuño Jun mientras caminaba hacia la cocina. El café que había hecho Hoseok seguía algo caliente, así que se sirvió lo que quedaba —Por cierto, ¿no irás a la oficina hoy? Ya es algo tarde.

—No.

Jun regresó a su lado, tomando asiento en una de las sillas que estaban más cerca de él. Tomó un pequeño sorbo de su taza, quemándose ligeramente la lengua.

—¿Ah no?— aquella oración salió un tanto distorsionada ya que el chico la dijo mientras sacaba su lengua para intentar examinarla. Al ver que no tenía nada, la volvió a meter —¿Y eso?

—Se fue la luz en la empresa, así que mejor me quedé en casa y tenemos mejor internet aquí de cualquier manera.

Jun asintió mientras pensaba en ello. Tomó otro sorbo de café, ahora con más cuidado, y subió sus piernas a las del otro. Hoseok aprovechó la oportunidad para acariciar éstas, dejando lo que estaba haciendo para enfocarse en el otro. Adoraba las piernas de su novio.

—Wow, no recuerdo cuándo fue la última vez que ambos estuvimos en la casa al mismo tiempo y sin la presión de tener que ir a algún otro lugar. Lo extrañaba.

—Yo también— Hoseok hizo que Jun dejara su taza para que quedara sentado en sus piernas por completo. Pudo sentir al chico relajarse en sus brazos —También hace mucho que no tenemos una conversación real, ¿cómo has estado?

—Bien, cargado de trabajo como siempre, ya sabes. Me dejaron a cargo varios proyectos con relación a violencia intrafamiliar y el desarrollo del autoestima.

Hoseok asintió.

—¿No te están cargando con demasiadas cosas? Quiero decir, entiendo que te apasione lo que haces, pero debe de haber límites.

—La verdad no me molesta— Jun comenzó a moverse lentamente sobre él, más que nada para fastidiarlo. El joven lo detuvo, tomándolo de la cintura con fuerza. No iba a caer en su juego y sabía que su novio solo fingía no darse cuenta de lo que hacía. Pudo notar que frustró los planes del pelirrosa cuando lo vio suspirar, aburrido —De cualquier forma, la empresa ya me asignó un equipo. Así que yo no me encargo de hacer todo, solo lo más importante.

Jun se puso de pie, empujando la computadora al centro de la mesa para poder sentarse en su lugar. Miró al otro, acariciando su cabello.

—¿A ti cómo te fue ayer? Espero no haberte hecho tanta falta.

El pelirrojo rodó los ojos, riendo. Volvió a acariciar las piernas del otro.

—Bien. Casi no he tenido trabajo últimamente y cuando tengo, lo termino rápido. Ayer fue uno de esos días, así que aproveché mi tiempo libre para ir a ver una película que llevaba un rato queriendo ver.

—¿Fuiste sólo al cine como todo un perdedor? Hubieras invitado a Jimin.

Hoseok frunció el ceño, cruzándose de brazos.

—Jimin también estaba ocupado y disculpa, pero no tiene nada de malo ir al cine solo de vez en cuando. Es como invitarte a ti mismo a una cita, hace maravillas al autoestima.

—Lo sé, lo sé. Sólo estoy molestando— Jun soltó una leve carcajada. Le pasó al otro su computadora y se puso de pie, estirándose —Será mejor que me vaya a arreglar.

En cuanto Hoseok tuvo al alcance su computadora, retomó lo que estaba haciendo. Con la mente más despejada, pudo ver que no era idea suya que el trabajo de su compañero necesitaba otra pulida. Agradeció mucho la pequeña distracción de su pareja. Siempre podía contar él para pensar mejor las cosas.

—¿Te gustaría ir a comer hoy, Jun?

—Me encantaría, pero ya tengo otro compromiso.

—¿Del trabajo?

—No, bueno, algo así— Jun se acomodó las pantuflas mientras dejaba su taza de café, ahora vacía, en el lavabo —Ayer fui a visitar a Joon a la cafetería, pero resulta que se sentía mal y fue al hospital, por lo que Jin estaba atendiendo la cafetería por su cuenta. Se vería muy atareado y me sentí mal por él, así que decidí ayudarlo. Le dije que no era necesario, pero él insistió en que hoy fuera para darme algo gratis en agradecimiento por haberlo ayudado y eso haré.

Hobi asintió.

—Okay, ¿qué hay de ir a cenar?

—Me gusta la idea.

—¿Comida italiana?

—Me conoces tan bien.

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Desde el día en que le dio el aumento, se había vuelto una costumbre que Jackson pasara mucho tiempo dentro de la oficina de Jungkook, ya fuese arreglando documentos o leyendo los que le tocaba atender. Al inicio, eso molestaba bastante al joven abogado. No es que estuviera en contra de pasar tiempo con el chico o algo por el estilo, pero él consideraba aquel espacio su pequeño santuario. La presencia del otro suponía una distracción, así que intentó convencerlo varias veces de que llevara sus casos a su lugar de trabajo y que él se encargaba de organizar los demás. Sin embargo, su secretario siempre le decía que eso no iba a suceder ya que en recepción no tenía suficiente espacio para tantas cosas.

Sin importar lo que dijera, el otro no cedía, por lo que llegó un punto en el que Jungkook se dio cuenta de que esa era su realidad ahora y no le quedaba más remedio que adaptarse. De cualquier manera, solo estaba ahí después del almuerzo. El castaño siempre permanecía en su puesto durante las mañanas para realizar sus otras labores, tan solo hacía de abogado en las tardes y cerca de la hora de salida. No podía decir que ya estaba acostumbrado, pero ya lo encontraba un poco más tolerable y hasta conveniente. Después de todo, podía hacerle encargos sin la necesidad de ir hasta su asiento o marcarle por teléfono.

Ahora bien, aquel día estaba sintiendo como la poca paciencia que logró desarrollar ante la invasión de su espacio personal se desmoronaba. Esta vez nada tenía que ver con Jackson, ni siquiera con el hecho de que hubiera sido despojado de su silla de trabajo, teniendo que tomar una de las que solía dejar para visitas, sino con el hecho de que Jimin se encontraba sentado al otro lado del escritorio, en su silla mientras daba vueltas en ella soltando ruiditos de emoción y sorpresa como si de un niño de primaria se tratase.

Jungkook simplemente no entendía qué estaba haciendo el bailarín ahí. El chico alegó que no tenía nada mejor que hacer y, por ello, iba a pasar el rato con ellos dos. Tontamente el joven abogado no dijo nada en su momento ya que no pensó en las implicaciones de aquella oración. Aceptó porque asumió que con "estar con ustedes" se refería a estar con Jackson, lo que significaba que permanecerían en la recepción, lejos de él y sin poder molestarlo. Lo que olvidó es que el rubio había estado trabajando dentro de su oficina los últimos días y, por supuesto, ese no iba a ser la excepción. Jimin iba a estar con Jackson, Jackson iba a estar con Jungkook, así que la conclusión obvia era que Jimin iba a estar con Jungkook. Era lógica básica y aun así, el pelinegro había fallado en caer en aquella simple realización, pagando las consecuencias de su omisión.

No importaba, ya había vivido mucho tiempo lidiando con el lado infantil de la personalidad de Jimin, estaba seguro de que iba a poder con él o eso pensó en cuanto lo vio entrar. Su segundo error. Llevaban unos cuantos minutos los tres juntos, cuando Jungkook comenzó a sentir la fuerte necesidad de pedirle al bailarín que se fuera y lo dejara leer en paz. Simplemente no podía estar quieto. Si no estaba sentado dando vueltas en su silla, estaba recostado sobre su escritorio, moviendo cosas y haciendo ruidos para fastidiarlo. El joven abogado tenía un límite, el cual fue cruzado cuando Jimin emitió un pequeño chillido un tanto más agudo que los demás, mientras picaba una de sus mejillas.

Harto del comportamiento del otro, dejó sus documentos a un lado y bajó una mano con fuerza, golpeando su escritorio mientras veía al otro a los ojos.

—¿Te podrías callar?— a pesar de que estaba sumamente molesto, procuró no usar un tono demasiado agresivo, haciendo que aquella oración saliera un tanto más débil de lo que le hubiera gustado. No obstante, consiguió el efecto que quería. Jimin, al instante, detuvo todo lo que estaba haciendo para verlo a los ojos. Se veía como un niño al que había atrapado haciendo alguna maldad. Esa expresión no duró demasiado en su rostro, pronto se transformó en un puchero. Parecía disgustado por haber sido regañado, en especial porque era mayor que él.

Se hizo un frío glacial en la oficina mientras ambos jóvenes entraban en un concurso de miradas del cual sólo el más fuerte saldría campeón. Jungkook estuvo a punto de abrir la boca para lanzar el primer ataque cuando escuchó que alguien más aclaraba su garganta, ganándose su atención. El abogado dirigió la vista hacia su asistente, quien tenía escrito "asesinato" en todo el rostro. La amenaza en aquellos fríos ojos era clara: si se metía con Jimin, habrían consecuencias. No importaba que fuera su jefe, Jungkook no iba a salir de esa situación con su integridad intacta. Tragó y soltó un suspiro para después desplomarse en su asiento mientras se frotaba su cara, no era justo que Jimin contará con un refuerzo así. Sí así iban a estar las cosas, lo mejor era que él también consiguiera una pareja lo suficientemente intimidante para que las cosas fueran iguales.

Tener relaciones románticas, sin embargo, no estaba dentro de sus planes y ya se había redimido lo suficiente como para querer volver a cometer un error, como utilizar a alguien solo por protección, y que la gente lo tachara nuevamente de escoria humana. Las cosas estaban muy bien como estaba, solo tenía que: a) aprender a enfrentarse a Jimin sin dejarse intimidar por Jackson aun cuando fuera a recibir un puñetazo por parte de este, b) volver a practicar alguna arte marcial o c) aceptar que jamás le iba a ganar a Jimin en un argumento y dejar de quejarse. Jungkook, siendo Jungkook, escogió el camino más fácil, dándole al otro la razón, como siempre.

—No recuerdo haber aceptado que Jimin pasara el rato aquí.

Aquello fue lo único que se atrevió a decir. Estaba esperando recibir algún comentario por parte de Jackson que lo pusiera en su lugar, pero, por suerte, fue el rubio quien contestó, claramente ofendido por la manera tan clara de decirle que no lo quería ahí.

—Porque no lo hiciste— se cruzó de brazos —En mi defensa, tampoco dijiste nada cuando llegué, así que perdiste el derecho de quejarte— comentó Jimin, sintiéndose orgulloso de haber retenido una de las cosas que su ex le había enseñado cuando salían —Y hablando de derechos. Soy tu cliente, es justo y necesario que permanezca aquí todo el tiempo que vea necesario para mi caso.

—Tú no eres mi cliente.

—¡Claro que sí! Yo te contraté.

—No. Me pediste ayuda, sí, pero jamás me pagaste. Por ende, no me contraste y tampoco eres mi cliente.

—No te pagué porque no me cobraste.

Jungkook quería gritar por lo difícil que estaba siendo el bailarín. Obviamente no le iba a cobrar, como si pudiera hacerlo. Volteó a ver a Jackson de reojo, quien volvió a poner atención a su trabajo, claramente convencido de que el otro lo tenía todo en orden y no necesitaba de su ayuda. Lo odiaba y, al mismo tiempo, lo amaba por tomárselo tan a la ligera. Aprovechando su pequeña distracción, el rubio se estiró hacia él, jalando uno de sus cachetes con la única intención de seguir fastidiando.

—Si sigues frunciendo tu cara así, te van a salir arrugas.

No, si seguía conviviendo con Jimin así, era un hecho que dentro de poco le saldrían arrugas y una que otra cana. Podía sentir como el bailarín chupaba hasta la última gota de energía y sus ganas de vivir, y aun así no se veía alejando al otro en un futuro cercano por algún extraño motivo. Nada tenía que ver con que en realidad disfrutaba de tanto su compañía como la de Jackson. Él no los necesitaba, era un adulto independiente. Simplemente no quería hacerlo y ya.

—¿Al menos podrías regresarme mi silla?

—No. Ahora es mía, acostúmbrate a una vida sin tu silla con rueditas— Jungkook soltó un suspiro, frustrado, recargándose en su escritorio mientras escondía su cara entre sus manos. Simplemente no iba a ser más sencillo jamás, comenzaba a darse cuenta de eso —No seas exagerado, no es para tanto. Estoy seguro de que cualquier silla es buena a la hora de trabajar. Estás haciendo un drama por nada.

Lo iba a asesinar, en serio iba a hacerlo. Ya no había nada que pudiera detenerlo. No le importaba que hubiera testigos, Park Ji Min no iba a continuar hostigándolo sin que al menos le contestara. Se levantó, dispuesto a empezar una pelea con el otro, completamente confiado de su superioridad física, cuando una mano se posó sobre su hombro, congelándolo en su lugar. Cierto, Jackson todavía estaba ahí.

—Creo que esto ya fue suficiente. Ya no tiene caso que sigas tratando de concentrarte en tu trabajo porque ya es hora de la salida, así que ¿por qué no empacamos nuestras cosas y nos vamos a cenar a algún lugar?

Jimin accedió al instante, asintiendo mientras se ponía de pie, perdiendo un poco el equilibrio debido a los mareos. Jungkook miró aquello con cierta diversión, tensándose cuando sintió la mirada de ambos chicos esperándolo en la entrada.

—¿Vienes?

¿Quería hacerlo? Jungkook realmente no lo sabía. Bueno, más bien no quería saberlo. Independientemente de eso, sabía que Jimin haría un berrinche si no accedía a ir con ellos, siempre lo hacía. Por lo que resignado, y algo cansado, asintió levemente, tomando sus cosas.

—Yo manejo.

Al menos así podría escoger a dónde irían en esa ocasión. Salió del lugar con los otros dos detrás de él, perdiéndose en su pequeño mundo color rosa.

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Taehyung consideraba que tener citas era una parte muy importante de las relaciones. No tenían que ser seguido y tampoco algo demasiado extravagante, tan solo lo suficiente como para que la chispa no se perdiera. Después de todo, por más enamorados que estuvieran el uno del otro, no se podían dar por sentado. Cada día era una nueva oportunidad para volver a conquistarse mutuamente. Fue por eso que el profesor, a pesar de estar exhausto gracias a todas las actividades que tuvo que realizar durante el día, fue con Suga para invitarlo a pasar por un postre a la cafetería de Namjoon y Jin en cuanto estuvo libre.

Tenía que admitir, sin embargo, que tenía otro motivo por el que quería tener una cita romántica con el pelinegro que nada tenía que ver con conquistarlo de nuevo: se sentía un poco nervioso desde el otro día. No tenía nada que temer, podía confiar en el mayor y en que jamás haría algo para lastimarlo, pero una pequeña parte de su mente se negaba a dejarlo en paz, recordándole a cada rato la actitud extraña y evasiva del psicólogo del día anterior. Fue simplemente demasiado sospechoso. Si se trataba de algo de trabajo ¿qué le hubiera costado decirle eso y que no podía revelar más? Suga no mentía, no podía hacerlo. En situaciones donde se veía forzado a hacerlo, prefería decir la verdad y evitarse problemas en el futuro. Eso era lo que le angustiaba.

Negó y abrió la puerta, permitiendo que el chico entrara. No le dijo nada cuando fue a "comprar pasta" porque estaba apurado, pero ¿por qué no le decía ahora lo que había pasado? Cuando regresó a casa, actuó como si nada hubiera pasado, desconcertando un poco al profesor. Ingresaron al lugar, listos para ordenar cuando se le ocurrió que, quizá, el silencio del otro se debía a que no le había preguntado. Tenía que ser eso.

—¿Estás bien?

—Tengo que ir al baño, ¿puedes ordenar por mí? No me tardo.

Sin esperar a que Taehyung accediera, el mayor rápidamente se dirigió hacia los sanitarios. Soltó un suspiro, suponía que podrían hablar del tema una vez tuvieran sus alimentos y estuvieran sentados. Caminó hasta la caja, deteniéndose mientras esperaba a que Namjoon o Jin aparecieran para tomar su orden.

El profesor comenzó a mirar todo el establecimiento cuando cayó en cuenta de que, junto a él, se encontraba otra persona. En cuanto vio de quién se trataba, sintió unas terribles ganas de salir corriendo, era la última persona a la que deseaba ver. Ahí, en toda su gloria, se encontraba Jun, quien estaba inmerso en su celular.

Por un momento, Taehyung pensó que se salvaría, pero gracias a un movimiento brusco que hizo, se ganó la atención del otro, quien finalmente apartó la mirada de su dispositivo móvil para observarlo. Una sonrisa juguetona se formó en su rostro y ahí fue cuando el castaño cayó en cuenta de que estaba condenado. Viendo el lado positivo, tal vez los juegos del pelirrosa lograran distraerlo.

—Miren nada más quién llegó, ¿acaso no es mi maestro de arte favorito?

—Profesor. Es profesor, Jun-Hong. Y yo doy clases de historia del arte, no de arte.

—¿Cuál es la diferencia?

Taehyung quiso asumir que hablaba de la parte de historia del arte. Soltó un suspiro, sintiendo como todas sus emociones eran reemplazadas por estrés en su estado más puro. Solo Jun y Suga lograban que fuera tan transparente con lo que sentía, con emociones distintas, claro.

—Arte es el tema general e Historia del Arte es una de sus ramas. Dentro del arte, están el baile, la danza, la pintura, la escultura, etc. Mientras que Historia del Arte se enfoca en estudiar todas las corrientes artísticas que han existido a través del tiempo. Yo no te enseño a pintar, sino la evolución de la pintura a través de la historia.

—Sigue sonando igual para mí.

Taehyung tuvo que contar hasta diez para mantener la calma. Sabía que el otro lo hacía para fastidiarlo, porque tonto no era y claramente entendía la diferencia, pero no iba a darle esa satisfacción. Frotó su cara, dándose cuenta de que era momento de cambiar de tema antes de que explotara. Dijo lo primero que le vino a la mente.

—¿Cómo se la pasaron ayer Suga y tú?

Se dijo que dejaría de pensar en eso, pero parecía que su mente lo estaba traicionando, trayéndolo a colación nuevamente. Bueno, escuchar al otro le ayudaría a calmar sus nervios de cualquier manera. Jun se veía un tanto confundido por la pregunta.

—¿De qué hablas?

Taehyung abrió los ojos. ¿Qué? Suga le había dicho que estuvo con el otro la mañana anterior. No era posible que el pelirrosa no supiera a qué se refería. A menos que el psicólogo le hubiera mentido al respecto para ocultar lo que en realidad había hecho. Podía sentir su sanidad comenzar a desvanecerse.

—¿Cuándo fue la última vez que viste a Yoon Gi, Jun?— intentó mantener su tono lo más neutral posible. Era consciente de que tuvo un pequeño desliz a la hora de pronunciar el nombre de su pareja, pero el otro no pareció percatarse de ello.

—Hace mucho, como un mes, aproximadamente.

—¿Suga no estuvo contigo ayer en la mañana?— Jun pensaba que aquella era una pregunta sumamente estúpida. Evidentemente, si llevaba un mes sin ver a su amigo, no estuvo con él el día anterior. Iba abrir la boca para reiterar cuando fue iluminado por un ser superior. Esa pregunta fue demasiado específica en cuanto a tiempo y persona, y el hecho de que se lo estuviera preguntando por tercera vez implicaba que quería confirmar algo. Tal vez eso le había dicho Suga. Maldijo internamente al psicólogo por no decirle antes. No tenía tiempo para pensar en eso, tenía que corregir el terrible error que acababa de cometer —Tomaré eso como un no.

—¿Sabes qué? Sí lo vi ayer, no sé por qué lo olvidé.

Aquella era una mentira vil y descarada que el profesor no creyó en lo absoluto. Miró al otro, incrédulo.

—¿Ah sí? ¿Y qué hicieron? No recuerdo qué fue lo que me contó Suga.

Esa era una pregunta muy arriesgada y seguramente una prueba. Tragó, pensando desesperadamente en cómo salvarse de esa. Tal vez lo mejor era desviar el tema y hacer un chiste para que el profesor dejara de hacer tantas preguntas. No tuvo tiempo de decir nada ya que Jin salió de la cocina y caminó hasta ellos con una sonrisa. Ahí estaba la distracción que necesitaba, perfecto.

Su optimismo se transformó en pánico al ver que Jin llevaba una pequeña y linda caja dentro de la cual, asumía, había un pastel. Esperaba que no dijera nada que lo fuera a delatar, comenzó a rezar y orar a cada dios y santo que se le venía a la cabeza.

—Una disculpa por hacerte esperar tanto, Jun. Aquí tienes— dejó la caja frente a él. Hasta ese momento todo iba bien, solo era cuestión de pretender haberlo ordena... —Se que dijiste que no era necesario, pero no sabes lo agradecido que estoy contigo por haberme ayudado ayer todo el día. Si no hubieras aparecido justo cuando estaba abriendo, no sé qué hubiera sido de mí.

El énfasis en el todo fue por mero dramatismo de parte del mayor, pero, sin querer, había tirado al caño todo el esfuerzo que hizo para que el profesor le creyera.

—Mierda.

Jin parpadeó, perplejo, por la repentina reacción del pelirrosa. No fue lo que esperaba. Jun parecía querer que la tierra se lo tragara. Fue todavía más extraño cuando miró a Taehyung, quien pretendía estar tranquilo aun cuando era evidente que estaba molesto. El mayor tragó, asustado. No, decir que estaba molesto era poco. Lo conocía lo suficientemente como para saber que estaba furioso, casi colérico. Aquellos ojos y esa sonrisa fría indicaban que alguien no saldría vivo de ahí y comenzaba a pensar que sería él por algún extraño motivo. ¿Que había hecho Jun ahora para ponerlo así? Era todavía peor cuando Taehyung trataba de disimularlo y fallaba, era una clara señal de que estaba a segundos de explotar.

Jun estaba en medio de una pequeña crisis, pero al notar el ambiente tenso que se había creado en aquel lugar y la visible confusión en el rostro del repostero, decidió que era momento de actuar.

—¡GRACIAS JIN!— alzó sus brazos mientras gritaba aquello. Prácticamente subiéndose a la barra, abrazó al otro mientras lo atraía hacia él lo más que pudo. Una vez estuvo lo suficientemente cerca, se acercó a su oído y murmuró —Suga le dijo a Taehyung que estuve con él ayer en la mañana, pero no lo sabía y puede que lo haya delatado— se apartó con una sonrisa, pensando que había logrado transmitir su mensaje en secreto. Soltó al otro y tomó su pastel, volviendo a hablar en voz alta —No te hubieras molestado.

Jun había olvidado que el profesor no era estúpido y que estaba lo suficientemente desquiciado como para pasar por alto aquel gesto tan descarado. Ya no estaba de humor para más juegos.

—Suga me dijo que pasó la mañana de ayer con Jun, pero parece que no fue cierto.

Jin ahora comprendía mejor la situación, pero no sabía qué hacer. No entendía por qué Suga mentiría sobre algo como eso y no iba a encubrirlo si se trataba de algo serio como una infidelidad. No obstante, sabía que el chico no era esa clase de persona y le debía varios favores, lo mínimo que podía hacer por él era eso. Fue en aquel momento que tuvo una idea que tal vez, solo tal vez, podría ayudar.

—Quizá escuchaste mal, Tae. Seguramente dijo Joon como en Namjoon y no Jun.

Jun sintió que el alma le volvía al cuerpo.

—¡Sí! ¡Exacto, eso debió ser!— motivado por la emoción, Jun dejó la prudencia de lado, como siempre —Seguro ya andas andropáusico. Mucho cuidado Tae Tae, yo que tú me iba a checar porque después de la sordera, viene la impotencia.

Namjoon salió de la cocina en ese instante, limpiándose las manos con un trapo. Al verlo, Jin sonrió. Rápidamente fue hacia él, tomándolo de los hombros para arrastrarlo a la caja, donde Taehyung permanecía mirándolos a todos con cara de pocos amigos. El barista más joven se encontraba demasiado confundido.

—Amor— empezó Jin —¿Verdad que viste a Suga ayer?

A juzgar por el rostro y tono muy mal disimulado de su pareja, Namjoon se percató de que la única respuesta viable era "sí", aunque no entendía muy bien por qué. Era consciente de su condición, pero estaba seguro de que pasó el día anterior con su mamá. Jin ejerció un poco más de fuerza en su agarre, señal de que tenía que contestar.

—Eh… sí, por supuesto. Cómo olvidarlo, porque yo jamás olvido cosas como esas. Es más, nunca olvidó ni una sola cosa. Para nada, menos cuando involucran a Suga. Por supuesto que vi a Suga ayer. Mi gran compañero y amigo…

—Está bien cariño, ya nos quedó claro.

Namjoon suspiró, ¿había hecho algo mal? Simplemente no entendía qué estaba pasando. Los tres miraron a Taehyung, quien, evidentemente, no se había tragado ni una sola de sus mentiras. Lucía más enfadado de lo que creían posible. Jun y Jin soltaron un suspiro, conscientes de que habían hecho lo hasta lo imposible. Namjoon, por su parte, seguía perdido. ¿Por qué Taehyung parecía un asesino en serie? Se habría ido a quejar por algo, pero aquello era imposible. Jin nunca se equivocaba con las recetas. Tal vez era por la iluminación, era un poco molesta en algunas mesas.

Suga salió del baño y escaneó el lugar, esperando ver a su novio sentado en alguna de las mesas, sorprendiéndose al no verla en ninguna. Caminó hasta la barra, pensando que quizá se quedó platicando con Jin, lo que lo animó un poco. Eso significaba que se estaba tomando en serio lo de hacer amigos fuera de la relación. Su buen humor no duró mucho, ya que, cuando lo encontró y este volteó a verlo, todo su cuerpo se congeló. La mirada que Taehyung le dedicaba estaba llena de ira, ya ni siquiera se molestaba en ocultarlo. El profesor soltó un gruñido y se retiró hacia una de las mesas, dejando al pelinegro dónde estaba, asustado y confundido.

Volteó hacia los otros tres chicos, dos de las cuales lo miraban con un poco de lástima, en búsqueda de respuestas.

—Lo siento— fue lo único que obtuvo de Jun. Volvió a mirar a su novio, que se encontraba considerablemente apartado de dónde estaban. Tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.

Estaba muy confundido, hace unos momentos el castaño estaba bien. ¿A qué se debía el cambio tan extremo de actitud? Bastó que lo pensara durante unos segundos para recordar la mentira que le había dicho el día anterior. Los puntos se conectaron solos después de eso y giró la cabeza rápidamente hacia los otros de nuevo. No, oh no. Bajó su mirada al suelo.

—Creo… que será mejor que hable con él

—Suerte— le dijo Jin. Pudieron ver cómo el chico, con el poco valor que tenía, caminó hasta el otro, sentándose frente a él. La pareja no tardó mucho en empezar a discutir —La necesitarás— mencionó aquello lo suficientemente fuerte para que únicamente Jun y Namjoon lo escucharan.

Jun soltó un suspiro y negó.

—Será mejor que me vaya. Muchas gracias por el pastel, si necesitan mi ayuda no duden en marcar.

Ambos chicos se despidieron del pelirrosa, quien se apresuró a salir del local. No quería presenciar el espectáculo que estaba a punto de montarse. Namjoon aprovechó la oportunidad para voltear a ver a Jin, todavía confundido con todo lo que estaba pasando.

—Jin, por favor explícame en qué me acabo de meter.

El mayor se veía reacio a hablar de ellos y más con la presencia de los otros dos aún ahí. El temporizador de la cocina sonó, dándole la excusa perfecta para escapar. Depositó un suave beso en la mejilla del menor y le sonrió.

—No puedo Joonie, tengo que ir a sacar los panes del horno.

Jin desapareció en la parte trasera del local, dejando al castaño solo con sus pensamientos y los gritos (mayormente del profesor) que no parecían llegar a su fin. El chico se sentó en la caja, mirando a la pareja que parecía a punto de iniciar una guerra, intentando encontrarle una razón a todo eso.

¿Qué pasó? ¿Qué se estaban diciendo? ¿Había hecho algo malo? Su cabeza dolía de tanto pensar. ¿Por qué esas cosas siempre tenían que pasar cuando no estaba presente, pero acababa involucrándose de todas formas? Era muy frustrante. Él pensó que los dramas acababan cuando te volvías un adulto, pero mientras más crecía, más se daba cuenta de que no era así; tan solo subían de escala. Con los años, hablar maldades el uno del otro en redes sociales se convertía en demandas multimillonarias.

Agradecía que al menos no le afectara directamente, o eso pensaba. Ni siquiera sabía qué estaba pasando y si eso tendría consecuencias para él y Jin en el futuro. Esperaba que no.

Se sobresaltó cuando Taehyung se paró de su asiento y salió del local, ignorando los gritos de Suga que le pedían que se quedara y hablaran las cosas. El profesor azotó la puerta detrás de él, haciendo que la campanita de la entrada sonara con fuerza. Por suerte eran los únicos clientes en el local. En otras circunstancias, habría recibido varias quejas y tendría que correr a la pareja del lugar para que arreglaran sus asuntos en privado, lo que era una pésima idea, considerando lo impulsivos que llegaban a ser esos dos.

El castaño se paró con la intención de escaparse a la cocina también y sacarle a su esposo unas cuantas respuestas sobre eso. Sin embargo, cuando miró a Suga, vio que parecía estar a punto de llorar. El pelinegro volteo a verlo.

—Namjoon…

El chico no tenía opción, no podía dejar a su mejor amigo solo en ese estado. Se dirigió hacia donde estaba, un poco inseguro de si abrazarlo o simplemente sentarse cerca de él. Optó por la segunda opción, tomando al otro de las manos con delicadeza

—¿Qué fue lo que pasó Yoon Gi?

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—Me encanta este lugar, es muy retro.

Jimin volteó a ver a su novio con una amplia sonrisa en el rostro.

—¿En serio?

—Sí, me encantan los lugares así. Además, ¿ya viste los colores que utilizaron para el menú? Es arte.

El bailarín estaba cada día más convencido de que Jackson era el indicado. Solo él se fijaría en un detalle que era tan importante para el rubio y que también notó la primera vez que fue ahí. Estaba perdida y locamente enamorado de él.

—¿Ya vieron los precios?— agregó Jungkook, ajeno al amor infinito con el que Jimin veía al otro —Es una locura, la pizza se ve demasiado buena como para que sea tan barata. Debe ser una estafa.

—En lo absoluto, la pizza aquí es deliciosa. No los traje por nada.

El bailarín regresó la vista hacia el menú, sintiendo cómo se le hacía agua la boca de solo ver las fotos de los platillos. Llevaba mucho tiempo queriendo volver a ese lugar, por lo que aprovechó la oportunidad en cuanto la tuvo. El abogado pensó ilusamente que porque él manejaba iba a poder decidir a qué lugar ir a cenar, pero bastó un poco de persuasión para convencerlo de que los llevara ahí. Le demostraría que no se había equivocado al dejarse influenciar.

—Tendré que confiar en tu palabra.

—¿Cómo descubriste este lugar, hermoso?

El rubio se puso ligeramente nervioso ante la última pregunta, rascando su cuello.

—Oh, pues… por un amigo— no era mentira, al menos la primera vez que fueron lo eran —Como sea, les recomiendo que prueben la Pizza Fiesta. No hay mejor combinación de ingredientes que esa.

Una pequeña discusión comenzó en la mesa, ya que los tres tenían opiniones muy distintas sobre lo que debían pedir. Jimin consideraba una falta de respeto que no confiaran en su gusto cuando él era el que conocía ese lugar y, por ende, sabía más que esos dos. Permitió que siguieran debatiendo porque estaba seguro que Jungkook se moriría si no lo hacía y le estaba pegando esa pésima costumbre a Jackson. Suspiró.

—Bueno, en cualquier caso, creo que sería mejor que cada quien pidiera una pizza individual. Así ya no tenemos que seguir peleándonos por el sabor.

—No, el chiste es que todos compartamos una— argumentó Jackson —Vamos, estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo.

—Si crees que vas a hacer que acepte que haya champiñones en mi pizza, estás muy equivocado.

—Oh, vamos. No seas así, ¡los champiñones son muy saludables!

—Ese argumento no es válido si los pones en pizza, la cosa menos saludable que existe.

Jimin se reclinó en su asiento mientras veía a los dos discutir con una suave sonrisa. No sabría ponerle un nombre a la extraña relación que tenían los tres, pero si de algo estaba seguro es que lo hacía muy feliz. Tomó la mano de su pareja con suavidad, quien correspondió, gustoso; aunque sin dejar de pelear con el otro. No pensaba intervenir, no tenía tanta hambre y tenían todo el tiempo del mundo para decidir. Quería disfrutar de ese momento tan cotidiano y casi hogareño lo más que pudiera.

Su celular comenzó a sonar. Sin dedicarle más que una mirada, lo puso contra su oreja para poder contestar, extrañándose un poco al ver el contacto. Aquello hizo que los otros dos dejaran de discutir.

—Tae Tae, ¿qué sucede?

—¿Estás ocupado?

—Sí.

—¿Qué estás haciendo?

—Estoy a la mitad de algo.

—¿Puedo ir?

—No— y dicho eso, Jimin colgó. Ese fue un movimiento riesgoso, considerando la molestia mal disimulada en la voz de su amigo. El bailarín ya había sido testigo de varias rabietas y ataques de ira del profesor y nunca era algo bueno, en especial cuando tratabas de ignorarlo. Pero no podía importarle menos la consecuencia de sus actos en ese momento. No pensaba permitir que el otro arruinara con sus muy evidentes problemas emocionales lo que quedaba de su noche con sus dos personas favoritas en todo el universo.

Tanto Jackson como Jungkook lo miraron curiosos. Fue el primero quien habló.

—¿Quién era?

—Taehyung.

A Jungkook le desconcertó la respuesta.

—¿En serio? ¿Y qué quería?

—No lo sé, no le pregunté, pero sonaba molesto.

Antes de que alguno de los tres pudiera decir algo más, un celular sonó. Jimin rodó los ojos, tomando su dispositivo y llevándose la sorpresa de que no era a él a quien buscaban. Alzó la vista y vio a Jungkook, quien tenía una expresión de sorpresa mientras sostenía su propio teléfono, el cual no paraba de vibrar en su mano. El bailarín entrecerró los ojos y comenzó a negar.

—Jungkook, no.

Sin embargo, el menor lo ignoró, demasiado perplejo de que Taehyung le marcara de repente luego de años sin hablarle. Sin pensarlo demasiado, contestó, sintiendo cómo sus palmas comenzaban a sudar frío.

—Uhm… ¿bueno?

—¿Estás en tú oficina?— La voz del profesor se podía escuchar hasta donde estaban Jimin y Jackson y, a juzgar por esta, el profesor ya había dejado de fingir que estaba tranquilo. Era increíble cómo, sin siquiera estar presente, lograba hacer que se sintieran cohibidos. Jungkook no respondió, aún demasiado extrañado por la situación. No podía creer que en serio estaba pasando. Pudo escuchar al otro soltaba un gruñido, haciendo que se congelara —Jungkook, ¿estás en tu oficina o no?— repitió con más firmeza.

—No, no estoy en mi oficina.

—¿Dónde estás?— el abogado pudo sentir como se llenaba un poco de valor ante el tono autoritario de Taehyung. Era un abogado, por Dios. Se supone que él intimidaba a la gente, no al revés. Ya no iba a dejarse mangonear por nadie. Ese era el día que ponía un fin a eso —Escúchame bien Jeon, me vas a decir dónde estás y me lo vas a decir ahora.

Aunque, pensándolo bien, quizá dejarse manipular por los demás de vez en cuando no tenía nada de malo, en especial cuando era su integridad física lo que estaba en juego.

—Estoy en una pizzería retro en la calle Trombón.

—Voy para allá— fue lo único que contestó el otro antes de colgar.

Apenas separó el dispositivo de su cara, este fue arrebatado de su mano por Jimin, quien lo miraba incrédulo.

—¡Jungkook! ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Es nuestro tiempo en familia!

—Perdón, ¿sí? No tenía opción.

—¿Cómo qué no? ¿Te gusta o qué?

—No, antes muerto— el abogado hizo una mueca cuando dijo eso —Es solo que… no lo entenderías, ¿sí?

No iba a admitir que se dejó asustar en voz alta. Ya le dolía suficientemente el orgullo como para que se lo restregaran también ellos. Se estaba volviendo un cobarde.

Jimin hizo un puchero, listo para volver a replicar cuando su pareja lo detuvo con una mano en su hombro. Estuvo escuchando en silencio toda la plática, notando con cierto gusto que Jungkook, en ningún momento, refutó que eso era una cena familiar.

—Vamos bebé, no es tan malo— comenzó —Así podemos pedir algo para todos y nos sale incluso más barato porque somos más. Además, sirve que Jungkook ya no anda de mal tercio.

—¡Oye!

Ante los razonamientos de su pareja, Jimin se relajó, soltando un suspiro. Tenía un punto.

—Está bien, de cualquier modo, ya viene para acá. No es como que podamos detenerlo y no pienso irme de aquí sólo para evitarlo.

—¡Ese es el espíritu!— puso el menú frente a ambos chicos —Ahora, hay que ir viendo qué pedir para que esté lista antes de que llegue Taehyung.

Fue así que reanudaron su discusión, olvidándose momentáneamente de lo que se avecinaba. Seguían sin ponerse de acuerdo, lo cual era increíble. Realmente nadie estaba dispuesto a ceder. Al final lograron reducir sus opciones a dos: pepperoni con piña o pepperoni con champiñones. Justo cuando estaban por pedir, alguien entró al local, haciendo que el ambiente del lugar se volviera tenso.

Caminó hasta su mesa y movió una de las sillas con brusquedad, sentándose en ella para después cruzarse de brazos. Jimin tragó, se había equivocado. Taehyung se veía más molesto de lo que inicialmente pensó. El bailarín volteó a ver al pelinegro y llegaron a un acuerdo silencioso que ninguno de los dos preguntaría nada. El primero de ellos decidió irse por otro tema.

—Tae, tú que dices ¿pepperoni con champiñones o con piña?

—Ninguna. El pepperoni va solo, punto.

—Está bien...— el único que no parecía afectado por Taehyung era Jackson, que miraba en transe uno de los carteles del lugar —Supongo que pediremos una clásica— alzó su mano para llamar a una de las meseras, la cual se acercó —Hola, disculpa la tardanza. Va a ser una grande para compartir de pepperoni y cuatro refrescos, por favor.

—Espera, ¿para compartir?— aquello pareció captar la atención del profesor —Así que es una cita doble, me agrada.

Jungkook lo miró.

—No, no lo es.

—Sí, sí lo es. Ellos dos son una pareja y nosotros somos otra.

—No, no lo somos. Ya una vez Suga me partió la cara por tratar de robarle a su pareja, no pienso pasar por eso de nuevo.

Taehyung chasqueó su lengua mientras volvía a reclinarse en su asiento, mirando hacia otro lado.

—Te recordaba menos cobarde, supongo que me equivoqué.

Jungkook tuvo que bajar la cabeza para ocultar su vergüenza, ya que la mesera no tardó demasiado en traer sus bebidas. Aquello fue como una puñalada para el joven abogado, quien se limitó a ver el suelo con tristeza. Justo la única cosa que no quería que le dijeran y menos ese día. Genial.

Jackson notó el cambio de humor en su jefe y decidió que era momento de intervenir. Aclaró su garganta.

—Taehyung, no es por ser grosero, pero ¿qué haces aquí?

—Creo que Suga me engaña— comentó como si nada, pero con una sonrisa que claramente delataba su mal humor. Era algo atemorizante.

No obstante, la noticia fue lo suficientemente impactante para que nadie notara eso. Jimin se había quedado estático, con su bebida a medio camino y la boca abierta, mientras que los otros dos permanecieron congelados en sus asientos. Jungkook pronto volvió en sí y rompió el silencio.

—No fue conmigo.

—¡Ya sé que no fuiste tú, Jungkook!— Taehyung finalmente estalló —No todo gira en torno a ti.

—¿Por qué crees eso, Tae?

Jimin miraba a su amigo un tanto preocupado, usando el tono de voz más suave y pausado que pudo. Pareció funcionar, el profesor se veía un poco más cansado que enojado. Volteó a verlo mientras jugaba con el popote de su bebida.

—Ayer en la mañana fui a buscarlo a su oficina, pero no estaba. Pregunté en recepción y me dijeron que se había ido con una mujer. Cuando se lo comenté a Suga, me dijo que estuvo con Jun y una paciente, pero hoy Jun dijo que llevaba un mes sin verlo, así que nada me dice que lo de la paciente no fuera mentira también. Quiero decir, ¿para qué decir lo de Jun en cualquier caso?

—Bueno, eso sí suena mal.

Jimin pateó con fuerza a su novio, quien soltó un quejido para después disculparse.

—Yo creo que primero deberías de hablarlo con Suga antes de saltar a conclusiones— comenzó nuevamente —Estoy seguro de que hay una explicación lógica para todo eso.

—Jimin tiene razón, Suga no es esa clase de persona.

—¿Ves?— sonrió cuando Jackson le dio la razón, aun frotando su violentada pierna —Tal vez fue algo del trabajo.

Jungkook, al parecer, tenía una racha de escoger los peores momentos para hacer sus comentarios insensibles. Prueba de ello fue que, justo cuando Jimin terminó de hablar, soltó un resoplido, acomodándose en su asiento.

—Lo nuestro también era "trabajo"— comentó en voz baja, pero no lo suficiente como para que Taehyung no lo escuchara. Esta vez, tanto Jimin como Jackson lo patearon con fuerza, ganándose un fuerte reclamo del abogado, quien los miró, fulminante —Es la verdad— murmuró molesto.

—¿Por qué no sales a fumar, Jungkook?— propuso Jimin.

—¿Qué? Pero ni siquiera fumo.

—Jungkook, salte a fumar.

El menor lo vio y refunfuñó, poniéndose de pie y caminando hacia afuera. Diciendo que de igual manera no quería estar ahí. Jimin lo vio, asegurándose de que llegará hasta fuera a salvo y se mantuviera en un lugar con luz, luego volvió su atención a Taehyung.

—No lo escuches ¿sí? No es el mismo caso, tienes que hablarlo con Suga.

—Está bien— aceptó el otro a regañadientes, aunque no podía sacar las palabras del menor de su cabeza. Él mismo lo había pensado el otro día.

Lo nuestro también era trabajo.

La conversación no pudo continuar, ya que su pizza estuvo lista. El bailarín mandó a su novio por Jungkook y, dentro de poco, todos comenzaron a comer en el instante en que se sentaron. Taehyung estaba harto de pensar en eso, así que se enfocó en la comida. Después pensaría qué hacer respecto a Suga.