A/N: primera parte de mi aporte al día 7, 06/10, con tema "Entre la guerra y el amor", aunque más bien podría "La batalla por el amor" jaja pero bueno


01 de Octubre de 2026

Kirito tomó la última curva apretando un poco el freno antes, llegando a la escuela de su prima a tiempo de verla salir caminando junto a su amigo de ALO. Aparcó delante de ellos y se quitó el casco, sacudiendo un poco la cabeza al hacerlo, disfrutando del aire que le pegó en la cara.

- Buenas, Sugu. - saludó, levantando la mano, colgando el casco del manubrio. - Hola, Nagata. - le dijo al chico.

- Ho-Hola, Kazuto-senpai. - le respondió tímidamente.

- ¿He-Hermano? - preguntó, sorprendida. - ¿Qué te trae por aquí? - se subió al hombro la mochila, que traía casi arrastrando por el suelo.

- Quería llevarte a tu bar favorito, invitarte una merienda y hablarte de algo. - miró a la compañía de ella. - Lo siento si interrumpo algo. -

- N-No, na-nada. - se apresuró a decir el chico, avergonzado por la sugerencia.

- Bueno, bueno. - los cortó la chica, subiéndose a la moto de Kazuto, intentando evitar cualquier otro potencial comentario que incomodara a alguien. - Podemos ir yendo. - miró a su amigo de ALfheim. - Nos vemos más tarde en el juego. -

- Está bien. -

- ¿Lista? - preguntó el chico de negro poniéndose de nuevo el casco. - Agárrate. -

Arriesgó una salida acelerada echándose para atrás, asustando a su hermana, levantando la rueda delantera, dejando salir su veta rebelde con el único propósito de llamar la atención.

No tardó mucho en llegar a destino, un poco ansioso por terminar con lo que había comenzado al mediodía. Cuanto más rápido hiciera todo, antes podría respirar y sacarse la opresión que sentía. Siempre había sentido que quería proteger a Asuna. Siempre había actuado por instinto en relación a ella y no racionalmente. Incluso cuando la dejaba atrás, con intención de escudarla, ella, sin falta, de alguna manera, hallaba su lugar a su lado y corría cualquier peligro junto a él.

Esta vez, lo que había decidido proteger era su salud mental.

Nunca la había oído quejarse acerca de que tenía demasiadas chicas detrás de él, incluso si eran amigas de ella también, a pesar de que ambos lo sabían. Se habían dejado estar por lo mucho que confiaban el uno en el otro. Kirito estaba absolutamente seguro de que su novia no sentía que nada fuera a pasar por no enfrentar a las demás. El más claro ejemplo era Lisbeth, que se había hecho a un lado por cuenta propia al ver la conexión entre ellos.

Las demás, a excepción de Alice, que había sido bastante frontal, habían actuado de la misma forma. Que se atreviera a enfrentar a Asuna era digno de mención, quizás hasta de reconocimiento.

Pero él no la veía de esa forma.

Para el Espadachín Negro, Alice Synthesis Thirty era una preciada amiga, nada más.

En primer lugar, hacía mucho que sabía que no era ni remotamente posible que viera a alguien con los mismos ojos que veía a Asuna. Estuvo embelesado con ella desde que la vio en el primer piso de Aincrad en aquella mazmorra, y nunca pudo sacársela del todo de la cabeza, ni siquiera cuando estuvieron más alejados uno de otro que nunca, durante la reunión del piso cincuenta y seis en que acabaron por enfrentarse en un duelo, que él ganó, consideraba, injustamente. No se había atrevido a desafiarla a un duelo después de eso, aunque reconocía que probablemente le debía una revancha por lo injusto que había sido para ella, al no saber que él podía usar dos espadas y asustarse por la posibilidad de aquello, en vez de atacarlo con más ahínco.

En segundo lugar, porque aunque ya no estuviera, Alice era todo lo que rondaba la cabeza de Eugeo. De la misma manera que todo lo que rondaba la cabeza de Kirito era Asuna. No se atrevería a verla con los mismos ojos que él, primer motivo de por medio o no.

Fue vagamente consciente, mientras pensaba todo eso, de que frenaba, aparcaba, se guardaba la llave en el bolsillo, y entraba con su prima al local, se sentaban en un rincón y pedían lo de siempre, él un jugo de naranja exprimido y unos sándwiches similares en ingredientes a los que preparaba su persona favorita, y ella un parfait y té verde.

Disfrutaron en silencio de aquella merienda que habían llegado a considerar casi ritual entre ellos, deleitándose el paladar con los sándwiches, aunque él siempre pensaba que no llegaban ni a los talones de los de su novia por más ricos que fueran, y de los batidos con que los acompañaban.

- Estuviste callado todo el tiempo. - dijo ella cuando, después de un rato, se terminaron los sándwiches y el parfait. - ¿Venías pensando en algo? -

- Ajá. - contestó, volviendo en sí y vaciando su exprimido de dos tragos. - Pensaba en Alice. En Asuna. En Eugeo. - miró hacia afuera, consciente de que lentamente lo iba superando. Ya no lloraba como un descosido al pensar en el muchacho que supo considerar su hermano, pero seguía resultándole doloroso. - En Liz. En Silica. En Sinon. - volvió la vista a la chica frente a él. - En ti. -

Suguha es estremeció.

- ¿E-En mí? - tartamudeó apenas. - ¿Cómo? -

Él respiró hondo antes de responderle.

- Pensaba en que no he sido del todo honesto. Hay cosas que no he dicho. No quería arriesgarme a herirte. - se cruzó de brazos. - Llegué a la conclusión de que ya no puedo andar haciéndome el tonto e ignorando esto. Suguha. - dijo, intentando no usar un tono muy duro. - Ambos hemos pospuesto esta conversación desde que asaltamos el árbol del mundo en ALO hace años. No... No puedo decirte qué hacer con tus sentimientos, pero no puedo corresponderte. - le sostuvo la mirada aunque quiso apartarla. - Sé lo que sientes por mí. Pero no tengo ojos más que para Asuna. Si por esto debes odiar a alguien, dirige eso a mí, por favor. Yo soy el que se dejó estar. El que permitió que esto durara tanto. No quería lastimar a nadie, pero... De ser posible... -

- Hermano. - dijo su prima con firmeza. - No hay problema. - su voz no temblaba aunque sus ojos estuvieran brillantes por las lágrimas acumuladas. - Hace mucho que lo sé. Lo que hay entre ustedes salta a la vista, por eso desistí de decir nada. Sabía que era una tercera en discordia. - le ofreció una sonrisa diplomática, que tampoco tembló. - Lo que ustedes tienen es tan... Es tan hermoso de ver que ninguna de nosotras se atrevió a meterse. Estoy segura de que si Alice lo hizo es únicamente porque no los ha visto interactuar. - se limpió los ojos con una servilleta. - Si no hay más que mirarlos unos segundos, o ver su ambiente, para entender lo profundo de sus sentimientos. Lo profundo de su amor. - bufó y se obligó a tomar algo de su bebida. - No creas que no me alegra que tengas eso. Me hace feliz. De verdad. -

La sonrisa que le mostró fue auténtica, a pesar de todo. Los dos lo sabían. Y Kirito se permitió ponerse de pie y darle un abrazo. Dejarle saber que realmente apreciaba que no fueran a pelear por esto, que era lo último que quería.

Que le gustaba poder volver a llamarla...

- Entonces... ¿Estamos bien, hermanita? - preguntó, acariciándole la cabeza despacio.

Kirigaya Suguha no habló, sólo asintió con la cabeza, apretando fuerte su cintura con sus brazos.

- Igual admitiré que hiciste bien en dejarme comer primero. - susurró, apartándose despacio. - Si no te molesta, volveré caminando a casa. Para despejarme, nada más. - le dio unos golpecitos en el pecho, manteniendo una pequeña sonrisa. - En cuanto a lo que dijiste... Sólo sé feliz y estate seguro de que ella también lo es, ¿está bien? Y deja de hacer esas estupideces usuales tuyas, cuídala y déjala cuidarte, lo único que conseguiste la última vez fue preocuparnos y hacernos ir detrás tuyo. Al menos permíteselo a ella. - le reprochó.

Kazuto sonrió incómodo, sintiéndose algo mal por lo que le decía.

- Lo haré, lo haré. De todos modos, lo único que he conseguido es que me prueben que van a venir por mí de cualquier manera. - volvió a sentarse, metiendo las manos en los bolsillos.

- Más vale que lo vayas aceptando. - se cruzó de brazos su prima. - Porque vamos a seguir haciéndolo. - se inclinó sobre la mesa y apoyó las manos en ella con suavidad. - Y ahora, honestamente quiero estar sola, así que te voy a dejar aquí viendo el techo. Tú pagas, nada de partes iguales. Y me vas a ayudar a conseguir mi arma legendaria mañana, ¿escuchaste? -

El tono con que lo dijo hizo que quisiera esconderse bajo tierra y no asomarse, pero reprimió el impulso de hacerlo.

- Está bien. - accedió secamente, volviendo a su forma de ser usual. - Pero oye, ¿qué no... ?

- ¿Kirito? - se giró hacia la puerta del bar al oír la voz femenina que pronunció su nombre. - ¿Suguha-chan? -

- ¿Eh? - su prima se volteó también.

- ¿Sinon? - preguntó el único varón.

Asada Shino se acercó a ellos sin prisa, saludando con la mano.

- ¿Qué tal? ¿Los interrumpo o algo? -

- ¡Para nada! - la otra chica se puso de pie, se alisó la ropa y la invitó a sentarse. - Yo me estaba yendo, hazle compañía a mi hermano, por favor. -

- ¿Segura? - pasó los ojos de la Sylph al Spriggan, que se veía tan falto de interés como siempre.

- Ajá. - dijo con firmeza. - Tengo cosas que hacer y ya me entretuve suficiente. - alcanzó la puerta antes de que ninguno dijera nada más. - ¡Nos vemos en ALO más tarde! -

Y se fue. Sin más.

Shino se quedó parpadeando hacia la puerta, tomada por sorpresa por el comportamiento, y de ahí miró al chico.

- ¿Qué le dijiste? - inquirió, sentándose en el asiento que Suguha había dejado.

Kazuto levantó las manos en defensa.

- ¡Nada malo! - apoyó los codos en la mesa y entrelazó sus dedos. - Solamente expresé algo que debí decir hace tiempo. -

- ¿Oh? - la francotiradora apoyó el mentón en su mano, repentinamente interesada. - ¿Le dijiste que no puedes darle amor? - sonrió malvada. - ¿Finalmente estás desarmando tu harén? - preguntó con sorna.

- ¿Ah? - el chico deshizo su postura y apoyó las manos sobre la mesa, inclinándose hacia ella. - ¿Desarmar mi harén? - lo dijo con tal incredulidad que ella casi le creyó. - ¡Nunca tuve tal cosa! - se relajó y dejó caer los brazos a sus costados, suspirando resignado.

- Seguro. - se burló una vez más antes de mostrarse amigable. - En serio, ¿qué pasó? -

Él se lo explicó. Le contó que había sentido la necesidad de dejarle saber a sus amigas que sabía que lo querían de una manera en que no podía reciprocar. Le comentó que había hablado con Lisbeth y Silica antes, y momentos atrás con Suguha. Le dijo también acerca de sus planes de mudarse con Asuna más cerca de la universidad en el futuro, de las complicaciones que tendrían para reunirse todos como hasta ahora viendo que estudiarían, trabajarían y jugarían GGO profesionalmente, incluso si, en esto último, todos podían considerarse invitados.

- Entiendo. - aceptó ella cuando hubo terminado. - Me arriesgaría a decir que con la habilidad que tienen Asuna y tú, apenas aparecerán a practicar. Hay que ver también la sincronía que comparten. - asintió con la cabeza. - No he visto a nadie más con semejante trabajo en equipo. Estoy segura de que lo harán bien. -

Kirito no ocultó la sonrisa que ese apoyo trajo a sus labios. Sentía que esta chica, la única entre sus amigas por cuyos sentimientos no tenía que preocuparse, podía entenderlo mejor que la mayoría. Además, estaba el hecho de que Asuna misma era bastante cercana a Shino, más que a Lisbeth, incluso.

- Ahora me queda hablar con Alice. Va a ser un dolor de cabeza. Me parece que es la que va a intentar enfrentarme al respecto, pero bueno, qué más da. No puede cambiar mis sentimientos. -

- ¿No te da miedo que intente enfrentar a Asuna en vez de a ti? - cuestionó la chica de lentes. - Quiero decir, considerando cómo piensa, es probable que, si le dices algo semejante, quiera enfrentarla a ella por alguna especie de derecho a estar contigo o algo así. Tiene formas de pensar muy... Anticuadas, supongo que podría decir, aunque no es del todo acertado. -

El muchacho lo meditó sólo un instante.

- Asuna no perdería contra Alice. - dijo, con toda seguridad. - No perdería contra nadie. Ni siquiera contra mí. -

- ¿Ni siquiera contra ti? -

- No la conociste en Aincrad. Era increíble. Es verdad que mucho lo aprendió de mí, pero la facilidad con que asimilaba palabras propias de juegos, mecánicas, la velocidad a la que inventaba tácticas para enfrentar jefes... No he visto a nadie mejor. Yo soy bueno por mi cuenta y eso es todo, no puedo dirigir un batallón. - sonrió ante los recuerdos. - Ella, por otro lado, a partir de cierto punto, organizó todas las raids, y su porcentaje de error era tan bajo que era despreciable. Si sobrevivió más de la mitad de los jugadores, fue gracias a la Berserk Healer. - sonrió aún más. - Incluso, puedo decir con certeza, me derrotaría a mí en un duelo justo. -

- ¿Cómo dices? - sonó repentinamente interesada. - Necesito ese contexto, no imagino a nadie venciéndote. -

- Supiste de Yuuki. Zekken. - refutó el chico de negro. - A ella nunca pude ganarle de forma justa. Con Asuna sólo me enfrenté con una espada, pero gané porque cuando fui a tomar la segunda, se puso a la defensiva demasiado cerca mío y me dio una apertura, confundida por lo que yo estaba haciendo. En ese momento, "Dual Blades" no era de conocimiento público todavía. Esa victoria fue sucia de mi parte. La verdad, no quiero enfrentarla. - admitió en voz alta. - Estoy convencido de que perdería. -

Shino levantó las cejas.

- ¿Tanto así? - tragó saliva. - Tengo que reconocer que estoy sintiendo un fuerte impulso de pedirle un duelo. -

- Adelante, hazlo. No vengas llorando a decirme cómo te apuñaló tantas veces, tan rápido, que te parece sentir un millón de cortes por todo tu cuerpo al mismo tiempo. -

La chica le apuntó imitando una pistola con la mano.

- Veamos si puede cortar una bala sin una línea de predicción. -

- Por supuesto que puede. - se rió. - Cuéntame qué tal después. - se levantó y revisó su teléfono. - Yo me iré yendo. No creo que deba aclarar nada contigo, corrígeme si estoy equivocado, por favor. -

La francotiradora se cruzó de brazos y cerró los ojos en un gesto de aceptación.

- Claro que no. Es decir, te amo, sí, pero como un amigo muy cercano, como un hermano. - se paró también y lo abrazó. - Yo no quiero más que esto. - le susurró. - No espero ni quiero más que un abrazo de tu parte. -

Él levantó las manos y las dejó en la espalda de la chica.

- Por supuesto, Sinon. Cuando quieras. - la soltó, y ella se apartó sonriente.

- Ya vete. Te falta enfrentar a Alice. Recuerda mis palabras, va a haber una disputa. Su orgullo como caballero... -

- Intentaré impedirlo. No quisiera que pierda eso, es parte de quien es. -

- ¿En serio Asuna es tan peligrosa? -

Kirito la miró a los ojos.

- Si no está peleando por algo concreto que le importe mucho, no es nada peligrosa. Dará un intento algo por encima de la media y será el fin de la cuestión para ella. No se esfuerza al máximo si no hay nada en juego más que pasarla bien con amigos. Tú no la viste pelear por su vida, o por la mía, o por la de miles de personas. ¿Me creerías si te digo que ella usó la Encarnación antes que yo? -

Los ojos de Shino se abrieron como platos.

- ¿Cómo? -

- Estaba bajo una parálisis. No debería haber sido capaz de meterse entre Kayaba Akihiko y yo, pero lo hizo. Y cuando lo apuñalé, sentí en su estoque su voluntad. Su Encarnación. En el momento no lo entendía bien, pero después de Underworld... Todo cobró mayor sentido. -

- Es más increíble de lo que pensé. - admitió. - Su avatar ya no estaba, ¿y aun así algo de ella persistió en su estoque? ¿Fue así como sobrevivió a que el NerveGear la matara? -

- No. - negó Kazuto. - Eso simplemente fue Kayaba decidiendo que ni ella ni yo debíamos morir. Básicamente pasó por alto nuestras muertes. Estamos viviendo tiempo regalado, por así decirlo. - puso una sonrisa dolorosa. - Me molesta que nos hiciera el favor, ¿sabes? Aunque también me alegra. Es difícil de explicar. -

- Pero, - siguió Shino, cambiando levemente de tema, suponiendo que no era algo de lo que él quisiera hablar. - ¿por qué no escribiste en tu libro exactamente lo que pasó con Heathcliff? Ahí no está relatado así, Asuna no salta entre ustedes. -

- No... No me pareció que me fuera a ir bien comentando que pasó por alto que los dos morimos. Me pareció un insulto a los muertos. Es en parte por eso que siento que debo estar en el campo de realidad virtual y aumentada. -

- Vaya. Y yo aquí pensando que era solamente porque querías ser mejor que Kayaba. - le dio un golpecito en el hombro. - Bueno, imagino que quieres terminar tus charlas lo antes posible. Mejor que vayas yendo, ya me llevé mucho de tu tiempo. -

Él asintió y salieron juntos del bar, no sin antes Kazuto pagar lo que había consumido con Suguha. Se despidieron sin mayores miramientos y el chico de negro volvió a subirse a su moto, esta vez con su casa por destino, confirmando la localización de Alice con Yui.

Cuando llegó, la encontró conversando con Kirigaya Minetaka, su tío.

- ... así que... - venía diciendo, cuando lo vio entrar por la puerta y descalzarse. - Kirito. Buenas tardes. - saludó con su tono amable, uno que solamente afloraba con él, o si se sentía conmovida por el ambiente.

- Hola, Alice. Hola, papá. -

- Kazuto. - lo saludó el hombre. - ¿Has visto a Suguha? -

- No debería tardar en llegar, nos separamos en su bar favorito, dijo que volvería sola. - se acercó a ellos. - Alice, quiero hablarte de algo, ¿podemos... ? -

Su tío se levantó de la mesa.

- No te preocupes, yo estaba por ir a ducharme. Sentía fascinación por Alice, por eso lo estaba atrasando. Usaré esto como excusa. - se giró hacia ella. - Si no te molesta, quisiera seguir charlando contigo más tarde. -

- No hay problema, lo disfruto. - contestó la caballero asintiendo con la cabeza.

Sin más, los dejó solos. Se miraron un rato, él incómodo y deseando que no tuviera que decir nada, y ella confundida por el tono que había usado. Le intrigaba de qué quería hablarle.

Finalmente, se aclaró la garganta.

- Este... Sabes que soy tosco. - se excusó. - Así que seré directo y simplemente diré lo que vine a decir. Sucede que... -

- Por tu preámbulo, resulta que ya lo sé. - se le adelantó la rubia, ya sin la incertidumbre en su rostro. - Sinon, Lisbeth, Silica y Leafa estuvieron hablando de eso en un... ¿Cómo lo llamaste? ¿Chat? ¿Chat compartido? ¿Grupo? -

"Maldita sea" no pudo evitar pensar.

- Ah. Entonces... ¿Todo bien? -

Alice levantó una ceja en el instante y abrió la boca para responder, cuando de la nada sonó el timbre.

- Qué puntería. - farfulló Kazuto, yendo a abrir la puerta.

Para nada esperó encontrarse cara a cara con Asuna, que traía una mochila al hombro y venía con el uniforme de la escuela.

- Kirito-kun. - se sorprendió. - Pensé que no estabas aquí. -

- Acabo de llegar. - le informó. - ¿Qué pasa, qué te... ? - las palabras de Shino le vinieron a la cabeza: '¿No te da miedo que intente enfrentar a Asuna en vez de a ti?' - No habrás venido a... - miró hacia atrás y de vuelta al frente, aterrado y extrañamente feliz al mismo tiempo. No era todos los días que verías dos titanes colisionar. El ambiente se sentía electrizante.

Su mirada se lo dijo todo.

Vine a enfrentarla. Si yo gano, ella se detiene. Si gana, deberé dejarte.

¿Y lo que yo quiera no importa?

Kirito-kun. Por una vez, estás en mi lugar. Voy a pelear por ti y no puedes evitarlo.

Desvió la vista un momento.

- Alice-san, te veré en Underworld en breve. - miró de nuevo a su novio como pidiendo permiso y él se apartó.

Las vio conectarse a través de una IP que seguramente la profesora Koujirou les había prestado después de insistirle un rato, y casi corrió a su cuarto a buscar su AmuSphere. Se tendió en el sofá al lado de Asuna y llegó a tiempo de ver a la Caballero de la Integridad enviarle a su esposa una solicitud de duelo.

Había poca visibilidad ya que era una noche nublada. Solamente les alumbraba una luz que habían puesto por encima de ellas con un elemento luminoso.

Al parecer, habían elegido un lugar desolado para el enfrentamiento. Estuvo casi seguro de que era, por un lado, para pelear sin interrupciones, y, por otro, porque probablemente harían un desastre en una zona poblada y no querían contenerse.

Alguien lo golpeó fuerte en el hombro.

- ¡¿Qué hiciste esta vez, Kirito?! - lo retó Klein.

- ¡Yo no hice nada! -

- Ese puede que sea el problema. - terció Agil levantando las manos hacia el cielo, como molestándolo. - Pero, ¿cómo llegaron a esto? El otro día se veían amigables una con otra. -

- Fue... Espontáneo. - resolvió decir. - ¿Y ustedes qué hacen aquí, a todo esto? - quiso saber.

- Bueno, es... -

En ese momento aparecieron Sinon, Suguha, Lisbeth y Silica también, materializándose al lado de ellos.

- ¿Ustedes también? - preguntó el usuario de dos espadas.

- Esto es culpa nuestra. - se explicó rápidamente la herrera. - La verdad es que olvidé que Alice estaba en la conversación, y Leafa, Silica y yo estábamos hablando sobre ti y cómo por fin maduraste un poco y... -

- Maduré un poco, ¿eh? - se quejó el espadachín negro.

- El punto es - lo ignoró su prima. - que por eso Alice desafió a Asuna, y queríamos intentar detenerlas, para eso le pedimos a Agil-san y Klein-san que vinieran, pero parece que es tarde. -

Tanto el samurái como el tanque iban a continuar la conversación, pero callaron cuando vieron el contador aparecer entre las duelistas.

- ¿Podremos llevarnos bien después de esto, Asuna? - preguntó Alice con verdadera duda en su voz. - Sé que fue idea mía, pero... -

Stacia apretó su arma con fuerza.

- Estoy segura, Alice-san. Cualquiera sea el resultado, dejaremos de tener un problema. - su mirada le recordó a Kirito a la Vice Comandante de los Caballeros del Voto Sangriento. Recordaba perfectamente lo infinitamente hermosa que se veía con ese semblante, pero volver a vérselo en todo su esplendor le sacó el aire de los pulmones y casi le paró el corazón. - Pero ahora mismo, no hay ocasión para palabras. - adoptó su pose de combate: el peso de su cuerpo sobre la pierna derecha, con el estoque en alto a la altura de su cabeza, apuntado un poco hacia abajo, la mano izquierda por delante como para guiar la moción de sus golpes, fija en la dirección de su oponente. - Solamente de pelear. -

La rubia adoptó su postura también, desenvainando la Fragrant Olive Sword.

- Asuna. No pienso contenerme. - advirtió. - No te volveré a tomar por una simple usurpadora como aquella noche. He reconocido tu fuerza. -

No lo has hecho, le espetó la diosa con la mirada, pero lo vas a hacer.

El primer choque de sus armas fue tan violento que Kirito pensó que, con toda seguridad, incluso Gabriel Miller habría sentido miedo.

El siguiente no sucedió. A una milésima de segundo de tener lugar, la espada dorada de la Caballero de la Integridad se desarmó en miles de pétalos.