* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa. Yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 12

De nuevo

— ¡Idiota! ¡Eres un tonto, Hyakkimaru!

Él sabía que debía hacerlo, tenía que concentrarse en lo que ella iba a decirle, pero era imposible. No importaba que sus delgadas cejas estuvieran fruncidas, que sus bellos ojos chocolate los tuviera entrecerrados, que sus redondas mejillas lucieran infladas en esa actitud de reproche tan característica de ella.

Dororo estaba en verdad furiosa, incluso lo estaba apuntando amenazadoramente con una espada de madera con su mano derecha mientras que la izquierda la había dejado apoyada en su cintura. Que su esposa estuviera molesta no era algo bueno, sin embargo, Hyakkimaru no podía evitar pensar lo hermosa que se veía cuando estaba enojada.

Claro, Dororo siempre era hermosa ante sus ojos, pero había algo en esos gestos de enfado y cuando mostraba ese carácter tan fuerte que tenía que sencillamente lo enloquecían y aceleraban su corazón. Tuvo que tener un enorme auto control para no atraparla en sus brazos y llenarla de besos pues era irresistible para él cuando se comportaba de esa manera. Si lo hacía, sabía que eso solo la enfadaría más.

— ¿Qué sucede? —Se las arregló para decir tranquilamente tras unos segundos en los que logró hacer sus amorosos sentimientos a un lado, incluso pudo fingir que se sentía amenazado por ella.

— Sabes perfectamente de lo que hablo. —Respondió aun con tono hosco mientras acercaba peligrosamente la katana de madera a su cuello.

— ¿Quieres una nueva practica de katanas? —Preguntó inocentemente el antiguo ronin mientras posaba su vista en la mencionada arma.

— Acabamos de regresar de nuestro viaje—prosiguió su esposa entornando sus ojos en una actitud desafiante—, ahí pasó algo muy particular… Sabes bien a lo que me refiero, así que no te sigas haciendo el que no comprende.

—Te refieres a… ¿la noche en la posada?

Dororo afirmó con la cabeza sin dejar de observarlo disconforme, Hyakkimaru no pudo más que tragar saliva nerviosamente. Pasados unos segundos aun algo tensos, Dororo finalmente bajó la espada para acto seguido cruzarse de brazos y continuar con una voz alta de regaño:

— Tahomaru y Natsumi fueron más que amables con nosotros al obsequiarnos todo un día de estadía en las aguas termales que están arriba de las montañas para que pudiéramos de esa manera celebrar el tercer aniversario de nuestro matrimonio. Ellos nos dieron ese regalo y, por si fuera poco, incluso nos hicieron el favor de cuidar a Kaede para que pudiéramos ir sin preocupaciones.

— Fue un gesto muy amable de su parte. Kaede disfruta mucho de jugar con su primo Hyogo, y esa posada y las aguas termales eran lujosas…

— ¡No me cambies el tema, Hyakkimaru idiota! —La katana de madera volvió a su cuello— Sin duda pasamos un día más que agradable, sin embargo…—Dororo hizo una pequeña pausa, sus mejillas se tiñeron de un profundo rojo al continuar—¡No tenías porqué lanzarte como una bestia salvaje a mí apenas entramos en nuestra habitación de la posada!

— "Entonces si era eso…"

Pensó Hyakkimaru dejando escapar un leve suspiro. Dororo prosiguió con su regaño volviendo a alejar la katana:

— Después de tener a Kaede, acordamos que seríamos mucho más cuidadosos en la intimidad para evitar otro embarazo… Al menos por un tiempo. Pero eso pareció no importarte ayer, Hyakkimaru pervertido.

— Lo lamento…—Se disculpó en voz baja desviando la vista, sintió sus orejas calientes— Es solo que había pasado un buen tiempo desde que estábamos los dos tranquilamente a solas. Y Dororo se veía tan hermosa en las aguas termales que yo no pude evitarlo…

Dororo no lo dejó continuar. Haciéndole un puchero de enfado se acercó a él y lo tomó por el cuello de su kimono. Al volver a hablarle lo hizo en un tono mucho más bajo y avergonzado:

— Todos estos meses tomando hierbas y teniendo tanto cuidado para que se descuidara todo en una sola noche. Hyakkimaru… Te viniste dentro de mí ¿qué va a pasar si me embarazo otra vez?

— Lo que va a pasar… Es que Kaede tendría un hermano o hermana. —Respondió con calma.

— Lo dices de esa forma porque no eres tú quien tendría que cargar con una nueva vida por nueve meses en su vientre. —Reprochó la joven cruzándose de brazos.

Hyakkimaru guardó silencio unos segundos en los cuales observó atentamente a su amada esposa. Ella siguió de brazos cruzados y bajó la vista, su semblante en verdad se veía preocupado. Recordó todos los malestares de su pequeña durante el embarazo de su primogénita y pudo imaginar porque se notaba en ese estado tan ansioso.

Con algo de inseguridad, el joven de cabello azabache se acercó a ella y la tomó suavemente de la barbilla, levantando de esa manera su hermoso rostro para que lo observara. Dororo lo hizo esforzándose por tranquilizarse, cosa que por desgracia no logró. Percatándose de esto, su esposo le volvió a hablar con una voz en verdad arrepentida:

— Lo lamento mucho, Dororo… Discúlpame por no poder controlarme y haber cedido a mis necesidades, me olvidé de tu condición y nuestro acuerdo.

— No, está bien. —Confirmo la hermosa joven acercándose a él y abrazándolo—. Es muy fácil echarte la culpa de todo cuando yo también me dejé llevar por el momento y no hice nada por alejarte. Este descuido no fue solo cosa tuya.

Hyakkimaru correspondió a su abrazo de inmediato dejándose invadir por ese pequeño y cálido cuerpo que él tanto adoraba. Pudo sentirse tranquilo al escucharla dar un bajo suspiro mucho más calmado. Percatándose de esto, volvió a hablar pensando sus palabras con mucho cuidado:

— ¿En serio sería tan malo tener otro hijo? Kaede es una inquieta niña que se divierte mucho jugando con su primo, pero… ¿no crees que le vendría bien tener un hermano con quien jugar?

Dororo se separó de él apenas escuchó esas palabras. Sus hermosos ojos chocolate se abrieron de par en par sorprendidos, Hyakkimaru le mantuvo una mirada serena para no volver a estresarla. Tras un breve momento de reflexión, Dororo contestó:

— Tras un tiempo, por fin pudimos estabilizar nuestra vida después de haber tenido a nuestra Kaede. Por supuesto creo que tener un hermano le vendría muy bien a nuestra niña, yo recuerdo lo mucho que desee varias veces en mi niñez tener hermanos, pero volver a pasar por todo el proceso del embarazo y del parto… no puedo evitar sentirme preocupada al respecto.

— Es cierto. —Hyakkimaru la volvió a acercar a él y la abrazó. Dororo dejó apoyada su cabeza en su pecho, buscando esos brazos siempre tan protectores que tanto consuelo le dieron desde que era una niña—. Tener a Kaede sin duda fue maravilloso, pero el proceso de gestación de un bebé es complicado y tortuoso. Aun así, no debes preocuparte… Que haya pasado eso, no asegura que vayas a embarazarte. Y si llegara a pasar, yo tomaré la responsabilidad. Estaré muy cerca de ti cuidándote y protegiéndote, tal cual como cuando te embarazaste de Kaede.

— Hyakkimaru…

Lo llamó con una voz tenue y conmovida para posteriormente aferrarse a un más a su abrazo. Permanecieron de esta forma algunos segundos hasta que Dororo se separó, levantó su rostro y lo observó a los ojos con un profundo amor. Hyakkimaru imitó este acto y posteriormente bajó su rostro para encontrar sus labios y fundirse en un amoroso y pasional beso.

Después de eso, Hyakkimaru acercó su frente al bello rostro de su esposa y lo frotó suavemente contra el de ella, la hermosa joven aceptó este gesto inocente de cariño con dulzura. Percibió el aliento relajado y acompasado del joven, vio como sus labios se curveaban en una pequeña y enternecida sonrisa.

— ¿Y ahora en que piensas, Hyakkimaru? —Le preguntó con interés.

— Imaginé a Kaede jugando alegremente con unos posibles futuros hermanos o hermanas. Dororo… ¿no te gustaría que tuviéramos unos dos o tres hijos más?

— ¡S-son demasiados! —Exclamó sorprendida, alejándose inmediatamente de él.

— ¿Por qué no? Sería muy lindo…—Opinó observándola con unos ojos suplicantes.

— ¡Ni siquiera lo pienses, Hyakkimaru idiota! —La furia volvió a su indignada esposa— ¡Si esto continúa así voy a cortarte el…!

— ¡Mami! ¡Papi!

Se escuchó la potente y alegre voz de su niña justo en el momento en el que una palabrota salía de la boca de Dororo. El matrimonio volteó hacia la puerta del exterior y se encontró con que Tahomaru se acercaba a su casa cabalgando en su leal corcel moteado, la entusiasmada niña venía montada también en el hermoso caballo delante de su tío, no perdieron el tiempo y salieron a su encuentro.

— ¡Kaede-chan, has vuelto!

— Bienvenida de vuelta, Kaede.

Apenas Tahomaru puso a su sobrina en el suelo, la niña de dos años corrió entusiasmada hacia sus padres, los cuales se acercaron para recibirla y llenarla de besos y mimos.

— Kaede-chan, debes tener hambre ¿verdad?

— ¡Si! Mami, Kaede está hambrienta. —Respondió la niña moviendo vigorosamente sus brazitos.

— Bien, vamos a preparar algo delicioso… ¿cómo te fue con tío Tahomaru y tía Natsumi?

— Tío Taho me llevó a los establos… ¡había muchos ballos!

— ¿Ballos?

— ¡Si! ¡Como Chibi y Manju!

— Ah, te refieres a los caballos…

Hyakkimaru observó a su esposa entrar a su casa sujetando a su niña de la mano, su alegre y enérgica hija le iba a relatando entre palabras a veces completas y a veces no (pues aún seguía aprendiendo a hablar), todo lo que había hecho con su tío. Tras observarlas enternecido se volvió a su hermano menor para hablar con él:

— Muchas gracias por traerla, Tahomaru.

— Ni lo menciones, Aniue—le respondió el menor con una amble sonrisa—sabes lo mucho que les gusta jugar a los dos primos, para nosotros en un gusto tener a la pequeña Kaede en nuestra casa.

— Y tal vez dentro de poco sean tres…—Murmuró para sí mismo el mayor.

— ¿Qué dijiste, Aniue? Lo siento, no pude escucharte.

— No, nada… Solo estaba pensando en voz alta. Estábamos a punto de almorzar ¿no te gustaría acompañarnos antes de volver a tu aldea?

— ¿En verdad no hay problema si lo hago? —Preguntó Tahomaru ensanchando la sonrisa en su rostro, en verdad adoraba pasar tiempo con su hermano mayor.

— Claro que no, es lo menos que podemos hacer para agradecerte por cuidar a Kaede y traerla hasta aquí.

Hyakkimaru le dio un pequeño apretón al hombro de su hermano en un gesto de cariño, este volvió a agradecerle y los hermanos se encaminaron hacia la casa.

— Y dime Aniue ¿Cómo les fue en su pequeño viaje de aniversario? ¿se la pasaron bien?

— Fue un buen viaje, y si, la pasamos muy bien, sobre todo en la noche. —Confirmó Hyakkimaru con una voz cada vez más baja y reflexiva—. Pero, creo que cometí una imprudencia…

— ¿Imprudencia? ¿Acaso pasó algo malo? —Tahomaru preguntó sin poder evitar sentirse preocupado.

— No, solo… Olvida lo que dije ¿Cómo se encuentran Natsumi y Hyogo?

Tahomaru le respondió a su hermano desaprobando internamente su actitud sospechosa y que eludiera sus preguntas. Durante el almuerzo lo siguió notando de esta manera, distraído y pensativo. Por mucho que trató de sacarle la verdad, su siempre reservado hermano mayor se las arregló para desviarse del tema y no responder. Tahomaru regresó a su aldea con una sensación de inquietud creciendo en su pecho al no haber sido capaz de saber el porqué de la preocupación de su hermano.


Un mes después

— ¡Papi, mira!

Hyakkimaru dejó de mezclar las hierbas medicinales en el mortero al escuchar la dulce voz de su niña. Volteó hacia abajo, su hija se encontraba recostada en el piso de su clínica a su lado. Al darse cuenta que su padre la observaba, Kaede tomó el pergamino y lo levantó para mostrárselo.

— Kaede puede ecribir como papi.

En el pedazo de pergamino que la niña sostenía había pintarrajeado un montón de garabatos con el pincel, por supuesto eso no era ni por asomo letras legibles, pero a sus ojos de infante ella ya había escrito algunas.

— Muy bien Kaede, eres muy lista. —Le dijo su padre con cariño mientras se agachaba para acariciar su cabeza—. Estoy seguro que cuando seas mayor serás capaz de escribir aun incluso mejor que papi.

Kaede rio con alegría mostrándole esa enorme sonrisa idéntica a su madre para acto seguido continuar dibujando en el pergamino. Hyakkimaru la observó en silencio con cariño por algunos segundos antes de continuar con la elaboración de los medicamentos para sus pacientes.

De pronto se escuchó un sonido proveniente de la cocina, el sonido de un objeto estrellándose en el suelo y rompiéndose. El apuesto joven no perdió tiempo ante este irregular sonido, cargó a Kaede con cuidado en sus brazos y se dirigió al lugar para investigar.

— ¿Dororo?

En efecto había un pequeño plato roto en el suelo, pero su esposa no se encontraba en la cocina. Estaba a punto de ir a otra habitación a buscarla cuando el sonido de arcadas proveniente del patio lo hizo detenerse en seco. Al salir por la puerta trasera vio que Dororo se encontraba inclinada vomitando el desayuno.

— ¡Mami!

En cuanto Kaede fue dejada en el piso se dirigió a su madre y se abrazó a su pierna. Dororo se secó rápidamente su boca con un pequeño pedazo de tela y se volvió a verla, la niña la observaba con unos ojos que demostraban inocencia a la vez que preocupación.

— No te preocupes Kaede-chan, mami está bien. —Le dijo Dororo mientras correspondía a su abrazo.

— Mami se ve rara. —Dijo Kaede abrazándose más a su pierna.

— Estaré bien, así que no te asustes. —Continuó la madre con una voz dulce para después voltearse a ver a su esposo, entrecerrar sus ojos, cambiar a un tono malhumorado y completar—: Bueno Kaede-chan, tal parece ser que la imprudencia de tus padres en verdad va a darte un hermanito.

Hyakkimaru solo pudo tragar saliva nerviosamente y sentirse sudar frío.


— ¿Ha vuelto la fatiga?

Le preguntó a su esposa mientras la ayudaba a recostarse en el futón de su habitación, esta le respondió tras soltar un sonoro suspiro.

— Si, también las náuseas y mareos. Todo parece indicar que en efecto… estoy embarazada de nuevo.

Esas palabras provocaron que el corazón de Hyakkimaru latiera rápidamente de alegría, un sentimiento que por desgracia no duró mucho cuando apreció como su pequeña colocaba sus manos en su vientre y bajaba la vista con aflicción. Una reacción completamente diferente a cuando confirmaron el embarazo de Kaede.

— Dororo…—Le habló Hyakkimaru débilmente mientras se acercaba a ella y colocaba sus manos encima de las de ella— Tú en verdad no quieres tener otro hijo ¿verdad?

Dororo lo observó en silencio mordiéndose discretamente su labio inferior, su semblante era inseguro, parecía como si en verdad no supiera bien que responder. El nerviosismo lo hizo contener la respiración hasta que finalmente le contestó:

— Desde lo que hablamos lo he pensado mucho, y en verdad creo que a Kaede le vendrá muy bien tener un hermano, pero… No puedo evitar preguntarme si tenemos lo suficiente para encargarnos de dos niños, si podremos cuidarlos como se debe. Por ahora con Kaede nos lo hemos arreglado bien, pero… ¿qué tal si no es suficiente para dos hijos?

— Hemos podido hacer las cosas bien con Kaede, estoy seguro que un segundo hijo no supondrá ningún problema. —Afirmó Hyakkimaru sin perder su semblante seguro.

— No dudo que somos capaces de criar a dos hijos, pero… ¿tendremos los medios para hacerlo?

— ¿Medios? —De nuevo vino otros segundos en silencio en los cuales la hermosa joven dejó posados unos preocupados orbes chocolate en él. Hyakkimaru reflexionó seriamente hasta que pareció comprenderla— ¿Te refieres al dinero?

— Si… Afortunadamente ahora podemos vivir sin dificultades. Las cosas en la aldea van bien, hemos podido acrecentar nuestros territorios, comercios y seguir formando alianzas, sin embargo, solo se mantienen estables, no ha habido un progreso significativo desde hace años.

«¿Y si esto no es suficiente? No puedo evitar pensar que a veces me ha faltado algo de ambición. He rechazado las propuestas de alianzas con otros señores feudales y samuráis, tratos que nos hubieran dado muy buenas ganancias monetarias ¿en verdad eso estuvo bien?»

— Pero, Dororo lo hizo por la convicción de sus padres.

— ¡Por supuesto! Además ¿Quién nos asegura que podemos confiar en esos bastardos ambiciosos?

— Vimos personalmente todo el daño que puede ocasionar la ambición. —Opinó el joven con seriedad—. Creo que haces lo correcto en no confiar en ellos y seguir buscando alianzas con aldeas que no sean lideradas ni por samuráis o señores feudales. Ellos no son de confiar, dañan a los desprotegidos y sus intereses van más allá de lo monetario.

— ¿Eso lo dices por el señor feudal que propuso una alianza con nosotros e incluso quería casarse conmigo? —Preguntó Dororo con tono de burla.

— No me recuerdes eso. —Respondió rápidamente su esposo frunciendo el entrecejo y desviando la mirada—. Dijo que Dororo era hermosa, valiente y poderosa, que eso la hacía la candidata ideal a esposa.

— Te pusiste tan celoso esa vez. —Siguió molestando la joven mientras picaba sus costillas traviesamente—. Dijiste: "ella ya está casada" mientras sacabas tu katana de una manera amenazadora. No pude evitar reír en voz alta.

Dororo observó el apuesto rostro de su esposo sonrojarse, este siguió en silencio tratando de ocultar su vergüenza tras recordar cómo casi perdía los estribos esa vez. Rio un poco con disimulo para después retomar su seriedad al continuar hablando:

— Dejé pasar esa y muchas otras oportunidades de lograr que la aldea prosperara aún más, todo por seguir con la convicción de mis padres. Pero… Tienes razón Hyakkimaru, eso solo nos haría igual de ambiciosos que todos esos idiotas. No podemos olvidar que lo importante para nosotros siempre será seguir adelante a base de nuestro esfuerzo y trabajo duro.

Dororo se sorprendió al sentir como Hyakkimaru la acercaba a él para envolverla con sus brazos. Cuando levantó la vista se encontró con sus hermosos ojos caramelo brillando con determinación.

— Trabajaré horas extras, viajaré para atender más pacientes, investigaré aún más para crear más medicamentos, elaboraré más prótesis… Si lo que a Dororo le preocupa es el dinero, entonces yo me esforzaré el doble para traer más dinero a casa, y que de esa manera no le falte nada a nuestros dos hijos.

— Hyakkimaru…

— No debes fallar a las convicciones de tus padres, no debes ceder a la ambición. Tú, Kaede y nuestro nuevo hijo que se forma en tu vientre estarán siempre seguros y no les faltará nada, me aseguraré de que así sea. Por eso Dororo no debe preocuparse más.

Los bellos ojos de su esposa humedecieron y se sintió aliviado cuando vio como por fin ella era capaz de sonreír con una genuina alegría. Le respondió con una voz tan segura y entusiasmada que de inmediato su corazón se agitó en su pecho:

— Tienes razón, discúlpame por preocuparme de esa manera tan tonta. Yo también debo poner de mi parte… ¿qué clase de esposa sería si dejo que tú te encargues de todo? —Levantó su puño con determinación—¡Soy la gran Dororo! ¡La líder de esta aldea y la aguerrida esposa del hábil espadachín Hyakkimaru! Yo también pondré todo mi esfuerzo en esto. Más comercios, más alianzas, incrementar nuestros campos de cosecha… Haré todo lo necesario para que todos los habitantes de esta aldea y nuestra familia vivan sin complicaciones.

Su pequeña recobró sus ánimos, la observó con admiración y un profundo cariño cuando esta se volteó a verlo y le mostró esa enorme y radiante sonrisa que él tanto adoraba. Volvió a acariciar el vientre de su amada suavemente mientras decía con dulzura:

— Tendremos a nuestro segundo bebé…

— Así es…—Confirmó Dororo con una inmensa dicha reflejada en su voz—Hyakkimaru, seremos padres de nuevo.

Continuará