Huida

Después de eso no supo mucho. James lo sacó en ese momento, entre gritos frenéticos. Primero lo llevó a un lugar al azar en medio de un bosque. Cayeron en el piso de la base. Sirius lloraba desesperado. Golpeo el piso repetidas veces. James intentó detenerlo, pero ni el dolor en su mano destrozada ni en el brazo cortado se comparaba ante la confirmación de que Regulus era uno de ellos, y ante la realización de que pudieron haberse matado ahí mismo.

Y era su culpa. Se repetía. Si no lo hubiera dejado ahí, si no hubiera huído…

James lo llevo a la base por fin, habiéndose asegurado que no los habían seguido. Se quedó dormido mientras le curaban el brazo y soñó con su infancia. Despertó empapado en lágrimas.

Remus estaba ahí, a su lado. Leyendo la vieja copia desgastada de El jardín secreto que releía una vez al año.

—¿Cuándo llegaste? —preguntó con voz ronca.

Remus dejó el libro a un lado y le sonrió.

—Hace una hora.

Se veía cansado. Las ojeras estaban demasiado marcadas, y los labios los tenía resecos. Había un nuevo rasguño en su mejilla, cubierto por una gasa. Los ojos inyectados en sangre lo miraban con preocupación.

—Me contó James lo que pasó.

Sirius sintió de nuevo las lágrimas acumularse en sus ojos.

—Era Reggie. Mi hermano. Casi me mata. Me iba a matar, lo sé. Nunca pensé que me odiara tanto.

—No te odia, Sirius. Le lavaron el cerebro y no sabe qué hacer. Lo mismo podría él pensar de ti en este momento, ¿no crees?

—Eso es lo que más me atormenta. Que se atreva a pensar que lo odio —se le quebró la voz—. Una vez me preguntó si lo odiaba, antes de todo esto, antes de que huyera. Ya lo pensaba desde antes.

Remus lo abrazó. Estrechándolo contra sí. Sirius se soltó llorando aún más, sintiéndose un fracaso.

—¿Remus?

—¿Mmh?

—Compré una casa. ¿Te quieres venir a vivir conmigo?

Remus río con tristeza y besó su cabeza.

—Sí.