22. Sinceridad
La noche estaba agradablemente fresca.
Duo había prendido los focos de la cancha y se encontraba lanzando tiros de tres puntos mientras esperaba a Heero.
No estaba seguro de que aparecería, pero lo hizo. Y justo como lo quería, vestido con el short y la camiseta que eran el uniforme de deportes de la escuela.
Sonrió, boteando el balón, se lo lanzó como desafío. Heero lo recibió hábilmente y lanzó un tiro desde su misma posición, encestando limpiamente. Luego se quedó mirándolo, como si esperara su respuesta.
Al parecer, no se iba a salvar de dársela.
Fue por la pelota y se acercó a él.
—Mi objetivo es la paz, pero no te culpo por lo sucedido —soltó.
Heero arrugó el ceño.
—¿Por qué? Yo lo haría.
—Aprecio tu sinceridad —dijo con humor—, pero yo no puedo culparte cuando sé que la trampa de Khushrenada fue astuta e imposible de prevenir.
—No…
—Yo sabía que estaban planeando algo diferente esta vez —siguió Duo, interrumpiéndolo a propósito, no quería escucharlo rebatir—, pero jamás pasó por mi mente tal artimaña. Ese sujeto nos usó como sus marionetas y todos caímos en su trampa.
—¿Qué quieres decir?
—¿Qué crees que hubiera pasado si no partías el avión en dos? —cuestionó.
—Seguirían vivos —respondió Heero de inmediato—. Habría paz.
—Error —calificó Duo alargando la última vocal—, te equivocas. Lo habría derribado yo con mi escudo cazador, de hecho, no te diste cuenta, pero los tenía en la mira.
Heero desvió la mirada hacia un lado.
—Bien, dicho eso, vamos a jugar —invitó, lanzándole nuevamente la pelota—. ¿Te parece que el primero en llegar a treinta puntos gane?
