Capítulo 11: Y partimos hacía el futuro.
Ichigo despierta por culpa de una ola que ha movido bruscamente el barco. Gruñendo tenía planeado volver a dormir pero se da cuenta que se encuentra solo en la cama. Y no sólo le falta una persona allí. Echa un vistazo en la cuna que habían instalado con clavos para que no se mueva, también falta Rena.
Se pone el abrigo de piel, maldiciendo el frío. Ya desea que lleguen a la zona tropical de Karakura pero eso no será hasta mañana en la noche. Sale del cuarto real y el frío lo golpea tanto en el rostro que debe cerrar sus ojos unos segundos. Toma un momento para apreciar el mar en la noche, bastante agitado al parecer, y el cielo lleno de estrellas.
Encuentra a la Reina de Rikka sentada en modo indio en proa, hechizada de la naturaleza frente a sus ojos, protegiendo en sus brazos a Rena. Las dos están muy abrigadas con abrigos y mantas de pieles, en especial el bebé de un año de vida. Orihime le frota las manos pequeñas constantemente con el fin de protegerla del frío.
Pensar que esa mujer hermosa es su prometida lo llena con una felicidad que supera sus victorias en el campo de batalla.
Corrección. Es su esposa.
Bueno, están casados bajo las leyes de Rikka por respeto al pueblo y para dar buena imagen a la Reina, pero en Karakura seguían prometidos y esperaba poder darle el anillo y la boda digna para la futura Emperatriz de uno de los imperios más importantes del mundo.
Y cuando ese momento llegue, ya no podrá seguir aplazando la consumación.
El sólo pensarlo ya no siente frío y gruñe mientras se revuelve el pelo.
Jamás creyó que estaría sufriendo por frustración sexual. Cómo Keigo, Mizuiro, Renji y Sado gozan burlarse de él por ello, de seguro se vengan por su historial de relaciones y porque los casados y prometidos no han tenido calor femenino desde que se fueron de Karakura mientras él gozaba su cortesana o de una que conozca en el camino.
¿Lo más estresante? Que Orihime simplemente sonreía y comentaba "Si quieres, elijo por ti a una cortesana para que te ayude. ¿Quieres una morena o de piel blanca?".
"Mira que tienes una esposa contenta y dispuesta de verte con amantes y tú lo desperdicias", fue el comentario de Keigo.
—¿Qué haces fuera de la cama? — Sonríe al ver la emoción en los ojos de Orihime por su presencia.
—Rena estaba inquieta, así que la saque afuera. No quería que te despertara.
—No me importa estar despierto con buena compañía. — Se sienta detrás de ella, rodeándola con sus piernas y pegándola en su pecho. Le besa la coronilla y después el cuello. — Deberías mejor entrar.
—Pero me gusta el paisaje, no dejo de asombrarme lo que hay más allá de… de mi pueblo y el palacio. Solo Eris y Narue salían de viaje… y Rena está emocionada también.
—¡Yay! — Rena alza los brazos, apoyando sus palabras. — ¡Zanahora!
—Mujeres desobedientes. — Se queja el Emperador con una sonrisa.
Orihime se ríe bajito y se acurruca en él como un animal domestico en busca de cariño. Ichigo sonríe y le vuelve a besar la coronilla, contento y satisfecho que poco a poco su esposa esté siendo más afectiva por iniciativa propia, que ella también busque su tacto como hace él. En el afecto íntimo habían mejorado un poco más, despacio consiguió que sus besos descendieran por el cuello y el discreto escote de su camisón mientras sus manos recorrían el cuerpo escultural sobre la prenda. Si se concentra un poco, su mente reproduce a la perfección los jadeos y gemidos que Orihime hace cuando juega con sus pezones sobre la tela o mordía con discreción su cuello. Aunque todavía se cohibía en el instante que metía manos debajo de la prenda, al menos ella ya no se movía involuntariamente con el fin de darle un puñetazo en la cara o en sus partes bajas.
Lo único negativo sería siendo que su compañero de abajo no tiene el alivio que exige y ha terminado afuera en el frío varias veces con el fin que la temperatura lo vuelva a dormir y regrese la frustración.
Pero vale la pena con solo tenerla en sus brazos y drogarse de su perfume y emborracharse de sus labios.
—Vamos, no más atrasos. Hay que ir adentro que volverá a bajar la temperatura.
—De acuerdo. — No tiene mucho ánimo pero sabe que tiene razón y no quiere que Rena se enferme.
—Mañana en la noche entraremos en zona tropical y pasado mañana llegaremos por fin a Karakura. — Explica poniéndose de pie y la ayuda en hacer lo mismo sin la necesidad de que suelte a Rena. — Y podremos dejar por fin los abrigos.
—Karakura… — Pareciera que practicase o analizase como suena su boca al decir aquel nombre. Se sonroja de pronto. — Allá está tu familia.
—Así es.
—Me… me pone nerviosa la idea de conocerlos.
—Te van a adorar, te lo prometo.
—¿Aun cuando soy la hija de un pedófilo y violador?
—Las acciones de esa basura no te definen a ti. — Le besa la coronilla otra vez. — Anda, vamos a dormir.
En el camino de vuelta al cuarto le piden a un soldado que avise en las cocinas que les preparen algo caliente. Éste se inclina y parte a cumplir la orden.
Ya de vuelta en el cuarto se quitan los abrigos y pieles. Orihime se sienta en la cama con Rena en los brazos y espera a que se quede dormida mientras le tararea una canción infantil de Rikka, cosa que consigue junto cuando llega un criado con el pedido de Ichigo. La reina acuesta a su hermanita en la cuna y la envuelve en las mantas de pieles, le besa la nariz y acaricia despacio su pancita.
A salvo.
Su deseo de tenerla a salvo se ha cumplido.
Aun lo está procesando.
Todavía cree que va a despertar en el palacio, que todo esto es un sueño y debe esconderse rápido antes que la atrapen.
Pero no es así.
No es así.
Se da media vuelta apenas confirma que no despertara y regresa a sentarse en la cama, donde Ichigo la recibe con una jarra llena de leche caliente, ofrenda que acepta feliz.
—Ichigo ¿Cómo es Karakura? —Pregunto curiosa.
—¿Por qué la curiosidad de repente?
—Cuando estaba en el palacio leí sobre la historia del país pero no sé nada más. — Respondió.
—¿Quieres tantear el terreno? — Se río levemente.
—¡NO! Juro que solo tengo curiosidad de cómo es tu país.
—Lo sé, era una pequeña broma. — Puso su mano sobre la cabeza. — Karakura es un país mayoritariamente tropical, el clima suele ser cálido la mayor parte del año y exportamos muchas frutas al tener tierras muy fértiles.
—¿Pero cómo es la ciudad?
—La capital es bastante amplia, hay casas de muchos colores y tamaños. La plaza es muy amplia y un día a la semana un mercadillo se poner ahí. — Explica y Orihime se lo va imaginando en su cabeza. — Es divertido visitarlo de incógnito.
—Nunca he visto uno. — Dijo emocionada, sus ojos brillaban como niña pequeña.
—Te llevaré un día con Rena, lo prometo. —Sonrió al verla tan feliz. — La gente es amable, te recibirán bien.
—Eso espero. — Dijo ella preocupada.
—Ven acá. —Abre sus brazos y Orihime se acerca tímidamente, Ichigo la rodeo y la pego a él mientras su esposa daba un sorbo a su tasa. — No debes tener miedo, todos te van a aceptar.
—¿A pesar de mis orígenes?
—Claro que sí. — Beso su frente y se dejó caer sobre la cama llevándola a ella también. — Hace frío, debemos dormir. — Murmura contra su oído, sacándole un ligero temblor a su esposa para satisfacción suya.
—¡E-espera aún no termino de tomar mi bebida!
—Después… — Ichigo comienza a dormir.
—¡Pero…! — Orihime no pudo reclamar más porque escucho la suave respiración de este sobre su cuello, la reina bufó pero poco después saco una sonrisa y comenzó a dormir lentamente.
Ya estaba atardeciendo cuando llegaron a Karakura. Orihime estaba agotada cuando atracaron el barco ya que había resentido un poco el cambio de temperatura, era un cambio abismal de Rikka donde hacía frío debido a que estaba llegando el invierno a Karakura, donde el clima solía ser cálido la mayoría del tiempo con algunos meses de lluvia.
Su cara se puso roja cuando recordó lo que había pasado el día anterior, Ichigo fue a buscarla a su habitación para tomar un aperitivo juntos y al entrar sin aviso previo la encontró en camisón de ropa interior. Él rápidamente había cerrado la habitación y cuando Orihime salió de la habitación, la pobre reina llena de vergüenza le había dicho que la ropa gruesa que le había preparado Hinako la hacía sudar mucho y había ido a la habitación a refrescarse un poco y ponerse un vestido más fresco.
Sin embargo el emperador se disculpo ya que había sido su culpa el haber entrado sin avisar previamente, aunque ya era su esposa y podía verla en paños menores si quería le reafirmó que no iba a forzarla a nada en ese momento, Iba a esperar hasta que se sintiera lista.
En el mismo puerto donde anclaron habían ordenado llevar un carruaje para las princesas con el primer grupo que había regresado al país, ya que estas debían ir cómodas, Ichigo debía encabezar a su grupo así que iba montado en Mugetsu, su fiel corcel. Fueron otros dos días de recorrido para poder llegar.
Orihime se encontraba durmiendo en el carruaje cuando escucho un golpe en la portezuela.
—Orihime, pronto vamos a llegar. — Anuncia el emperador. — Puedes ver por la ventana.
—¿De verdad? — Pregunto somnolienta.
—Sí, solo observa… debo ir al frente pero pronto volveré contigo. — Ichigo se adelantó al frente del ejército y Orihime abrió levemente la cortina del carruaje. Noto los techos coloridos, su iglesia, el enorme parque, numerosas calles y demás. Había quedado maravillada con la vista. Rena quien también veía estiraba los brazos hacía la ciudad.
—¿Que tal Rena? ¿Te gusta?
—Ti. — Aplaude sonoramente.
De una de las largas torres de vigilancia se escuchó un sonido agudo, el sonido de un cuerno de guerra anuncia el regreso del emperador.
Al poco tiempo que ingresaron se pudo ver a la gente de pueblo aclamando a su gobernante y alabándolo sonoramente.
Los soldados se veían felices de ver a su pueblo y algunas familias (posiblemente familiares de algún guerrero) lloraba por los suyos volviendo a casa.
La entrada al palacio de Karakura fue también calurosa, todos los altos mandos, nobles y aristócratas daban la bienvenida a Ichigo. En la entrada del palacio alcanzo a ver a un par de chicas de trece años y una pareja, posiblemente el antiguo emperador y la emperatriz madre.
Rena se removía en su regazo, pero tras darle unas palabras tranquilizadora está se quedó quieta mordiendo una sonaja de plata que Orihime le había dado con el fin de entretenerla.
Pudo ver a su esposo bajando de Mugetsu y acercarse a su familia aunque no podía escuchar de qué hablaban por la distancia. Un par de pajes se acercaron al transporte y abrieron la portezuela mientras Ichigo se acercaba a éste y extendía su mano para ayudarla a bajar con cuidado, Agatha apareció rápidamente para tomar a Rena en sus brazos y dejar que emperador y reina se acercarán a la familia de Ichigo juntos.
—Padre, madre, hermanas… les presento a mi esposa. —Hablo orgulloso.
—Es un placer conocer a la familia imperial de Karakura, Inoue Orihime presenta sus respetos a la emperatriz madre y a la antigua espada del imperio. — Orihime toma la falda de su vestido con su mano derecha y se inclina en una suave reverencia a su nueva familia política.
Las caras de las dos jóvenes y sus padres muestran sorpresa al escuchar esas palabras salir de boca del pelinaranja.
—Pero hermano, tú dijiste que nunca te casarías. — Murmura la joven castaña.
—Supongo que a todos nos llega el momento. —Respondió simplemente encogiéndose de hombros.
—¡Dios escucho mis ruegos! — La mujer casi lloraba de felicidad mientras se acercaba a la joven pelinaranja.
—¡Al fin podré tener nietos! — Exclamó feliz el antiguo emperador.
—¡Calla! — Exclamó nervioso. — ¡Aún es muy pronto para eso!
La Emperatriz madre se acercó a la reina de Rikka y la toma de las manos, provocando un pequeño sobresalto en la ojicastaña quien aceptaba que muy pocos la tocarán.
—Es un placer conocerte querida.
—A-ahh, s-sí. — Hablo apenas.
—Madre, la asustas. — Ichigo separó un poco a su madre ya que noto el nerviosismo de Orihime.
—Lo siento mucho. — Se río suavemente. — Hace tanto que espero esta noticia que me emocioné demasiado.
—Ah no, no hay problema. —Respondió la pelinaranja rápidamente, eran sus suegros después de todo.
—Mi padre el emperador Isshin. — Presento Ichigo poniéndola frente a al susodicho. — Mi querida madre la emperatriz Masaki y mis hermanas las princesas Yuzu y Karin. — Presenta a las susodichas.
—Pues si eres del tipo que le gusta a mi hermano. — Respondió la chica más joven de cabello oscuro sin pelos en la lengua.
—Karin… — Amenaza Ichigo con una mirada.
—Entremos todos juntos, vamos. —Sugirió Isshin. — No es bueno hablar con tanto público presente.
Los nobles y aristócratas presentes veían la escena con curiosidad y algunos sorprendidos que el emperador hubiese contraído nupcias fuera de su país.
La familia real ingreso al castillo mientras que ordenaba a los nobles que podía seguir con la pequeña recepción de bienvenida.
La familia se movió a un ala del palacio designado únicamente a la familia real e ingresaron a esta, no sin que antes Ichigo diera una orden al mayordomo principal. Orihime espero a que Ichigo y los demás tomarán asiento para hacerlo ella después, los antiguos gobernantes veían embelesados a su nueva hija política, como si fuera un ser que pronto desaparecería, Yuzu la veía un poco a la defensiva y Karin veía todo indiferente.
—Entonces ¿Podemos llamarte Orihime? — Pregunto Masaki sonriendo.
—Por supuesto, pueden llamarme por mi nombre si así lo desean. —Sonrió la reina.
—Había escuchado que los miembros de la familia real de Rikka poseían una gran belleza y al verte confirmo que es verdad.
—Querido ya habías visto a princesas de Rikka antes.
—Sí pero solo fue una vez, aunque recuerdo que eran 3 princesas y eran todas preciosas. — Miro a Masaki como un bobo enamorado. — Aunque no más que tú mi querida emperatriz.
—Me halaga escuchar que aún soy considerada hermosa para mi marido. —Sonrió la madre del imperio.
—¿Pero porque te casaste con mi hermanito? — Pregunto Yuzu acusadora.
-Bueno… pasaron algunas cosas. — Responde Orihime tímidamente, al parecer ya había alguien de la familia a quien no le agradaba.
—Yuzu… — La reprendió la emperatriz.
—¡Pero…!
—Yuzu. — Ahora es Ichigo quien la regaña. — El hecho que esté casado no significa que ya no seré tu hermano ¿Entiendes? — Le hablo de forma amable.
—Cariño en algún momento tu también te casaras, y no querrás que Ichigo insulte a tu prometido ¿Cierto?
—No. — Responde de inmediato al recordar a su novio Jinta. — Lo siento. — Dijo cabizbaja mientras le pedía perdón a Orihime.
—No te preocupes, si yo tuviera un hermano mayor, creo que hubiera actuado igual que usted, princesa Yuzu.
—¿De verdad?
—Por supuesto. — Le sonrío.
—Más bien Ichigo lo mataría, nada de insultos. — Corrige Karin como si de una vidente se tratase. — Que de seguro será pronto en cuando se entere.
—¿Enterarme de qué? — Ichigo alza una ceja.
Karin no puede responderle porque, debajo de la mesa, Yuzu le había hecho daño en el muslo.
—No le hagas caso, anda huraña porque iba a montar. — Explica Yuzu rápido, fingiendo que no ve la cara molesta de Karin. Observa a su cuñada. — Entonces llevemos bien hermana Orihime.
—¿Hermana?
—Sí, ahora que estás casada con mi hermano, ¿No pasas a ser mi hermana mayor?
—C-claro, sería un honor. — La mira con una sonrisa. — Puedes Llamarme solo por mi nombre.
—Si, Orihime. — Yuzu olvidó su coraje inicial e hizo las paces tranquilamente.
—Vi una niña contigo. — Comenta Karin curiosa y ya sin sentir el malestar en su pierna izquierda.
—Habrá sido mi hermana menor,
—¿Hermana?
—Esa es mi hermanita
—Bueno quiero detalles se la boda. — Pregunta Isshin.
—No fue muy difícil, solo fue de noche, dos testigos y la bendición de su diosa Mina. — Era todo lo que necesitaron.
—¡¿Cómo está eso?!— Exclama Masaki entre horrorizada o molesta.
—Madre, Rikka no estaba en condiciones de una celebración enorme. Fue el deseo de Orihime y se respetó.
—Preferí que los recursos de una boda real se use para alimentar a la gente... no han comido bien en años. — Explica simplemente. Inconscientemente se lleva una mano al muslo, como si ahora mismo le hubiesen dado un latigazo.
—Una decisión admirable. — Admite Isshin tratando de no reflejar sospecha. Algo en la postura de la mujer enciende sus alarmas. — Si muchos pensasen como tú, Orihime, las guerras no existirían.
—Gracias… sé que es un poco ridículo, pero luego de lo que han pasado, se merecen un regalo de esperanza.
—Claro que no, eso habla muy bien de ti, Orihime. — Masaki sonríe amigablemente. — Pero admito que no me gusta la idea de haberme perdido la boda.
—No hay que preocuparse por eso. — Comenta Karin un poco huraña. — No se han casado en nuestro país, ¿No?
Casi se podía ver como las mentes de su hermana y padres se sincronizan al mismo tiempo y sueltan un grito de emoción mientras se ponen de pie.
—¡Tenemos que organizar la boda!
Orihime había dado un brinco de susto e Ichigo suelta un suspiro cansino. Ha pasado exactamente lo que sospechaba durante el viaje de vuelta.
—La señora Hinako ha tenido algunas ideas. — Murmura Orihime aun un poco asustada.
—¿La nana Hinako?— Dice Yuzu.
—Prácticamente es nuestra casamentera. — Gruñe Ichigo mientras Orihime se ruboriza.
—Isshin, tenemos que darle tierras a Hinako.
—Claro, Masaki. Y una buena jubilación. — Isshin asiente. — Ha cuidado a nuestros retoños desde que nacieron y ahora nos consiguió una nuera. — Se pone a llorar. — Somos tan afortunados.
Ichigo vuelve a gruñir por ver a sus progenitores hablar de los afortunados que son y de cómo organizar la boda con ayuda de Hinako. Su malestar pasa a asombro en cuando siente que sostienen su mano, mira a Orihime, la culpable, y se queda perdido en la sonrisa tímida que le regala.
—¿Eso significa que lo he hecho bien?
—Claro que sí, Orihime. — Le besa los nudillos. —¿Quieres ir a ver a Rena y descansar?
—Por favor.
—Vamos entonces, tienes cara de que volverías a dormir un día entero.— Se ríe al verla molestarse. — Karin, Yuzu... ¿Quieren ver a la hermana de Orihime?
—¡Claro! — Exclama Yuzu feliz.
—¿Por qué no?— Responde Karin encogiéndose de hombros.
Al parecer habían llevado a Rena al cuarto que ocuparon las mellizas cuando nacieron. Aun se puede ver las pinturas infantiles en las paredes en buen estado y parece que Hinako había pedido traer la cuna de Yuzu para la princesa.
Pero en ese momento Rena no lo ocupa, esta demasiado ocupada llorando por hambre que le había pegado a Agatha y lanzado su cascabel de plata.
—¡Rena!— Orihime corre hacia las dos y carga al bebé, trata de calmarla pero seguía llorando. —¿Qué paso Agatha?
—Tiene hambre. — Igual se ve preocupada. — Pedimos que le traigan la leche pero han tardado, aun no llega y la princesa ya se impaciento.
—¡Que alguien me explique esto!— Ichigo enfrenta a los criados que andan ahí y se han asustado. —¡¿Por la princesa Rena no está siendo bien tratada?!
—No-no… sabemos, Su Majestad.
—La señora Hinako fue a ver y nos ordeno que siguiéramos trabajando.
—¡Si alguien de aquí ya termino pues vaya a ayudarla!— Su furia aumenta. —¡Si creen que voy a permitir que traten de esta forma a la hermana de mi esposa, están equivocados!
Los criados se ponen más pálidos de miedo por verlo así de molesto. Además, ¿Esposa? Nunca fueron informados de aquello.
—Ichigo, para por favor. — Suplica Orihime mientras aun pelea por calmar a Rena. — Tus gritos la alteran más.
—Lo siento, no quise hacerlo.
—¿Por qué no mejor usas esa ira moviéndote a saber personalmente que pasa en vez de asustar a la gente que no se lo merece?
Si la gente ya andaba preocupada de su propio cuello, ahora temen por la población. ¿De verdad aquella mujer extranjera le ha hablado en ese tono irrespetuoso al Emperador de Karakura? Incluso las gemelas se han preocupado un poco.
—Orihime, de verdad lo siento. —Insiste.
—Lo sé, pero enojarse no va a conseguir algo importante.
Por suerte en ese momento Hinako llega para acabar con ese ambiente. Aunque igual anda molesta, es un enojo más inocente y lanzado a ningún inocente. En sus manos lleva una bandeja cargada con un plato que lleva comida molida, leche y un jugo. Todo para Rena.
—Por eso te dije Ichigo que avisaras que venías con tu esposa y cuñada bebé. — Reprende la mujer mayor apenas lo ve. — Hay un caos en la servidumbre y en la cocina.
—¿Qué ha pasado que no cumplen una simple orden?— Cuestiona Karin en lo que Orihime agarra la jarra en donde va la leche.
La jarra tiene un término en punta triangular en un extremo, facilitándole a la joven reina darle por ahí la leche. Rena había dejado de hacer puchero en cuando huele la leche y deja de llorar en cuando le ponen en los labios la jarra para beberlo. Hacia hipos de llanto entre medio pero al menos ya está en paz.
—Ya está Rena, lo siento tanto. No debí dejarte a ti y a Agatha solas en nuestro primer día aquí. — Despacio le besa la frente, debía tener cuidado en que no se zamarree la leche.
—Como hay tantos nobles con bebes y niños por el regreso de los soldados y el Emperador, las provisiones estaban listas para ellos solamente. — Empieza Hinako con la explicación. — Como no se aviso que vendría el Emperador con esposa y un bebé, creyeron que eran prisioneras de guerra y dejaron sus pedidos para el final. Kiryo se ha puesto furiosa en cuando llegue a reclamar la falta de atención y les dio una buena reprimenda a sus ayudantes.
—¿Kiryo es la encargada de cocina?— Sospecha Orihime sin despegar los ojos del bebé
—Así es. — Dice Yuzu igual mirando a Rena, pero con ojos de asombro total. La encontraba hermosa, aun con los ojitos rojos y las mejillas húmedas por el llanto.
—Voy a encargarme de ello personalmente. — Reprende Ichigo molesto.
Un criado le acerca a Orihime una silla mecedora cien por ciento de madera. Pide disculpas por el retraso que no se ha ocupado en años y debían limpiarlo. Orihime da las gracias y aparta la jarra de los labios de Rena con el fin de sentarse sin accidentes. Aun así a su hermanita no le gusta la idea porque empieza a gimotear por más comida.
—Ya, ya... déjame primero limpiar tu carita. — Agatha se había acercado con un pañuelo de seda y le quita el rastro de las lágrimas. Orihime le da las gracias y le acerca otra vez la leche, despacio. —¿Ves? Luego te daré una papilla que la señora Hinako hizo especialmente para ti.
—Parece que amar la comida es de familia. — Bromea Ichigo.
—No me molestes, Ichigo. — Reprende inflando un poco sus mejillas.
El reclamó a su esposo fue interrumpido por Rena quien exigía atención.
—Ya, ya mira qué rica tu papilla. — Orihime tomo una cuchara pequeña llena de puré la cual la pequeña peliverde comió ansiosa derramando un poco en su ropa.
—Después le daré un baño, majestad. — Hablo Agatha.
—Tiene los ojos de Orihime. — Chillo Yuzu emocionada al verla detenidamente, era como una muñequita de porcelana, rellenita y con sus mejillas rojas.
—Pero no son muy parecidas fuera de eso. — Comento Karin.
—Bueno, somos medias hermanas. — Admitió Orihime levemente apenada.
—¿Qué?
—Somos hijas del mismo padre pero no de la misma madre. Una de las esposas de mi padre es la madre de Rena.
—Ya veo, eso explica el porqué no hay tanto parecido. — Karin ya no pregunto más, puesto que su curiosidad ya había sido satisfecha.
—¿Entonces la princesa Rena será mi hermanita menor? — Exclamó una feliz castaña, siempre había querido un hermano pequeño.
—Eso es decisión de Orihime cariño. — La tranquilizó la emperatriz.
—Bueno, yo no tengo problema alguno. —Respondió Orihime mientras seguía alimentando a la pequeña peliverde, sabía que la princesa tenía buenas intenciones. — Solo hay un pequeño problema. — Rena rechazo la última cuchara, dando a entender que estaba satisfecha y Orihime la coloca sobre su hombro comenzando a dar unos golpecitos para que repitiera, todo bajo la atenta mirada de Masaki e Isshin.
—¿Cuál problema? — Pregunta Karin alzando una ceja que Orihime piensa en lo mucho que se parece a Ichigo.
—Rena, soy Yuzu tu nueva hermana. — Saluda feliz mientras se acerca un paso a la joven princesa, sin embargo la carita de Rena se convirtió en un puchero y se echó a llorar. — ¿Eh?¿Qué? ¿Hice algo mal? — Pregunta nerviosa la segunda princesa.
—No has hecho nada malo. — La tranquiliza Orihime mientras arrullaba a la pequeña. — No le gustan los extraños, tendrás que ganarte su confianza.
Ichigo no dijo palabra alguna pero recordó que su tierna cuñada se había lanzado a él y comenzó a jalar su cabello nada más tenerlo a su alcance, eso quería decir que había confiado en él nada más verlo… no estaba seguro si eso era un halago.
La emperatriz no dijo nada pero miro la escena con ilusión e Ichigo no paso esto por alto.
—¿Mamá? — La llamo cuidadosamente llamando la atención de la reina.
—Lo siento querido es solo que al ver a Orihime noto lo bien que se ve con un bebé en brazos. — Esto ocasiona que las mejillas de la joven pelinaranja se pusieran rojas.
—¿Disculpa? — Pregunta su hijo sin creerse la falta de discreción.
—Lo que dijo tu madre. — Le siguió Isshin. — Tal vez es una señal de que pronto podríamos tener un nieto. — No pudo evitar emocionarse.
—Silencio todos, no vamos a tener hijos. — Todos excepto Orihime que se moría de vergüenza lo miraron extrañados. — Me refiero a que no será pronto. — Aclaro seriamente.
—Hermano ya tienes 26 años ¿Sabes? — Comenta como si nada la primera princesa.
—Pero no tengo un pie en la tumba. Ahora todos fuera de la habitación, Orihime querrá un tiempo a solas con su hermana, acostumbrarse al palacio y descansar un poco.
—Orihime, ven más tarde a mis habitaciones, ¡Quiero que hablemos juntas! — Pide alegremente la emperatriz.
—Sera un honor, su majestad. — Responde la reina.
—Iremos a la recepción, tú y esa encantadora y dulce hija mía deben ir más tarde, después de todo está fiesta es en tu honor. — Dictamina Isshin a su primogénito. — Y también quiero tener una conversación de padre e hijo más tarde.
—En cuanto tenga una oportunidad. —Responde Ichigo.
La familia real salió de la habitación excepto Ichigo, quién toma asiento en una pequeña silla que estaba en el rincón y respira aliviado.
—Lamento esto, como ves mi familia es muy… DEMASIADO efusiva.
—Para nada, me han agradado todos. —Sonrió mientras Rena gorjeaba feliz.
—¡Nahoria, aoria! —Chilla la infante al ver al emperador en su campo de visión.
—Su majestad, descanse un poco y nosotras nos encargaremos de la princesa. — Dijo Agatha junto con Hinako.
—Dale un baño tibio y mantenla despierta hasta que de la noche. — Ordeno.
—Como ordene pero ¿Porque mantenerla despierta? — Pregunta Hinako extrañada
—Quiero que comience a adaptarse al horario de Karakura. —Responde Orihime. — Si la mantenemos despierta hasta tarde…
—La princesa estará agotada y dormirá toda la noche. —Respondió Agatha, acabando la frase por ella.
—Exacto.
—Muy bien, hora de irnos. — Habla Ichigo aliviado que su esposa lo esté tomando bien hasta ahora. — Te mostraré la habitación donde dormirás hasta el día de nuestra boda. — El emperador ofrece su brazo y Orihime acepta mientras ambas nanas se inclinaban levemente en respeto.
Apenas salieron de la habitación, la joven reina no podía dejar de ver las suaves alfombras, hermosos adornos y cuadros que adornaban el palacio, que claramente gritaba poder por todos lados.
Un par de mayordomos abrieron las grandes puertas de la habitación conjunta a dónde dormía Rena y Orihime quedó maravillada con la pieza, desde la pequeña salita para recibir algunos invitados, la hermosa cama con dosel y el balcón con vistas a la montaña. Los colores blanco, azul y los adornos de flores rosadas con hojas verdes resaltaban en el lugar, era todo perfecto.
—¿Te gusta? — Pregunta Ichigo al verla tan feliz.
—Me encanta y es precioso—Admitió feliz mientras lo soltaba y se dirigía al balcón, el aire fresco golpeó su cara sacándole una sonrisa.
—Me alegro, mandé a qué la arreglaran para ti en cuanto llegamos y está cerca a la habitación de Rena, se que quieres vigilarla de cerca.
—Muchas gracias. —Admitió Orihime mientras se acercaba y lo abrazaba, gesto que el emperador correspondió
—Lo que sea que te haga feliz. — Dice él besándole la coronilla.
—Me gustaría poder hacer algo por ti luego de todo lo que has hecho.
—Hey, no es necesario que ya lo has hecho.
—¿De verdad?
—Prácticamente me has entregado Rikka. — Sonríe al oírla reír. — Así que deja de poner esa cara de preocupación.
—Es que... he estado pensando.
—¿En qué?— Preocupado, por un segundo cree que se va a arrepentir o algo.
—Sobre lo que le dijiste a tus padres... sobre el asunto de los hijos. — Se muerde el labio. — ¿Qué será de mí si no te doy un heredero? ¿No me hace una inútil según las exigencias de tu reino? ¿Y si...?
Ichigo la calla con un beso en los labios. Solo iba a ser un beso corto pero nuevamente ha quedado embriagado del sabor a miel con el aroma de las flores. Se ha vuelto otra vez loco y cuando se da cuenta, se había tirado con ella al largo sofá de cojines color perla. Él había quedado debajo, por lo tanto, gracias a la luz del sol, tenía una vista perfecta de una sonrojada Orihime, jadeando por falta de aire y el cabello resplandecía más. Eso le provoca alzar la cabeza y robarse otra vez los labios.
—Hey... — Dice él, también jadeando y caliente por dentro. Que sencillo seria... calma. — Que esas cosas no te preocupen.
—Pero...
—Hablo en serio. — Sus brazos rodean su cintura. — Aun tenemos tiempo para eso. Has pasado mucho tiempo encerrada y tratando de sobrevivir que te mereces disfrutar la vida. — Sonríe al verla sorprenderse. — Quiero darte primero el mundo y que te cures por dentro poco a poco... luego ya pensamos en hijos.
Ella sólo lo miraba... y entonces se había largado a llorar. Lloraba tan intenso, con mocos incluidos, que Ichigo se había alarmado de preocupación.
—¿Orihime? ¿Qué pasa? ¿He hecho algo mal?
Ella solo mueve la cabeza en negación mientras se limpia la cara con las mangas de su vestido. Luego entierra su cara en el pecho del hombre.
—Solo estoy feliz... te lo prometo...
Saliendo de su estupefacción, el emperador le besa la coronilla y la vuelve a abrazar. Comprende lo conmovida que se pone porque nadie le había dado tanto.
Paciente espera a que se calme acariciándole el pelo y darle besos en la coronilla.
—Aunque me gustaría quedarme así más tiempo, tengo que enfrentar a los chismosos en una reunión.
—Lo siento, vas tarde por mi culpa. — Se va levantando e Ichigo la sigue.
—No me importa, vale la pena. — Le besa los labios mientras sus pulgares acarician sus mejillas. — Te dejare descansar.
—Está bien.
—Te vendré a ver apenas termine. Aun si estas durmiendo.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo. — Sabiendo que de alguna forma su presencia disipa las pesadillas.
Sale de la habitación luego de otro beso. Al otro lado se encuentra a la chica Hinamori con una criada del palacio de pelo corto y castaño. Le ha pedido a Hinako que elija de acuerdo a su eficacia y confianza. No quiere que su esposa ande con una persona que pueda ser fácil de comprar para lastimarla.
—Su majestad. — En sincronía las dos mujeres se inclinan ante él.
—Espero que las dos hayan congeniado bien.
—Así es. — Dijo Hinamori con una sonrisa. — La señorita Ogawa me explica las cosas demasiado bien.
—Ogawa, si Hinako te eligió es porque confía en ti. Te ordeno que no nos decepciones.
—Me voy a esforzar, Su Majestad. — Ogawa se inclina nuevamente.
—Bien, las dejo con ella. Por desgracia tengo trabajo que hacer.
Una vez Ichigo se pierde de vista, las dos mujeres tocan la puerta y entran al escuchar la aprobación de Orihime, quien sonríe contenta de ver a Hinamori.
—Momo.
—Buenas tardes, Su Majestad. — Extiende una mano hacía su compañera. — Déjeme presentarla a Ogawa, la señora Hinako la eligió como parte de su criada personal. Trabajaremos juntas para usted.
—Es un honor servirla, Su Majestad. — Ogawa se inclina respetuosamente. — Momo habla mucho de usted y ya le agarre cariño si me permite el atrevimiento.
—Gracias Ogawa. — Le toma las manos con ansias, tomándola con la guardia baja. — Espero que nos llevemos bien.
—Cla-claro... — Sonríe amablemente. — ¿Procedemos entonces? Imagino lo cansada que esta.
—Ya han traído sus cosas. — Comenta Hinamori. Omite la parte de que es poco lo que han traído, lo necesario pero no digno de su posición. De seguro se mandara a traer un guardarropa. — La ayudare a ponerse el camisón en lo que Ogawa le prepara un té de hierbas.
—¿Qué té le apetece, mi reina?
—Yo... — Se sonroja al pensar en Ichigo mientras Hinamori le va desajustando los cordones. — Que tenga menta.
—¿Menta? Hhmmm… está bien.
Orihime agradece que Ogawa no haya reaccionado al ver sus cicatrices apenas queda desnuda. A lo mejor se lo han informado con anticipación de ello con el fin de mostrar horror o una advertencia a no divulgar el secreto de la futura emperatriz. Hinamori le pone un camisón amarillo claro con mangas cortas por el clima caluroso. Incluso la tela es diferente, más holgada y delgada para resistir el calor. Le prepara una trenza sencilla para dormir.
Agradece el té de menta con otras hierbas entre medio y va tomando mientras escucha las historias de las dos mujeres, en especial la de Ogawa porque le ayuda a conocer más las reglas.
Da las gracias a ambas por toda su ayuda y les permite irse apenas se da cuenta que ya no puede seguir despierta, cosa que Momo y Ogawa notan por la forma en que pestañea con tal de mantenerse despierta. Se arropa en la cama y suplica no tener pesadillas antes de quedarse dormida.
