"Su versión (parte 3)"
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Sabía que él no era perfecto, muchos menos alguien que pudiera mediar el arrebato de sus acciones cuando se trataba de su propia incapacidad de expresarse.
Sin embargo, Deku lo había elegido. Y aunque quisiera decirle que se fuera con alguien mejor, o merecedor de sus afectos. No tuvo el valor de objetarse por completo. Experimentó muchos hundimientos en el proceso, además de la creciente resistencia que opuso por no tener la suficiente confianza en sí mismo de superar el miedo de ser la persona elegida por Deku.
Pero por una u otra razón, el nerd era su novio y era difícil de creer que era correspondido. No cabía en su cabeza la desbocada alegría que lo rodeaba.
Katsuki es inmensamente feliz de ser el novio de Deku.
No había palabras, límites, pensamientos que describieran lo que sentía para esas instancias en que sorpresivamente todo encajaba. En que las piezas encajaban como piezas de un rompecabezas.
Su mundo entero se despierta por la sincronía emocional que lo recorre de pies a cabeza. La sincronía que lo sincera consigo mismo, y con su novio, de quien se encontraba flotando en nubes de polvo.
Además, ya no sentía la presión que sus amigos le imponían de estar a lado de Deku, cuando ni siquiera tomaban en cuenta sus sentimientos y sus razones de no hacerlo. No consideraron ni una pizca de miedo en su fisonomía las veces en las que la figura de Deku entraba en escena.
Pero al menos ya podía respirar tranquilo, pues el traqueteo de su cabeza había cesado de existir.
Por un lado, temía que demasiada felicidad se viera opacada por fuerzas externas; como su amigo, Kirishima, quien gustaba de Deku. Y pese a que no se le acercaba al pecoso, no quitaba las ansias de que en cuanto él bajara la guardia, le bajaran a Deku del partido.
Las miradas discretas de Kirishima no le pasaban desapercibidas, como a su novio nerd, quien ignoraba tales signos que se situaban detrás suyo, casi como una sombra fugaz.
Aun cuando estuvieran juntos, Kirishima seguía ahí. Seguía en la misma página que él. Y eso eclipsaba el humor contento del chico explosivo, quien justamente pensaba en darles su merecido a los jodidos sin vergüenzas que se hacían llamar sus 'amigos', puesto que no soportaba que alguien más tuviera el ojo en su novio.
Y es precisamente, por eso que se hallaba tan enojado cuando los veía a los cuatro en grupo. Parecían sanguijuelas conviviendo juntas. Los detestaba por apuñalarlo por la espalda y dejarlo sangrar en el proceso.
Afortunadamente, fue rescatado por Deku, quien lo acogió con sus monumentales brazos y su infinita paciencia, donde lo demás carecía de sentido. Ahora, Katsuki se dejaba abrazar por Deku de a poco, porque si no desfallecería de vergüenza si se abrazaban tanto, a como el pecoso acostumbraba a repartir cariño desmesuradamente a las personas que quería.
Él rescata la frase que su novio dijo el día en que se confesó.
"Quererte, Kacchan".
Y precisamente eso es lo que Deku hace todos los días.
Quererlo.
Deku le hace saber todos los días que lo quiere. Lo trata gentilmente, es considerado con su manera de ser, no lo presiona, no lo obliga a hacer cosas que él no quiere, le otorga su espacio y su lugar como su pareja.
Por eso, Katsuki sonríe internamente muchas veces durante el transcurso del día en que pasa la mayor parte de sus horas a lado de su novio.
Si antes entrenaban juntos en algunas ocasiones, ahora entrenaban juntos la mayoría de las veces (salvo las raras ocasiones en que Deku debía entrenar bajo la dirección de su mentor, dado que el camino del sucesor del héroe número uno es seguir sus pasos).
De igual manera, si antes cada uno hacía la tarea individualmente, ahora se juntaban para hacerla juntos.
Asimismo, es que pasaban mucho tiempo en compañía del otro, lo que añadía ese toque especial, que tanto gozo le provocaba en el cuerpo.
Sin embargo, todo inicio tiene un intermedio un tanto fuera de lo previsto, puesto que fue abordado por el grupo de sanguijuelas —que se supone que eran sus amigos—, a la hora del almuerzo. Cosa que le cayó como en feria.
Los malditos bastardos no paraban de alardear sus jodidas disculpas a él, como si se tratara de una especie de plegaria de muy extraña procedencia. Katsuki los miraba bastante disgustado, debido a que no se olvidaba de aquello que le hicieron.
Katsuki no hallaba maneras de enmendar la humillación en público.
En eso, la luz de sus ojos (su novio), lo hizo entrar en razón y asimismo fue que los perdonó. Igual, los perdonó, pero no olvida el daño que le propinaron.
Aun con todo ese disgusto, estaba contento de tener al pecoso de su lado.
A los pocos días de haber perdonado a los extras de sus amigos. Katsuki estudiaba cómodamente en el dormitorio de Deku, mientras que el nerd hacía flexiones de muñeca,—con el aparato raro que utiliza cada vez que estudia— y con la otra mano contestaba las preguntas de la tarea.
En sí, no los habían cargado de tarea esa semana, dado que recién terminaba de finalizar la de exámenes y los maestros les dieron un descanso luego de tantas exigencias.
De pronto, sus estudios se vieron interrumpidos por una mano posándose sobre la suya, provocándole un vuelco.
—Deku— Lo ojeó interrogante. —¿Qué quieres?
Algo le dijo que si volteaba a ver la cara de su novio, se desharía en un charco de agua. Por lo que mantuvo su vista fija en la pregunta a medio contestar.
—Kacchan— Dijo. — Me preguntaba si— Carraspeó un poco. Eso ocasionó un breve desajuste en él, pero lo enmascaró con su ceño fruncido. —Si tal vez, tú gustarías, (bueno, aunque si no te interesa, está bien). Si gustarías salir conmigo este fin de semana que viene.
—¿Huh?— Ruborizó realizando que Deku lo invitaba a una cita. ¡Una jodida cita!
Katsuki no se lo puede creer.
—Por supuesto que si tu tienes otros planes, Kacchan, puede ser en otra ocasión.
En eso, Katsuki sí lo miró y vislumbró la cara encendida del nerd y los labios temblando. Esas eran claras señales de que Deku está, en efecto, nervioso.
Katsuki ruborizó con él.
Maldición, justo cuando las cosas estaban yendo por buen rumbo, toman otro mejor.
—¿Kacchan?— Deku le habló dudoso.
—Está bien— Reaccionó asintiendo.
—¿Eh?
—¿Estás sordo, inútil?— Encaró, sintiendo su rostro calentarse. —Dije que ¡sí saldré contigo, estúpido nerd!
—¡Eh!— Exclamó Deku, ruborizado.
—Ahora ¿sí me escuchaste?— Desafió señalándolo.
El nerd asintió repetidas veces por unos segundos, sin reparar su respuesta, puesto que se cubría el rostro con las manos y soltaba frases inteligibles de su boca.
Katsuki lo miraba ofuscado por el sentimiento.
—Entonces— Dijo Deku, tras unos minutos de murmullos de su parte. —El domingo, ¿está bien? O el día que tu quieras del fin de semana.
—Domingo, está bien— Acordó, suspirando entrelíneas. Aún costaba mucho trabajo mostrarse tranquilo en presencia del pecoso, pero ya era un avance que no le gritara y que no hiciera una escenita de insultos.
—Sí— Aceptó Deku, sonriéndole menos nervioso; para después, acercar su rostro a su lado y plantar un pequeño beso en su mejilla, sonrojando al chico explosivo en gran medida. —Te quiero, Kacchan— Salió como un susurro, estrellándose contra su piel. El tacto fue permeable, adentrándose por sus poros.
Esas palabras lo desbaratan.
—Bueno, regresemos a lo que estábamos haciendo antes de tu jodida interrupción— Soltó, tratando de recuperar el control de su acalorado cuerpo.
Mas sus pensamientos se vieron nuevamente interrumpidos por el desaire que lo invadió al no verse capaz de regresar el gesto.
Comoquiera, en la cita compensaría todo.
Los pocos días que transcurrieron después de que Deku lo invitara a salir en una cita, sus nervios iban creciendo progresivamente, así en conjunto con la idea de que arruinaría la cita con su jodido humor tan carente de risas y diversión, como su áspera voz, que sólo convierte las probabilidades de que la cita fuera exitosa, se reduzca por debajo de cero.
Lo que jodió su humor fue que en cuanto le dijo a Kirishima que supuestamente tendría una cita con Deku, al día siguiente, él lo hizo enfadar con sus comentarios inofensivos. Y se enfadó, debido a que sus nervios lo estaban traicionando, dado que salió de su habitación con el corazón en la garganta y el estómago revoloteando como aleteos de una mariposa.
Sus malditos pensamientos lo carcomían por dentro y con el pasar de las horas de la madrugada, su mente giraba sin cesar, frente a la idea de que tal vez y solo tal vez, arruinaría la cita por completo con su humor salado. Y Deku terminaría por sentirse incómodo a su lado.
Se maldijo por dentro, debido a su incapacidad de discernir entre lo sencillo y lo complicado. Entre lo que desconocer qué pasará, puesto que no es un maldito adivino. No es un psíquico que puede predecir lo que sucederá en el futuro.
Katsuki anduvo caminando por el pasillo de su piso, dándose de topes en la cabeza. Y justo cuando creyó que las cosas no podían ir peor, Kirishima apareció con su estúpida sonrisa de oreja a oreja y su actitud amistosa, que le resultaba demasiado excesiva de cariño, que llegaba a incomodarlo.
Sin mucho diálogo entre ellos, el maldito indiscreto de su amigo, le echó porras en su cita, empeorando sus nervios hasta la cabeza.
¿Por qué Kirishima lo molestaba con su cita, si nada tenía que estar haciendo en el asunto de él y de Deku? Un asunto personal.
De igual manera, su amigo no lo hizo sentirse mejor en el aspecto de mostrarse sereno e imperturbable durante la cita; si no, fue como haberle ventilado una ráfaga de desaire por todo el cuerpo, aumentando asimismo su mal genio.
Era el maldito colmo.
Katsuki no toleraría más humillación por parte de los susodichos de sus amigos que no hacían nada para mejorar su inquietud. En lugar de hacerlo, la alimentaban.
Después de la escenita hecha por Kirishima, regresó a su dormitorio, donde trabajosamente se vistió con su mejor conjunto.
Se miraba en el espejo y se maldecía por el enorme sonrojo que abarcaba en sus mejillas, extendiéndose por la punta de sus orejas e incluso en la nuca.
Katsuki se admitió con dificultad que se encontraba muy ajetreado de todo un poco.
Ajetreado de los sucesos que han ocurrido en el tiempo reciente. Ajetreado porque no quiere arruinar la racha de felicidad que ha acontecido desde que Deku confesó que gustaba de él.
—Maldición— Se dijo, revisando su atuendo por enésima vez en conjunto con su cabello puntiagudo. Colocó sus manos sobre su cabello, tratando de aplacarlo. Pero fue inútil. En lugar de darle una mejor apariencia a su cabello, ocasionó que éste se explotara. —¡Carajo!— Gritó rabiando.
En un desesperado intento por arreglar su cabello, tomó un poco del gel que su madre le había dado hace tiempo, diciéndole que habrá ocasiones en que necesitará bajar los picos de su cabello rubio, dado a situaciones donde deberá verse elegante, o en este caso, impresionar a su novio con un look diferente.
Toma un poco del gel, lo reparte entre ambas manos y se lo pone en el cabello. Bufa, mientras nota que su cabello se aplaca y reduce el volumen de los picos que usualmente tiene.
Es la primera vez en que se arregla el cabello. Y lo hace, porque quiere verse bien para su cita. De ninguna manera, quiere que Deku se arrepienta de haberlo escogido como su pareja.
Katsuki se está esforzando a puntos inimaginables, haciendo cosas que no se imaginó hacer en su vida.
El esmero y dedicación que le pone a su arreglo personal, definitivamente lo pondrá en la cima de su aspecto físico. Qué decir, en la cima del éxito.
Le demostraría al maldito nerd lo mucho que significa para él.
Una vez, ajustado su cabello puntiagudo, sonrió para sí en precoz triunfo.
Ya listo para la cita, salió del dormitorio con impecable puntualidad. Esperando que las cosas salieran tan bien como imaginaba.
