Naruto
Enterraron a Fūka un sábado por la mañana.
Nadie asistió al entierro excepto Lunita y yo. Trajimos a Luchador con nosotros, y así podría rendir sus últimos respetos a su madre biológica, pero el día ventoso seguía dejándolo sin aliento, así que Hinata le llevó hasta el coche, y me quedé solo para decir adiós a mi compañera más vieja.
Sabía que tenía que haber lamentado su pérdida, pero sobre todo me sentí aliviado. No tenía que sufrir más, y no tenía que preocuparme por ella nunca más.
—Esa bruja se equivocaba —le dije mientras tiraba un puñado de tierra en el agujero en su ataúd—. No moriste sola. Tuviste a tu hermoso niño contigo. No puedo pensar en ninguna mejor compañía en el mundo que eso. Lo juro, Fū, lo criaré bien y le enseñaré a amar tu recuerdo.
Entonces me di la vuelta para reunirme con mi familia en el coche.
Hice el amor con Hinata esa noche lentamente, adorando cada inmersión y curva de su cuerpo. Me abrazó después, pasando sus dedos sobre mi tatuaje del corazón, y besé su cabello. Sabía que debía ser feliz. Por fin estábamos juntos sin romper ningún voto matrimonial. Pero las incertidumbres seguían molestándome.
¿Qué le pasaría a Boruto cuando el Estado finalmente se diera cuenta de que no era ningún tipo de tutor legal? ¿Cuánto tiempo de más teníamos con él? Y ¿qué pasa con el padre de Hinata?
Había expresado su preocupación más de una vez, pero me dijo que todo estaría bien. ¿Qué podía hacernos realmente? Sin embargo, su malestar me ponía nervioso. Conocía al imbécil muchísimo mejor que yo. Si se sentía segura de que iba a tratar de vengarse de nosotros por la forma en que le pateé el culo, entonces no podía descartar la idea.
Por desgracia, al día siguiente, una de mis preguntas repletas de preocupación fue contestada.
Cuando Jessie, la hija del jefe, llamó a todos los empleados de Shinobi's para una reunión la tarde del domingo, mientras que el lugar seguía cerrado, le rogaba a Dios que anunciara que su papá se encontraba listo para volver a trabajar y hacerse cargo de manejar el lugar de nuevo. Nagato tomó bastante carga desde que el propietario estuvo fuera de servicio, y odiaba que me diera órdenes.
Llegué unos diez minutos antes de la reunión. Todos los otros camareros, además de la mayoría de las camareras, así como los dos cocineros, ya habían llegado y merodeaban en la parte trasera del club.
Necesitando que mis compañeros me levantaran el estado de ánimo, choqué mi brazo en el codo de Gaara cuando me acerqué por detrás.
Asentí con la barbilla y sonreí cuando se volvió para reconocerme. — ¿Cómo anda esa lengua tuya, muchacho?
Se ruborizó. —Bien.
A su lado, Kiba rió y pinchó burlonamente en el vientre a Gaara. —Ahh, mira esa humilde sonrisita, aunque sé a ciencia cierta que su chica no puede mantener sus manos fuera de él. Siempre rogando para pasar la noche, incapaz de dejar de besarlo. La ha convertido en una puta ninfómana.
—Y él sigue diciendo que no puede quedarse. —Gaara frunció el ceño a su nuevo compañero de cuarto—. Pero no me importa si él trae mujeres por una noche. No es justo.
—Oye, la vida no es justa —dijo Kiba, completamente impenitente de rechazar a Gaara más tiempo con su chica.
—Tal vez deberías decirle que no puede llevar a pasar la noche a otra mujer hasta que esté de acuerdo en dejar que tu…
—Guárdatelo —interrumpió Kiba, frunciéndome el ceño por poner mi granito de arena—. No me importa si bloquea mi dormitorio, me iré a follar a otro lugar… como va a seguir haciéndolo con Shion.
—Ves —me dijo Gaara—, no va a ceder.
Cuando me di cuenta de que Kiba se movía incómodo detrás de Gaara, decidí que Kiba probablemente tenía una buena razón para decir que no, y tuve un mal presentimiento de que eso me dejaría molesto con él. Pero no tuve que pensarlo mucho porque Jessie salió de la sala de atrás.
—¿Se encuentra aquí todo el mundo? —preguntó—. Bien. —Sin esperar a oír que un puñado de camareras todavía no llegaban, siguió hablando—: Papá recibió una oferta para vender este lugar, y la aceptó. Conozcan a su nuevo jefe.
Así como así, dejó caer la gran noticia. Sin atenuarla, sin preliminares para suavizarnos y decirnos lo buenos trabajadores que fuimos para su familia. Solo… Bum. Nuevo jefe.
¿Qué demonios?
Jadeos y preguntas se escuchaban a mi alrededor en tanto yo quedé boquiabierto. Pero, maldita sea, no me esperaba esto. Eché un vistazo a los otros chicos, y ellos regresaron las mismas miradas perplejas antes de que Sai echara un vistazo y sus ojos se volvieran como platos.
—Oh, mierda —susurró. Me volví y me congelé.
Bradshaw Hyuga paseaba por el pasillo detrás de Jessie, viéndose tan rico, pulido e impoluto como siempre. Cuando su mirada se encontró con la mía, su sonrisa creció.
—Buenas tardes a todos. —Asintió de forma agradable, rompiendo su contacto conmigo antes de mirar a todos los demás como si fuera un honorable hombre de negocios.
Mis ojos se estrecharon. Todavía quería hacerle daño. Mucho. Ahora más que nunca. Pero si pensaba que me podía controlar al comprar el bar donde trabajaba, mejor que pensara en una mejor estrategia. Abandonaría este lugar tan rápido… Excepto que tenía que pensar en Hinata, Boruto y Sumire. No podría mantenerlos solo con el salario del taller. ¿Qué pasaría si no podía encontrar otro trabajo en otro lugar? ¿Qué pasaría si…?
Maldita sea, era bueno, le concedería eso.
—Mi nombre es Shaw, y sí, soy técnicamente su nuevo jefe, aunque ya he contratado a un asistente que ejecute la gestión a diario. Estarán recibiendo las instrucciones directamente de ella. —Haciéndose a un lado, deslizó su mano a la figura que de repente noté que esperaba en las sombras—. ¿Patricia? ¿Te importaría presentarte?
Cuando la señora Garrison salió a la luz, me quedé boquiabierto. Gaara, Nagato, Kiba y yo miramos al instante a Sai.
Con sus ojos negros arremolinados con un instinto asesino, levantó las manos. —Renuncio.
Pero tan pronto como se dio la vuelta, nuestro nuevo supervisor sonrió y sus ojos brillaron con triunfo. —No tan rápido, señor Shimura. Si renuncia, voy a relevar a estos cuatro señores de sus tareas junto con usted.
Sai se detuvo al tiempo que se me revolvió el estómago. Se volvió lentamente y la miró antes de desviar bruscamente su mirada torturada hacia nosotros. Sus ojos nos pidieron que lo dejáramos ir, mientras que la nuestra le rogaba que no haga que nos despidieran.
—Joder. —Kiba fue el primero en responder—. Si tienes que salir de aquí, entonces vamos. Puedo encontrar un nuevo trabajo.
Nagato cerró los ojos y murmuró—: Mierda. —Todos sabíamos que no podía perder su renta. Vivía con una mujer que todavía buscaba trabajo, y ahora tenía tres hermanos que cuidar.
—Yo... Acabo de firmar un contrato de arrendamiento de seis meses en mi apartamento —dijo Gaara en voz baja—. Pero... Oh, hombre. Entiendo que si tienes que hacerlo... Has lo que necesites hacer, Sai. Está bien.
Sai me miró. Sabía a quién tenía que mantener yo, y también, a quién él. Apretando los dientes, se volvió hacia la señora Garrison y la miró. Se iba a quedar.
Ella sonrió con aire de suficiencia. —Eso es lo que pensaba.
Empezó a hablar para todos, explicando un montón de mierda que a nadie le importaba. Mientras babeaba detallando sus nuevas funciones como nuestra supervisora directa, puse mi mirada en el padre de Hinata. Me miraba, y una pequeña sonrisa engreída tiraba de su boca.
No sabía en qué consistía su juego, si hacía esto para vengarse porque lo había golpeado, o si quería apartar a su hija de mí, pero estaba acostumbrado a ser el más débil, el siempre obligado a inclinarse ante superiores. Tendría que ocurrírsele otra cosa si pensaba que esto iba a asustarme.
Sai se encontraba asustado. Se le notaba mientras le ponía mala cara a la señora Garrison. Parecía que hacía toda una vida que hubiera entrado en Shinobi's y tratado de convencerlo de que esperaba un hijo de él. Dios, pasó mucho desde entonces.
Sucedió Hinata.
Hinata, la mujer que no podía perder, pasara lo que pasara. Se me revolvió el estómago con inquietud.
La señora Garrison nos despidió a los pocos minutos, recordándonos las nuevas políticas de trabajo que pronto se mostrarían en la pizarra en la sala de descanso. Sai no se movió, así que Kiba, Nagato, Gaara, y yo nos quedamos ahí, apoyándolo en… todo lo que pudiera necesitar.
Con una sonrisa amable, la señora Garrison se paseó hacia nosotros.
—¿Por qué haces esto? —preguntó él, su voz baja y mortal—. ¿Y cómo lo conociste a él? —Su mirada buscó al padre de Hinata antes de volverse hacia ella.
Sonrió. —¿Qué? ¿Celoso, cariño?
—No lo creo. Solo quería darle mis felicitaciones en caso de que fuera él quien dejó esos moretones en tu cuello.
Sus ojos se volvieron oscuros y afligidos al tiempo que sus dedos encontraron la garganta, donde vi las huellas digitales oscuras que no noté antes.
Si le hizo algo así a Hinata, yo… mierda, no podía matar a mi jefe. Iría a la cárcel.
Pero, oh hombre, valdría la pena.
Inclinándose más cerca de la señora Garrison, Sai bajó la voz. —Qué lástima que no supe antes que te gustaban estas cosas. Yo no habría dejado de apretar.
—Hmm. —Pestañeó varias veces, y en sus ojos se demostró todos sus pensamientos negativos. Sin hacerle caso, se volvió hacia Gaara—. ¿Bueno, no tienes una cara bonita? ¿Cuál es tu nombre, guapo?
Cuando trató de tocar la mejilla de Gaara, Sai golpeó su mano. —No lo toques.
Arqueando las cejas, el placer se extendió por su cara. —Vaya, vaya, hoy estás muy celoso. ¿Sabes lo mucho que me excita?
Mientras que el resto nos quedamos callados en estado de shock, Sai resopló y se giró hacia nosotros, despachándola. —Métanse con ella bajo su propio riesgo, pero quedan advertidos. Es una perra mentirosa, manipuladora y chantajista.
—Amigo —dijo Nagato, sacudiendo la cabeza—, creo que ya nos hemos dado cuenta de eso.
Sai asintió y salió del edificio. La señora Garrison resopló mientras miraba detrás de él. Cuando nos miró al resto, todos nos alejamos con rapidez. Incluso Kiba, que por lo general era insensato. Frunciendo el ceño aún más, ella se apartó y se marchó hacia la oficina, pasando con rapidez al padre de Hinata, que acababa de emboscar a una de las camareras, cogiéndola del brazo y enviándole una sonrisa amistosa.
—¿Fui solo yo? —murmuró Kiba a Nagato, Gaara, y a mí—. ¿O esa reunión fue un desastre total?
Seguí viendo a Hyuga mientras se deslizaba junto a la chica, susurrando íntimamente, y el temor se enrolló con fuerza en mi vientre. Genial, aquí se hallaba otra razón por la que no podía salir de Shinobi's. No quería que ninguna de las camareras se enredara en su red.
—¡Tansy! —le grité, levantando mi barbilla y haciéndole señas cuando me miró. Todas las camareras sabían que yo era su protector. Confiaban en mí. Así que, cuando le dije que se alejara de ese maldito bastardo, me envió una sonrisa de alivio y lo abandonó, apresurándose a mí, sin dudas.
Conteniendo la mirada penetrante a Hyuga, pasé mi brazo alrededor de la cintura de Tansy y bajé mi boca a su oído. —No confíes en esa serpiente. Es un maldito violador. ¿Me oyes? —Se estremeció y me miró con ojos grandes y marrones. Cuando asintió, también asentí—. Nunca dejes que te atrape a solas. Y advierte a todas las otras chicas. No me importa lo que le diga a ninguna de ustedes, nadie habla con él a solas. ¿Lo entiendes?
—Está bien, Naruto. —Se inclinó y me besó en la mejilla—. Y gracias a ti. Creí tener un presentimiento extraño, pero traté de ignorarlo.
—No ignores esas intuiciones, cariño. Te mantienen a salvo.
—No, tú nos mantienes a salvo, Naruto. Desde que me salvaste de ese cliente que me siguió a mi coche y a Mandy del tipo que la acorraló sola en los baños, no hay nadie en este edificio en quien confíe más que tú. Y si dices que es malo, considera a todos las camareras prevenidas.
Asentí, contento de que fuera a difundir la palabra. Ahora solo tenía que encontrar la manera de mantener a salvo a Lunita y mis hijos.
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Hinata
Sai me bombardeó con mensajes de texto antes de que Naruto incluso llegara a casa de su reunión. Aún era extraño recibir mensajes en mi nuevo teléfono. No era para nada la mariposa social que fui una vez en Suna. Pero lo que escribió mi futuro primo político, era todavía más extraño.
Tu padre es la encarnación del mal.
Solté un bufido. Ese era el eufemismo del siglo.
¿Qué ha hecho ahora? El miedo se apoderó de mí. ¿Ino está bien?
NADIE está bien con ese imbécil aún vivo. Compró Shinobi's.
Fruncí el ceño, sin estar segura de lo que quería decir. ¿Qué?
El bar donde tu novio y yo trabajamos. Él LO COMPRÓ. ES EL DUEÑO. ¡ES NUESTRO JODIDO DUEÑO!
Sacudiendo la cabeza, tecleé una respuesta rápida. Eso no tiene sentido.
¿En serio no lo sabías? ¿Qué es lo que planea hacer con nosotros? No me gusta esto.
Por supuesto que no lo sabía, idiota. Pero averiguaré lo que quiere. Aunque ya lo sabía.
Bueno. Oh, oye. Aún no le digas a Ino sobre esto. No quiero que enloquezca.
Oh, pero no tuvo ningún reparo en enloquecerme. Gracias, amigo. Luego, Naruto entró por la puerta principal. Sus ojos se hallaban cubiertos, pero me envió una cálida sonrisa. —Ahí está mi razón para levantarme cada mañana. —Caminó hacia mí y me besó dulcemente.
Si no hubiera acabado de hablar con Sai, no habría sabido que algo le molestaba. No me dejaba entrar en sus problemas, así que supuse que no quería que me preocupara más de lo que Sai quería que se preocupara Ino.
Chicos estúpidos. Dulces, cariñosos, increíbles, pero definitivamente chicos estúpidos.
—¿Cómo fue la reunión? —le pregunté directamente.
Sus cejas se alzaron. —Inesperada. Nuestro jefe vendió el bar a un tipo rico de fuera de la ciudad. —Bueno, al menos no mintió. Pero desde luego, tampoco me dijo toda la verdad.
—Oh, ¿sí? —Oye, si se negaba a decirme lo que él sabía, no le diría lo que yo sabía. De esa manera, no teníamos que preocuparnos el uno al otro.
Naruto asintió, sin encontrarse con mi mirada. —También ya contrató a alguien más para que maneje el lugar para él.
Mi teléfono sonó, anunciándome que tenía otro mensaje de texto. Naruto me dejó revisar el mensaje mientras saludaba a los bebés, quienes juntos masticaban sus juguetes en el suelo.
Oh, sí .Y puso a Garrison a cargo. Ella dijo que si renuncio, despedirá a Naruto y también a los otros chicos. Añadió Sai.
Mis intestinos se retorcieron y un frío recubrió mi piel. Con las manos temblorosas, escribí en respuesta: Naruto acaba de llegar a casa.
Tal vez eso callaría a Sai por un tiempo, porque no podía soportar ninguna otra noticia preocupante. Necesitaba un poco de tiempo para pensar en esto.
Está bien, bueno. Él puede decirte el resto. Contestó
Pero Naruto no me dijo nada, lo cual me hizo saber que se encontraba tan aterrado como yo.
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Llevamos a los bebés al parque a pasar el resto del día. Al igual que Naruto, fingí que no pasaba nada o que nuestra burbujita feliz no se hallaba a punto de estallar de la forma más fuerte posible. Cuando regresamos al apartamento, le dije que tenía que ir a hacer un encargo a la tienda de comestibles porque tenía una sorpresa para cenar. Lo cual era tan cierto como lo que me dijo sobre su reunión.
Lo dejé con los bebés, y me dirigí a mi coche, el que comprobó tan a fondo antes de comprar, asegurándose que era lo suficientemente bueno para que yo lo condujera. No comencé a llorar hasta que encendí el motor y estaba de camino a la tienda.
Para este momento, mi padre tal vez sabía todo sobre Naruto, dónde trabajaba, qué conducía, que no tenía ningún derecho sobre Boruto. Si no hacía lo que quería Bradshaw, él encontraría una forma de conseguir que a Naruto le quitaran a Boruto. Destruiría al hombre que amaba. Sabía que eso era un hecho. Probablemente Boruto sería lanzado a hogares de acogida, y el mayor temor de Naruto se volvería realidad.
Sin embargo, sabía cómo detener al monstruo. Tan pronto como fuera a casa con él, dándole la fachada de una perfecta familia feliz para que pudiera continuar mostrándole al público el hombre excepcional que era, mientras seguía siendo un bastardo depravado detrás de las escenas, dejaría a Naruto y Boruto tranquilos.
La única manera de mantenerlos juntos era darle a mi padre lo que quería. La idea hizo que mis manos temblaran y un nudo se formara en mi estómago. Pero haría lo que tenía que hacer.
Dejé de llorar para el momento en que llegué a la tienda, gracias a Dios. En piloto automático, empujé el carrito por los pasillos, eligiendo las cosas para hacer pollo a la parmesana; el platillo favorito de Naruto. Luego lo rodé más allá, hacia la sección de ropa de cama para echar un vistazo.
Naruto me detalló cada una de sus visiones. Si rompería mi promesa para con él y termino dejándolo al día siguiente para volver con mi padre, entonces, al menos podía hacer que una de sus visiones se vuelva realidad esta noche.
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Tuvimos una cena tardía, esperando hasta que los bebés estuvieran dormidos antes de que comiéramos. Los colocó sobre la cama mientras yo cocinaba. La comida que preparé lo complació. Sus ojos se iluminaron tan pronto como entró en la cocina y vio su platillo favorito. Sacudiendo la cabeza, me sonrió mientras sostenía la silla para que me sentara. —Me consientes más de lo que merezco.
Nunca podría consentirlo lo suficiente. Un nudo en mi pecho hizo que apartara la mirada. Podría pasar el resto de mi vida cocinando su cena favorita cada noche, y eso aún no sería suficiente.
Si solo tuviera el resto de mi vida para demostrarle eso.
Demasiado observador para su propio bien, tocó mi barbilla. —Oye. — Su mirada se suavizó y formó un ceño confundido mientras observaba todo mi rostro—. ¿Estás bien? Pareces más silenciosa esta noche.
Froté mi mejilla contra su mano y luego abracé sus piernas, apoyando mi barbilla sobre su abdomen para poder mirarlo. —¿Cómo puedes preguntar eso? —murmuré, pasando la mano por su firme trasero—. Estoy aquí contigo. Mi vida es perfecta.
Se rió y se inclinó para besar mi cabeza. —Sigue tocándome así y puede que tengas suerte esta noche, mujer.
—Mmm. Suena bien. Pero qué si te toco aquí. —Corrí mis dedos hasta llegar a sentir qué tan duro ya se había puesto.
Contuvo su aliento. —¿Comemos ahora o más tarde?
—Más tarde —dije.
Gimió, sus ojos azules mostrando su necesidad. —Dios, te amo.
Levantándome, me llevó hacia la habitación, donde esta noche, sería tan fuerte como me fuera posible ser.
Me colocó suavemente sobre la parte superior del edredón, pero negué con la cabeza. —Lo quiero entre las sábanas.
Los ojos de Naruto se entrecerraron con sospecha pero me complació. Sacó las mantas para revelar la sorpresa final que tenía reservada para él.
Se tambaleó hacia atrás cuando las vio, como si fueran una serpiente esperando golpearlo en lugar de sábanas nuevas. —¿Qué demonios?
No fue fácil mantenérselas ocultas ya que estuvo en casa todo el día. Tuve que esconderlas bajo una pila de calcetines en el cesto de ropa para poder lavarlas y tenerlas lista. Luego, coloqué a los bebés con él en la sala de estar, para mantenerlo ocupado, mientras hice la cama.
—Jódeme —dijo en un suspiro.
Me levanté y mordí mi labio, sin estar segura de si se asustó de la cama, o simplemente le asombraba. Me moví nerviosamente. —Nunca mencionaste de qué color eran.
—Este... —Su voz sonó ronca antes de que se aclarara la garganta y señalara las sábanas—. Este color —dijo—. Exactamente este mismo color azul pálido. Oh por Dios. —Se giró hacia mí, luciendo aturdido—. Tú...
Por alguna razón aún me encontraba nerviosa. —No son de seda. Dijiste seda. Pero no tenían sábanas de seda genuina en la tienda, así que tuve que conformarme con unas de imitación.
Naruto dio unos pasos hacia la cama y vaciló al extenderse para pasar sus dedos temblorosos sobre el colchón. Poniendo la mano de nuevo en su pecho, se giró hacia mí, aún mirándome asombrado. —No, está bien. Así es como se sentían. Cristo, no puedo creer que encontraste las sábanas exactas de mi... — Negó con la cabeza, todavía atónito—. Eres la mujer más increíble de mi vida.
De repente, ya no me sentía nerviosa. En la cima del mundo, me le acerqué y tomé el dobladillo de su camiseta. —Entonces, señor Uzumaki — murmuré, levantando la tela por encima de sus perfectos abdominales y pecho—. Nuestros bebés están durmiendo, y tenemos esta habitación toda para nosotros. ¿Estás listo para que una visión se haga realidad?
—Oh, Dios mío. Sí. —Me cogió por la cintura y me tiró sobre la cama.
Reí mientras rebotaba. Quitando completamente su camisa, Naruto se apresuró a quitarse, a continuación, sus pantalones. Todo el tiempo, su mirada hambrienta seguía en la mía.
Tan hambrienta de él, levanté las caderas del colchón y me quité mi propia ropa. Se detuvo en la mesita de noche por protección antes de colocarse sobre mí. Se arrodilló encima de mí, encarcelando mis caderas con sus piernas desnudas, y miró en mi dirección mientras se colocaba el condón. Observé desaparecer la húmeda cabeza hinchada en el interior del látex antes de que se acariciara, burlándose de mí al sacudirse la masiva columna en frente de él, directamente por encima de mi rostro, así que tenía una vista muy íntima del espectáculo que presentaba. Más arriba en su cuerpo, su aro de pezón brillaba por la luz del techo.
El calor y la humedad se congregaron entre mis piernas. Junté mis muslos, sin hallarme lista a estar tan excitada. Quería hacer que nuestra última noche durara el mayor tiempo posible.
Pero Naruto, el Señor Súper Amante, tenía otras ideas. Tomó mis muslos y los separó, mirándome extendida, abierta y palpitante ante él. —Eres la mujer más hermosa que he conocido. Por dentro y por fuera. —El amor en sus ojos era tan profundo que podía sentir que mi propio pecho se hinchaba, al igual que entre mis piernas.
Hundiendo su cara, se dio un festín. Me sorprendí por lo bien que se sentía, incluso aunque sabía qué esperar, me sacudí bajo su boca, palpitando y necesitada. El aro de su lengua no me dio misericordia. Apenas introdujo un dedo dentro de mí, antes de que mi vientre se contrajera y mi cuerpo explotara. Grité con rabia porque no estaba para nada preparada para que terminara, y también con pasión porque se sintió tan malditamente perfecto.
—Guau, estás sensible esta noche. —Naruto sonrió mientras alzaba su rostro. Era una de esas sonrisas arrogantes y presuntuosas; me encantó ponerla ahí.
Me extendí, tomé su cara y lo jalé hacia mí. Este beso fue cálido y carnal, aún enlazado con más adoración de la que nunca sentí por nadie. Probándome en su lengua, gemí y me aferré a él desesperadamente, necesitando sentirlo profunda y completamente dentro de mí.
—Necesito... Necesito...
—Lo sé —me tranquilizó, bajando sus caderas hacia las mías—. Te tengo, cariño.
Su penetración fue lenta y tan torturantemente increíble, que empecé a tener un orgasmo, antes de que incluso llegara hasta el fondo. Comprendiendo lo que yo hacía, sus ojos se abrieron con sorpresa. —Joder, Hinata. —Hizo la penetración completa, dejándome palpitar a su alrededor.
Esperó hasta que terminé, dejó escapar un suspiro y luego alejó su rostro para mostrarme su expresión de asombro. —¿Tomaste algún afrodisíaco?
Sudor corrió por mi frente mientras trataba de recuperar mi aliento. —Tú eres mi única droga —dije jadeando—. Simplemente... te quiero tanto.
—Estoy aquí. No hay prisa. Me tienes por el resto de la noche. — Moviendo sus caderas, me besó en la mejilla y susurró—: Por el resto de nuestras vidas.
Cerré los ojos y me mordí el labio. Ojalá.
Mientras seguía entrando y saliendo, flexionando sus caderas y, cada vez, golpeándome en el lugar correcto, no pasó mucho tiempo para que mi cuerpo se encendiera de nuevo con excitación. —Tendrás un tercer orgasmo, ¿cierto? —bromeó, sus ojos luminosos y orgullosos.
—Cállate. —Le di una nalgada y luego gemí debido a que el sonido erótico me hizo aún más sensible—. A nadie le gusta un fanfarrón.
Su boca bajó a mi oído. —Oh, pero creo que a ti te gusta éste... Un poco.
Entonces gimió y tembló encima de mí cuando apreté mis músculos internos alrededor de él. —Descarada —murmuró, moviéndose más rápido ahora.
Me gustó más cuando se introdujo completo, hasta el fondo, y tomé su trasero y le clavé mis uñas, tratando de mantenerlo ahí. Mis músculos internos se estremecían de placer. Naruto deslizó sus dedos por mi cabello y elevé mis pestañas para encontrarlo atento a mi rostro. Nuestros ojos se encontraron, y no tenía que preguntarle para saber cómo se sentía esto para él.
—Lunita —dijo, excepto que lo que escuché fue: Te amo.
Suspiré con asombro, aturdida, sabiendo que sin importar a donde la vida me lleve a partir de aquí, siempre atesoraría a este hombre increíble. Sonriéndole, tuve que decir—: Te amo.
Se estremeció y sus ojos se desenfocaron mientras su polla se hinchó dentro de mí. Y eso fue todo; tuve mi tercer orgasmo, echando mi cabeza hacia atrás y empujando mis senos contra su pecho. Él gimió, con los músculos tensándose antes de empujarse profundamente y mantenerse ahí, liberando su amor.
Después, jadeamos juntos mientras se desplomaba sobre mí como un yunque pesado y lánguido. Lo abracé fuertemente, disfrutando estos tranquilos momentos de perfección. Luego, no pude evitar preguntar—: Así que, ¿qué tan parecido lo hicimos?
Se rió, sabiendo que hablaba de su visión, y sacudió la cabeza. —Cada jodido detalle fue perfecto.
Suspiré, satisfecha. —Bien.
Se alejó para mirarme. —Todo estará bien ahora, Hinata. No importa lo que suceda después. Todo estará bien. Lo sé.
Asentí, contenta por lograr mi trabajo de darle esa tranquilidad mental, porque me aseguraría que todo estuviera bien; para él y para todos los demás que amaba.
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Continuará….
