Advertencia: en este capítulo aparecerán dioses de otros panteones.
Pasó el tiempo y los que fueron castigados por la rebelión volvieron, Poseidón y Apolo terminaron su tiempo al servicio del rey de Troya pero no los recompensó cosa que enfureció, el rey de los mares soltó un horrible monstruo marino sobre la ciudad.
Hera volvió también, sólo estuvo una semana encadenada pero para ella fueron como diez años terriblemente largos. Durante un tiempo estuvo más callada de lo normal y apenas se dejaba ver cosa que perturbó a todos.
Pero con el tiempo se recuperó, no sería la reina de acero divino de no hacerlo pero la experiencia más que ablandarla solo la endureció más, lo que no te mata te hace más fuerte ese dicho le venía muy bien a Hera.
Zeus para aligerar las cosas decidió que él, los olímpicos y algunas deidades menores hicieran un viaje diplomático para visitar a algunos panteones.
Cada cierto tiempo algún panteón venía a visitar otros como un modo de conocerse, aprender unos de otros y estrechar lazos y aunque tenían un acuerdo explicito de no luchar jamas entre ellos (ya tenían bastantes con sus conflictos internos) estaban bien esos viajes para fortalecer lazos.
Así que Zeus junto a los Olímpicos, Pan en dios de los salvaje, las nueve musas, ninfas y sátiros fueron de viaje.
Primero fueron al panteón nórdico allí fueron recibidos por Odín y su esposa Frigg. El dios le faltaba un ojo, fuerte de constitución aparentaba unos cuarenta y la barba rasa en vez de larga y un casco de oro y acero con alas.
—¡Bienvenidos a Asgard!—
Zeus se adelantó y le estrechó la mano luego se volvió hacía Poseidon y se dieron dolorosas palmadas en las espaldas.
—¿¡Que hay viejo perro de los mares!?—le dijo el gobernante nórdico.
—¡Muy bien viejo tuerto! ¡por lo que veo los años tampoco pasan en balde en ti!—dijo Poseidón con alegría.
El y Odín desde siempre se llevaron bien quizá por sus naturalezas impredecibles y tumultosas.
A continuación Zeus se acercó Frigg una hermosa mujer de unos treinta años, pelo rubio como el oro, ropas típicamente del norte pero lujosas y una corona con dragones nórdicos y un broche en forma de muérdago que llevaba.
Zeus la saludó educadamente y Hera y ella se abrazaron, ambas eran amigas desde hace tiempo ya que pueden identificarse entre ellas al ser reinas, diosas del cielo, matrimonio y maternidad además de tener maridos que son un poco...desastres por así decirlo.
Thor era hijo de Odín pero no de Frigg sino de una Jotun, una raza de gigantes poderosa y que solía estar en conflicto con los Aesir, el dios de rayo tenía el pelo rubio rojizo, alto y musculoso con barba, armadura típica de los nórdicos y un martillo que llamó la atención de Hefesto-
El dios debió notar su mirada porque se volvió hacia ella.
—¿Te interesa?—
La diosa asintió.
—Es un arma muy bien elaborada, por lo que veo han empleado hueso de dragón de la tormenta por el color, hierro de Asgard y oro—observó el cinturón que lo sostenía de oro finamente intrincado de junto a sus guantes de hierro—Y puedo ver que tu cinturón y guantes también son especiales están hechos con metales y una parte de la cuerda con sostiene a Fenrir ¿no?—
Odín y Thor la miraron fijamente, los de la sala se quedaron en silencio y Hera ya se veía en un severo apuro por las tonterías de su hija.
Nos va a meter en un lío por su culpa, por eso no quería que viniera con nosotros.
Pero para sorpresa de todos el padre todos se echó a reír junto a Thor.
—¡Vaya, vaya veo que eres muy aguda has acertado!—Odín estaba impresionado por esa diosa—¿Quién eres joven?—no la había visto en sus reuniones anteriores con Zeus.
—Hefesto—
Thor la miró con interés—¿Así que tú eres la famosa diosa de los herreros? Veo que tu reputación es bien merecida—debía reconocerlo esta mujer tenía un gran talento, no muchos a simple vista reconocerían lo que componen sus armas y por su armadura y porte también debía ser una gran guerrera, le recordaba a las valquirias, junto a sus hermanas Atenea y Artemisa.
—Gracias señor y perdonad mi impertinencia de antes no puede evitarlo, sus armas son extraordinarias—
Un brillo de respeto apareció en los ojos de Odín esa chica era inteligente y sabía comportarse no como la mayoría de sus hermanos. Zeus sonrió con orgullo algo que no solía mostrar a su hija.
Thor también estaba impresionado—No lo es en absoluto y me halaga que una diosa de tu calibre las valore seguro que los enanos se sentirían honrados, pero no hablemos más aquí hay un banquete esperándonos—
Así fueron hacía un gran salón con hermosas doncellas sirviendo y guerreros y espíritus Thor de forma galante le ofreció un brazo a la asombrada Hefesto y ella lo cogió, siempre había oído que Thor era un hombre rudo y algo bruto pero demostraba más caballerosidad que Apolo o Ares.
Mientras Dionisio y Hermes se reían sonriendo a su hermana, le estaba yendo bien y Atenea también fue halagada bastante por Odín con sus conocimientos de táctica y estrategia. El padre de todos se llevaba bien con ambas diosas tenía una sabiduría que rivalizaba con Atenea y su inteligencia y conocimientos se mezclaban bien con los de Hefesto. Freya por otro lado congenió con Dionisio y Artemisa al ser una diosa del amor y la fertilidad como el dios de las fiestas y el éxtasis además de ser una diosa de la guerra como la diosa de la caza y Atenea.
El único que no estaba contento era Afrodito, desde que vio la interacción de Thor con Hefesto estaba de mal humor. ¿que se creía ese dios nórdico actuando así? Lo que más lo desconcertó fue lo relajada y feliz que se veía su esposa con él algo que lo molestó por alguna razón y sin poder aguantar más se levantó y vertió hidromiel sobre la diosa herrera.
—¡Oye!—Thor miró furioso a ese vanidoso dios pelirrojo.
Él se limitó a sonreír.
—Perdonad fue sin querer—dijo de forma maliciosa.
El dios fulminó con la mirada al dios del amor, cierto que la primera vez que lo vio se quedó embobado al verlo. Los rumores sobre la belleza deslumbrante de Afrodito eran ciertas y al principio planeó insinuarsele para comprobar el otro rumor de si era tan bueno en la cama como decían.
Pero después de ver su comportamiento hacía su esposa el deseo se apagó viendo como actuaba con ella. Hefesto comprobó que era una mujer brillante, amable e interesante y no merecía aquello.
—Puede pero aún así deberías ayudar a tu esposa ya que has sido tú quien lo ha causado—
Afrodito se quedó quieto con los dientes apretados.
—Le pediré a uno de mis sirvientes que la ayude, perdona esposa—
Hefesto asintió se levantó y se fue acompañada de una de las sirvientas a ayudarla.
