El Trío de Plata

Hipólita, Sev y Sirius volvían del campo de Quidditch.

-Me he dado cuenta de que te abstienes de decirle a Hipólita palabras cariñosas, siempre la llamas por su nombre – le dijo Sev a Sirius - No te cortes, ella es muy cariñosa y lo necesita, al menos cuando estemos los tres solos, no va a pensar mal de ti.

-Genial, Sev – respondió Sirius - Porque después de la tormenta de sentimientos de estos días y la decepción que me llevé ayer con Lily, me siento muy, muy necesitado de cariño.

-Pues si haces migas con Valerie te lo va a dar, es la persona ideal para eso. Es muy emocional y cariñosa, en eso no parece Sly en absoluto, te va a hacer mucho bien.

-Genial, Sev.

-Y también con Cecile esta noche, confíate a ella, lo va a comprender a la perfección, Cecile es una gran conocedora del alma humana. Fue ella quien más colaboró en que Lily me apreciara.

-Vaya…

-Sin apenas conocerme. Le decía todo el tiempo, es una joya, es un tesoro.

-Vaya…

-Ya está, Sirius, dame la mano – dijo Hipólita.

Sirius le dio la mano a Hipólita.

-Gracias, cariño.

-¿Quieres venir al claro con nosotros y así Prince te va enseñando al mismo tiempo que a mí?

-¿No os importa?

-En absoluto, Sirius, matamos dos pájaros de un tiro, le quitamos trabajo a Cecile para la noche – dijo Sev.

-Estupendo, entonces.

-¿No te echarán de menos?

-Deja de preocuparte por mis disimulos, Sev, soy especialista.

"De cuando se escapaba a ver a las mozas."

-No lo dudo.

-Yo también soy especialista – dijo Hipólita - ¿Podemos contarle a Sirius nuestro secreto, Prince?

"Que hemos dormido juntos, se muere de ganas de contárselo a alguien."

-¿Qué secreto, Hipólita?

-Lo que hicimos anoche después de tocar el piano.

"A desviar la atención."

-¡Ah! Sirius, ¿sabes que nos pilló Filch volviendo a casa?

-¿Qué dices? – preguntó Sirius, riendo.

-Lo que oyes. En el último tramo de escaleras frente al Comedor. Nos escapamos corriendo para que no castigara a los chavales.

-¡Qué bueno!

Rieron los tres.

-A carcajada limpia de ahí hasta las mazmorras.

-Buah… qué rabia debió darle.

-Ya te digo, se escuchaban nuestras risas retumbar por el corredor.

-Debimos acompañaros hasta las mazmorras.

-Antes de que acabe el curso te llevo a ver nuestra casa, te va a encantar.

-Estupendo, ya sólo me quedará por conocer la Huffle. Vaya casa tienen los águilas, ¿eh?

-La mejor del castillo con diferencia, la terraza es espectacular.

-Desde luego, vaya privilegio. Y yo que creía que Gryff éramos la casa favorita.

-Eso es por el viejo y por Minerva, pero recuerda que el castillo tiene más de mil años y no sé si sabes que fue Rowena Ravenclaw quien buscó y decidió su ubicación.

-Desde luego que lo sé. Yo también he leído ese libro sobre la historia de Hogwarts, por algo ya conocía la existencia de la Sala de Menesteres.

-Claro.

-¿Qué es la Sala de Menesteres, Sirius? – preguntó Hipólita.

-El lugar donde estuvimos anoche tocando el piano, bonita – respondió Sirius - Te lo explico si prometes guardar el secreto.

-Que te diga Prince lo fiable que soy.

-Lo es, Sirius. Cuéntale.

-Ese lugar del castillo sirve para pedir cualquier cosa que se te ocurra, lo pides y aparece detrás de la puerta.

-Wooow… - exclamó Hipólita.

-Cualquier cosa que se te ocurra, hasta un bosque si te da la gana.

-¡Prince! Entonces podemos ir allí cuando queramos.

-No, cariño, cuando queramos no, cuando nadie la necesite – dijo Sev - Hay que turnarse para usarla, porque si hay alguien dentro que haya pedido alguna cosa no puede entrar nadie más a no ser que pida lo mismo.

-Vaya… qué pena…

-Y tampoco debes ir tú sola, no por el momento. Cuando quieras ir, nos lo dices a mí, a Valerie o a Deborah, y te acompañamos.

-Vale.

-¿Seguro?

Hipólita los rodeó por delante para mirarlo a los ojos, caminando hacia atrás, sin soltar de la mano a Sirius.

-Seguro, Prince. Voy a comportarme muy bien después de todos los disgustos que te he dado.

-Así me gusta, cariño. Anda, vuelve a caminar normal, no vayas a tropezar.

-Vale.

Hipólita volvió a su sitio junto a Sirius, ya habían enfilado hacia el Bosque.

-¿Puedo seguir contándole lo que hicimos cuando llegamos a casa?

"Voy a darle permiso, no me importa que Sirius se entere, y así pongo a prueba una vez más lo fiable que es."

-Sí, Hipólita, cuéntale.

-Nos tiramos en el sofá riendo los tres.

-Buaaah… qué bueno… - rio Sirius.

-Y luego nos quedamos un montón de rato dándonos mimos.

-Estupendo, entonces ya se os pasó el enfado antes de iros a la cama.

-Eso, y convencí a Prince de que no me leyera, esta mañana le he contado toda la verdad.

"No ha soltado prenda. Ya se ha dado cuenta de que antes he desviado la atención."

-Me alegro mucho, porque él lo habría pasado muy mal teniendo que hacerlo, cariño.

-Ya no voy a mentirle nunca más, ni a hacer nada sin consultarlo antes con él, porque él sabe muy bien las cosas que hay que hacer, mejor incluso que mis padres.

-Cierto, y te quiere tanto que siempre te protegerá por delante de cualquier otra cosa. Debes confiar en él, a partir de ahora ya no va a poder leerte para protegerte de ti misma, y tenías ideas muy descabelladas, cariño.

-¿Qué es descabelladas?

-Sin sentido, arriesgadas, temerarias.

-¿Qué es temerarias?

-Temerario es quien se pasa de valiente, no piensa en el peligro real que suponen las cosas y pone en riesgo su vida o la de los demás sin necesidad. Hay que tener cierto miedo a las cosas, tener miedo no significa no ser valiente, ser valiente significa ser capaz de superar ese miedo a pesar de todo, pero siempre pensando las cosas muy bien, para no arriesgarse innecesariamente.

"Un Gryff que sabe a la perfección lo que significa tener coraje."

-Claro...

-Como yo cuando me protejo de mi prima. No es que le tenga miedo, pero, ¿para qué arriesgarme innecesariamente? Voy a Diagon cuando sé que no voy a cruzármela.

-Claro.

-O como tu padre cuando se la cruza y se va rápidamente, Hipólita – le dijo Sev - No es que le tenga miedo, es simplemente que no se arriesga a que lo lea, y hace muy bien.

-Claro.

-Otro ejemplo – continuó Sirius – Yo tengo mucho, mucho miedo, terror, a matar a mi hermano en una batalla como tú misma te has dado cuenta, y por eso mismo acabo de decidir que no lucharé en batallas. Eso no me hace menos valiente, sólo que no quiero verme enfrentado a algo que me destrozaría de por vida, nunca lo superaría.

-Te entiendo perfectamente, porque a pesar de todo es tu hermano y lo quieres mucho.

-Eso. Hay que ser valiente pero no temeraria – continuó Sirius - Y poner tu propia vida por delante de todo lo demás, porque si mueres tú, tú no te enteras de nada, no sufres, pero sufre toda la gente que te quiere, y para Prince y tus padres sería peor que murieras tú que morir ellos mismos.

-Claro…

-Por eso debes preservar tu vida a toda costa, bonita.

-Lo haré, Sirius.

Se quedaron un largo minuto en silencio. "Qué buena influencia para Hipólita la de Sirius. Estupendo, van a ser vecinos, podrán verse siempre que quieran, hay que presentárselo también a sus padres cuanto antes. Si han confiado en mí, confiarán en él. También es famoso en el mundo mágico, la oveja negra de los Black, el más valiente de su estirpe. Y ahora que ha madurado y cambiado como persona, es realmente excepcional, van a ser fantásticos los ratos que podamos pasar los tres solos, vamos a convertirnos en inseparables. Qué bien, creo que no voy a extrañar a Lily tanto como pensaba, ni tampoco él.

Un nuevo grupo afín, iremos los tres a merendarnos a los Mortífagos que queden cuando Hipólita sea mayor de edad como me propuso ayer. Un verde-plata de tres, suerte para Hipólita. Ya tengo el nombre, el Trío de Plata.

Y mañana vamos a llevar también a Hipólita y a Ariel a la fiesta de la Sala de Menesteres, ya no quiero quedarme a dormir en la playa, volveré cuando se vuelvan los Gryff o incluso antes, así puedo dormir con Hipólita también mañana, tres noches seguidas, suerte para ella.

Porque la última noche es para Lauren, con ella sí que dormiré en la playa, pero vestidos, sin hacer nada, sé que ella me respetará al igual que yo la respeté cuando estaba indecisa." Por fin Hipólita habló:

-Sirius, ¿estás poniéndote triste otra vez por tu hermano?

-No, cariño, estaba pensando en la suerte que tengo de teneros como amigos, sois lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo – respondió Sirius.

-Te copio, Sirius – dijo Sev.

-Entonces, ¿puedo soltarte un momento de la mano para hacerle una pregunta a Prince en privado?

-Claro, Hipólita, sin problema alguno.

Hipólita los rodeó, Sev se detuvo, Sirius avanzó unos pasos más. "Ya sé lo que quiere preguntarme, si puede contarle a Sirius que dormimos juntos."

-A ver, que no puedes aguantarte, ¿eh? Ya sé lo que quieres preguntarme.

-A ver, ¿qué?

-Que si puedes contarle a Sirius que dormimos juntos.

-Eso.

-Puedes contárselo.

-Que sepas que no es porque tenga ganas de contárselo, es porque él es un chico y te va a entender mejor que las chicas para que puedas hablar con él y darte consejos. Si quieres cuéntaselo tú, en privado, pero cuéntaselo.

-Qué sabia eres, Hipólita.

-Tu frase favorita.

-Pienso que podemos hablar los tres del tema.

-Vale, entonces ahora te pones tú al centro.

-De acuerdo.

Fueron donde estaba Sirius.

-Según Hipólita, me toca al centro, Sirius, así que vas a quedarte sin que té la mano un ratito.

-No importa, tú también necesitas mucho apoyo hoy.

"Ya sabe de qué va el tema."

Continuaron caminando hacia el Bosque, Hipólita le dio la mano a Sev.

-¿Quién comienza, Hipólita?

-Empieza tú, Prince, a tu manera, es tu problema.

-Muy bien, Sirius me ha contado antes, mientras íbamos hacia el campo, lo mal que se comportó Lily anoche cuando yo me marché. Le dio igual que me hubiera enfadado con ella y que tú también te disgustaras, y no sólo eso, cuando fui a buscaros para ir a tocar el piano, como a ella no la invité, hizo que Remus se quedara con ella para no quedarse sola y por eso no pudo venir con nosotros.

-También se enfadó contigo.

-No, no fue por eso. Explícaselo tú, Sirius.

-Lily ha dejado de querer a Prince porque se ha enamorado de mí, estaba a gusto conmigo y pasó de todo lo demás – dijo Sirius.

-Vaya… - indignada – Ya te digo que no te merece, Prince, lo que le dije ayer. ¿Te has disculpado con ella?

-Sí, claro que lo he hecho.

-Y que yo me disculpaba, ¿se lo has dicho?

-No, eso no, no he tenido ocasión.

-Entonces ni se te ocurra hacerlo. Qué rabia me da ahora haber confiado ayer en ella.

-No pasa nada porque lo hicieras. Lo que te decía esta mañana, los sentimientos pueden cambiar.

-Los de algunas personas, inconstantes. Los tuyos por ella no cambiaron en siete años. Los míos por ti tampoco van a cambiar.

"Que no le gustan los cambios, su característica."

-Ni los míos por ti, Sev – Sirius lo tomó por los hombros.

-Y tú tampoco estés con ella, Sirius, que no le resulte tan fácil cambiar de novio. También te la jugaría cuando se cansara de ti, a ti tampoco te merece.

-Ya lo había pensado, Hipólita, por eso me va a enseñar Cecile Oclumancia y no ella.

-Muy bien hecho, Sirius. Y no sólo por ti, también por Prince. Serías muy mal amigo estando ahora con ella, después de cómo se la ha jugado.

-Claro que también lo hago por eso.

-Lo que pasa es que ahora no vas a tener a nadie con quien estar en verano más que conmigo, Prince. ¿Con la otra chica que no puedo saber quién es puedes estar?

-No, no voy a verla en todo el verano.

-Entonces estarás sólo conmigo.

-Eso.

-A no ser que vuelvas a querer a alguna otra, pero de verdad, ¿eh? No vuelvas a hacerte un lío.

-No, cariño, tranquila. Voy a dejar pasar todo el verano.

-¿Sigues tú o sigo yo?

-Sigue tú, a mí me da un poco de apuro contárselo a Sirius.

-Lo sabía. Todo te da apuro, Prince.

-A ti también te daba apuro contarme cosas esta mañana.

-Pero porque eran cosas muy nuevas para mí, que no las entendía. Lo que ha dicho Sirius antes de ser valientes superando el miedo, pues también hay que superar el apuro, no hay que avergonzarse, no hemos hecho nada malo.

-Tienes toda la razón, Hipólita.

-Ya se lo cuento yo y así vas aprendiendo. Anoche Prince y yo dormimos juntos.

-Vaya… - dijo Sirius.

-Por la tarde no quería ni echarse la siesta conmigo, fuera de la cama.

-Lo entiendo, Hipólita.

-Pero luego me lo propuso él, se moría de ganas.

-No te lo propuse por eso, cariño, sino porque me contaste que no habías dormido con nadie desde que eras pequeña – dijo Sev.

-Pero por la noche me dijiste que te morías de ganas. ¿Me mentiste?

-No, Hipólita, era cierto.

-¿Y ahora tienes ganas?

-Por supuesto que tengo.

-Entonces no cancelamos lo de esta noche.

-Claro que no.

-Muy bien. Danos tu opinión, Sirius. Hemos dormido con pijama y por la mañana nos hemos dado tres picos. ¿Hemos hecho algo que no deberíamos haber hecho?

-Claro que no, Hipólita – respondió Sirius.

-¿Te queda claro, Prince?

-Sí, cariño – respondió Sev.

-Más preguntas, Sirius. Yo ya hace días que tengo ganas de darle besos pero él no quiere, dice que no en una larga temporada. ¿Puede darme besos si cambia de opinión?

-Claro que puede – respondió Sirius - Pero no se la juegues, no se los des tú si él no quiere.

-¿Te queda claro, Prince?

-Me queda claro, Hipólita – respondió Sev.

-Más preguntas, Sirius. Anoche, cuando vi a los borrachos por los suelos, me entraron ganas, por primera vez en mi vida, de hacer cosas de novios con él.

-Jo… es que no deberías haber visto eso – dijo Sirius.

-También lo vi a él con Deborah en la última fiesta en casa, comerse como locos.

-Lo siento mucho, Hipólita – dijo Sev.

-No te preocupes tanto por mí. Sé de sobra de qué va el tema, mis padres no se cortan un pelo delante de mí y cuando era pequeña e iba a su cuarto, los pillé más de una vez, y siempre me han explicado todo de manera que yo pudiera entenderlo. Yo le llamo cosas de novios por ser más suave, pero sé el nombre de todas las cosas.

-Vaya…

-Claro, ellos nunca se encierran con Fermio por si yo necesito algo.

-Por supuesto.

-Bueno, a lo que iba. Que yo quiero dormir sin pijama con él como hacía con mis padres de pequeña, porque me gusta mucho el calorcito de la piel, y él me ha dicho que también le gusta, pero claro, como ya me han entrado ganas de hacer cosas de novios, no quiere, porque dice que voy a tener más ganas y voy a pasarlo mal.

-Tiene razón, Hipólita. Si dormís sin pijama te van a entrar más ganas, y quizá también a él – dijo Sirius.

-A mí seguro que no, Sirius – dijo Sev.

-Los mañaneros traicioneros, Sev.

-Cierto.

-¿Qué es eso? – preguntó Hipólita.

-Lo que nos pasa a los chicos cuando queremos hacer cosas de novios – le dijo Sirius.

-Que se os levanta – dijo Hipólita.

-Eso. A veces nos despertamos así, sin haber pensado siquiera en ello.

-Bueno, bueno, no me asustaría lo más mínimo, es algo natural.

-Pues sí. Además, nos puede pasar igualmente aunque durmamos con pijama.

-Cierto – dijo Sev.

-Entonces el único problema soy yo, y yo decido no ser un problema – dijo Hipólita - Prefiero asumir el riesgo de que me entren ganas de hacer cosas de novios y tener que aguantarme las ganas como ya me aguanto las de darle besos y poder dormir sin pijama. ¿Tú qué opinas Sirius?

-Que debéis decidirlo vosotros – respondió Sirius.

-Yo ya lo he decidido. Dale un consejo a él, hombre.

-Está bien. Éste es mi consejo, Sev. Si estás seguro de que a ti no te van a entrar ganas y aunque te entren vas a saber contenerte, y estoy seguro de que eres perfectamente capaz, concédele lo que te está pidiendo. Ella va a respetarte, y en todo caso, puede hacérselo sola después, así ya va aprendiendo también para el futuro.

-Cierto – dijo Sev - Hipólita, cariño, ¿tú te has tocado alguna vez?

-No – respondió Hipólita.

-Pues cuando pienses en las cosas de novios, puedes tocarte y darte gusto. Habla con Valerie, Deborah o Cecile de esas cosas, ellas saben mucho. Al igual que yo necesito hablar con un chico, tú también necesitas hablar con chicas que sepan y te aconsejen.

-Claro. Pero no les cuento que dormimos juntos.

-A Deborah puedes hacerlo. Vamos a tener que compincharnos con ella para poder hacerlo en verano, ya no puedo contar con Lily.

-Claro que no, yo tampoco quiero hacerlo.