Este Fic es una adaptación del libro "AMA" de Keyla Leiz la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes a Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Advertencia: En este fic algunos capítulos contienen material BDSM, si no te gustan estos temas, sigue de

largo y disfruta de algunas de mis otras historias.

Capítulo 10

Arrodíllate y suplícame porque te atienda y domine solo a ti pues así mi

atención se volverá sentimiento y, este, se transformará en amor.

La pantalla del ordenador de Rukia no solo le ofreció una vista del chat

del club privado. También, de repente, le empezaron a llegar mensajes que

hicieron que varias pestañas se iluminaran con rapidez. No era habitual

que hicieran eso, pero algo parecía haber pasado pues, nada más entrar,

y encontrar algunos saludos, también había habido una expulsión. ¿Quién era

esa tal Piruleta?

Se fijó en los mensajes que le habían entrado y filtró por el más

importante, el del administrador del club. Abrió la pestaña y leyó:

Lex Luthor dice: ¿Cómo sabías que alguien había hackeado la web?

¿Sabías que iban a meterse?

White Moon dice: Este no es lugar para hablar de algo así.

De inmediato su móvil comenzó a sonar con una de las canciones que más

le gustaban a ella. Lo tomó en sus manos y vio el nombre de quien la llamaba.

Era evidente que no iba a dejar las cosas así.

— Hola, Hisagi.

— Déjate de formalidades, explícame qué ha pasado y cómo es posible que una

tipa a la que yo no he invitado se colara en el club.

— Supongo que es cosa de la policía.

— ¿La policía? —preguntó lleno de sorpresa—. ¿Qué tiene que ver la policía

aquí?

— Eso era lo que quería explicaros a Ikakku y a ti, pero hemos quedado

para mañana, ¿recuerdas?

— Rukia, ¿está en riesgo el club? Dime que no ha pasado nada.

— No ha pasado nada grave, estate tranquilo. Pero uno de los miembros...

no es trigo limpio.

— Dime cuál y lo echo.

— No, primero porque eso sería meterte en su vida privada, y te recuerdo

que el club sigue las normas del BDSM: lo que pasa ahí dentro, se queda ahí

dentro, sin que influya lo que se deja fuera o la persona que sea.

— Joder, Rukia, no estoy para monsergas. Si ese tío nos va a ensuciar el

club prefiero sacarlo y mantener la "legalidad".

— Si no hacemos nada malo, Hisagi —le aclaró Rukia—. Simplemente en su

investigación ha salido el club. Pero no tienen de dónde tirar.

— ¿Cómo sabes todo eso tú? —inquirió de pronto.

— Mañana os lo explico.

— Venga, no me dejes con la intriga —pidió él.

— Mañana. Ahora blinda bien el club que no querría tener que encontrarme con

que mis datos son accesibles para otros.

— ¿Tus datos? ¡Joder, alguien intenta volver a entrar! Será capullo, no

sabe con quién está jugando.

Rukia sonrió. Hisagi era de los mejores informáticos que había conocido.

Había trabajado incluso en altas esferas y, aunque de vez en cuando les

echaba una mano, tenía sus propios proyectos en marcha, uno de ellos ese club

que había creado para mantener íntegra la esencia del BDSM.

— Dale duro, campeón —lo animó antes de echarse a reír y colgar.

Volvió la vista a la pantalla y tecleó saludos para todos los del chat global.

Fue entonces cuando se fijó en los mensajes que tenía.

natamiel dice: Buenas noches, White Moon, Señora.

brisa dice: Hola, preciosa. Lo que te has perdido esta noche.

zalamero dice: Mi Señora, a sus pies como siempre...

Bohemio dice: White, dichosos los ojos. ¿Qué es de tu vida?

Leyó uno a uno y fue respondiendo a cada. A brisa solo la conocía de ese

club, pero la chica era muy amable y respetuosa. Sabía, pues ella misma se lo

había dicho, que tenía Amo, pero que no estaba en el club, aunque sí que leía

los mensajes pues, cuando se conectaba, lo hacía con él a su lado.

Alguna que otra vez lo había invitado a entrar, pero este lo agradecía y

declinaba porque, en palabras de él, en brisa ya tenía todo lo que buscaba y no

necesitaba más.

Con Bohemio, la cosa cambiaba. Lo conocía en persona, aunque no

vivían en la misma ciudad. Sin embargo, ellos dos eran amigos desde que ella

trabajó en Nueva York en la casa de subastas. De alguna manera, en esa época

se convirtió en alguien especial. Pero el hecho de querer tener el poder al

mismo tiempo hizo que, finalmente, su relación no llegara a buen término.

Aunque era bueno en la cama, bastante bueno.

De vez en cuando iba a la ciudad y pasaban unos días juntos, pero no

había nada entre ellos más que una buena amistad. Y algún que otro revolcón

donde ambos luchaban para controlar a la otra persona, lo que añadía más

diversión al tema.

Tras unos minutos conversando, Rukia observó cómo se iluminaban los

mensajes privados.

natamiel dice: Me alegro que esté bien, Señora. Yo... estoy necesitado...

Hace mucho...

White Moon dice: ¿Mucho? Creo que te equivocas, esclavo. Un día solo.

natamiel dice: ¡Es mucho! Señora, es pensar en usted y yo ya estoy listo

y con ganas de estar en sus manos. Por favor, juegue conmigo otra vez.

White Moon dice: ¿Cuánto tiempo llevas conectado?

natamiel dice: desde esta mañana. Pensé que estaría como ayer pero no

fue así y como hoy es mi día libre he pasado todo el día esperándola.

White Moon dice: ¿Y no has jugado con nadie? ¿No te han hablado?

natamiel dice: Sí, claro que sí. Hay dos Amas que han jugado conmigo

pero no me han dejado correrme porque leyeron el aviso que dejó. Por eso

estoy así... Por favor, White Moon...

White Moon dice: No.

Rukia era rotunda. Y en esos momentos quería tenerlo desesperado por su

atención. Por eso había decidido no ceder a sus súplicas y dejarlo un día

completo sin hacer realidad sus fantasías, a pesar de que había llevado esa

noche un bote de nata junto con unas fresas, la cena que se había tomado tras

ducharse.

Vio que parpadeaba otra pestaña y la abrió mientras esperaba a que

natamiel respondiera algo, si es que lo hacía.

zalamero dice: Estoy bien. Sí es verdad que hacía unos días que no me

conectaba pero me fue imposible, no porque no la echara de menos, Mi

Señora...

Se sentía extraña hablando con él. Ahora que sabía algo sobre él, solo

quería atarlo y dejarle el cuerpo en carne viva para que sufriera. Quería

vengar a todas esas personas a las que había hecho daño, a las que hacía daño

todavía. Pero no podía; debía cuidar más sus palabras y sus gestos para evitar

que notara que algo había cambiado.

White Moon dice: No pasa nada, zalamero... Aunque ahora puedo

sentirme molesta porque ni siquiera has preguntado si podías enviarme un

privado.

zalamero dice: ¡Lo olvidé! Lo siento, Mi Señora, no quise incomodarla.

Es que con el asunto de Piruleta se me pasó el escribirle...

White Moon dice: ¿Qué pasó con Piruleta?

zalamero dice: Parece que alguien entró y esa mujer se me insinuó. Buscaba

alguien que le hiciera caso y me escribió.

Rukia se quedó mirando la respuesta de zalamero. ¿Que alguien le había

escrito e insinuado? En el club nadie hacía nada sin pasar antes por el chat

global, y solicitar el permiso para hablar a otro, ya fuera Amo, Ama, sumiso o

sumisa. Sin embargo, por lo que decía, esa persona se lo había saltado.

White Moon dice: ¿Sí? ¿Y qué te dijo?

zalamero dice: No se preocupe, Mi Señora. Parece que buscaba un Amo

o algo así por cómo me trataba. Y ya sabe que no juego con nadie más que

no sea usted...

White Moon dice: No te he preguntado lo que buscaba o con quién juegas,

sino qué te dijo.

Quería que sus palabras sonaran directas y con un tono de enfado, cosa

que pareció ocurrir pues, al segundo, zalamero volvió a responder:

zalamero dice: Mis disculpas, lo siento, Mi Señora, de verdad. Puedo

enviarle el chat entero...

Y un momento después, tenía toda la conversación con esa tal Piruleta.

Rukia sonrió. Quien estuviera detrás de ese nombre no sabía nada del protocolo

del BDSM y se había equivocado en muchas cosas.

zalamero dice: Mi Señora, ¿podrá perdonarme? ¿Quiere verme?

Rukia miró el reloj. Estaba cansada porque apenas había dormido, y quería

irse a la cama pronto. Pero por otro lado tenía a dos sumisos escribiéndole y

ella necesitaba descargar la tensión. Una pícara sonrisa nació en su rostro.

White Moon dice: Sí que quiero verte... Aunque no lo creas, te he echado

de menos. Eres uno con los que mejor juego.

zalamero dice: ¿De verdad?

No tardó nada en llamarla con el botón de videollamada que tenían en el

chat. Antes de responder, Rukia se aseguró de tener la peluca puesta y de

que lacámara no pudiera mostrar su rostro de ninguna forma.

Centró la cámara en su pecho, desnudo salvo un camisón de satén negro que

llevaba y una bata del mismo color y tela.

— Buenas noches, zalamero —saludó cuando lo vio en la pantalla. Se fijó

en que el lugar no era el mismo de los otros encuentros. Sin embargo, no podía

preguntarle pues eso le haría sospechar a él.

— Buenas noches, Mi Señora... Cómo me gustaría verla.

— Siempre me dices lo mismo...

— Es que la adoro, Mi Señora. Y me encantaría adorarla de los pies a la

cabeza... —comentó con zalamería.

Rukia movió la mano hacia la pantalla y la tocó con el dedo índice.

— Para adorarme a mí, antes hay que someterse... ¿Acaso ya lo has

olvidado?

Los ojos de zalamero parecieron iluminarse y ensancharse. Quería eso,

quería que fuera dura, y ella no iba a controlarse en ese instante.

— ¿Tienes el flogger ahí?

Lo vio trastear entre los cajones y sacó un pequeño látigo con varias

colas de color negro. Lo mostró a la cámara.

— ¿Te imaginas lo que yo haría con él? ¿Cómo te ordenaría desnudarte y

que te agacharas? ¿Cómo te ataría los pies y las manos para tener tu trasero

disponible y azotarlo por los días que no me has dejado jugar contigo

multiplicado por diez?

— No, Mi Señora... —Era evidente que la fantasía acababa de gustarle y

por eso, la forma en que negó, más parecía una súplica a que lo hiciera.

— Desnúdate, zalamero. Y muéstrame que no tienes ganas —le ordenó.

Hizo lo que le pidió y se quitó la camisa y los pantalones evidenciando

que su sexo ya se había excitado y estaba erecto.

— Vaya, vaya... Parece que tu cuerpo quiere guerra hoy.

— Mi Señora, por favor, está muy sensible. Llevo tiempo sin tocarme y...

— ¿Ah, sí? ¿Y eso por qué? Vio que tragaba con dificultad y apartaba la mirada

de la pantalla.

— zalamero —lo llamó con un tono de réplica por haber hecho eso.

— Quería serle fiel, Mi Señora.

Rukia movió las manos cruzándose de brazos y echándose un poco sobre el

sofá sin que se le viera la cara.

— Sabes que no eres mío, zalamero. Y la última vez no te prohibí jugar

con otras o tener relaciones sexuales.

— Lo sé, pero yo solo quiero que usted me dirija, que me haga sentir.

La cabeza de Rukia hervía por los pensamientos. No era solo el hecho de

estar con ese hombre, sino que intentaba pensar en cómo abordar el problema

que tenían. Porque, aunque detenerlo era asunto de la policía, en el club

tenían un problema si utilizaba esos contactos para otros fines.

— Coge dos pinzas y ponlas en los pezones. Y quiero que duelan, así que

vas a enseñármelas cuando las tengas puestas.

— Sí, Mi Señora. —No le rebatió, al contrario, fue rápido a por un par de

pinzas de la ropa y las colocó como ella le había enseñado. Después, se

acercó a la cámara y las mostró. Había pillado el pezón por la zona que más

daño hacía.

— Muy bien, zalamero.

Este sonrió agradecido por las palabras de Rukia.

— Y ahora ese flogger debería bailar, ¿no lo crees?

— Si es lo que desea Mi Señora...

Apenas tuvo que ordenarle, empezó a agitarlo con sus manos y, como tenía varias

colas, algunas le rozaban las pinzas que se movían por el contacto haciendo que

él se arqueara ante el dolor.

— También abajo, zalamero —le indicó ella observando—. Y más fuerte, ¿crees que

porque no te he visto en un tiempo iba a azotarte así? Lo haría con fuerza, con

furia, por haberte olvidado de mí.

— No lo hice —discutió él.

— ¿Qué has dicho? —Ahora lo tenía. Llevabas días sin conectarte y privarme del

placer de jugar contigo. De sacarte gemidos y lágrimas por el dolor que te

infliges bajo mi dominio y orden. ¿Y vas a decirme que no te has olvidado de mí?

— Donde estaba no podía conectarme. Perdonadme. Si hubiera podido avisarla de

otra forma lo hubiera hecho. De verdad. Para mí sois especial, Mi Señora.

— Para. No hables más.

El rostro de zalamero perdió toda la sangre. Estaba pálido y excitado. Y

contrariado.

— Mi Señora...

— ¿Quién te dio permiso para hablar? —Rukia levantó una ceja aunque no

se vio a través de la cámara. Sin embargo, sus labios apretados y sin atisbo

alguno de la sonrisa que tenía antes ya le decía al otro que estaba molesta—.

Coge esparadrapo.

Esperó a que lo hiciera y, cuando se lo enseñó, prosiguió:

— Vas a quitarte una de las pinzas y, nada más hacerlo, quiero que te pongas

un esparadrapo encima, presionando con fuerza.

Lo vio abrir la boca y, con un gesto de su mano, lo acalló.

— Haz lo que te digo, esclavo. O esto se da por acabado.

— Sí, Mi Señora.

Se retiró una de las pinzas y colocó en su lugar una tira de esparadrapo

que pegó con fuerza a su pecho. No solo le presionaba el pezón, también había

debajo vello.

— Ahora el otro.

Lo vio asentir y hacer el mismo proceso.

— Ahora tendrás que llevarlo todo el día hasta que mañana vuelvas aconectarte.

Y créeme que sabré si te lo has quitado.

— Mi Señora, no puede dejarme así... —le suplicó cogiéndose su pene—.

Por favor, necesito...

— Una ducha fría ahí abajo. Es verdad. Pero no quiero que el esparadrapo

se moje. Voy a dejarte con las ganas, y lo haré hasta que me demuestres que de

verdad me has echado de menos.

— ¿Es que no se nota? —Apretó más el pene y de este empezó a salir

líquido preseminal. Estaba desesperado por seguir pero Rukia tenía otros

planes.

— La próxima vez tratarás de entrar en el club para saludar al menos. ¿O

prefieres que haya otro esparadrapo en otra zona más?

— ¡No! —exclamó protegiéndose sus genitales.

Rukia rió. Y eso hizo que él sonriera.

— Mañana nos divertiremos mucho, zalamero. Espero que no me hagas enfadar.

— No me lo permitiría, Mi Señora. La deseo tanto...

— Demuéstramelo... —le soltó y colgó de inmediato.

Quería dejarlo con la miel en los labios, hacerle depender de ella, que la

deseara más y más. Porque así tendrían una oportunidad.

Se despidió en el chat de todos y se desconectó sin esperar.

Su cabeza ya empezaba a maquinar algo y necesitaba estar lúcida al día

siguiente para sopesar si era bueno o demasiado arriesgado para ella.