.
.
Capítulo 8
Candy
Despertarme en sus brazos esta mañana fue la mejor sensación que he experimentado. Claro que en los años que lo conozco, he dormido junto a él un par de veces, pero la forma en que dormimos anoche definitivamente no era la forma en que los amigos dormirían. Su mano se envolvió a mi alrededor en algún momento de la noche, descansando perfectamente sobre mi pecho, su rostro presionado suavemente en el hueco de mi cuello... estaba tan cerca de mí como podría haberlo conseguido la noche anterior. En la mitad de la noche, ocurrió un ataque de dolor que nos despertó a los dos. Quería llorar, pero no lo hice. Me sentí tan mal por él y no pude hacer nada más que abrazarlo. Sostenerlo y rezar para que terminara. Sostenerlo y rezar para que el tratamiento funcione.
Y aquí nos sentamos, ahora. Después de todo un día de estudios, pruebas y de tener que responder correos electrónicos enojados de fotógrafos sobre sesiones fotográficas perdidas, finalmente regresamos al departamento de Anthony justo antes del anochecer. Ha estado callado todo el día, lo que es comprensible, pero no puedo evitar preocuparme porque todavía no ha decidido continuar con los tratamientos. Se supone que debe esperar a que lleguen algunos resultados de las pruebas en los próximos días y luego comenzar el tratamiento la próxima semana. Ha sido advertido de los efectos colaterales de todo y solo asintió cada vez que el médico nos actualizó sobre los hallazgos y cosas así. Todo es mucho para asimilar, e incluso conmigo y Terry allí, estoy segura que vamos a olvidarnos de las cosas.
Demonios, la lista de cosas que necesita tener en cuenta al comer y las actividades que no debería estar haciendo son suficiente para confundir a alguien. El hecho de que tenga que recordar todo esto por él, porque se quedó en blanco durante las reuniones con el médico es incluso más difícil. Terry ha sido un gran apoyo para los dos hoy, solo espero que siga así.
—¿Tienes hambre? —le pregunto mientras se acuesta en el sofá.
Nunca lo he visto tan reservado... tan tranquilo. Es mi Anthony. Siempre es el primero en preguntar, hablar primero y hacerlo primero. En este momento, con la forma en que está recostado en el sofá, me preocupa que se dé por vencido antes que realmente entienda las cosas. Ni siquiera le han dado alguna perspectiva todavía.
—No, gracias —murmura.
—¿Estás bien? —pregunto, asomando la cabeza alrededor de la esquina. Me mira desde el lugar donde descansa su cabeza y niega con la cabeza. En silencio, asiente invitándome a unirme, y así lo hago. Me acuesto a su lado e inmediatamente me abraza. He esperado tanto para poder tener momentos como este con él. No es un ritmo rápido. No es amistoso. Puro amor. Su cabeza descansa sobre mi hombro mientras lo miro.
—Vas a superar esto, Anthony —le susurro, jugando con su cabello. Solo asiente. Silenciosamente, se inclina y deposita en mis labios el más suaves de los besos, sacando una emoción en mí que necesito mantener a raya hasta que esté en casa. No hay necesidad de que vea mis lágrimas en este momento.
—Lo intentaré —dice suavemente—. Voy a intentarlo, pero siento... siento que es inútil, Candy.
—No digas eso. La gammagrafía ósea tiene que repetirse, todavía hay una posibilidad de que no se haya extendido por todas partes y ellos podrán ayudarte a superar esto, pero tienes que creer, Anthony. — Siento que le estoy rogando, pero no puedo dejarlo rendirse antes que comience—. Te necesito en mi vida —me las arreglo para decir, antes de dejar que una lágrima se deslice por mi mejilla.
Su pulgar limpia la lágrima y suspira. No puedo imaginar lo que está pasando en su mente en este momento. Estoy segura que tiene un millón de cosas corriendo a través de él, y es el tipo de persona que va a aguantar hasta que esté listo para hablar de ellos, así que sé que es mejor no presionar. Me pregunto si ha pensado en su familia. Esa es un área de su vida en la que no tengo todo claro, pero nunca se ha abierto sobre ellos. Algunas personas tienen cosas en el pasado de las que preferirían no hablar, y sé que esa es una de ellas para Anthony.
—Sabes —suspira y se levanta para descansar sobre su codo. Su sofá es tan grande, pero instintivamente me acerco a él. Solo su olor es embriagador. Mirando en sus brillantes ojos azules, lo espero—. No tenía mi vida planeada. No había una línea de tiempo de "Tengo que hacer esto, y esto y esto antes de los treinta". Soy un hombre de "vivir el momento".
—Lo sé. —Sonrío—. Es por eso que te amo. Amas la vida y no dejas que las pequeñas cosas te afecten.
—Bien... solía ser capaz de hacer eso. ¿Pero ahora? Ahora que... bueno... quiero decir ahora que tengo un maldito cáncer —bufa, sacudiendo la cabeza—. Hay muchas cosas de las que me arrepiento — susurra. Sus ojos se mueven de mis ojos a mis labios y finalmente los sentimientos que tengo mientras sus labios empujan ansiosamente hacia los míos son pura y completa excitación. Sin tristeza aquí.
Mientras sus labios acarician suavemente los míos, y su lengua se desliza hacia la mía, siento que el calor comienza a crecer. Rápido.
He estado con hombres antes, pero estar con Anthony es como abrir finalmente un whisky añejo y poder saborearlo. He esperado tanto tiempo que, por mucho que quiera estar con él, tampoco quiero apresurarme. No sé cuánto tiempo voy a tener con él, así que quiero que cada momento dure.
—Siempre quise hacer esto —murmura, moviendo sus labios por mi cuello. Siento la humedad entre mis piernas y tengo que evitar arrancarle la ropa. Mientras sus labios acarician suavemente mi cuello, su mano sube lentamente por debajo de mi ropa—. Mierda, Candy — susurra mientras sus dedos encuentran mi pezón.
No puedo hablar, no tengo palabras para los sentimientos que me atraviesan. Nunca he amado a alguien como amo a Anthony, nunca me había sentido tan fuerte por nadie antes, y darle mi cuerpo se siente mucho más crudo que cuando es solo sexo con alguien. Le estoy dando más que mi cuerpo. Le estoy dando mi corazón y mi alma. Le estoy dando todo de mí, cada pieza, y aunque sé que el resultado de las pruebas de hoy puede volverse terrible y posiblemente arruinarme, no estoy ocultando nada.
—Vamos a la habitación —su voz es cruda mientras se sienta y me ayuda a levantarme del sofá.
—¿Estás seguro que estás preparado para esto? —le pregunto estúpidamente. Estaba tan cansado antes... no quiero cansarlo.
—Sé lo que estoy haciendo. —Sonríe, mirando su pene duro, esforzándose por quitarse los pantalones—. Estoy contigo, Candy. Todo de ti. Estoy dispuesto a tocarte, probarte y hacerte el amor.
Me tiene sin habla con sus palabras. Con la boca abierta, no estoy seguro de si quiero saltar sobre él y desnudarlo aquí o desnudarme y rogarle que me folle.
—Nadie me ha hecho el amor antes —susurro, sorprendida por su comportamiento dominante.
Sorprendida, y completamente encendida.
—Eso es porque nunca has estado conmigo, Candy. No soy cualquier hombre. Te quiero. Todo de ti. Lo bueno y lo malo... y no puedo esperar para alabar este hermoso cuerpo. —Sin más palabras, me agarra de la mano y me lleva a la habitación con un gruñido. Prácticamente me arroja a la puerta después de cerrarla de golpe, sus labios chocan contra los míos mientras sus manos comienzan a desnudarme lo más rápido que pueden.
Toda la reserva y la paciencia se pierde en mí, ya que hago lo mismo.
En cuestión de segundos, estamos rodando sobre la cama, completamente desnudos, con partes del cuerpo retorciéndose y tocándose. Quiero probarlo, pero debe tener el mismo pensamiento porque me inmoviliza y me sonríe mientras su mano se desliza hacia mi centro y gentilmente comienza a frotar justo alrededor de mi clítoris, pero sin tocarlo, volviéndome loca.
—Jesús, Anthony —jadeo cuando sus dedos pellizcan mi clítoris de repente. Sonríe y gime, deslizando uno, luego dos dedos dentro de mí. Me estiro para agarrar su mano, solo queriendo que se quede allí por un tiempo... se siente tan malditamente bien.
Haciendo sonidos con su lengua hacia mí, toma mis manos y las coloca sobre mi cabeza mientras sus dedos se curvan dentro de mí, golpeando mi punto G casi perfectamente.
—¡Joder! —grito cuando sus dientes rodean mi pezón.
—Asi se hace, chica —dice, sonriéndome—. Tan jodidamente hermosa, Candy. He esperado tanto por esto. Mierda —resopla—. No quiero dejar de tocarte.
—Necesito que me folles, Anthony—le digo, mis ojos suplicándole. Lo necesito en mí. Necesito sentir esa conexión.
—No voy a follarte, Candy. Te lo dije. Te follaré otro día... hoy quiero hacerte el amor. Se mueve entre mis piernas y empuja lento, pero firme dentro de mí. Siento su grosor abriéndome y gimo.
Mierda. Había escuchado que es grande, pero nunca he sabido cuán grande. Me está estirando hasta el punto del dolor, y con cada pequeño empujón hacia adelante siento un poco más de dicha hirviendo a pura perfección. En el momento en que está completamente en mí estoy jadeando y tratando de no correrme.
—Te amo, Candy —susurra, sus ojos azules encuentran los míos y no rompen el contacto cuando lentamente se retira y vuelve a entrar.
—Oh Dios —gimo, presionando mi rostro en la almohada a un lado de mí para sofocar los gritos—. También te amo, Anthony.
Su metódico empujar y tirar, la forma en que los dedos de su mano libre encuentran mi clítoris, mientras su otra mano mantiene mis brazos firmemente plantados sobre mi cabeza, me tienen a punto de llegar apenas unos minutos después de empezar.
—Todavía no, nena —gruñe, retirando su mano de mi clítoris e inclinándose para besarme. No estoy segura de qué posición es esta, de cómo se enredan nuestras extremidades, pero llega a todos los lugares correctos, y cuando me hace el amor dulcemente, me desquicio por completo.
—¡Joder, Anthony! —logro decir justo antes que sus labios choquen contra los míos y se trague mis gritos. Cuando el orgasmo comienza, lo siento, explotando desde mi centro y zumbando directamente a través de mi cuerpo, dejándome completamente sin esperanza y envuelta en sus brazos mientras busca su propia liberación.
Con los dedos entumecidos, las manos entumecidas y los dedos de los pies con hormigueo, soy inútil.
—Te amo mucho —susurra mientras rueda hacia mi lado y me abraza.
—También te amo —le susurro, curvando mi cuerpo hacia él.
Cuando una lágrima resbala por mi mejilla trato de borrarla antes que note que estoy llorando, pero es en vano. Anthony siempre sabe todo sobre mí. Está tan en sintonía conmigo.
—Oye, ¿qué pasa, Candy? —Se aleja un poco y aparta el cabello de mi rostro.
—Mierda —murmuro, limpiando la corriente de jodidas lágrimas que corren por mi rostro, enojada de que no se detengan.
—¿Por qué lloras, cariño? —Sus ojos buscan los míos, una expresión de preocupación en su rostro mientras sostiene mi cabeza en sus manos y suavemente limpia las lágrimas.
—Te amo —hipo—. He querido esto por mucho tiempo, y te quiero mucho, y no quiero irme. No quiero estar nunca sin ti, Anthony.
Está en silencio y sé lo que piensa porque estoy pensando lo mismo. Eso fue una mierda para decir, pero estoy tan jodidamente emocionada y ese fue el mejor sexo que he tenido.
No era sexo, era hacer el amor, y es injusto que lo vaya a perder antes que esté lista... antes que esté listo. Los dos sabemos que el resultado del cáncer de páncreas avanzado no es positivo, pero no estamos hablando de eso. No podemos.
—Lo sé, Candy —responde finalmente, suspirando y envolviendo sus brazos a mi alrededor—. Estamos tomando esto un día a la vez. Disfrutando cada momento que tenemos el uno con el otro. Lo superaremos, pero no quiero pasar más noches sin ti. No quiero despertarme en una cama vacía. No quiero preguntarme dónde estás. Suena... joder, suena egoísta, pero no sé cuánto tiempo me queda... — deja de hablar y dejo escapar un sollozo por sus palabras—. Lo sé, nena, lo sé. Es una mierda, y el no saber es más difícil que saber, pero lo que sí sé es que te necesito, Candy. Te necesito.
Ahora estoy llorando tanto al pensar en él muriendo y dejándome aquí sola que no puedo responderle, así que no lo hago. Me deja llorar, abrazándome fuerte mientras lloro para dormir en sus brazos. El mejor lugar donde podría pensar para conciliar el sueño, y podría no tenerlo por mucho más tiempo. Mientras me duermo, lo último que recuerdo son los labios de Anthony en mi frente y su promesa para mí desde el primer día de nuestra amistad hace tantos años.
—Nunca haré nada para lastimarte, Candy. Te amo.
CONTINUARA
