Piezas del Tablero
Cero días desde la Última Muerte (Ocho Muertes)
Con un gesto de arrepentimiento, los grandes ojos de Mimi se enfocaron en la oreja que Subaru estaba cubriendo con una mano; la otra seguía colocada sobre la cabeza de ella. "Te lastimé con mi ataque, Onii-san… Lo sien-" Antes de que Mimi pudiera disculparse, Subaru le sacudió el cabello, interrumpiéndola.
"No tienes que disculparte. Me salvaste, así que ahora eres mi heroína. ¿Esto…?" Subaru soltó su oreja, mostrando que tanto ésta, como la palma de la mano con la que la estaba cubriendo, estaban cubiertas de sangre. "… Es solo un pequeño precio por seguir viviendo."
"Hmm…" Dudosa, Mimi lo observó a los ojos. Sin embargo, el momento no pudo proseguir, puesto que otro retumbo sacudió el suelo. Era el ente hostil, que se estaba batiendo a muerte contra Halibel y dos clones restantes. Aparentemente, uno ya había perecido. "En ese caso, Mimi se asegurará de evitar que Onii-san vuelva a resultar lastimado. Espera aquí, Onii-san, Mimi va a ayudar al señor y… ¿Onii-san, acaso no es ese Halibel, el guerrero Shinobi que visitó la mansión hace unos días?"
"Lo es." Respondió Subaru inmediatamente, sonriendo con satisfacción. "Conseguí que decidiera ayudarme después de que hablé contigo a través del metia."
Regresándole la sonrisa con la típica suya, Mimi soltó una risita. "¡Eres increíble, Onii-san! ¡Conseguiste la ayuda del guerrero más fuerte de toda Kararagi!" Con sus ojos bien abiertos, la niña elogió la habilidad de lidiar con todo tipo de situaciones de Subaru. Una habilidad que más que suya, era del Regreso por Muerte; aun así, Subaru se guardó para sí el autodesprecio.
"Lo había dicho, ¿no es así, Enana? He estado siendo una molestia para Anastasia, para tu hermano y para ti. Así que tengo que dar todo de mí para ayudarlos lo más posible…" Aunque no quería seguir mostrando su eterna debilidad, Subaru no pudo evitar decir con tono melancólico la última oración.
"Onii-san…" Comprendiendo que Subaru se sentía mal por ser incapaz de ser de utilidad en momentos de peligro, Mimi decidió no seguir con el tema para así evitar lastimarlo. Tras ello, ella miró hacia donde el guerrero Shinobi más representativo de Kararagi, estaba luchando contra una mujer de hermosa figura que trasmitía un aura muy peligrosa. "Mimi se quedará a tu lado, Onii-san."
"¿Hmm?" Confundido, Subaru la miró directamente a los ojos.
"El señor Halibel parece no tener problemas con la atacante, así que Mimi se quedará contigo, protegiéndote."
"Mimi…"
"Además, Mimi está segura de que el señor Halibel va a luchar con mayor comodidad si no está preocupado por defenderte."
"No tenías que decirlo de esa manera…" Con tono ligeramente resentido, Subaru aceptó la decisión de Mimi.
Ella tenía razón, si Halibel no había podido vencer hasta ahora al ente hostil, se debía a que tenía que estar atento a que Subaru no fuera atacado en un descuido. Aunque Subaru nunca le había dicho nada al demi-humano sobre que él era el objetivo del ente, aparentemente él mismo ya lo había deducido. En ese caso, Mimi definitivamente sería más útil a su lado… Algo que quedó claro antes de que el pudiera terminar de pensar en ello.
"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Habiéndose quitado de encima a Halibel y sus dos clones con un poderoso ciclón mágico, el ente hostil volvió a intentar rebanar a Subaru. No obstante, esta ocasión Mimi estaba con él, por lo que un grueso muro de tierra y roca surgió entre los tres, impidiendo el paso de las peligrosas ráfagas de viento.
Enfurecida, la fémina letal se preparó para lanzar otro ataque de mayor potencia, pero antes de poder hacerlo, sintió un dolor punzante en su costado. Uno de los clones había llevado un ataque suicida, sacrificado así su existencia efímera para poder clavar su kunai en el costado derecho del abdomen de la atacante.
"No… ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡MUERE! ¡MUERE! ¡MUERE!" Con sus ojos enrojecidos por la ira, el ser de aspecto femenino amplió el área de extensión del domo de viento que la rodeaba. Con frenéticos movimientos de sus ojos, brazos y pies, la fémina conjuró vientos de matanza con los cuales redujo a polvo grandes partes de la calle y varios de los edificios que la delimitaban.
¡Mata, mata, mata, mata, mata, mata, mata, mata! Liberando un rugido no-humano, la atacante clavó las uñas en su cabeza, visiblemente alterada. La voz le decía que debía matar, la voz le pedía matar, la voz la obligaba a matar. Debía de hacer todo lo posible por exterminar al ser de terrible olor. Su instinto se le decía… Ya no recordaba porque debía hacerlo, pero aquello dentro de ella se encargaba de recordarle que su única misión en esa vida era matar, descuartizar, exterminar, extinguir, asesinar, liquidar…
Halibel notó que la atacante estaba perdiendo cada vez más los estribos, sus ataques cada vez eran más erráticos y desesperados, y si no hacía algo para asesinarla cuanto antes, no quedaría nada de la calle ni de los edificios ubicados a cada costado. Ya solo quedaba un clon disponible, así que debía de utilizarlo sabiamente.
Saltando al techo de uno de los puestos de venta que se mantenían en pie, Halibel evitó la explosión de viento que desvaneció otro gran trozo de calle. Con sus ojos afilados posándose sobre la silueta desdibujada de la figura femenina, Halibel tomó la punta de su kunai y lo lanzó. El arma blanca sobrevoló en línea recta el trayecto hacia la atacante. No obstante, el filo metálico del kunai fue transformado en polvo al intentar atravesar el muro de viento.
Escupiendo una columna de humo, Halibel movió su mirada hacia Subaru, que estaba acompañado por la pequeña demi-humana que había visto el día que visitó la mansión de la dueña de la Empresa Hoshin. Aparentemente, la atacante tenía como objetivo prioritario al chico. ¿Acaso él había visto eso en su premonición, y por eso había pedido su ayuda? Era una posibilidad, sin embargo, Subaru no le había dicho nada al respecto.
Impedir que la atacante dañara al chico ahora era trabajo de la pequeña demi-humana, por lo que el suyo era hacerse cargo de la entidad hostil. Sin embargo, eso era más fácil decirlo que llevarlo a cabo. Mientras la mujer tuviera esa barrera de viento a su alrededor, atacarla sería una tarea casi imposible. Había logrado hacerle daño con uno de sus clones, a coste de su existencia; aun así, no confiaba en que ese truco fuera funcionar una segunda vez, menos cuando solo le quedaba un clon para probar.
Si desperdiciaba su último clon, tendría que esperar un tiempo antes de poder volver a crear otra tanda de ellos, y en ese momento, con lo que menos contaba era tiempo. No, lo que necesitaba era una oportunidad. Una abertura en la defensa de la atacante, eso era todo lo que hacía falta para poder acabar con su vida.
"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Frenética, la entidad volvió a ignorar a Halibel y su clon, y se lanzó en dirección del pelinegro.
Con sus ojos bien abiertos, Subaru observó como la fémina letal se acercaba a Mimi y a él, exudando una cantidad de aura de hostilidad capaz de detener su corazón. "¡Ul Dona!" Conjurando un domo de tierra y roca sobre ambos, Mimi se preparó para lanzar un poderoso grito.
"¡Muere, muere, muere!" Un tornado impactó contra el domo, convirtiéndolo en escombros. Sin embargo, antes de que el ente pudiera lanzar un ataque más, el contraataque de Mimi surgió de entre el polvo resultante de la demolición del escudo que ella había creado. El ente hostil, reconociendo el boom sónico, se impulsó lejos de la trayectoria del grito, usando una potente ráfaga de aire para esquivarlo. "¡MUERE, MUERE!"
Desde el punto de altura que había obtenido, el ente con ojos intoxicados por el odio que ebullía en su interior, lanzó otro ataque de viento. La potente ráfaga de viento avanzó implacable, poseyendo el poder necesario para cortar cualquier cosa que se interpusiera en su camino; fuera carne o concreto. Sin embargo, el ataque fue detenido en seco por otra explosión de sonido.
De la boca de Mimi surgió un estridente grito que se materializó en forma de una onda de sonido que pintaba el aire de un tono azulado. El grito, inclemente, chocó con las letales ráfagas de viento, contrarrestándose ambos ataques mágicos entre sí. Enloquecida por los susurros de muerte en su mente, la entidad hostil se preparó para atacar una vez más. No obstante, fue detenida por un dolor agudo que se extendió a lo largo de su pantorrilla.
"¡Buen hecho, pequeña! Me diste una abertura suficiente como para poder lanzarle uno de mis kunais." Con sus ojos afilados mirando hacia el cielo, Halibel se acercó a Mimi y Subaru. "Parece ser que ese escudo de viento que la rodea pierde potencia cada vez que se prepara para lanzar un ataque poderoso…"
Subaru, que apenas estaba recuperándose del aturdimiento causado por la onda de choque producida por el impacto de los ataques, no puedo evitar voltear hacia Halibel al escucharlo murmurar su deducción. En ese caso, lo único que necesitaban era causar que la atacante perdiera aún más la cordura y, consecuentemente, obligarla a lanzar ataques de gran poder.
Eso significa que yo podría volver a servir como un útil señuelo, concluyó Subaru amargamente. El recuerdo de la ocasión que sirvió como cebo de mabestias durante el ataque al hotel seguía fresco en su memoria. Las cicatrices a lo largo de sus pantorrillas eran una prueba visual de que el recuerdo nunca desaparecería. Aun así, si se trataba de conseguir los resultados necesarios, Subaru estaba dispuesto a tomar el riesgo de exponerse a un dolor inconmensurable nuevamente.
"Halibel…" Aun así, antes de que Subaru pudiera expresar el resultado de sus maquinaciones a sus dos acompañantes, la balanza en el tablero volvió a verse alterada. Incapaz de hacer su jugada, Subaru se vio en la necesidad de observar como un simple espectador, mientras un nuevo evento era llevado a cabo.
"N-No… No… ¡No! Matar, matar, matar, matar, matar… ¡Matar! ¡Matar!" Sacudiendo su cabeza delirantemente, la atacante aleatoria comenzó a gritar mientras arrancaba sus blancos cabellos. Desesperada, comenzó a lanzar ataques a diestra y siniestra, completamente carente de control sobre sí misma.
"¡Ul Dona! ¡Dona!" Mimi, reaccionando rápidamente, creó un domo de tierra sobre ella y Subaru, para entonces crear una especie de muro frente al domo, para así reforzar la resistencia de éste. Aun así, por más erráticos que habían sido los ataques de la fémina letal, la mayoría seguían estando enfocados en acabar con la vida de Subaru.
Tanto el muro como el domo cayeron, dejando una vez más expuestos a ambos. Mimi, que no había tenido el tiempo necesario para recuperarse tras el uso de dos hechizos seguidos, no pudo hacer más que observar con desesperación como el ciclón asesino se acercaba a ella y Subaru. Desesperada, se forzó a lanzar un grito más, sin embargo, el tiempo necesario para reunir el maná necesario era demasiado como para salvar sus vidas…
"Parece que llegó mi momento… Espero que hagan que mi existencia haya válido la pena." Con una despedida casual, el último clon de Halibel se colocó frente a la trayectoria de la peligrosa ráfaga de vientos afilados y usó toda la fuerza de su brazo para difuminar su impulso. Exhalando una última columna de humo, el clon recibió de lleno el ataque con su kunai.
El filo cortó las ráfagas de viento, sin embargo, la fuerza del ataque era demasiado grande como para desviarlo con solo una pequeña pieza de metal. Recibiendo el ciclón parcialmente debilitado, tanto el kunai como el clon fueron partidos a la mitad, convirtiéndose casi inmediatamente en una nube de humo y cenizas.
El ataque del ente hostil había sido debilitado, pero eso no sería suficiente para detenerlo del todo. Por suerte para Subaru, Mimi había aprovechado el tiempo dado por el clon para cargar un potente grito final. Abriendo ampliamente su boca, Mimi dejó salir un poderoso boom sónico que consumió la ráfaga de viento sin detenerse.
Habiendo desvanecido el ataque de la fémina hostil, el rugido siguió avanzando sin verse mínimamente debilitado. Mientras Halibel corría alrededor de la figura femenina en búsqueda de otra abertura, al mismo tiempo que esquivaba los ataques erráticos de ésta, observó como la estela de aire azulado impactó a la enloquecida figura.
Con una explosión que levantó fuertes vientos por toda la calle, el grito de Mimi dio de lleno contra su objetivo, atravesando su escudo de aire y golpeándola directamente en el abdomen. Halibel pudo observar de reojo como la pequeña demi-humana perdía la conciencia y caía en manos de Subaru. La niña había dado todo de sí misma en ese último ataque, y él no iba a desperdiciar esa oportunidad creada por ella.
Tomando firmemente su kunai, Halibel se acercó al punto en que había visto a la atacante desplomarse. Tenía sospechas de que podría ser, y sí la atravesaba con su arma, finalmente comprobaría con total seguridad su identidad. Halibel se movió ágilmente hasta el punto de caída del ente, pero entonces fue detenido por una violenta aura de hostilidad.
Saltando hacia un lado, Halibel esquivó una letal sierra de aire que había sido lanzada en su dirección; su instinto, una vez más, no le había fallado. Y aunque había salido ileso, lo mismo no podía decirse de su kimono, que ahora tenía una rotura en uno de sus costados. Halibel se preparó para esquivar cualquier otro ataque lanzado en su dirección, o para proteger a Subaru y la niña, en caso de que un ataque fuera lanzado en la dirección de ellos. Y fue entonces que un sonido agudo llegó a sus oídos.
"M-Matar… No… No… No… No… ¡No, no, no, no!" Saliendo del polvo levantando por sus múltiples ataques, el ente femenino observó al suelo con terror. Sus mirada, que hasta ahora solo había trasmitido hostilidad y odio, ahora se encontraban dominada por el miedo. Desconcertado, Halibel siguió con sus ojos la mirada del ente y se topó con una botella quebrada. A solo centímetros de los pies de la peligrosa entidad, se encontraba la botella de sake que había guardado en el bolsillo de su kimono.
El olor a alcohol se expandió por el aire, llegando a las narices de Halibel y Subaru. Subaru, que había visto todo con cuidado, mientras envolvía a Mimi con sus brazos, tuvo una sensación de déjà vu. Sorprendiendo a los presentes con una actitud inesperada, el ente hostil le dio la espalda a Subaru y saltó hacia uno de los pocos puestos de comida que apenas había sobrevivido al combate.
"¡Oh no! ¡No te dejaré escapar!" Halibel entonces se dispuso a perseguirla, pero ésta, chillando, liberó un potente torbellino que azotó la calle en su totalidad.
Apenas capaz de distinguir nada entre los violentos vientos, Halibel pudo observar como la atacante emprendía su retirada. Como último recurso, levantó su brazo y con una fuerza sobrehumana lanzó el kunai en su mano, clavándolo exitosamente en la espalda de la figura femenina. Aun así, ésta ignoró el dolor que recorrió su cuerpo y desapareció tras uno de los edificios.
El guerrero Shinobi consideró por un momento perseguirla, pero tras mirar a Subaru, cuyo cuerpo estaba cubierto de cortes, y a la niña desmayada en sus brazos, decidió que el riesgo era demasiado alto. Suspirando, derrotado, Halibel bajó su brazo y se acercó a Subaru. La fuerza del viento ya se estaba calmando, y solo sería cuestión de segundos para que las corrientes de aire regresasen a la normalidad.
"¿Cómo está la niña?" Una vez estuvo al lado del par, Halibel cuestionó a Subaru respecto al bienestar de Mimi mientras exhalaba una buena bocanada de humo.
"Hmm…" Subaru, que no había apartado la mirada de Halibel durante todo ese tiempo, bajó la cabeza para poder ver mejor a Mimi. Sus grandes ojos se encontraban guardados por sus parpados, cual lona de un anfiteatro. La niña había llevado su cuerpo al cansancio extremo para poder salvarlos a Subaru y ella misma.
Subaru levantó una de sus manos y se dispuso a tocar la frente de Mimi con la ésta, pero antes de hacerlo, se percató de que dicha mano le estaba temblando. Cual gusanos recién sacados de la tierra, sus dedos se estaban retorciendo, y la palma de su mano y su muñeca se estaban sacudiendo, como si poseyeran vida propia. Respirando profundamente, Subaru se obligó a calmar su perturbado corazón. Una vez el temblor disminuyó, colocó su antemano contra la frente expuesta de la pequeña.
"¿Y bien?" Con sus afilados ojos fijos en el cuerpo inmóvil de la niña, Halibel preguntó de nuevo ante el silencio extendido de Subaru.
No es que estuviera preocupado por la salud de la niña, ya que estaba claro que ella no había recibido heridas letales, y que todo lo que tenía era síntoma de un total agotamiento físico y de maná. Aun así, Halibel sabía que quedarse en medio de esa calle destruida no era buena idea, y quería sacar a la niña y el chico lo más rápidamente posible de allí.
"Está bien. Tiene un poco de fiebre, pero estoy seguro de que un poco de descanso bastará para que se recupere por completo." La voz de Subaru transmitía alivio, sin embargo, Halibel notó algo más. En lo profundo de su mirada se encontraba otro sentimiento. ¿Acaso era culpa? ¿Miedo? ¿Dolor? ¿Vergüenza? El lobo negro no podía dar exactamente con la emoción que se arremolinaba en lo profundo de las pupilas del chico, pero su juicio le indicaba que no se trataba de un sentimiento positivo. "… Deberíamos salir de aquí de inmediato y volver a la mansión. No soy curandero, así que podría estar equivocado. Por lo que quiero que la vean lo antes posible."
"Hmm… Estaba por decir exactamente eso mismo, Subaru." Exhalando el humo que había retenido en sus pulmones, Halibel mostró estar de acuerdo con lo dicho por Subaru con una sonrisa.
Regresándole el gesto, aunque su sonrisa claramente era una fachada, Subaru se puso en pie. Halibel hizo un gesto con su mano, indicando que, si lo deseaba, él cargaría a Mimi en su lugar. El cuerpo de Subaru estaba cubierto por varios cortes, y por la forma en que apoyaba su pie derecho, estaba claro que sufría de dolor en el tobillo.
No obstante, Subaru abrazó con un poco más de fuerza a la niña y sacudió su cabeza. Tras negar la ayuda de Halibel, Subaru volvió a mirar a Mimi y con una mano acarició su cabello. Después de dicha acción, Subaru se volteó hacia el callejón que conectaba esa calle con la avenida principal y comenzó a caminar. El mensaje había sido claro para Halibel: Ella es mi responsabilidad.
¿Se debía a que Subaru ahora la veía como una especie de hermanita menor que nunca tuvo? ¿Se debía a que ella, al igual que Tivey, se había vuelto un pilar de seguridad para él? ¿Se debía a que tanto ella, como Anastasia, habían estado junto él cuando sufrió los ataques de pánico debido a los traumas que sufrió en Priestella? ¿O se debía a que la culpa, provocada por depender una y otra vez de los pequeños trillizos, estaba carcomiendo su alma?
Subaru no sabía la respuesta. Bien podría no ser ninguna de ellas, o bien podrían ser todas al mismo tiempo. Al final, lo único que sabía es que no podía ceder la responsabilidad de cargar a Mimi a Halibel, no cuando él no había colaborado de ninguna forma a lo largo del combate contra la atacante aleatoria.
Él, que había sido protegido por el demi-humano lobo, pero sobre todo por Mimi, no podía ser tan desvergonzado y patético como para ceder también esa responsabilidad. Mimi formaba parte de la misma facción que él, y además él estaba compartiendo techo con ella. Llevarla de vuelta a la mansión con vida, ahora era su trabajo; sin importar que tan agotado, física y mentalmente, se sintiera.
Renqueando, Subaru, acompañado por el calor corporal de Mimi y el olor a humo proveniente de Halibel, salió de la destrozada calle e ingresó al callejón; el mismo en que, seguramente, seguía ubicado su punto de reinicio. Al dar el primer paso dentro del angosto callejón, Subaru sintió un paranormal escalofrío recorrer por su espalda. Volver a ese lugar sabiendo que el ente hostil seguía con vida, en algún lugar de Kyo, le hacía sentir que había fracasado.
Ignorando la desagradable sensación, Subaru siguió caminando sin aflojar su abrazamiento sobre el pequeño cuerpo de Mimi. Tras menos de un minuto, Subaru y Halibel salieron del callejón y se encontraron con la avenida principal. La cantidad de gente presente había disminuido drásticamente a pesar de que apenas era el medio día.
Cuando los dueños de los puestos y los pocos transeúntes que quedaban notaron la aparición del dúo masculino, ambos fueron bañados por miradas de sospecha y miedo. Lo más probable es que la voz se hubiera regado respecto al combate entre ellos y el ente hostil; aunque, considerando los estridentes sonidos de combate, eso no habría sido necesario para causar el nerviosismo de los presentes.
¿Acaso los veían como los instigadores? ¿Acaso les temían? Ni Subaru ni Halibel contaban tiempo como para buscar la respuesta, así que ambos ignoraron las miradas y siguieron su camino hacia el distrito de clase alta. Subaru no pudo evitar notar como varios de los transeúntes volteaban a mirar a Mimi en sus brazos con espanto en sus miradas. Probablemente pensaran que todo el ataque había sido un intento de secuestro de algún tipo.
Aun así, cuando las personas alarmadas parecían disponerse a intentar algo, siempre se detenían al percatarse de la mirada del alto demi-humano que caminaba tras él. Fuera por su apariencia intimidante, o porque lo reconocían como el legendario guerrero Shinobi Halibel, ninguno se atrevió a meterse en el camino del renqueante Subaru.
Con amargura en su rostro, Subaru se esforzó por no mirar las paisajes que antes habían resultado nostálgicos, y ahora solo le recordaban la tragedia que comenzó justo en esa avenida. Antes había ignorado las vistas que le recordaban a su hogar, debido a los abrumadores recuerdos de sus padres, y ahora lo hacía por los abrumadores recuerdos de su decapitación y posterior muerte bañado en los restos de los cadáveres de decenas de personas y Mimi.
"¡Subaru Onii-san!" Subaru estaba por poner un pie en la salida de la avenida principal del área metropolitana, cuando escuchó que alguien lo llamó. Subaru se detuvo sobre sus pasos y se volteó, para observar entonces a un pequeño de pelo naranja que galopaba desesperadamente en su dirección. "¡Subaru Onii-san! ¡Mimi me contó sobre el ataque, que pasó con-! ¡¿Hermana?!" Al notar a Mimi inconsciente entre sus brazos, el sobresaltado Tivey saltó del liger que estaba galopando y se acercó a él. "¿Qué ocurrió, Subaru Nii-san?"
El liger, un animal de ese mundo que bien podría considerarse pariente de los lobos, pero de un mayor tamaño, se quedó en el mismo lugar en que Tivey abandonó su lomo, esperando por nuevas órdenes. Los liger bien podrían considerarse la montura oficial del Colmillo de Hierro, y son poseedores de gran fama en Kararagi, donde superan en uso a los dragones de tierra. Que Mimi no utilizara el suyo para llegar hasta Subaru, era señal de cuan apresurada había salido de la mansión; o tal vez porque había considerado que tendría mejor movilidad moviéndose de techo en techo, que recorriendo las calles con su liger.
Subaru, con el semblante de amargura plasmado en su cara, le dio una explicación resumida a Tivey de lo ocurrido. El pequeño, escuchando la historia, se limitó en agradecer sinceramente a Subaru por cuidar de su hermana y lo instó a seguir el camino hacia la mansión inmediatamente. "No crees que sería mejor que la llevaras tú, y yo llegara después." Fue lo que había respondido Subaru, pero Tivey aseguró que su hermana preferiría que él no dejara solo a Subaru tras ser atacado.
Subaru había tratado de argumentar, alegando que Halibel estaba con él, pero Tivey insistió en que él y su hermana eran los encargados de vigilarlo, y que ahora él se haría cargo de ellos. Con el semblante de amargura haciéndose más claro en su rostro, Subaru abrazó con más fuerza a Mimi y siguió su camino con paso apresurado, ignorando el dolor en su tobillo.
"Te acompañaré a la mansión… Pero, ¿por qué no me das a Mimi? Se ve que estás cansado y golpeado, tener un peso menos sería mejor, ¿no crees?" Desde el lomo de su liger, Tivey señaló que no hacía falta que Subaru siguiera cargando con Mimi.
"Si no es para llevarte a tu hermana y dejarnos atrás, entonces no." Volviendo a negar con su cabeza, Subaru se negó a ceder la responsabilidad de cargar con Mimi. Estaba dispuesto de hacerlo si eso aseguraba que ella sería llevaba a la mansión antes, pero no cedería si esa condición no era cumplida. Parpadeando un par de veces, Tivey pasó su mirada de Subaru a Halibel y viceversa.
"El chico insiste en que es su responsabilidad…" Respondió el hombre lobo, levantando los hombros.
"Hmm… ¿Saben? Me sorprende ver que el gran guerrero Halibel terminara uniéndose a Subaru Onii-san." Decidiendo que lo mejor era dejar de lado el tema, Tivey comentó sobre la particularidad del dúo.
"El chico mencionó que alguien peligroso estaba por aparecer, y yo tuve curiosidad… Eso es todo." Exhalando una columna de humo, Halibel respondió casualmente mientras observaba al pequeño demi-humano.
"Ohh… Onii-san, de verdad no dejas de sorprenderme." Observando con ojos de admiración a Subaru, Tivey lo alabó. Lo mismo había hecho Mimi, lo que era señal de que los hermanos cada vez lo miraban con mejores ojos. "Por cierto, Onii-san. ¿Quién era el atacante que mencionaste? ¿Pudieron vencerlo?"
"Sobre su identidad, lo cierto es que no tengo idea. Y lastimosamente no pudimos vencerla, escapó…" Desganado, Subaru respondió la pregunta de Tivey.
"Hmm… En eso caso, podría interesarles la información que tengo." Inmediatamente, el comentario de Halibel atrajo la atención de los dos subordinados de Anastasia Hoshin.
"¿Sabes quién era el desagradable ente?" Preguntó Subaru, mirando fijamente a Halibel.
"No estoy completamente seguro… Sin embargo, su magia, apariencia y poder, definitivamente calzan con lo que sé de la leyenda de Zarestia."
"¿Zarestia?" Cuestionó de nuevo Subaru, confundido.
"Es uno de los Grandes Espíritus. Zarestia, el Gran Espíritu del viento. Hay muchas leyendas en Kararagi sobre ella, pero la más conocida la define como un ente de muerte y destrucción; la más Hermosa Shinigami, así la llaman." Quien respondió no fue Halibel, sino Tivey, que parecía saber bastante respecto a ese espíritu llamado Zarestia.
"Exacto. Lo que dice el niño."
"No soy un niño, soy Tivey." Ignorando el reclamo con una sonrisa burlona, Halibel prosiguió.
"Hace unas semanas se llevó a cabo una expedición a la Cama de Zarestia, un lugar de Kararagi donde se presume que descansa la mismísima Zarestia. Aun así, esa expedición estaba programada para dentro de varios meses. Curiosamente, un noble de Lugunica pagó una gran cantidad de dinero para adelantarla… Dudo que no haya relación entre todo eso, así que creo que debería investigar al respecto una vez me asegure de encontrar a la atacante."
"¿Piensas volver a luchar contra ella?" Lo cuestionó Subaru, ligeramente aturdido.
"Tengo que hacerlo. La habría seguido, de no ser porque no podía dejarlos solos a la niña y a ti." Con vergüenza y amargura eclipsando su sorpresa, Subaru miró hacia al frente, quitándole la mirada a Halibel. Fue entonces que se dio cuenta que finalmente habían llegado a la mansión. "Parece que aquí me despido, Subaru. Fue un placer conocerte. Cuida de la pequeña y procura no volver a encontrarte con más entes peligrosos. Je, je…" Con su típica actitud despreocupada, Halibel le dio una palmada en la espalda a Subaru y, tras palmear la cabeza de Tivey, se dispuso a regresar al área metropolitana.
"Halibel…" Pero antes de hacerlo, el llamado de Subaru lo detuvo.
"¿Paso algo, chico?" Sin voltearse, Halibel le indicó que hablara.
"Gracias…" Con esas palabras, Subaru comenzó a seguir a Tivey, que había hecho que los guardias de la entrada a la mansión abrieran el portón.
"De nada… Subaru… Cuando descubra que hay detrás de todo este asunto de Zarestia, volveré. Me interesa hacerte una propuesta." Y con esas palabras, Halibel finalmente se desvaneció en el aire.
Sintiéndose inútil y patético, Subaru siguió a Tivey en completo silencio. Él, percibiendo el estado alterado de Subaru, aceptó el incómodo silencio sin protestar. Subaru, que no podía dejar de pensar en sus fracasos durante las muertes anteriores, se dio cuenta de que a pesar de la información que había reunido, no había hecho nada con ella. La información era su única utilidad, y solo la había usado para conseguir la ayuda de Halibel.
Al final, su inutilidad había causado que el ente escapara y que Mimi se forzara a ir hasta su límite por él… Tan hundido estaba Subaru en su autodesprecio, que tardó demasiado en percatarse de los escalofríos que recorrían todo su cuerpo. Algo andaba mal… Antes de que Subaru pudiera decirlo, sintió una briza acercándose a su nuca.
"¡Muere…!" Y con esas palabras, todo su mundo fue envuelto por las sombras.
