La Niña Maldita

o El destino de aquellos que sufren el pasado.


Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling


Capítulo XXII

25 de diciembre de 2021. Mañana.

Pudo escuchar diferentes voces que retumbaban a su alrededor durante las horas que estuvo inconsciente; muchas de ellas eran desconocidas para Albus, pero otras las conocía bien.

«¡¿Por qué eres tan imprudente?! —reclamó Ginny a Harry—. ¡Casi matan a nuestro hijo por dejarlo solo! ¡Él no es como tú!»

«¡Les exijo que se comporten, estamos en la enfermería! —exclamaba a gritos la directora McGonagall—. ¡Cuando los heridos se recuperen declararé oficialmente sobre el incidente!»

«¡Reacciona, Lav! ¡Lav, por favor! —pronunciaba con desesperación la profesora Patil»

Los diálogos, susurros y demás sonidos se mezclaban en su mente. No distinguía tiempo ni orden entre ellos, tampoco recordaba con claridad los sucesos que lo habían traído a la enfermería.

Abrió los ojos varias veces durante la noche, pero no estuvo consciente hasta la mañana de navidad. Delphini dormía con la mitad del cuerpo sobre él y su madre, que se hallaba al fondo de la enfermería, corrió a abrazarlo cuando vio que había despertado.

—No puedo respirar, ma —susurró Albus con el poco aire que le quedaba.

—Estaba tan preocupada —afirmó entre lágrimas, manteniendo aún el agarre—, no podía descansar hasta saber cómo te encontrabas…

—Estoy bien, solo fui aturdido por un encantamiento.

Madame Pomfrey, que se había acercado para ofrecerle un vaso con jugo de uva, lo miró a los ojos y negó en silencio, mientras levantaba discretamente las sabanas que lo arropaban. Albus bajó la vista y notó el desastre.

Su pecho estaba cubierto por vendas y cintas que claramente ocultaban una herida significativa.

—Fue una noche dura, estuviste mucho peor —aclaró la enfermera—. Ese es el segundo cambio de vendaje que te hacemos, fue difícil detener la hemorragia.

Albus recordó aquello que la adrenalina había camuflado: durante la pelea con la mujer del saco rojo, no fue capaz de protegerse ante una de sus maldiciones. En el momento creyó que su agilidad le había permitido esquivarlo, ahora sabía que había dado en el blanco.

—Es increíble que recuperaras la consciencia tan rápido, no esperábamos progresos hasta mañana.

Albus aceptó el recipiente que la señora le ofrecía y tomó un sorbo mientras la veía marcharse hacia otra de las camillas; era la primera vez que Albus veía la enfermería abarrotada de pacientes.

Estudiantes, familiares e incluso un par de profesores habían salido heridos durante el ataque de MAE. A su derecha, a un par de camillas de la suya, Lavender Brown yacía inconsciente, acompañada por una despeinada y llorosa profesora Patil.

—¡Albus! —exclamó su prima al adentrarse en la sala.

Corrió y le procuró un fuerte abrazo entre lágrimas. Albus vio sobre el hombro de Rose que su padre se adentraba en la habitación, junto con su tío Ron y su tía Hermione.

Sentía que su mente funcionaba a medias, fuera por efectos secundarios del hechizo aturdidor o por la sangre que había perdido. Cuando su padre se acercó lo suficiente, se apresuró a hablar, antes de que las ideas y recuerdos se esfumasen.

—Ella estuvo aquí —dijo—, la mujer del saco rojo…

—No creo que debamos hablar de eso aquí, Albus —afirmó su padre—. La directora aún no ha hecho una declaración oficial. Si algo se filtrase, sus problemas solamente aumentarían.

Albus puso un pie fuera de la cama, pero fue detenido por su madre.

—No, debes quedarte —explicó—. No tienes fuerzas suficientes.

—Esto es más importante que mi propia salud, madre —concluyó Albus, mientras se levantaba.

El joven debió ser ayudado por su padre y su tío para llegar al despacho de Madame Pomfrey. Su cuerpo parecía responderle con normalidad, pero se hallaba completamente agotado, por lo que debió sentarse en uno de los sofás.

Delphini, Rose, su madre y su tía los siguieron de cerca, asegurándose que la puerta quedase sellada con magia para hablar con tranquilidad.

—¿Qué ocurrió, Albus? —preguntó Harry—. Cuéntanos todo.

—No puedo creer que lo involucraras en esto…

—Yo se lo pedí, madre —afirmó Albus—. Bueno, en realidad, pensé que estaba ocultando algo y debió contármelo cuando malinterpreté algunas cosas, pero ese no es el punto. No quería que me tratase como a un niño.

—Pero lo eres, cariño…

—Ginny, déjalo hablar —pidió Hermione—. A su edad, Harry vio morir a uno de sus amigos y debió enfrentarse a Voldemort él solo. No era el destino que esperábamos para nuestros hijos, pero es el que les tocó. Estoy que Albus decidió por buenas razones involucrarse en esto.

Su madre desvió la mirada por un instante, conteniendo todo lo que deseaba decir. Se sentó a su lado y le tomó la mano mientras Albus hilaba las palabras que deseaba decir.

—La mujer del saco rojo estuvo aquí —repitió, era lo único que podía decir.

—¿Qué ocurrió con exactitud, Albus? —preguntó su padre, mientras lo observaba con suma atención—. El comienzo del ataque fue caótico y ninguno pudo haberlo previsto, pero Delphini me dijo que tú te encontraste con ella antes que todo comenzara.

—Si —respondió el joven—, hablé por algunos minutos con ella, antes que las campanas anunciaran las doce. Ocurrió cuando volvía del baño del segundo piso. Por alguna razón, decidí tomar una ruta más larga para volver al gran comedor y me topé con ella en el pasillo de los fundadores.

» Observaba el cuadro de Gryffindor detenidamente, casi ausente del mundo que la rodeaba. Cuando la quise esquivar y seguir con mi camino, comenzó a hablarme. No la reconocí entonces, estaba algo distraído, pero la charla fue interesante a su manera. Filosófica sin duda. Cuando las campanas sonaron y ella estaba a punto de irse, se presentó.

—¿Te dijo su nombre? —inquirió la ministra.

—Puede que me diera un seudónimo o un nombre falso, pero no me pareció que estuviera mintiendo—afirmó—. Me dijo que se llamaba Genevieve Gryffindor.

La sala se quedó en silencio por unos instantes, mientras los presentes compartían miradas repletas de dudas e incertidumbres.

—¿Genevieve Gryffindor? —cuestionó Hermione—. Es imposible…

—Eso explica lo que me dijo la profesora McGonagall sobre anoche —comentó su padre, ignorando las dudas de la ministra—. Luego del incidente, cuando los heridos estaban siendo atendidos y yo velaba a tu lado, la directora habló conmigo personalmente y estableció que su última charla contigo había sido… extraña.

» Le planteaste dudas sobre los herederos de los fundadores y ambos coincidieron la falta de información sobre esa época. Pero también me dijo que recordabas una cita que no deberías conocer, una que se encuentra escrita en los textos que pasan de director a director y cuyas palabras solo pueden ser vistas por ellos. Intuyo que eso tiene relación con tu charla con la misteriosa mujer.

Albus asintió, pero dudaba sobre sus palabras. Sobre lo que había vivido o lo que había soñado.

—Mi charla con Genevieve fue breve, pero profunda —explicó Albus—. Citó varias frases de su padre, habló sobre valentía, bondad y maldad, además de mencionar su rechazo por el cambio. Tras hablar con la directora McGonagall, no me quedan dudas de que esas palabras fueran del propio Godric Gryffindor y que pasaran de generación en generación hasta llegar a ella.

—¿Cuál es la cita? —preguntó Hermione, mientras sacaba varios libros de su bolso.

—«La paciencia y la serenidad te permitirán llegar a donde deseas estar, con valentía y determinación, cualquiera puede cambiar al mundo» —comentó—, pero no la dijo precisamente de ese modo, sino que fui yo quien le dio ese orden.

Su tía vagó algunos segundos por las paginas de varios libros en silencio.

—Muchos autores preponderan la paciencia y la serenidad como impulso para lograr tus objetivos —estableció finalmente—, ni hablar d ella cantidad de frases sobre valentía y determinación que se han dicho a lo largo de la historia. Muchos han dicho frases similares, no hay que descartar la posibilidad que se trate de una coincidencia.

—¿Qué parte es una coincidencia, Hermione? —cuestionó Harry—. Entiendo que la frase es insuficiente para confirmar que esta mujer sea descendiente de Gryffindor, pero el hecho de que fuera Albus quien se encontrara con ella, que se presentara de ese modo y luego atacara al colegio… parece premeditado.

—¿Crees que miente? —preguntó Ron—. Puede que haya dicho eso para distraernos y darles tiempo de atacar nuevamente.

—No creo que sea mentira —exclamó Albus, que había esperado el momento justo para hablar nuevamente—. Es decir, puede ser parte de un plan mucho mayor, ya demostró ser capaz de orquestar cada uno de mis movimientos.

—¿A qué te refieres?

—Cuando sus secuaces nos emboscaron, ella iba a dejar que nos mataran, pero intenté ganar algo de tiempo y sacarle información —aclaró el joven—. Al principio, cuando demostró conocer cada uno de mis pasos en la investigación, pensé que se trataba de una legeremante, pero luego admitió haber planeado todo.

» No fue coincidencia que encontrara el libro de rituales en la Sala de Menesteres, ni tampoco que entre sus paginas se hallara esa foto. —Los ojos se le llenaron de lágrimas, no entendía el motivo. Se sentía impotente ante esa situación—. No sé cómo hizo para planificar los últimos meses de mi vida, pero lo hizo. Su objetivo era que conociera el objetivo de MAE y le dijera a Delphini sobre los peligros que corría. Ella desea que se perturbara y se rompiera antes de llevársela.

—Ese era su objetivo—esclareció Delphini, que había guardado silencio hasta entonces—. Anoche escuché a varias personas preguntar por "la chica albina", pero nadie pudo reconocerme por el maquillaje y la tinta del cabello.

—Quisieron tomarnos por sorpresa —afirmó la ministra—. Siempre habían cumplido con sus amenazas al pie de la letra y con las otras escuelas fueron puntuales, pero…

—Los otros colegios no tenían algo que les interesaba —explicó Harry—, al menos no hasta donde sabemos. Han buscado a Delphini por años, en Uagadou no consiguieron apresarla, pero no la han perdido de vista desde entonces. Querían recuperarla para llevar a cabo el ritual y está claro que este no será el último intento, ni tampoco es el ataque que busca destruir al colegio.

» Las escuelas mágicas atacadas sufrieron daños materiales irrecuperables e incluso decenas de magos murieron durante los asedios. El ataque de ayer fue una incursión sigilosa, una misión secreta para extraer a su objetivo. Cuando llegue febrero, traerán todo el poder militar que poseen e intentarán destruir a Hogwarts.

Albus se secó las lagrimas sin mediar palabra alguna, dudaba sobre su fuerza y valentía, estaba seguro que había sido inútil en el enfrentamiento contra Genevieve y el panorama actual le impedía pensar en un futuro mejor.

Además, no podía dejar de pensar en…

—Algo más ocurrió anoche, ¿verdad? —indagó su madre.

El joven recordó el impacto del encantamiento y los ojos sin brillo que lo observaban del otro lado de la varita; los ojos del chico que había perdido a su madre.

—¿Dónde está el señor Malfoy?

Los presentes se miraron entre sí, atónitos ante la pregunta.

—¿Draco? —preguntó Ron—. Ahora que lo mencionas, no lo vi en la fiesta.

—Tampoco lo he visto desde el almuerzo de ayer —aclaró Hermione—. Quizás se haya marchado para ver a sus padres.

—No, no lo creo —respondió Albus mientras se levantaba del sillón en el que estaba.

Con la ayuda de su padre y su tío, Albus cojeó hasta las mazmorras del castillo, en busca de los campamentos improvisados que se habían montado para que los estudiantes durmieran con sus familias.

Una discreta carpa de color oscuro, que en la entrada blandía un escudo verdoso con dragones y serpientes, además de una enorme letra "M", componía la provisoria habituación de la familia Malfoy.

Los magos se adentraron en la tienda sin anunciarse y el panorama que hallaron fue ordinario. El pequeño toldo se había convertido en una extravagante mansión de vasto tamaño, en cuyo interior aguardaban diferentes mesas, armarios y aposentos individuales para, al menos, siete personas.

Tardaron algunos segundos en hallar el dormitorio principal, donde el señor Malfoy yacía rotundamente dormido.

Ron se acercó y sacudió al hombre varias veces para intentar despertarlo, sin éxito. Harry, que no había cuestionado por qué se encontraban allí, se acercó a la mesa de noche que se hallaba a su lado y tomó el vaso que suponía Draco había bebido antes de dormir.

Acercó su nariz y olfateó los restos del fondo varias veces antes de dejarlo nuevamente sobre la mesa. Metió su mano en el abrigo y extrajo una bolsa con pequeñas piedras grisáceas en su interior.

Dejó a Albus apoyado sobre uno de los postes de la tienda y se acercó al lecho del señor Malfoy. Se sentó a su lado y le abrió la boca delicadamente, colocándole una de las piedras bajo el paladar. Apretó la mandíbula del hombre por un instante y los ojos se le abrieron como platos cuando el bezoar hizo efecto.

—¡Potter! —exclamó Draco—. ¿Qué demonios haces?

—¿Usas una pócima diferente para dormir? —replicó el mago.

—No, ya no las necesito —contestó, desconcertado—. ¿Por qué la pregunta?

—Alguien se aseguró de que te perdieras el espectáculo de anoche —afirmó Ron, captando de inmediato la situación.

—Y creo que Albus sabe algo sobre eso.

Su padre le dirigió la mirada, luego lo hizo el señor Malfoy.

Sabía que su amigo no hablaría de ello con su padre, Draco Malfoy había cometido y pagado por sus errores desde la adolescencia, en consecuencia, no dejaría que su hijo tomara las mismas decisiones que él.

Albus tragó saliva y tomó coraje antes de hablar.

—Scorpius se fue con esa mujer —dijo finalmente—. Intentará revivir a su madre.


Nota de autor: ¡Gracias por leer! Si han llegado hasta aquí, significa que les está gustando y déjenme decirles que, aunque me haya distanciado un poco del proyecto, tengo pensado todo este arco final, así que prepárense.