Apenas abrí los ojos me encontré con una Lena despierta, leyendo y bebiendo de la taza humeante. Me costó orientarme y recordar todo lo que había pasado ayer, se sentía como un sueño. Lena estaba medio sentada cuando giró la vista hacia mí y las comisuras de sus labios se elevaron para beber otra vez. Puso el libro en su regazo y se estiró hasta la mesa a su izquierda, me acercó una taza con un fuerte olor a café.
Una vez me pude sentar lo agarré y froté mis ojos. Lo mal que estaría luciendo, Rao.
Estiraba mis brazos cuando noté que Lena se acercaba y me daba un beso en el cuello, un par de segundos sus labios se quedaron en mi piel.
—Buenos días.
—¿Llevas mucho despierta? —pregunté todavía con la mezcla de nuevas emociones que ese gesto me había causado. Bebí del café y el líquido caliente bajó por mi garganta.
—Unos cuarenta minutos, son cerca de las diez.
—¡¿Las diez?! —repetí alarmada. Tenía que volver a clases y de hecho también al trabajo. Oh mierda, mi trabajo, Elizabeth me mataría. Dejé a un lado el café pero cuando estuve a punto de levantarme Lena me tomó del brazo. Se deshizo de la taza y el libro y me dio toda su atención. No sé si sus ojos se veían generalmente así por la mañana o en especial hoy estaban más claros.
—Han reportado plaga de hormigas en varias aulas así que cancelaron las clases.
—¿Qué? —¿acaso esta universidad tenía algún tipo de maldición? Aunque eso me calmó considerablemente y la posibilidad de quedarme con ella fue tentadora gruñí molesta. Malditas responsabilidades. Tenía que volver a la cafetería o me despedirían. —Ya, pero sabes que tengo que trabajar, no todos somos ricos como tú.
—Pero ya son más de las nueve, de hecho es bastante tarde y tu jefa no se molestará si le explicas.
—¿Y qué le explico? —pregunté relajándome por un momento, mis ojos cayeron a sus labios. —¿Qué estaba en la cama con mi compañera de cuarto y no me dejó ir?
—Si quieres —dijo ocultando una sonrisa sin mucho éxito. Sin saber cómo lo hizo terminó colocándose sobre mí, nuestras manos estaban unidas y yo comencé a reír de la nada. —Puedes decirle eso.
—Buscas que me despidan.
—No te despedirán —nuestras manos se juntaron sobre mi estómago, sí, aún al descubierto, Lena tenía puesta una camiseta blanca.
—¿Y cómo lo sabes tú, niña inteligente?
—Sé muchas cosas —susurró inclinándose y buscando mis labios. Tenerla de esa manera sobre mí no estaba siendo la mejor de las ideas. Ciertas partes de mí comenzaron a olvidar mis obligaciones y aunque traté no me resistí a devolverle el beso. —Te quiero aquí.
—No estás ayudando.
—Me alegro entonces —murmuró en mi boca.
Perdí la cuenta de los besos que intercambiamos hasta que Lena se separó y volvió a su sitio. Mi sonrisa era enorme y tuvo que apartar la cara antes de que pudiera verla sonrojarse pero ya era tarde. El ligero color rosado en sus mejillas pálidas me hizo sentir feliz.
—Ya, lo siento, tienes razón. Tienes que ir, no creo que se moleste demasiado que llegues un poco tarde.
—Una hora tarde —le corregí y puso los ojos en blanco.
Nos levantamos y no estuve segura del porqué pero quise hacerlo de todas maneras.
—¿Me acompañas? —se giró con una expresión algo diferente, era una de esas miradas que me solía dar cuando la conocí, cerrada y fría. Preferí pensar que era normal y no se daba cuenta. Después de colocarse la chaqueta finalmente respondió.
—¿Quieres que vaya contigo?
—Podría servirte el desayuno, ¿quizás? Algo mejor que el café.
No debía haberle preguntado en un primer momento, no sugerirle nada en absoluto. La frialdad usual de Lena volvió como si hubiera estado queriendo alcanzarme desde hace rato. Lo pensó mientras se colocaba las botas de cuero sentada en la cama. Todo en silencio. Me sentía una completa estúpida ahí parada.
—Por supuesto —contestó poniéndose de pie, esa oscuridad que había llegado de golpe se había disipado considerablemente al volver a verme. Al caminar hasta mí, bajó la vista a mi tan casual vestimenta y alzó una ceja. —Pero dudo de que quieras ir así.
—¿No te gustaría? —rió y tuve que contenerme de besarla.
—Si fuera por mí te vería así siempre pero primero, te enfermarías y no queremos eso otra vez. Segundo, sí que te despedirían al instante.
—Está bien, iré a arreglarme.
—Te esperaré en la sala.
La besé rápidamente en la mejilla antes de irme, toda esa rara actitud que de la nada había mostrado me preocupaba. Sabía que Lena tenía sus momentos malos y para nada agradables y aunque no tenía que dejar que me afectara, solo apoyarla, esos instantes me habían asustado.
Cuando estuve lista la encontré comiendo una manzana, dejando caer su peso en la pared. El cabello se le había ondulado un poco, tenía los labios ligeramente rosados aunque yo sabía que no se maquillaba, y la mirada perdida en algun sitio vacío. Me parecía la mujer más hermosa que jamás había visto y eso que no estaba haciendo nada. Reparó en mi presencia y se separó de la pared.
—¿Está lista, mi lady? —una sonrisa asomó en sus labios y me extendió una mano dramáticamente, no hice más que tomarla y me atrajo hacia ella.
—¿Qué hay si Maggie nos... ? —fui interrumpida por su boca sobre la mía, el dulce sabor de la manzana me incitó a besarla más hasta que después de un rato tuvimos que separarnos.
—Vamos, no querrás llegar tarde.
—Lena, estoy una hora y media demorada. Elizabeth se enojará tanto que tendrá suficiente energía como para gritarme durante todo el mes.
Puso los ojos en blanco y salimos. Fui yo quien soltó su mano una vez íbamos por el pasillo. No habían pasado ni veinticuatro horas desde que le dije que lo mantendríamos en secreto y ya le estaba pidiendo que salga conmigo. Pero Lena no parecía molesta por eso, mucho menos alterada. Para mi propia sorpresa tampoco hacia ademán de enojarse por los susurros de las personas que pasabámos en los corredores.
Yo podía escuchar cualquier cosa a kilómetros pero estaba segura de que Lena también estaba al tanto de los «¿esas dos juntas?», «desde cuando pasa tiempo con Lena Luthor esa... Olvidé su nombre» y «pobre de ella, siento pena». La que sentía pura rabia era yo. Tenía ganas de darme vuelta y hacerle entender a cada uno que todo lo que decían eran puras estupideces.
Al momento en que Mackenzie apareció en una esquina y nos miró tuve la clara certeza de que algo diría. Pero no. Solo me observó inexpresiva, bajó la vista a su celular y se perdió en su habitación.
—¿Por qué Mackenzie te tiene tanto miedo? No estoy segura de que es porque seas una Luthor. —pregunté ya una vez salimos de la universidad. Era más que claro que la peliroja estaba aterrada hasta de su sombra. Lena sonrió mirando al frente.
—No me creerías si te lo dijera.
—Vamos, cuéntame. Cada vez que te acercas está al borde de hacerse encima.
—Mackenzie tenía una ligera obsesión conmigo.
—¿Qué?
—No está únicamente interesada en el sexo opuesto, ¿sabes? Al menos no antes, ahora no lo sé, sus preferencias sexuales no me incumben.
—Me cuesta imaginarla justo a ella de esa manera —fruncí el ceño pensativa. Mackenzie interesada en mujeres era algo de lo más bizarro teniendo en cuenta que se le pasaba criticando a todas las chicas que miraba.
—Fue hace tiempo ya, cuando llegué a esta universidad. No era como es ahora pero tampoco es que fuera la reencarnación de la santa virgen. Era un poco menos... Odiosa y de alguna manera terminé un día en la biblioteca hablando con ella, una cosa llevó a la otra y tuve la estúpida idea de besarla.
Cruzamos la avenida que nos separaba de la universidad y la miré sin creermelo. No supe si me aterraba más pensar en Lena besando a Mackenzie o en la peliroja en una biblioteca. Sin embargo, Lena continuó.
—No me mires así, estaba finalmente experimentando a mi antojo y sin restricciones y ella solo estaba ahí, además le daba poca importancia a con quién me relacionaba. Nuestra corta aventura acabó en cuestión de días. Yo me aburrí de sus actitudes y se lo dije, no tenía intención de tener algo serio o fingir que me gustaba cuando no era así.
—Supongo que ella no estuvo muy contenta con eso.
—Al decirle fue bastante comprensiva y se mostró madura, en serio pensé que iba a tener suerte pero estaba equivocada. Me seguía por los pasillos con la esperanza de que le de algo de mi tiempo y pues yo solo me negaba, tenía mis propios problemas comenzando a aparecer —se puso las manos en la chaqueta y me miró cuando nos detuvimos en el semáforo. —Mackenzie tenía esta tonta ilusión de que yo estaba enamorada de ella cuando en realidad nunca despertó nada en mí.
Me gustó escuchar lo último, aunque no se lo iba a decir, disfrutaba de saber que Mackenzie no había tenido la posibilidad de ser algo más en la vida de Lena. Pero a la vez me sentí incómoda por gozar de sus desgracias.
—¿Qué ocurrió después?
—Estaba realmente harta de ella, no dejaba de enviarme mensajes y se disculpaba por cosas que no había hecho solo para hacerme sentir mal. Era un dolor de cabeza. Entonces la confronté. Le aclaré todo lo que sentía con respecto a ella, lo mucho que me cansaba que fuera así y que jamás me había gustado. Aunque claro en ese tiempo yo era un poco más, cómo decirlo... Salvaje en lo que a tener suavidad con las palabras respecta. En resumen fui una mierda y le rompí el corazón.
—Es raro imaginar a Mackenzie con el corazón roto —repliqué viendo el suelo, todas esas revelaciones me comenzaban a hacer sentir algo de pena por ella.
—No te preocupes, no le duró mucho. A la semana se transformó en la Mackenzie que todos conocemos y cuando se hizo de amistades suficientes corrió el rumor de que yo la había obligado a tener sexo conmigo y que conocía todos los negocios que me tenía entre manos yo y mi familia.
Si había sentido algo de lástima por Mackenzie, el sentimiento se había evaporado tan rápido como llegó. Maldita.
—¿Todo porque la rechazaste?
—Algunas personas se ciegan tanto con lo que desearían tener que olvidan la realidad hasta que un día los golpea. Mackenzie era tonta e ingenua y no supo entender lo que pasaba hasta que la llevé al límite —me di cuenta que estábamos acercándonos a la cafetería, pero Lena siguió con la misma calma. —Y tuve que llevarla al límite. Como dije, antes no era como soy ahora, estaba demasiado harta de ella y tuve que ponerle las cosas claras una vez que los rumores comenzaron a molestarme. En otra situación, en este tiempo, no me importa lo que digan, pero antes eran demasiadas estupideces las que escuchar. Así que tuve que hacer honor de mi apellido, no es que esté orgullosa, pero se asustó tanto por como... —se pausó un momento, como si buscara otra manera de decirlo. —No es como si la hubiera amenazado de muerte pero sirvió para que me dejara en paz.
—Nunca me hubiera imaginado todo eso.
—Mackenzie es una de las razones por las que media universidad no se me acerca y la otra mitad me teme así que no me arrepiento de hacerlo.
A solo una calle ninguna de las dos volvió a hablar. Yo procesaba todo lo que me había contado en silencio cuando me encontré de pronto con el cartel de Morrigan's sobre nuestras cabezas.
—Llegamos.
—¿Todavía quieres que entre? —preguntó a un metro de mí.
—Claro que quiero, ¿por qué no? Ven, entremos.
—Okay —dijo en voz baja.
Elizabeth no estaba en la barra y las pocas meseras estaban atendiendo a varios clientes, ninguna me miró pero cuando Lena se sentó en una de las mesas y me giré, Roy, el de la caja, me miraba fijamente. El chico no ocultaba su disgusto cada vez que tenía oportunidad de verme pero ahora solo me observaba con atención.
—Voy a cambiarme y te hago algo —le informé. Rozé apenas el dorso de su mano con el dedo y me alejé.
Nadie me dijo nada mientras pasaba por la barra y caminé hasta el pasillo, al menos era una buena señal, ¿no? Tardé más de lo normal en vestirme y culpé a mis nervios por la torpeza que tener que hablar con mi jefa me estaba causando.
Pude salir del cuarto y desde el otro extremo del pasillo en donde estaba pude ver a Lena, en la barra, y nada más y nada menos que hablando con Elizabeth. Más por curiosidad que por saber lo que yo misma haría me fui acercando, Lena miró sobre el hombro de mi jefa y se encontró con mi cara de confusión. Solamente sonrió y le dijo algo que no llegué a entender antes de volver a su mesa.
—Eh, Elizabeth.
—Eh, Kara —dijo en modo de burla y me contempló expectante.
—Lo siento mucho por, yo... Estuve con un problema y la hora se me pasó un poco y...
—Sí, tu amiga ya me explicó todo. No te atragantes con las palabras.
—¿Lo hizo? —miré a Lena quién estaba con la vista en la calle. Volví a ver a Elizabeth y con nerviosismo puse mis gafas en su lugar. Pese a todo mi jefa no daba señales de que estuviera a punto a gritarme. —Lo siento, no volveré a llegar tarde.
Elizabeth no respondió pero el exagerado suspiro de Roy del otro lado se escuchó bastante alto y molesto. Me volví a disculpar con ella y comencé a hacer algunos pedidos en la cocina, antes echándole un último vistazo a Lena. ¿Qué le había dicho a Elizabeth para que ni siquiera estuviera con una pizca de enojo? De todos modos en algún momento se lo agradecería.
Vaya caja de sorpresas era Lena.
Cause I got issues
but you got 'emtoo
sogive 'emall tome
and I'll give mine toyou.
Una vez terminó de comer me acerqué a su mesa. No había podido apartar la mirada y no pasaban cinco minutos que ya me aseguraba que Lena estuviera todavía ahí. Se limpió la boca y alzó la cabeza, sonriendo por primera vez, había comido en total seriedad y sin apartar los ojos de su celular.
—Definitivamente esto está mejor que el café.
—Sabía que te gustaría —una mesera pasó por mi lado sin ocultar su interés en nuestra conversación. Me di vuelta un momento para encontrarme con Elizabeth sentada en la barra bebiendo su café, levantó la mirada inexpresiva en nuestra dirección y me volví a Lena. —¿Puedo saber qué le dijiste a mi jefa para que no me gritara diez idiomas diferentes?
—Solo conversé con ella.
—¿Solo eso?
—Le dije que habías tenido un problema con tus medicamentos y despertaste tarde, ¿en teoría fue así, no?
—Um... En teoría me quedé dormida. Y contigo —sonrió y sin quererlo permanecí contemplando sus labios.
—¿Acaso quieres besar a tu compañera de cuarto, Kara? —Lena entrecerró los ojos como si estuviera viendo a través de mí. Seguramente ya me había sonrojado.
—Si medio personal no me estuviera mirando ahora mismo te aseguro que lo haría.
—No debería importarte el personal.
—Y no me importan —dije haciendo de cuenta que buscaba cambio en los bolsillos. —Me importas tú, y si tenemos que mantener esto en secreto dudo que besarte en plena cafetería sea la idea más acertada.
—Lo sé, pero ahora yo también quiero hacerlo.
—Tres y dos... Cinco con veinte, muchas gracias —dije alzando la voz cuando Bethany levantó los restos de la mesa de en frente. Al entregarle el dinero mis dedos acariciaron la palma de su mano y apenas por un fugaz segundo me permití tocarla.
—¿Me dices dónde está el baño?
—Dobla ahí y en la primera puerta.
Lena asintió y se levantó. Sentí su perfume al irse y comencé a juntar las cosas. Estaba por volver a la barra cuando Bethany me dió un codazo en el estómago.
—Kara, ¡Kara!
—¿Qué pasa? —me quejé en su dirección.
—Tu admirador.
—¿Mi quién? —miró hacia la puerta donde Mike entraba con su casco y soltó una risita. —Él no es mi...
—Hey, Kara.
Mike había observado toda la cafetería como si buscase algo y al parecer lo había encontrado, o a mí, como sea. Me alejé de Bethany y su expresión de lo más tonta y fui hasta Mike.
—Que bueno es verte aquí otra vez, no se sentía para nada como siempre.
—Mike, ni siquiera llevo una semana aquí —besé su mejilla y puse mis gafas en su sitio cuando estas resbalaron.
—El tiempo solo es cuestión de perspectiva.
—¿Venías a comer algo o solo te pasabas?
—Tenía la esperanza de verte —me enseñó su sonrisa más perfecta a la vez que se ponía las manos en los bolsillos del vaquero. Era probable que hubiera enamorado a muchas con esa pose y bueno, todo él. Su comentario sin embargo me hizo confundir un poco. —Y claro, comer algo.
—Mejor ve a sentarte, pronto iré a atenderte.
Mi intento de apurar la conversación apareció cuando Lena salió del baño y con su más gélida manera de mirar, reparó en Mike. Tenía todo un don para estas cosas. Me hacía acordar a esos documentales donde el asesino está a punto de cometer un crimen y solo espera el momento justo. Por el bien de mi empleo llevé las cosas a la barra y volví para tomarle el pedido a Mike, por el rabillo del ojo ví a Lena acercarse, pero lo más probable era que siguiera de largo hacia la salida.
Pero cambiando todas mis expectativas la pude sentir cuando llegó hasta mis espaldas y se detuvo un momento, no tuve que girarme para saber que su boca estaba cerca de mi oído. Su voz no tenía ninguna emoción en particular pero su tono bastó para querer ir tras ella y olvidarme del empleo, de Elizabeth, Mike y cualquiera que no fuera Lena.
—Te espero en mi habitación esta noche.
Hice un esfuerzo divino para no mirarla salir y mantener la cara fija en mi bloc de notas.
—¿Sigues ahí, Kara?
—Eh... Sí, ¿Solo huevos revueltos?
—Esa que acaba de irse, ¿no es tu compañera de cuarto?
—Sí, Lena —Mike la siguió con la mirada una vez ella ya estuvo afuera, por primera vez desde que lo conocía se notaba suspicaz y un tanto desconfiado. Pero no tardó mucho para que sonriera divertido.
—¿Y tiene novio?
—¿Perdona?
Tenía una paciencia de oro pero esto era el colmo, ¿estaba interesada en ella? Vaya tipo. Había sido muy obvia y ni había ocultado mi molestia, Mike seguramente lo había interpretado a la inversa.
—No te pongas celosa, Kara. Es curiosidad, conozco a un buen amigo que tiene justo ese tipo de mujer en mente. Hermosa y totalmente sexy. Podría darle su número —esto ya iba de mal en peor. Apenas podía verlo a la cara.
—Lena tiene mejores atributos más allá de lo físico, ¿quieres algo más o puedo seguir trabajando?
—Eh, espera, lo siento. No sabía que te molestaba tanto, además solo la elogiaba —esa ligera sonrisa que usó para apaciguar la situación solo la empeoró.
—Elogiale el cerebro o la personalidad si quieres, no el físico.
—¿Qué? Oye, ¿a dónde vas? ¡Kara!
Escuché sus gritos a mis espaldas pero poco me importó. Le pasé las notas a la primer camarera que me encontré y decidí mejor ponerme a limpiar otras mesas. Mike me había parecido un buen tipo desde el principio, tan risueño y amable, cariñoso inclusive. Pero me bastó un minuto de él hablando sobre Lena como si lo único que importaran fueran las curvas de su trasero para no querer escucharlo más. Si eso era lo único que tenía en su mente entonces no me interesaba.
Mientras organizaba los vasos tuve la impresión de que todo ese tema de que tantos pudieran desearla me comenzaba a fastidiar. No es que siempre hubiera sido celosa con las pocas personas con las que salí, no me importaban esas cosas, al menos no hasta ahora que la idea se había formado en mi mente. Pero como eso no era lo único, aquello desencadenó a otra cosa y algo mucho peor me hizo apretar los dientes.
Que tuviéramos algo no quería decir que lo demás se hubiera esfumado. Lena seguía bajo el control de su padre. Eso implicaba que ella tuviera que actuar su parte en los negocios que el quisiera apurar. Era un maldito enfermo.
—¿Te sientes bien? —dijo una camamera que no había visto acercarse mientras ponía una mano en mi hombro. Nicole creo que era.
—Sí, solo estaba... Iré al baño un momento.
—Yo te cubro —Nicole me guiñó el ojo y forzé una sonrisa agradecida.
Me metí en uno de los cubículos, bajé la tapa del retrete y me senté. No es que hubiera sido algo que no supiera, como si la sola imagen de Lena en ese estúpido hotel no se hubiera repetido en mi cabeza tantas veces. ¿Pero qué iba a decirle? ¿Qué pensar en alguien tocándola como quisiera me ponía los nervios de punta?
Habíamos ido muy rápido sin tener en cuenta las consecuencias y así de rápido todo estaba claro, claro y muy confuso. Quería estar con ella pero sabía lo mucho que iba a detestar el momento en que tuviera que irse a cumplir los pedidos de su padre.
Para despejar mi mente trabajé incansablemente, tenía las energías, lo único que necesitaba era sacarme los malos pensamientos de la cabeza. Y en cierta manera lo logré. Cada cliente que llegaba no tardaba en ser atendido, cualquier tarea que nadie más quería hacer yo la terminaba en minutos. Me quedé incluso una hora extra para ayudar con la limpieza del almacén.
Aunque tenía que irme no quería que aquellos pensamientos volvieran así que apenas llegar a la universidad me fui derecho y hasta la oficina de orientación. Me asustaba estar más activa que de costumbre pero de alguna manera tenía que sobrellevar todas estas recientes emociones.
—¿Puedo ayudarte? —la consejera detrás del escritorio tenía las gafas cuadradas cayendole por la nariz, bolsas grandes bajos los ojos y el cabello, de un rubio opaco, peinado de manera extraña. Aunque estaba sentada y no viera más que su vestido a lunares supe que era de baja estatura.
—Quiero salirme de una de mis carreras —me quedó viendo un segundo con vacilación pero su cara de amargura siguió igual que antes mientras pasaba las uñas largas y pintadas por una pila de hojas.
—¿Cuál carrera?
—Biología.
—Llena esta forma y esta también —miré el par de formularios y me volví de nuevo a la mujer.
—También gustaría inscribirme en el equipo de atletismo.
—Entonces —se subió los lentes y con suma lentitud sacó una planilla más. —Ve con eso a presentarte en el campo detrás del de fútbol y entregale eso a la profesora. ¿Algo más?
—No, es todo. Muchas gracias.
—Si vas ahora quizás la encuentres antes de que se vaya.
—Creí que habían cancelado las clases.
—La plaga está en los salones no afuera —respondió como si fuera lo más obvio.
—Oh, ya.
Apenas tuve tiempo de cambiarme en mi habitación con algo más adecuado y llenar la forma con no sé cuantos datos que ya me apresuraba a salir. Tal y como la adorable señora me había dicho, en el lugar había una mujer dictando instrucciones a varios alumnos, mujeres y hombres, para que calentaran. Imaginé que sería ella la profesora.
—Lamento interrumpir.
—¿Tú eres?
—Soy Kara Danvers, vengo de la oficina de orientación y eh... quiero inscribirme.
—¿Estás segura de que aquí es donde tenías que venir? —dijo alguien detrás de mí pero no hice caso. —Mira lo escualida que es, se va a romper apenas corra.
—Silencio, señor Keller. ¿Danvers, no? ¿Qué tal si me enseñas lo que puedes hacer en esa pista?
—¿... Ahora?
—Ni modo que a las tres de la mañana.
—Vayase de aquí, Keller —replicó la mujer alzando la voz sin apartar la mirada de mi formulario.
—¡Pero profesora!
—Si no se retira de mi clase en cinco segundos está suspendido.
Escuché algunas maldiciones y quejas pero al final se fue. Me giré un instante para ver a los demás, la mayoría estaban sentados en el pasto viéndome inexpresivos o aburridos, todos parecían estar en perfecta forma. En verdad yo era la única que tenía dos palos y dos escarbadientes como piernas y brazos.
—¿Y bien, Danvers?
—¿Solo debo correr ahí?
—Tienes sesenta segundos, veamos cuantas vueltas haces y te consideraré.
Me dirigí a la línea que marcaba el principio de la pista. Era enorme y circular, podía correr más de cien veces en un solo minuto pero eso no sería muy prudente. Esta era una buena manera de comenzar a controlar mis fuerzas y mi velocidad, hacer que mis poderes estuvieran a mi disposición y no al revés. Lo único que esperaba era no superar el límite de lo normal y delatarme frente a todos ellos.
La profesora me indicó como posicionarme y puso su cronómetro en cero. En mi mente aparecieron recuerdos de Midvale, corriendo por campos gigantes, saltando y volando. Esa sensación de pura libertad la sentía en los pies, vibrando por salir al fin después de tanto. Pero calmé mi emoción, busqué bajar la adrenalina, y cuando el silbato sonó comencé a correr.
Al principio yo misma supe que me había pasado pero me contuve al instante, un momento en especial se ubicó en mi cabeza y la imaginé a Alex, corriendo detrás de mí en nuestro patio trasero. Nunca me podía alcanzar, por supuesto, pero aunque llegara a su límite no se detenía. Así que igualé esa velocidad, hice que mis piernas tomaran un ritmo lento a lo que estaba acostumbrada y me permití sentir el aire fresco.
No sé cuantas veces corrí por esa pista ni la cantidad de vueltas que conseguí hacer pero sé que cuando el pitido del silbato me detuvo y miré a la profesora y los demás, sin siquiera haberme cansado, todos estaban estupefactos y con la boca abierta.
—Nueve vueltas —dijo la profesora viendo de nuevo mi hoja. —Ha sido un récord.
—¿Qué comes, chica? —gritó una con pecas por toda la piel, algunos hablaban entre ellos y asentían algo asombrados. Solo sonreí y bajé la vista.
—Lo has hecho muy bien, Danvers, estoy sorprendida y yo no soy fácil de sorprender —su seriedad fue interrumpida por una sonrisa mientras me estiraba la mano, yo la tomé. —Bienvenida al equipo de atletismo, soy la entrenadora Stone, te haré llegar los horarios en los próximos días. Pero quédate aquí por hoy así aprendes la rutina de calentamiento.
Era bastante joven, creo que no pasaría de los treinta. Era de piel morena y ojos color miel. Tenía colgado el cronómetro al cuello y una camiseta gris, el cabello atado en una cola y una gorra roja con las palabras Liberty Lions en ella. El nombre de el equipo de deportes de la universidad. Miró el reloj en su muñeca y dijo algo a los demás que no presté atención del todo.
Mis ojos se habían desviado a una persona en las gradas detrás de la entrenadora Stone. Sentada con un libro en las manos estaba Lena mirándome con una sonrisa. Si es que había tenido alguna duda antes, por el momento no existía otra cosa más que ella. Su grande y hermosa sonrisa me hizo sonreír también como una tonta.
Desde el otro lado asintió con la cabeza como si me felicitara. ¿Me había estado viendo?
Aparté la vista con vergüenza. Lena siempre me causaría esa sensación de emoción y ansiedad que ella misma sabía curar. Me ponía nerviosa en segundos y bastaba una palabra o en este caso una mirada de aliento para ponerme todo de cabeza.
Pensaríamos en lo demás en otro momento.
Puse mis gafas en su sitio solo por costumbre y me dejé llevar por la emoción. Les había demostrado que podía, con cierta trampa quizás, pero si tenía mis poderes los iba a aprovechar. Además necesitaba despejar mi mente y si no volaba, pues correría.
Dirigí mi atención a Lena un segundo más y como si lo hubiera percibido ella también levantó sus ojos del libro y me sonrió de tal forma que sacudió todo en mí.
Me gustaba tanto.
Me gustaba tanto que nunca me hubiera imaginado todo lo que ocurriría.
You give me a meaning
something I can breathe in
I know , I know , I know
It's a bittersweet feeling
longing and I'm leaving
I go , I go , I go .
Había pasado gran parte de la tarde en la pista de atletismo corriendo incluso mucho después de que esta quedara vacía. Resistí, para mi propia sorpresa, las ganas de ir hacia Lena una vez la clase había terminado. La vería por la noche. Mientras corría había decidido que tenía que probar los límites, ver hasta qué punto podía estar sin ella, sabía lo catastrófico que sería si terminaba enamorándome de ella y acababa rompiéndome el corazón.
Pero seguro que decirlo es mucho más fácil que ponerlo en práctica. Lena había estado leyendo en las gradas al menos por una hora, también había seguido ahí cuando todos se fueron. Era difícil no mirarla o querer buscar sus ojos desde el otro lado. Creo que el par de veces en que levanté la vista hacia ella apenas había cambiado de posición pero siempre enfrascada en su lectura.
¿Qué leía para ni siquiera alzar la cabeza en mi dirección? Atención, yo quería nuevamente su atención, ser lo único que mirara. Maldito libro y maldito el autor también.
Negué con la cabeza con las estupideces que mi mente creaba. Hasta hace apenas tres vueltas atrás estaba queriendo ir con cuidado con respecto a lo que Lena causaba en mí. Pero me ignoraba sin intención de percatarse de mi existencia y eso me provocaba querer ir y besarla sobre las escaleras si era necesario.
Troté con más lentitud un par de vueltas más y me detuve sabiendo que había sobrepasado la barrera de lo humanamente posible corriendo por una hora sin detenerme ni beber agua. Pero actué para el público invisible, coloqué con dolor una mano en mi cintura, y fui hasta la botella de agua tirada en el pasto todo de espaldas a Lena. Ni modo, seguramente seguía leyendo su tonto libro.
El celular me sonó en el bolsillo trasero y bebí otro sorbo de agua antes de acercar mi mano al teléfono. Mirando el cielo noté que estaba de hecho más oscuro que una hora atrás. Rhode Island tenía los climas más extraños.
Tenía mi mano sobre el celular cuando alguien puso la mano en mi muñeca e impidió que lo sacara. Al principio me sentí un tanto desconcertada pero su olor llegó hasta mi nariz. Maldito aroma perfecto. Unos dedos largos jugaron con la palma de mi mano y subieron hasta la piel del antebrazo como si escribieran.
Con algo de nerviosismo miré al frente y a la universidad. No habían tantos alumnos pero los pocos que caminaban apurados no se percataban de mi situación ni se giraban a observar este sector.
—Creí que tu libro era más interesante.
—¿Estás celosa de mi libro?
—Eso quisieras.
—Estabas tan concentrada en correr que no quise detenerte. —No me había girado a mirarla y para ser honesta no tenía fuerzas para hacerlo. Las caricias de sus dedos en mi brazo eran suficientes para confundir los pensamientos que me volaban por la mente. Cuando inclinó su cabeza hasta mi oído sentí la vibración ronca, suave y profunda de su voz erizarme los vellos de la nuca. —Aunque no fue tan grande el castigo... Tienes muy buena resistencia.
—Estás arruinando mi plan de controlar mis impulsos.
—¿Llevamos unas veinte horas saliendo y ya te controlas? —no fue una acusación, al contrario la escuché reírse y bajar la cabeza unos centímetros. Los labios entreabiertos rozaron mi piel y por instinto moví el cuello para darle lugar.
—No exactamente, pero... Oh.
—Tengo la leve sospecha de que no estamos siendo muy precavidas con esto de mantenerlo en secreto —replicó besando otra vez el mismo sitio.
Con todo el esfuerzo del universo me separé de Lena y me di vuelta para verla. Me observaba con una ferocidad hambrienta por lo que incluso respirar se sintió como una tarea de pura complejidad. Tenía el corazón latiéndome un tanto irregular, temía ya que ella pudiera escucharlo también si me acercaba demasiado. Por mi propio bien me quedé de pie a un metro de ella.
No sé si sacar mi celular fue una táctica inconsciente para buscar algo de valentía o una distracción de aquellos ojos verdes pero hasta esos movimientos se me hicieron torpes. Ví que en la pantalla principal había un mensaje de Excalibur pero preferí no abrirlo ahora.
—¿Sigue en pie lo de tu habitación esta noche?
—Veo que no lo has olvidado —dijo mirando sus botas, por primera vez en el día su seguridad de siempre fue opacada por la timidez.
—No es como si eso fuera lo único en lo que he pensado en todo el día, no claro que no —Lena sonrió.
—Debería irme antes de que alguien nos vea.
—Deberías —repetí contemplando sus labios. Había pasado mucho sin besarlos. —Pero sería un milagro que nadie lo haya hecho ya con toda esta... Pequeña escena anterior.
—No puedo resistir a tus encantos, bebé.
—Y eso que aún no los conoces todos —sentencié con atrevimiento. Lena frunció el ceño con diversión en los ojos.
—No es buena idea que metas esas ideas en mi cabeza tan pronto, Kara, realmente estoy intentando no... —se detuvo de repente mirándome sin parpadear.
—¿Qué estás intentando, Lena? —pregunté con inocencia. Ella solo se mordió el labio inferior como si sopesara lo que iba a decir pero al rato negó.
—Me iré a estudiar.
—¿Sabes que todavía no sé qué demonios estudias, no?
—Otras de nuestras tantas incógnitas que resolveremos esta noche. Mientras tanto déjame probar si puedo vivir sin ti las próximas horas. En caso de que esté en extrema necesidad de ti, te prometo que te buscaré.
Lena comenzó a alejarse hacia la universidad pero se detuvo a un par de metros y lentamente se giró a mirarme otra vez como si hubiera olvidado algo. Yo la observé expectante.
—¿Si?
—Estoy muriendo por las ganas de besarte.
Su comentario por supuesto se sintió como un bombardeo en el estómago, todas esas mariposas malditas se extendieron por todo mi ser. Pero a la vez la manera en que Lena se había cruzado de brazos y tenía una mano en la barbilla y me escudriñaba como si pensara en las posibilidades o buscara una respuesta correcta a alguna pregunta desconocida me hizo sonreír.
—¿Te burlas de mí, Kara?
—Oh, claro que no.
—¡Te estás riendo!
—Solo me causa un poco el hecho de que estés tan perturbada por no poder besarme.
—Eres toda una... —bufó y levanté una ceja. Comenzó a asentir para sí misma y sonrió con satisfacción. —Tú solo espera a que sea de noche.
—Pues claro que esperaré. Soy muy paciente.
Sonreí mostrando todos los dientes y Lena, luego de una mueca de burla y casi una sonrisa, finalmente se fue. La miré perderse entre los árboles del campus y girar hacia la universidad. La realidad era que yo también estaba muriendo por besarla, tenía ese deseo salvaje de ir tras ella y sentir sus manos en mi cuerpo mientras me permitía besarla como se debía.
Esos pensamientos solo me hicieron avergonzarme. Estaba yéndome por las ramas con las cosas que quería hacer con y a Lena, resulta que es complicado ignorar tus sentimientos una vez que los aceptas, te nublan la conciencia y el juicio.
Jugar con Lena era territorio peligroso. Sabía que comportarme como si no quisiera ir corriendo a buscarla y calmar la ansiedad que me invadía desde que no probaba sus labios esta mañana no era nada bueno. Lena me superaba y con creces en todo el tema de la seducción, vaya que lo sabía, apenas me miraba y estaba derretida en el suelo.
Tenía la certeza de que se pagaría mi atrevimiento esta noche, de alguna manera me haría pagar por desafiarla y yo estaba más que encantada de hacerlo. Descubrí al segundo que quería y deseaba estar bajo su control. No sé si fueron los pensamientos lascivos que me oscurecian la conciencia pero no me interesaba tanto a estas alturas mis últimas preocupaciones.
Claro que no se borraban con solo querer estar con ella pero hice a un costado mis miedos y me dejé llevar por las ganas de saber lo que ocurriría más tarde. Al menos por lo que quedaba del día me iba a relajar.
Cuarenta minutos después llegando a mi habitación unos tipos de negro, como los que habían venido la otra vez, salían de la habitación y al instante me alarmé. Quise ver el interior del cuarto pero mis gafas seguían siendo un problema al momento de usar la visión de rayos, bloqueaban por completo cualquier intento de ver a través de cualquier cosa. Por lo que pasé a los tipos con toda la calma que conseguí y me apresuré a entrar con el corazón por la garganta.
Lena no estaba dentro, ni en su habitación, ni tampoco en el baño. Maggie tampoco había llegado pero sobre la cama de Lena había una maleta gris. La observé recelosa y me acerqué. Si es que la rabia se había disipado un poco antes ahora ya había vuelto y mucho peor.
Saber lo que su padre le hacía era una cosa. Pero ver con mis propios ojos como sucedían las pequeñas cosas que llevarían a esos momentos... Me irritaba. Supuse que esto era lo usual. ¿Cuántas maletas así habría recibido? No tuve que abrirla para saber lo que contenía. Si me ponía a mirar el vestido con el que Lena tendría que someterse, obligada a algo que no quería, terminaría rompiéndolo en pedazos, destrozaría todo lo que tuviera que ver con él sin parpadear.
Tenía los poderes, los tenía, podía desaparecer sus problemas en segundos y ella sería feliz, ¿pero a qué precio? Yo sabía que no podía destruir a nadie por más desagradable ser humano que fuera. No era como había sido educada, no era lo que mi madre hubiera aprobado si supiera en lo que me convertí. Pensaba en mi madre verdadera, en mis días en Krypton y todo lo que ella me había enseñado. Era una niña pero la sola idea de hacerle daño a otra persona estando conciente de ello siempre me asustaba. Más ahora que ese tipo de cosas las soñaba a menudo, poderes que no podía controlar y muchas personas lastimadas por mi culpa.
A pesar de la ira, tenía miedo por lo que pasaría cuando Lena se pusiera ese vestido y se fuera sin más por la puerta, pese al enojo y lo fastidioso que todo era, Lena me preocupaba más que mis estúpidos sentimientos.
Una voz en la puerta me sobresaltó.
—¿Lena se muda o qué?
—Joder, Maggie, me asustaste —me apuré a salir y cerrar a mis espaldas, lo que menos necesitaba era que Maggie se pusiera a preguntar lo que tenía la condenada maleta. —No. Solo es algo de su padre creo.
—¿Qué hacías en su cuarto a todo esto? ¿Pudiste hablar con ella? Cuéntame, dime todo, me mata la curiosidad.
—Maggie, cálmate, parece que vas a estallar.
Y en parte era así. Cuando Maggie Sawyer se emocionaba tenía ese brillo tonto e infantil en los ojos, tal y como si esperara un dulce o el regalo de navidad.
—No me puedes culpar por querer saber sobre mi ship favorito.
—¿Tú qué cosa? —fruncí el ceño y le quitó importancia moviendo la mano en el aire.
—Nada, nada, ya dime qué pasó.
Estaba en un problema. Si le decía a Maggie lo que tenía con Lena eso significaría romper el trato que habíamos hecho. Tenía que seguir siendo un secreto pero también tenía la seguridad de que si le mentía a Maggie y le hacía creer que no me había atrevido a hablarle, ella haría todo lo posible para que lo hiciera, incluso frente a ella. Sería un real dolor de cabeza. Suspiré rascándome la cabeza.
—Primero tengo que bañarme, ¿si? Prometo que te contaré luego de ducharme.
—Te tomo la palabra, rubia.
Mi cuerpo tenía cierta tensión pero el agua ayudaba y mucho. Aclaraba mis ideas y me dejaba pensar con un poco más de claridad. Lo malo es que cuando terminé y estuve lista para contarle a Maggie todo se puso de cabeza.
Propiamente dicho todo se fue a la mierda.
Me encontré a Lena justo cuando entraba por la puerta. Maggie salía de la cocina y todo se puso bastante extraño entre las tres. Lena me miraba confundida por la forma en que Maggie sonreía como si supiera algo en especial. Ni siquiera le había dicho nada todavía y ya había metido la pata. Lena no dijo nada pero fue hasta su habitación. Al quedar la puerta abierta y estar yo en frente ví como se quedó de pie mirando la maleta, aunque no veía su reacción podía imaginar lo que sentía.
Estuve casi a punto de ir hacia ella sin importarme lo que pensara Maggie cuando en la puerta sonaron un par de golpes. Me quedé estática pensando en que podían ser ellos de vuelta y al parecer Lena creyó lo mismo porque se giró a verme. Cientos de emociones que rondaban la confusión me llenaron cuando Maggie abrió la puerta y vi quienes eran.
—¿Lena Luthor reside aquí?
—Eh, ¿sí?
—Tenemos orden de allanamiento.
La cara de Lena era de puro desconcierto. Seguía en su habitación pero aunque los policías hubieran dicho su nombre ella no parecía poder moverse. Opté por ir hacia los uniformados y tratar de entender algo de lo que sucedía.
—Lo siento, ¿qué ocurre?
—¿Usted es Lena Luthor?
—No, pero...
—Esta es la orden firmada, si nos dejan pasar será todo mucho más fácil. Lo mejor es que cooperen —habían al menos cuatro policías en el pasillo contando al que nos hablaba. Éste le entregó una hoja a Maggie que no me molesté en mirar. No podía comprender.
—¿Puede decirme qué pasa?
—Hay una denuncia por lavado de dinero y contrabando de droga. Tenemos que revisar el lugar.
—Aquí no...
—Adelante —dijo el policía a sus compañeros. Nos apartamos extrañadas. Lena salió al fin de su habitación y me miró directamente, inexpresiva, pero yo conocía el esfuerzo que hacía para que sus emociones no salieran a la luz. O eso quería creer. El hombre se acercó a ella en dos pasos. —¿Lena Luthor?
—Sí, soy yo.
—¿Esa es su habitación? —Lena asintió y dos policías entraron.
—No he hecho nada de lo que dicen, no entiendo qué ocurre.
—Lo sabremos pronto.
—En mi cuarto no hay nada —añadió ahora molesta.
Contemplé con miedo como ponía la mano en su cintura en busca de las esposas y quise acercarme pero Maggie me sostuvo del brazo.
—Señor —un policía más joven salió al cabo de unos segundos con la maleta que había visto antes. La abrió y la sostuvo en el aire. Me sentí a punto de desmayar. Cuando Lena observó el contenido quedó de piedra, lo primero que hizo fue volver la vista a mí, negando con la cabeza.
No es que tuvieras que ser alguien muy especializado para saber que las bolsas pequeñas y bien organizadas una al lado de la otra eran drogas. Tragué saliva sin poder pensar con claridad. Había estado junto a esa maleta, la había visto frente a mis ojos pensando que había un estúpido vestido. Con dificultad observé a Lena mientras balbuceaba cosas que no entendí.
—Eso no es mío.
—Tendrá que acompañarnos.
—¡Mierda, que no es mío! —gritó empujando al policía. Otros dos levantaron las armas a la altura de su cabeza gritando cosas y se me contrajo el pecho. Intenté ir hacia ella, impedir que le hicieran algo, pero Maggie no me dejaba. No hice caso a lo que me dijo al oído, estaba muy asustada por lo que pudiera ocurrirle a Lena. Estaba sin palabras y una nube oscura me impedía pensar bien.
—Tiene derecho a guardar silencio. Todo lo que diga puede y será usado en su contra en un tribunal. Tiene el derecho de hablar con un abogado. Si no puede pagar uno se le asignará...
La voz del policía parecía lejana. No era posible que esto pasara, Lena no era así, Lena no tenía nada que ver con esto.
Cuando la esposaron y empezaron a llevarla hacia la puerta, una Lena rendida se detuvo a mi lado, se inclinó hasta mi oído y mi corazón latió más que nunca por el ruego de su voz.
—Por lo que más quieras, por favor, no vayas a verme.
No podía calmarme.
Lena había salido esposada como si fuera una criminal pero yo sabía que no era posible. No necesitaba evidencias, Lena era inocente, debía de ser alguna maniobra de su padre pero yo sabía que ella jamás sería parte de algo así.
Había pasado una hora desde que todo quedó en silencio y lo único que abundaba en la sala era yo con mis nervios y Maggie tratando de contenerme. Mis manos temblaban y la cabeza me comenzaba a doler. Me sentía impotente por no poder ayudarla porque sabía que nadie iba a creerle.
Más de una vez permanecí con la vista en la puerta con la tonta esperanza de que ella apareciera de la nada y me dijera que todo era un error, que todo estaba bien y que la habían dejado en paz. Pero era estúpido.
—Kara, tienes que calmarte.
—No me digas que me calme —gruñí uniendo mis manos, mi pie repiqueteaba en el suelo en una secuencia nerviosa. —Ella no ha hecho nada, Maggie, yo lo sé.
—Si tú lo crees entonces yo también, tienes todo mi apoyo. Pero esto no te hace bien, ¿entiendes? Lena va a salir pero tú tienes que pensar en ti. Estuviste casi tres días en cama y apenas te vas recuperando. No puedes ayudarla así —con fastidio me saqué las gafas y froté mis ojos. Los sentía cansados y por demás pesados.
—Ni siquiera quiere que vaya a verla, imagino que su padre... Su padre tiene que ver con todo esto. Él es el culpable. ¿Cómo voy a ayudarla yo si no siquiera puedo ir a ver cómo está?
—Lo resolveremos, buscaremos la manera.
Como si la idea hubiera caído de repente la miré fijamente y me levanté como un resorte del sofá. Busqué mi celular y sin pestañear marqué el número de Alex. Presioné la palma de la mano contra mi frente y respiré hondo.
—¿Kara, a quién llamas?
No respondí. Tan solo me limité a escuchar los pitidos con la poca paciencia que tenía aapunto de estallarme.
—¿Kara? Me sorprende que me llames tan...
—Alex, tienes que ayudarme. Lena está en serios problemas, acaban de llevarla unos policías, le plantaron droga, no...
—Kara, por dios santo, cálmate. ¿Puedes explicarme más lento? Tranquilízate y dime qué ocurrió.
Le conté todo lo que había pasado una hora antes. Le dije que sabía que Lena no era la culpable, le traté de explicar que ella jamás haría algo como esto, que no era como su padre. Cuando terminé Alex se quedó en silencio un minuto.
—No hay nada que yo pueda hacer, Kara, encontraron evidencia en su propia habitación y...
—Alex, no puedes estar hablando en serio. Trabajas en el condenado FBI
—¡Ni siquiera terminé mi entrenamiento! Me quedan meses aún, Kara, escucha...
—Lena es inocente. Esos tipos... Esos trajeron la maleta.
—Entiendo, pero Kara, no van a soltarla como si nada. Si alguien quería que Lena se viera involucrada se lo pensó bien, sabe que no será fácil que salga de la cárcel por más inocente que sea y eso es lo que busca.
—Ya.
—No puedo hacer mucho, de verdad lo haría si pudiera —la voz de Alex sonaba realmente preocupada del otro lado, yo asentí aunque no me viera. Maggie se acercó de pronto, me sacó el aparato de las manos y lo puso en altavoz.
—Eh hola, soy Maggie, no sé si me recuerdas pero tengo una idea.
—¿Una idea?
—¿Crees que si tenemos las pruebas de que no era su maletín la dejen libre?
—¿A qué te refieres?
—Quiero decir... Hay cámaras en todos los pasillos de las habitaciones —Maggie me miró dudosa. —Es posible que haya algo en las grabaciones de seguridad que demuestren que ella no fue. Kara dijo que dos hombres salieron de nuestro cuarto cuando ella llegó, si probamos que traían la maleta quizás podamos ayudar a Lena.
—No lo sé, lo más seguro es que hayan borrado cualquier evidencia en contra de ellos. No son tontos, saben lo que hacen —esta vez fue mi turno de hablar, sintiendo la única oportunidad de hacer algo escaparse de mis manos.
—Alex, es nuestra única oportunidad. Tú solo... Tienes que darme una mano, cualquier cosa sirve, por favor.
Quedamos en completo silencio, expectantes, hasta que Alex suspiró.
—Está bien, pero estaré en problemas si alguien se entera así que hay que hacer esto con cuidado. Lo que necesito que ustedes hagan es revisar las cámaras, ver si las grabaciones siguen ahí, si no están... Pues no puedo ayudar con eso.
—Bien, tenemos a alguien que podría sernos útil. ¿Qué es lo que tú harás?
—No puedo decirlo por teléfono. Kara, ¿recuerdas tu nombre en el radar azul?
—Eh, claro.
—En dos horas hablamos por ahí, espero que consigan algo. Tengo que irme.
Luego de que Alex cortara, Maggie se quedó con una expresión de plena confusión, me coloqué las gafas otra vez y pasé una mano por mi cabello.
—¿De qué radar azul hablaba?
—Es... Una página que creamos hace tiempo por diversión, estábamos experimentando y creamos un sitio web donde podíamos hablar en secreto. Nadie puede rastrearlo y... Pues es lo bastante seguro como para que nadie se entere de nada —Maggie quedó con la boca abierta.
—¿Tu hermana y tú crearon un sitio web?
—Como dije, era divertido y esa fue una noche llena de bebidas energéticas. Ahora vámonos, creo que sabes igual que yo a quién tenemos que visitar.
Rata estaba masticando una porción de pizza cuando nos dejó entrar. Todo seguía igual de desordenado pero no habíamos venido para quejarnos de su decoración así que fuí directo al grano.
—Necesito un enorme favor, de nuevo.
—¿Qué sucede? —bajó las piernas de la mesa y se quitó los audífonos.
—¿Puedes entrar en las cámaras de vigilancia... Otra vez?
—¿De nuevo? —Maggie se acercó.
—Esto es importante, tenemos que saber quién entró a nuestra habitación y pronto, alguien está siendo culpada de un delito que no cometió —me sorprendí por la seguridad de Maggie. Como si en verdad creyera tanto como yo que Lena era inocente. Casi sonreí por tener a alguien como ella en estos momentos, pero me contuve, recordando que mientras más tiempo perdía peor era. Esto era prioridad.
—Las cámaras de vigilancia de los corredores son muy diferentes, cuesta mucho meterse en ese tipo de sistemas, no sé si...
—Winn, esto es en serio —le interrumpió Maggie y oculté mi sorpresa al oír su verdadero nombre. Rata me miró una vez antes de volver a mi amiga y dirigió la vista a una de las computadoras.
—Bien, estas cámaras tienen todo un circuito apartado de las demás. Por alguna razón no son tan fáciles de acceder y vaya que lo he intentado —con Maggie nos miramos mientras él escribía sin parar. Si no lográbamos nada aquí entonces hablar con Alex más tarde sería en vano. Rata le dió una gran mordida a un sándwich y pedacitos de pan cayeron cuando siguió hablando. —Tengo la sospecha de que si la junta directiva quisiera ver alguna de estas cintas no podrían. Es un endemoniado laberinto.
—¿Cuánto crees que te lleve?
—Podría estar aquí horas —replicó, perdido en las pantallas azules llenas de números. Yo no tenía tanto tiempo.
—¿Qué tal en diez minutos? —aventuró Maggie y el tal Winn la miró incrédulo.
—Se trata de una programación que no conozco, contraseñas imposibles de descifrar y una cantidad inhumana de barreras que parecen muros de concreto. ¿Diez minutos? Estás demente.
—Pues tampoco es que sea el pentágono, ¿o no?
Rata puso los ojos en blanco y se separó del teclado un momento, contempló la secuencia que se repetía en una de las computadoras por varios minutos hasta que de repente sus ojos comenzaron a brillar y se inclinó de un salto.
—Eso es, lo tengo.
—¿Qué tienes? —pregunté yendo de él a la computadora y otra vez a él sin entender. Solamente escribía patrones extraños sin parpadear.
—La razón por la que sea tan difícil entrar es que alguien cambió la seguridad y no precisamente desde aquí.
—¿Traduces?
—Miren, ahí —señaló una fecha al costado de la pantalla. La fecha de hoy. —Hoy hace dos horas alguien no perteneciente a la universidad hizo todo un... Un nuevo sistema. Pero pasaron por alto el error de novato, olvidaron el IP. Nadie fuera de la escuela que no sean los directivos puede meterse, es ilegal.
Ignoré el hecho de que Rata se pasara horas dentro de los sistemas informáticos de la universidad y me dediqué solo a escuchar.
—Por lo tanto alguien estaba intentando eliminar o modificar algo, al menos hacer difícil que cualquiera entre a las cámaras y en verdad fue muy bueno. Estaba haciéndolo de la manera equivocada, si esto... —bajó la voz, hablando consigo mismo, rascó su frente y me asusté cuando aplaudió emocionado. —¡Lo tengo!
—¿Pudiste? Mierda, Rata eres un genio —dijo Maggie poniéndose más cerca de la pantalla.
—En los archivos de las cintas no hay absolutamente nada de esta tarde, quiero decir, eliminaron los registros.
—No creo que eso sea prueba suficiente para ayudarla —susurré ya comenzando a sentirme derrotada. Maggie puso una mano en mi hombro en señal de apoyo.
—Lo que no sabe nuestro amigo es que no puedes borrar del todo un cinta reciente. Y... Ahí está.
La cantidad de emociones que me invadieron cuando un video comenzó a reproducirse y vi a los tipos de negro entrar con la maleta me hizo querer saltar de alegría. Al rato en el pasillo me ví a mí misma llegar y a ellos salir, era raro y en extremo extraño saber que había sucedido hace poco más de una hora y yo había sido tan idiota de no ver el contenido de la maleta al menos para asegurarme.
—Dios, creo que te amo —añadió Maggie cuando Rata comenzó a copiar la grabación en un cd. Yo me sentía de la misma manera ahora que mi corazón estaba desbocado en mi pecho.
—No sé qué sacarán de esto pero les deseo suerte y sobretodo tengan mucha precaución. Nadie se toma la molestia de creer todo un sistema imposible de romper por una simple grabación.
—En serio eres mi salvador —dije esta vez. Este chico solo me seguía salvando. No dejé que lo que había pasado la última vez cuando supe dónde estaba Lena y fui a buscarla me afectara, solo me concentré en lo que ahora pasaba.
Llegamos a nuestra habitación rato para encerrarnos de inmediato en mi cuarto. Encendí la portátil con tanto nerviosismo que creí que iba a romperla. Estábamos las dos lado a lado en la cama, la computadora en mi regazo y una Maggie casi tan impaciente como yo, esperando que Alex apareciera pronto.
—Ahora que lo pienso mejor no sé qué tanto podamos hacer con esa cinta —dijo mi amiga mirando el cd frente a nosotras. Maggie no era la única que lo había pensado, yo también había comenzado a creer que no sería de tanta ayuda entregar una grabación de dos hombres solo trayendo un maletín.
—Van a decir que ella los llamó —murmuré abatida. —Dirán que todo eso es de Lena, que esperaba esa maleta. Inventarán lo que sea.
—No nos precipitemos, ¿quieres?
—En serio quiero ir a verla, Maggie.
No respondió pero en la pantalla de la portátil un mensaje apareció con las letras AD2 como remitente.
AD2: dime por favor que estás ahí.
KD2: rao, me estabas matando por la espera, ¿pudiste lograr algo?
AD2: no sé supone que pueda hacerlo pero entré en la base de datos de la comisaría de Rhode Island y Lena en verdad está ahí, pero también ví las causas que tiene en su contra.
KD2: ¿Y, qué encontraste? Ésta es la grabación que obtuvimos del pasillo. No sé en qué puedo servirnos pero no fue ella la que trajo esa maleta, podría ser un comienzo.
Le envié la cinta y nos miramos con Maggie un par de minutos, en sus ojos veía la misma duda que yo tenia ascender. Si no podía hacer nada con esa cinta estaba perdida, ¿cómo iba a sacarla de ahí? Le había dicho que estaría siempre para ella y a la primera cosa desastrosa que ocurría yo no estaba ahí. Me sentía mal por no poder decirle que todo estaría mejor.
AD2: está bien, pero hay algo que tienes que saber.
KD2: comienzas a asustarme.
AD2: la grabación ya no importa ahora, Kara.
KD2: ¿cómo dices?
AD2: no soy la indicada para decirte el porqué, es confidencial.
KD2: no me vengas con esa idiotez, solo dímelo.
AD2: van a condenarla en tres días, hay cosas muy jodidas en sus archivos, hay pruebas de todo tipo. Hay evidencia, Kara. Mucha.
Quedé con los dedos sobre el teclado sin ser capaz de reaccionar. El corazón me latía con fuerza y sentía mi estómago retorcerse como si alguien se estuviera encargando de estrujarlo. Estaba perpleja leyendo una y otra vez las palabras pero cada segundo que pasaba hacía todo más difícil de entender. Tragué saliva, reuní el valor suficiente, y escribí lo primero que pude pensar.
KD2: quiero saber, Alex.
AD2: no solo se trata de droga o lavado de dinero, también hay cargos por contrabando de objetos valuados en millones de dólares. Tiene hojas repletas de denuncias anónimas que afirman y prueban que ella se encargó de todas esas cosas.
KD2: no puede ser verdad.
AD2: no es lo único pero no estoy segura de que deba ser yo la que te diga lo más importante de sus archivos.
KD2: dime y termina con esto.
Sentía la mirada de Maggie quemar en mí, mis ojos ardían pero no quise admitir que eran lágrimas a punto de salir. No iba a llorar por esto, era una mujer fuerte y podía soportar cientos de cosas, iba a manejarlo. Iba a ayudar a Lena.
AD2: aquí dice que intentó suicidarse hace cinco meses, la tacharon de inestable y solo salió de la clínica de rehabilitación porque su padre así lo quiso. Puso una cantidad enorme de dinero para convencer a los médicos de que Lena estaría mejor en su casa y que allí recibiría un tratamiento más adecuado.
AD2: pero lo peor es que fue acusada por el asesinato de su madre, hay personas que dieron testimonio de que Lena les pagó a muchos para plantar una bomba en el avión de Lilian Luthor.
AD2: tiene marcas en su piel, Kara, cortes que ella se hizo. Dudo que crean en su palabra ahora.
AD2: ¿Kara, sigues ahí?
—Kara, no te vayas.
—Quiero un momento a solas. Necesito respirar aire fresco —me había alejado de la portátil tan rápido que casi cae al suelo. Maggie me miraba con miedo.
—No estarás pensando en...
—Dile a mi hermana que estoy bien.
No sé cómo hice para salir por la puerta sin romper nada en el camino pero fue todo un logro. Lo que me había dicho Alex sobre los archivos de Lena me rondaba en la cabeza como cien misiles a punto de explotar.
Cuando estuve fuera de la universidad y observé la luna me sentí del todo agotada. No había tenido ni siquiera un día entero con ella, no había podido besarla una última vez, siquiera había algo con lo que tener esperanzas.
Todo había sucedido muy rápido.
Todo había desaparecido mucho antes de empezar y no sabía cómo arreglarlo.
Pese a todo solo rogué que Lena, donde sea que estuviera, se encontrara bien.
Pero Lena no iba a estar bien. Cualquiera que conociera como chantajear a unos cuantos guardias y supiera la cantidad justa de veneno que poner en su cena estaba a punto de romper el corazón de Kara sin previo aviso.
—No me digas cómo tengo que sentirme.
—Kara, sólo intento ayudarte, no te pongas así.
Becca había llegado esta mañana a pedido de mi hermana para ver si podía ayudarme, al menos un poco, a organizar mis emociones. Desde que Alex me contó sobre los archivos, mis pensamientos, lo que creía cierto y lo que sentía por Lena se había mezclado todo en una burbuja oscura en mi mente.
La noche anterior no había sido mejor. No lograba dormir del todo pero tampoco podía hacer mucho más que pensar en ella. Los ojos verdes aparecían momentáneamente en mi cabeza antes de que algo me despertara y recordara todo. Lena seguía en la cárcel y el tiempo se me acababa.
Pero lo peor fue cuando eran cerca de las cinco de la mañana y entre ideas estúpidas y un gran cansancio mental una odiosa desconfianza comenzó a crecer. Me odié por dudar pero no podía sacarme la sensación del pecho.
¿Qué pasaba si en verdad todo era cierto? Si Lena estaba involucrada a voluntad las cosas serían distintas.
Pero no. Me aseguré a mí misma que Lena era inocente, me repetí que ella regresaría en cualquier momento y me diría que solo había sido una jugada de su padre para asustarla. Había imaginado mil escenarios pero ninguno como lo que me esperaba a la mañana siguiente.
Ahora, volviendo en sí y al presente, observé a Becca quien tenía una clara preocupación en el rostro. Por mi parte la llamada que nos habían hecho quince minutos antes me tenía totalmente perdida. Sentía las lágrimas en mis ojos pero no las podía dejar salir, aún así mis manos temblaban a mis costados y percibía mi estómago como algo duro y pesado. Mientras más pensaba en esa llamada, más difícil se ponía.
Lena había intentado suicidarse anoche en su celda.
Así sin más. No habían armas dijeron, no trató de ahorcarse pero aún así acabó en un hospital. Había querido preguntar pero solo llamaron aquí porque no tenían otro lugar donde contactar a su familia. Mientras mi imaginación volaba de un lado a otro Becca suspiró.
—¿No consideraste la posibilidad de que en verdad lo haya intentado?
—No conoces a Lena.
—¿Y me dices que tú sí luego de dos meses? —le di mi peor mirada sin creer lo que decía. Claro que nadie le creería con todas las causas que le inventaron, sin mencionar que de por sí hay incontables cicatrices en su cuerpo, sería obvio para cualquiera. Lena habría estado mal de la cabeza, dirían. Hizo todo porque está igual de loca que su hermano, dirían.
Lo que ellos no sabían era lo dulce e inteligente que Lena era. No iban jamás a enterarse de lo especial y cariñosa que es por dentro, más allá de las apariencias o su apellido, Lena no tenía ni una gota de maldad. No podía explicar cómo lo sabía pero si iba a ser la última persona en la tierra que creyera en ella entonces haría todo lo posible para demostrarles a todos la verdad.
—Mejor vete, Becca.
—¿Ahora me echas? —el dolor en su voz apenas me importó. No quería hacer esto ahora.
—¿Cómo esperas que actúe? Eres tú la que viene aquí a decirme que quizás no debería estar preocupándome por ella. ¿Todo porque es una Luthor? ¿Porque tú no crees que exista la posibilidad de que sea una trampa? No, perdona, debo ser yo la equivocada —dije con burla. —Lena es diferente y yo confío en ella. Si no te basta entonces te pido que te vayas.
Becca se quedó de piedra del otro lado de la sala. Ahora mismo no tenía intención de disculparme solo por decir la verdad, la situación me estaba sobrepasando y el solo hecho de seguir en la universidad sabiendo que Lena estaba seguro en peligro me hacía más daño del que quería admitir. Mi amiga de a poco fue asintiendo, una media sonrisa tonta que no estaba entendiendo apareció en su cara mientras la puerta se abría y Maggie entraba.
—Haz lo que quieras, Kara, no me quedaré aquí a ver cómo vas detrás del culo de una maniática. Estaba tratando de ser comprensiva, ¿sabes? Vine porque Alex está hasta el cuello en la base y no puede salir del entrenamiento, vine porque me lo pidió, pero que tú no te pongas a replantearte un poco más lo que ocurre frente a tus narices es de lo más estúpido. ¡Es Lena Luthor por el amor de dios! Tú deberías de saberlo, deberías estar avergonzada.
Su tono era de puro rechazo. Jamás la había escuchado dirigirse a mí con tanta furia pero al contrario de lo que mis emociones querían expresar, solo aparté la vista. Ví a Maggie acercarse a mí y estaba segura de que le diría algo a Becca pero se dirigió a mí.
—Sé dónde es, ¿estás segura de esto, rubia? —lo único que hice fue asentir. Le había pedido que investigara dónde quedaba el hospital en el que Lena estaba internada y no había dudado ni una vez en ir hasta el último piso en busca de Rata.
—Sí.
—Entonces nos vamos —esta vez, sí se giró a Becca, quién permanecía viéndonos incrédula. —Y tú vete de esta habitación, no puedes estar aquí.
—Tú no...
—Kara me tiene a mí, así que tú eres la que sobra. Anda, no necesitamos tu caro trasero rondando por estos lares.
Casi sonreí por lo último. Era obvio que Becca tenía dinero y aunque nunca había alardeado por eso, por esta vez, me permití estar del lado de Maggie. Si no iba a ayudarme entonces no la quería aquí.
No me quedaría a lamentarme o estar mal por una decepción cómo esta así que solo tomé la chaqueta que Lena había dejado en el sofá y me la coloqué mientras salíamos. La sentía así un poco más cerca, más unida a mí, su olor todavía seguía en la tela de cuero y aspiré un segundo el interior antes de ponerme a la par de Maggie en el pasillo.
—¿Estás bien, rubia?
—¿Cómo encontró Rata el hospital? —Maggie se demoró un momento. Tal vez decidiendo si insistir con el tema o no, pero al cabo de un rato optó por dejarlo ir, yo lo agradecí.
—Ni idea. No sé cómo hace para meterse en cualquier cosa, si te soy sincera hasta a mí me da miedo que pueda entrar a mi computadora y ver mi historial.
En tanto avanzábamos por el pasillo me pregunté cuántas personas habrían visto a Lena ser llevada por los policías. No quería imaginar lo que habría sentido con tantas miradas encima, de por sí todos desconfiaban de ella y esto solo afirmaba lo que ya creían; que era igual a su hermano. Aunque ella fuera inocente y se demostrara, a ellos no les importaría.
—¿Cómo crees que hicieron para que piensen que intentó... ? —la palabra no pudo salir de mis labios pero Maggie entendió. Ya habíamos llegado afuera y caminábamos al estacionamiento con pasos rápidos.
—Teniendo en cuenta que no sabemos de qué manera la encontraron no puedo imaginarme nada. Tenía que ser bastante claro como para que parezca un suicido pero las opciones son pocas y de todos modos me parece difícil de creer que ella intentara hacerlo.
—Aprecio que me ayudes, de verdad —ella sonrió, unas hoyuelos profundos se marcaron en sus mejillas.
—Lena no parece mucho la clase de criminal que ellos quieren hacerla ver, y además, tu confías en ella así que yo igual. Ven, por aquí.
Cuando se paró al lado de un auto me quedé a unos metros con vacilación.
—No lo robé, ¿okay? Por cierto la moto que tomamos prestada la otra vez ya llegó a su dueño pero este auto es mío.
—¿Tuyo? —sacó unas llaves de su bolsillo y las hizo sonar en el aire.
—Todo mío, algún día te explicaré de qué trabajo, pero mientras confía en mí y súbete.
—A veces me preocupa que mi amiga sea una criminal de lo más especializada.
Maggie soltó una carcajada y una vez me senté a su lado ya estábamos en camino. Aunque me costaba hacerme a la idea, finalmente acepté que estar con Maggie era un peso menos si lo comparaba a las miradas dudosas y lastimeras de Becca. Maggie me entendía y si no, al menos lo intentaba, pero no me echaba nada en cara. Por eso agradecí en silencio tenerla a mi lado, por mucho que todo se hubiera convertido en un gigantesco lío, era afortunada por contar con ella.
—No me dejarán verla —dije cuando divisé el edificio a pocas calles.
—A no ser que seas familiar.
—Exacto, y no lo... ¿Por qué sonríes así? ¿Ahora que estás pensando? —sacó de la guantera una identificación rectangular y me la entregó.
—Ahora eres Michelle Luthor. Arreglate un poco el pelo y ponte estos lentes de sol, y por favor, sácate esa chaqueta se supone que eres multimillonaria.
—¿Y si me explicas?
Maggie se tomó el tiempo de aparcar frente al hospital y levantó las cejas.
—No creías que íbamos a llegar sin un plan, ¿no?
—¿De dónde saliste? —dije mirando mi propia foto en la identificación sin creermelo. —¿Estás segura de que me creerán?
—Bueno, eso no lo sé, pero en caso de que te la pidan tienes eso como pequeña ayudita.
—No me quitaré la chaqueta.
—Y luego me pregunto porqué son la una para la otra —suspiró y miró su teléfono. —Bien, tenemos treinta minutos antes de que acabe el horario de visitas. Harán refacciones o no sé qué, pero es algo, ahora solo roguemos que te dejen pasar.
—Recuerdame comprarte un bonito regalo al salir.
El hospital me recordaba al de una serie de televisión que mi hermana veía seguido en casa. No sé cómo pero todos los médicos se morían en todas las temporadas dejando a Alex demasiado traumada para funcionar durante los próximos días. Maggie habló con un recepcionista quien nos dijo que vayamos con una tal doctora Beltrone en el cuarto piso.
Todo salió bien hasta que encontramos a la bendita mujer después de diez minutos de perdernos y aunque le di mi identificación, seguía sin dejarme verla.
—La paciente tiene cargos penales y enfrenta un juicio dentro de unos días, tengo prohibido permitirle visitas. Cuando se recupere volverá a la comisaría y...
—¿Realmente no me dejará verla?
—Señorita, Luthor —fue una extraña sensación la de ser llamada así pero no dejé que se notara en mi rostro. Puse en su lugar los enormes lentes de sol y mantuve mi papel de mujer adinerada. La doctora bajó la voz y algo en su mirada me dió a entender que estaba pasando por un mal momento. —Quisiera ayudarla pero no puedo romper las reglas.
—Disculpe —fue Maggie la que dio un paso adelante. —¿Usted sabe quiénes somos? ¿Sabe quién es la señora Michelle? —al oír mi nuevo nombre levanté más la cabeza con exageración, más un aire poderoso y confiado cuando por dentro estaba queriendo correr hacia la salida. —¿Se da cuenta de la gravedad de esto?
—Lo siento pero...
—También lo vamos a sentir cuando vuelva a su casa esta noche y su perro no esté.
Hasta para mí fue una exageración y algo inadecuado pero aunque quería matar a Maggie, la doctora esta vez se lo pensó. El miedo y la sorpresa en sus ojos se disipó y pronto fingió una sonrisa de oreja a oreja.
—Por aquí señorita.
Nos llevó por unos pasillos hasta que llegamos a ver a un policía parado en una puerta. El corazón me empezó a latir deprisa y Maggie apretó mi brazo, me giré hacia ella un momento y susurré;
—¿Cómo sabías que tenía un perro?
—No lo sabía, pero 'perro' puede significar muchas cosas, ¿no?
El policía en la puerta asintió un momento viéndome y se apartó, la doctora me aclaró que tenía unos minutos y que sólo yo podía pasar. Maggie me dió una palmada en el hombro y sin siquiera estar preparada entré en la habitación.
Hallé a Lena en una cama enorme y con dos cables saliendo de su pecho y otro del brazo, mi mirada claro fue a parar en el vendaje de sus muñecas y me costó creer lo que se estaba formando en mi mente.
Me acerqué porque no podía hacer otra cosa y me senté a su lado. Su piel estaba pálida como siempre pero sin el tono iluminado con el que la veía todo el tiempo, su rostro se mostraba cansado por demás y tenía los labios cerrados en una sola línea, para mi sorpresa se veían igual de suaves.
Vacilé antes de tomar su mano, con lentitud acaricié el dorso y mis dedos vagaron por los suyos.
—Sé que no hubieras querido que viniera pero no podía seguir sin verte —hice un gran esfuerzo para que mi voz se mantuviera fuerte. —Quería venir porque quería decirte que... Que creo en ti, ¿sabes? Nunca dejé de creer en ti. Sé que no has hecho ninguna de las cosas por las que te culpan y... Demonios.
Había luchado tanto para que las lágrimas no salieran que ahora estar a su lado y saber que todo era real me había quebrado. Comencé a llorar y me sentí una idiota por no contenerme, yo tenía que ser fuerte por ella y buscar como sacarla de esto pero ni siquiera podía soportar verla en ese estado.
—No llores.
Levanté tan rápido la mirada que mi cabeza dió un tirón. Tenía sus ojos bien abiertos en mi dirección y misteriosamente cristalizados. Levantó la mano que yo sostenía hasta la altura de mi mejilla y secó las lágrimas en mi cara. Hizo una mueca de dolor y bajó el brazo segundos después.
—Lena... No sé qué decir.
—Pues yo te digo que estás loca para venir hasta aquí.
—Fue toda una hazaña llegar hasta a ti pero valió la pena.
—Esa es mi chaqueta.
—Estoy considerando quedarmela de por vida —me pareció que quiso sonreír pero en cambio bajó la vista a nuestras manos, su pulgar rozó mi palma. Al cabo de unos segundos me miró nuevamente.
—Me alegro de verte, Kara.
—No suenas muy convencida.
—Quería saber si estabas bien, lo único en lo que pensé fue en ti. Estaba segura de que te harían algo y... No me podía sacar esa idea de la cabeza. Pero ahora que te veo tengo miedo de que te encuentren aquí.
—Olvidate de mi bienestar un momento, ¿vale? Estaré bien, lo que me preocupa eres tú.
Ninguna de las dos sabía qué decir, era todo demasiado complejo y delicado. No sé cuánto pasó y comencé a preocuparme por el poco tiempo con el que contaba hasta que habló.
—En verdad lamento no haberte dado más.
—¿Qué?
—Ni siquiera debimos besarnos, no debí decirte cómo me sentía.
—¿Te estás arrepintiendo?
—Joder, Kara, esto es mi culpa —fue cuando soltó mi mano que mi pecho se encogió.
—No te atrevas a decir eso. Tu padre tiene la culpa de todo, no tú, Lena...
—Mi padre no hizo esto.
—No entiendo de qué hablas —repliqué sin poder entender.
—Sé que no fue Lionel pero no puedo explicarte ahora.
Yo no respondí y ella tampoco dijo nada, al menos hasta que me quedé mirando los vendajes sin saber qué decir.
—Sé lo que piensas, Kara.
—Lo dudo —murmuré sin emoción. Nada de esto tenía sentido.
—Yo lo hice, tan solo esperaba que hubiera servido antes de que tuvieras que verme así. Ojalá hubiera servido.
El remordimiento con el que hablaba me hizo ponerme de pie. No quería escuchar eso, no quería saber lo que ya había pensado cuando entré. Ella no podía haberlo hecho. Lena no podía haber pensado en suicidarse. La miré queriendo decir miles de cosas pero el poco interés que mostraba su mirada era suficiente para dejarme sin palabras.
—¿Por qué mierda lo harías?
—No creo que lo entendieras.
—¡Nunca entenderé si no me explicas!
—No es el momento.
—¿Y cuando será el momento, cuándo te condenen? ¿No pasó por tu cabeza siquiera cómo me sentiría si me dijeran que tú estás muerta? —eso la hizo abrir los ojos con sorpresa pero negó con la cabeza.
—No es el momento y no tengo fuerzas para decirte el motivo.
—Vete a la mierda.
Claro que me salió de lo más profundo y no tenía intención de decirlo pero entre las lágrimas y la rabia contenida me las tomé con ella. Pero Lena solo me miró, esos ojos verdes que tanto extrañaba eran insoportables de mirar en este momento. Su voz fue solo un susurro y si no tuviera mis poderes quizá no la habría escuchado.
—Lo hice por ti, Kara. Tuve que hacerlo por ti. Mi vida no me interesa en lo más mínimo pero tuve que hacerlo por ti.
