Capítulo X


En nubes de color blanco, en un manto oscuro cubierto de estrellas fijó su mirada en aquél vasto mar de luces brillantes. En cada una de ellas, podía haber vida o podría que no. Brillaban por la radiación y brillaba la una para la otra, para iluminar a todo aquél que necesitara una guía. En el mar, en el cielo y la tierra.

Las estrellas siempre han sido guías.

Pero se sentía tan perdido. Las continuaba mirando. Pedía su consejo, la charla que le dijera qué era esa sensación de búsqueda infalible. ¿Qué hacía llevarlo a la ansiedad? ¿Qué había en el lila de la lavanda que lo agitaba tanto? ¿Qué hay en las chispas de la energía que corre en sus experimentos? ¿Qué cosas tan hermosas se escondía ahí?

"Siento que todo está ahí, delante de mí pero a la vez. No me pertenece. ¿Qué cosa es mía? Ella…"

El mar de estrellas se movió bruscamente y chillaron en orquesta. Hordak se llevó la mano a la cabeza intentando callar el sonido pero no podía.

Finalmente despertó. El sonido que estaba escuchando no era tan potente pero si molesto. Giró su vista cansada, la habitación estaba en plena oscuridad de no ser por la cascada de luz que emitía el pad en su escritorio.

Estiró el brazo.

Era una solicitud de conexión.

Iniciando transmisión.

—¿Hordak?

Una voz familiar lo desconcertó. Trató de mirarla con atención, aún tenía sueño.

—¿Catra? —Preguntó él y recibió la mirada perpleja de la muchacha felina. Los ojos de la mujer se entornaron.

—Una habitación oscura ¿eh? ¿Interrumpo algo? Puedo llamar en otro momento.

Hordak no comprendía.

—¿Qué es lo que quieres?

—Quiero hablar con Entrapta. Necesitamos saber cómo va con su investigación, pensamos que se comunicaría tan pronto llegara contigo. Me doy cuenta en realidad que era porque tú tenías el pad de comunicación. ¿La tienes secuestrada acaso? ¿Les gustan ese tipo de juegos?

El ex villano seguía sin entender sus comentarios fuera de lugar.

—Ella está trabajando ahora mismo.

—¿Está bien? Ya es de noche.

—Lo está. ¿Qué necesitas exactamente?

—Saber si logró algún avance en su investigación. Tus hermanos aquí están casi por colgar los tenis. Hemos podido volver a la consciencia a 53 de ellos pero están muy débiles.

Catra volvió a mirar a Hordak.

—No me digas que estás en esa condición por los experimentos que te hizo.

No respondió.

—Debe estar muy ensimismada. Seguramente ya halló la cura. Dile que se apresure.

Nuevamente no respondió. No era conveniente que supieran que estaban varados en la isla por los próximos días. Pero…

—¿Ellos se salvaran?

La felina tensó la mirada.

—No lo sé, muchos están en muy malas condiciones. Hemos hecho lo posible, incluso yo que no soy muy buena cuidado cosas me he esmerado en las guardias y curaciones.

—Catra, es posible que nos demoremos en llegar con ustedes. Sin embargo, ten por seguro que Entrapta hallará la cura.

Sonrió mostrando uno de sus afilados dientes.

—Lo sé. Son un par de nerds.

Guardó silencio unos momentos.

—Bien, no debería molestar a esta hora a los tórtolos. Me iré.

—Espera.

Catra esperó a que hablara. Un nerviosismo nuevo recorrió la nuca de Hordak.

—Hay algo que quiero saber.

El ojo azul y amarillo de ella parpadearon perpleja.

—¿Tú quieres saber algo? ¿De mí? Eso es nuevo.

Hordak rodó los ojos. Catra se puso seria.

—Dispara entonces.

—¿Qué haces cuando no sabes algo?

No comprendía la pregunta.

—Cuando quieres una respuesta, pero no pareces tenerla. Eres muy asertiva, considero que puedes ser de utilidad en esta cuestión.

Las orejas de ella se repelaron en molestia.

—¿Qué es lo que quieres saber exactamente?

—Ese es el problema, no lo sé. Sé que hay algo que busco, pero no sé qué es.

—¿Es en relación a la princesa nerd?

Hordak frunció el ceño.

—¿Así te diriges a ella?

Catra se encogió de hombros con una mirada de desfachatez.

—Es en relación a ENTRAPTA.

—¿Qué ocurre con ella? ¿Salió demasiado inteligente para ti?

Negó con la cabeza.

—Quiero saber qué es la ansiedad que me provoca tenerla cerca.

Catra se sonrojó hasta las orejas y abrió los ojos desmesuradamente. Tartamudeo.

—¿Q-qué clase de preguntas son e-esas?

No comprendía por qué resultaba extraño. Catra notó la inocencia de su falta de atención, él estaba preguntando en serio. Ella continuó mirándolo y pudo percibir la seriedad en su rostro. Exhaló aire.

—Haz proclamado por todos los medios lo que sientes por ella. ¿Todo eso ha sido de manera inconsciente?

—Es que no sé qué es exactamente eso que dices que proclamo por ella.

Se tomó la parte superior de la nariz con molesta actitud.

—Hordak, ¿puedes decirte a ti mismo e identificar todo lo que ella provoca en ti?

Él lo consideró. Repensó la pregunta y en su interior las respuestas se arrojaban como gotas de lluvia al vacío. ¿Las había? Docenas de ellas.

—¿Por qué me pasa esto? ¿Estoy enfermo?

—No lo estás. ¿Recuerdas cuando yo gritaba a los cuatro vientos mi odio hacia Adora? Cómo hice hasta lo imposible por deshacerme de ella.

No respondió pero comprendía.

—Al igual que tú. Me encontraba desesperada por una respuesta sobre por qué hacía lo que hacía. Quería saber qué era lo que me provocaba. Juraba que era odio, juraba que era ansiedad, que era envidia de la más pura.

Guardó silencio unos momentos.

—Temí perderla para siempre cuando nos dejó, cuando se volvió She-Ra. La sensación de pérdida me hizo hacer las terribles cosas que hice. Por eso… debes encontrar la respuesta, estar perdido en estas circunstancias podría hacerte enloquecer, como a mí.

Los ojos rojos no se apartaron del pad.

—Hordak. Lo que tú sientes es amor.

El pecho se abrió en fuego incandescente. ¿Amor?

—¿Amor? — Repitió en voz alta.

Amor era lo que sentía por Hordiano Primero, la necesidad de cubrir ese bache en su alma. El hambre de reconocimiento y respeto. Entrapta no provocaba en él una imagen de glorificación enfermiza.

Pero… él era devoto a ella.

—Siento unas tremendas ganas de colocarme a su lado. De escuchar su voz. De siempre estar ahí para cuando ella necesite algo. Creí que solo era un instinto servicial que Primero había dejado en mi sistema.

Catra negó con la cabeza.

—Estoy segura de que ya había parte de todo eso antes de que tu hermano mayor loco llegara a Ehteria. Cuando la loca se coló en tu santum. Cuando avanzó tan rápido en tus investigaciones, cuando el portal funcionó y dudaste en encenderlo hasta que ella no estuviera contigo.

En ese momento ella sintió vergüenza. La memoria que mencionaba había sido manchada por sus acciones cuando lastimó a Entrapta.

—Lamento lo que hice. Tómalo como un ejemplo más de lo que no debes hacer. Estaba tan desesperada por querer saber qué quería de Adora, solo sabía que quería algo de ella, no importaba si era su desprecio o su cariño y en el camino terminé enviando a Entrapta a isla bestia.

Sonrió.

—El odio, me dejaba un sabor agridulce, cicatrices en el cuerpo, ansiedad ilimitada, el corazón me latía a mil.

Suspiró.

—Pero el amor, me dejó paz, curó mis heridas y todo se volvió dulce. No tenía que pedirle más su atención, no tenía que rogar por seguirla porque ella se encargó de colocarme a su lado y continuar un camino para las dos.

Hordak no parecía comprender pero se esforzaba.

—¿Quieres saber qué es lo que te afecta tanto con ella? Fácil. Deja que te consuma. Haz aquello que te da temor. Ahora estás solo con Entrapta. Tienes todo un camino para poder tomar la ansiedad y remplazarla por calma.

—¿Qué pasa si no puedo?

—Si puedes. Sino lo haces, cometerás los mismos errores que yo.

—¿Y si ella no siente lo mismo?

Catra casi se ahoga con la risa que le provocó la pregunta.

—Nunca creí que fueras del clan de los idiotas.

Se escucharon voces detrás de Catra.

—¿Dónde estabas? Te he estado buscando, es hora de la cena. —Era la voz de Adora.

—Lo siento, enseguida estoy contigo y los demás.

No hizo mención de que estaba hablando con él. Catra regresó la vista y le guiñó un ojo.

—Sé que puedes, jefe. Apresúrate, tus hermanos los necesitan a ambos y que mejor que 'juntos'.

La conexión se perdió después de ese gesto. La pantalla quedó en negro. No agregó más. Dejó el pad en la mesa y salió de la cama. Acomodó sus ropas, cubrió sus puertos que aún estaban sensibles y dejó la habitación.

Al final del pasillo podía ver la luz de la computadora de Entrapta trabajando, escuchar clics y demás teclas. ¿Dejarse consumir por lo que sentía? ¿Cómo era eso posible? Miró su reflejo en el refrigerador plateado. En su rostro ya no se fruncía el ceño con tanta frecuencia, sus garras descansaban de la tensión a la que fueron sometidos, su cuerpo se sentía liviano al ya no tener que depender de su armadura.

¿Qué más podría hacer si se dejaba consumir por esas emociones?

Encerrando en los pensamientos de su cabeza pegó un brinco cuando escuchó un grito agudo. Al segundo siguiente tomó dirección a la habitación donde estaba Entrapta.

—¡¿QUÉ SUCEDE?!

Los ojos carmesí se abrieron con un destello peculiar, tenía su sonrisa amplia y abierta. Entrapta saltó de la cama donde tenía regados papeles y se arrojó a los brazos de Hordak quien la sostuvo casi por inercia.

—¡LA ENCONTRÉ! —Exclamó.

—¿Qué fue lo que encontraste? —Preguntó todavía aturdido mientras ella se separaba de él y daba brinquitos por toda la habitación.

—¡LA CURA, FINALMENTE LA ENCONTRÉ!

Tomó el pad principal y casi lo estrella en el rostro del alíen.

—¡Mira esto! —Le ordenó.

Señaló a la computadora. Abrió un holograma y una forma acuosa se movía en la visión. Una molécula que podía reconocer, después de todo Hordak también dedicó tiempo al estudio de su propio cuerpo para intentar clonarse.

—Es una enzima.

—No es cualquier enzima. Tienes toda una familia de ellas en tu organismo, abundan a diferencia de tus hermanos. Se encarga de regular las reacciones químicas.

Lo miró con los ojos soltando destellos.

—¡Es la cura!

Hordak miraba con sorpresa.

—Tal vez necesitaré un poco más de sangre más de ti. Si tus hermanos obtienen una muestra de la enzima que necesitan y que vive en tu hemoglobina sus cuerpos podrán reproducirlo a través de las células dendríticas y entonces las plaquetas con su nueva programación se encargarán de sanear sus cuerpos.

Su cuerpo no se movió un ápice pero se electrificó en una sincera emoción.

—¿De verdad? Entones… ¿lo lograste?

—¡Lo logramos! —Aclaró y se arrojó de nuevo en un abrazo que casi lo hace caer. Un gritito agudo por parte de ella le hizo sentirse finalmente aliviado.

—Por las estrellas. ¡Misión cumplida!

Continuó arrojando palabras, oraciones sobre felicidad, sobre avances científicos. Así era Entrapta, sincera en lo que sentía y pensaba.

Se separó de Hordak quien estaba acostumbrándose a la silueta de su cuerpo entre sus brazos.

—Estoy tan emocionada de poderles llevar esto. Sé que acabas de despertar, pero ¿crees que podamos discutir sobre cómo salir de aquí?

Era un tema importante, pero se sentía demasiado ensimismado en sus pensamientos que no respondió. La charla con Catra le había dejado en un estado de casi inactividad oral. La separó de él colocándola en el suelo, la miró todavía con más intensidad.

"Déjate consumir"

Llevó una garra a la mejilla de ella, acomodó algunos mechones tras su oreja. Entrapta no se movió un ápice pero lo miraba con sorpresa mientras su cuerpo se había congelado. Descansó su garra en ella.

—Entrapta yo…

—¿Si? —preguntó ella con su voz cargada de inquietud.

—Te agradezco tanto lo que has hecho.

Su rostro se desencajó por unos momentos, parecía haber estado esperando 'algo más'. Le sonrió.

—No me lo agradezcas, ustedes son ahora mi familia.

Pertenecer. Que hermosa sensación.

Entrapta regresó la vista al suelo, sintiéndose como una niña que recibe sus palmaditas en la cabeza. Quería buscar una sensación que creía olvidada por el orgullo. El ambiente a su alrededor ya no parecía girar ni llenarse de vapor cósmico.

Algo era distinto. Y no sabía si le gustaba.

Mientras indagaba en estos pensamientos hizo una mueca de sorpresa cuando sintió los dedos de Hordak alzar su barbilla. La tomó de los hombros.

Por un momento muy corto, casi un suspiro él se sumergió en sus labios. Entrapta no tuvo tiempo de cerrar los ojos. No puedes premeditar las acciones del corazón, ni sus descripciones. Él la miró, esperando alguna respuesta, las orejas blancas de él se habían replegado en vergüenza.

—¿Cómo estuvo? —preguntó en un murmuro.

Ella se llevó una mano desnuda a los labios, presionando ligeramente la comisura de ellos. Hordak pensó que tal vez no deseaba ese tipo de contacto, o que había sido desagradable. Sin embargo, se tuvo que olvidar de aquellas palabras cuando la miró alzarse con ayuda de su cabello. Tomó una mano de él y automáticamente entrelazaron los dedos.

Hordak miró esa unión tan simple. Entrapta se acercó a su rostro pero solo para ahondar en su mirada.

—Sabes… Llegué aquí preguntándome lo mismo.—Dijo ella igual en un susurro. Los recuerdos de su anterior encuentro en el baile de luna brillante eran similares pero no idénticos. Una desenfrenada necesidad carnal había logrado encubrir sensaciones emocionales aquella noche.

—¿Cómo estuvo? —preguntó ella ahora.

El ex villano sintió el corazón latirle desbocado. Ahora la tenía frente a él como en aquél momento, esta vez no la había hecho enojar, ni había estado llorando.

Aun así, no sentía reproche por evocar esa sensación.

—Fue… mágico.—La respuesta en su voz grave hizo que ella sonriera. Hordak tomó aire.

—Me gustaría que continuase siendo así. —Añadió el hombre.

Catra tenía razón. Era mil veces mejor la paz que el desconcierto total. Aprisionó una vez más sus labios y fue correspondido en cuerpo y corazón. Sus cabellos se enredaron alrededor de él, estrechó sus brazos en el cuello viril y él solo quería continuar mirándola entre beso y beso. Separaba sus labios solo para notar como la necesidad de ambos continuaba sin interrupciones.

No importaba si se habían dejado de hablar por un tiempo. Durante aquél beso tampoco hablaban y nunca estuvieron más agradecidos hasta ese momento. En deliciosos suspiros se separaron finalmente después de su encuentro y se quedaron abrazados.

Dejarse consumir, parecía algo a lo que se podría acostumbrar muy rápido.

GRRRRRR

—¿Eso fue tu estómago?

—Tengo hambre. —Respondió Hordak.