Sara corrió sin tener un destino en mente, corrió a toda velocidad y sin detenerse porque tenía la necesidad de escapar.
Cuando frenó para recuperar el aliento, ya se encontraba en el centro de la ciudad.
Pensó en qué podía hacer ahora que estaba allí. No podía regresar al colegio, después de haber escapado no tenía las fuerzas suficientes para volver y enfrentar a todos. Ella quería estar sola, así que lo mejor era buscar un lugar donde a nadie se le ocurriera buscarla.
Así fue como fue descartando lugares: su casa, su trabajo, el parque de patinaje de skates, la feria artesanal callejera, la biblioteca. Y de pronto se le vino una idea, un lugar en donde pensaba que no iban a ir a buscarla. El gimnasio de Maze.
Sara descargó todo su dolor y furia en el gimnasio.
Boxeó y perdió la noción del tiempo, hasta que los mensajes del grupo de las Leyendas la devolvieron a la realidad. Les respondió y apagó su celular. Siguió boxeando.
Boxeó hasta que se le agotaron las energías.
— Creo que es hora de que tomes un descanso. — Le indicó Maze.
— No, necesito seguir. — Negó ella, intentando volver a golpear la bolsa.
— Por favor Sara, ya estás agotada. — Le pidió Maze, poniéndose entre la bolsa y ella. — Si todavía no estás como para irte te ofrezco el espacio de la torre, pero no quiero verte hacer más ejercicio por el día de hoy. — Ofreció, intentando convencerla.
— Bien. — Aceptó ella.
Sara decidió aceptar la propuesta de la otra porque, además de que no tenía energías como para ponerse a pelear con alguien, la idea de tomarse un descanso sonaba bien. Subió a la especie de torre y se encontró con un espacio amplio y prácticamente vacío. En uno de los costados había un sillón, un tocadiscos y una biblioteca, el resto estaba vacío. Una de las paredes estaba espejada, otra tenía un gigante reloj de madera. Las demás tenían grandes ventanales con balcones estilo francés desde las que se podía observar toda la ciudad de Starling, casi de una forma panorámica.
Abrió uno de los ventanales y se sentó en el balcón con sus piernas colgando. Sintió el viento en la cara y dejó que la sensación la tranquilice. Por un largo rato se dedicó simplemente a observar los edificios y los autos, a ver el cambio de color del atardecer en el cielo, y cómo de a poco se fueron encendiendo las luces para iluminar la ciudad.
En algún momento sintió que alguien se unía a ella. Miró de reojo y vio que esa persona era Ava. La chica se sentó a su lado en el balcón y compartieron un rato de silencio.
— Hola. — La saludó Ava, rompiendo el silencio.
— Hola. — Le devolvió el saludo.
— ¿Cómo estás? — Preguntó Ava, mirándola con preocupación.
— Mejor que cuando me viste. — Respondió ella, en un tono algo resignado.
— Lo que pasó en el colegio… — Comenzó a decir Ava.
— Ella no es siempre así. — La interrumpió ella, sintiendo la necesidad de defender a su madre para no meterse en más problemas. — Nosotras nos llevamos mal, pero nunca es tan terrible como fue hoy. — Intentó justificar.
Se volvieron a sumergir en un silencio, y Sara tuvo miedo de haber intimidado a Ava, de haberla dejado sin ganas de hablar y de intentar lo que fuera que quería intentar con ella. No había querido hacerla sentir mal, pero había tenido que reaccionar de esa forma porque era mejor evitar los temas de su madre. Tal vez ahora Ava estaba viendo lo que Dinah decía, ella no valía la pena, no valía el esfuerzo.
— Esta vista es hermosa, nunca antes había subido aquí. — Apreció Ava, volviendo a cortar el silencio en el que se encontraban.
— Si, la verdad si. — Coincidió ella, y volvió a dejar que su mirada se pierda en la ciudad.
— Yo no quiero hacerte sentir incómoda, ni obligarte a hablar de algo que no quieras. Pero Sara como soy tu amiga tengo que decirte que tu mamá está equivocada en lo que dijo, vos sos suficiente y sos buena así como sos, no es necesario compararte con nadie. — Expresó Ava su opinión.
— ¿En verdad pensas eso y me consideras tu amiga? — Preguntó ella un poco sorprendida, mirando a la otra a los ojos por primera vez desde que estaban hablando.
— Si, de verdad. — Afirmó Ava, y unió una de sus manos con la de la otra.
— Gracias, sos una buena amiga. — Dijo ella con sinceridad, aferrándose a la mano de la otra con fuerzas.
Y es que en verdad Sara sentía eso. Ella nunca había esperado que la relación que tenían iba a avanzar hasta formar una amistad, no por cómo habían comenzado. Pero ahora, que estaban en ese punto, le agradaba. Ava era una buena amiga. Era una que la escuchaba sin presionarla, la hacía sentir acompañada, respetaba sus tiempos y los silencios entre ellas sorprendentemente resultaban cómodos.
— ¿Te parece si bailamos una canción antes de irnos? — Propuso Ava, señalando el espejo.
— Bien, pero solo si yo puedo elegir la canción. — Respondió ella, sintiéndose animada por primera vez durante ese día.
— De acuerdo. — Aceptó Ava.
Sara puso una canción de hip-hop en su celular y Ava se rió ante su elección. Cada una improviso su baile mirándose al espejo. Se dejaron llevar por la música y disfrutaron de compartir ese momento. Sara no estaba segura de dónde sacó energías para bailar con lo cansado que estaba su cuerpo, pero la música estaba tan dentro de ella que los pasos salieron solos, sin esfuerzo.
— Estás mejorando. — Le dijo Sara, con una pequeña sonrisa.
— ¿Te parece? — Preguntó Ava algo insegura, ya que todavía no se sentía cómoda con ese estilo de baile.
— Si, y ya vas a ver que en la próxima fase la vamos a romper, vamos a ganar. — Aseguró ella confiada.
— Ahora si, esta es la Sara que conozco. — Dijo Ava sonriendo, apreciando la actitud de la otra.
Sara lo pensó por un minuto, y se permitió considerar lo que la otra decía. Y lo más probable era que Ava tuviera razón, Sara siempre había sido confiada y segura con las cosas que le gustaba hacer.
Salieron del gimnasio y se despidieron.
Al llegar a su casa se encontró que Dinah y Malcolm la estaban esperando. Eso no la sorprendió, de hecho había estado evitando regresar a su casa porque era lo que suponía que iba a suceder.
Al sótano de nuevo y a entrenar con el ejercicio de subir la pesa de niveles de altura. Esta vez Sara logró hacerlo más rápido, ya que todos los días había estado un rato practicando ese ejercicio. Después de dos horas la dejaron irse a ducharse y dormir, pero no le permitieron cenar. Ese era su castigo por lo que había ocurrido en el colegio, por haber hecho quedar mal a su madre.
Al otro día, agradeció que nadie la cuestionara sobre lo ocurrido el día anterior y recién se empezó a sentir animada a la hora del almuerzo. Se sentó en una mesa con sus amigos y se dedicó a comer.
— Si seguís comiendo así de rápido te vas a atragantar. — Le advirtió Jax.
— La comida no se va a ir a ningún lado, mastica más lento. — Agregó Zari, sintiendo ganas de reír por como lucía la otra.
— Lo sé, es que tengo hambre. — Admitió ella, y se limpió la boca con una servilleta.
— Ni que la comida de este colegio fuera tan rica. — Dijo Amaya, revisando su ensalada detalladamente.
— Para mi es rica. — Dijo Mick, haciendo hombros.
— Para vos cualquier cosa es rica. — Bromeó Charlie y todos rieron.
— ¿Qué tal te fue con tu madre después de todo lo que pasó? — Pidió saber Behrad.
— No sabría decirlo, por ahora nos estamos ignorando y evitando. — Respondi ellaó, y en cierta forma era verdad porque su madre la había dejado entrenando sola con Malcolm.
Por suerte no hubo muchas preguntas más sobre el tema, pero lo que sí noto fue que durante los siguientes días todos se mantuvieron atentos a hacerla sentir acompañada, en dejarle saber que si ella necesitaba algo ellos estaban ahí para bancarla.
El sábado Sara decidió ir disfrazada al trabajo. Aunque Halloween había sido el jueves, se sabía que los adolescentes y los jóvenes iban a tener fiestas ese día. Sara todavía no había decidido si ir a la fiesta a la que Lena y Nia la habían invitado, pero por lo menos se disfrazó ya que sabía que todas sus compañeras iban a ir disfrazadas. Sara se vistió con el disfraz que le había quedado del año pasado, vaquera. Se puso un pantalón claro, un cinturón marrón, unas botas negras, una camisa blanca, un chaleco marrón, un abrigo largo grisáceo con puños marrones, un pañuelo rojo y un sombrero negro. Sabía que para algunas personas el disfraz no sería lo suficientemente sexy, pero ella se sentía cómoda y a gusto de esa manera.
Los turnos de la tarde y la noche pasaron bastante rápido, ya que el restobar estuvo siempre lleno. Sara descubrió que incluso para esa fecha, el menú de comidas cambiaba y tenían platos relacionados a esta. Fue interesante descubrir las distintas combinaciones de platos que se podían cocinar con calabaza y zanahoria; y fue divertido observar los disfraces de todas las personas que fueron a consumir algo.
— ¿Venís con nosotras a la fiesta? — Preguntó Nia entusiasmada.
Alex, Kara y Maggie habían llegado hace cinco minutos. Eran las dos y media de la mañana. Sara podía ir con Lena y Nia a la fiesta, y luego llegar para las seis de la mañana para trabajar el turno del desayuno y almuerzo del domingo. Lo pensó y la verdad era que no tenía nada mejor que hacer. No quería regresar a su casa, y las Leyendas estarían todos seguramente en la fiesta que hacía la familia de Nate. Había escuchado los comentarios y había agradecido que no le insistan con que ella fuera, ya que respetaban que pusiera de prioridad el trabajo.
— De acuerdo. — Aceptó ella y las otras dos chicas festejaron. — ¿A dónde vamos? — Pidió saber mientras esperaban el uber.
— A lo de los Heywood, ellos siempre hacen las mejores fiestas de Halloween. — Respondió Lena.
— ¿A lo de Nate? — Preguntó ella, sorprendida de que los planes de las otras coincidieran con los de las Leyendas.
— Si. — Afirmó Nia.
— ¿Lo conoces? — Preguntó Lena con curiosidad.
— Si, somos compañeros en el colegio y en un equipo de baile. — Contestó ella, sintiéndose a gusto ahora que sabía que iba a haber personas que conocía en la fiesta a la que iban.
El uber las dejó en la casa de Nate, o mejor dicho en la mansión. Sara no tenía idea de que la familia de el chico tenía tanto dinero, pero tampoco le importaba ni le hacía cambiar su percepción sobre él. Nate era un buen chico y ella lo valoraba por la persona que era, no por lo que tenía.
Entraron a la mansión, la cual estaba perfectamente decorada para la ocasión y llena de gente rondando por todos lados, vistiendo increíbles disfraces. Cuando entraron al salón principal, Sara enseguida se vio envuelta en abrazos por parte de Nate y Ray.
— ¿Qué haces aquí? — Preguntó Nate, sorprendido de verla. — Pensé que trabajabas. — Dijo y volvió a abrazarla.
— Con las chicas del trabajo decidimos turnarnos para que todas podamos disfrutar un poco de las de las fiestas de Halloween. — Explicó ella.
— Eso es genial. — Apreció Ray.
— Vamos, que te muestro la casa. — Dijo Nate, agarrándola de la mano para hacerle un tour por la casa.
Nate le mostró la cocina, su habitación, la sala de juegos, la biblioteca y la terraza. Esos eran los lugares más importantes, según él, que todos sus amigos debían conocer. Luego las llevó al jardín, donde se realizaba la parte de la fiesta dedicada a las personas de su edad. Al salir se unieron a las Leyendas, todos la saludaron alegremente, y ella les presentó a Lena y Nia. Bailaron y se divirtieron un largo rato.
— ¿Vamos a jugar al pin-pon de tragos? — Pidió Charlie a John y Sara, porque sabía que ellos eran los que mayor resistencia tenían al alcohol.
— No, no puedo tomar. — Negó ella.
— ¿Por qué no? — Pidió saber John confundido.
— Porque en unas horas tengo que regresar al trabajo y Eliza no quiere que vayamos tomadas. — Respondió ella con sinceridad.
— Nada de alcohol para vos entonces. — Aceptó Charlie, respetando su responsabilidad.
— Aquí tienes una gaseosa. — Dijo Zari dándole un vaso con coca-cola.
Charlie y John se fueron a jugar a distintos juegos de tragos. Sara se quedó con los demás bailando. Al encontrarse disfrutando el momento agradeció que Lena y Nia la hayan convencido de ir. Se sentía bien poder pasar algunos buenos ratos para olvidarse de los problemas.
En un momento, Behrad le pidió si les preparaba unas margaritas, porque según él las que ella preparaba eran más ricas que las que preparaban los que estaban trabajando en la barra de tragos. Gracias a Nate, la dejaron pasar al otro lado de la barra y manipular lo que necesitaba para preparar los tragos para sus amigos. Mientras los preparaba, Gary vino y le pidió si le preparaba una a él también.
— Gracias. — Agradeció Gary, recibiendo el trago.
— ¿Estás bien? — Le preguntó ella, al notarlo bajoneado.
— No lo sé, es que John está con Desmond y yo no sé qué pensar de eso. — Dijo él, señalando a donde estaban los chicos besándose.
— Ellos van y vienen todo el tiempo, no sé si se hacen bien al hacer eso. — Expresó ella su opinión.
— Si, bueno, pero nosotros estuvimos juntos y de verdad pensé que había significado algo. — Explicó él tristemente.
— Yo creo que significas algo para él, porque siempre está hablando bien de vos. — Le dejó saber ella.
Gary la ayudó a llevarle las margaritas a sus amigos y se quedó un rato hablando con ella. Intercambiaron un par de inseguridades respecto a las relaciones, y se contaron sus experiencias de cómo se habían dado cuenta de que no eran heterosexuales. Mientras conversaba con Gary pudo divisar a Ava entre la multitud. Ella estaba disfrazada de vikinga, el disfraz le quedaba perfecto. Estaba hermosa… o mejor dicho, era hermosa.
Luego de conversar con Gary, volvieron a bailar y la noche continuó. Sara nunca había sido fanática de Halloween, pero esa noche pensó que tal vez esa fiesta podría convertirse en su favorita.
