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Disclaimer:

Los personajes de SAINT SEIYA no me pertenecen.

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¿Y DÓNDE ESTÁ EL POLLO?

v 3.0

Castigados.

Después de casi incendiar la cocina, y por poco toda la mansión, según Tatsumi, Seiya, Shiryu e Hyoga fueron enviados a sus habitaciones, ordenándoles a no salir de éstas hasta que Saori estuviese enterada de lo sucedido, y debían permanecer a la espera de lo que ella pudiera sentenciar.

Llegó el doctor Nakaune a diagnosticar a los chicos. Afortunadamente, el golpe que recibieron tras resbalar, no les provocó alguna lesión de consideración, pero sí fueron amonestados por no permanecer en cama, al igual que Shun. Él también fue recluido en su habitación.

Shun obedeció. Sin protestar, a diferencia de sus amigos, él fue directo a su habitación, no sin sentirse más triste de lo había estado esos días.

Y ahí estaba él, recostado en la cama, boca abajo y abrazando la almohada a falta de un amigo, y sobre todo, a falta de su hermano.

Suspiró de tristeza por enésima vez.

Ya tenía planes para poder darle una sorpresa a su hermano. Su plan consistía en aprender a cocinar y preparar algo muy delicioso para él; pero ya esperaba que sus planes se iban a frustrar porque era muy probable que Saori, pensando en el bienestar de ellos, les pediría permanecer en sus habitaciones, y Tatsumi los tendría vigilados en todo momento.

Abrazó con más fuerza la almohada. Cerró los ojos.

Intentó dormir porque era todo lo que podía hacer: descansar y recuperarse tan pronto como fuera posible, porque jamás sabían cuándo comenzaría otra sangrienta batalla...

Sacudió la cabeza.

No deseaba pensar en eso. No deseaba pensar en las batallas pasadas ni en las batallas futuras. ¡No más sangre! ¡No más muertes! ¡No más dolor!...

Estando encerrado sin poder realizar cualquier otra actividad que le distrajera, y así evitar esos terribles pensamientos, se volvió otra batalla aterradora e interminable contra los recuerdos… a no ser por esa persona que ha evitado, más de una vez, que caiga en la desesperación.

Shun pensó en su hermano, siendo niños, en esa ocasión en la que, después de cenar, no pudieron probar el postre. Ese fue el castigo que les impuso Tatsumi sólo porque Shun le dijo a su hermano que la sopa estaba muy rica. Tatsumi los castigó a ambos por hablar mientras comían. Cuando regresaban a su habitación, mucho antes que los otros niños, por el pasillo en el que iban caminando, apareció la pequeña Saori. Saori pasó junto a ellos, relamiéndose los labios porque estaba comiendo un delicioso dango. Ella siguió su camino, pero Shun se detuvo sin apartar la mirada del dango, quedándose boquiabierto. Ikki de inmediato le obligó a mirar hacia otra parte, más precisamente a su cara. Él le prometió que, algún día, ellos dos comerían dango hasta que la panza les doliera.

Era una promesa que había olvidado.

Shun abrió los ojos. Tuvo una idea.

Quizás había una manera de proseguir con su plan original, pero eso implicaría desobedecer a Saori.

- Pero Saori aún no ha respondido a los mensajes de Tatsumi. – se dijo.

Con nuevas esperanzas, a hurtadillas, Shun dejó la mansión.

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