Autora POV
El tiempo pasaba tan rápido, y en un pestañeo, la estadía de la pelirrosa en Sunagakure estaba llegando a su fin.
Los meses transcurridos en el desértico lugar habían transformado completamente, en el buen sentido. Las sesiones de terapia realizadas con Kanao habían ayudado a que la joven pelirrosa saliera de su capullo, convirtiéndose en una mujer con mucha más confianza que antes.
Por supuesto que aún poseía inseguridades como cualquier persona común. Pero cada mínima charla, cada pequeña tarea que Kanao le había hecho realizar, la habían llevado a un punto en el que podía caminar libremente por la calle sin preocuparse por lo que otros dirían de ella, o mirarse en el espejo sin sentir asco de si misma por lo que Kiba le había hecho.
Los vientos parecían cambiar a favor de ella, trayendo mejores tiempos consigo.
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– Oficialmente es tu último día aquí… –Sakura se sobresaltó al escuchar la voz ronca de Gaara detrás de ella. Había estado concentrada disfrutando de la brisa del viento que no había sentido al pelirrojo acercarse. Lentamente se dio la vuelta para encararlo. – Mañana se llevarán a cabo los exámenes Chunnin, y una vez que los apruebes, volverás a tu aldea, tal y como pactamos con Tsunade.
– Lo sé… –suspiró la pelirrosa antes de esbozar una amistosa sonrisa hacia el pelirrojo. En el tiempo que había pasado, habían tenido la oportunidad de convivir en numerosas ocasiones, se podría decir que ahora eran cercanos, o incluso ser considerados amigos. – No sé cómo agradecer todo lo que tú y tú aldea han hecho por mí. –murmuró.
– No ha sido nada. –negó Gaara con la cabeza. Se acercó lentamente y se sentó junto a ella. Casi de forma instantánea, Tomohisa lo abordó, dándole un festival de "besos" en la mejilla. El adorable cachorro ninja que Hana le había regalado, también había crecido durante su estadía en Suna. Aún no poseía el tamaño de un perro adulto, pero definitivamente ya no era el adorable cachorrito que podía alzar en sus brazos como si de un peluche se tratase.
– Tomohisa. –rió por lo bajo Sakura. – Sé que te agrada Gaara, pero contrólate un poco. –dijo. El canino bajó sus orejas apenado, antes de apartarse y acostarse en el suelo, con su cabecita apoyada sobre el regazo del pelirrojo. Una pequeña sonrisa surcó los labios de Gaara ante el tierno animal. La pelirrosa negó con la cabeza por las ocurrencias de su compañero peludo. – En todo caso… Para mi ha significado mucho… –murmuró retomando la conversación anterior. – Me ha ayudado bastante. Estoy segura que si me hubiese quedado en Konoha, seguiría temiéndole a mi propia sombra. Me quedaría estancada.
– Lo dudo… –dijo Gaara sorprendiéndola un poco. – Por lo que he visto puedo decir que eres una mujer bastante fuerte. Eventualmente hubieses encontrado la forma de superarte a ti misma, nosotros solo te dimos el empujón en la dirección adecuada. –Sakura podía sentir sus mejillas calentarse por el cumplido hacia su persona. – Además, ya has hecho bastante por mi pueblo. Nos has ayudado bastante con tus habilidades médicas.
Era verdad. Una vez que Sakura había comenzado a ganar confianza, y había comenzado a relacionarse con la gente de la aldea, comenzó a brindar ayuda médica a quien la necesitara. Ayudando a heridos, sanando enfermos, incluso asistiendo partos. La población de Sunagakure estaba realmente agradecida por la kunoichi de Konoha que los había ayudado en múltiples ocasiones. La gran mayoría era consciente ahora del nombre "Haruno Sakura".
– No es nada… –murmuró apenada la pelirrosa. – No me lo hubiese perdonado si teniendo el poder para ayudar a la gente, hubiese hecho ojos ciegos y hubiese seguido como si nada. Además, no soy tan buena como Tsunade-shishou.
– Tonterías… –bufó Gaara. – En cualquier caso. El punto es que no le debes nada a la aldea, Sakura. Si tus intenciones son hacer algo para saldar tu deuda imaginaria, no lo voy a permitir.
Sakura dejó escapar una pequeña risa en respuesta.
– Está bien, está bien señor Kazekage… –dijo entre risas. – Cambiando de tema… Temari dijo que le gustaría ir a un bar esta noche para celebrar mi último día aquí. Creo que Hana y Kankuro también irán… Sé que tienes mucho trabajo como kage, pero… ¿Vendrás? –preguntó tímidamente.
– Lo consideraré…
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– Buenos días, Kanao-san. –saludó la pelirrosa adentrándose al pequeño hogar de la mujer. Como siempre, el agradable aroma del incienso inundaba el lugar. – He traído un poco de dango, espero que le guste.
– Ah, Sakura… No pensé que fueses a venir hoy. –dijo Kanao esbozando una cálida sonrisa al ver a la joven kunoichi. Como era costumbre, tenía una tetera humeante preparada, por lo que solo necesitó poner un par de tazas en la mesa y servir el té, mientras que Sakura dejaba el dango sobre la mesa.
– Quería despedirme adecuadamente de la mujer que tanto me ha ayudado en estos últimos meses. –contestó Sakura tomando la taza entre sus manos. – Huele bien… ¿Jengibre? –inquirió mientras le daba un trago a la bebida.
– Cedrón. –la corrigió la anciana. Sakura hizo un pequeño asentimiento en señal de comprensión. – Me alegra que me tengas tal consideración, Sakura. Y dime… ¿Cómo te sientes para los exámenes Chunnin?
La ojijade se encogió de hombros mientras miraba el líquido en su taza.
– Creo que estoy en buena condición física. El entrenamiento con Temari y Hana me ha ayudado a mantenerme en forma… Por lo que no creo tener grandes inconvenientes. –comentó Sakura. – Creo que no soy la misma niña que participó en los exámenes que se realizaron en Konoha. Ahora sé qué esperar.
– Es probable que encuentres a alguno de tus antiguos compañeros… ¿Te sientes preparada para eso? –inquirió Kanao.
Sakura sabía que había una probabilidad muy alta de volver a ver a alguno de sus antiguos amigos, después de todo, ellos también eran shinobis que buscaban subir de rango. Al principio la idea la había abrumado un poco… La última vez que los había visto, no habían estado en realmente buenos términos. Sin embargo, luego de pensarlo mucho, había llegado a aceptar la situación.
– Bueno… Si no pudiese verlos a la cara, todo el trabajo que hemos estado realizando en este tiempo sería en vano. –contestó la ojijade. – No puedo detenerlos de hacer su vida, y aunque me pese… sus caminos se cruzaran con el mío en numerosas ocasiones. Aunque ya no seamos exactamente amigos, debo ser profesional y ser capaz de trabajar con ellos. –tomó uno de los dangos y le dio un mordisco.
– Es muy sabio de tu parte decir eso… –elogió Kanao dándole un sorbo a su propio té. – Has hecho un gran avance… Sea lo que sea que pase de ahora en adelante, recuerda todo lo que hemos hablado y trabajado.
Sakura sonrió y asintió.
– Lo haré…
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Ya era de noche, y tal y como había acordado con Temari, se habían reunido en un pequeño bar cercano a las oficinas del Kazekage. Hana y Kankuro también se encontraban allí presentes.
Habían escogido una pequeña mesa un tanto alejada de las demás. Hana y Kankuro habían ordenado una botella de sake, Temari se había contentado con un trago que era más jugo que alcohol, mientras que Sakura simplemente se había pedido un vaso de jugo. No creía que fuese buena idea tomar alcohol un día antes de los exámenes, además, el motivo de esa salida no era emborracharse, sino celebrar.
– ¿Quién diría que el tiempo pasaría tan rápido? –comentó Temari mientras removía un poco el contenido de su vaso. – Va a ser extraño no tenerlas por aquí. –dijo mirando a las kunoichis de Konoha.
Durante el tiempo transcurrido… Sakura, Hana y Temari se habían convertido en amigas cercanas. No era extraño encontrar al trío de kunoichis pasando el tiempo juntas cuando ninguna tenía responsabilidades a las que atender.
– Lo mismo opino. –añadió Kankuro. – Gaara se pondrá gruñón cuando te vayas, pinky. –se burló. Temari dejó escapar una carcajada ante las palabras de su hermano.
Sakura parpadeó, no muy segura de lo que se refería el castaño con aquellas palabras… ¿Por qué el humor del Kazekage cambiaría con su partida?
Hana negó con la cabeza divertida ante lo ajena que era la pelirrosa. Cualquiera que los viera desde afuera, sabría perfectamente el interés que el Kazekage tenía sobre la pelirrosa. Era sutil, si, pero solo bastaba con ver cómo el pelirrojo se comportaba con otras chicas en comparación con Sakura, y la respuesta salía a la luz sola.
– En cualquier caso… No será un adiós definitivo, ¿verdad? –inquirió la rubia. – ¿Volverán de visita?
– Bueno… Somos shinobis. –contestó Hana dándole un sorbo a su sake. – Podrías vernos pronto en una misión, quién sabe. –se encogió de hombros.
– Pues espero que así sea. –dijo Kankuro guiñándole un ojo a la Inuzuka, la cual dejó escapar una risa, casi atragantándose con su bebida.
El ambiente era bastante agradable y cálido. Era fácil sentirse cómodo en aquel lugar.
– Nee, Sakura… –Temari la llamó. Sakura levantó la mirada de su vaso para verla. – Cuando vuelvas a Konoha… No dejes que nadie te pisotee… ¿Sí? Demuéstrales quién es realmente Haruno Sakura. Hazles saber la gran kunoichi y persona que eres.
El corazón de pelirrosa se sintió cálido al escuchar aquellas palabras.
– Lo haré. –asintió. Tenía la convicción de volverse una gran kunoichi para su aldea, alguien en quien la gente pudiera confiar plenamente. Quería que todos viesen que su querida mentora no se había equivocado al elegirla como su sucesora. – Uhm… ¿Dónde está Gaara? –preguntó de pronto al percatarse de que no había señal alguna del pelirrojo.
Temari sonrió pícaramente al escuchar la pregunta. Su hermano tenía la misma sonrisa, pero la escondía detrás de su vaso.
– Antes de venir pasamos por su oficina. –contestó la rubia. – Dijo que los bares no eran su clase de ambiente, pero que más tarde se reuniría contigo. –le guiñó el ojo.
El resto de la velada transcurrió tranquilamente. Los cuatro hablaban, compartían anécdotas, reían… Era una agradable forma de despedirse de aquella encantadora aldea que había sido su hogar en el último tiempo.
Era bastante entrada la noche cuando Hana y Sakura regresaron a su pequeño apartamento. La Inuzuka se dirigió directamente a la cama, lista para dormir, mientras que Sakura decidió quedarse despierta un rato más. Subió al techo del hogar, y se recostó allí observando el cielo nocturno.
Estaba comenzando a quedarse dormida en aquel lugar, cuando sintió una presencia familiar.
– Sabes que el techo no es un buen lugar para dormir, ¿verdad? –su voz grave y rasposa le hizo cosquillas los oídos.
– Gaara…
– Perdón por no ir al bar. Tenía algo de trabajo extra que hacer. –se disculpó el pelirrojo mientras tomaba asiento junto a ella. La pelirrosa se tomó el atrevimiento de recargarse contra el costado del chico, apoyando su cabeza en el hombro de él.
– Lo sé… Temari me dijo que no irías. –habló con calma Sakura
Se quedaron sumidos en el silencio, ambos mirando las estrellas. No necesitaban realmente hablar… Simplemente con la presencia del otro se sentían cómodos.
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Tomó una bocanada de aire profunda mientras observaba su alrededor. Ninjas de todas las aldeas se encontraban presentes para realizar el examen chunnin, los cuáles comenzarían en breve.
Al igual que la primera vez, se realizarían por equipos. Sakura se encontraba en esos instantes esperando a sus compañeros de equipo. Según se le había comentado, tendría que trabajar junto con Ino y Chouji. La decisión había sido bastante obvia… Ella ya no formaba parte del equipo 7, por lo que no tenía un equipo con el cual contar, mientras que los miembros del equipo 10 les faltaba un integrante, dado que Shikamaru había sido el único en aprobar los exámenes anteriores.
Faltaban pocos minutos para comenzar los exámenes cuando la pelirrosa pudo divisarlos. Ambos habían cambiado desde la última vez que los había visto, pero aún eran reconocibles.
Ino era más alta de lo que la recordaba, su cuerpo se había tonificado, y sus pechos habían crecido notablemente. Su cabello era mucho más largo, el cual lo llevaba recogido en una coleta alta, y aún tenía aquel mechón de cabello suelto, el cual ahora llegaba a cubrirle la mitad derecha del rostro por su longitud. Su elección de vestimenta también había cambiado, pero aún mantenía el color morado como algo principal en su ropa.
Chouji por otra parte había crecido bastante. Era mucho más alto y corpulento de lo que lo recordaba, y su cabello había crecido hasta llegarle a la altura de la cadera. Estaba vestido con una túnica roja y armadura tradicional de su clan.
– ¡S-Sakura! –exclamó Ino al ver a la pelirrosa. Parecía tener el impulso de abrazar a su antigua mejor amiga, pero no estaba segura de que fuese buena idea.
– Yamanaka-san… Akimichi-san… Es bueno verlos. –Sakura los saludó con un tono profesional. El rostro de la rubia se contorsionó en una mueca de dolor ante la falta de amistad en la voz de la pelirrosa. – Espero que trabajemos bien juntos. Lo que haya pasado entre nosotros queda en el pasado… Espero que lo entiendan y puedan actuar con profesionalismo, después de todo… Los tres queremos aprobar, ¿verdad?
Ino y Chouji intercambiaron miradas sin saber realmente qué responder. Había una cosa segura, y era que la Sakura que habían conocido había cambiado… Y para su gran pesar, ellos tenían la culpa…
