El camino de regreso a su sala común era tan corto como para que nadie la atrapara saltándose el toque de queda por apenas unos minutos. La sala sin sorprenderla apenas estaba ocupada por chicos mayores que ella que ni equipararon en su presencia en cuanto entró. Era casi una regla no declarada entre los Slytherin no preguntar demasiado acerca de la vida del otro. Incluyendo si algún compañero rompía el toque de queda.
Sin contar que verla romperlo era casi habitual en su casa, por lo que no se molestó en saludar, yendo de manera directa hasta su habitación, en la cual ya Draco se encontraba durmiendo en su cama en pijama. Sonriendo con ternura se desvistió hasta quedar en ropa interior para poder entrar a la cama, y abrazar a su mejor amigo para dormir tranquila en sus brazos.
— ¿Lynn? —preguntó el rubio al despertarse en cuanto la sintió acostarse en su hombro.
— Lo siento, no quise despertarte— dijo cerrando los ojos y acomodando el edredón para cubrirse con él.
— ¿Recién saliste de tu castigo? —le cuestionó sin hacérsele extraño su largo castigo, la mayoría de su padrino eran de tal manera.
— Se podría decir que sí, duérmete Dragón— respondió bostezando.
— Lynn— la llamó sin poder evitar preguntarle la misma interrogante que lo atormentaba desde hace tiempo atrás—. ¿Te estás follando a Snape? —soltó de manera tan directa que provocó que la chica abriera los ojos para mirarlo de manera incrédula—. Te sobreprotege más que a nadie, incluyéndome, y soy su ahijado— se defendió logrando hacerla reír—. Además, sé que no tienes límites.
— ¿Para qué quieres saber si me follo o no a Snape? —le preguntó de vuelta molesta por la insistencia sobre el tema—. Cree lo que quieras, si lo hago o no, no es tu problema.
— ¿Alguna vez me confirmarás si te tiras a alguien o no? —exclamó de manera metafórica dado que esa era su respuesta cada vez que le cuestionaba sus acciones, o intentaba descubrir si algún rumor era cierto o no.
— Si no me dejas dormir dejaré de tener sexo contigo de por vida— lo amenazó sin responderle la interrogante, provocando que maldijera en voz alta antes de acomodarse a dormir con ella—. Por cierto, si sales con alguien, y yo también, quizás deberías dejar de dormir aquí…
— Daphne sabe las condiciones para que salgamos— comentó el rubio sin ánimos de abandonarla en las noches—. Y supongo que tu chico misterioso deberá acatarse a tus normas si quiere salir contigo.
— Touché— respondió poco antes de quedarse dormida por el cansancio que tenía...
Sin hacer cambios en su habitual rutina, terminó su clase de runas antiguas para ir de manera directa a su clase de defensa contra las artes oscuras del martes, justo horas antes de ir a almorzar. En el momento en que vio a Moody entrar cojeando al aula y verla como si fuera escoria supo que detestaría su clase. En ningún instante se atrevió a darle la palabra al alzar su mano para responder alguna de sus preguntas sobre la clase.
Fue una de las primeras en salir del aula en cuanto sonó la campana que anunciaba el almuerzo, por lo que no se sorprendió al no ver a ninguno de sus amigos en el gran comedor, casi siempre era una de las últimas en llegar al distraerse y tomarse su tiempo para salir de sus clases.
— ¿Ocurrió algo por lo cual llegaste temprano? — le cuestionó su hermano mientras devoraba un trozo de filete de res, para poco después unírsele Nott y Parkinson.
— Moody, parece odiarme desde que me vio— resopló con odio negando—. Cada vez que intentaba participar, me ignoraba, su clase es muy interesante, de verdad sabe enfrentarse a las artes oscuras, pero no creo que me dejé ser parte de la clase solo por mi estúpido apellido.
— Deberías calmarte, estás siendo algo mimada— le reclamó su hermano menor sirviéndose de su almuerzo—. Fue un auror, no sé porque te sorprende.
— Solo detesta no ser adorada por uno de sus profesores, y más en una de las materias que mejor se le da— comentó Pansy sirviéndose un poco de ensalada y puré de patata—. Sobre todo, después del año pasado, era la favorita de Lupin.
— Era un buen profesor, aunque siempre me regañaba cuando coqueteaba con él— cambió de humor al recordar al hombre lobo que tuvo por profesor el año anterior—. Snape cruzó los limites cuando reveló que era un hombre lobo…
— Un ser como él no debería estar en Hogwarts, es peligroso— soltó Nott poniéndose de parte de su profesor de pociones.
— Tomaba matalobos en cada una de sus transformaciones…
— Claro, excepto en la última luna llena, donde casi mata a cara rajada y sus amigos, no me hubiera molestado, pero pudo pasarle a alguno de los nuestros— le recordó su hermano con una mueca sin agradarle del todo los semihumanos, aún seguía siendo un mago, pero que estuviera en total descontrol una vez al mes, era demasiado arriesgado.
— No saben lo que ocurrió ese día— lo defendió preocupada por Lupin, sin saber si lograría encontrar trabajo dada su condición—. Fue un accidente, y el pobre debe estar pasándola mal sin poder encontrar otro empleo…
— Sino te conociera creyera que te preocupabas por él— comentó Maverick con una perversa sonrisa que provocó que su hermana rodara los ojos antes de sacarle la lengua.
— ¿Por qué Draco no llegado? —cambió de tema al terminar su almuerzo y aún no ver a su mejor amigo.
— Te lo dijo varias veces, saldría con Greengrass— le recordó Theodore disfrutando verla celosa por la atención diaria que necesitaba de Malfoy—. Almorzarán juntos en el patio, y saldrán después de la cena…
— Entonces no tengo nada que buscar aquí— exclamó poniéndose de pie y tomando una manzana roja de la mesa para salir del gran comedor.
Aún tenía que esperar una hora más para ir a su clase de herbología, una de las que no soportaba mucho. Tener que hacer trabajo de jardinería y tratar con peligrosas plantas no era de sus tareas favoritas. Con un necesitado bocado de tranquilidad, caminó hacia uno de sus lugares favoritos fuera del castillo, cerca del lago negro, debajo de uno de los árboles que lo circuncidaban.
En aquellas época del año cubría un trozo del césped con una sombra lo suficientemente grande para la bruja poder acostarse allí y olvidarse de donde estaba, sus problemas, el resto de su año escolar. Solo dos días en Hogwarts le recordaron lo abrumadora que podía ser su vida estudiantil, y aquel año más que nunca por su puesto, por los Timos, Moody, y el resto de sus problemas que a veces eran demasiados para ella.
Como si el destino estuviera retando su paciencia, su tranquilo descanso fue interrumpido por el sonido del clic de una cámara siendo disparada demasiado cerca de su persona. El cual intentó ignorar la primera vez, pero en cuanto le siguieron más clics abrió sus ojos para encontrarse con el dueño de su interrupción.
— Niño, sabes lo mucho que detesto que me fotografíes— le regañó al joven mago sin ser la primera vez que lo atrapaba siendo objeto de su cámara.
— Lo siento señorita Selwyn— se disculpó el pequeño un poco nervioso y temiéndole al conocer cómo se ponía al enfurecerse.
— ¿Volvieron a amenazarte? —le preguntó volviendo a cerrar los ojos al acomodarse de nuevo en el césped.
— También me darán algunos Sickles por ellas— afirmó las sospechas de la chica logrando hacerla reír—. Lo siento señorita…— se disculpó de nuevo mientras ella negaba.
— Termina de tirar las fotos que necesites, y vete, no me gustaría que crean que estoy ayudando a un hijo de muggles, si alguien te pregunta estaba dormida— aceptó ser fotografiada provocándole una sonrisa al niño antes de escuchar varios clics y luego finalmente silencio.
Sabía a la perfección que aquellas fotografías terminarían en las manos no solo de leones, sino de gran parte de la población masculina de Hogwarts. Desde el momento en que comenzó a desarrollar su cuerpo, fue objeto de los peores fetiches de sus compañeros, y que un niño tuviera una cámara que funcionaba en el colegio, solo los alentaba a capturarla por lo menos en una foto.
En un principio casi mataba al chiquillo por ello, pero al saber que era hostigado y casi obligado para tomarlas prefirió dejarlo tomar las fotos, después de todo, no era nada revelador. Aunque cada captura que le hacía era vista como casualidad, fingiendo que no tenía conocimiento de ellas. Lo último que quería era que supieran que estaba ayudando a no solo un león sino a un hijo de muggles.
No era tan radical como los demás Slytherin, pero no les agradaba. Casi podía decirse que los odiaba, aunque no por las mismas razones. Nacer y criarse en el mundo mágico traía consigo buenas y malas ventajas, crecía en medio de la magia, conocía todo acerca de ella, pero también traía consigo demasiadas reglas que seguir, protocolos esenciales. Si era una de los sagrados veintiocho como lo era su familia, las reglas eran más rígidas.
Odiaba a los hijos de muggles por tener lo mejor del mundo mágico sin llevarse lo peor también. Lo cual no creía justo. Incluso les perdonaban pequeñas imprudencias por ser nuevos en el mundo mágicos. No era justo a su consideración tener que compartir lo mejor de su mundo, lo mejor de la magia y no dejarles también la peor parte.
Podían ser discriminado por una parte de la sociedad mágica por su estatus, pero eso no se comparaba con lo libres que eran a estudiar lo que quisieran. Sus padres nunca sabrían lo peligros que corren en el mundo mágico, podía estudiar lo que quisieran, dado que los muggles los superaban en reglas a favor de las mujeres. El machismo entre los de su clase no eran tan radical como entre los magos.
No hubiera deseado nacer hija de muggles, pero tampoco podían obligarla a que le agradaran. Sonrió con ironía al ver al niño correr al patio y hablar con alguno de sus compañeros mayores como si hubiera hecho una gran hazaña. No obstante, su vista no permaneció en los leones por mucho tiempo, al notar un rostro conocido en aquel lugar.
En el momento en que cruzó miradas con él le guiñó un ojo de manera de saludo, sonriendo de manera casi involuntaria y notando como le había dejado de prestar atención a sus amigos con los que se mantenía conversando. La bruja negó en cuanto vio sus intenciones de ir hasta donde estaba, para volver a acomodarse en la grama y cerrar los ojos, aprovechando la poca media hora que le quedaba allí.
— Me di cuenta de lo que hiciste por Creevey— le saludó justo el chico con quien no quería ser vista.
— Por si no lo notaste, te dije que no vinieras— le respondió sin abrir los ojos, fingiendo no haberlo visto, rezándole a Merlín que no notaran que le estaba hablando.
— ¿Puedo acompañarte? —preguntó el castaño claro ignorando el reclamo de la chica antes de sentarse a su lado.
— No recuerdo haberte dicho que sí— le reclamó al abrir sus ojos y casi perderse en su perfecta sonrisa—. Creí que esperarías por lo menos al jueves para verme…
— Era mi intención, pero no pude evitar venir cuando te vi sola sin tus amigos— comentó siendo un perfecto caballero que le hacía plantearse a la chica si él aceptaría los términos de sus salida.
— Solo quería tomar un poco de aire fresco, vengo aquí cada vez que necesito un respiro— explicó encogiéndose de hombros mientras sacaba la manzana que había tomado del comedor para darle un pequeño mordisco.
— Lo sé, te he visto venir aquí desde que descubriste el lugar hace un par de años— dijo el tejón sin dejar de sonreírle.
— ¿Has estado acosándome Diggory? —lo acusó fingiendo ser ofendida—. ¿Qué pensarían los demás si supieran que me acosas?
— Solo te he observado en varias ocasiones— se defendió un poco sonrojado por su acusación—. ¿Por qué dejas que te fotografíe?
— No me cambies de tema Diggory, y explícame cómo es eso que me acosas— respondió tomando otro mordisco de su manzana.
— Pensaba dejarlo para nuestra cita— soltó logrando hacerla reír—. Y bien, ¿Cuál la historia con el niño?
— A veces lo amenazan para tomarme fotos, lo atormentan con romperle la cámara o quitársela, unos amigos me lo comentaron la primera vez que lo vi hacerlo y lo regañé por ello— explicó terminándose la manzana, y desapareciendo lo que quedaba de esta—. Solo son fotos, mientras no sean de mí desnuda, no traen ninguna consecuencia así que lo dejó hacerlo de manera casual.
— Deberías dejar que otros vieran que la princesa de Slytherin tiene corazón— comentó Cedric logrando sacarle una cálida sonrisa, no recordaba la última vez que tuvo una conversación tan sana y tranquila como esa con un chico que no fueran sus amigos.
— No me llames así por favor, mi hermana si se comporta como si fuera de la realeza, pero yo no…
— No te dicen así por ser altanera, Elynne, sino por…—comentó antes de sonrojarse haciéndola reír al notar como se avergonzaba por lo que había pensado.
— ¿Mi belleza? —terminó la frase en medio de su risa antes de negar—. Eres una ternura, no deberías fijarte en mí, podrías arrepentirte— le advirtió poniéndose de pie al estar demasiado lejos de los invernaderos por lo que le tomaría tiempo llegar hasta allá.
— ¿Y si quisiera tomar el riesgo? —le cuestionó poniéndose de pie al frente de la chica que tenía que mirar hacia arriba dado las pulgadas de altura que le llevaba.
— No sabes en lo que te metes— le respondió mordiéndose el labio antes de negar de nuevo—. Tengo que ir a clases, y ni se te ocurra seguirme Diggory.
— Pensaba en acompañarte— propuso con intenciones de molestarla provocando que la chica riera antes de negar.
— No me hagas arrepentirme de salir contigo Ced— le dedicó un diminutivo antes de salir con prisa de allí sin dejarlo reaccionar, para evitar que la siguiera.
