CAPÍTULO X

Al padre Baiu se le iluminó la cara cuando los vio. Su alegría era genuina. Dio un abrazo a Sasuke y saludó efusivamente a Sakura cuando este la presentó.

Kakashi tenía razón en cuanto a la salud del sacerdote. En solo unos meses su apariencia había cambiado sutilmente. Estaba un poco más encorvado y el dolor que sentía en sus huesos debía de estar más arraigado porque los vestigios del mismo se veían reflejados en el rostro del anciano.

La comida fue tranquila y amena. Hablaron con Kakashi y el padre Baiu de viejos tiempos y también de la situación actual en cuanto a su relación con los clanes vecinos y los pequeños problemas de convivencia que existían entre los mismos. Nada importante por el momento, pero la única realidad era que varios de esos clanes se estaban poniendo nerviosos en cuanto a la delimitación de sus tierras y el robo de ganado que en los últimos tiempos se había multiplicado por tres.

Sasuke miraba de vez en cuando a Sakura y la vio tranquila y animada escuchando la conversación, participando de vez en cuando. Sin embargo no pudo evitar ver en sus ojos pequeños indicios del nerviosismo y la incertidumbre fomentada por los acontecimientos de los últimos días.

Cuando terminaron, Kakashi habló con Sasuke y le convenció para que no continuaran viaje ese día y que hicieran noche allí. Lo hizo con buenos argumentos y aunque Sasuke hubiese preferido haber seguido y llegar al anochecer a tierras Uchiha, sabía que a Sakura le vendría bien una noche de descanso y sueño reparador. Y eso también le daría más tiempo para que el padre Baiu les casara sin levantar sospechas. Con esa idea, siguió al padre Baiu cuando este se excusó para ir a descansar un rato tras la comida.

—Padre Baiu, necesito hablar un momento con usted —le dijo poniéndose a su altura cuando este iba andando para dirigirse a su pequeña casa cerca de la principal.

—Muchacho, ¿no puedes esperar hasta después de la siesta? Este cuerpo ya no aguanta lo que antaño —dijo el padre Baiu con una ceja levantada, aunque algo en la expresión de Sasuke hizo que frunciera el entrecejo—. Entiendo. Es algo que no puede esperar ¿verdad? Y dado que te tengo por un hombre tremendamente calmado, inteligente y nada dado a la exageración, creo que dejaré la siesta para más tarde y escucharé lo que tengas que decirme. Ven a casa. Prepararé mi infusión de hierbas y tú podrás decirme qué es eso tan importante.

Media hora más tarde y dos tazas de infusión de hierbas después, Sasuke le había contado lo suficiente al padre Baiu para que el rostro de este expresara la gravedad de la situación.

—¿Y qué piensas hacer con ese hombre? —El padre Baiu miró a Sasuke a sabiendas que Uchiha estaba conteniendo toda su ira por lo que acababa de contarle.

—Algo no muy cristiano, padre —replicó el joven mirando al sacerdote directamente a los ojos—. Solo quiero proteger a Sakura. Lo que ha pasado ya no puede evitarse, pero sí que ese bastardo vuelva a hacerle daño y mucho menos obligarla a nada que ella no quiera como un matrimonio forzoso.

—¿Estás seguro de esto? El matrimonio es una institución seria. En ningún caso algo que se pueda tomar a la ligera. Es un sagrado mandamiento, un juramento que te unirá a ella de por vida y que tendrás que honrar. Creo que es muy loable y noble lo que quieres hacer pero no tienes obligación moral alguna y yo debo velar por el alma de los dos, no solo por la de Sakura. Así que no quiero que vayas a este matrimonio por los motivos equivocados.

—Estoy completamente seguro —dijo Sasuke con una sonrisa en sus labios y el pleno convencimiento en el tono de su voz.

El padre Baiu sonrió a su vez asintiendo con la cabeza.

—Ya veo —siguió el sacerdote—. De acuerdo. Creo que sería mejor celebrarlo mañana por la mañana un poco antes del alba. Podemos hacerlo en una pequeña capilla que hay en la parte de atrás de la casa principal.

—Sé cuál es —dijo Sasuke asintiendo a su vez.

—Está bien, nos vemos allí a esa hora. Y, Sasuke ... necesitamos un testigo.

Sasuke asintió, dispuesto a encargarse de ello. Se levantó de la silla y se acercó a la puerta seguido por el padre Baiu.

—¿Le veré esta noche en la cena, padre?

—No me lo perdería por nada del mundo. Ah, Sasuke otra cosa. Me gustaría hablar con Sakura antes. Solo quiero saber que ella también entiende dónde se está metiendo.

Sasuke pareció valorar lo que le había dicho el sacerdote.

—Se lo diré —dijo finalmente, abriendo la puerta para irse.

—Sasuke —le llamó el padre Baiu antes de que cruzara el umbral. Sasuke notó un ligero titubeo, nada común en el hombre al dirigirse nuevamente a él—. Me alegré mucho cuando vi a Utakata la última vez. Se le veía feliz. Es bueno verlo así después de lo de Itachi, sin embargo no sé si puedo decir lo mismo de ti. Aunque parece que nada te afecta creo que tú estás sufriendo más esa pérdida porque lo haces sin compartir tu carga con nadie. Estabas muy unido a tu hermano. Si necesitas hablar alguna vez, aquí me tienes.

Sasuke sonrió de medio lado antes de contestar al sacerdote.

—Estoy bien. Se lo agradezco pero me encuentro perfectamente y aunque echo de menos a mi hermano, es algo que pasó hace un par de años. El tiempo ha hecho bien su trabajo.

El padre Baiu vio desaparecer a Sasuke en la lejanía. Lo había intentado, pero Sasuke Uchiha era un hombre hermético, demasiado para hablar de sus propios sentimientos, demasiado para admitir que seguía sufriendo.

Sakura estaba agotada, se quedó profundamente dormida y tuvieron que llamarla para la cena. Se puso uno de los pocos vestidos que llevaba para ocasiones más especiales. Una prenda de color azul cielo con algunas cuentas bordadas en el talle. Se había visto algo demacrada y con surcos oscuros bajo los ojos pero tampoco podía pedir más con los acontecimientos de esos dos últimos días. Sin embargo cuando vio la mirada de Sasuke sobre ella al verla en el salón, el color volvió a sus mejillas y un calor que antes jamás había sentido se extendió por todo su cuerpo bajo el efecto de esos ojos color de la noche. La cena transcurrió de forma tranquila, salvo por el hecho que el padre Baiu se sentó esa vez a su lado y la conminó para hablar un poco más tranquilos después de la cena. Y eso habían hecho, un poco apartados cuando todos estaban más relajados al terminar de comer las viandas. Fue difícil para Sakura saber que el padre Baiu a grandes rasgos conocía lo que le había ocurrido, pero sabía que era necesario para que el sacerdote los casara, y Sasuke estuvo pendiente de ella en todo momento por si le necesitaba. Le veía dirigir su mirada desde la mesa hasta donde estaban sentados ella y el sacerdote. Era una locura pero Sakura, después de llevar todos esos meses sin decírselo a nadie, sin poder contar con nadie para que la ayudase, ahora se encontraba cada vez con más asiduidad buscando la mirada de Sasuke, solo para saber que estaba ahí. La hacía sentir segura y tranquila. Esa especie de necesidad de estar a su lado, de comunicarse con solo con una mirada, con una sonrisa, estaba arraigando en su interior de tal forma que sabía que en poco tiempo sería tan necesario para ella como lo era el respirar, y eso daba miedo. Porque ¿y si ese matrimonio que empezaba como un acuerdo, se convertía en algo más para ella? ¿Y si se enamoraba de Sasuke y él solo sentía una tibia amistad? Empezaba a sentir que quizás esa fuera otra clase de tortura, una que podría terminar por romperle el corazón sin remedio.

Al final de la velada el padre Baiu pareció convencido con su charla y se despidió de ella diciéndole que la vería antes del alba para el casamiento.

Sasuke la acompañó hasta su habitación, despidiéndose en la puerta con un beso en la mejilla que hizo que Sakura quisiera tocar con sus dedos esa porción de piel que él había dejado marcada con su beso, con su deliciosa presencia. Ese fue el momento en el que, a pesar de ser una mujer educada, maldijo por lo bajo. Eso se parecía mucho a un sentimiento amoroso. Por Sasuke. Negándose a que aquello fuese más de lo que en realidad era, intentó despejar su mente y negar cualquier atisbo de emoción.

—Te veo en unas horas. Intenta dormir algo, ¿de acuerdo? —le dijo Sasuke antes de que frunciera su ceño ante la expresión que vio en la cara de Sakura.

—¿Estas bien? —preguntó, tocándole suavemente la mejilla con la palma de su mano.

Sakura tembló al sentir su contacto y Sasuke malinterpretó su respuesta, retirando su mano con presteza.

—Lo siento, no he querido incomodarte —dijo con una mirada llena de intensidad.

—Y no lo has hecho —replicó Sakura sonriendo débilmente—. Solo es que estoy nerviosa. No sé si estamos haciendo lo correcto y sé que estoy siendo egoísta permitiéndote hacer esto por mí. Eso no me hace sentir bien conmigo misma. —En su voz él pudo notar el pesar y la culpa que se autoinfligía sin razón alguna.

Angustiado, quiso comprobar si lo que le decía era cierto y volvió a colocar su mano sobre la mejilla de la joven. Esta vez Sakura tembló, pero le miró a los ojos y él pudo ver que no era miedo lo que había tras ellos sino incertidumbre.

—Nadie me está obligando a hacer esto, Sakura. Nadie. Y cualquiera que me conozca podría decirte que jamás hago algo que no quiera hacer, así que deja de cuestionar mis motivos porque tú no tienes la culpa de nada, ¿me oyes? De nada. No quiero volver a ver en esos ojos esa pregunta, porque su respuesta es que deseo hacer esto, y que nada ni nadie me impediría casarme contigo dentro de unas horas, salvo tú.

Una sonrisa se extendió por los labios de Sakura y Sasuke no pudo resistirse. Se acercó y, de forma suave, rozó sus labios con los de ella, esperando que Sakura se acostumbrara a él. Solo iba a ser un beso de buenas noches pero cuando Sasuke sintió los dedos de Sakura enredarse entre su pelo perdió la batalla y la atrajo hacia él despacio, haciendo que sus cuerpos se tocaran desde el pecho hasta sus piernas. Sentir el cuerpo de Sakura le hizo soltar un gruñido y ahondar el beso, intentado no perder el control, algo que le estaba costando la vida misma, porque lo que quería era devorar su boca y saquear su interior con toda la necesidad y el deseo que le consumían en ese instante.

Sakura pensó que sus piernas temblorosas la harían caer al suelo sin remedio cuando el beso de Sasuke se volvió más exigente. Al principio había pensado en salir de su abrazo, romper ese beso cuando todo su ser se puso en alerta. Pensó que el pánico se apoderaría de ella, pero en ese momento, como si Sasuke pudiese leer en su interior sin necesidad de decirlo en voz alta, ralentizó el gesto, dejando que cogiera prácticamente las riendas del mismo. Eso produjo en Sakura un efecto totalmente opuesto al que esperaba y la que terminó profundizando en el beso fue ella. Escuchó una especie de gruñido procedente de la garganta de Sasuke y eso la hizo sentirse poderosa, la hizo ser atrevida. No podía reconocerse a sí misma, pero quería volver a escuchar ese ruido en los labios de Sasuke. Enredó su lengua con la de él y le devoró con toda el ansia y la inexperiencia que tenía. La fuerza de su deseo, aunque desconocido para ella, superó con creces su inocencia y Sasuke rompió el beso, apoyando su frente en la de ella.

—¿Y todavía te quedan dudas? —preguntó con la voz entrecortada.

Ambos estaban jadeantes y les parecía faltar el aire.

Sakura le miró a los ojos y lo que vio en ellos le dio la seguridad para ponerse de puntillas, darle un beso en la mejilla y decir unas palabras que solo unos días atrás pensó que nunca volvería a repetir a nadie ajeno a su familia.

—Confío en ti.

Sasuke sintió una sensación cálida y devastadora que se extendía por su pecho. Sabía lo importantes que eran esas palabras y lo que debía de haberle costado pronunciarlas. El hecho de que después de todo lo que le había pasado confiase en él le llenaba de orgullo. Eso era algo nuevo.

—Solo una cosa más antes de dejarte descansar —añadió él cogiéndola de la mano—. El padre Baiu me dijo que necesitábamos un testigo. Te prometí que no se lo diría a nadie y por eso necesito tu permiso. Prometo que solo contaré lo necesario.

Sakura arrugó un poco el entrecejo ante sus palabras. Sasuke empezaba a familiarizarse con sus gestos y ese era uno de los que más le gustaban. Le parecía muy tierno el modo en que esas leves arruguitas surcaban el pequeño espacio entre sus ojos cuando algo le preocupaba o se concentraba con intensidad. Quiso posar sus labios justo en esa pequeña porción de piel y borrar las huellas de su preocupación con besos. La vio debatirse consigo misma. Vio su nervosismo, la incertidumbre, el miedo. Todo eso resplandeció en sus ojos en solo unos segundos y no quiso seguir torturándola por más tiempo. Iba a decirle que no se preocupara, que no iba a contarle nada a nadie, que ya vería cómo lo podía arreglar, cuando otra vez esas palabras le dejaron desarmado.

—Confío en ti.

Esta vez Sasuke tuvo que contenerse. Sakura estaba poniendo su vida en sus manos, la suya y la de todos los que amaba. Esa calidez que antes creyó extenderse por su pecho, en ese preciso instante lo abrasó y supo sin lugar a dudas que por primera vez en su vida estaba enamorado. Lo que creyó que jamás le pasaría, lo que pensó que no experimentaría por ser demasiado cínico para ese sentimiento, eso mismo estaba ahora presionando su pecho como si lo hubiesen cogido en un puño y lo cerraran dejándolo indefenso, vulnerable y desorientado. Quizás ahora lo reconociese pero no era nuevo: le había golpeado desde que la vio por primera vez.

—De acuerdo —dijo sin poder agregar nada más en ese momento.

Sakura miró a Sasuke con preocupación. Le parecía que este se había puesto blanco en un momento. Quizás la herida le estuviese doliendo demasiado, o quizás la fiebre, la misma que había notado en sus manos y en los labios cuando la habían tocado, estaba empezando a afectarle. No era una fiebre alta pero sabía que tenía y eso producía desasosiego en su interior.

—¿Te encuentras bien? —El tono de su voz dejaba patente su preocupación.

Sasuke reaccionó en un instante. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras besaba la mano de Sakura, que todavía tenía entre las suyas.

—Perfectamente —le dijo, ahora haciendo exactamente lo que antes había deseado. Besó su entrecejo levemente y Sakura sintió de nuevo el calor extenderse en su vientre—. Hasta mañana —se despidió, volviéndose y desapareciendo por el pasillo.

Sakura se metió dentro de la habitación y cerró la puerta. Se apoyó en ella y se llevó las manos a las mejillas. Las tenía hirviendo. Quizás ella también tuviese fiebre pensó, sin que pudiese evitar que una genuina sonrisa se instalara en sus labios.

Sasuke volvió al salón. Sabía que Kakashi le estaba esperando. Había visto la interrogación en sus ojos todo el día y sabía que quería alguna respuesta.

—Ya pensé que no volverías y que tendría que ir a buscarte yo mismo —dijo Kakashi mientras servía un poco de vino en dos vasos. Uno se lo extendió a Sasuke mientras él tomaba un sorbo del suyo y esperaba a que Sasuke dijese algo.

—No hay mucho que contar —comentó con esa media sonrisa que le caracterizaba.

Kakashi bajó el vaso y le miró como si estuviese evaluando la veracidad de esas palabras.

—Y un cuerno —dijo inclinándose hacia delante y apoyado los antebrazos sobre las piernas, mientras le miraba directamente—. Eres mejor que tu hermano mintiendo pero tienes el mismo tic cuando lo haces.

Esas palabras hicieron que la sonrisa de Sasuke se tensara un poco. Siempre que escuchaba hablar de Itachi, algo en su interior se quebraba. No le prestaba atención y enterraba bien hondo ese sentimiento, sin embargo le costaba dominar la impresión inicial, que siempre le cogía por sorpresa.

—¿De qué estas hablando?

—Siempre que Itachi mentía, que debo decir fueron contadas ocasiones, tendía primero a mirar hacia la izquierda antes de centrar la mirada directamente en su interlocutor. Tú acabas de hacer lo mismo. Así que no me digas que no hay nada que contar. Para mí Itachi era como un hermano y su familia es mi familia. Tanto Utakata como tú podéis contar conmigo para lo que necesitéis, creo que eso no hace falta que te lo diga. Has pasado más tiempo en este clan que algunos de mis parientes más cercanos. Te conozco, sé que ocultas algo. Dime que no es de mi incumbencia y me callaré, pero déjame ayudarte si puedo.

La sonrisa de Sasuke se ensanchó y esta vez sí llegó a sus ojos negros. Entendía perfectamente por qué Kakashi había sido el mejor amigo de su hermano Itachi. Era un hombre de palabra, de honor, extremadamente observador e inteligente y que cuando ofrecía su amistad lo hacía para siempre. Él era el testigo en el que había pensado. No le parecía correcto casarse en secreto en sus tierras sin que él supiese nada. Además, sabía que Kakashi sospecharía algo. Era demasiado perspicaz para no hacerlo. Y estaba el hecho de que, si por cualquier razón había algún problema, tendría de testigo al jefe del clan Hatake. Eso era difícil de refutar, porque el dudar de su palabra llevaría aparejada una guerra contra quien osara decir o insinuar lo contrario.

—Lo que voy a contarte no me atañe a mí, no es mi secreto, pero quiero tu palabra de que lo guardarás como si fuese mío.

—¿Tienes que preguntarlo siquiera, mocoso? —preguntó Kakashi ahora más serio al ver la expresión grave de Sasuke —. Está bien —continuó cuando vio como este enarcaba una ceja—. Tienes mi palabra.

Sasuke no necesitaba más. La palabra de Kakashi era garantía suficiente. Antes moriría que desvelar nada de lo que le dijera.

Sasuke le contó a grandes rasgos lo que había pasado desde que partieron desde tierras de los Haruno. El ataque de los mercenarios, la confesión de Sakura y su idea de casarse en secreto con ella.

Cuando acabó, Kakashi tenía una expresión difícil de descifrar para quien no le conociera bien. Sasuke sin embargo sabía que Kakashi estaba todavía procesando lo que él le había contado.

Le dio unos minutos hasta que Kakashi le miró fijamente y su mirada fue dura e inflexible.

—Ese hijo de puta de Kinuta tiene los días contados —dijo mirando a Sasuke a los ojos.

—De eso no te quepa duda —replicó este con un tono de voz que sonó a sentencia.

Kakashi asintió antes de cambiar de tema.

—¿Estás seguro en lo de la boda? —preguntó Kakashi inclinándose nuevamente hacia atrás en la silla, tomando otro sorbo de vino—. Ya veo —continuó cuando vio la expresión y la mirada de Sasuke. Algo le decía que su amigo deseaba aquella unión más de lo que expresaba—. Entonces será un honor para mí ser tu testigo. Solo te daré un consejo —dijo Kakashi mirando a Sasuke de forma que le daba a entender que le decía aquello porque lo apreciaba—. No tardes mucho en contárselo a Utakata. Sé que se lo has prometido a Sakura y sé que si tu hermano lo supiera se sentiría obligado a declarar la guerra a ese clan, pero para Utakata sus hermanos son lo más importante. Se sentirá traicionado si piensa que no confiaste lo suficientemente en él.

Sasuke asintió. Eso era algo que él ya sabía, pero también tenía la certeza absoluta de que si Utakata lo supiera declararía la guerra a los Kinuta. Sakura era su cuñada. Y entonces el motivo de la disputa se haría público y se enterarían los Haruno y todo lo que Sakura trataba de evitar y por lo que estaba luchando sería en balde. Muchas vidas podrían perderse. Esa no debía ser la lucha entre dos clanes, debería ser entre dos hombres, pero sabía por la forma que tenía de actuar Kinuta hasta ese momento que aquel hombre era un cobarde. No lucharía con honor, no lucharía con el hombre que le desafiara. No, alguien como Kinuta mandaría a todo un clan a la guerra para encubrir sus fechorías.

—Debes tener cuidado con ese hombro. No creas que me ha pasado desapercibido que es una herida considerable. No quiero perder a otro Uchiha, ¿de acuerdo?

—¿Alguna vez te han dicho que pareces una gallina con sus polluelos? —replicó Sasuke haciendo como si eso le diese algo de repelús.

—Eres muy gracioso, Uchiha. La próxima vez que te vea te pegaré tal paliza que no podrás hablar en un mes, y menos decir esa clase de memeces.

Sasuke soltó una pequeña carcajada que hizo que Kakashi también sonriera.

—Mañana cuando os vayáis varios de mis hombres os escoltarán hasta el inicio de las tierras Uchiha. Y no me digas que no hace falta porque no admito discusión al respecto. ¿Está claro?

—Muy claro —contestó Sasuke, que sabía que cuando Kakashi se ponía así de cabezota era imposible razonar con él.

—Lo has dicho demasiado deprisa —dijo Kakashi con una ceja alzada—. La fiebre tiene que estar haciendo su trabajo cuando ni siquiera discutes. —Habló con una sonrisa, sin embargo su mirada denotaba preocupación.

—Con lo cabezota que eres, más que una mula, ni se me ocurriría llevarte la contraria. No es cuestión de fiebre, es cuestión de minimizar esfuerzos —dijo Sasuke levantándose—. Hasta mañana antes del alba —se despidió, y abandonó el salón.