Sin palabras
En el momento que sus miradas se cruzaron, el mundo pareció dejar de girar. Tal vez era una ilusión, un sueño, como aquellos que solía tener cuando anhelaba la vida que llevó en el santuario. No fue hasta que Cheng tocó su hombro que pudo reaccionar. El líder taonia mostraba una gran sorpresa al ver que el patriarca no cumpliera con el trato de no enviar más santos de Athena, pues ellos se encargarían en persona de brindar toda la información necesaria. Ahora conocían su ubicación, por lo tanto, el hecho de su existencia podría salir a la luz y el mismo señor de la guerra acabaría con ellos personalmente.
-¿Qué demonios hacen aquí? ¿Alguno de los dos quiere explicar?-Preguntó Cheng, intentando disimular la molestia que sentía.
Al darse cuenta de que su compañero Magnus no era capaz de salir del estado de estupefacción en el que parecía estar, Diana tomó la iniciativa y decidió que sería ella la que brindaría la información que solicitaba el líder de aquellos guerreros.
-Primero que nada, es un honor estar en presencia de todos ustedes.-Dijo Diana, haciendo una reverencia. -Soy Diana de lince y él es mi compañero, Magnus de Acuario. Hemos sido enviados por orden del patriarca debido a que el mensajero asignado por ustedes no se ha presentado a las últimas tres reuniones acordadas previamente.-Explicó.
Con el rostro rojo por la furia, pero manteniendo la compostura y sin perder la autoridad, Cheng volteó su rostro para ver directamente a aquel en el que había confiado y le había fallado: Yixing.
-Estoy seguro de que mi hermano tiene un fuerte motivo por el cual no pudo asistir a las reuniones. ¿No es así?-Dijo Jingfei, intentando excusar el actuar de su compañero.
Mostrando su nerviosismo, Yixing se escurrió entre la multitud y se acercó al frente haciendo una reverencia. -Las últimas tres veces que intenté ingresar al santuario, fui detenido por una chica... ella tenía una armadura dorada al igual que este tipo de aquí.-Comentó el muchacho.
-¿Cómo era ella?-Preguntó Magnus, completamente intrigado por el hecho.
Yixing rascó su cabeza por un instante, tratando de recordar los detalles importantes. -Era rubia, muy pálida y me amenazó con una rosa si me acercaba. No sabía que la rosa era venenosa. ¡Esa tipa casi me mata!-Exclamó él.
Diana y Magnus se vieron el uno al otro por un instante. Por la breve pero certera descripción, era obvio que se trataba de la guardiana del último templo zodiacal. Sin embargo, ellos sentían ahora una gran desconfianza al desconocer los motivos por los cuales ella impidió el acceso al mensajero, siendo que ese guerrero había sido asignado personalmente por Cheng y autorizado por el patriarca para poder ingresar a dicho sitio.
Por su experiencia personal trabajando cerca de la realeza, Diana sospechaba de una traición, cuestión que es muy común cuando de poder o de guerras se trata. A pesar de ello, dudaba mucho de esa posibilidad, pues había visto de cerca a aquella mujer y no le parecía alguien capaz de realizar tan vil acción para dañar al santuario. Además, tenía una estrecha relación con Brina de Cáncer y su compañero Magnus parecía ser muy cercano a ella. De ser una traición, alguien tan perspicaz como Brina o alguien tan desconfiado como Magnus lo habría notado desde hacía tiempo.
-Lo resolveremos luego, ahora simplemente deseo saber ¿Cómo pudieron acceder a esta ubicación? Sólo un alto taonia puede abrir la barrera que protege este lugar de los intrusos.-Preguntó el líder, a la vez que explicaba el por qué era imposible que cualquiera ingresara fácilmente.
La respuesta salió justo tras los dos caballeros de Athena. Una chica de aproximadamente 17 años se asomó e hizo una reverencia. Sus ojos eran rojizos y su cabello de un bello azul cobalto. Su piel pálida y sus facciones la hacía verse como nativa de ese sitio y esa armadura negra que portaba era inconfundible.
-Mi nombre es Song Yue, llevo con honor el ropaje del loto desde los 13 años. Yo abrí la barrera porque... no sé por qué lo hice, no puedo recordar nada más que mi nombre y mi armadura.-Dijo la chica.
Jingfei sintió su sangre helarse al escuchar ese nombre, Song Yue era el nombre de su madre y ella había muerto años atrás. Visiblemente afectada por la situación, se acercó rápidamente y tomó la mano de la chica. Al entrar en contacto con ella una serie de imágenes y visiones le mostraron el origen y procedencia de la chica. Al parecer, fue algo mutuo, pues Yue también pudo ver todo sobre su propia vida y la de la mujer que había tomado su mano.
Debido a la impresión por lo visto, ambas se tambalearon y cayeron al suelo.
-*Bǎomì-Dijo Jingfei casi en un susurro, a lo cual Yue accedió.
Se pusieron de pie, ayudándose la una a la otra. La recién llegada parecía querer llorar, sus ojos se veían vidriosos y su rostro lleno de emoción. La multitud se disipó y Cheng convocó a una reunión de emergencia. Roulan, los caballeros de Athena y Jingfei se encontraban sentados unos frente a los otros. La incomodidad del santo de Acuario y la joven taonia era notable, pero se encargaron de dejar cualquier palabra hiriente o sentimiento fuera de la sala en ese momento tan importante. A petición de su líder y maestro, ella comenzó a relatar de manera resumida lo que vio al tomar la mano de Yue.
-Yue viene de un futuro muy lejano. Un futuro en el que Ares ganó la guerra y eliminó a todo aquel que pudiera amenazarlo. Ella también es... también es mi hija y de Ares al parecer.-Explicó Jingfei.
Magnus apretó los puños, conteniendo el aliento, pero manteniendo su ya común semblante estoico ante la situación. Aunque por fuera parecía sereno y concentrado, Diana pudo notar rápidamente como dicha noticia le había afectado.
Roulan mostró su apoyo a la chica tomando su mano mientras ella hablaba. -¡No es lo que ustedes piensan!-Exclamó.
Sin poder resistir la mezcla de emociones que tenía en ese instante, Magnus habló por fin. -¿Qué es lo que pensamos? ¿Será que sigues siendo esa niña que se dejó envolver por un hombre mayor porque era su maestro y la hacía sentir especial? ¿O es a caso que resultaste ser muy ingenua a pesar de todo lo que nuestros maestros... mis padres te enseñaron en el santuario?-Cuestionó, de manera muy sarcástica.
Cualquier atisbo de nostalgia o alegría que Jingfei pudo haber sentido al volver a ver a Magnus se convirtió en furia. -¿En base a qué haces tus acusaciones? ¿Tus sentimientos? Me parece muy inmaduro de tu parte hacer ese tipo de asunciones sin conocer el resto de la historia. Actúas contrario a lo que Leandros tanto te replicaba cuando entrenamos juntos.-Expresó ella.
Antes de que ese breve intercambio de palabras se convirtiera en una discusión mayor, un golpe fuerte a la mesa los devolvió a la compostura. Había sido Diana quien había realizado esta acción para distraer su atención de lo que ella consideraba una tontería y que pudieran enfocarse en los temas importantes a tratar. -Prosigue.-Dijo.
-Me temo que Ares ya sabe nuestra ubicación y todo es culpa mía. He sido su caballo de Troya en este sitio.-Al decir esto, ella elevó su muñeca, mostrando un bello y pequeño corazón tatuado en dicho sitio. -Él me llevó con una mujer hace tiempo y ambos recibimos esta marca como promesa de estar juntos algún día. En ese tiempo, yo desconocía de qué se trataba.-
-Es la marca de Afrodita. ¿Por qué nunca me mostraste que tenías eso?-Preguntó Roulan.
-Tenía miedo, esto se volvió como la marca de mi vergüenza e ingenuidad... Magnus tiene razón, yo fui una niña muy tonta que se dejó enredar por la primera persona que le mostró un poco de amor.-Admitió, haciendo que su compañero sintiera la amargura de sus palabras. -A través de esta marca, él ha podido saber el lugar en el que me encuentro siempre y no solamente eso, está esperando el momento adecuado para manipularme y que me una a él en todos los sentidos.-Confesó la chica.
Diana sintió escalofríos al escuchar esas palabras. Disimuladamente, desató un ancho brazalete que siempre había cubierto su muñeca derecha y mostró que ella también tenía una marca parecida. Todos en la habitación quedaron en silencio por un instante, nadie sabía por donde comenzar. Ambas chicas se observaron con detenimiento, intentando dilucidar un misterio que ni ellas mismas habían logrado comprender. Lo que quedaba muy claro era que estaban siendo manipuladas y utilizadas.
-¿Conocen a la otra persona que tiene una marca parecida? ¿Alguien en su entorno?-Preguntó Roulan.
-En mi caso, es Ares quien la tiene.-Respondió Jingfei.
Diana dio vueltas al asunto una y otra vez, tratando de recordar si había visto a aquel que sería encargado de controlarla. A su mente llegó un momento muy específico: Ella se encontraba recuperándose del sin fin de torturas que había vivido por parte de la nobleza los días anteriores y el rey en persona había llegado a verificar su estado. Fingió estar dormida y con los ojos entrecerrados, pudo ver como el rey cubría cuidadosamente lo que parecía ser un tatuaje con la manga de su traje. Se puso de pie rápidamente, experimentando un profundo dolor y confusión.
Sin mediar palabra, abandonó el lugar y corrió lo más lejos que sus pies le permitieron llegar, no sabiendo que alguien iba tras ella. Llegó al borde de un precipicio y se sorprendió ante la belleza del paisaje. Eran unas enormes montañas que parecían flotar debido a la neblina que cubría parte de ellas, un paso en falso definitivamente la mataría, pero antes de que si quiera pudiera considerar eso como una opción, alguien haló su cabello con fuerza y la hizo caer al suelo: era Jingfei.
-¿No estabas pensando en saltar? ¿O sí?-Preguntó.
La pobre chica no supo que decir y simplemente comenzó a llorar. Fue observada durante unos momentos por su acompañante, quien luego le tendió una mano para que pudiera ponerse de pie. Las dos caminaron por un pequeño sendero rodeado por un riachuelo, intentando despejar sus ideas. Sus primeras interacciones hace años no habían sido las mejores, así que la antigua portadora de la armadura de la serpiente no sabía cómo iniciar una conversación de manera adecuada.
-Gracias por cuidar a Magnus todo este tiempo. Se nota que es muy elocuente, seguramente eso es gracias a ti.-Mencionó la ahora taonia.
Diana asintió para luego decir: -Aunque ya puede hablar, es muy selectivo y no lo hace con cualquiera. Sigue prefiriendo el silencio y la escritura, es alguien muy solitario desde que te fuiste.-Se detuvo por un instante y luego se atrevió a preguntar. -Te conocimos por un nombre que no era el tuyo y en serio quisiera...
-Song Jingfei, ese es mi nombre. Aunque prefiero que me llamen Fei, es más corto y más cómodo para mí.-Respondió ella, intuyendo que esa sería la pregunta.
-Fei... no pensé conocer a alguien más con esta misma maldición. A ti te controla el dios de la guerra y a mí me controla el rey de Asgard. Él controlaba cada aspecto de mi vida, incluso mi apariencia. Es por esa misma razón que mi cabello es muy largo, porque él adora eso y lo ve como una virtud.-Confesó Diana.
Fei comenzó a reír, pero era una risa triste, llena de dolor y de ironía. Contrario a Diana, ella en verdad apreciaba el tener el cabello largo debido a las tradiciones de su hogar, pero cuando tuvo que partir para estar con su padre debió cortarlo. En los 3 años que estuvo lejos del santuario, creció de un largo considerable, pero seguía manteniendo el estilo masculino al que se había acostumbrado durante su niñez. Ambas estaban atadas y no era solamente por la marca que habían tatuado sobre ellas.
Se sentía agradecida con Diana por haber ayudado y acompañado a su amigo durante los momentos difíciles que seguramente tuvo que vivir, así que pensó en una manera de hacer algo por ella. La tomó de la mano y la dirigió hacia la habitación en la que ahora se hospedaba.
-¿Qué estás pensando hacer?-Preguntó la ex guardia de la corona, confundida al ver como un espejo y unas tijeras eran extraídos de un cajón.
-No sé cómo quitarnos esa marca, pero al menos quiero quitarle un poco de control a ese rey loco que te hizo esto.-Respondió Fei.
Diana asintió y fue así como la ex guerrera del ejército de Athena comenzó con la labor de cortar su cabello. A Fei le pareció curioso el color de cabello de la chica, siendo muy parecido al de la antigua esposa de su padre. Era obvio que no procedía de Asgard, su apariencia no coincidía con su procedencia. Los mechones violeta caían al suelo mientras la chica se mantenía con los ojos cerrados y a la expectativa del resultado final. Cuando por fin escuchó que era el momento, abrió los ojos.
Su cabello que siempre estuvo a la altura de su cintura ahora no sobrepasaba su mentón. Su rostro parecía relucir y sus ojos verdes ya no se escondían tras aquellos mechones largos. Sonrió ampliamente frente al espejo y algunas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Propio de ella, siendo una persona bastante afectiva, se puso de pie y brindó un fuerte abrazo a Fei. Al verse envuelta por los brazos de la otra, no le quedó más remedio que aceptar y corresponder.
Mientras esto sucedía, Magnus deambulaba por el enorme lugar en el que aquellos guerreros habitaban. Roulan era su guía mientras eso sucedía. El ahora santo de Acuario intentaba disimular sus emociones, pero el experto oráculo sabía distinguir muy bien los gestos de las personas, incluso si estas eran muy buenas en ocultarlos.
-Me doy cuenta de que no eres muy bueno con eso de los sentimientos.-Dijo Roulan, intentando romper el hielo.
Magnus detuvo su marcha al escuchar esas palabras. -No veo por qué debería serlo. Los sentimientos son simples ataduras que nos impiden avanzar hacia nuestros objetivos.-Pronunció, en un tono frío y sin emociones.
-Es obvio para mí que sientes cosas por ella, lo hacías desde antes de saber que era una mujer. Seguramente te sentiste muy confundido y al llegar aquí tenías la esperanza de tener una resolución al respecto. El problema fue lo sucedido con esa chica Yue. Ahora te sientes celoso, traicionado y decepcionado al ver que nunca tuviste una oportunidad y ella terminó al lado de alguien más.-
Las palabras de Roulan fueron certeras y afiladas como dagas, dagas que terminaron aumentando el dolor que Magnus estaba sintiendo. Reunió su amargura y la expresó a través de una sonrisa sarcástica. -Es muy atrevido de su parte hacer ese tipo de afirmaciones, pero me temo que se equivoca. No me siento de la manera que usted asegura. Mi deber era vigilar a esa persona y evitar que nos traicionara, nada de lo que usted pueda imaginar es real. Son todas meras especulaciones. Jamás he sentido amor de ese tipo por alguien y dudo que alguna vez lo haga.-Espetó.
Roulan sonrió y le dijo: -Dices muchas mentiras, espero que las creas porque yo no lo haré.-
Magnus se retiró del sitio y comenzó a avanzar rápidamente hasta que se encontró con Diana nuevamente, pero esta no estaba sola. Intentado reconciliar a los viejos amigos, la protegida por la constelación del lince los encaminó a las afueras del recinto para que pudieran conversar apropiadamente y se retiró. El silencio entre ambos era muy incómodo, hasta que el santo de Acuario decidió terminar con la situación de manera abrupta.
-Ela dijo que era posible encontrarte en este sitio, por eso he traído algo para ti.-Dijo él, desplegando la armadura de la serpiente en el acto, quedando esta en su forma de objeto.
-¿Qué con eso?-Preguntó Fei.
-Simple, debes ponerte tu armadura y volver al santuario a cumplir con tu deber con la diosa. Zale logró persuadir al patriarca para que tu castigo no sea la muerte y puedas regresar.-Explicó.
Fei rió de forma nerviosa mientras veía el objeto y luego volvía la mirada hacia su antiguo compañero de armas. -¿Me estás jodiendo? Ni siquiera sabes mi nombre, no vas a preguntar los motivos que tuve para hacer lo que hice. No tienes idea de todo lo que pasé aquí o de los planes que tengo.-Comenzó a decir ella, haciendo una breve pausa antes de continuar. -Ya no pertenezco a la orden de Athena, mi lugar está aquí con ellos. Lo estuvo desde un principio.-Afirmó.
Magnus de Acuario dejó de lado su semblante serio y mostró una sonrisa que en lugar de ser cálida fue más... siniestra. -¿Todo eso? ¡Oh! No es mi asunto en lo absoluto. Ya se encargarán las personas a las que les interesa que regreses. Mi único deber en esta ocasión es que vistas tu armadura y regreses, no planeo involucrarme más contigo.-
-No lo haré.-Espetó ella.
-Soy un santo dorado ahora, tu superior y por lo tanto, debes obedecer mis órdenes sin cuestionarme.-Afirmó él con orgullo.
-Ya no formo parte de ese ejército, tú no eres mi superior.-Fei estaba decidida a enfrentarlo si era necesario.
La temperatura a su alrededor comenzó a descender de manera abrupta. Sus ojos rojizos destellaban de una manera aterradora e impropia de él. Parecía una persona completamente distinta, no solamente por su apariencia, era más su manera de actuar y su aura extraña. Aquel que consideró un amigo, el mismo chico por el que había comenzado a sentir algo distinto al simple cariño de compañeros, se había convertido en alguien despiadado que ahora la atacaba. Ella se limitaba a esquivar cada uno de sus golpes lo mejor que podía, pero era incapaz de utilizar su cosmos por dos razones: no quería empeorar el enfrentamiento, hiriéndolo a él y no podía permitir que la entidad que ahora poseía su cuerpo despertara y se apoderara de ella.
No podía escapar por siempre, el caballero débil e inseguro que conocía había desaparecido y en su lugar, un hombre muy habilidoso y poderoso había surgido. Hacía honor a su rango, pues no le tomó mucho tiempo atrapar a la chica en una columna firme de hielo, inmovilizando sus extremidades casi por completo. Se acercó a ella peligrosamente. El brillo en su mirar era inhumano, Fei lo pudo detectar inmediatamente.
-Sé lo que dirás, me dirás que el castigo de la deserción es la muerte y por eso tienes que acabar conmigo.-Dijo ella en tono triste.
-Efectivamente. Es bueno que todavía recuerdes las reglas, aunque fue completamente inútil porque quebrantaste todo aquel principio que debía regirte.-Mencionó Magnus.
Antes de que pudiera dar el golpe de gracia, una fuerte embestida lo sorprendió por un costado. Cuando por fin se recuperó, pudo ver que se trataba de un guerrero que no había visto antes. Su cabello era rojizo y sus ojos negros. A diferencia de los otros taonia que había visto, este no portaba ningún ropaje o arma, en cambio, luchaba con la fuerza bruta de su cuerpo. Magnus se puso de pie y cuando intentó atacar de nuevo, una invisible y aplastante fuerza parecía impedir que lo hiciera.
-¿Quién eres?-Preguntó el caballero dorado con algo de dificultad para hablar.
-Soy Xiaojun, herrero del lugar y también fiel protector del mismo.-Se presentó.
Roulan observaba desde la distancia como el conflicto se desarrollaba, apretando los puños con impotencia la no poder intervenir con el funesto destino que le esperaba a los tres jóvenes reunidos en el campo de batalla. Solamente era cuestión de tiempo para que todo se saliera de control.
*Bǎomì es la pronunciación de la palabra utilizada en chino tradicional para pedir guardar un secreto.
