Sombrero Seleccionador


Lo encontró entre las ruinas del patio exterior, un poco chamuscado en los extremos y sin los rasgos que solían aparecer en él cuando cantaba o proclamaba una casa.

—Parece que lo ha pasado mal. —Luna Lovegood se agachó y lo cogió de un extremo—. Seguro que pueden repararte.

Volvió al Gran Comedor con el Sombrero Seleccionador en la mano. La felicidad ya parecía haberse agotado; Harry se había escabullido gracias a su distracción y todavía no había vuelto, y el ambiente parecía cargado de aturdimiento y tristeza. En su camino se encontró con pequeños grupos de gente que hablaba en voz baja, o bien lloraban juntos.

—Luna.

Neville estaba sentado sobre un pedazo de madera que había pertenecido a la mesa de Hufflepuff, antes de que esta volase por los aires. La espada de Gryffindor seguía en sus manos.

—Podríamos habernos llevado el Sombrero Seleccionador, de haberlo sabido… —dijo Luna, recordando el intento de robo que habían realizado en septiembre.

—Colin ha muerto —respondió Neville.

Luna sintió una punzada en el estómago; había conocido al chico en las clases del ED y siempre le había parecido muy valiente. Ahora que existía la certeza de un futuro mejor en el horizonte, la muerte parecía mucho más cruel, incluso a sabiendas de que Colin no se había perdido del todo. Luna recordaba los susurros tras el velo en el Departamento de Misterios, y siempre se había aferrado a la idea de una existencia que nunca terminaba; pero había demasiado que Colin no conocería, ni volvería a disfrutar, como el simple hecho de encontrarse en el Gran Comedor esa mañana, con los rayos de sol que se colaban entre los cristales fragmentados de las ventanas calentando la espalda, sabiendo que había muchos días por delante para disfrutar de la primavera.

A Luna le entraron ganas de llorar.

—Creía que no estaba en Hogwarts —dijo, con un hilo de voz.

—Los profesores lo… Es una historia un poco larga, me la ha contado la profesora McGonagall. Cuando escuchó el mensaje de… ya sabes, vino a Hogwarts.

—¿Dónde está la profesora McGonagall?

—Allí. —Neville señaló un extremo del Gran Comedor—. Pero…

—¡Neville!

Hannah Abbott, con una túnica de Hufflepuff manchada de barro y un corte en la mejilla, se aproximó a ellos corriendo.

—¡Vi lo que hiciste con la serpiente! —exclamó al llegar hasta ellos—. ¡Fue… fue…! —A Hannah le faltaron las palabras; estaba sin aliento y enrojecida, y Luna pensó que tal vez no se debía a la carrera.

—Oh, no fue nada… —dijo Neville, mirando distraídamente la espada—. Solo suerte.

—¡Suerte! Bromeas… —Hannah se sentó al lado del chico, y Luna entendió que debía dejarlos solos, así que se marchó sin despedirse.

La profesora McGonagall se encontraba en el otro extremo del Gran Comedor, rodeada por los demás profesores. Slughorn estaba bebiendo de una petaca y el profesor Flitwick había tomado la palabra.

—A los Carrow por poco los linchan dos alumnos de séptimo curso y, a decir verdad, no lo habría culpado…

—¡Filius! —protestó la profesora Sprout.

—Ya sé, ya sé… En fin, los tenemos encerrados en una habitación. Espero que no tarden en llevárselos a Azkaban.

—¿Profesora? —llamó Luna, dirigiéndose a la profesora McGonagall.

—¿Señorita Lovegood?

Sin otras palabras, Luna le tendió el Sombrero Seleccionador.

—Ah… —La profesora chasqueó la lengua. Tenía los ojos algo enrojecidos, como muchos otros—. No sé si seguirá funcionando.

—Claro que sí, profesora —dijo Luna—. Solo está un poco roto. —Y a continuación miró a su alrededor.

Al igual que el castillo.

Cuando estaba en la Mansión Malfoy solía soñar con Hogwarts. Lo veía tal cuál era: un lugar que daba miedo y reconfortaba; que guardaba secretos y que a la vez dejaba que los alumnos conocieran cada uno de sus rincones; que incluso en los momentos en los que parecía cruel o frío, ofrecía grandes chimeneas frente a las que acurrucarse, o balcones a los que escabullirse para contemplar las estrellas.

Todo eso seguía allí, entre el polvo, la madera astillada y las quemaduras.

—Gracias por traérmelo, en cualquier caso —dijo la profesora McGonagall y, en un gesto extraño, apretó el Sombrero contra su pecho—. Procuraré arreglarlo enseguida. Debe volver a su sitio.

«Igual que muchas otras cosas».

Hogwarts se recuperaría y volvería a ser un hogar. Si las sombras regresaba alguna vez al mundo mágico, como era prácticamente inevitable que sucediese, entonces las generaciones futuras quizás recordarían lo ocurrido durante ese año y sacarían de su ejemplo las fuerzas para continuar; como pequeñas motas de luz luchando solas contra la oscuridad.


NA.

Pues nada, hasta aquí hemos llegado XD Gracias por leer, y si te ha gustado (o no) hay una cajita debajo de este texto que puedes usar para decirmelo ^^