Boku no hero academia pertenece a Kōhei Horikoshi y yo escribo esto por simple pasatiempo. Nada más y nada menos.
Personajes: Izuku Midoriya/Katsuki Bakugo/Shouto Todoroki. OT3
Palabra: Familia.
¿Y nosotros?
Por:
PukitChan
XXII
La parte de nosotros que es para ti
Las manos de Katsuki temblaron de una forma casi imperceptible cuando intentó abrir la puerta de la habitación privada de Izuku sin conseguirlo. Aquello era una estupidez, lo sabía. Había pasado poco más de una semana desde que habían rescatado a Izuku y aunque hasta ese momento no habían podido estar a su lado, todas las personas que lo habían atendido se habían encargado de decirles lo mismo una y otra vez, con una expresión llena de admiración y alivio: Deku lo estaba logrando. Inclusive si su recuperación había sido y continuaría siendo lenta, en ningún momento había dejado de luchar. Izuku no tenía planeado darse por vencido.
Bakugo sabía eso mejor que nadie. ¡Ese nerd nunca se rendiría! ¡Jamás lo haría!
Y si así era, entonces, ¿por qué se sentía de esa manera?
—Katsuki.
A su lado, Shouto esperaba pacientemente, mirándolo, a pesar de que estaba igual o más desesperado que él por comprobar con sus propios ojos que Izuku estaba bien. Durante unos segundos, su mundo se redujo a eso: a ellos observándose, sabiendo que detrás de esa puerta estaba la persona que más querían y ese sentimiento era tan intenso, tan profundo que en momentos como esos, los abrumaba y les hacía ir más despacio, no porque tuvieran miedo sino porque controlarse era difícil. Lo que sentían por Izuku se les desbordaba tanto a ambos que a veces simplemente se quedaban paralizados.
—Tienes que devolverle la cadena —dijo Shouto con una sonrisa, añadiendo poco después—: Y gritarle. Prometí que podías gritarle, ¿cierto?
Katsuki lo observó de soslayo, dividiéndose entre el deseo de entornar los ojos y llamarlo idiota o comérselo a besos.
—¡Si le grito las enfermeras nos echarán de aquí!
—¿Desde cuándo le haces caso a las enfermeras cuando te piden que bajes la voz?
Ciertamente no lo hacía. Por eso, cada vez que terminaba en el hospital ya tenía una enfermera designada, la única que sabía convivir con un temperamento como el suyo y que siempre le guiñaba el ojo a Izuku y le traía una manzana a Shouto cuando lo iban a visitar.
Los tres habían terminado ahí lo suficiente como para cinco vidas, ¿no es así?
—También me da miedo —musitó Shouto, colocando una mano sobre su espalda—. Me da miedo que al entrar allí, Izuku no esté. La última vez que lo vimos consciente, nos dijo adiós. Y luego, cuando finalmente lo rescatamos… —Hubo una pausa, un momento de dolorosa vacilación. Katsuki sabía por qué. Más que la imagen de Izuku ensangrentado, lo que en verdad se había quedado grabado en su memoria era aquella expresión derrotada; Izuku dándose por vencido era algo que para él no existía, pero que por un momento vio con sus propios ojos—. A mí también me asusta que todo esto sea falso.
Katsuki movió incómodo la cadena de su cuello, sintiendo cómo se deslizaba por su piel.
—No tengo miedo —refunfuñó antes de soltar una maldición para al fin abrir la puerta—. Y esto es real.
El interior de la blanca habitación estaba bien iluminada, por lo que al entrar ambos pudieron ver con claridad todas las heridas y hematomas que aún conservaba el cuerpo de Izuku, quien en ese momento dormitaba con una pila de almohadas rodeándolo. Tenía toda clase de cables sobre su cuerpo y la larga cicatriz que rodeaba su cuello era la prueba de la terrible situación que había vivido.
Katsuki contuvo su respiración y sintió su corazón palpitar. Durante unos instantes ninguno habló. Todo lo que Shouto y él hicieron fue mirar la escena donde Izuku, a pesar de las cicatrices, las vendas y las heridas que poco a poco cerraban, estaba ahí, tranquilo y vivo, respirando con tanta suavidad que alterarlo parecía ser lo más cercano a un crimen.
Shouto fue el primero en reaccionar. Dejó escapar su aliento y con toda la calma que fue capaz de reunir, se acercó a la cama de Izuku, sentándose en absoluto silencio. Desde la entrada, Katsuki fue capaz de ver cómo los ojos de Shouto comenzaban a humedecerse mientras, temblando, miraba con intensidad a Izuku. Bakugo reconocía esa mirada: la había sentido sobre sí incontables veces y, maldita sea, ninguna persona en todo el jodido planeta volvería a decir que Shouto sabía cómo esconder sus emociones si se dieran cuenta de cómo podía ahogarse en sus propios sentimientos, porque estos eran tantos y tan fuertes, que era imposible contenerlos dentro de sí mismo. Era una mirada que siempre había hecho sonrojar hasta las orejas a Izuku y a la que Katsuki le diría que sí por el resto de su vida.
Era una mirada que había puesto a ambos de rodillas.
—Izuku —dijo Shouto y el estómago de Katsuki se contrajo por escucharlo pronunciar su nombre, así, en voz baja, tan desesperado pero al mismo tiempo lleno de emociones, porque por fin estaba ahí, frente a ellos. Entonces, Bakugo también se acercó y justo cuando llegó al borde de la cama, Izuku despertó.
Existía algo, Katsuki no sabía qué, que siempre parecía detenerse cuando Izuku abría los ojos y los veía. Tal vez era porque sus ojos eran los más expresivos que conocía o porque aquella tonalidad verde era la más hermosa. Quizá simplemente se trataba de Izuku y Bakugo nunca había acabado de entender todo lo que él significaba, pero sabía que verlo directamente a los ojos era demasiado. Así que cuando Izuku los vio a su lado, sus labios comenzaron a temblar y las gruesas lágrimas comenzaron a caer, Katsuki sintió que aquel desorden que existía en el mundo cuando desapareció, poco a poco volvía a su lugar.
En verdad Izuku estaba ahí.
—Kacchan, Shouto…
Qué desastre era Izuku, con sus mejillas encendidas, con sus ojos llenos de lágrimas y sus manos intentando vanamente limpiarlas. Qué desastre era Shouto, con sus manos tocando el cuerpo de Izuku con cuidado y sus labios besando los cabellos verdes.
Carajo, qué puto desastre era él, sucumbiendo a ambos, acercándose hasta aferrarlos a ambos en un abrazo mientras sentía cómo las malditas lágrimas comenzaban a caer de sus ojos, porque después de tantos días de angustia, noches sin dormir y la maldita y agónica espera de una posible muerte, finalmente habían llegado allí, a ese punto donde Izuku y Shouto estaban entre sus brazos.
—¡Izuku, eres un idiota! ¡Ustedes son unos idiotas!
Ellos eran héroes.
Ellos eran las personas que más quería y por las que Katsuki siempre lucharía.
Izuku y Shouto estaban vivos.
Autora al habla:
Exceso de ñoñez en este capítulo, porque este fic lo necesitaba y amo mucho sus momentos cursis Y QUIERO VERLOS SIENDO CURSIS PORQUE POR FIN ESTÁN JUNTOS Y SOY FELIZ DE QUE ESTÉN JUNTOS. AaJKAjka xD ¡Espero que les haya gustado este capítulo tanto como yo disfruté escribiéndolo!
Hime-chan; ¡ahora sí ya son felices comiendo perdices! Esperaba mucho verlos así, llenos de amor y ojalá para ti sea igual, que todos estén bien. ¡Muchas gracias por todo!
¡Muchas gracias a Makonhi potoya, I'm Dreams of a Violet Rose, Nea Poulain y Hime-chan por sus hermosos reviews!
Ya saben, cuídense mucho, tomen awa y no olviden su cubrebocas. ¡Excelente semana!
