Capitulo diez

Kagome avanzó primero fuera del gran portón de madera que daba la bienvenida a la mansión, con la flecha lista en su arco, a su espalda se acercó lentamente el grupo de tres mujeres.

La aldea sufría los estragos de un incendio fuera de control, había heridos en las calles y el grupo de asaltantes mantenía atadas a las mujeres más jóvenes junto a los barriles de vino y arroz que los habitantes de la aldea, guardaban en el lugar.

La joven sacerdotisa barrió con su mirada los alrededores para ver si lograba encontrar a Kohaku o a Kirara, pero solo estaban ellas, ocultas por las sombras de una noche que amenazaba con ser muy larga.

-Tienen que huir al bosque- les instruyó Kagome en voz muy baja para evitar ser oída-, es más fácil que puedan ocultarse allá mientras encuentro a Kohaku... Hana, ¿crees que puedes llegar?

-Tengo que intentarlo- murmuró ella sujetándose un momento sobre la anciana Kaede-, no puedo dejar morir a mi bebé, así como tampoco puedo dejarla sola en este mundo.

-Traten de encender una fogata cuando estén bien seguras- Kagome les dedicó una pequeña sonrisa de ánimo-, no hagan demasiado ruido e intenten caminar lo más rápido posible. Yo las encontraré una vez que sepa dónde está Kohaku y Kirara... Rin, estás a cargo.

Kagome las acompañó hasta un prado que parecía indicar el inicio del bosque. Tanto ella como Rin se desearon buena suerte y un pronto encuentro, conscientes de que estarían en peligro hasta que no estuvieran cerca de los límites de su aldea.

Sin embargo, avanzar por el bosque fue más difícil de lo que Rin se imaginó: si hubiera estado sola, habría podido correr unos cuantos metros lejos de aquel lugar que apestaba a humo y muerte, trepar a algún árbol alto y ponerse a salvo hasta el día siguiente, pero su realidad era muy diferente, ya que en un brazo llevaba un bebé que no dejaba de llorar, a su espalda, Hana y la anciana Kaede avanzaban con dificultad y sentía que en cualquier momento iba a aparecer algún bandido o alguna criatura horrible.

-¡Rin, detente un momento!- la instruyó la anciana Kaede- Hana no se siente bien y es mejor que descanse un poco.

Rin ayudó a la mujer a sentarse un momento, se dijo que ella parecía sentirse muy cansada, a pesar de que a su juicio se habían alejado muy poco de todo el ruido que inundaba a la aldea. Todavía era posible escuchar algunos gritos y vislumbrar el humo de los incendios entre las copas de los árboles.

-Creo que es mejor que me dejen aquí- suspiró Hana sintiéndose muy débil-, solo... solo las estoy retrasando y moriremos las tres si no llegamos pronto a un lugar seguro...

-¡No!- exclamó Rin- No te vamos a abandonar aquí. Solo... descansemos un momento y podremos continuar ¡Todo va a salir bien! ¡Vamos a llegar pronto a casa!

-Es peligroso para ustedes si siguen conmigo: la bebé no deja de llorar y nos van a descubrir ¡Es mejor que se salven ustedes y me dejen morir aquí!

-¡Entonces moriremos las tres!- insistió Rin, de pronto sintiendo mucha tristeza en su corazón- Hana, aunque sea lo último que haga en esta vida, ¡no permitiré que esa niña que acaba de nacer, se quede sin su mamá! Yo... si mi madre hubiese tenido alguien que la ayudara a escapar conmigo cuando asaltaron su casa, ella aún estaría viva...simplemente, no tengo corazón para abandonarte en un lugar peligroso y continuar con mi vida como si nada...

-¡Lo siento!- sollozó Hana abrazando a ambas mujeres- Lo siento mucho por hacerles venir hasta esta aldea y poner sus vidas en riesgo.

-Tu no tienes la culpa- la tranquilizó la anciana Kaede-, solo... las cosas suceden de la forma perfecta en que deben suceder. La vida es como la naturaleza del bosque: todo se sincroniza de la forma más adecuada y las cosas suceden en el momento justo en que deben suceder... Haremos todo lo posible por vivir, pero no quiero que nadie vuelva a mencionar la idea de dejarle abandonada en el bosque. Hana, la vida no manda ningún desafío para el que no estes preparada, ¡así que tú puedes superar esto! ¡Todas podemos!

-Con las prisas, creo que no haz elegido un nombre para tu bebé- susurró Rin entregando la niña un momento a su madre-, ¿Tienes alguna idea o prefieres llegar a nuestra aldea para elegirlo?

-Me gusta Saki. Es un nombre bonito y muy apropiado...

-Saki, entonces...- Rin sonrió, sintiéndose un poco más animada- creo que ya hemos descansado lo suficiente... ¿Intentamos caminar un poco más?

Hana le entregó a Saki para intentar reemprender aquella larga caminata. Aún se sentía muy débil por las energías perdidas durante el parto y el dolor que comenzaba a sentir en su vientre. Estaba segura de que pronto se iba a abrir su herida y le asustaba un poco el hecho de que comenzaba a sentir mareo con cada paso que daba.

Finalmente, y después de avanzar lo más que su agotado cuerpo le permitió, Hana se desmayó, siendo sostenida a tiempo por la anciana Kaede.

-Tendremos que acampar aquí, Rin- le indicó la anciana recostando a la joven madre sobre la hierba-. No creo que Hana pueda continuar, al menos hasta mañana...

-Encenderé una hoguera pequeña, comienza a hacer un poco de frío...

-Lo siento por todo esto- murmuró la anciana Kaede abrazando a Rin por sobre los hombros, una vez que el fuego estuvo listo-, envié por ustedes tan rápido y ha ocurrido todo esto, que ni siquiera te he preguntado cómo te fue con tus ventas durante el festival ni como estuviste sola por tantos días...

-¡Me fue bien!- la chica se acomodó en su abrazo, antes de sonreír un momento- Vendí muchas cosas y el señor Jaken no solo me cuidó en casa: también me ayudó mucho en la tienda, aunque creo que en realidad solo lo hizo para que no lo regañen.

-Eso significa que Sesshomaru sigue cerca, ¿verdad?

Rin se ruborizó un poco antes de asentir.

-Sí... ¡incluso lo vi! está bien y... dijo que quiere hablar con usted cuando regresemos a la aldea.

-¿Conmigo?- la anciana Kaede lucía un poco confundida- ¿No te dijo de qué?

-Creo... creo que quiere hablar de mí...- los ojos de Rin solo podían brillar de entusiasmo- Creo...que realmente quiere pedir su permiso para casarse conmigo...

La anciana Kaede miró a la joven Rin con toda la sorpresa de la que era capaz. No estaba entendiendo absolutamente nada y sentía que había escuchado mal o que Rin estaba realmente muy confundida. Se había ido consciente de que Rin podía estar enamorada del demonio y, a raíz de su última conversación estaba segura de que la chica se había convencido de que Sesshomaru era incapaz de sentir amor. Sin embargo, ahora se encontraba con la gran sorpresa de que él quería casarse con la jovencita... sin lugar a dudas, no estaba entendiendo absolutamente nada.

-¡¿Qué haz dicho?!... Rin... ¡¿Qué ocurrió entre ustedes los días que yo me fui?!

-¡Nada malo! Quiero decir... creo que... creo que es posible que me haya enamorado un poquito de él y que se lo dijera- la joven entrecerró un momento los ojos al ver el rostro lleno de sorpresa de la anciana-... también puede que él me dijera que me quiere y que me diera un anillo precioso que era de su padre...y puede que me haya dicho que quiere que sea su compañera y me case con él... además queremos hacer un viaje para ver el mar, ¿Puedo ir? ¡Prometo que me portaré muy bien y que seré toda una señorita! Además no estaremos solos porque el señor Jaken y Ah-Un nos van a acompañar, ¡Por favor, anciana Kaede, quiero ir!

-Ustedes... tú... ¡sí que eres especial, Rin!...- la anciana parecía querer ordenar sus ideas mientras miraba la sonrisa de la joven- Pequeña, cuando te hice transcribir las lecciones sobre prudencia y recato, fue con la idea de que aprendieras algo... ¡Jamás pensé que en ti tendrían el efecto contrario!...

-Si me hubiese quedado esperándole, él jamás me habría dicho nada- se defendió Rin con una sonrisa llena de orgullo-, además el señor Sesshomaru de verdad quiere hacer las cosas bien: yo... confieso que fui muy osada, ya que le ofrecí ser mi amante, pero él de inmediato dijo que quería casarse conmigo y... ¡ya pidió permiso al señor Jaken y ahora quiere que usted también nos dé su bendición!

-Es... sorprendente y muy inesperado...- la anciana Kaede parecía estar muy pensativa al respecto- Yo... no tengo ningún tipo de objeciones, pero... me preocupa un poco Kohaku.

-Hablaré con él una vez que lleguemos a la aldea y...

-Sango habló conmigo después de que fuiste al festival con él- se explicó la anciana mirando a la chica antes de tomar su mano-, me dijo que está muy enamorado de ti y que era muy posible que, pronto, pidiera tu mano.

-Anciana Kaede, ¡Si usted prometió algo en mi nombre, me escaparé ahora mismo!- Rin sintió su cuerpo temblar un momento y no precisamente de frío.

-No he prometido nada- aclaró la anciana-, pero me preocupa ese muchacho: el amor a veces es confundido con otras emociones más peligrosas y temo que él pueda hacer algo cegado por esas emociones.

-No puede ganarle en un enfrentamiento al señor Sesshomaru, si Kohaku es inteligente sabrá que nunca podrá hacerle daño.

-Sí puede- la anciana Kaede tomó la mano de la chica-, tal vez no en el plano físico, pero si en medio de los celos, descubre que a través de ti puede causarle a Sesshomaru un gran dolor, no descarto que pueda hacerlo.

Rin decidió ignorar aquellas suposiciones desagradables. Kohaku había demostrado ser un chico muy dulce y bueno con ella, quizás en el último tiempo había cometido errores, pero la chica no podía culparlo porque, después de todo, también ella se comportaba de forma torpe las veces que paseaba con su enamorado. Conocía a Kohaku, desde que era muy pequeña y sentía, en su corazón, que era imposible que él quisiera herirla para dañar al señor Sesshomaru, a quien además siempre había visto como una figura de respeto.

La joven no se dió cuenta cuando se quedó dormida, si no hasta que sintió el ruido de unos pasos aproximándose. De inmediato abrió los ojos y apretó sus armas entre los dedos, a la expectativa de que el dueño de aquellos pasos decidiera aparecer de entre la hierba.

-¡Aquí están!- exclamó Kagome dirigiéndoles una sonrisa- ¡Por fin las encuentro! Creo que estamos seguros aquí y podremos regresar en un momento a la aldea.

Kohaku apareció en ese instante acompañado por Kirara, que descansaba en sus brazos.

-Lo siento- murmuró el joven dirigiendo una sonrisa de disculpas-, me alejé un poco de la mansión porque estaba ayudando a escapar a unas personas y ayudando a defender un poco las casas de los empleados de la mansión, pero ellos pudieron escapar y ya están a salvo...

Rin asintió, sintiéndose un poco más tranquila al ver que su amigo estaba con bien. No obstante, al buscar en la espalda de Kohaku, no encontró al pequeño y verde sirviente del señor Sesshomaru.

-Kohaku... ¡¿Dónde está el señor Jaken?!

-Yo... pensé que estaba contigo- murmuró el joven mientras Rin le dedicaba una mirada llena de terror.

-¡No!- exclamó Rin paseando nerviosa- ¡Él se quedó en la entrada contigo! ¡¿No te dijo a dónde iba?!

-No. Yo... solo dejé de verle de un momento a otro.

-¡Hay que ir a buscarlo!- Rin sentía las lágrimas en sus ojos aumentar al ritmo de su desesperación- ¡Tenemos que encontrarlo! No debe estar muy lejos, yo creo que hay que volver por él ¡No quiero que le hagan daño!

-Rin, tienes que estar tranquila- Kohaku puso sus manos sobre los hombros de la chica-. El señor Jaken tiene su báculo: si está en peligro, lo más probable es que lo utilice y yo creo que se fue hacia el bosque y que ahora debe estar con el señor Sesshomaru.

-¡No! El señor Sesshomaru le dijo que viniera a cuidarme y el señor Jaken jamás le desobedece ¡Nunca me habría abandonado en estas circunstancias! ¡Pudo haberle pasado algo!

-Rin, tranquila- Kagome se acercó a la chica para acogerla en un abrazo-, si quieres yo puedo acompañarte a buscarlo. No debe estar muy lejos...

Rin asintió, sintiéndose muy agradecida.

-No me parece una buena idea- insistió Kohaku sujetando a Rin de la muñeca, intentando impedir que se fuera- ¡Es demasiado peligroso! La señora Kagome está cansada, los asaltantes siguen en la aldea y puedes hacerte daño... Sugiero que esperemos a que amanezca y...

-Yo no voy a abandonar al señor Jaken- Rin se soltó del agarre del muchacho antes de limpiar las lágrimas en sus mejillas- ¡Si nadie me quiere acompañar, yo voy a ir sola!

En ese instante, la joven comenzó a correr para alejarse del grupo e iniciar la búsqueda del pequeño diablillo.

-¡Rin, espera!- Kagome ni siquiera alcanzó a estar lista porque la joven ya se había ido-... Kohaku, quédate aquí cuidando a Hana y a la anciana Kaede, yo voy a buscar a Rin.

-¡Puedo ir yo! Usted debe estar cansada y esa chica me tiene que aprender a escuchar... ¡No puede hacer siempre lo que quiere, menos en estas circunstancias!

-No, no lo entiendes. Voy a ir a buscarla porque dije que la acompañaría, yo no voy a traerla de regreso hasta que no encontremos a Jaken y ustedes deben ir a advertir a nuestra aldea lo más rápido que puedan ¡No podemos retrasar la ayuda! Tampoco quiero que regañes a Rin, todos sabemos lo mucho que ella quiere a Jaken y que ella habría regresado a buscar a cualquiera de los que estamos aquí...


Rin avanzaba entre los árboles y la vegetación agarrando el cuchillo y la horquilla en su mano, con todas sus fuerzas. Se sentía asustada por los posibles peligros a los que podría verse enfrentada, pero estaba segura de que temía más por el destino del señor Jaken. Tenía mucho miedo de no encontrarle o encontrarle muerto.

A medida que emprendía el camino de regreso a la aldea que había sido destruida, fue inevitable para ella, recordar todas las veces que Jaken había cuidado de ella, la había protegido, o las veces en que había jugado con ella aunque realmente él no quería hacerlo. Sin lugar a dudas, Rin tenía que asegurarse de que él se encontraba con bien y que no le había pasado nada malo por acompañarla a aquella aldea. El señor Jaken no quería ir y tampoco quería que ella fuera, por lo que para Rin fue muy fácil comenzar a sentirse responsable de la suerte que él pudo haber corrido.

Paso a paso, Rin fue sintiendo el olor del humo, el ruido de espadas entrechocar entre sí y las voces de quienes suplicaban por piedad. Aún no terminaban de saquear toda la aldea y ella sabía que se encontraba muy cerca.

-¡Humano tonto!- la chica se detuvo guardando silencio al oír lo que parecía ser una voz de protesta del señor Jaken- ¡Ya vas a ver cuando el amo Sesshomaru te dé tu merecido! ¡Ahora bájame en este instante!

Rin siguió el sonido de la voz del señor Jaken para encontrarse con una escena que la llenó de temor: un grupo de tres hombres rodeaba al diablillo mientras uno de ellos lo sujetaba por el cuello de su ropa, elevándole a unos cuantos metros por encima del suelo y riéndose de él. Le habían quitado su báculo y uno de ellos lo miraba con mucha curiosidad, al tiempo que se preguntaba cómo podría utilizarse aquella peculiar arma.

-¡Amo Sesshomaru! ¡Amo Sesshomaru!- Jaken seguía llamando al demonio, consciente de que en cualquier momento podría aparecer- ¡Suéltenme! ¡Amo bonito! ¡Amo bonito, ayúdeme!

-Haz estado gritando mucho tiempo- razonó uno de los asaltantes-, yo creo que en realidad, ese supuesto gran demonio perro no existe y solo quieres que te soltemos para salir corriendo.

-¡Ya van a ver que sí existe! ¡Humanos idiotas, el amo Sesshomaru va a acabar con ustedes! ¡Amo Sesshomaru! ¡Amo bonito, no me abandone!

-¡Déjenlo en paz!- exclamó Rin saliendo de entre los árboles para lanzar el cuchillo y clavarlo sobre la pierna del hombre que sujetaba a Jaken- ¡¿Por qué no se meten con alguien de su tamaño?! ¡No está bien abusar de criaturas más pequeñas!..

-¿Rin?- una vez en el suelo, el diablillo no daba crédito a lo que veían sus ojos: la chica estaba de pie frente a ellos, se veía realmente pequeña a comparación de los asaltantes y aunque ella tenía la cara sucia, la belleza y la ternura seguían presente en sus facciones. Aquel instante de sorpresa, solo pudo durar un escaso momento, ya que el diablillo pronto vio la determinación en los delincuentes de atrapar a aquella impertinente muchacha- ¡Corre Rin, corre! ¡Corre y no dejes de correr!

Rin vio como el hombre al que había herido, se arrancaba el cuchillo de su pierna y en el instante siguiente ella estaba corriendo para proteger su vida. Fue inevitable para ella no recordar cuando era niña y la perseguían unos lobos, aunque esta vez no estaba corriendo en dirección a Sesshomaru; esta vez no tenía un plan en mente, solo sabía que quería que dejaran de maltratar al señor Jaken y que no iba a dejar que le hicieran daño frente a ella, por lo que actuó solamente guiada por el impulso.

Corría a toda velocidad, haciéndose daño con las ramas de los árboles y algunas espinas de las plantas, pero no sentía el dolor alguno, producto de las ganas que tenía de escapar de aquel lugar con vida.

Fue entonces, cuando sintió que alguien la agarraba por el brazo y, aunque luchó por verse liberada, su captor la sacudió con violencia un par de veces para que se quedara quieta.

-¡Aquí está!- exclamó aquel hombre sosteniéndola con firmeza y llevándola de regreso donde los otros dos seguían vigilando a Jaken - Me costó atraparla, pero no iba a ir muy lejos...

-Por su vestuario parece ser que es una noble- añadió uno de ellos dándose una vuelta a su alrededor para examinarla-, aunque es bastante salvaje ¡Vamos a tener que enseñarle cual es su lugar a partir de ahora!

-Yo creo que con ella debemos tener un trato especial, con esa cara tan bonita sería un desperdicio venderla con las otras y si están de acuerdo con no decirlo a los demás, podemos compartirla por esta noche... Preciosa, ¿no crees que estaría bien si te conviertes en nuestra amiga íntima?

Él se había acercado tanto a ella, que Rin podía sentir el aliento desagradable de aquel sujeto sobre su nariz. Estaba segura de que, en algún momento ellos se iban a distraer y así ella podría escapar antes de que intentaran hacerle daño.

-¡No te atrevas a tocar a Rin!- gritó el señor Jaken arrojándole una piedra y dándole una patada a aquel sujeto- ¡Si no la dejas ir te va a ir mal, ¿oíste?! ¡Ella no es alguien a quien puedas tocar con tus manos asquerosas!

-Es muy raro que a una chica tan linda, le pusieran de guardián una rana parlante... ¿Por qué no te vas a nadar con los sapos y nos dejas con esta chica tan guapa?

-¡Ella es la prometida del gran amo Sesshomaru!- exclamó Jaken arrojando tierra a los tres sujetos que se atrevían a estar tan cerca de la muchacha- ¡Si no la dejan ir van a tener problemas serios! ¡El amo bonito los va a desgarrar vivos! ¡Amo Sesshomaru, mire! ¡Amo bonito, están molestando a Rin y no es broma!

- ¿A quién quieres engañar? ¡Los demonios no se comprometen con humanas!- exclamó riendo uno de ellos- Si ese demonio se involucró con esta chica, lo hizo solamente para entretenerse con ella y dejarla después.

-Si le gusta estar con demonios, debe ser una chica muy traviesa...- murmuró el mismo que la había atrapado, mirándola con lascivia en los ojos- Creo que nos vamos a divertir mucho con ella...

Rin sintió el miedo ante el significado de aquellas palabras y quiso salir corriendo de inmediato, no obstante, en cuanto lo intentó, el hombre que estaba más cerca la sujetó por el cuello haciéndola retroceder enseguida, debido a la presión de aquellos dedos, cerrados en torno a su garganta. La joven miró a los ojos de aquel sujeto, a medida que sentía como poco a poco se iba quedando sin aire.

-¡Rin!- exclamó Jaken mirando a la joven con ojos llorosos- ¡No te mueras, Rin!...

Jaken estaba desesperado, por alguna razón el amo Sesshomaru no llegaba y temía que Rin no pudiera resistir mucho tiempo.

Rin no supo en qué momento, el hombre que la ahorcaba alzó su brazo extendido, elevándola, en consecuencia, unos centímetros por sobre el suelo. Estaba intentando respirar con todas sus fuerzas, al tiempo que agarraba la mano de su captor en un desesperado intento por arañarle y aferrarse a la vida, mas pronto, comenzó a ser consciente de que quizás aquel era su final, después de todo, había huido de la muerte dos veces, teniendo una vida muy cálida, y dudaba que el destino le concediera una tercera oportunidad.

Con sus últimas energías se dedicó a pensar en lo que podría haber hecho para defender su vida, porque sabía que, sin lugar a dudas podría haber hecho más: aun tenía la horquilla en una mano y, aunque intentó enterrarla en el estómago de su captor, ya era tarde y sus fuerzas estaban concentradas en mantenerla con vida un poco más. Pensó que, debió haber llamado al señor Sesshomaru en cuanto encontró a Jaken, pero estaba tan nerviosa que ni siquiera había pensado en hacerlo hasta ese momento. Se dijo que, quizás debería intentarlo, no perdía nada con susurrar su nombre y ver si acudía, después de todo, se supone que sus corazones estaban unidos por un vínculo fuerte como lo era el de la confianza.

-Se... se... Señor Sesshomaru...

Rin ocupó sus últimas fuerzas en pronunciar aquellas palabras, para luego dejar caer su mano, cerrar sus ojos y dejar que una última lágrima se deslizara, solitaria, por su mejilla.

Solo pasaron un par de segundos desde que Rin había cerrado sus ojos, cuando Sesshomaru enredó su látigo venenoso en el cuello del hombre que la sostenía, causando, que por fin, la soltara. Antes de que ella, inconsciente, se golpeara contra el suelo, el demonio apoyó una de sus rodillas en el pasto para alcanzar a sostener a Rin entre sus brazos.