DISCLAIMER: Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, y son utilizados sólo como fuente de inspiración y entretenimiento. La historia es de mi autoría.
EN LO PROFUNDO DEL BOSQUE
Capítulo 12: Máscaras
La respiración acompasada de Sakura era hipnotizante. Llevaba toda la noche observándola dormir, sin poder dejar de acariciar sus mejillas ruborizadas, o acomodando sus cabellos caramelo lejos de su rostro.
Habían pasado la noche mirando las estrellas a través de la ventana de su habitación, hablando de ciencia e historia recostados en un amplio sofá abrazados y besándose de vez en cuando, hasta que un silencio reconfortante los envolvió y Shaoran descubrió a su Fleur profundamente dormida.
Aunque la tentación era grande no quiso que durmiera en esa incómoda posición en el sofá, ni mucho menos tuvo el valor de recostarla en su propia cama a pocos pasos; así que alzando en brazos a su bella durmiente, la trasladó hasta su correspondiente cama, y como premio a su esforzada voluntad se permitió recostarse a su lado, para deleitarse con aquella vista que lo llenaba de paz.
El alba despuntaba en el horizonte, y el día prometía una mañana nublada que le sería de gran ayuda. Debía encontrarse con urgencia con el sastre si quería verse decente esa noche. Sonrió para sus adentros mientras imágenes de él ingresando del brazo de Sakura al baile y compartiendo una pieza llenaban su mente. Esa mujer lo tenía de cabeza. Sin resistirse acercó lentamente su rostro, sintiendo esa cálida respiración de lleno despertando todas sus terminaciones nerviosas. Dejó un suave beso en sus labios y la observó removerse hasta que en un nada delicado bostezo, la chica se estiró hasta abrir los ojos, encontrándose con la expresión divertida de Shaoran frente a ella.
—Buenos días hada del bosque —dejó otro beso sobre la punta de su nariz.
—Buenos días —dijo la esmeralda, aún adormilada frotándose un ojo—, ¿me trajiste a mi habitación? —Consultó un poco desorientada.
—Por supuesto —Shaoran aun estaba deleitándose con esa faceta de ella, se la veía tan inocente, tan tranquila. ¿De verdad había estado tensa todo ese tiempo?
—Oh… —respondió antes de que otro bostezo la atacara, a pesar de su intento por ocultarlo sonaba un poco decepcionada, y eso no pasó desapercibido para el vampiro.
—¿Pretendías quedarte en mi habitación?
Ahí Sakura se despertó del todo. Abrió sus ojos como platos y lo miró con una mezcla de bochorno y enfado colocando una mano sobre su pecho en una clara postura de indignación.
—¡Shaoran! ¿Cómo te atreves a insinuarlo?
Una sonrisa arrogante se extendió por su rostro, el bochorno de la chica indicaba que, de hecho, había sido descubierta, y ser consciente de que ella deseaba pasar la noche con él había logrado elevar su ego y recordar el principal motivo por el que no pudo dejarla en su lecho horas atrás.
—Estoy jugando contigo, lo lamento. No te enfades, Fleur —suspiró—.Debo salir un momento.
—Aún está oscuro —dijo Sakura, mirando por la ventana, y se volvió hacia él extrañada—, ¿a dónde vas?
—Tengo un asunto con el señor Dumont —depositó un beso en su frente y otro en sus labios—. Debo aprovechar la madrugada, Sakura. Luego el cielo estará despejado.
Un destello de entendimiento se reflejó en la mirada verde de la castaña y sus mejillas apenas se tiñeron de escarlata.
—Claro, aún estoy medio dormida, lo siento.
—El que lo siente soy yo, que debo dejarte aquí —la miró con intensidad y ella se estremeció—. Desearía quedarme, no sabes cuánto… pero el tiempo apremia. —le dió un beso un poco más duradero y salió de la habitación sin voltear, dejando a la castaña con las emociones a flor de piel y ensimismada hasta que el golpe de la puerta principal la regresó a la realidad.
Sakura miró nuevamente hacia el exterior, aún estaba oscuro. Sintió un escalofrío recorrer su espalda y volvió a recostarse en la cama, meditando si temblaba de frío o por algo más.
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—¿Para esta noche? No me diga, señor Li, que nos honrará con su presencia en el baile —Preguntó el sastre mirando a su fiel cliente sobre su hombro, mientras buscaba algo entre las repisas más altas detrás del mostrador.
—Bueno fue una decisión de último momento, Héctor, de otra manera usted sabe que siempre hago encargos con tiempo —Shaoran miraba con un gesto serio, aunque apenado, al dueño del atelier. Hector Dumont era un hombre alto, entrado en años pero vigoroso y amable. El alfayate solía encontrarse en el atelier a esas horas cuando había algún evento ya que siempre había trabajo. Hector bajó de una pequeña escalinata y miró de frente a su cliente.
—De eso no tengo dudas señor Li, no puedo realizarle un traje en un par de horas, esa es la verdad —el sastre se llevó una mano a su barbilla partida, rascando una incipiente barba canosa en un gesto pensativo—. Puedo tener algo de su talla en venta, pero me temo que no en los colores oscuros que acostumbra, en estas fechas siempre se venden todos.
—Muéstrame.
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—¿Un bal masqué? —consultó intrigado Tsukishiro sobre la taza de café negro que acababa de acercarse a la boca.
—Así es señor, o mascarada, como usted prefiera llamarle —Respondió el calvo posadero—. A eso se debe el alboroto en la ciudad. Es un evento que se espera con ansiedad cada año —miró por la ventana a un grupo de jovencitas mostrando distintas caretas coloridas—. Al principio no me entusiasmaba, pero es divertido asistir e intentar adivinar quien es quien.
—Comprendo, aquí todos se conocen —analizó el albino, dejando su taza vacía sobre la mesa. Se encontraba en el pequeño bar de la posada desayunando y no pudo escapar de una forzada pero formal conversación con el señor Alain, propietario del lugar.
—¡Oui! ¡Exacto! —comentó exaltado Alain— En el bal nunca sabrás quién está detrás de la máscara.
"Ni en el bal, ni en la vida." Pensó el investigador levantando ambas cejas, mientras su mente comenzaba a maquinar un nuevo plan.
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La mañana había pasado con rapidez y en las primeras horas de la tarde Sakura había decidido comenzar a prepararse.
Estaba inquieta, con un dolor de estómago que sólo podía atribuirle a la ansiedad que le provocaban este tipo de eventos. Aunque generalmente disfrutaba la conversación e incluso algunas piezas de baile con algunos conocidos que compartían su gusto por la literatura y los estudios complejos, siempre se encontraba bajo el yugo de los oscuros ojos de su padre, esperando que se comportarse como las demás damas y derrochara coquetería con el caballero de mayor rango en el lugar.
Esas constantes presiones sumadas a las prudentes conversaciones de rigor, pero carentes de contenido, con las jóvenes que formaban parte de la sociedad y se dedicaban a alabar o destrozar con sus lenguas viperinas a cada ser que se interpusiera entre ellas y su interés amoroso.
Sakura cerró los ojos para esfumar los pensamientos que relacionaban a esas chicas de caireles artificiales, como las que seguramente hacían menos a su amiga Tomoyo en Nouzonville y los abrió para concentrarse en el reflejo de su cuerpo desnudo en el espejo.
El pudor la había llevado a cerrar la puerta de habitación con llave mientras se arreglaba. Aunque Shaoran no estuviera en el lugar, la sola posibilidad de que él la encontrara en ese estado por error la atormentaba. Lo importante de aquel pensamiento era el "por error".
Un suave arrebol surcó sus mejillas a la vez que la comisura de sus labios se curvaba levemente. Su mente le llevaba una y otra vez a pensamientos donde los apasionados besos que compartía con su par escalaban exponencialmente cuando él comenzaba a halar las cintas de su vestido para desatarlo.
Retorciendo los dedos de sus pies contra la alfombra, observó la caja con la ropa interior que le había enviado Tomoyo esa mañana para usar con el vestido. Teniendo en cuenta que ella no usaba corsé y sus corpiños y camisolas eran simples, quería suponer que su amiga se había preocupado de que luciera su vestido lo mejor posible y por eso había envuelto sutilmente algunos maquillajes, accesorios para peinados y una corseta con puntillas que sin dudas le levantaría el busto y le estilizaría su cintura. La misiva dentro del empaque era determinante:
"No te atrevas a salir sin corset. T.D. "
La castaña bufó divertida por la amenaza de su amiga. Le sonrió a su reflejo y se dispuso a prepararse.
El ocaso había comenzado a disminuir la luz natural que ingresaba a la estancia cuando Sakura escuchó los cascos de los caballos acercarse al lugar. Había percibido el sonido incontables veces en la última media hora, pero era indiscutible que éste sonaba más cerca que nunca. Finalmente una diligencia entró en su campo de visión a través de una ventana, y aunque la ansiedad era mayor, cerró las cortinas y se alejó para darse un último vistazo en el espejo.-
Su apariencia esa noche poco le recordaba a otros eventos a los que había asistido en su vida. Hoy no sólo se veía a sí misma mucho más bella, sino que también podía ver en su rostro una expresión que iba de felicidad a la satisfacción: Siempre la habían ayudado a arreglarse sus doncellas, pero ese día se había encargado de todo y los resultados le fascinaban.
Su cabello estaba recogido casi en su totalidad, dejando sólo algunos mechones cortos de su cabellera que había peinado en pequeños bucles, y había decorado el recogido con varias florecillas blancas que le había facilitado Tomoyo en el paquete.
El vestido se ajustaba a su torso y caía en una falda plisada que se ensanchaba en su cadera debido a la constitución misma del corset y la crinolina, para luego llegar hasta el piso tapando sus zapatos además de un par de guantes blancos hasta la mitad de sus brazos. La pedrería en el centro del pecho no hacía más que resaltar lo que ya acentuaba el corset, en un escote que si bien no llegaba a promiscuo, era insinuante.
—Pareces una diosa sacada de una obra de arte —la voz ronca de Shaoran hizo que se le pusiera la piel de gallina—, no te voltees por favor. Déjame admirarte.
Sakura rió suavemente, y se mordió los labios nerviosa ante la inspección, dándole el gusto de darle la espalda.
—El nudo del vestido está algo flojo, Fleur.
—Fue difícil ajustarlo.
—Puedo darte una mano —musitó contra su oído, alarmándola. El frío tacto de sus dedos hacían pequeños círculos en las partes de su espalda que quedaban expuestas, y el gélido toque comenzaba a causar todo lo contrario sobre el cuerpo de la castaña—. Relájate, Sakura, así puedo ajustarlo —sintió cómo comenzaba a tirar de las cintas y observó en el espejo cómo el vestido se acomodaba mejor a su figura, tampoco pudo dejar de notar el fuerte sonrojo en su rostro—. ¡Vaya! mucho mejor —el monólogo de Shaoran continuaba en susurros rodeándola con sus brazos por la cintura y dejándole húmedos besos en su cuello y hombros descubiertos. Sakura no podía más que observar en el espejo cómo su expresión variaba entre el placer provocado y la ansiedad que le causaba no ver a nadie más que a ella en el reflejo. Las sensaciones comenzaron a abrumarla y un leve gemido escapó de sus labios, a la vez que Shaoran emitía un grave gruñido.
—Te espero en la puerta de la diligencia, si es que aún deseas ir al baile —la sensación fría la abandonó, más no el calor—. Te dejé la máscara sobre la cama —y en un segundo se encontró nuevamente sola, no únicamente en el espejo si no también en su habitación.
Con las piernas aún temblando tomó el accesorio de la cama. La pieza era preciosa, color plateada y decorada con grabados esmeralda como el mismísimo bosque, le cubría sólo hasta la mitad de la cara, y Sakura sonrió a su buena elección de colores fuertes para sus labios. Se colocó el antifaz y salió al encuentro de su amado.
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Tsukishiro se sentía complacido. Un par de buenos contactos habían logrado que ingresara a la fiesta sin invitación alguna y ya se encontraba dentro del ornamentado punto de reunión a la espera de obtener mucho más que sólo pistas.
Se trataba de un amplio salón de numerosos ventanales y varias columnas de mármol, capaz de albergar tal vez hasta ciento cincuenta personas, dependiendo del acomodo del mobiliario. Candelabros aparatosos colgaban de un techo decorado con finos frescos de ángeles en el paraíso, y de frente a la puerta de entrada, al fondo del gran vestíbulo, un par de escaleras curvas enmarcaban a la pequeña orquesta que ya se encontraba en sus taburetes tocando una tranquila melodía, sin dar aún comienzo al baile.
Sin lugar a dudas, los Von Kleist tenían una muy holgada situación económica y no escatimaban en gastos. La finca se encontraba a algunas millas de Nouzonville en una zona alta rodeada por el bosque, la elegancia de la decoración tanto fuera como dentro, hacía un curioso contraste con la multitud que se aglomeraba en el salón. Se veía a simple vista que todo el pueblo se encontraba ahí, sin importar su estatus social: señoritas de la sociedad conversaban con oficiales y comerciantes, las doncellas tenían un momento para separarse de sus señoras y conversar con algún vecino del pueblo o los lores.
Todos resguardados bajo el anonimato de la máscara.
Yue sonrió tras la suya. No dudaba de la desinteresada intención que tenían los Von Kleist al ofrecer un banquete y diversión a todos los vecinos del pueblo por igual, pero no dudada que más de un señor aprovechaba la ocasión para deleitarse con otros placeres, identificando rápidamente a alguna jovencita desprevenida e inocente a la que pudieran engatusar.
Inocente
Esa palabra le recordaba a su ángel de ojos verdes. Si la intuición no le fallaba y Sakura seguía escondida en el pueblo, contaba con encontrarla en ese lugar.
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El incesante parloteo de Tomoyo intentaba mantenerla entretenida en la casi media hora de viaje hasta la estancia de los Von Kleist, pero le estaba resultando extremadamente difícil de llevar cuando tenía toda su atención puesta en el joven sentado frente a ella.
Tomoyo sabía lo último en cuanto a moda, personajes ilustres de la temporada, las especulaciones de las futuras bodas de los condes y duques de la región, y cerraba los ojos y hacía expresiones con sus manos para enfatizar cada tanto sus conclusiones respecto a algo. Si bien no era una ávida lectora, comentó con Sakura acerca de una novela que una vez el señor Hector le había prestado, y aunque había tardado en terminarla, estaba encantada con ese romance ficticio. También se preocupó de escuchar con atención a la esmeralda sobre algunos descubrimientos que se estaban realizando en física y química, el importante rol de las mujeres en esos campos y cómo eran catalogadas como meras colaboradoras, sin darles verdadero mérito. La pelinegra sólo pudo resumir su asombro con un "Fascinante, pero terriblemente injusto."
La parlanchina jovencita estaba ataviada en un vestido color azul pálido de mangas tres cuartos, con incontables capas de tul por falda y su máscara blanca culminaba en plumas azul oscuro. Se veía realmente hermosa, pensó Sakura, y aunque sabía que su amiga era particularmente conversadora, adjudicó la intensificación de esta cualidad por la excitación del baile.
—Señor Li, déjeme reiterar mis agradecimientos por tan cordiales atenciones de buscarme por mi hogar y traerme al baile. Es de verdad un detalle encantador —encontró repentinamente oportuno comentar Tomoyo, al notar lo relegado que había quedado el hombre de sus triviales conversaciones.
—No ha sido ningún inconveniente señorita, es agradable contar con su compañía esta noche —respondió Shaoran, quien en realidad, detrás de su sonrisa, lejos de estar fastidiado por el cuchicheo, estaba completamente entretenido envidiando los rizos que rozaban los hombros desnudos de su amada, e imploró que la máscara disimulara un poco los indecentes pensamientos que cruzaban por su mente antes de la interrupción.
—Coincidiras conmigo, querida Sakura, que al señor Li le benefician extraordinariamente los colores claros —continuó la entusiasta joven—, la combinación es perfecta. El señor Dumont se ha lucido esta noche.
—Normalmente prefiero los trajes oscuros, pero no tuve muchas opciones ante la premura de mi decisión de asistir —la conversación era fluida, pero no solamente por cortesía, Shaoran determinó que hablar con Tomoyo era fácil y agradable; se notaba a millas que era una joven bien educada y que no había segundas intenciones en su comportamiento. Luego recordó que estaba ilusionada con la llegada del hijo de los Von Kleist. Se preguntó si a Sakura le molestaría verlos conversar tan amenamente, pero descubrió que la chica estaba perdida en sus pensamientos, mirando en su dirección— Con tan poca anticipación, Héctor hizo milagros. ¿No lo crees, Sakura?
—¿Oh? Lo siento mucho, me tomaste desprevenida. ¿Cuál fue tu pregunta? —respondió la castaña con un tono más agudo de lo normal.
—Tu primo te está preguntando por su traje, querida. ¿A que no son espléndidos los colores?
—Ciertamente. Parece un príncipe de marfil —y aunque Sakura quiso disimular, dudó que sus acompañantes no notaran la vehemencia de su declaración, ya que Tomoyo dejó escapar la risita que Shaoran quiso disimular con un supuesto ataque de tos.
—Muchas gracias, señoritas —concluyó finalmente el vampiro, que se encontraba ahora más ansioso de llegar al baile de lo que pensó que estaría.
Un tranquilo silencio, interrumpido sólo por los cascos de los caballos, los inundó mientras cada uno observaba por la ventana de la cabina el nacimiento del bosque a las orillas del camino. Sakura fue la primera en desviar la mirada, para volverla a enfocar en el vampiro.
Todavía no se recuperaba del arrebato de sensaciones que había sufrido en su cuarto, cuando se enfrentó a otro remolino de lujuria cuando alcanzó a Shaoran fuera de la mansión: Estaba ataviado en un frac color marfil que se entallaba a su cuerpo con dos cadenas doradas que surcaban su cintura. Dentro del mismo una camisa negra de cuello alto con detalles también dorados, un pantalón del color del frac y botas de media caña negras. Y ahora ese mismo caballero se encontraba frente a ella, mirando por la ventana luciendo un antifaz color oro y Sakura sólo podía imaginarse que exactamente así se vería el valiente príncipe de la máscara de su novela favorita de romance.
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Al momento de ingresar al salón, Shaoran se sintió verdaderamente impresionado. La escena se caracterizaba por cientos de velas de suave luz, que habían sido colocadas en candelabros dando una cálida iluminación a pesar de que había caído ya la noche. Jarrones llenos de flores embellecían las mesas rebosantes de comida, donde un variopinto grupo de personas se servían gustosos mientras conversaban. La orquesta seguía una melodía suave, seguramente esperando que el resto de los invitados ingresara a la estancia para dar comienzo al baile.
Al ser un baile de máscaras, notó que nadie anunciaba a los que ingresaban, pero todos observaban la entrada concienzudamente, y murmuraban entre risas.
Se giró levemente y notó la diversión en el rostro de Sakura quien venía en su brazo derecho, y el regocijo de Tomoyo que estaba tomada de su brazo izquierdo. Al llegar junto a las mesas ambas muchachas se soltaron y les hizo una galante reverencia que fue correspondida por ambas, antes de que el par empezara a reír.
Shaoran sentía que todo era demasiado hilarante, y les dedicó una sincera sonrisa, el ambiente era muy contagioso ¿tanto se estuvo perdiendo?
No, no se había perdido de nada. El quid de la cuestión era que había ganado una compañera para disfrutarlo.
La fiesta se desarrollaba con algarabía. Varias jovencitas se habían aglomerado alrededor de las chicas intentando adivinar su identidad, y con nerviosismo notó que otro grupete le enviaba miradas lascivas y sonrisitas, permitió que su acostumbrado semblante de hielo espantara a la mayoría; pero no logró ahuyentar al sector masculino, que lo alejaba de la castaña y su amiga al son de una acalorada conversación de negocios de la que logró escapar a duras penas, al notar varios hombres reunidos alrededor de las chicas antes de que comenzara el primer baile y no iba a permitir que le arrebataran la oportunidad de bailar con la única persona que le importaba en el salón.
—¿Me concederías el honor de acompañarme en la primera pieza? —le dijo a Sakura mientras estiraba su mano entre el gentío en una clara invitación, arrancando un par de suspiros de las jóvenes alrededor.
—Será todo un placer —le contestó ella aceptando su mano y acallando los susurros envidiosos a sus espaldas tanto de las libidinosas jovencitas, como de los comedidos caballeros que bufaron al verse privados de la compañía de la preciosa y misteriosa jovencita.
Se posicionaron en la pista y se miraron a los ojos a través del antifaz, sonrieron; no existían máscaras para ellos. Shaoran la tomó delicadamente de la cintura y tomó su mano. No muy lejos de ellos observaron a Tomoyo ubicarse junto a otro joven, con el que conversaba amenamente. Parecía que todo el salón estaba pendientes de ellos, y no le extrañaba, él jamás participaba de esos eventos. El castaño volvió la mirada a su pareja y se perdió en esas lagunas verdes donde podría permanecer toda su eternidad.
—Milady, tendrá que guiarme, hace un tiempo que no asisto a ningún tipo de baile —la música daba comienzo y los presentes comenzaban a desplazarse por la pista. Aún varios invitados se encontraban contra los muros observando y murmurando.
—Por el ritmo que lleva, mi señor, pareciera todo lo contrario —comentó Sakura divertida.
—Pues, han sido unos ciento diez años con lo mucho. —Sakura trastabilló pero se acopló nuevamente al ritmo sin demoras. Su cara dibujó una expresión aturdida que duró sólo unos segundos y luego respiró profundo— Lo siento, no quise agobiarte.
—No es tu culpa, es que me generas incontables preguntas. —Shaoran la hizo girar, haciendo su falda desplegarse con gracia. —¿Cuál es tu edad?
—Sólo tengo veinte años —La castaña bufó.
—No bufes, soy mayor que tú —la reprendió él, tratando de contener la risa.
—Pues deberías estar bailando con la señora de traje amarillo y no conmigo —señaló Sakura divertida a una mujer muy mayor que resaltaba entre las damas sentadas por vestir un llamativo vestido amarillo canario— parece más de tu edad.
Ambos rieron, y como la pieza musical estaba finalizando, ambos hicieron una reverencia.
—Conformate con saber que tengo muchos años… luego del baile podremos conversar más a gusto.
Sakura no terminaba de sonreírle cuando otro joven se acercó a invitarla a bailar, miró de reojo a Shaoran y percibió un leve asentimiento del castaño, y el susurro de un "Disfruta" mientras comenzaba a alejarse de la pista. Con un poco de renuencia aceptó al joven para no ser descortés.
Shaoran observaba el baile desde un rincón, y nunca se imaginó que algo tan trivial le causara molestia. Aun así no podía ponerse posesivo con Sakura, porque sólo lograría hacerla sentir mal. Se veía sublime. Su flor parecía flotar en el aire, y aunque sonreía un poco a la conversación de su bailarín no sonreía tanto como lo hacía con él, y eso logró reconfortarlo.
El recuerdo de ella frente al espejo logró distraerlo por completo de lo que pasaba en la pista. Tocar su piel caliente lo había vuelto loco, y tuvo que hacer uso de toda su voluntad para retirarse. Su columna vibró con anticipación. La deseaba fervientemente, y no existía poder en toda Francia que detuviera eso.
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Tanto Tomoyo como Sakura, habían disfrutado de la velada bailando con varios jóvenes: agradables, altos, bajos, rubios, pelinegros, inteligentes y torpes, muchos en el salón estaban interesados en la compañía de las jovencitas, y aunque varios habían descubierto la identidad de la asistente del señor Dumont, ninguna persona había identificado a la mujer de vestido esmeralda que giraba por el salón al son de la melodía de turno.
Comenzaron un baile en ronda, todos hicieron las reverencias y cada ocho tiempos cambiaban de pareja. Sakura estaba esperando finalizar esta pieza para volver con su amado que la esperaba a un lado con una sonrisa. Entre cada cambio, de manera disimulada la castaña buscaba a Shaoran entre la multitud, hasta que algo le llamó poderosamente la atención logrando que descordinara los pies, y casi se fuera de bruces al piso. Su bailarín se río con simpatía.
—¿Se encuentra bien, milady?
—Temo que algo me ha distraído, lo siento mucho.
El baile finalizaba y todos repitieron las reverencias. Sakura aún sin soltar las puntas de su vestido examinó su entorno en busca de aquello que había logrado desestabilizarla, hasta que dío con ello: una cabellera platinada. Y a pesar de que la distancia era considerable, podía jurar que aquellos ojos la miraban fijamente y adivinaba que detrás de la máscara eran color celeste como el hielo.
Súbitamente sintió mucho calor, y que las paredes del salón se cerraban contra ella, pero a pesar de ese malestar no podía dejar de mirar al hombre que comenzaba a acercarse lentamente a ella. Al estar frente a frente, él se inclinó y tomó su mano para depositar un suave beso, que al contrario de los besos de Shaoran, le dejó una helada sensación de desolación.
—Bonne nuit, Cerise —susurró Yue Tsukishiro al ponerse de pie. Le dedicó una sonrisa y comenzó a alejarse.
La respiración de Sakura se agitó y antes que pudiera decidir hacer nada, sintió una mano detrás de ella que la volteaba y unos ojos ambarinos la inspeccionaron con preocupación.
—¿Qué sucede? —El silencio y la respiración agitada de ella lo inquietaban— Sakura ¿Te encuentras bien? Me descuidé un segundo y quedaste fuera de mi vista.
Ante el mutismo incomprensible de ella, Shaoran decidió tomarla del codo y llevarla a uno de los balcones que daban fuera del salón. El aire fresco logró calmar un poco el intenso malestar que padecía Sakura, más no logró en lo más mínimo sosegar sus sentimientos.
—Te ves intranquila —aseguró—, ¿Qué te puso así?
—Adentro… alguien —Sakura se volteó mirando al salón, y Shaoran hizo lo mismo, intentando encontrar la causa de la conmoción.
—¿Alguien te hizo daño, alguien te ha tratado mal? —inesperadamente la imagen de un hombre cabello blanco apareció en la mente del vampiro— Es un hombre de cabello blanco, ¿qué te hizo?
—¡No me hizo nada! Shaoran, ¡ME CONOCE! ¡SABE QUIÉN SOY! ¿Comprendes? Él me vió —exclamaba con nerviosos movimientos de sus manos.
—Anda querida, debes calmarte. Tienes puesto un antifaz, ese hombre también, tal vez te confundiste…. —Sakura negó enérgicamente.
—Estoy segura de quién es. Y él sabe quién soy yo, no tengo ninguna duda…. me saludó, me llamó por mi nombre en francés, como solía hacer de niños —regresó la vista al salón y por más que lo recorrió completo, no daba con el platinado—. Ya no está. Shaoran, ¿qué voy a hacer?
—Necesito que te relajes —el castaño la tomó en sus brazos y la colocó de espaldas contra su pecho, intentando acompasar la respiración errática de ella marcándole el ritmo— , el baile está pronto a culminar y podremos ir a casa para pensar ¿está bien? —Sakura asintió. Shaoran la giró y se permitió perderse en aquellos ojos que amaba tanto y se veían tan turbados, no muy distinto al sentimiento que comenzó a crecer dentro de él— Sakura, no temas. Lo vamos a solucionar ¿si? No permitiré que te pase nada.
Sakura volvió a asentir y una lágrima escapó de la máscara. Shaoran la limpió y depositó un dulce beso sobre su nariz. Cuando ingresaron al salón nuevamente, volvieron a revisar los alrededores, pero no había signos de que el platinado siguiera ahí. Pero sí se encontraron con la pícara mirada de Tomoyo Daidouji que se acercaba con una sonrisa a ellos acompañada de un joven cabellos azules.
—¡Al fin los encuentro! Quiero presentarles a un amigo de la infancia, este es el señor Eriol Hiragizawa, primo de los Von Kleist por parte de su madre. Eriol, ella es Sakura mi mejor amiga, y el señor Shaoran Li. El día de hoy me acompañaron a la fiesta.
Eriol era un tipo alto, de semblante amable y sonriente. Tenía la tez pálida como la nieve que hacía un cautivador contraste con su cabellera negra azulada. Además llevaba una máscara de rostro completo sujeta con una varilla, sin duda debido a que los anteojos que descansaban en su nariz, le imposibilitaban llevar una atada a su cabeza.
Los hombres se dieron la mano, y Sakura fue sorprendida con un beso en la mano. El segundo de la noche.
—Es un placer conocerlos. Hace años no volvía a Nouzonville y es bueno saber que Tomoyo sigue rodeada de buena gente. Mi primo, Meyer, se encuentra siempre en las estancias, y es difícil tener novedades de por aquí, así que decidí venir yo mismo.
—El placer es nuestro, Nouzonville es la misma ciudad tranquila de siempre. Sin alteraciones —respondió Shaoran cordial, buscando la manera de ahorrarse los formalismos. Sólo quería volver a su hogar.
—Sin alteraciones, sin contar la aparición de la dama cautivante que lo acompaña señor Li. Ha causado un verdadero revuelo su identidad. Es usted muy afortunado.— aduló el recién llegado.
Sakura, que por un momento regresó a su realidad de mentiras quiso corregir al señor Hiragizawa de su error, para mantener su fachada, pero aún más la sorprendió Shaoran cuando se le adelantó muy seguro.
—Sin lugar a dudas, lo soy —respondió afianzando el agarre en su brazo.
—Sakura, dejemos a los señores conversar de sus cosas superfluas. El señor Dumont está ansioso por ver cómo te sienta el vestido. Creo que es él único que adivinó tu identidad y ha sido acosado por medio salón para que lo revele. —Tomoyo se colgó del otro brazo de Sakura y tuvo que ejercer un poco de fuerza para lograr arrebatarsela a Shaoran. Serpenteando entre los invitados, la amatista llevó lejos de la multitud a su amiga y se detuvo detrás de unos enormes jarrones que las ocultaban parcialmente —al fin nos los sacamos de encima. —Tomoyo miró sobre su hombro para asegurarse que nadie la escuchaba—. ¡Pude bailar con el joven Meyer Von Kleist! —dijo dando saltitos—. Me reconoció, sabe mi nombre, fue soñado.
—Así que obtuviste lo que tanto ansiabas, me alegra muchísimo, querida Tomoyo —le respondió la castaña, aún nerviosa de toda la situación.
—Y seguiría disfrutando de no ser por un grupo de estiradas que lo emboscaron en manada sólo para separarnos y mirarme despectivamente. Afortunadamente el caballero de Eriol llegó al rescate y ellas hirvieron de envidia —una risa arrogante escapó de sus labios, aunque un velo de dolor cubrió su mirada violeta. Aquello no le gustó nada a Sakura, y decidió por un momento tomar el consejo de Shaoran, y relajarse hasta que terminara el baile. En definitiva, Yue ya no se veía en los alrededores.
—Así que... ¿el caballero de Eriol? —le pestañeó repetidas veces a su amiga, haciendo que la otra riera de verdad y esa expresión de tristeza desapareciera de sus ojos.
—Oh por favor, no digas tonterías. Meyer es el dueño de mi corazón desde hace mucho tiempo, desde que éramos niños. A Eriol lo conocí después, es un gran amigo, un buen confidente y excelente espía de su primo, un poco latoso, pero no despierta en mí ningún interés amoroso.
—De acuerdo te creo, no te pongas a la defensiva —dijo Sakura, haciendo un mohín con ambas manos.
—El que está a la defensiva es el afortunado del Señor Li. Te vigila desde el salón como si fuera un halcón…. —Tomoyo se volteó para revisar si la mirada ámbar del susodicho seguía en su dirección—. Tú, un pequeño ratoncito, y el pobre de Eriol otro depredador dispuesto a darte caza. Claro, si no lo asesinan primero.
El sonrojo de Sakura fue espontáneo. Mientras su historia se derrumbaba por culpa del arrebato posesivo de Shaoran frente al Señor Hiragizawa. Comenzó a titubear tratando de explicarse y la pelinegra la detuvo con la palma de su mano.
—No voy a interrogarte acerca de lo extraño que se miran entre ustedes, ni tus sonrisas y suspiros, ni de cómo se abrazaban en el balcón hace un momento. Ya me dejaste claro que tenias cosas para contarme, pero… hoy te vi asustada. Mucho —Sakura se quedó muda de la impresión, y Tomoyo se quitó la máscara para demostrar un rostro de verdadera preocupación—. Todo el mundo te ha visto conmigo hoy, y no me gustaría causarte problemas por acción u omisión. Noté que tu bordado dice "S.K." por lo que evidentemente no eres de apellido Li. Sólo quiero que me digas tres cosas —al observar a su amiga asentir, con los ojos cristalizados detrás de su propia máscara prosiguió—: Primero, ¿La "S" es por Sakura?
—Si, me llamo Sakura —murmuró ésta. Tomoyo asintió y puso sus manos sobre los hombros de su amiga.
—¿Y te perjudica de algún modo que alguien sepa que te llamas así?
La mirada de Sakura se oscureció y se dedicó a mirar el entramado de los azulejos de los Von Kleist. Si Yue preguntaba en los alrededores la encontrarían fácilmente ¿cómo no se le ocurrió cambiar de nombre también?
—De acuerdo, no es necesario que lo contestes, ya lo comprendo. Para nuestra fortuna aquí nadie sabe tu nombre más que yo… y Eriol. El señor Dumont te conoce como la señorita Li. Y por último… —Sakura aguantó la respiración— ¿Somos amigas de verdad?
Sakura asintió con velocidad.
—Nunca lo dudes —estiró su mano hacia la otra, quien la miró interrogante—, Lady Sakura Kinomoto, o Li, o simplemente Sakura, es tu amiga de verdad. Si aún estás de acuerdo, claro.
—Nada me haría más feliz, "simplemente Sakura". Pero ahora si que me debes la historia de "S.K."
—Creo que ya te la debía. Pero en fin, volvamos al baile y terminemos nuestra noche soñada. Tendremos tiempo para conversar.
Las chicas volvieron al salón buscando a los caballeros que las esperaban impacientes: uno para charlar con su amiga de años, otro para bailar un último vals. De alguna manera ambas se sentían más tranquilas, más unidas de saber que contaban con la otra. Lo que no le preocupaba a Tomoyo, pero si a Sakura, era que "El tiempo para conversar" existiese.
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Ingresaron a la mansión chocando entre ellos, las risitas eran seguidas de onomatopeyas para guardar silencio, a éstas seguían pequeñas riñas de "Nadie puede escucharnos".
Llegaron hasta la puerta de la habitación de ella, sin aguantar ya la necesidad de besarse con pasión. Eran besos posesivos, arrebatadores, que a Sakura la estaban dejando sin aliento y a Shaoran nublándole el juicio. En el transcurso de la noche había crecido en ellos una imperiosa necesidad del otro, a la vez que un inesperado temor les asaltaba el estómago ante la posibilidad de perder a la persona que ahora tenían entre sus brazos.
Las manos de Shaoran acariciaron la piel desnuda de sus hombros y cuello haciéndola estremecer. Un gemido escapó de sus labios cuando él apretó suavemente su labio inferior con los dientes, haciéndolos separar y mirarse con la respiración agitada. Entre toda la lujuria, aquel encuentro en el baile con Yue la tenía espantada; y ese temor fue percibido por su compañero, que se repetía sin cesar que habían sido demasiado ingenuos en pensar que simplemente podrían esconderse para siempre.
—Lo solucionaremos, no te preocupes —le susurró, mientras besaba su frente intentando calmarse—. Lo mejor será que descanses por ahora —Razonó. Él podría aprovechar lo que restaba de la noche para investigar, pero el plan que comenzó a elaborar se desvaneció al verla negar con la cabeza.
—Quédate conmigo —Sakura sintió el calor subiendo a su rostro y él podía escuchar con claridad el rápido bombeo de aquel corazón. Acarició el rostro a su amada que cerró los ojos ante la sensación, y él se permitió pensar un segundo sin la tortura de aquellas joyas de jade a los que obedecería sin dudar.
La deseaba, desde el inicio aquella ansiedad se había instalado en su vientre. Pero ahora también le importaba sin lugar a dudas, y no quería verla sufrir y mucho menos separarse de su lado. Aún no, y menos en esas condiciones, ¿prefería pasar aquel tiempo limitado averiguando si habían dado con ellos, o exprimiendo cada segundo a su lado?
Le levantó la barbilla y rozó con ternura sus labios, haciendo que ella abriera nuevamente aquellos ojos que adoraba. No había dudas en ellos.
—A sus órdenes milady.
Empujó la puerta para abrirla y un escalofrío les recorrió la espalda al divisar el espejo que había atestiguado el inicio de la llama que estaba a punto de desatar un incendio.
Con las mismas manos que había ajustado las cintas del vestido ahora buscaba la manera de desanudarlas, mientras ella se preguntaba cómo demonios se liberaban aquellas cadenas doradas que tenía el vampiro alrededor del abdomen. Decidió comenzar quitándole la máscara a ambos.
Él la miró fijamente mientras se deshacían de sus ropas, intentando anticipar cualquier signo de arrepentimiento en ella, pero su decisión no disminuía y Shaoran decidió entregarse al momento igual que ella.
Luego de quitarle el frac al ambarino el resto no resultaba un inconveniente, aunque veía sus dedos temblar mientras liberaba los botones de la camisa negra de sus ojales. Él tenía el cuerpo atlético que ella ya adivinaba, y acarició embelesada su pecho pero al llegar al abdomen se abstuvo sin saber cómo avanzar ante la evidente excitación de él, lo que le provocó un sentimiento de satisfacción increíble. Shaoran ya le había quitado el vestido y estaba alucinado con lo que se divisaba. Hasta la creolina fue desplazada con gracia.
La cama de dosel azul recibió entre sus sábanas a la pareja que aún intentaba terminar de desvestirse entre besos y suspiros.
Shaoran tenía miedo de lastimarla, sabía que el dolor inicial era inevitable, pero más le preocupaba perder el control de su fuerza y hacerle daño a su Fleur. Mientras desanudaba las cintas y se unía oficialmente al club de los anti-corsets, miró a Sakura a los ojos.
Ella estaba completamente sonrojada, tenía los labios hinchados y su pecho subía y bajaba con rapidez. Shaoran oía sin esfuerzo el correr estrepitoso de su sangre y percibió cómo su demonio interior buscaba dominarlo, sin embargo luchó contra él para no perder la cordura.
Retiró la última prenda que le impedía ver la totalidad del cuerpo de la mujer en sus brazos y quedó anonadado.
—Eres absolutamente hermosa, mi querida Sakura —susurró.
Mientras Sakura se dedicaba a recorrer cada uno de los músculos de su espalda, ya libre de cualquier marca de quemaduras con la punta de sus dedos, sentía al ambarino recorrer su cuello con la nariz inspirando su perfume. Él se encargó de recorrer cada rincón desconocido tal cual dictaba su instinto que lo guiaba: con sus manos recorrió cada curva, con sus labios acarició las cúspides rosáceas de sus pechos… temía usar sus dientes. Llevó lentamente su mano al centro de ella y la acarició con delicadeza hasta escucharla gemir su nombre y estar empapado de ella.
—Shaoran, por favor... —rogó la esmeralda con voz estrangulada. Sentía una tensión acumularse en su vientre y la desesperaba, no sabía si estaba bien o no, pero presentía que él podría liberarla de esa tortura—. Te necesito.
Esas dos palabras fueron la perdición del vampiro, se posicionó en la entrada de ella y cerró los ojos para controlarse. No estaba seguro si era mejor dejar que ella se acostumbrara de a poco o hundirse en ella de una sola vez. La voz le salió mucho más grave de lo normal.
—Inspira profundo, mi flor.
Optó por la segunda opción, y apretó los dientes para calmarse a sí mismo. El cuerpo de ella se había arqueado contra el suyo y dedicó unos momentos a esperar, hasta que la sintió moverse de nuevo.
El dolor comenzaba a mitigar para darle paso al placer y ambos se dejaron llevar por ese ritmo lento y cadencioso. Sakura sentía un remolino de sensaciones; definitivamente no había un libro que la anticipara en lo más mínimo, y aunque había leído varias referencias, la realidad superaba por lejos a su imaginación. Esa tensión en su vientre no hacía más que aumentar, y no estaba segura de que hacer con sus manos, aunque sus labios estaban bastante ocupados. Jadeando se separó un poco de su amado y se perdió en sus ojos que parecían oro fundido.
—Quiero… —una sensación electrizante la hizo suspirar— Quiero más.
—Sé exactamente lo que quieres. —le respondió Shaoran, acelerando el ritmo. Su control sobre sí mismo era ya muy limitado, un gruñido de satisfacción y frustración escapó de su garganta, y descubrió en los ojos fascinados de Sakura el reflejo de sus propios ojos escarlata.
—Muérdeme —le pidió ella entre gemidos. Shaoran cerró los ojos fuertemente.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Por favor, lo deseo. Muérdeme.
Ambos estaban al límite, sabían que estaban ante una culminación, que los llevaría a tocar el cielo con las manos ¿no era ese el momento ideal? Sus cerebros estaban casi completamente apagados. Acarició su cuello y en el momento que ella alcanzó la cúspide, hundió sus colmillos en esa suave piel. A los pocos segundos la alcanzó él también, y volvió a unir sus labios con los de ella. Y se siguieron besando sin importarles si el mundo acababa después.
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¡Sorpresa! Lo sé, no es jueves, pero no quería hacerles esperar ni un día más. ¿Cómo están? ¿Qué les pareció? Al fin llegó el día que estaban esperando, (no intenten negarlo jajaja), y me encantó escribir este capítulo aunque me costó meses de revisión! El trabajo me ha tenido secuestrada y muy atareada, y aunque pensé cortarlo casi a la mitad, no tuve corazón para hacerlo y decidí tardar más pero darles un capítulo bieen largo (y con final feliz).- Se que demoro en actualizar y la razón simple es que entre el trabajo, el hogar y la familia se dificulta un poco. Pero si por algún motivo estuviera en hiatus se los avisaría sin dudar! Agradezco su paciencia y seguir ahí!
Sin embargo esta es la calma que antecede al huracán, así que agarrense de sus asientos.
¿Alguien encontró alguna referencia interesante en el capítulo? Si no es así, les comento que hice una mención honorífica a la gran obra de CherryLeeUp "El príncipe del máscara" uno de mis fics favoritos sin dudas, y ella una escritora grandiosa a quien admiro mucho y ahora mismo tiene una historia en desarrollo que está genial, la pueden encontrar en FF y en Wattpad!
Agradezco como en todos los capítulos al señor Pepsipez por sus correcciones y comentarios oportunos, y a las niñas WonderGrinch y CherrysFeathers, que siempre están ahí dándome ánimos!
No se olviden de dejarme sus hipótesis! Nos leemos pronto!
~Maira
