10
Ranma
La Bestia
Brinca sobre mi, rodeándome el cuello con los brazos y gritando mi nombre, como si nunca me hubiera ido. Pero no tengo tiempo de pensar en eso, ni en su cabello sobre mi nariz, o su cuerpo restregándose contra el mío. Cada segundo que pasa es vital.
Para Shampoo nada ha cambiado, puede venir hasta aquí y hacer lo mismo de siempre. No sabe que Akane ya no es una niña indefensa, ni que nuestras vidas cambiaron por completo.
Ya no sabe contra lo que se enfrenta.
Entonces hago lo único que se me ocurre, en esta fracción de segundo que tengo de ventaja porque Akane aún no controla totalmente lo que es ahora. Rodeo a Shampoo de la cintura, y huyo. Huyo con ella, en el aire, sobre casas y edificios pequeños, como si el tiempo hubiera vuelto atrás. El único problema es que no me persiguen novios celosos, viejos pervertidos, novias dementes, sino ella.
Miro sobre mi hombro y ahí viene, increíblemente ágil, pisando donde yo pisé hace un instante, brincando más alto que yo, cayendo y volviendo a saltar como si su cuerpo fuera de aire. Y sus ojos… ¡Dios, tengo que alejar a Shampoo de aquí! Y ruego con todas mis fuerzas que nadie nos vea, que seamos apenas manchas borrosas para el mundo.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estamos huyendo de chica violenta? –puedo sentirla sonreír.
-¡Cállate! ¡No debiste venir, Shampoo! ¿Por qué estás aquí?
-Vine por Ranma, por supuesto. Hace tanto que no te veo, ya no puedo seguir así.
-Estúpida –me escucho soltar entre dientes.
Todos mis sentidos están sobre Akane pisándonos los talones. Sé que está furiosa, sé que ver a Shampoo activó algo que no conocía, y verme huir con ella es… No quiero pensarlo.
No sentirá culpa ni remordimiento.
Si, esas fueron las palabras del demonio, pero yo sé quién es, no me importa lo que diga nadie más. Necesito protegerla incluso de ella misma. ¿Protegerla a ella o a ti? ¿Crees que cambiará lo que sientes si se convierte en una asesina?
No.
Sé que nada cambiará, y ese es el problema. ¿Cómo podré volver de un punto en el que algo así no me importe? ¿No va contra todo lo que he aprendido? Nunca he asesinado a nadie, incluso si he querido, y claro que he querido. A Leviatán y Saffron. A Saffron más que nadie en todo el mundo.
Y si ella lo hace, si Akane mata a alguien, no importará, y nunca querré volver, nunca miraré atrás. No sé cómo hacer eso. No ahora y no así.
Finalmente, después de una eternidad, veo el bosque extenderse frente a los límites de la ciudad. Shampoo no deja de preguntar qué pasa con palabras mucho más definidas que antes, y sus manos presionan sobre mi cuello, se meten entre mi cabello. ¡Lo detesto! Pensé que había sido muy claro hace tres años cuando la busqué y confesé; era Akane. Siempre fue Akane. Entonces me odió con la mirada, derramó lágrimas de fuego y me deseó todo el mal.
Si supieras ahora en qué mal estoy metido, ¿me habrías dicho lo mismo?
Desciendo en el primer claro que encuentro y la alejo de mi. Estoy cansado, mi corazón quiere romperme el pecho y el ya conocido miedo trepa por mi espalda.
-¡Tienes que irte ahora! ¡Lárgate, Shampoo, no vuelvas más!
-Arien…
-Ranma.
Akane nos ha alcanzado. Protejo a Shampoo detrás de mi, odio estar haciendo esto, pero no puedo permitir que Akane se pierda. No puedo, y no sé cómo evitarlo.
-¿Quieres salvarla? –pregunta con voz de hielo, y siento a Shampoo tensarse tras de mi.
-No Akane, quiero salvarte a ti. Solo a ti. Por eso, no puedo permitir que hagas esto.
-¿Qué haga qué? –suena inocente, pero sus ojos destellan con los colores de la mañana, y su sonrisa me hiela la sangre.
-Akane, por favor…
Por supuesto que mis intentos son inútiles, no tengo tiempo de explicarle nada a Shampoo, y tampoco de seguir corriendo. Esto es lo único que puedo hacer, alejarlas de los curiosos, esconder a mi delicado monstruo entre los árboles para que nadie me la arrebate cuando enseñe los colmillos. Porque lo va a hacer. Sé que lo va a hacer.
Y es Shampoo quien, ignorando el peligro que corre, brinca sobre mi cabeza con destreza y termina entre Akane y yo.
-¿Qué pasa chica violenta? ¿No me extrañaste? –se burla, segura como siempre, pero está alerta, sabe que algo no es igual, aunque no pueda decir qué es.
Quiero decirle qué es. "¡Akane es un demonio que se alimenta de sangre! ¡Corre! ¡No quiero perderla, no quiero que deje de ser ella!" Pero es inútil, cada palabra suena inverosímil, es inverosímil.
-¿Por qué tenías que tocarlo? -la voz de Akane corta como la hoja de un cuchillo.
-Veo que cambiaste. Has sacado provecho de tu cuerpo, y el cabello… Siempre lo quisiste largo, como yo –cada insinuación es un paso adelante, más cerca de ella y más lejos de mi.
-Nunca como tu.
-¿Estás celosa? ¿Aún no te atreves a abrazarlo? ¿A tocarlo? –suelta una carcajada y es una invitación a que la ataque-. No me digas que en estos tres años ni siquiera lo has besado. Tengo razón, ¿cierto? Eres tan patética…
Todo pasa en un parpadeo. No es como cuando Leviatán apareció en la habitación de Akane, pero se siente extrañamente familiar.
Primero, algo en Akane que no puedo ver y mucho menos comprender, me inmoviliza. Esto es lo que tiene la misma esencia de ese demonio, la misma presión sobre el cuerpo que es pesada como agua, inhumana. Viene de ella, lo sé, y es un instante, como si tronara los dedos y el aire y el agua y el fuego fueran completamente suyos. Con eso me detiene, y es casi tan fuerte como Leviatán.
Casi.
Después, ataca. La Bestia, esa que baila en sus ojos imposibles, que gruñe en su garganta y la hace tan rápida como yo jamás podré serlo. Ni yo, ni Shampoo.
Shampoo…en un momento está hablando y riéndose de ella, y al siguiente el grito que escapa de sus labios desgarra el cielo. Las ramas de los árboles se agitan, una decena de aves sobresaltadas emprende el vuelo, y frente a mi Akane sujeta a Shampoo, una mano en la nuca, la otra en la espalda, y ha hundido sus poderosos dientes en su carne. Sobre el hombro. Puedo ver la sangre manando entre sus labios. Mi pulso se detiene.
Grito con todas mis fuerzas, grito que se detenga, que no lo haga. Grito: ¡Juraste alimentarte de mi! ¡Solo de mi! Con terror me doy cuenta que no solo lo que está pasando me paraliza, sino que hay una parte de mi que está celosa, dolida, porque en realidad solo quiero que se alimente de mi y esto es traición. ¡Detente! ¡Detente ya! Grito hasta que mi garganta es como hierro al rojo vivo. Pero ella sigue, absorta en sensaciones que no se pueden describir, y Shampoo no pelea, no puede. Sus brazos cuelgan obsoletos, nunca la empujó, no la golpeó, porque no la vio venir, pero también porque Akane la embelesó con su cercanía. Como Leviatán lo hizo con ella antes, y también conmigo.
Va a matarla. Él lo dijo, tan seguro como si hubiera visto en el futuro: Te gustará matar.
Te gustará.
¡No! Con toda la fuerza que tengo y toda la rabia que hierbe en mi sangre, toda la desesperación que lleva días acumulándose en mi pecho, lucho para liberarme del poder de Akane. Lucho hasta sentir mis músculos en agonía y mis huesos tronar, ¡los escucho tronar! No me importa, no me importa nada más que ella. No dejaré que La Bestia gane.
Lo consigo, con prácticamente toda mi energía logro dar un paso, y luego otro, y aquello que me detiene como un muro invisible, se desmorona, y en ese instante Akane alza el rostro, tomando aire en una gran bocanada, y me mira sorprendida. Suelta a Shampoo que cae como una muñeca rota. Corro hacia ella, veo la herida en el hombro y es profunda, por poco le arranca el pedazo de carne.
-¿Qué hiciste, Akane? ¿Qué hiciste? –sé que es mi voz, es solo que no puedo reconocerla. No sé en qué momento, pero estoy arrodillado a lado de Shampoo suplicando en silencio que esté viva porque si no lo está, quiere decir que…
Akane… quiere decir que…
-Está viva –me asegura con los labios rojo escarlata-. Puedo escuchar su corazón. Mírame, Ranma.
No puedo, mis ojos están clavados en Shampoo, porque no tengo el valor para verla. No sé qué encontraré y sobretodo, comienzo a sentir que estoy fuera de mi. Estoy furioso. Más que eso, la ira es lo único que me queda, puedo sentirla en mi estómago y extendiéndose.
Quiero pensar que no lo pudo evitar, quiero pensar que nada de esto está bajo su control, pero no puedo. No puedo hacerlo más. Estuvo a punto de perderse a si misma, y… Rompió su promesa.
Bebió de alguien más. ¿Por qué me enfurece tanto? ¿Tiene que ver con que haya bebido de mi? Si.
Si, tiene todo que ver con eso. La promesa era real para mi, ¿no lo fue para ella? Y aun esa parte que se niega a convertirse en esto, sigue luchando en el fondo de mi cabeza: "No puede evitarlo, Ranma, es un demonio ahora. Debiste detenerla. ¿Cómo se te ocurre dejarla salir? ¿Cómo puedes ser tan irresponsable sabiendo que no tiene Maestro?" Si, puedo escucharla, pero no quiero hacerlo.
-Ranma, mírame por favor.
¡No! Aún no sé qué me está carcomiendo por dentro con tanta violencia. ¿Es que casi matas a alguien? ¿Es que te dejaste llevar por La Bestia? ¿Qué es, Akane? ¿Es mi propio miedo? Es que no puedo hacer nada para evitar lo que te está pasando, es eso, ¿verdad?
O es que, maldita sea, Akane, ¡te alimentaste de alguien más! ¿Por qué si mi sangre ya es tuya, por qué buscas la de alguien más? Me hace sentir como si… Como si odiara a Shampoo… Odio la sangre que ahora corre por tu cuerpo.
La envidio.
-Ranma, por favor –su voz de cristal es una súplica, y lo hago.
La miro, con toda la rabia y la furia que me quema desde dentro. Retrocede un paso, contiene el aliento y sus ojos salvajes se empañan de lágrimas.
Rápida, desaparece del claro, apenas la veo como el rastro de una estrella, corriendo hacia la ciudad. Sé que debería detenerla.
Pero no quiero. No quiero ir tras ella.
No quiero verla.
