Capítulo 10
"¡Ese maldito muchacho!" Joshua entró maldiciendo a la casa, dejando caer la fusta, su bolso y el tricornio al suelo y comenzó a desatarse el pañuelo del cuello. Demelza corrió a la sala cuando escuchó la voz de su suegro. Ese día era la reunión de accionistas y Ross le había dicho a su padre que iría con él, como le había prometido a Demelza hacía más de dos semanas. El humor en la casa de los Poldark pareció calmarse en esos días. Joshua se dio cuenta de que se le había ido la mano con Ross, así se lo había dicho a Demelza. Y luego Ross le había dicho a su padre que lo acompañaría a la próxima reunión, lo que puso a Joshua de buen humor, aunque no quería ser tan abierto al respecto ni quería hacerse muchas ilusiones. Sin embargo, ella se había sentido complacida. Por que Ross finalmente le daría el gusto al Sr. Poldark y porque por dentro inocentemente pensó que ella era en parte responsable del cambio de opinión de Ross, porque de esa manera sería "menos fastidiosa".
No había habido muchas otras charlas como la de esa noche. Curiosamente, su esposo había comenzado a evitarla cuando llegaba la hora de irse a la cama. Volvía a casa para cenar, pero luego o salía de nuevo al pueblo o Dios sabe adónde, o se quedaba leyendo en la biblioteca hasta que ella se quedaba dormida. Demelza no sabía qué pensar acerca de eso. Era amable con ella cuando se encontraban durante el día o cuando los tres conversaban mientras comían, así que no dijo nada al respecto. ¿Qué le iba a decir de todos modos? "¿Por qué no vienes a la cama conmigo por la noche?" Mmmm… mejor no. Él dormía en su cama, Demelza lo escuchaba regresar en medio de la noche. Más de una vez lo había espiado mientras se quitaba la ropa y se preparaba para acostarse, pero nunca le dijo que estaba despierta. Y todos los días, como ella era la primera en la casa en levantarse, lo encontraba durmiendo junto a ella de cara a la ventana, dándole la espalda. ¿Qué podía hacer? ¿Tenía que hacer algo?
"¿Qué pasó?" Preguntó, secándose las manos en el delantal. Joshua se dejó caer sobre el sillón, claramente agitado, su rostro de un preocupante color.
"Ross, por supuesto. No se iba a molestar en ir. Tráeme un vaso de cerveza..." —le respondió, estirando el brazo en dirección al armario donde guardaba el licor.
Mientras iba por la bebida, dijo: "Pero... él dijo que iría."
"Sí, y yo lo esperé como un tonto. Todos lo esperamos, pero no fue. Ahgrr... dame... "
"¿Se siente bien? No se ve muy saludable."
"Me duele la cabeza... había un viento fuerte..." Joshua bebió su cerveza mientras ella lo observaba. No se veía nada bien. El tono de su piel no era nada saludable y respiraba con cierta dificultad.
"Debería irse a la cama y descansar" – le dijo preocupada - "Le llevaré la cena, pero no más cerveza por esta noche."
Demelza ayudó a Joshua a ir a su habitación. Su suegro dormía en un pequeño dormitorio detrás de la biblioteca. Sabía que Joshua era un anciano, mucho mayor que su propio padre, pero su edad nunca había sido tan notoria como en ese momento. Lo ayudó con su abrigo, chaleco y botas, a menudo lo hacía con su propio padre cuando llegaba a casa lo suficientemente borracho como para no poder realizar estas simples acciones. Pero en esos casos ella nunca se preocupaba, al contrario. Sentía una mezcla de ira, desdén y vergüenza. En este caso Demelza miró preocupada mientras Joshua se metía en la cama y se quedaba dormido casi de inmediato. Y la rabia creció en ella, pero no hacia él, sino hacia el otro Poldark.
Ross esperaba una buena reprimenda cuando llegara a casa. De verdad tenía la intención de ir a la reunión, pero otras cosas se interpusieron en su camino. Había estado en Truro antes de lo previsto y había decidido caminar por la ciudad. Fue al puerto para ver un par de barcos de pesca que estaban descargando su carga. El lugar era un frenesí de gente gritando, corriendo, vendiendo, comprando. Su mente vagó hacia la niña; no sabía por qué tuvo un repentino antojo de traerla a ver esto con él. Probablemente porque nunca lo habría visto y lo encontraría fascinante. Todo le resultaba interesante. Tenía una mente rápida; Ross ya lo sabía. Aprovechaba al máximo su conocimiento, leyéndole a Joshua cuando estaba oscuro, en la cocina por supuesto, eclipsó a Prudie en hacer mantequilla; era ordenada, limpia, sabía cómo cuidar a los animales. Su padre había comprado más animales para la granja que estaban a su cuidado y le había regalado un libro que perteneció a su madre sobre jardinería que ella había devorado y ahora estaba poniendo en práctica en un pedazo de tierra junto a la casa. Pero ciertamente tenía mucho más que aprender. Modales. No mirar con la boca abierta cuando él y su padre hablaban de algo que ella no sabía, el incesante parloteo... estaba seguro de que había otras cosas que una dama debería saber pero que no se le ocurrían, probablemente a bordar o tejer, aunque eso no le importaba en lo más mínimo. Y había otras cosas de ella que le molestaban, pero Ross no estaba seguro de que pudieran arreglarse. O que fueran su culpa... o que debieran arreglarse en absoluto. Principalmente sus inquietantes ojos, cómo lo miraban cuando hablaba con ella. O algunas cualidades de su cuerpo - su pequeña cintura, la curva de sus pechos sobresaliendo de su escote, sus mejillas rosadas - que lo hacían sentirse completamente frustrado por tener pensamientos sobre ella. Pensamientos acerca de poseerla, de tenerla desnuda entre sus brazos, de estar dentro de ella. Ross sacudió la cabeza. Había decidido evitarla en la cama tanto como fuera posible. No quería pensar en ella de esa manera. No era un muchacho adolescente incapaz de controlar sus deseos sexuales. No quería desearla de ninguna manera. Era un hombre fiel, un hombre enamorado, incluso cuando ese amor lo había traicionado. No podía simplemente dejar de amarla, lo que todos parecían pensar que era muy fácil. Tal vez ella no lo amaba, pero él siempre la amaría. Y ninguna pobre niña podría ocupar el lugar que debería haber sido suyo.
No había visto a Elizabeth desde que regresó de América. Francis y ella habían ido a Bath de luna de miel y regresaron hacía unos meses, pero sus caminos no se habían cruzado. Tampoco se había reconciliado con su primo, dudaba que alguna vez pudiera hacerlo. Caminaba de regreso a la reunión cuando lo vio. A su primo Francis. Estaba con otro hombre, el hijo del banquero George Warleggan. Ambos llevaban sombreros de copa, vestían elegantemente y se reían a carcajadas. Ross caminó detrás de ellos durante un par de minutos hasta que entraron en una taberna de mala reputación que tenía un burdel en el segundo piso y donde las mujerzuelas bajaban a buscar a sus clientes. Ross lo sabía porque Margareth solía trabajar allí y él mismo había ido en un par de ocasiones. Pero, ¿qué estaba haciendo ahí Francis?
Francis estaba haciendo exactamente lo que todos los hombres que iban querían hacer. Cuando entró en el apestoso y oscuro establecimiento ya había una de las supuestas "damas" sentada en su regazo. Una de las manos de su primo estaba en uno de sus pechos y besaba su mejilla mientras George seguía riendo junto a ellos. Ross perdió todo sentido de la cordura. ¿Qué estaba haciendo?
"¿No tienes una mina que administrar y una esposa esperándote en casa?"
Los ojos de Francis lo miraron desenfocados, estaba borracho y fue George quien respondió que Elizabeth ya no era problema suyo. "Elizabeth nunca fue un problema. ¿Así es como ves a tu nueva esposa, primo?" Le dijo de nuevo a Francis, sin mirar al banquero. A Ross nunca le había caído bien George, la tía Agatha solía decir que era un advenedizo y él estaba de acuerdo. Su amistad con Francis seguramente no terminaría bien. El dinero y la amistad no deben mezclarse. Entonces Francis reaccionó y estuvo de acuerdo en todo lo que dijo George, agregando que ese lugar era prominente entre caballeros y él tenía todo el derecho de estar allí como cualquiera de ellos, especialmente cuando sus necesidades no eran bien atendidas en casa. Y eso fue todo lo que necesitó. Ross perdió los estribos cuando habló así de Elizabeth. George también recibió el golpe de sus puños cuando infirió que Ross había conocido a su nueva esposa allí. Hacía mucho tiempo que el enfrentamiento entre primos se veía venir. Ross nunca le había dicho a Francis lo herido que estaba por su traición porque pensaba que él también estaba enamorado de Elizabeth y, sobre todo, quería que ella fuera feliz, pero esto pintaba otra imagen por completo. Los dos hombres no podían contra él. Francis borracho y George un cobarde, la situación se había vuelto difícil cuando los matones que custodiaban el burdel intervinieron y se la agarraron con él porque estaba molestando a los clientes.
Para cuando lo dejaron ir habían pasado horas. Fueron indulgentes con él, afortunadamente una de las chicas lo reconoció como amigo de Margareth e intervino en su nombre, pero cuando salió ya era demasiado tarde para ir a la junta de accionistas y tampoco se veía muy presentable.
Fue silencio quien lo recibió cuando llegó a Nampara. El salón estaba a oscuras aunque era hora de cenar. Esperaba que su padre lo estuviera esperando para darle una regañina, pero no estaba. Lamentaba haberse perdido la reunión, de verdad, pero no había tenido otra opción después de ver a su primo. No veía la hora de contarle a su padre sobre el responsable Francis... Fue a su habitación y se cambió. Le dolían las costillas, pero no creía que se hubiera roto nada. Tenía hambre y esperaba que Demelza tuviera la cena lista pronto. Mientras Ross bajaba las escaleras, escuchó ruidos provenientes de la biblioteca. Demelza se sobresaltó al verlo en la oscuridad, la bandeja que llevaba se tambaleó en sus manos.
"Demelza, mi padre ya ha…" Pero Demelza pasó apresurada por su lado, ignorándolo. La siguió hasta la cocina, donde pudo ver la expresión de enojo en su rostro.
"Demelza..." Comenzó de nuevo.
"¿Como pudiste? Se lo prometiste. ¡Dijiste que ibas a ir con él, le diste tu palabra!" – le reprochó ella; su voz se elevándose a medias porque no quería molestar al señor Poldark. "No entiendo qué sucede contigo. ¡Lo tienes todo! Y sin embargo no te responsabilizas por nada... el señor Poldark tiene razón, eres un niño malcriado..."
Ross se sorprendió por su arrebato. Lo esperaba de su padre, pero no creía que fuera tan grave. Sus ojos brillaban, podía ver que estaba conteniendo las lágrimas. "¿Dónde está Joshua?" preguntó porque no quería seguir hablando con ella. Una repentina necesidad de disculparse y abrazarla lo había invadido y no quería sentirse así. Su mirada cambió de enojada a preocupada, frunció el ceño. "Está en la cama... No se sentía bien cuando llegó. Comió poco. Le pregunté si quería que llamara al médico, pero dijo que no." Dijo apresuradamente.
"Choake es un bueno para nada". Ella resopló ironicamente. Ross pensó que era porque pensaba que él también era un bueno para nada, pero en realidad Demelza sonreía porque eso era exactamente lo que su padre había dicho sobre el médico. Ross la dejó y fue a ver a su padre.
Demelza tenía razón, no se veía nada bien. Ross también se preocupó y se sintió culpable por no haber cumplido con su palabra, así que le contó a su padre todo lo que había ocurrido ese día. Joshua reaccionó como Ross sabía que lo haría. Un discurso sobre cómo debía dejar atrás el pasado, pero también comprendió lo que había ocurrido entre él y Francis. Sacudiendo la cabeza, cansado, le había pedido que lo dejara dormir, poco común en él que siempre estaba lleno de vitalidad. Ross también le había preguntado si no quería que fuera a buscar a Choake, pero su padre se rió y le dijo que estaría bien, que había sido solo el viento. Estaría bien después de descansar. De cualquier forma, Ross dijo que iría a la mina al día siguiente y se quedaría en la superficie, supervisando el trabajo para que él no tuviese que ir y pudiera quedarse en casa y descansar.
Era fácil hablar con su padre cuando quería. Ross sabía que él era el difícil. Una disculpa, honesta preocupación y su palabra era suficiente. No le había hecho la vida fácil desde que regresó a casa, pero su padre nunca se dio por vencido. Supuso que amor paternal era la explicación lógica. Por mucho que tratara de resistirse a la idea de ser el capataz de la mina, el dueño y no un simple minero, el líder y la persona a la que la gente admiraba, él era su hijo y, le gustara o no, tendría que hacer todas esas cosas algún día. Ya lo había aceptado; no tomó la salida fácil cuando su padre le presentó la oportunidad, por eso se había casado con la niña. La niña. Con ella era mucho más difícil hablar. Podía explicarle lo que había sucedido, pero sabía que no lo entendería. Le había prometido algo por primera vez, es decir, además de los votos del matrimonio, y había roto su promesa. Y, sinceramente, tampoco había hecho nada para cumplir con sus votos matrimoniales. Pasó una mano desde su frente y por su rostro.
Hablando de su esposa, Ross ya estaba en la cama mientras pensaba todo esto. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero estaba seguro de que era más de medianoche y ella no se había acostado aún. Había cenado solo, servido por Prudie. Le había dicho que la señorita Demelza ya había comido y él no le dio mucha importancia, por mucho que se hubiera acostumbrado a cenar con ella. Especialmente en los últimos días cuando las cosas parecían estar más relajadas entre ellos. Había estado evitando irse a la cama a la misma hora que ella durante las últimas semanas, pero sabía que ella se quedaba despierta hasta tarde lavando platos, limpiando la cocina o haciendo alguna otra tarea. Pero no hasta tan tarde. Escuchó con atención. No oyó ningún ruido procedente de la planta baja. Pensó que tal vez se habría quedado haciéndole compañía a su padre pero Joshua ya estaba dormido cuando lo dejó, no había necesidad de eso. Se sentó en la cama, molesto de que la chiquilla causara tantos problemas. Demasiados problemas para ser una simple mocosa traída de quién sabe dónde y que siempre lograba colarse en sus pensamientos de una forma u otra. Francis definitivamente no tenía estos problemas. Estaba en la ciudad visitando el prostibulo, y Ross estaba seguro de que Elizabeth lo estaría esperando pacientemente en Trenwith. Sus puños se cerraron de nuevo recordandole la pelea, el pecho le dolía en los lugares donde había sido golpeado. Se oyó un aleteo en la ventana, un pájaro se había perdido en la oscuridad, el ruido lo hizo saltar de la cama, abrir la puerta y bajar las escaleras descalzo y solo en su camisa de dormir.
La encontró en la cocina, junto al fuego. Una alfombra en el suelo y ella encima, durmiendo abrazada al perro.
Demelza se despertó cuando una fuerte mano agarró su brazo y la hizo ponerse de pie de un salto. Le tomó un momento enfocar sus ojos en el hombre que estaba frente a ella. Él todavía la sujetaba, su rostro a centímetros del suyo. "¿Qué demonios estás haciendo?" - gruñó furioso. Durmiendo como un animal. Esa mocosa estaba tan fuera de lugar en su casa. Ross intentó imaginar lo que su padre había estado pensando al llevarla allí por enésima vez. Era la primera vez que le gritaba con rabia pero, para su sorpresa, ella no retrocedió.
"Déjame... " - ella luchó pero él no la soltó. En cambio, la sacudió por los hombros.
"¿Qué haces durmiendo aquí como una vagabunda?... Eres una Poldark, por mucho que eso me cueste..."
"Yo... estoy aquí porque no quiero fastidiarte... Ya que te molesta tanto que esté en medio de tu camino... sueltame... déjame ir!" Todo esto Demelza lo dijo mientras la sacaba a rastras de la cocina y la llevaba al pasillo y luego a las escaleras. Por mucho que ella se resistiera, por mucho que tratara de detenerlo y soltarse, él era demasiado fuerte. Se las arregló para sostenerse de la barandilla con su mano libre, pero Ross se dio la vuelta y la agarró por el otro brazo también, levantándola por encima del hombro los últimos escalones y fue hacia su dormitorio mientras ella todavía luchaba y pataleaba con los pies en el aire tratando de liberarse a sí misma. Cuando estuvieron en su habitación cerró la puerta de una patada detrás de ellos y la puso de pie frente a él. Sin decir una palabra, comenzó a desatar los ganchos de la parte delantera de su vestido. Ella estaba jadeando por la lucha, su pecho subía y bajaba frenéticamente. Ross tiró el corset al suelo cuando terminó y la hizo girar para desatarle la falda. Demelza tenía la intención de escapar, dio un paso hacia la puerta, pero él la agarró con fuerza por la cintura y la acercó de nuevo. "Si sales de esta habitación te pondré sobre mis rodillas y te daré nalgadas como la niña desobediente que eres." - dijo junto a su oído. Su voz sonó amenazante e hizo que todo su cuerpo se estremeciera. Por sus palabras o por el cosquilleo que su aliento le había causado en la piel de su cuello. Se quedó quieta, su rostro estaba caliente de furia. En ese momento estaba segura de que lo odiaba. Terminó con los broches, su falda cayó a sus pies. Ya se había quitado las medias en la cocina. Luego Ross se inclinó detrás de ella y con un fuerte tirón le bajó los bombachos. Pensó que también le quitaría la enagua y cruzó de brazos sobre el pecho, protegiéndose.
Se quedaron en silencio por un momento. La oscuridad los rodeaba, podía escuchar su respiración cerca de ella. Él también estaba agitado.
"Métete en la cama." Susurró. Su tono mucho más tranquilo.
Ella hizo lo que le dijo. Ross se pasó los dedos de ambas manos por el cabello y suspiró, tratando de controlarse. La vio a la luz de la luna levantando la sábana y metiéndose debajo de ellas. Acostada lo más cerca posible del borde, de espaldas a él. Caminó lentamente hacia su lado e hizo lo mismo, el colchón parecía un océano separándolos.
Pero las mareas cambian.
Una vez más, Demelza se despertó más tarde esa noche con una mano sobre ella. Sólo que esta vez no era solo su mano. Mientras dormía, se había movido hacia el centro de la cama, su brazo estirado hacia el borde, el otro curvado cerca de su rostro y un tercer brazo alrededor de su cintura. La apretaba como una barra de hierro contra la cama. Hacía calor, pero no era desagradable. Sentía calor en la espalda porque Ross también se había movido mientras dormía y ahora estaba acurrucado detrás de ella. Sin querer se movió y fue entonces cuando se dio cuenta de que sus piernas estaban desnudas y también su trasero. Su enagua estaba enrollada sobre su cintura y en sus nalgas había otra cosa caliente presionando contra ella. Era duro y rígido y parecía moverse cuando ella se movía, así que lo hizo de nuevo lentamente para no despertar a Ross. Demelza jadeó y se quedó congelada cuando lo escuchó murmurar. El brazo que la rodeaba la apretó aún más. Estaba soñando, hablando dormido y mecía sus caderas contra ella. Su virilidad hundiéndose entre las mejillas de su trasero, una... dos veces...
Ross se despertó con el sonido de su propio gemido. Confundido por un segundo, no sabía dónde estaba y ni qué estaba haciendo. Levantó la cabeza de la nube de cabello que caía sobre su rostro, vio su brazo alrededor de la niña y, más importante, se dio cuenta de que su polla descansaba en su trasero. Trató de mirar su rostro, estaba dormida. Lentamente para no despertarla, desenredó su brazo de alrededor de ella y volvió a su lado de la cama.
Fin del Capítulo 10
NA: Gracias por leer ;)
