La historia que dejamos pasar
Capítulo 21
Naoki ya había perdido la cuenta del número de veces que había pasado sus manos por su cabello en las tormentosas últimas horas.
Estaba impotente, intranquilo… asustado.
Kotoko seguía inconsciente tras el accidente que tuvo en las escaleras, del que él fue un inútil testigo que únicamente pudo gritar su nombre mientras la veía caer. Un tonto incapaz de reaccionar con prontitud y alargar su brazo para cogerle la mano antes de la consecuencia fatal.
Un incompetente que solo se movió con la visión de la sangre de ella.
El fluido que veía todos los días fue el que le precipitó hacia abajo, vociferando por una camilla, collarín, oxígeno y material de curación con un volumen que afortunadamente atrajo pronta respuesta… de lo contrario, él…
Tragó. Se había sentido muy frenético y atemorizado por dentro al tener el cuerpo inerte de Kotoko frente a él, pensando lo peor, y olvidó toda su preparación. Después, algo en su interior le hizo reprenderse y comenzar a revisarla; su mente había estado tan sobrecogida por el estado de ella que se sentía una verdadera maravilla por poder atenderla como lo hizo.
Y estúpidamente quiso seguir haciéndolo, aunque su principal motivación fue no confiarla a las manos de nadie más, ni siquiera a quienes le doblaban en experiencia. Incluso no había aceptado las sugerencias de apartarse al parecer conmocionado por lo que acababa de ver.
Él sería el primer encargado de conseguir su bienestar, nadie querría con tanto ahínco sanarla; se había dicho en ese estado de turbación. Mas luego lo golpeó la advertencia de que podía empeorar su gravedad; así que después de los primeros cuidados cedió la tarea a otro médico y ahora aguardaba a que ella recobrara la conciencia, cuestionando los resultados de la tomografía, que no indicaba nada fuera de lo normal.
Había sido un insensato que la puso en peligro por su egocentrismo. Si hubiese errado, sería el culpable de haberle hecho más daño.
Mesó sus cabellos, reprendiéndose todavía su conducta de horas atrás, lidiando con la angustia de no verla despertar.
Se sentía inseguro, molesto… desesperado.
Y más. Tenía muchas emociones danzando dentro de él.
Al observarla resbalar y caer, su interior había vibrado hasta causar una explosión cuando el nombre de ella brotó de sus labios. Todos los sentimientos y emociones que reprimió durante años por su orgullo habían escapado del sitio en que les tenía atrapados.
…como no pasó cuando supo la verdad, porque su instinto le había hecho contenerse y seguir pretendiendo que no pasaba nada, lo que había mermado sus fuerzas, haciéndole sentir enfermo (de hecho, inconscientemente había comido y dormido muy poco desde que Kotoko le reveló lo ocurrido el día de su supuesta boda).
Había sido un estúpido. No existían palabras suficientes para definir su comportamiento después de que ella lo dejara hacía años, desperdiciando la oportunidad de estar juntos.
¿Por qué le dio más importancia a su orgullo? ¿Cómo se engañó pensando que no lo amaba, si no conoció persona más fiel con sus sentimientos hacia él?
Todo el dolor e infelicidad pudo evitarse si la hubiera buscado para, al menos, tener una explicación.
Quizá de modo inconsciente se sentía culpable y no la buscó, porque él no quiso casarse ese día y su deseo se había cumplido. Le habría gustado tener guardado un boleto a Akita, una prueba de que trató de buscarla, pero era cierto, su orgullo fue más grande que su amor y la perdió.
Y en su lugar la volvió una villana, se trató de convencer que no era la joven inocente con la que convivió por años. Lo hizo para canalizar su dolor de no tenerla y poder avanzar… aunque no lo había hecho, y en realidad seguía pensándola todo el tiempo y ocupaba su cabeza con otras cosas que eran espejismos.
Como su imparable desempeño en su carrera.
La mentira de odiarla.
Negarse a pronunciar su nombre sabiendo que haría eco en su corazón como al decirlo ese mismo día.
Había estado engañándose, solo estuvo protegiéndose tras su abandono. No la había olvidado. No había dejado de amarla.
O siempre estuvo en peligro de enamorarse de nuevo.
Él la amaba.
Su amor era más fuerte que antes, ella se había convertido en una persona más increíble a como era seis años atrás, sin perder a la Kotoko que lo había enamorado. Maduró y alcanzó su plenitud; era imposible no sentir orgullo de ella y lo que había conseguido, pese a las pocas cualificaciones que aparentaba tener. Ella había alcanzado la cumbre que él preveía en su potencial desperdiciado; eso que atisbó cuando obtuvo el puesto cien en la preparatoria.
Pero no pudo estar en el transcurso por su ceguera y necedad.
De ahí que sus palabras de la semana anterior le escocieran. Ella había tenido razón al decir que no la quería, su orgullo fue más grande, no la quería lo suficiente entonces.
No como ahora, cuyos sentimientos habían crecido exponencialmente con aquellas nuevas facetas que ella adquirió después de que su corazón se rompió. Cómo le había hecho daño, se imaginaba lo que vivió a partir de ese día y se maldecía por su conducta, aun si ella hizo lo que la mítica ave fénix.
Sin embargo, ahora era tarde para amarla.
Al no buscarla la había perdido y por sus acciones la perdió de nuevo.
Otra vez había llegado a su vida, con otra ayuda del destino, y se había encargado de alejarla. De cederla.
¿Cuán imbécil era para permitir que Nishigaki se quedara con ella en sus propias narices?
Kotoko era feliz sin él, tenía a su familia, a amigos y amigas, y a una persona que podía demostrarle su amor sin contemplaciones, además de una carrera y un futuro dichoso.
Le invadió una ola de tristeza y sintió una punzada en el plexo solar.
En cambio, su vida personal era un desastre. No la tenía a ella. Cambió costumbres en sus padres. Arruinó la relación con su querido hermano.
Pudo haber tenido la felicidad en sus manos y no quedaba más que un hombre vacío y roto con una buena profesión. Su vida se había arruinado cuando dejó ir a lo mejor que había encontrado en ella.
Naoki suspiró, volviendo a desordenar sus cabellos, y alzó la cabeza para mirar a la figura acostada en la cama de hospital.
Kotoko lucía tan pacífica como cuando dormía, lo que el neurólogo afirmaba era su caso, después de oír sobre su falta de sueño en los últimos días y por la respuesta a los estímulos. Naoki podía creerlo, pero el corte en el cuello por su pasador y la sangre que hizo brotar le causaban inquietud.
Llevó su mano al apósito que cubría su herida, evitando el collarín, y deslizó su pulgar a un costado de esta. La caricia estremeció su cuerpo y le brindó una pizca del sosiego que no había tenido en años. Una sensación que experimentó por última vez en la noche que le confesó sus sentimientos y la abrazó antes de ir a dormir.
¿Cómo fue tan idiota para no luchar por ella? Kotoko lo hizo innumerables ocasiones y él simplemente se rindió dejándola ir, prefiriendo el dolor de no tenerla.
Se reclinó y apoyó su frente sobre el antebrazo de ella, sintiendo que su garganta se cerraba. Sus ojos ardían y una humedad se acumulaba en ellos nublándole la vista.
Había perdido su futuro a su lado; amanecer con ella en la misma cama, convertirse en padres, envejecer juntos.
Deseó no haber abierto la boca cuando su padre comentó que no parecía feliz.
Escuchó que la puerta se abría y se irguió de golpe. Casi quiso golpearse la cara al ver al padre de Kotoko, a quien no había avisado del incidente.
Shigeo-san no le miró; corrió al lado de su hija y le cogió de la mano, agitado. —Kotoko —musitó entre lágrimas. —No me hagas esto, tú no puedes irte también. Tienes que acompañar a este viejo.
Naoki tragó saliva por lo que estaba presenciando. De reojo vio a Kikyou en la puerta, atenta a la figura de su compañera y amiga. Shinagawa, Omura y Kamogari se habían acercado antes.
—La estoy monitoreando con especial interés —manifestó seriamente, haciendo que Shigeo-san apartara sus ojos de Kotoko.
—Naoki-kun.
Se puso en pie.
—Gracias, sé que no querrías…
Negó. —Quiero. Es Kotoko. —Shigeo-san asintió, acariciando la mano de su hija.
—¿Estará bien?
—Me aseguraré de que así sea.
El padre de Kotoko soltó un suspiro de alivio.
—Yo… lamento no llamarle… estaba…
—Te comprendo. Kin-chan se quedó contactando a tu madre tan pronto terminó mi llamada con Kikyou-san.
—Yo esperaré a Irie-san en la entrada —comunicó la aludida haciéndose notar. —Sé quién es. Le diré a dónde tiene que venir.
¿Conocía a su madre?
—Gracias —respondió él.
La enfermera deslizó la puerta dejándole a solas con los Aihara.
—Siéntese aquí, Shigeo-san. —Le indicó señalando la silla en la que había estado hasta momentos antes. —Ocuparé el mueble junto a la pared.
Shigeo-san le agradeció con un asentimiento y dio la vuelta a la cama para ocupar el puesto. Naoki caminó hacia su asiento.
—Ella está muy arrepentida por la forma en que terminó su relación.
—Lo sé… me pidió disculpas. —Que él creyó una burla, cuando ella no era capaz de esa malicia.
Contempló el rostro calmo de Kotoko con un nudo en el pecho.
—Fue un… malentendido. Pero ella hizo bien en dejarme. Mire lo que logró.
—Todo pasa por una razón. Veo tus sentimientos; sin embargo, yo no sé cuáles son los de ella ahora. Tardó mucho en volver a sonreír con sinceridad.
Eso escoció.
—Es posible que tenga a alguien —comentó triste.
—¿Y dónde está él ahora?
—Acababa de entrar a una operación larga cuando ocurrió el accidente.
—Ya veo.
La puerta se abrió con energía.
—¡Oh, Kotoko-chan! ¿Por qué te pasó esto!
Su llorosa madre corrió hacia la cama.
—No vayas a moverla. —La detuvo bruscamente con sus palabras.
—¡Onii-chan! —Su madre se giró hacia él como un relámpago. —¡Onii-chan! Eres tú de nuevo —sentenció aumentando el nivel de su llanto.
Él frunció el ceño, pero su madre volvió hacia Kotoko y le acunó su rostro.
—Mi Kotoko-chan.
—Ai-chan.
Se dio cuenta que su padre aparecía para abrazar a Shigeo-san. Yuuki surgió detrás, con expresión preocupada.
Naoki lamentó contribuir a que su familia se separara.
—Onii-chan, ella se curará, ¿verdad? —preguntó su madre besando la frente de Kotoko.
Él, que prefería hablar con sinceridad antes de dar esperanzas vanas, afirmó en voz alta. Lo contrario no era una opción.
Se levantó para comprobar que su madre no hubiese desajustado los cables en Kotoko, revisando su respiración, aunque no había signos de daño a costillas o pulmones. Necesitaba ocupar sus manos al ver la habitación llena de personas directamente implicadas en su vida.
Kikyou les llevó una silla faltante y se despidió porque seguía de turno. Todos se acomodaron en la habitación, aprovechando que eran las horas de visita y el privilegio de que la paciente fuese trabajadora del hospital.
Ninguno inquirió sobre el accidente, sabiendo lo propensa que Kotoko era a ellos, y tampoco en su presencia allí, duda que estaría carcomiendo a su madre en otras circunstancias.
Pasado un tiempo en silencio, alguien más abrió la puerta.
—Señor, señoritas, ya hay muchas personas en la habitación —aseveró una voz masculina.
—¡Kotoko! Queremos saber cómo está nuestra amiga.
Ikezawa.
—¡Sí!
Komori.
—Por favor.
Ishikawa.
Naoki suspiró.
—Oh, amigos de Kotoko. Nosotros iremos a buscar café, nos hará falta, pasaremos en la sala de espera toda la noche —dijo su madre.
—Iré con ustedes, dejaré que Kin-chan y las chicas la vean. Naoki-kun, la dejo a tu cuidado.
Asintió y los amigos se apresuraron a ingresar a la habitación.
—Eviten mover los cables.
Tres pares de rostros ceñudos se enfocaron en él. No habían notado su presencia.
—El genio-idiota —farfulló Ikezawa, dándose la vuelta para acercarse a Kotoko y lloriquear.
—¿Es que no hay médicos menos insensibles aquí? —musitó la pelinegra.
—No sé por qué confían en alguien que no vale la pena —sentenció la otra. —Su palabra no es de fiar.
Él presionó los labios. De alguna manera Kotoko valoraba las opiniones de esas dos. Pero había de admitir que nunca dejarían de ser férreas defensoras de su amiga.
Las dos chicas entrecerraron los ojos y se miraron entre sí.
—Esto no es como esperaba, pensé sentirme mejor, pero un hombre abatido da pena —refunfuñó Komori, haciendo que la castaña asintiera.
Se giraron con las narices arrugadas.
—Ya acabaron las horas de visita, no pueden permanecer más aquí —les informó para vengarse, si bien quedaban unos minutos.
Los tres gruñeron. Le desearon lo mejor a Kotoko y prometieron estar ahí el día siguiente antes de irse quejándose de los protocolos de hospital.
No cerraron la puerta y él iba a pararse a hacerlo cuando vio que Nishigaki entraba a la habitación.
Se tensó.
El médico lo vio e inclinó su cabeza en forma de saludo. Le molestó que, a diferencia de los otros, reparara en él antes de acudir a Kotoko. No demostraba que era su prioridad, como cada visitante que acudió a la habitación.
—Ay, Kotoko-san, esta vez no me tuviste ahí para salvarte —expresó Nishigaki sentándose en el colchón de la cama, junto a los muslos de su ocupante.
Naoki sintió una furia amarga al verlo sujetar la mano de Kotoko. El pecho le quemaba con esa horrible escena, más que al imaginarse la familia feliz cuando la vio con una niña que reunía rasgos de los dos.
Debía irse para no mirar esa escena dolorosa, solo que incumpliría su palabra con Shigeo-san si lo hacía.
Apretó los dientes.
—Estás dormida como bella durmiente, ¿necesitarás un beso del príncipe para despertar?
El aire se quedó atascado en su pecho.
¿No iría a hacerlo? Se volvería loco.
—¿Estás saliendo con ella? —cuestionó para romper su momento afectivo.
En los últimos meses se había limitado a alejarse en las ocasiones que se cruzó con sus muestras de intimidad, que se encontraba mucho, "justificándose con lo desagradable de verlo", pero eso sería demasiado. Hasta sin reconocer sus sentimientos por Kotoko no podría aguantarlo.
Nishigaki le ignoró y se inclinó para que su cabeza se acercara a Kotoko. Naoki se puso en pie automáticamente.
Mas su asesor colocó su boca junto al oído de ella, para decirle algo que no oyó.
Nishigaki se levantó de la cama y sonrió de lado al observarlo.
—¿Qué decías? —preguntó disminuyendo la distancia entre los dos. Con sus lentes, sus ojos parecieron brillar de más. —Creo que no escuché bien, querías saber si Kotoko-san y yo estamos saliendo, pero debo equivocarme porque en una ocasión manifestaste que hablar de ella era una pérdida de tiempo. Claramente no te interesaba.
Odió que le recordara su error.
—¿Has decidido que ya no quieres dejarte llevar? —comentó Naoki con voz tensa, recordando su excusa para hablar de ella.
Nishigaki rió entre dientes.
¿Cómo podía estar divertido en esos momentos?
—¿Sales con Kotoko?
Su asesor alzó sus cejas. —¿Tú que crees? —repuso jocoso.
Naoki no lo soportó y lo cogió de las solapas de su bata para pegarlo contra la pared a su derecha, haciéndolo jadear de la sorpresa.
—¿Irie-sensei ya se quitó la máscara?
—No estoy de humor para tus juegos.
Aunque tenía la excusa perfecta para desahogar las emociones que lo asfixiaban.
—Tendrás que preguntárselo a ella, porque cualquier cosa que diga no me creerás.
Estuvo a punto de maldecir, pero un gemido lo hizo congelarse.
—¿Nishigaki-sensei?
Que Kotoko pronunciara el nombre de ese bastardo fue como una estocada por la espalda y conturbado soltó al aludido, que se escabulló para ir a la cama.
—Sí, soy yo, ¿cómo te sientes, Kotoko-san? Nos diste un gran susto.
—Me duele todo. Esta vez sí caí duro. Me molesta el collarín.
De perfil vio que Nishigaki sacaba una lámpara para inspeccionar sus pupilas, actuando de modo profesional.
Puso a un lado sus sentimientos anteriores y se alegró porque recobrara la consciencia, así como que recordara. Era buena señal.
—Buscaré al médico encargado.
—¿Irie-sensei? —llamó ella con curiosidad.
Él se volvió para verla parpadear en su dirección, espiando debajo del brazo de Nishigaki.
—Creo… escuché mi nombre, antes de desmayarme.
—Ten cuidado, Kotoko, te lo he dicho muchas veces —repuso con amabilidad.
Ella lo miró ojiabierta y él se apresuró a la salida.
—¿Solo yo escuché que fue cálido?
No se quedó a esperar la respuesta de Nishigaki.
{…}
Tan pronto como hubo encontrado a Nakano-sensei y asegurado que ingresara a la habitación de Kotoko, Naoki se fue a buscar a su familia para anunciarles el último acontecimiento.
Los encontró junto a la máquina de café, sentados en una mesa redonda con tazas en sus manos.
Shigeo-san fue el primero en verle y se paró con premura.
—Despertó. El médico encargado está con ella.
Su familia celebró entre abrazos y los mayores casi corrieron en dirección de la habitación de Kotoko.
A solas, Naoki colocó un vaso para servirse café. Dejó salir un suspiro mientras el líquido caía en el recipiente.
—¿Cómo te sientes? Kikyou-san dijo que tú lo presenciaste.
Abrió la boca de la impresión al oír a Yuuki. Pulsó el botón para detener la máquina y se giró hacia él.
—¿Por qué no fuiste con los demás?
—Me detuve a avisarle a Konomi que Kotoko recobró la consciencia. Son buenas amigas.
Se sintió avergonzado de que su hermano fuera quien le hablara primero, en lugar de él. Tal vez el acudir a la celebración le ganó eso.
Y justamente era el mejor día para que le sacara conversación, porque no se sentía renuente e impedido como hacía tiempo.
—Ya la había visto caer de las escaleras antes, pero hoy fue desde el comienzo de estas y en posición horizontal.
—Sentiste miedo.
Movió la cabeza ligeramente, contestando con una afirmación.
—Yuuki, ahora no es buen momento… otro día me gustaría que platicáramos. Hay algo que debo decirte.
Su hermano le dio la espalda con las manos en los bolsillos y Naoki inspiró por el rechazo. Insistiría luego; tenía que pedirle perdón a su hermano y ganarse su confianza. Era una relación que le interesaba y podía enmendar. No iba a rendirse.
—Sabes dónde encontrarme.
Naoki sonrió, sintiendo que una parte de él se llenaba de ánimos.
Rápido cogió su café para escuchar el veredicto del médico, que confiaba sería bueno.
NA: Ufff.
En las primeras líneas, traté de mostrar coherencia e incoherencia con los pensamientos de un agitado Naoki, espero que parte de esa idea llegara a ustedes.
Por otro lado, estaba esperando para poder decir esto. La actitud de Irie después del abandono de Kotoko es una similitud con su infancia. Al descubrir que era un niño, sus compañeros se burlaron y lo humillaron, le retiraron el aprecio que le tenían, lo dejaron solo, por lo cual se volvió frío, se encerró en sí mismo. Kotoko lo abandonó cuando decía amarlo, humillándolo también, entonces su reacción fue volverse más frío. Ay, mamá Irie.
Ah, y porfa sean amables con el estado de Kotoko, a veces hay que darle un poco de drama a las situaciones y no reflejar tanto la realidad para contribuir a la historia XD.
¡Feliz semana!
Besos, Karo.
Marce: Muchas gracias. Me alegra solo haber tardado seis días en subir este capítulo; en realidad iba a ser antes, pero pasó una cosa u otra. Ojalá que algún día caigas en las redes de una cuenta para tener notificación en el correo de las actualizaciones ;) . / No le haré mucho mal a Kotoko, mi intención es que otro sufra más ja,ja,ja. Y lo de Irie viendo que no puede seguir sin ella se cumplió.
Samy: Hola, hola, soy perversa, era parte la ex y el "Kotoko" de Irie. Ustedes querían otra cosa, pero no todavía. ¿Naoki deprimido arrepentido que va hincado a pedirle una oportunidad? Digo, solo por sugerir. / Estoy terminando de escribir el fic, con chance y no tengas que esperar tanto, porque una vez lo acabe actualizaré en fechas anunciadas y cercanas entre sí. / Aiñs, me encanta que te enganche la historia, es el ánimo que necesito para escribir más rápido e ignorar los libros, animes y mangas que me tientan XD. Un abrazo para ti también.
