CAPITULO ONCE

Isabela abrió los ojos y descubrió que estaba en una habitación con poca luz mirando a un techo que nunca había visto antes. ¿Dónde estaba ella? Lentamente, sus sentidos comenzaron a entrar en acción. Podía escuchar un zumbido bajo. Parecía mecánico, pero no era de ninguna máquina que ella reconociera. Estaba acostada sobre algo plano, pero era cómodo. Había algo suave cubriendo su cuerpo y algo cálido estaba envuelto alrededor de su cintura.

Se sintió segura y protegida. Respirando con precaución, olió... a Edward. Girando la cabeza hacia un lado, encontró su rostro a centímetros del de ella y aunque él estaba dormido, todavía había líneas de estrés y fatiga en su rostro. No pertenecían allí. Al mirar hacia abajo, se dio cuenta de que era su brazo alrededor de su cintura lo que la hacía sentir tan cálida y protegida. Mirando hacia arriba, encontró que sus ojos estaban abiertos, su mirada atravesando la de ella. Ella lo miró parpadear lentamente, su mirada se movió rápidamente sobre su rostro como si no pudiera creer que ella estuviera allí.

-Finalmente estás despierta- dijo, su voz un poco irregular.

-Lo estoy- Isabela frunció el ceño ante sus palabras -¿Cuánto tiempo he estado fuera?-

-Tres días- Edward se levantó sobre un codo, con los ojos llenos de preocupación -¿Cómo te sientes?- Isabela no respondió de inmediato, tomándose el tiempo para pensar realmente en cómo se sentía. El dolor que siempre había sentido en su brazo y pierna dañados ya no estaba allí. Y la sensación que siempre tuvo de que había algo en lo profundo de ella, tratando

de salir, también desapareció.

-Eso es porque finalmente me has aceptado- dijo la voz que reconoció como su Dragón.

-Lamento que me haya tomado tanto tiempo- respondió ella.

-Es como tenía que ser, para que pudiéramos sobrevivir y encontrar a nuestra pareja.-

-¿Isabela?- la pregunta de Edward la trajo de vuelta de su conversación interna.

-Bien. Me siento bien- le dijo ella.

-¿Estas segura?-

-Sí, no me he sentido tan bien desde antes de que los Varana me atacaran- levantó una mano para acariciar suavemente su mejilla -¿Por qué te ves tan cansado? ¿Tan preocupado?- Edward frunció el ceño.

-¿No recuerdas lo que pasó?-

-Recuerdo que alguien irrumpió en nuestra habitación y tú saliste a confrontarlos. Solo- ella lo miró y le dijo que no estaba contenta con eso -no iba a dejarte hacer eso. No iba a fallarle a otra persona que amaba, así que... cambié- sus ojos se abrieron. Ella realmente había cambiado.

-Lo hiciste- él sonrió, pasando un dedo gentil por su mandíbula -en el Dragón más hermoso que he visto.-

-¿En serio?- Preguntó ella, mirándolo con incertidumbre.

-Eras hermosa, Isabela. Son hermosas, nunca lo dudes- inclinándose, apoyó su frente contra la de ella -lo siento mucho, Isabela.-

-¿Por qué?- Preguntó ella, acariciando la parte posterior de su cuello, sin comprender.

-Por no escucharte realmente- él se apartó un poco y se obligó a encontrarse con su mirada -me dijiste cómo te habían herido los Varana. Lo que los Sanadores de la Tierra habían hecho para reparar el daño y aún así te llamé desde tu forma de Dragón.-

-¿Y?-

-Y, cuando cambiaste a tu Dragón, tu Dragón expulsó las sustancias extrañas de tu cuerpo. Es cómo un Dragón repara cualquier herida que puedas recibir en tu forma de Otro.-

-Todavía no entiendo de qué te arrepientes- levantó el brazo. Mirándolo, la cicatriz seguía allí, pero el dolor había desaparecido -se siente maravilloso. Ella hizo un buen trabajo.-

-Tu Dragón no te reparó, Isabela- él la miró con los ojos llenos de pesar- como dije, te llamé desde tu forma de Dragón demasiado pronto.-

-¿Entonces cómo?-

-Te derrumbaste en mis brazos gritando- Edward se estremeció un poco, recordando. Nunca quería escucharla gritar así de nuevo -traté de llamar de vuelta a tu Dragón, pero no pude, así que te traje rápidamente a la unidad de curación.-

-Yo... algo sucedió allí...- sus delicadas cejas se acercaron, luego susurró -Bonn...-

-Sí- Edward le dirigió una mirada llena de culpa -después de ponerte en la unidad de curación, me volví para enfrentar a Ben. Bonn entró sin que me diera cuenta, y fue capaz de inyectarte múltiples dosis de la droga utilizada para relajar a las hembras, antes de que pudiera detenerlo.-

-Tenía esa mirada en su rostro, de placer- susurró -me recordó a los Varana. Sabía que lo que estaba haciendo me iba a hacer daño, y lo hizo... tanto -susurró -fue como la droga que me dieron en el hospital. Me devolvió a ese oscuro mundo de dolor e inmovilidad.

-Hubiera dado voluntariamente todo mi tesoro si hubiera podido evitar que pasaras por eso, Isabela.-

-Lo sé- ella ahuecó suavemente su mejilla -¿Qué le hiciste... a Bonn?-

-Lo maté- le dijo sin rodeos. Isabela se sorprendió al descubrir que estaba asintiendo con la cabeza comprensivamente, luego se dio cuenta de que era lo que habría hecho si alguien hubiera dañado a Edward.

-Pero Talfrin no podía curarte mientras la droga todavía estaba en tu sistema.-

-Entonces, ¿Cómo?- Preguntó ella.

-Tuve que llamar a tu Dragón. Estaba debilitada, pero fue capaz de quemar la droga de tu sistema.-

-Te escuché...- susurró ella -en mi cabeza, me suplicabas que no me rindiera. Que te unirías a mí en la muerte si fuera a donde yo iba.-

-Te seguiría a todas partes, porque nunca me separaré de ti ahora que te he encontrado.-

-¿Incluso en el mundo blanco entre mundos?- Preguntó ella.

-Incluso allí- respondió al instante, luego le dirigió una mirada atónita -¿Cómo sabes sobre ese lugar?-

-Porque estaba allí después de que la oscuridad me dejara ir. Conocí a Razeth y su compañera allí- ella vio que la boca de Edward se abría.

-¿Conociste a Razeth...?-

-Sí, y él es un hombre muy arrogante, muy parecido a alguien que conozco- le levantó una ceja, haciéndole saber a quién se refería.

-¿Estás diciendo que soy arrogante?- su ceja coincidía con la de ella.

-Por supuesto que lo eres. Eres un Primario Negro, el más fuerte de los fuertes, el más poderoso de todos los Dragones.-

-Ya no- su ceja bajó al igual que su voz -ahora, eres la más poderosa.-

-Claro- dijo sarcásticamente -solo porque soy una Suprema, no significa que soy la más poderosa.-

-Lo hace en el mundo Dragón- le dijo.

-Edward...-

-Isabela, no entiendes lo verdaderamente rara y especial que eres. Solo tienes veintidós años y, sin embargo, ya puedes cambiar a tu forma completa de Dragón. Ningún otro Dragón puede hacer eso antes de que tengan cincuenta. A los diez pudiste cambiar parcialmente. Hay dragones machos que nunca han dominado esa habilidad, y nunca he oído hablar de una hembra que lo haga.-

-Razeth dijo que es algo que solo las Supremas pueden hacer.-

-¿Y no te ves a ti misma como especial?- Edward le dirigió una mirada incrédula -también heriste severamente a un Varana, el más fuerte, sola. Tu fuerza o destreza solo crecerán con el transcurso del tiempo. Antes de que te des cuenta, incluso me superarás.-

-Pero no quiero superarte- negó -solo quiero estar contigo, ser tu compañera y compartir mi vida contigo.-

-Isabela- él bajó su frente a la de ella otra vez. Había pensado mucho en esto durante los últimos tres días. Había pensado que la había convertido en su compañera cuando le había dado un beso y había compartido su sangre con ella; que la había unido a él, pero no lo había hecho. Ella era una Suprema, la Dragón más poderosa. Tenía que reclamarlo como su compañero para que se formara realmente el vínculo -no hay nada que quiera más que estar contigo. Pero he cometido tantos errores que no te culparía por buscar otro- levantó la cabeza ligeramente -es lo que haría una mujer Primaria si el hombre que estaba considerando le hubiera fallado tanto.-

-Entonces es una suerte para ti que no sea una Primaria, ¿no?- su mano tiró con fuerza de su cabello -¡Y no me has fallado! No soy perfecta, Edward. Mis cicatrices lo demuestran. ¡Tranquilo!- le ordenó bruscamente cuando él gruñó su disgusto ante sus palabras -soy solo yo. Isabela. La misma chica que vino a tu habitación hace unos días. La misma chica que te irritó y enojó. La misma chica que confió en ti lo suficiente como para revelar lo que nunca ha revelado a nadie más. La que dijiste que es tu compañera. ¿Ha cambiado eso para ti ahora que sabes que soy un Suprema?-

-¡No! Kur, Isabela... pero solo quiero que sepas que tienes opciones. Mi Dragón está destrozando mis entrañas, y mi Bestia está lista para golpearme hasta la muerte por decírtelo, pero me niego a mentirte.-

-Detente- susurró, poniendo una mano sobre su pecho y Edward sintió que tanto su Bestia como su Dragón se calmaban -sé que nunca me mentirías, Edward- ella vio el alivio en sus ojos. El zumbido constante que había estado escuchando cambió por un momento y luego se acomodó a cómo era -¿Qué fue eso?- Preguntó ella.

-Son solo los motores del Inferno. Están ajustando nuestro rumbo para Mondu- le dijo.

-Espera ¿Qué? ¿El Inferno? ¿Mondu?- se sentó y se dio cuenta de que llevaba algún tipo de camisón. Era sin tirantes y tenía algo incorporado que lo sostenía justo por encima de sus senos. Se sentía suave y sedosa contra su piel. Miró a Edward que también se había sentado.

-Talfrin me ofreció esto después de curarte. Ha estado estudiando hembras de la Tierra y pensó que te gustaría tener algo para ponerte- pasó un dedo por la parte superior de sus senos -preferiría que no.

-No puedo estar desnuda todo el tiempo, Edward- le dijo riéndose.

-¿Por qué no?- gruñó mientras ella apartaba su dedo.

-Porque no puedo. Al menos no en este momento- bromeó -ahora. El Inferno y Mondu. Dime.-

-El Inferno es la nave que nos trajo a la Tierra, y que ahora nos lleva a casa.-

-A casa...- ella frunció el ceño.

-Sí. Casa. Nuestra casa- repitió -en las montañas de Papier en Mondu.

-¿No crees que deberías haberme preguntado primero?- ella se apartó un poco de él.

-¿Preguntado?- Edward la miró confundido.

-Sí, señor "¿Estás diciendo que soy arrogante?" Dragón- Citó al aire con los dedos -preguntado. Tal vez no quiero vivir en Mondu. Quizás deberías ser tú quien tenga que mudarse.-

-¿Yo? ¿Mudarme a la Tierra?- Edward la miró con total sorpresa -¿Dónde viviríamos? ¿Cómo te protegería? No es como si te quedara una familia allí. En Mondu, tengo familia, y pueden ayudarme a protegerte- observó los ojos de Isabela brillar plateados antes de que su rostro se volviera completamente en blanco, y ella lo empujó para que él se levantara de la cama. Él la miró confundido y luego se dio cuenta de lo que había dicho.

-Isabela...- le dirigió una mirada contrita.

-¿Es ese el baño?- señaló la puerta donde había estado en sus otras habitaciones.

-Sí- le dijo.

-Entonces me voy a duchar- con eso, ella lo dejó solo.

Edward cayó de espaldas sobre la cama, golpeando con fuerza su puño contra su frente. ¿Cómo podía ser un hombre tan estúpido? ¿Estaba tratando de alejarla? Él sabía lo que ella sentía por su familia. Cómo sintió que les había fallado. Ella no lo había hecho, pero él no creía que alguna vez lograría que creyera eso, sin importar cuánto tiempo vivieran.

Ella tenía razón. Era un hombre arrogante. Estaba acostumbrado a poder decir y hacer lo que quisiera, a quien quisiera, y nunca se preocupó por cómo les afectaba. No podía hacer eso con Isabela porque lo que la afectaba, lo afectaba a él. Necesitaba explicarle que ahora lo entendía. Levantándose, fue a decirle.

Isabela entró en la habitación y descubrió que no se parecía en nada a la de la Tierra. En primer lugar, era más pequeña, probablemente algo necesario cuando viajaba en el espacio exterior donde el "espacio'' era escaso. Había algo pequeño y reflexivo en una pared, pero ella lo ignoró. Realmente no le importaba cómo se veía. Había algo que sobresalía de la pared que supuso que era un inodoro junto con un espacio cerrado que descubrió que era una cabina de ducha cuando miró dentro.

Tirando del camisón sobre su cabeza, estaba a punto de dejarlo caer cuando recordó las palabras de Edward. Este hombre llamado Talfrin no solo la había curado, sino que había sido lo suficientemente considerado como para pensar en sus necesidades. Ella no iba a pagar esa amabilidad maltratando lo que él le había proporcionado. Con cuidado, dobló la delicada prenda y la colocó sobre el mostrador estrecho. Girándose, entró en la cabina de ducha y luego miró lo que encontró.

-Empuja el azulejo más oscuro a tu derecha- le dijo Edward y la vio ponerse rígida cuando escuchó sus palabras. Había entrado en la sala de limpieza, sorprendido de que la ducha no estuviera corriendo. Se quitó los pantalones de dormir antes de seguirla a la unidad. Verla mirando a la pared lo hizo darse cuenta de por qué. Ella no sabía cómo trabajar la unidad.

Isabela empujó y sostuvo el azulejo oscuro, y de repente le caía agua caliente por la cara. Gritando, ella saltó hacia atrás chocando con Edward. Edward inmediatamente envolvió sus brazos alrededor de ella, girándose para que su espalda sufriera la peor parte del calor cuando su brazo fue detrás de él para ajustar la temperatura.

-Lo siento- le susurró al pelo -debería haberte dicho que cuanto más tiempo lo sostienes, más caliente se pone. Lo lamento mucho, mi Is-bela- lentamente, ella se volvió en sus brazos, agarrando los abultados bíceps mientras lo miraba, sus anchos hombros bloqueando el chorro.

-¿No te he dicho ya que si vas a entrar a la ducha de alguien sin ser invitado, al menos debes saber cómo decir su nombre?- ella repitió las palabras que le había dicho el primer día que lo había conocido, pero esta vez no había calor en ellas.

-Sé tu nombre, Isabela, pero siempre serás 'Is-bela' para mí, porque eres muy valiosa para mí.-

-¿Lo soy?- Preguntó ella.

-¡Sí, por supuesto!- cuidadosamente la agarró por la cintura, levantándola para que estuvieran cara a cara -¿No te he mostrado eso? ¿Dudas de mi compromiso contigo?-

-No- ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura -no dudo de tu compromiso conmigo, Edward, pero creo que dudas del mío contigo- ella vio por la llamarada en sus ojos que tenía razón. De repente, ella recordó algo que él dijo antes -todavía piensas que elegiría otro. Alguien como Ben. Es por eso que estabas distraído por él.-

-Sí- gruñó Edward, sus manos se deslizaron hacia sus caderas, sosteniéndola firmemente contra él.

-¿Por qué piensas eso? No sé de este Ben. Nunca lo he conocido. Él ha estado con Victoria, mientras que yo solo he estado contigo. Me dijiste cómo se jactaba de estar con Victoria, con alguien que escuchara. Él podría entrar aquí ahora mismo, y no sabría quién es.-

-Será mejor que no venga aquí si quiere vivir- gruñó su Bestia -ya te ha visto desnuda una vez. Lo mataré si alguna vez te vuelve a ver así.-

-¿Entonces eso es lo que te distrajo? ¿Él, viéndome desnuda?- no podía creerlo.

-Eso, y que él te mirara con interés- admitió.

-No puedo creer que haya podido encontrar algo muy interesante con la condición en la que me encontraba.-

-Te vio en tu forma de Dragón, y se dio cuenta de que eras una Suprema.-

-Así que no era realmente yo quien le interesaba, sino lo que soy.-

-Sí.-

-Bueno, eso me molesta- Edward observó el brillo plateado en sus ojos, y su propia ira se desvaneció. Casi podía sentir pena por Ben cuando él e Isabela finalmente se conocieran. Ella iba a quemarlo. Edward no podía esperar para verlo, pero en este momento necesitaba asegurarse de que no lo quemara.

-Lamento mis palabras anteriores sobre tu familia, Isabela. No fue mi intención molestarte. Parece que soy ese hombre arrogante que me acusaste de ser. Nunca pensé que no querrías viajar a Mondu, que no querrías hacer de mi hogar, tu hogar.-

-Eso es porque eres un Primario, y estás acostumbrado a salirte con la tuya- lentamente le pasó las manos por los brazos y las dejó descansar a cada lado de su cuello.

-Eso es cierto- estuvo de acuerdo.

-¿Te molestará cuando no lo estés?-

-¿No este, qué?- Preguntó -¿Arrogante?-

-No tengo dudas de que siempre serás arrogante, Edward, y aunque puede ser irritante- ella le dedicó una sonrisa burlona -no puedo imaginarte de otra manera- inclinándose hacia adelante, atrapó su labio inferior entre sus dientes.

-¿Entonces qué?- sus palabras fueron distraídas mientras ella continuaba mordisqueando su labio. Sus manos se apretaron sobre sus caderas cuando su polla comenzó a endurecerse.

-Tú, ya no serás un Primario Negro. Una vez que te reclame.-

-¡¿Qué?!- Él apartó el labio de sus dientes, mirándola en estado de shock.

-Va a tomar un tiempo acostumbrarse- ella hundió los dedos en sus hebras sedosas -no tendrás todo este hermoso cabello negro. Lo echaré de menos- Edward no podía creer que estuviera preocupada por el color de su cabello

-No me importa el color de mi cabello, Isabela, y voluntariamente lo cortaría todo, si eso significara que soy tuyo.-

-¿Estás seguro?- ella le dedicó una pequeña sonrisa mientras apretaba las piernas alrededor de su cintura, levantándose un poco para que sus pezones le acariciaran el pecho. Había sentido que su polla comenzaba a endurecerse cuando le mordisqueó el labio, y seguía creciendo -odiaría que hicieras algo a lo que no estabas... dispuesto.-

-¿Crees que no estoy ... dispuesto... a ser tu compañero?- gruñó ante su desafío, balanceando sus caderas hacia arriba, su polla golpeando la entrada de su guarida.

-Será mejor que lo estés- se encontró gruñendo de regreso, cuando un hambre repentina la llenó. Se levantó de las partes más profundas de su alma, ardiendo más fuerte y más caliente mientras buscaba la liberación. Instintivamente, sabía que era su esencia queriendo ser compartida con su pareja, para comenzar el proceso de reclamo.

Usando los dedos aún en su cabello, ella atrajo su boca hacia la de ella, capturándola para un beso fuerte y ardiente, dándole todo lo que era a su compañero. Edward solo captó el destello del Dragón de Isabela en sus ojos antes de que fuera envuelto en el calor de su beso.

Su Dragón rugió de placer cuando las garras de su Bestia se extendieron, cavándose en sus caderas, tirando de ella hacia abajo mientras empujaba dentro de ella de un solo golpe. Nunca en su vida había experimentado un Calor como este. Quemó a través de él. Fue doloroso. Se sintió asombroso. Consumió todo lo que era antes mientras lo preparaba para lo que estaba por venir.

-¡Isabela!- él apartó su boca de la de ella, presionando sus hombros contra la pared del compartimento, empujándola más y más profundamente una y otra vez. Ver su marca de apareamiento en la base de su cuello lo llevó aún más alto, y él bajó la cabeza, agarrándose a ella.

-¡Edward!- la cabeza de Isabela cayó hacia atrás cuando el placer inundó su sistema. Su canal se apretó alrededor de su polla con cada tirón de su boca, elevando su necesidad más alto ya que su compañero la amaba. No, no su compañero. Aún no. Y eso era inaceptable para cada parte de ella.

Sus ojos que se habían cerrado por el placer que le estaba dando, se abrieron de golpe ante ese pensamiento y se centraron en la unión de su cuello y hombro. Sus ojos se alargaron, volviéndose plateados cuando su Dragón se levantó, asumiendo el control. Otra ola de Calor más fuerte se elevó en ella y golpeó, impulsada por un instinto más antiguo que el tiempo, sus dientes se hundieron profundamente en la suave piel, dando forma.

Edward retrocedió, su rugido se cortó cuando todo su cuerpo se paró cuando Isabela tomó su sangre, la mezcló con su propia sangre Suprema más poderosa, y luego la inyectó nuevamente en él. Expulsada en su sistema incinerando todo lo que sabía que era, todo lo que pensaba que era, hasta que lo único que quedó fue ceniza. Sus piernas que nunca lo habían decepcionado comenzaron a temblar, y su visión comenzó a debilitarse. Por un momento pensó que se encontraría con Kur, luego, justo cuando estaba a punto de colapsar, algo comenzó a revolverse en las cenizas.

Lentamente se arremolinó y pulsó, acelerando a medida que recogía sus restos. De repente estalló con nueva vida, quemando a Edward en las llamas de su renacimiento. Las piernas que habían estado a punto de ceder ahora eran más fuertes que nunca. El pecho que había muerto de hambre por el aire que daba vida, respiró hondo, expandiéndose y creciendo más que antes. Sus ojos comenzaron a reenfocarse, luego brillaron plateados cuando encontró a su compañera mirándolo.

-Mía- gruñó, sintiendo un calor abrumador de posesión y deseo inundándolo, y comenzó a golpearla con una polla más grande, más dura y más caliente que antes.

-Mío- retó ella, empujando su boca hacia la de él, consumiéndola mientras lo igualaba empuje por empuje. Mientras se tocaban, besaban y amaban, una ola final de calor fluyó sobre ellos y los hizo explotar juntos en éxtasis. Creando el primer par de Supremos que el Universo había visto en miles de años.