Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a CLAMP


Cerezo Agridulce

Capítulo décimo segundo.

Huellas imborrables.


(Sakura)

—¿Estás segura de esto? —Shaoran me miraba como si fuera un alíen de cabeza grande y ojos enormes y no podía culparlo…

No se sentía muy confiado respecto a lo que había hecho minutos antes y, la lujosa limusina que recién aparcaba frente al edificio de apartamentos, no estaba ayudando mucho a que su percepción de las cosas fuera menos desagradable.

Considerando que ya le había causado demasiadas molestias con lo ocurrido hacia unas horas, no podía permitirme seguir dando problemas de esa forma tan descarada y cínica, siendo que mi objetivo dentro de la vida de Shaoran era uno totalmente opuesto al de ser siempre la damisela en apuros.

De algún modo estábamos teniendo ese efecto, de forma demasiado constante…

—Yo sé que puede verse un poco… extravagante —advertí, rascándome la cabeza en señal de que, por mucho que siguiera presenciando esa escena, miles de veces, jamás terminaría de acostumbrarme a Tomoyo y a su ejército de guardaespaldas excéntricos—. Pero Tomoyo es mi amiga, además, mi padre ya está acostumbrado a que me quede a dormir con ella, así que todo bajo control.

—Pues como quieras —Li volvió a su misma pose de despreocupación, luego de ver a Daidouji descender del lujoso armatoste que estaba ya frente a nosotros. Ella se acercó muy rápidamente hasta donde yo estaba parada esperándola y, sin previo aviso, me envolvió en un abrazo asfixiante que amenazó con dejarme noqueada.

—Vine tan pronto como pude en cuanto recibí tu mensaje, ¿todo en orden? —preguntó, luego de tomarme de los hombros para mirarme con detenimiento y yo asentí una vez—. Me alegra tanto que estés bien, supongo que debo agradecerte por lo que has hecho con mi amiga, Li.

—Da igual —Shaoran no parecía estar muy interesado en lo que Tomoyo tuviera que decirle y ella estaba más ocupada en corroborar mi estado general, como para prestar atención a su falta de modales al momento de responder sus agradecimientos.

Luego de intercambiar un par de miradas, Daidouji se adelantó de vuelta a la limusina y yo me giré en dirección a Li, viéndolo con sumo interés.

—Gracias por todo, en verdad no sabes…

—Deja de ponerte pesada con los agradecimientos y esas mierdas, Kinomoto —cortó, antes de caminar para colocar una mano sobre mi cabeza y acariciar mi cabello poco después—. Sólo deja de meterte en tantos líos, ¿quieres? —me estaba viendo de nuevo de esa manera tan extraña, tan intensa. Por un momento me perdí en el brillo particular de sus ojos ámbar y en todo lo que envolvía su personalidad tan peculiar y el hecho de que me estuviera cuidando casi todo el tiempo.

Pero estaba consiente que de momento no podía ponerme a pensar en esos enigmas, ni en lo que estaba yo sintiendo cada vez que le miraba. Por esa misma razón me obligué a sonreírle con la poca tranquilidad que mi corazón resguardaba en esos instantes y caminé hacia el auto donde ya me estaba esperando mi amiga.

Luego de que uno de sus guardaespaldas nos cerrara la puerta y de que yo me despidiera una última vez de Shaoran, moviendo mi mano un par de veces a través del cristal de la ventana, me relajé sobre el asiento de piel y solté un suspiro cansado, llamando la atención de Tomoyo, quien me miró con preocupación.

—No era ningún extraño el que te siguió por la calle —afirmó, pero yo no voltee a mirarla—. El mensaje que dejaste en mi contestadora podría haberme parecido muy creíble, pero tú y yo tenemos claro que eso no es exactamente lo que sucedió, ¿cierto?

—Volvió a la ciudad, Tomoyo —respondí, obteniendo una exclamación ahogada como respuesta—. Lo vi frente a la tienda de antigüedades, paseándose por la ciudad como si nada, se supone que se había ido para siempre después de todo lo que paso y de que Touya prácticamente lo amenazara de muerte si volvía a verlo por aquí.

—Claramente le importaron poco las amenazas de tu hermano —puntualizó y yo no pude estar más de acuerdo con ella—. Nunca entendí porque Touya y tu decidieron no hablar de esto con tu padre, pero comprenderás que dadas las circunstancias es importante que le digas que ese hombre…

—Touya y yo no dijimos nada porque el asunto quedó resuelto en su momento y creímos que jamás lo volveríamos a ver —giré mi cuerpo en su dirección, observando el rostro de preocupación de Tomoyo que no había cambiado en los últimos cinco minutos—. Sabes lo que mi padre pensaba de él, después de todo, fue él quien le permitió que entrara a nuestra casa, que conviviera con nosotros, lo creía su segundo hijo, de haberle dicho lo que pasó, él se hubiera lamentado por no notar que algo estaba mal con él, siendo psicólogo, habría sido un golpe muy duro.

—Retrasar la verdad sólo hace todo más doloroso, Sakura.

—Eso lo sabes por experiencia propia, ¿no es así? —Daidouji me miró con asombro después de mi último comentario, pero estaba harta de pretender que todo estaba perfectamente bien entre nosotras.

Después de todo, nada había sido igual desde entonces. Ni la confianza, ni la amistad, ni eso que tanto nos había unido durante años.

A pesar de que aun mantuviéramos charlas, tardes de chicas y ese tipo de cosas que se supone hacen las amigas, nada era como antes y me reprimía muchísimo a la hora de pensar en ese tema en particular, porque había prácticamente jurado que jamás volvería a sacarlo a colación. Mi confianza en ella se había reducido de forma considerable, por eso no le contaba tantas cosas, por eso no le decía lo que recientemente me pasaba con Shaoran, ni las palabras que solía decirme o mis planes con él, ni siquiera los mil y un consejos que recibía de parte de la señora Akiko, cada tarde en la floristería.

Cuando antes le habría contado todo, todo, aun si se tratara de la cosa más básica y estúpida del mundo.

—No me perdonas todavía, ¿verdad?

—Ver a mi amiga besándose con el tipo que quiso matarme no es, exactamente, algo fácil de perdonar, Tomoyo —me sinceré, sin importar que el chófer a cargo de la limusina pudiera escucharnos. Ya estaba muy cansada de fingir que ese tipo de pensamientos no circulaban por mi cabeza cada cierto tiempo y aunque podía sonar injusto de mi parte, después de que Daidouji en persona había ido a buscarme a casa de Li, lo acontecido en el día no me daba para intentar ser amable con cosas relacionadas a eventos pasados—. Pero lo hice, hicimos borrón y cuenta nueva, tú mejor que nadie sabe que seguimos como si nada después de eso, solo que aún no puedo olvidarlo… del todo. Finalmente, perdonar y olvidar no son la misma cosa, es irónico, antes jamás lo habría creído.

—Ya sé que no confías en mi como antes y lo entiendo perfectamente —añadió, luego de tomar una de mis manos entre las suyas y lanzarme una mirada de profundo arrepentimiento que ya había visto varias veces antes—. Sé que oculté cosas y que el hecho de que te enteraras de todas ellas por tu propia cuenta es algo que ya no puedo arreglar. Pero créeme cuando te digo que no ha pasado un solo día en que no me arrepienta por ello.

—Te creo —dije, con honestidad—. Pero tampoco puedes pedirme que haga de cuenta como que no pasó nada, si te llame, fue para que…

—Para que Shaoran Li no se preocupe y se inmiscuya demasiado en esto, lo sé —me interrumpió, adivinando las intenciones ocultas en la llamada que le había hecho y la petición de que fuera a recogerme para pasar la noche en su casa.

En realidad, no pretendía hacerlo. Aún y cuando estuviera muriéndome de miedo, iría a casa y dormiría en mi habitación como siempre, esperando a que nada sucediera y, en caso contrario, teniendo muy cerca mi teléfono celular para llamar al 911 si era necesario.

El ver a la persona de mis pesadillas había logrado remover tantas cosas en mi interior, que envolvían recuerdos, emociones y pensamientos que yo misma creía haber dejado en un pasado remoto.

—Disculpé —llamé al chofer, quien asintió una vez en respuesta—. ¿Podría cambiar el rumbo y llevarme a mi casa?, creo que ya tiene la dirección en…

—No hace falta cambiar el rumbo, usted continúe hacia la casa de mi madre —Tomoyo intervino en mi reciente petición, antes de cruzarse de brazos y acomodar la falda de su vestido azul, con decisión—. Ya fui una pésima amiga en el pasado, esta vez no voy a permitir que pases la noche tu sola cuando un sujeto como ese anda rondando las calles de Tomoeda —no dije nada más al respecto, bastó con que le diera una sonrisita muy leve antes de que mi mirada volviera al cristal de la ventana y al paisaje nocturno de afuera.

Había tanto que teníamos que arreglar…

(Shaoran)

—Eso de estar tan pensativo no te va, ¿sabes? —Hiraguizawa me dio un par de palmaditas en la espalda. Una de ellas, que había sido con una fuerza algo excesiva, había logrado empujarme un poco mientras íbamos caminando rumbo a la cafetería del instituto, haciendo que perdiera ligeramente el equilibrio—. Ni siquiera estás en guardia, hombre, ¿qué te pasa hoy?

—Nada que te importe, idiota —respondí, devolviéndole el gesto de antes y empujándolo contra una pared cercana. Eriol se embarró dramáticamente contra el concreto, como queriendo hacerme sentir culpable por golpearlo de una forma un tanto brutal, pero yo estaba completamente seguro que no había aplicado la fuerza suficiente como para dañarlo en serio—. No me sorprendería que me confesaras que tienes algún tipo de fetiche u obsesión por el bondage y el sadomasoquismo, se nota que te gusta sufrir —la risa burlona que recibí poco después me confirmo que, efectivamente, el tipo de gafas había estado fingiendo su estado actual, cual actor mal pagado de Hollywood y seguidamente escuché una sonora risotada que me hizo poner los ojos en blanco.

Ni siquiera sabía porque seguía aguantando a ese sujeto tan espeluznante…

—Te lo dije ayer, ¿no?, ya me estoy acostumbrando a tu actitud tan… particular —recordó, sacudiéndose el polvo invisible que estaba sobre sus hombros y ajustando sus anteojos como casi siempre—. Dejándonos de cosas, ¿qué te pasa?, pareciera como que estas muy preocupado con algo.

—Si te lo digo comenzaras a molestar y no estoy de muy buen humor como para soportar tus burlas imbéciles o que me sometas a tus típicos interrogatorios —me sinceré, sentándome sobre una de las mesas de la cafetería y siendo seguido en todo momento por Eriol quien, de igual modo, tomó asiento frente a mi—. Lo hago por tu bien.

—Igual no hace falta que lo piense demasiado —aclaró, viendo el entorno a su alrededor, como si quisiera encontrar algo interesante entre las pocas personas que se encontraban dentro del lugar—. A todas luces el asunto tiene que ver con cierta chica castaña de ojos verdes y supongo que lo que te tiene así es el hecho de que no la has visto desde la mañana, ¿me equivoco? —Eriol estaba mostrándome su tan típica sonrisita de autosuficiencia y yo, por otro lado, comencé a preguntarme si era tan obvio mi comportamiento cuando se trataba de casi cualquier cosa que tuviera que ver con Kinomoto.

No conteste nada. Era evidente que no podía negarlo, pero tampoco iba a afirmar que me tenía un tanto desconcertado el ver que estaba inusualmente ausente, sobre todo después del episodio de ayer y el asunto del extraño que la había perseguido por la calle.

No había insistido en el tema, no sólo porque no era la clase de persona que se pone a atosigar a otros con preguntas constantes, también porque no quería presionar para que Sakura me contara algo que parecía estarse guardando única y exclusivamente para ella. Me daba cuenta muy fácilmente que quería mantenerme al margen del asunto que se trajera entre manos, bueno o malo, y yo no podía hacer más que permanecer como un fiel observador, a la espera de que me fuera revelada la verdad detrás de tanto misterio o que la respuesta llegara a mi como solía pasar casi siempre.

No se lo había dicho a ella, pero yo contaba con esa gran habilidad de obtener información sin siquiera proponérmelo. Y no porque me pasara la vida interrogando a cuanta persona se me pusiera enfrente para obtener datos, porque bien claro estaba que no me gustaba socializar, pero por alguna razón muy extraña la gente tendía a contar cosas importantes cuando yo estaba cerca. Claro ejemplo el del estúpido de Igarashi con su amiguito marica y su conversación sobre cómo iba a "destruir" el futuro de Sakura y el mío.

Tremendo idiota, pero ese no era el tema a tratar.

Eriol tenía razón en decir que no había visto a Sakura en toda la mañana. Prácticamente había intercambiado un escueto buenos días con ella y, después de la clase de literatura, no la vi más.

A eso se limitaba nuestra interacción en el día…

No me molestaba… tanto, pero he de admitir que la situación era un poco extraña. Es decir, después de tener que soportar su presencia todo el tiempo, cual sanguijuela chupa sangre, era rarísimo que de repente se esfumara, sin decir nada. Y estaba claro que a mí no tenía por qué enterarme de todo cuanto hacía, porque no era su maldita niñera, pero los acontecimientos recientes hacían que yo me preocupara inevitablemente e hiciera preguntas sobre su paradero y lo que pudiera estar sucediéndole.

No había que ser paranoico tampoco, porque todo indicaba que estaba arreglando asuntos relacionados con el consejo estudiantil y no metiéndose en problemas como usualmente hacía.

Ninguno de los profesores pareció notar su ausencia durante las clases. Nadie hizo preguntas al respecto o señalamientos sobre donde podría encontrarse la chica castaña y ni siquiera su mejor amiga, la tal Daidouji, parecía estar demasiado preocupada por ella, es más, podía atreverme a decir que estaba sumida dentro de su propio infierno personal.

No era que me pasara gran parte de las clases admirando a la amiga de Sakura. Me daba muy igual su presencia en el aula de clases y de no estar, probablemente ni siquiera lo notaria, porque no era una persona relevante en mi vida, pero aun con todo eso, hasta yo pude darme cuenta que el aspecto que cargaba por ese día era bastante deplorable, justo como el que tendría una persona que no ha logrado pegar un ojo a lo largo de toda la noche.

Se veía ojerosa, cansada, más pálida que de costumbre y despeinada.

—Si en algo ayuda a que disminuya esa ansiedad tuya que no quieres demostrar, Sakura ha estado dándole un tour a un estudiante de intercambio que llegó hoy por la mañana al instituto —Eriol llamó poderosamente mi atención con ese último enunciado y al ver que había conseguido su objetivo, se inclinó sobre la mesa que nos separaba, recargándose en ella—. Ya nos habían dicho que teníamos que preparar todo el papeleo y cosas en relación al nuevo, se supone que eso tienen que hacerlo las secretarias de dirección general, pero al supervisor se le hace más fácil dejar los asuntos a los alumnos del consejo y…

—Al grano Hiraguizawa, ¿qué sabes?

—Uy, cuanta impaciencia —se burló, pero yo no dejé que me intimidara con su juego de miraditas raras—. El chico nuevo viene de Hong Kong. Es protocolo del instituto darle una explicación sobre las clases, los laboratorios, las actividades extra curriculares y demás, como ya te imaginaras toma bastante tiempo.

—No hizo nada de eso conmigo.

—Porque tú te negaste, ¿se te olvida? —solté un suspiro de fastidio y Hiraguizawa rio en respuesta—. Pero no debería extenderse más allá del descanso, así que seguramente estará de vuelta en el aula de clases para su lección de biología.

—Si no es que se mete en problemas antes de llegar —Eriol dejó de reír para entonces, se cruzó de brazos y me miró con seriedad, gesto que yo no entendí en lo absoluto—. ¿Qué?

—Me doy cuenta que te preocupa mucho lo que le pueda ocurrir a Sakura, aunque no lo quieras admitir abiertamente —dijo—. Te hace falta un empujoncito para que reconozcas lo que de verdad pasa por tu cabeza.

—Y se supone que tú sabes todo, hasta lees mentes, ¿no?

—No tanto así, pero tú eres muy transparente —razonó, riendo por lo bajo—. No sabes disimular, eres demasiado obvio, incluso Sakura es mucho más difícil de leer de lo que eres tú, Shaorancito.

—Vuelve a llamarme así y estás muerto, Hiraguizawa —el de gafas soltó una carcajada con ganas, atrayendo algunas miradas de otros estudiantes que rondaban por la cafetería.

Suspiré con impaciencia, ya estaba acostumbrado a las actitudes extrañas de Eriol y su personalidad suicida, pero desde hacía rato que me había dejado de molestar, si bien sus preguntas podían ser un poco inoportunas en ocasiones, no insistía demasiado como para que yo lo considerara una persona fastidiosa del todo.

Si en algo tenía razón, era en que me costaba trabajo aparentar, por ello, no disimulaba cuando algo me molestaba, ni cuando me sentía furioso, frustrado o preocupado, porque realmente no me esforzaba en hacerlo.

¿Para qué?, no le veía el caso.

Me levanté de la silla que estaba ocupando y comencé a caminar de vuelta al aula de clases. El descanso estaba por terminar y no me daba la gana llegar tarde a la lección de arte, siendo que la ridícula profesora ya me traía entre ojos, desde el incidente con el dibujo de Sakura y el estúpido imbécil de Igarashi, que seguía siendo como una puta piedrita en el zapato, casi imposible de quitar.

Hiraguizawa me siguió los pasos muy de cerca, hablando sobre una supuesta reunión que tendría con uno de sus amigos después de clases e invitándome para que pudiéramos beber algo cómodamente.

—Según tú sabes como soy y sigues sin entender que odio socializar —respondí, metiendo las manos a los bolsillos de mi pantalón—. Eres imbécil Hiraguizawa, te contradices.

—Takashi no es como cualquier idiota que se mete en vida ajena, créeme, te agradará —levanté una ceja, dudando de la veracidad de sus palabras, pero no quise discutir mucho con él, en el instante en que un detalle muy particular llamó mi atención.

Estábamos casi llegando a la puerta del aula cuando visualicé a Sakura. Estaba de pie, despidiéndose de un tipo al que no le alcancé a ver la cara; el sujeto la tomó de la mano, depositando un beso sobre ella y rápidamente se giró sobre sus talones, corriendo hacia la dirección contraria.

—Vaya, vaya —musitó Eriol, entonando un silbido a modo de sorpresa—. Sakura es toda una rompe corazones, ¿a que sí?

—Cierra la puta boca —contesté, tratando de controlar un repentino sentimiento negativo que me estaba invadiendo como llamarada.

¿Qué carajos?

(Sakura)

—Señorita Kinomoto, él es Ryuoh Zhen, es un estudiante de intercambio de Hong Kong, como bien sabe, acaba de mudarse recientemente y habrá que darle la bienvenida como merece —miré al chico de cabello castaño, lo llevaba un poco largo, por arriba de los hombros y sus ojos eran verdes, casi como los míos, solo que tenían un brillo muy característico, extraño, no alcanzaba a averiguar qué sentimientos podría estar guardando.

—Mucho gusto, kaichou, soy Zhen, encantado de conocerla —hizo una reverencia muy educada que yo apenas pude imitar, estaba siendo excesivamente cortés, lo cual salía mucho de la regla general de los alumnos de intercambio.

La mayoría eran un poco apáticos, algunos serios, otros no solían hablar para nada y bueno, el ultimo antes de él, Shaoran, era una mezcla extraña de todas las versiones antes vistas.

Pero muy especial…

Me sonrojé, no debería estar pensando en eso en un momento como este.

—M-mucho gusto Ryuoh —contesté, ofreciéndole la mejor de mis sonrisas amables—. Bienvenido al instituto Seijo, yo seré la encargada de darte el tour por las instalaciones, espero te sientas cómodo y no dudes en preguntar algo si tienes dudas —el chico me sonrió, pero de una forma un tanto extraña, de algún modo me parecía un poco raro, quizás porque no estaba acostumbrada que los estudiantes nuevos fueran tan… ¿cómo decirlo?, ¿extrovertidos?

—De ser así, pueden comenzar con el gimnasio y los laboratorios —sugirió el director, colocando su mano sobre mi hombro izquierdo, incitándome a salir de la oficina para comenzar cuanto antes con el tour—. Al término del recorrido sea tan amable de indicarle al alumno su respectiva aula, se encuentra inscrito en la clase D.

—Como usted diga, director —hice una reverencia antes de salir del lugar, con Zhen siguiéndome los pasos. Le indiqué con una mano que avanzara y lo guie por los amplios pasillos para llegar al gimnasio, a esas horas del día un grupo de primer año estaba tomando su respectiva lección de deportes, así que le pedí que guardara silencio lo más que pudiera, mientras le susurraba algunos datos sobre el lugar y las clases que solían tomarse ahí.

Ryuoh era muy receptivo a la hora de darle información, no parecía tener muchas dudas al respecto y se miraba bastante interesado en todo lo que estaba escuchando de mi parte, sin importar que fueran datos poco relevantes, sobre los torneos que se llevaban a cabo, la feria de ciencias y el festival de fin de año.

—Aquí en Japón tienen muchísimas actividades extra —dijo de pronto, cuando terminamos de dar una vuelta por el interior de la biblioteca—. Apenas llevo un día aquí, pero me está agradando mucho el ambiente del instituto, se siente muy… pacifico —sonreí ligeramente, pero algo en sus últimas palabras no me agradó del todo.

No era una persona observadora, de hecho, era muy despistada y me costaba bastante trabajo adivinar las intenciones de terceras personas. Quizás, era esa misma la razón del porque a veces me metía en tantos problemas, prueba estaba con Igarashi y sus constantes acosos y… con…

Desvié la mirada hacia un punto lejano e inexistente.

Todavía no me sentía muy bien y el temor de volver a encontrarme con esa persona tan indeseable seguía presente en mi interior. A pesar de que Tomoyo estuvo acompañándome e incluso dormimos en la misma cama, no podía evitar sentir que algo estaba irremediablemente mal y que, sin importar lo mucho que deseara cambiarlo, tarde que temprano tendría que enfrentar a los fantasmas de un pasado que no me interesaba recordar.

Pero me perseguía constantemente, sin yo poder evitarlo.

—¿Te encuentras bien, kaichou? —asentí a la pregunta de Zhen, saliendo de mis pensamientos al ver cómo me observaba detenidamente.

Ya habíamos llegado hasta mi aula de clases, luego de que le indicara su respectivo salón, la clase D.

—Puedes llamarme Sakura —respondí y el me miró, ligeramente sorprendido—. No me gusta mucho que me hablen con tanta formalidad, soy una estudiante cualquiera.

—De acuerdo, Sakura, en ese caso, puedes llamarme Ryuoh —sonreí de nuevo, aunque no tenía muchas ganas de hacerlo, era más por cordialidad que por otra cosa—. Supongo que debo ir a tomar mis clases, pero te agradezco mucho que me recibieras tan cálidamente.

—No es nada.

—Me gustaría invitarte un helado —parpadee con algo de confusión al escuchar su propuesta e inmediatamente recibí una risa de diversión—. No me malinterpretes, me gustaría agradecerte por ser tan buena conmigo, no todos los presidentes del consejo estudiantil son tan amables como tú y… me gustaría que fuéramos amigos, claro, si tú quieres —dudé por unos instantes, pensando en que quizás eso era lo que me hacía falta, distraerme, no pensar tanto en las cosas horribles del pasado, ni comerme la cabeza con pensamientos terribles.

Tenía un rato libre antes de que empezara mi trabajo en la floristería, así que…

—Seguro, te veré en la entrada del instituto en cuanto terminen las clases —Ryuoh me sonrió con autentica alegría y posteriormente tomó una de mis manos entre las suyas, para depositar un suave beso después, sobresaltándome.

—Muchas gracias, Sakura kaichou —dicho esto comenzó a correr rumbo a su salón de clases y yo me quedé observándolo por un breve lapso de tiempo, hasta que lo vi entrar al aula correspondiente de la clase D.

—Qué curioso…

—Curioso que estés estorbando en la puerta —desvié mi mirada hacia la persona que estaba hablándome de forma tan despectiva. Shaoran ya se encontraba frente a mí, viéndome con… ¿enojo?, no sabría describirlo, se notaba que estaba molesto y no tenía idea de si era conmigo o con otra cosa—. ¿No oíste?, quítate.

—Yo… si, lo siento —me hice a un lado para que Li pudiera abrir la puerta e ingresara al aula. El chico paso de largo sin siquiera mirarme y yo no entendí que rayos estaba pasando con él.

No lo había visto en todo el día, así que la idea de que hubiera hecho algo que lo molestara era obsoleta, además de que me había ayudado un día antes y se suponía que ya no nos llevábamos tan mal, entonces…

¿Qué le sucedía?

(Shaoran)

Le di un portazo a mi casillero para que se abriera, pero no lo conseguí. El maldito aparato no quería aceptar la combinación de siempre y a mí me estaba llevando el diablo de una forma magistral.

Ni siquiera sabía porque estaba tan molesto. Después del descanso mi ánimo se fue considerablemente a la mierda y no estaba con ganas de lidiar con un estúpido aparatejo inservible, que solo estaba causándome más dolores de cabeza al no abrirse y dejarme tomar mis cosas para largarme de una buena vez.

Maldito fuera el puto instituto de mierda y sus putos casilleros defectuosos.

—Estas poniendo mal la combinación —voltee a mi lado izquierdo al escuchar un tonito de voz dulce que me sabia prácticamente de memoria. Sakura se acercó lentamente hasta donde estaba y giró la perilla un par de veces, hasta que se escuchó un pequeño clic y la puerta se abrió, sin tanto alboroto—. Solo hay que tener paciencia.

—Como sea —tomé los libros que estaban en el interior y los metí a mi maletín, arrojándolos con desprecio. Kinomoto a un lado seguía mirándome, a la espera de no sé que diablos y tuve que cerrar el casillero con fuerza para llamar su atención y que me dijera que carajos se le ofrecía—. ¿Se te perdió algo?

—N-no es solo que… —dudó un poco, antes de mirarme con determinación—. ¿Hice algo que te molestara?, desde hace rato veo que estas enojado y quisiera saber si es por algo que dije o hice, hasta donde sé, ayer nos llevábamos bien —fue hasta ese momento que tomé conciencia de lo que estaba haciendo.

Recapitulando…

Nada.

En realidad, por primera vez en lo que llevaba de conocerla, Sakura no había hecho nada, no había dicho nada, ni siquiera se había entrometido en mis asuntos como usualmente hacía. Apenas y nos habíamos hablado a lo largo del día y yo estaba actuando como un verdadero imbécil sin explicación alguna, a pesar de que sabía lo que le había ocurrido un día antes y el infierno con el que seguramente estaba tratando de lidiar individualmente.

Entonces, ¿qué me pasaba?

—¿Quién era el tipo del que te estabas despidiendo hace rato? —Shaoran Li eres un imbécil.

Responder una pregunta con otra es de lo más estúpido y peor aún, en una situación como esa.

Pero… tenía curiosidad, una maldita curiosidad que no había sentido antes con ninguna otra cosa parecida, que me estaba comiendo la cabeza.

No. No era del todo curiosidad, era… otra cosa…

¿Qué era?

—¿Te refieres a Zhen? —Zhen, ¿había oído bien?, porque, de ser así…—. Es el estudiante de intercambio de Hong Kong. Estuve dándole el recorrido reglamentario por el instituto, ¿por qué?

—¿Cuál es su nombre completo? —Sakura estaba muy consternada por mi repentino interrogatorio, pero estaba seguro de haber escuchado ese apellido del demonio antes.

Mucho antes, cuando estudiaba en Hong Kong…

—Se llama…

—Sakura kaichou, ¿estás lista para irnos? —en ese momento tuve una sensación de deja vú, que jamás había sentido antes. Un tipo que yo reconocía perfectamente se acercó a Sakura y llamó su atención, obligándola a mirarlo de forma indirecta—. Oh, ¡mira nada más!, que coincidencia volver a encontrarnos aquí Li, ha pasado tanto, ¿cómo has estado?

—No sé, tu dime, ¿cómo crees que he estado? —mi tono de voz fue áspero y lleno de rencor. Sakura al frente estaba con cara de no entender ni mierda de lo que estaba pasando y con justa razón.

—Li y yo éramos compañeros de instituto en Hong Kong, hace algunos años Sakura —escuchar el nombre de la niñata en sus labios era como si estuviera recibiendo una patada de caballo directamente al estómago. No lo soportaba, era de lo más desagradable y asqueroso.

—¿De verdad?, que coincidencia, supongo que debe ser una excelente noticia encontrarte con viejos amigos, ¿no, Shaoran?

—Él no es mi amigo —Sakura me miró con confusión después de escuchar mi aclaración contundente. Ella no estaba enterada de la historia detrás de ese idiota y yo y aunque no era su responsabilidad entenderlo, no iba a permitir que se le acercara lo suficiente como para averiguar la clase de persona que realmente era.

Debajo de esa fachada de amabilidad y cortesía se escondía un demonio.

Uno bastante peligroso.

—Lamento mucho que pienses así Li, la verdad siempre me pareciste una persona muy agradable, espero que esta vez podamos entablar una buena amistad —el tipo me sonrió torcidamente, en una clara muestra de que no había cambiado ni mierda.

Ese discurso patético de la amistad no era más que una pantomima y seguramente estaba utilizando el recurso para quedar bien delante de Kinomoto, aunque no sabía exactamente con que propósito.

—¿Podemos hablar después? —Sakura me miró nuevamente y yo asentí, ella sonrió con alivio al advertir que había accedido a su petición y se volvió a mirar al idiota ese—. Listo, podemos irnos.

—Claro, un gusto verte de nuevo, Li —Zhen pasó a mi lado y de reojo casi pude ver esa maldita sonrisa maliciosa que tanto había odiado en tiempos pasados. Sakura me miró una última vez, antes de comenzar a caminar detrás de él.

Un momento…

—¿A dónde rayos vas? —detuve a Kinomoto sosteniéndola del brazo, sorprendiéndola en el acto con tal acción, pero yo no me iba a quedar como si nada, viendo cómo iba directo a meterse en problemas, otra vez—. No vas a decirme que te vas a largar con él.

—Shaoran, ¿qué te pasa? —me preguntó, zafándose de mi agarre al segundo siguiente y acomodándose la blusa del uniforme, con rapidez—. Voy a darle un tour por la ciudad, es todo, tranquilízate.

—Hazme un favor y ten cuidado, ¿quieres?

—¿De qué hablas?

—Solo hazme caso —Sakura me siguió mirando con ese maldito gesto de no entender nada y yo no hice más que suspirar con fastidio e impotencia. No tenía el tiempo para contarle toda la historia y ella con su ingenuidad me estaba complicando todo de forma inimaginable—. Recuerda lo que te dije ayer, no todos son buenas personas, tienes que andarte con mucho cuidado, sobre todo con aquellos que aparentan lo que no son.

—Eso lo sé bien, pero ¿por qué me lo dices ahora? —la tomé de la mano rápidamente, antes de que pudiera decirme otra cosa, viendo cómo se sonrojaba, al advertir el contacto tan repentino. No quería decirle todo cuanto sabia, porque estaba seguro que Ryuoh movía sus cartas a su antojo, pero tampoco me iba a quedar cruzado de brazos, digamos que, en esta ocasión, quería ser mucho más inteligente que él—. ¿Q-qué…?

—Préstame un bolígrafo —Sakura dudó un momento, pero no se negó. Buscó entre las cosas que estaban regadas por su maletín y me extendió un bolígrafo de color rosa poco después. Al tomarlo, escribí un número de teléfono sobre la palma de su mano y se lo devolví al segundo siguiente, todavía sin soltarle—. Es el número de mi celular, si algo pasa me llamas e iré a buscarte, ¿entendiste?

—S-Shaoran… —la vi sonrojarse un poco más—. ¿Por qué estás haciendo esto?

—Solo haz lo que te digo, por una vez —ni siquiera sabía porque estaba comportándome yo así, pero si algo tenia muy claro era que no podía permitir que ese imbécil se le acercara demasiado, ni que conviviera con ella, mucho menos que le hablara—. Hablamos mañana —me acerqué otro poco, la tomé del rostro con ambas manos y le di un beso en la frente.

¿Por qué?

No sé…

Sakura se sonrojó todavía más por el gesto, se apartó de mi tan rápido como su cuerpo se lo permitió y luego de asentir torpemente con la cabeza corrió hacia la salida del instituto, donde seguramente ya estaba esperándola el idiota de Ryuoh.

Estaba intentando creer que ese sujeto no haría nada particularmente raro por ahora, siendo su primer día de instituto, no creía que fuera tan idiota como para arruinarlo, por lo menos no hasta que se sintiera completamente seguro y dentro de un ambiente donde podría desatar su oscura y asquerosa personalidad.

No podía actuar como si yo fuera el desesperado por hacerle creer a Sakura algo que ella tenia que empezar a constatar por cuenta propia. Eso no quería decir que iba a dejarla a completa merced de ese idiota, pero estaba consiente de que Kinomoto no era ninguna tonta y yo ya conocía bien las mañas que tenía Zhen, si no me equivocaba, él mismo se encargaría de hacer que, tarde que temprano, Sakura me diera la razón respecto a él y a que era un hijo de puta de mucho cuidado.

De todos modos, por ahora, no me quedaba de otra más que estar muy pendiente...

No pasó mucho cuando sentí un peso sobre mi espalda y pude escuchar la voz del imbécil de Eriol que ya había llegado hasta donde estaba. En un acto bastante repugnante se me había colgado del cuello, cual novia empalagosa.

—¿Listo para irnos a casa de Takashi? —preguntó, al mismo tiempo que lo apartaba de mí y le miraba con asco.

—Nunca dije que iría, por si se te olvida, tengo trabajo —respondí—. Y deja de pegarte a mí, me das asco cuando haces eso.

—Tachibana me dio permiso para robarte por el día de hoy, así que no te hagas de rogar ¿quieres? —un suspiro de frustración escapó de mi boca. Era tan clásico de Hiraguizawa mover las cosas a su antojo, como si todos fuéramos piezas de ajedrez a su entera disposición—. Además, yo sé que te vendrían bien unos buenos tragos, sobre todo porque andas muy preocupadito por Sakura.

—Cierra la puta boca —Eriol se estaba riendo, como siempre, pero yo no tenía animo ni de prestarle atención a sus usuales burlas.

Por esta ocasión, le iba a dar la razón.

Si, me hacían falta unos buenos tragos, unos que me hicieran olvidarme de mi actitud tan bipolar, la preocupación que tenía, de Sakura y su capacidad de meterse en problemas con gente potencialmente peligrosa e incluso de mis acciones ridículamente cursis como andar dando besos en la frente solo porque sí.

Tosí incomodo y desvié la mirada hacia un punto lejano, esperando que Hiraguizawa no se diera cuenta del pequeño sonrojo que había aparecido en mi cara.

Menudo idiota estaba hecho.

(Sakura)

Ryuoh y yo habíamos llegado a la heladería que quedaba apenas unas cuadras lejos de la floristería de la señora Akiko. Ya le había dicho que no podía quedarme mucho tiempo con él por cuestiones de mi trabajo de medio tiempo y el chico accedió, con esa misma amabilidad que seguía mostrando desde el primer minuto en que le conocí.

Sin embargo, por más que intentaba prestarle atención a su charla, lo sucedido con Shaoran me daba vueltas por la cabeza y no podía quitarme de encima la sensación cálida y hermosa que me había provocado con su último gesto.

Pasé una mano por mi frente, todavía sin olvidar sus palabras y lo preocupado que parecía estar por mi bienestar.

El número de su teléfono celular ya estaba registrado en mis contactos y he de decir que jamás en la vida, jamás, me había sentido tan feliz porque alguien me diera su número telefónico. Eso solo me daba pauta a pensar que Shaoran y yo nos estábamos volviendo un poco más cercanos y que indudablemente se preocupaba por mí y lo que pudiera pasarme.

No estaba muy claro para mí el por qué parecía desconfiar tanto de Ryuoh, siendo que era un chico muy amable y cortés. Quizás habían tenido algún tipo de riña en el pasado o de esas típicas peleas poco trascendentales entre compañeros. Conociendo a Shaoran, eso bastaba como para que de cierto modo le guardara algo de rencor, además de que no era la clase de persona con la que él suele pasar tiempo o conversar.

Yo tampoco lo era en realidad, pero digamos que estaba en una situación un tanto... diferente.

—Li y tú, ¿son cercanos? —Zhen me miró con intensidad luego de hacerme la pregunta que tanto parecía haberse estado guardando. Ya nos habíamos sentado en una de las mesas que tenía la heladería y si bien me tomó por sorpresa su pregunta, ésta me abría una puerta para que pudiera indagar un poco sobre lo sucedido entre ambos y su pasado.

—Somos amigos —respondí, con sinceridad—. ¿Cómo es que se conocieron ustedes?, es decir, ya sé que estaban en el mismo instituto en Hong Kong, pero, ¿eran amigos?

—No realmente —Ryuoh me sonrió con amabilidad, antes de darle un sorbo a su helado flotante—. Li era muy problemático entonces, tenía serios problemas temperamentales y solía molestar a algunos alumnos durante los descansos.

—¿Molestarlos?

—Si, bueno, era uno de esos chicos que les gustaba golpear a otros por gusto, tú sabes, los típicos abusones del colegio —contó, pero, por alguna razón, yo no le creía absolutamente nada de ese relato tan raro—. Honestamente espero que ya haya cambiado de actitud, era eso lo que no nos permitía ser amigos, siempre he estado en contra de ese tipo de personas.

—Entiendo —dije, aunque internamente no me tragaba ni una de las palabras de ese chico.

Podría ser que Shaoran tuviera problemas temperamentales, pero era el primero en saltar a la defensiva cuando alguien invadía su privacidad. Era prácticamente imposible que él se estuviera metiendo con otros, cuando lo que más parecía gustarle era aislarse del mundo y pasar tiempo a solas.

No comprendía porque Zhen podría estarme mintiendo con ese cuento barato, pero tampoco podía estar muy segura de que era falso, siendo que conocía prácticamente nada del pasado de Shaoran y la historia detrás de su apatía y odio contra el mundo.

Igualmente, yo tenia bien claro como era Shaoran y no cambiaría de opinión por cualquier mentirilla de un chico al que apenas acababa de conocer.

—Me da mucho gusto que aceptaras mi invitación, Sakura kaichou —escuché que decía—. Tomoeda es una ciudad pequeña pero llena de gente maravillosa, por lo que veo.

—Hay mucha gente amable viviendo en Tomoeda, todos te harán sentir como en casa.

—Ya creo que si —Ryuoh pasó sus manos sobre la mesa y tomó una de las mías con delicadeza, sorprendiéndome—. No te conozco tanto, pero puedo ver que eres una maravillosa persona Sakura kaichou y muy hermosa también.

—Eh… —deshice el gesto inmediatamente, luego de escuchar los aparentes halagos; la conversación se había tornado bastante incomoda y no me sentía con la capacidad de aguantarla por mucho tiempo—. Vuelvo en seguida, iré a refrescarme un poco —me levanté de mi asiento con rapidez y caminé hacia uno de los baños del lugar.

Al entrar, cerré la puerta y me miré al espejo.

Era increíble cómo, el mismo gesto, hecho por la persona incorrecta, podía provocar sensaciones tan desagradables e incomodas. A pesar de que Zhen era un chico muy amable y cordial, no podía aceptar sus halagos ni sus gestos como algo bueno, porque mis sentimientos hacia él no eran tan fuertes, ni tan puntuales.

Sentimientos…

Volví a llevarme la mano a la frente y sentí de nuevo ese calor en mi corazón.

Shaoran me gustaba.

Y había estado intentando negarlo por muchos días, pero ya no hallaba como esconder eso que sentía por él y por su forma de ser. Sin importar que tuviera un carácter difícil, yo había podido ver más allá de toda esa fachada, de lo que él se esmeraba tanto por aparentar y había descubierto a un chico fuerte, decidido, con valores humanos increíbles y un corazón de oro.

Y entre más era amable conmigo, más crecía ese gusto que tenía por él.

Un sentimiento que me estaba rebasando y que, si no admitía de una vez, iba a terminar por engullirme inevitablemente, justo como había predicho la señora Akiko.

Solté un suspiro.

Era más que obvio que Shaoran no sentía lo mismo y que si se preocupaba por mí, era por simple amabilidad y por esa personalidad suya tan linda, la misma que escondía casi todo el tiempo pero que yo conocía bastante bien.

Gustar y amar son dos cosas muy diferentes a fin de cuentas y mientras yo me limitara a lo primero, tenía una garantía de que las cosas seguirían bien entre nosotros e incluso podríamos seguir como un par de buenos amigos, sin problemas...

¿Para qué complicarme?

Gracias por preocuparte por mí, todo está en orden, me despediré de Zhen e iré rumbo a mi trabajo —oprimí el botón de enviar que se mostraba en la pantalla de mi teléfono celular. Enjuagué mi rostro y escuché una notificación que me señalaba un mensaje nuevo.

No te metas en problemas, por favor —sonreí.

Shaoran todavía no se daba cuenta de lo increíble que era.

(Shaoran)

El mensaje de Sakura me dejó mucho más tranquilo, al menos, sabía que el imbécil de Zhen no intentaría nada de momento, así que, dejando ese tema por la paz, me enfoqué en la escena que tenía por delante...

La casa del tal Yamazaki era mucho más grande de lo que yo me había imaginado en un inicio y he de decir que en cuanto a decoración, su familia no parecía tener mal gusto, ignorando la escultura patética de un nenúfar gigantesco a media sala y una que otra fotografía familiar que le daba un toque hogareño muy forzado, por lo menos para mí.

—Eso fue idea de mi madre, le dijimos que a nadie le gustan estas cosas tan simples a media sala, pero no nos escuchó —el dueño de la casa respondió a mi crítica mental y suponía que había prácticamente adivinado mis pensamientos, por la cara que había puesto al ver el objeto en cuestión.

—Como sea, no estamos aquí para hablar de arte o de las esculturas que tu madre decide traer a tu casa sin razón —Hiraguizawa estaba escondido detrás de la barra que estaba en un rincón de la habitación. En ella había una repisa con varios tipos de licores y, debajo, unas puertas de cristal que escondían más bebidas en su interior—. ¿Dónde está el vodka?

—Para que quieres vodka, es horrendo, trae el ron —indicó Yamazaki, mientras se sentaba en uno de los grandes sillones de la sala y acomodaba los pies sobre la escultura de antes—. ¿No bebes, Li?

—Te sorprendería mi respuesta —contesté, antes de tomar lugar en la contra esquina de donde él estaba y mirando hacia el techo, con aburrimiento—. Soy más de whisky…

—¡Y tráete la botella de whisky! —se veía que el tal Takashi estaba tratando de quedar bien conmigo, pero era algo que me tenía particularmente sin cuidado. Eriol llegó poco después con una botella de Ron de marca desconocida y, acto seguido, me arrojó una de Jack Daniels que apenas pude cachar—. ¡Eh!, que si la rompes vas a tener que explicar porque la sala apesta a alcohol, maldito inconsciente.

—Cierra la boca Takashi, ni que tu padre ignorara que venimos a beber y nos acabamos sus botellas —Eriol se dejó caer en el sofá de enfrente, luego de dejar tres vasos de cristal sobre una mesita a un costado. Acto seguido, abrió una botella de vodka que estaba aparentemente nueva, sin un rastro o pizca de delicadeza—. Sigo preguntándome porque tu padre no es el mío, valoro mucho que siga comprando tantas botellas, teniendo esa información.

—Hace de cuenta como que no pasa nada y mi madre ignora el resto, así es la vida cuando tus padres están a punto de divorciarse —Yamazaki se sirvió ron e hizo falta que Hiraguizawa me quitara la botella de Jack Daniels para que yo comenzara a beber, luego de que Eriol mismo la abriera y sirviera un poco en el vaso que estaba destinado para mí.

—Vamos Shaoran, estas en confianza —concedió Hiraguizawa y yo le miré con una ceja alzada—. Quizás tengamos que hablar de Sakura Kinomoto para que entres a la charla.

—¿Kinomoto?, ¿la del grupo de Chiharu? —Yamazaki se metió a conversación soltando el primer nombre que parecía habérsele venido a la cabeza y yo contuve mis ganas de levantarme y golpear a Eriol justo como se merecía, por el simple hecho de estar sacando a esa niñata tonta a colación.

—Esa misma —respondió Eriol, bebiendo el líquido que aún estaba dentro de su vaso y sirviéndose otro trago casi inmediatamente—. Ella es quien le dio la bienvenida a Li cuando recién llegó, digamos que es la persona que él más conoce de todo el instituto, ¿cierto Shaoran? —solté un resoplido al escuchar la pregunta y simplemente me limité a beber el trago que me habían servido minutos antes. El calor del licor se extendió por mi garganta lentamente, pasando por mi cuerpo en cuestión de segundos.

Ya había transcurrido bastante tiempo desde la última vez que había tomado un buen whisky.

—Yo no he hablado mucho con la kaichou, pero se ve que es agradable —comentó Takashi—, sin importar que le gusten mayores —Eriol le miró con intriga y de pronto me vi observándole prácticamente del mismo modo, a la espera de que explicara su enunciado anterior.

—¿De qué hablas Takashi? —indagó Hiraguizawa, al ver que Yamazaki tardaba en responder a nuestro escrutinio.

—¿De verdad no lo sabes? —se sorprendió—. Bueno pues, según Chiharu, hace poco más de un año que Sakura Kinomoto estuvo saliendo con uno de los estudiantes de la universidad donde da clases el profesor Kinomoto, pensé que estabas enterado porque varios le vimos en el instituto, ¿no lo recuerdas?

—¿El de cabello platinado? —preguntó Eriol, Takashi asintió—. Ahora que lo mencionas si, vi a Sakura con él un par de veces, la esperaba en la puerta principal del instituto, pero no pensé que fueran pareja, es decir, era mayor que ella como por siete años y por lo que sé el señor Kinomoto es muy conservador, además de que su hermano tiene fama de golpeador.

—¿Fama de golpeador? —la duda de lo recientemente señalado por Eriol me hizo soltar la primera pregunta en lo que iba de la conversación y el de ojos azules me miró una vez, antes de asentir lentamente.

—Touya Kinomoto es un poco… como decirlo —se tomó un respiro, dio un sorbo al vodka de su vaso y chasqueó los dedos velozmente, al encontrar la descripción que tanto había estado buscando dentro de su cerebro y que era la más atinada—, sobreprotector, esa es la palabra que buscaba.

—¿Un poco?, el tipo casi le rompe un brazo a un chico, sólo porque invitó a salir a su hermana menor en su presencia —rememoró Yamazaki y yo levanté una ceja, con confusión—. Pero no sirvió de nada ser así, es decir, durante un tiempo hubo rumores de que el tipo terminó engañándola y pues…

—Y, ¿qué? —Yamazaki miró hacia el piso, a la escultura mal hecha de nenúfar y al techo, sin estar del todo seguro de responderme. Eriol le miró con una ceja alzada y roló los ojos, antes de aplaudir un par de veces, llamando la atención de su amigo que se había quedado absorto en sus pensamientos, recordando algo que parecía haber olvidado de pronto.

—Ya, hombre, si estas contándonos la historia termina de hacerlo bien —Eriol insistía en escuchar el resto del relato y de algún modo estaba escudándome detrás de eso para averiguar más, porque, aunque yo no parecía tan interesado en el tema, me había mantenido escuchándolo todo muy atentamente.

Había demasiadas cosas que no sabía…

—No sé si quieras escuchar el resto.

—¿Por qué no querría?

—Porque dicen por ahí que el tipo engañó a Sakura con nada más y nada menos que Tomoyo Daidouji —Hiraguizawa quedó congelado ante la revelación, como si le hubiera caído un balde de agua helada sobre la cabeza. Yo, por otro lado, estaba que no me creía todos esos cuentos y si bien no podía negar nada de lo que me estaba enterando, no podía evitar sentirme extraño ante la información que estaba recibiendo tan de golpe.

Finalmente, Sakura y yo no habíamos hablado tanto como para que yo supiera esos detalles de su vida. Nada que tuviera que ver con su hermano, con su vida sentimental, ni siquiera con la aparentemente buena relación que tenía con su supuesta amiga Daidouji. Y digo supuesta, porque alguien que se dice ser amigo no hace ese tipo de bajezas, eso si damos por hecho que los chismes son ciertos y las cosas pasaron tal cual estaba contándolas Takashi Yamazaki.

Igual no podía evitar pensar en que pudiera ser verdad, después de todo eran muy pocas las veces que había visto a Kinomoto con esa chica de nombre y gustos extravagantes, por lo cual, no sonaría descabellado decir que lo suyo no era una relación de amistad, como la que llevan la mayoría de las chicas de nuestra edad y que está basada en la cursilería, los abrazos constantes, apodos, gritos y cosas típicas de mujeres.

De algún modo, si lo veía en retrospectiva, podía darme cuenta de que existía cierta tensión entre ellas, como si estuvieran obligándose a aparentar que eran las mejores amigas del mundo y en realidad, había un mar de diferencia.

—Finalmente son rumores ¿no?, nada comprobable —Eriol asintió con firmeza después de escucharme hablar y el color pareció volver a su cara lentamente. No tenía muy claro que pasaba entre él y la tal Tomoyo, pero me daba la impresión de que, si bien no eran novios, tenían una relación un tanto intima, de tal modo que habían llegado a confiarse ciertas cosas personales, que quizás no le decían a cualquier otra persona.

Y entre esas cosas no estaba, ni por equivocación, el confiarle que había sido la amante del ex novio de su mejor amiga. Porque claro, esas cosas no se dicen y menos a la persona que quieres conquistar.

—Si estas interesado en nuestra kaichou, quizá te falten unos años de experiencia, Li —el comentario de Yamazaki iba en doble sentido y su sonrisita socarrona me lo corroboró. Eriol seguía estando ausente, pero no tanto como para seguir bebiendo de la botella de vodka que estaba frente a él y que no parecía querer soltar por nada del mundo—. No pareces ser del tipo que se toma en serio eso de salir con chicas, tú sabes, pareces más de los que le gustan las citas casuales, sin compromisos…

—Si me quieres preguntar si soy virgen, no, no lo soy —no había que ser un genio como para intuir que la pregunta y el enunciado posterior iban dirigidos hacia un tema que claramente no les importaba; pero yo no iba a quedarme sin responder ni una puta palabra, tal cual un virgen, mientras esos dos esperaban pacientemente a que me sonrojara por sentirme invadido en mi "privacidad".

—Que directo y yo que quería ser más sutil —Yamazaki se rio, pero Eriol tenía el rostro desencajado, por primera vez, parecía que lo había sorprendido con mi declaración—. Lo ves Eriol, te lo dije, este muchacho no se ve nada inocente.

—¿Es en serio, Shaoran? —Hiraguizawa no parecía estar muy convencido con lo que acaba de escuchar, pero a mí ya me estaban empezando a colmar la paciencia, comenzando con que aparentemente hablaban a mis espaldas y terminando con que Eriol parecía muy interesado en escuchar algo distinto, casi como si quisiera que le dijera que estaba mintiendo con lo anterior.

—¿Y a ti que mosca te pico?, ¿qué, tu si lo eres? —touche.

Yamazaki comenzó a reír y el de lentes se sonrojó furiosamente, respondiendo de forma indirecta a la pregunta que le había hecho. Considerando que jamás lo había visto apenarse por nada, ni siquiera cuando más parecía estar molestándome, podía darme cuenta que mi pregunta había dado en el clavo.

—¡Ya cállate imbécil, no es gracioso! —era muy particular ver que Hiraguizawa estaba perdiendo los estribos fácilmente y su amigo Takashi no le hacía más fácil la labor de tranquilizarse, al seguir con su sesión de risas burlonas y escandalosas que resonaban a lo largo y ancho del salón—. Tú y tu puta labia…

—Bueno, que me haces quedar mal frente a Li —se defendió el dueño de la casa, limpiando un par de lágrimas que habían salido de sus ojos por tanto reírse—. No engatuso a nadie, si es lo que insinúas, ellas vienen a mí y yo simplemente me dejo querer, si tu quisieras ya lo habrías hecho también Hiraguizawa.

—No pretendo hacerlo con cualquier persona que se me ponga enfrente —se defendió, desviando la mirada hacia un punto inexistente en las paredes—. La única que llama mi atención es Tomoyo y lo sabes, pero no sólo por eso.

—Tampoco es la gran cosa —Eriol y Takashi voltearon a verme con cara de póker, mientras le daba un último sorbo a lo que quedaba de whisky dentro de mi vaso—. Me refiero al sexo —corregí, pero los rostros de sorpresa no cambiaron en lo absoluto.

Rolé los ojos, impaciente.

No me daba la gana explicarles que había tenido un par de encuentros con una chica del primer instituto al que asistí en Japón. La información que ya les había proporcionado era más que suficiente para que sacaran sus propias conclusiones, como les diera la gana.

Independientemente de la charla, no pude evitar recordar esos momentos tan específicos de mi vida. En mi mente estaba plasmada la figura de Noemi Yoshida, la chica con la que había tenido sexo por primera vez. Si bien era una muchacha de buena figura, excelentes atributos y rostro angelical, jamás pude ver en ella algo distinto a un placer momentáneo que me daba, con tal de escapar de la realidad que estaba viviendo en esos momentos.

En esa época no terminaba de acostumbrarme a que mi madre y yo empezaríamos una vida nueva en Japón. Los fantasmas del pasado, la ausencia de mi padre y la traición de mis hermanas, eran una constante que quería olvidar la mayor parte del tiempo y Noemi se había atravesado en mi camino por casualidades de la vida que seguía sin entender, pero en el momento exacto para ayudarme indirectamente a afrontarlo.

Ni siquiera había sido necesario que yo se lo propusiera, porque ella misma me había arrastrado a ese sin número de encuentros que sosteníamos en diferentes lugares, la mayoría de ellos en su propia casa, donde solía estar sola casi siempre, debido a la separación de sus padres.

Quizás, ella también me había usado como una vía de escape...

He de decir que no me había parecido la cosa más increíble de la que el resto solía hablar con tanta desesperación a esa edad. No podía decir que no había sentido placer, porque mi cuerpo me había proporcionado esa sensación por sí solo, era algo fisiológico, pero jamás pude encontrarle otro significado, más que el de escaparme un rato de mis propias mierdas y desconectar la mente del mundo tan asqueroso que me rodeaba.

Ni siquiera me había despedido de Noemi cuando nos mudamos y suponía que a ella le importaba poco menos que nada, finalmente, no hablábamos más que para tener sexo casual.

Quizás, si hubiera sentido algo por ella, las cosas habrían sido distintas, el efecto habría sido otro...

No podía entenderlo, porque jamás me había sentido atraído sentimentalmente por nadie.

Pero me daba una curiosidad tremenda el saber que se sentiría hacerlo bajo esas condiciones.


N/A:

Bienvenidos sean al capítulo doce, no tengo mucho que decir al respecto más que, si llegaron hasta acá, espero que hayan tenido una buena lectura y que la disfrutaran mucho.

Pasando a lo importante...

En estas notas quiero escribir algo que espero le quede claro a varias personas por ahí. Me doy cuenta que a muchos NO les gusta esta historia y honestamente me da muy igual, lo que no entiendo es la necesidad de hacerlo notar de una forma tan particular, he estado abierta siempre a las críticas constructivas, pero que me vengan con comentarios del tipo: tu historia es mala porque te tardas en actualizar, no tiene muchas escenas románticas y seguramente es pésima porque no tiene los reviews que otras si, es algo que honestamente no me puedo tomar en serio.

Cerezo Agridulce, como bien lo escribió en los reviews LadySuzume-Chan (Aka mi querida Suzu), no es una historia cliché de un romance que se desarrolla de un día para otro, si quieren leer puro romance, en su forma más azucarada, con besos apasionados cada dos escenas y los protas diciéndose mi amor a cada momento, lamento decirles que aquí no lo van a encontrar. Mis lectores de siempre lo saben y no veo que tengan problema alguno con ello.

Cada personaje tiene su respectivo desarrollo y todos tienen algo que contar a lo largo de la historia, algo con lo que lidiar y algo que aprender, he tratado de plasmar eso en esta historia, que no todo en la vida es color de rosa y los protagonistas tienen sus propios problemas que resolver además de cualquier tipo de enredo amoroso, sí, Sakura y Shaoran tienen una relación complicada, sí, tienen acercamientos muy cortos y si, la evolución de su relación va lenta, porque en la vida real así es, las relaciones se forjan con base al tiempo, la confianza que crece entre dos personas y así quise manifestarlo en esta historia.

Lo de que no tiene muchos reviews y por eso es mala...

Me parece bastante cómico que haya quien se toma en serio eso de que entre mas reviews mejor es una historia, yo escribo por hobby, por amor al arte como dirían popularmente, si alguien lee y se toma la molestia de comentar con sus impresiones, críticas constructivas o simplemente para dar ánimos bienvenido sea, pero estoy plenamente consiente de que no todo mundo lo hace, eso no depende de mí y no dice nada respecto a mi historia.

De que me tardo mucho en actualizar y la gente pierde el interés...

Como ya lo escribí esto es un pasatiempo para mi, no es mi trabajo, no me pagan por ello y no vivo de esto. Tengo una vida fuera de FFN, con sus altas y bajas y comprenderán que muchas veces el tiempo no me da para escribir, ni la inspiración. Hacer una historia requiere de mucho más que sólo escribir por escribir, un capitulo de estos me toma días de escritura, edición y planeación, se puede ver muy fácil desde fuera, pero los que son autores sabrán perfectamente que lleva su trabajo idear una historia completa, con su respectivo desarrollo y final.

No pensaba responder a todo esto originalmente, mi idea era dejarlo pasar, pero ya van varios reviews que recibo con las mismas críticas negativas, basadas en deseos personales como escribió Mell Heavenbee en los reviews (gracias por defender la historia siempre jaja) y creo que ya es justo que me pronuncie al respecto, sobretodo porque son criticas destructivas y sin fundamentos.

Y pues bueno, después de todo el discurso, agradezco a las personas que leyeron el capitulo anterior y se tomaron un poquito de su tiempo para escribirme sus lindos comentarios: Sandra Matute, Nitoca, karenzuniga, Mell Heavenbee, Sakan Chan, Laura Ulloa Rivas, Rurika, Gabyta Li, Saku Swan y por supuesto mi queridisima Suzu (te amo maldita, eres la mejor de las amigas)

A mis lectores de siempre, gracias por el apoyo y por colaborar a mi inspiración para seguir escribiendo.

Pues nada, nos leemos en la próxima y que las musas siempre los acompañen.