05 DE JULIO DE 2013. 10:23 A.M. NUEVA YORK. TORRE STARK, PASILLOS DE LOS DORMITORIOS. PISO 19.
El Capitán Rogers se arrastra lentamente por los pasillos de la Torre. No recuerda nunca haber consumido tanto alcohol, así que ahora una poderosa jaqueca acompaña sus movimientos.
Mira con resentimiento el reloj que marca lo temprano que es. No suele dormir mucho, pero él quería pasarse el día en cama descansando. No fue necesaria la promesa de Sophia de idear como arrastrarlo a su cuarto, cerca de las 5 de la mañana logró llegar a su cama, tambaleándose y tirando varias cosas en el proceso, pero llegó. A diferencia de Tony, Clint y Joey que continúan dormidos en los sillones del penthouse.
El Capitán se levantó cuando Jarvis le avisó que había un problema que necesitaba urgentemente su ayuda en el laboratorio, dedujo que Holmes estaba detrás de ello. Así que haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad se cambió a un pants y se encaminó al laboratorio.
En la entrada de este Holmes lo espera con un café en la mano. Su cuerpo tiembla ligeramente como si hubiera consumido demasiada cafeína y mira nerviosamente a todos lados, lo que no tiene nada de raro si sabes lo paranoica que es. Con un gruñido le indica que la siga, conduciéndolo por lo que parece a un laberinto de cuartos y máquinas hasta que llegan a un cuarto alejado.
– Estuve revisando las armas Chitauri. Tuve que desármalas y armarlas varias veces y digamos que hackee SHIELD para obtener algunos archivos – empieza Sophia luego de cerrar la puerta. Cada 3 palabras se detiene un segundo para tomar un gran sorbo de su café, mientras que su mano libre juguetea incesantemente con la cadena de su collar.
Continúa desvariando sobre lo que hizo y las propiedades de las armas ensimismada, no parece notar que el soldado apenas puede entender el 50% de lo que dice.
– ¿Cuánto tiempo dormiste? – interrumpe Steve mirando con preocupación la vestimenta de la chica.
Ella desvía su mirada. Cambió el disfraz de corista de Capitán América a un pants holgado oscuro que ahora tiene manchas de café y aceite en varios lugares. Además, se desmaquilló y puso su cabello en un moño sin el menor cuidado. Definitivamente no se parece en nada a la deslumbrante chica que le sirvió varios tragos la noche anterior.
– ¿Eh? Oh, no dormí – responde indiferente la chica.
El soldado abre mucho los ojos sorprendido y mueve la boca para regañarla. Aunque ella lo interrumpe levantando las manos.
– Tranquilo, ayer dormí hasta tarde así que lo tengo cubierto – añade restándole importancia – De todos modos, esto es mucho más importante –
– ¿Qué sucede? – se rinde Steve mirando la mesa con las armas Chitauri.
Usualmente no cedería tan fácil, sobre todo luego de la confirmación directa que ella no durmió. Pero al final de cada oración puede percibir el deje de acento británico de la chica, así que debe ser algo lo suficientemente importante para alterarla tanto.
Ella suspira pasando las manos por su despeinado cabello.
– Tenemos un enorme problema – suelta finalmente.
Con esa simple frase el soldado siente como toda la sangre se desvanece de su cara.
05 DE JULIO DE 2013. 7:31 A.M. NUEVA YORK. TORRE STARK, LABORATORIO PRIVADO, SECCIÓN PRIVADA. (3 HORAS ANTES)
Pasar la noche en vela tratando de descifrar un misterio no es mi hobbie favorito, pero es una actividad que he hecho constantemente desde la infancia. En este caso es imperativo resolver mis dudas sobre las armas mientras todos siguen dormidos o distraídos por la fiesta, para la hora de la comida ya debo tener un proyecto convincente que oculte mi verdadero propósito en el laboratorio.
No me gusta tenerle que mentir a mi padrino es su propia torre, pero sé que esta es la forma de protegerlo. A él y a todas las personas que me importan.
Suspiro, frustrada tallando mis ojos con fuerza. Puedo desarmar ambas armas y volverlas a armar con solamente memoria muscular, sé para que sirve cada engrane e incluso entiendo los equivalentes humanos. Sin embargo, no veo como eso nos acerca a encontrar la verdad.
Molesta dejo las armas en la mesa de trabajo y me dirijo a la computadora. Si no puedo encontrar nada nuevo o pertinente en las armas quizás pueda encontrar algunas cosas en los archivos. Recuerdo que Steve mencionó que ha habido robos de distintas armas, así que me centro en eso. Gracias a la interfaz de Tony y mis contraseñas de SHIELD puedo pasar con mayor facilidad los controles, además es más sencillo entrar cuando sabes exactamente a donde quieres llegar.
Luego de algunas horas y de centenares de archivos leídos me doy cuenta de algo. Suponía que quien robó las armas también robó las investigaciones al respecto con ayuda de algún agente de alto rango.
Estaba equivocada.
Cuando me doy cuenta de mi descubrimiento activo brevemente a Jarvis para pedirle que despierte a Steve. Definitivamente tiene que saber esto ahora.
Aunque 20 minutos después, después de verlo caminar tan cansado la duda consume mi mente. ¿Y sí estoy haciendo demasiadas suposiciones? ¿Y si todo esto tiene una respuesta lógica que no es traición? ¿Y si todo está en mi mente llevada al límite por la paranoia?
[¿Y si en verdad solo te estas volviendo loca?], me sisea la voz de mi cabeza.
– Bueno, no iniciemos el día con malas noticias – digo como estúpida luego de soltarle que tenemos un problema – ¿Qué tal tu fiesta? – pregunto fingiendo una tranquilidad que claramente no tengo.
– Holmes – advierte cansado.
Se sienta derrotado revolviendo su cabello. En ese momento recuerdo cuanto bebió anoche, creo que es la primera vez que tiene resaca en 70 años. Con tranquilidad le sirvo una taza de café de una cafetera que tienen todos los laboratorios de la Torre.
Murmura un gracias y se toma media taza de un sorbo. Para mi sorpresa, un maullido interrumpe el silencio.
– ¿Trajiste a Watson? – pregunto mirando algo moverse en la bolsa delantera de su sudadera.
– Por supuesto, es una bebé y no la puedo dejar sola – responde con ternura sacando a la pequeña gatita naranja y acariciándola.
– ¿Se la presentaste a los demás? – pregunto recelosamente.
– Sí – responde confuso.
No le grites, no le grites, me pide la parte racional de mi cerebro mientras la otra demanda que le de un buen golpe en la cabeza para reacomodar sus neuronas.
– Puede que no todos son genios. Pero creo que pueden unir los puntos – digo sombríamente – Tu me llamas Holmes y la gata se llama Watson – agrego cuando continúa mirándome confundido.
– Oh, siempre me referí a ella como mi bebé – suelta con tranquilidad acariciando la pequeña cabeza de Watson.
Siento como si una pequeña carga se liberará de mis hombros, aunque no puedo hacer mucho por el malestar que se mantiene en mi pecho.
– Okay – murmuro no muy convencida – Lo bueno es que no le agrado, así que no pueden sospechar por eso – digo cuando me acerco a acariciarla y huye a una esquina del cuarto.
Digamos que no soy la persona más consciente cuando estoy perdida en mis pensamientos, y digamos que Watson disfruta dormirse por todo el departamento. Así que la he despertado tirando cosas a su alrededor, o casi pegándole por accidente un puñado de veces y ahora me rehúye.
– ¿Cuál es el problema? – inquiere Steve mirándome con seriedad.
– ¿Cuál fue el mejor regalo? – pregunto de pronto. Desvió mi mirada y comienzo a caminar por el cuarto como si eso pudiera distraerlo.
Suspira cansado, pero en sus ojos hay un brillo de preocupación. No es normal que lo llame urgentemente y luego trate desesperadamente de cambiar el tema.
– Peggy me llamó – responde finalmente.
– Ni siquiera puedo burlarme de eso – murmuro fingiendo estar molesta. Digo si le regalé un departamento y me vestí como su corista, pero Peggy es Peggy – ¿Se mantienen en contacto? –
– A veces. Cuando me recuerda – comenta con amargura.
Nos quedamos en silencio mientras el bebe su café hasta que la incomodidad nos sobrepasa. Incluso el nerviosismo que he sentido toda la mañana parece desaparecer para dejarme completamente estática cuando me siento a su lado.
– Bueno, creo que ya agotamos los temas para distraernos – me insiste mirándome con urgencia.
Inhalo profundamente esperando mágicamente encontrar el valor de decirle mis descubrimientos.
– Reconoces eso, ¿no? – suelto señalando las armas en la mesa.
– Armas Chitauri – responde adoptando una postura solemne – La modificada y la original –
Asiento. De golpe Steve se mueve mirando a todos lados como si esperara que nos atacaran sorpresivamente, y asustándome en el proceso.
– Oh, tengo todo modificado para que no puedan oír o ver la conversación, incluso Jarvis está desactivado. En unas horas insertaré en las cámaras de seguridad un montaje de yo trabajando en un experimento químico por varias horas – explico entendiendo su inquietud.
– Perfecto – me regala una sonrisa nerviosa relajando un poco su semblante.
– En fin. Mira las armas. Llevo meses analizándolas – inicio indicándole que se acerque a la mesa – Su fuente de poder ha sido modificada, el punto de congelación de los elementos ha sido manipulado para mantenerse congelado aún cuando sale a temperatura ambiente. Además, que básicamente devora cualquier elemento orgánico... –
– En español, Holmes – interrumpe el rubio seriamente.
Suspiro, calmando mi mente que se mueve a toda velocidad y tratando de encontrar las palabras correctas. Steve espera pacientemente a que le de orden a mi cerebro.
– Cuando descartas todo lo imposible, lo que queda por más improbable que sea, debe ser la verdad – decido finalmente.
– Creí que no te gustaba Sherlock Holmes – responde con una media sonrisa.
– Te lo digo así para no explicarte como funcionan las armas alienígenas – resoplo.
Él suelta una pequeña risa, pero siento como espera una mejor explicación que esa.
– Nadie, incluyendo la mafia escocesa, puede aprender a modificar armas alienígenas en pocos meses. Yo apenas pude y soy un genio. No es posible que pudieran hacer estas modificaciones sin toda la información que ya había reunido SHIELD – explico.
– Piensas que robaron las armas junto con la información de SHIELD. Para eso debieron tener ayuda de altos mandos porque la información no puede desaparecer o distribuirse tan fácilmente – reflexiona Steve sosteniendo el arma Chitauri modificada.
Asiento brevemente, feliz que este comprendiendo.
– Esa fue mi primera suposición – me dirijo a la computadora y le hago una seña para que me siga – ¿Recuerdas que STRIKE se encarga de elementos desaparecidos? –
– Sí, me lo dijo Rumlow – dice mirando a la pantalla expectante.
Me estremezco a la mención que mi ex está involucrado en esto. Aunque eso explica porque actuaba tan nervioso y a la defensiva la última vez que hablé con él.
– Me estaba preguntando por qué ellos, pues no son exactamente investigadores –continuo seriamente – Es porque ellos no hacen ninguna investigación del objeto robado –
– ¿Qué? – exclama confundido para intentar descifrar el desorden de la computadora – Eso no tiene ningún sentido – murmura para sí mismo.
– No hay mención que los objetos estén perdidos hasta que los encuentran en manos criminales – explico presionando algunas teclas – Mira, este es un tipo de transporte aéreo Chitauri. Se recuperó luego de la batalla de Nueva York y el archivo marca que estaba en el complejo de Triskelion en Washington – digo señalando el archivo en la pantalla.
– ¿Estaba? – frunce el ceño.
– Sí, hasta que hace un mes fue encontrado en un ataque terrorista en Paris – continúo mostrando las imágenes de los terroristas volando y disparando – Dos horas después de encontradas, le quitaron el liderazgo al agente a cargo para dárselo a alguien de STRIKE y mágicamente apareció un archivo que indica que llevaba desaparecido desde febrero –
Se me queda viendo seriamente, sintiendo el peso de mis palabras.
– Eso significa que los culpables no son ayudados por SHIELD, sino que son parte de SHIELD – dice con voz queda como si él también tratara de asimilarlo.
Lo miro a los ojos sin necesidad de confirmarle nada. Dejo pasar unos segundos para que pueda digerir la noticia, así que me muevo por la habitación incapaz de mantenerme quieta.
– Okay, supongo que ya tienes un plan – suelta en completa calma luego de varios minutos.
– Yo... emm – tartamudeo consumida en pánico.
Mi plan era llamar a Steve y ya, estaba tan impactada que ni siquiera pensé en algo después. Mi mente trata de trazar algo, pero por primera vez en toda mi vida mi cerebro se apaga en lugar de enfrentarse al problema.
– Bueno, sabemos que STRIKE es parte de ello – me recuerda Steve antes que me consuma mi miedo.
– Pero no sabemos si están verdaderamente involucrados o sólo su comandante lo está, en SHIELD aprendemos a no hacer preguntas – murmuro lo ultimo intentando idear un plan.
– Tampoco sabemos sí quien manipula STRIKE también manipula otros equipos – dice el rubio.
Con eso una idea aterradora me golpea
No hay salvación, SHIELD es corrupto y en cuanto sepan que lo he descubierto estaré muerta
– No hay plan – suelto – Si son los altos mandos no hay forma de vencerlos –
Aunque los agentes de SHIELD no están enterados de todo, los altos mandos si pueden acceder a esa información, pueden desacreditarme y asesinarme si siquiera sospechan que dudo de ellos. Aparte que no sé que persona pueda ser, puede ser alguien del Consejo de Seguridad, o Fury o algún otro agente de alto mando. Puede que incluso sean varios de ellos.
[O pueden ser todos], se burla la voz. Pero lamentablemente no tengo forma de refutarla.
Mis pulmones luchan por recibir aire al mismo tiempo que mis piernas fallan en sostener mi peso. Steve me agarra de los brazos evitando que me estrelle contra el piso, lo siguiente que noto es que sus manos toman mi cara forzando que lo mire.
– Todo va a estar bien, Holmes – me asegura demandando mi mirada, lo que me hace centrarme en el momento en lugar de caer en una espiral de pánico – Vamos a resolver esto, no estas sola –
De alguna manera eso me hace reaccionar. Aunque en lugar de recuperarme y buscar una solución, hago lo impensable.
Lo rodeo con los brazos y nos fundimos en un abrazo.
16 DE JULIO DE 2013. 2:31 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. BAKER STREET. DEPARTAMENTO 221. (11 DÍAS DESPUÉS)
La habitación vacía del departamento rápidamente se ha convertido en el gimnasio/oficina. En una pared tenemos una computadora de escritorio con 3 pantallas y en el resto están distribuidos distintos aparatos para hacer ejercicio, incluida la bolsa de boxeo de Rogers.
En sí la habitación no tiene nada especial, excepto que se ha convertido en mi guarida en los últimos días. He estado sentada en la computadora trabajando en distintos archivos y casos por horas, apenas me levanto por comida o al baño y duermo de vez en cuando en mi cuarto. No hay ventanas así que no puedo determinar el paso del tiempo.
Me tallo los ojos mirando el reloj. No logro distinguir la hora, aun con mis lentes mi vista comienza a ser borrosa, supongo que es un buen momento para dormir un poco. Me quito los lentes con un gruñido mientras me levanto con pesadez y salgo del cuarto encontrando a un cansado Capitán que también trata de llegar a su cuarto.
– Rogers, no noté que ya habías llegado – bostezo captando su atención.
– No notas mucho últimamente – murmura irritado.
Lo miro con la ceja levantada esperando una explicación.
– Llevas más de una semana aquí encerrada. No contestas tu teléfono, incluso Tony me llamó para saber si me había peleado contigo últimamente sólo confirmar para que sigues viva – reprocha – Se supone que no debemos levantar sospechas –
Hago una mueca buscando que responder.
– Soy buena actriz, pero fingir que todo está bien cuando definitivamente no lo está no es mi fuerte – suspiro derrotada.
Siempre me he jactado de ser imperturbable, al menos cuando estoy con otras personas. Sin embargo, el primer día que regresé a trabajar al complejo de SHIELD no deje de intentar determinar quien de mis compañeros en realidad quiere matarme, quien va a traicionarme y quien ya lo ha hecho. Me sobresaltaba con el más mínimo ruido y antes de las 2 de la tarde ya me había metido en 3 peleas.
Quedo bastante claro que tenía que encontrar un modo de sobrellevar la noticia antes de volver a poner pie en SHIELD.
[O fuera del departamento], se burla la voz de mi cabeza.
– Se supone que tenemos que determinar quien es leal a SHIELD, quien esta siendo manipulado y quien está jalando los hilos – me recuerda Steve.
Luego que me abrazara por 20 minutos, hecho que voy a negar si alguien más pregunta, determinamos que no todo SHIELD puede estar corrompido. Así que tenemos que ver quien puede ser nuestro aliado, quien está siendo manipulado y quienes son nuestros no tan declarados enemigos. Claro, siendo extremadamente discretos en toda la investigación.
– Puedo investigar y determinar eso desde aquí – aseguro arrogantemente.
Él rueda los ojos. Aún con toda la capacidad de mi cerebro, no puedo analizar todos los agentes a través de una pantalla.
– Analizarlos no puede ser muy diferente a lo que generalmente haces ¿No desconfías del mundo de todos modos? – bufa Steve.
– Es diferente suponer que alguno de ellos te va a traicionar a saber que todos ellos ya te han traicionado – declaro.
– No todos te han traicionado –
– No voy a esperar a que me maten para averiguarlo – es una exageración, pero cada vez que veo a un agente es lo único que pienso.
Doy terminada la conversación y cruzo el pasillo para llegar a mi cuarto.
– Sumirte en trabajo no es la solución – indica el rubio cuando mis manos llegan a la perilla – En lugar de tratar de asumir la situación la estas evitando –
Ruedo los ojos. Me doy la vuelta para verter toda mi atención en él.
– No sé cuantos días han pasado, pero tienes profundas ojeras, has dormido aún menos de lo usual. Tu piel está mucho más bronceada indicando que te vertiste de lleno en misiones. La suela de tus tenis está desgastada. tus nudillos rojos y ligeramente inflamados, pasaste la semana corriendo y boxeando – suelto con voz monótona mientras capto la información.
Steve hace acopio de todo su autocontrol para no gritarme. Sé que no va a durar mucho, así que me apresuro a continuar.
– Descarto que lo hagas en SHIELD por razones obvias, así que fue en la Torre. Tony no te llamó, estabas con él cuando te preguntó por mi porque, aunque no lo muestras, estás comenzando a desconfiar de todos. Incluyendo tus compañeros Vengadores, así que los estás siguiendo – termino.
Suspira tallando su cara con un gesto cansado.
– Estas atacándome para evitar enfrentar el problema – replica frustrado.
– Estoy intentando actuar como mi yo usual. Puede que no parezca, pero lo estoy intentando – gruño.
– Faltar una semana no es muy normal – reclama.
– Para nuestra ventaja, nunca he sido muy normal – me encojo de hombros quitándole importancia – A parte, ¿por qué te molesta? No es como que podamos convivir en SHIELD –
– Porque se supone que estamos juntos en esto y en este momento me estas dejando enfrentar todo solo – explota. Su semblante cansado da paso a una ira tan intensa comparable sólo con nuestras peores peleas – Debes encontrar la manera de seguir. Se que es un asco, pero es la única manera de que no desconfíen de nosotros – agrega tratando de controlar su voz.
Asiento, resignada.
– Buenas noches – me despido y sin esperar respuesta me meto a mi cuarto.
Me recargo en la puerta y me deslizo hasta que termino como una bolita en el piso. En el fondo sé que tiene razón, estoy actuando demasiado extraño y es cuestión de tiempo que alguien de SHIELD se de cuenta. Pero luego de darle básicamente mi salud tanto física como mental a SHIELD, además de 8 años de mi vida, siento como la pequeña parte de mi vida que se supone que debe mantenerse constante está explotando.
Quiero apagar mi cerebro, tan solo no pensar en nada por algunas horas. Ser un simple ser humano en su miserable existencia en lugar de Sophia Hayle, la agente que le ha servido a una organización corrupta pensando que era la manera de controlar sus demonios.
Cuando menos me doy cuenta ya estoy removiendo mis cajones. Ni siquiera soy completamente consciente de lo que estoy buscando hasta que mis manos se encuentran con un pequeño frasco en una esquina olvidada.
Benzodiacepina, leo la etiqueta sorprendida que aún tenga. No he comprado en meses, aunque debe de haber sobrado y terminado entre las cajas de medicamentos que traje.
– Oye, Holmes. Siento ser tan duro ... – escucho la voz del rubio mientras abre la puerta de mi cuarto.
– Esto no es lo que parece – digo inmediatamente ocultando el frasco en mi espalda.
Se queda en la puerta absorbiendo lo que sucede, no es lo suficiente ingenuo para suponer que oculto algo inofensivo y estoy segura de que alcanzó a ver la forma del frasco. Una vez que lo comprende su cara se descompone.
Maldita sea, preví que el sentido moral de Steve lo iba a llevar a arreglar las cosas. Aunque supuse que eso iba a ser en la mañana, luego de dormir unas horas.
– No es lo que parece – repito.
– ¿Qué pensabas hacer? ¿Observar el frasco? – pregunta bruscamente.
– No lo sé, hasta hace 5 minutos ni siquiera recordaba que lo tenía – digo desesperada.
Vaya, el universo me ama tanto que incluso cuando no estoy haciendo nada malo, parece que lo hago. Nótese el sarcasmo.
– Prometiste que ya no ibas a comprar más – suelta herido.
– Ya lo tenía – respondo evitando su mirada.
La conversación que tuvimos sobre el tema casi arruinó nuestra amistad. No creo que el mejor momento para retomarla sea cuando ambos estamos privados de sueño, cansados y estresados.
Sus manos se tensan en puños, noto que mira directamente el frasco así que lo dejo en la cómoda para evitar meter tensión. O por lo menos más tensión.
– Está no es la solución. Sé que te sientes estresada... – inicia controlando su voz.
– ¿Estresada? – repito soltando una risa cínica – Estresada me siento cuando tengo una fecha límite cerca, o cuando estoy en un examen psicológico, o cuando alguien me está disparando – enumero – Está no es yo estresada, está es yo entrando en pánico. La maldita organización en la que crecí es más corrupta que los amigos de mi padre – suelto perdiendo todo rastro de cordura.
– ¡Aún así! – grita Steve – Tu primera respuesta no puede ser doparte hasta perder la consciencia. ¿Tienes idea el daño que te haces? ¿El peligro en el que te expones en ese estado? –
– ¡Si, joder! – exploto harta de fingir que puedo manejar las cosas como una persona normal – Drogar mi cerebro es mi primera respuesta a las cosas que no puedo controlar. Es la única puta manera que tengo para no terminar con una bala en la cabeza –
– ¿Y que hay de mí? Siempre insistes que no quieres que terminé como tu, que confíe en ti, que no guarde todos mis sentimientos hasta que exploté. Eso es exactamente lo que haces. Ni siquiera piensas en dejar que yo te ayude, solo corres a las drogas – responde subiendo el tono – ¿Crees que no puedo entender tu situación? ¿Qué no entiendo lo que es trabajar para SHIELD, o las pesadillas luego de misiones, o perder a alguien que amas? –
La intensidad de la pelea hace subir la temperatura del cuarto. O tal vez es el hecho que mientras nos gritamos nos acercamos tanto que nuestras caras quedan a pocos centímetros una de la otra.
– ¿O quizás no entiendo que es que la única organización en la que confías este comprometida? Maldita sea, no eres la única en esto. ¿Crees que yo estoy bien? ¿Qué no tengo miedo? – continua Steve.
Toma mi cara entre sus manos obligándome a no apartar la mirada de sus ojos. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que siento que sus manos están mojadas.
– Y enfrento todo esto sólo. No porque quiera, sino, porque tu piensas que cada persona debe cargar su propio mundo en sus hombros – sus ojos brillan con lagrimas contenidas. Por primera vez su fachada tranquila cae para revelar lo verdaderamente asustado que está.
Cierro los ojos dejando fluir las lágrimas. Sé que no me lo dice para herirme, ni siquiera es un verdadero reclamo por dejarlo sólo. Es una súplica para no abandonarlo.
SHIELD nos encontró perdidos y rotos, nos atrajo con promesas de auxiliaros en nuestro propósito de ayudar personas. Siempre hemos sabido que ese mundo está lleno de secretos que no siempre entendemos, pero nunca supusimos que podían estar en nuestra contra. Ahora, nos damos cuenta de que la gente a cargo de SHIELD no tiene el propósito de ayudar a la gente, sino, de lastimarla.
Y él enfrentó esa realidad yendo todos los días al lugar lleno de gente que no sabemos si quiere matarnos y fingiendo que no sabe nada.
Además, siempre hablo de que puede confiar en mi, luego de todo lo que hemos pasado sé que yo puedo confiar en él. Pero en el momento en que más nos necesitábamos, yo me recluí y dejé que él lidiara con todo solo. Y luego intente doparme para no asumirlo.
– Lo siento – tartamudeo zafándome de su agarre.
– ¿Lo siento? Es lo mejor que puedes decir – resopla.
– ¿Qué quieres que diga? Son casi las 3 de la mañana – argumento mirando el reloj. Lo único bueno es que esta pelea me ha despertado lo suficiente para volver a ver los números nítidos – Ambos estamos cansados, asustados y nos estamos desquitando con el otro –
Suspira claramente frustrado. No parece contento de haber interrumpido nuestra discusión.
– Sé que soy un asco de persona, nunca he dicho lo contrario. Sé que mereces una mejor amiga que yo – continuo – Lamento haberte dejado cargar todo solo. Pero debes entender que a veces esa es mi única manera de lidiar las cosas – suplico señalando con la cabeza el frasco.
El soldado se mueve bruscamente para tomar el frasco, me quedo en silencio mientras el observa su contenido con asco. Casi puedo ver los engranes de su cerebro moverse buscando otra solución, justo cuando pienso que se va a dar por vencido mete el frasco en su bolsillo.
– Suficiente, hicimos un trato. No voy a dejar que te hundas en tu propia miseria – suelta con determinación.
No me da tiempo ni de fruncir el ceño cuando ya me tiene cargada sobre su hombro como un costal de papas.
– ¿Qué haces idiota? Bájame – chillo tratando de bajarme.
Ignora mis gritos y patadas llevándome hasta la sala, procede a tirarme en el sofá con la suficiente delicadeza para que no me lastime.
– Vamos a hacer algo divertido y te vas a distraer – anuncia, aunque suena más como una amenaza.
– Rogers, son las tres de la mañana. Vamos a dormir – suplico.
– Ambos sabemos que si alguno intenta dormir en este estado vamos a terminar con pesadillas y despertando en media hora – responde tajante.
Cierro la boca de mala gana. Por muchos libros que haya leído de psicología, sé que esa información viene de experiencia.
– ¿Con qué me vas a distraer? – me burlo, aunque en el fondo se puede oír mi resignación.
Saca de un gabinete un tablero y una bolsa que pone en la mesa frente a mí. Lo miro con desdén cuando comienza a sacar las piezas de la bolsa.
– Sé que seguramente eres una maestra en ajedrez desde los 4 años y me derrotarás a los 10 minutos – farfulla acomodándose en el piso del otro lado de la mesa.
– No me gusta el ajedrez – mascullo.
Acomodo mis piezas, las negras, mientras él se queda en silencio observándome, cuando le devuelvo la mirada lo encuentro boca abierto.
– Me parece sobrevalorado – me excuso.
– No te gusta el ajedrez – repite meditándolo – ¿No lo jugabas de niña? –
– Por supuesto que sí. Sólo que mi hermano siempre me ganaba. No terminas amando un juego en el que siempre pierdes – explico con un deje de resentimiento en la voz.
Aún así, jugar con él me parece mejor idea que volver a mi cuarto y mirar el techo por horas deseando tener Benzodiacepina, porque dudo que el rubio me la devuelva.
Iniciamos el juego, soy tan mala que mi mente se concentra en no perder en menos de 10 minutos. Esto provoca que los terribles pensamientos sobre SHIELD que me han rondado los últimos días se conviertan en algo secundario. Supongo que lo único más fuerte que mi paranoia es mi necesidad de ganar.
En cierto punto Watson llega y se sienta en el regazo del soldado. Este la acaricia distraídamente mientras mueve su torre para hacer una Jaque Mate.
– ¿Qué tienes con las drogas? – inquiero acomodando mis piezas para volver a jugar.
– ¿Yo? – pregunta Steve sobresaltado.
– En tus tiempos la mitad de ellas eran legales y la otra mitad todavía no se creaba. Así que, ¿Por qué las odias tanto? – insisto – Sé que no es por tu amor de seguir las reglas – ironizo.
Se queda callado acomodando sus piezas para luego meditar su primer movimiento, teniendo las piezas blancas él inicia el juego, su silencio dura tanto que pienso que no va a responderme.
– Sabes porque hay un gran problema de drogas ahora, ¿no? – habla moviendo por fin su caballo.
– Sí – replico confusa. Él sabe que sé casi todo, pero se queda callado instándome a continuar – Antes daban drogas como si fueran ibuprofenos sobretodo en épocas de guerra. Se volvió un gran negocio para mantener a los soldados que volvieron a casa adictos durante... –
Durante la 2º Guerra Mundial, se queda atorado en mi garganta.
Bajo la mirada y me concentro en mover mi peón.
– Vi a más hombres caer contra las adicciones que contra los alemanes – explica sombríamente.
– Pero las adicciones surgieron luego de la Guerra. Tu no estabas ahí – frunzo el ceño.
– Me uní lo suficientemente tarde para que ya hubiera montones de heridos. Y al principio pasaba gran parte de mi tiempo en campamentos y bases militares – responde secamente.
– No tengo un problema – escupo a la defensiva antes de siquiera pensarlo.
– Holmes, no creo que ahora sea el mejor momento de discutir eso – dice pasando su mano por su rostro en un gesto cansado.
– Sé que el problema es mental, pero no puedo tomar ansiolíticos, antidepresivos o estabilizadores de ánimo. Por lo menos no aún – me apresuro a contestar antes de que me arrepienta.
Estoy acostumbrada a no dar explicaciones, a que las personas no cuestionen mis decisiones, por más dañinas que sean. Así que me cuesta trabajo justificarme.
– Tus riñones – murmura Steve comprendiendo.
Asiento moviendo una pieza al azar para centrar mi atención en algo más que la voz de mi cabeza gritando en mi mente. A esa voz no le gusta las medicinas que me hacen parecer más cuerda.
– ¿Entonces en verdad es una solución temporal? – pregunta seriamente el rubio, puedo distinguir el deje de preocupación en su tono – ¿En verdad no va a haber un momento donde te encuentre en una casa abandonada llena de vagabundos completamente drogada? –
Hago una mueca mientras el recuerdo de pasar la noche en una habitación mohosa con 20 personas completamente perdidas me cruza por la cabeza. Este particular recuerdo no tiene nada que ver con las misiones de SHIELD.
– No va a pasar eso en un futuro – decido responder porque me siento incapaz de mentirle y no quiero decirle que ya ha pasado – Y sé que puedo contar contigo –
Me regala una cálida sonrisa y nos volvemos a concentrar en el juego.
– ¿Cómo sigues? – me pregunta luego de algunos minutos.
Levanto la vista del tablero y lo encuentro mirándome detenidamente. Es bastante obvio que estoy mucho más calmada así que sé que se refiere a como sigo con todo el asunto.
– Bueno, quizás tengo que alejarme un poco de SHIELD hasta que mi mente ya no quiera luchar con todos los agentes que vea – reflexiono moviendo mi reina.
– ¿Vas a renunciar? – pregunta agitado.
– No, hay un trabajo para mi. Del tipo que no estoy aquí por algún tiempo – digo sin entrar en detalles.
– ¿Vas a transferirte algunos meses? – pregunta extrañado.
Le dedico una mirada cansada.
– El tipo de trabajo en el que soy buena – agrego.
– ¿Analizar? Puedes analizar aquí – responde más confundido.
Sé que este tipo es inteligente, pero a veces no entiende las indirectas.
– El tipo de trabajo que regreso con información y algunas heridas – murmuro.
– Oh – suelta con sorpresa – ¿Es necesario dejarte secuestrar con tal de no enfrentar esto? –
Me encojo de hombros.
– Me dará tiempo de procesarlo. No estaré fuera demasiado tiempo, así que no te sentirás solo – comento – No te preocupes capileta, lo tendré todo bajo control – agrego cuando lo veo fruncir el ceño preocupado.
– Se mejor que llevarte la contraria – gruñe – ¿Cuánto estarás fuera? –
– Quizás un mes. Veré como progresa todo – respondo sin mucho interés.
Continuamos el juego, aunque el rubio mueve sus dedos incansablemente revelando una extrema incomodidad. Dado que me está destrozando en el ajedrez, su incomodidad debe partir de mi anuncio.
– ¿Qué? – pregunto sobresaltando a incluso Watson en el proceso.
– ¿No ibas a aceptar el trabajo de todos modos? – inquiere fingiendo tranquilidad.
– No realmente – respondo, al instante veo sus músculos relajarse – Aunque no lo creas no aprecio ser secuestrada. Además, tengo que resolver algunas cosas con mi padre antes de irme. Aún me sigue recriminando los 6 meses que pase "desaparecida" – explico.
– No sabe de SHIELD –
– Lo sabe, pero no le importa. No mientras no afecte su carrera – me encojo de hombros mientras percibo como se tensa – Lo sé, lo sé. Mi familia es un asco – digo haciéndolo reír.
Continuamos jugando, o más bien Steve destrozándome con distintas estrategias, hasta que dan las 5 de la mañana. Para entonces podemos dormir con la certeza que aunque la situación es un asco, por lo menos tenemos un plan y no tenemos que enfrentarlo solos.
19 DE JULIO DE 2013. 3:31 P.M. NUEVA YORK. CENTRO DE COMANDO DE SHIELD. PASILLO, NIVEL 7 (3 DÍAS DESPUÉS)
Camino esquivando a los agentes y revisando un archivo con tranquilidad. Me tomó dos días más de recluirme en el departamento, pero logré estar en SHIELD sin querer pelear con todos, agradezco haber desaparecido las suficientes veces para que mi ausencia pasara desapercibida. Incluso pude parecer los suficiente "normal" para acompañar a Joey en una pequeña misión de rescate.
Ahora leo el archivo, reviso rutas de escape y posibles peligros en preparación a una misión en la que simplemente seré protección de un miembro del Consejo de Seguridad mientras tiene unas reuniones en Rusia. También deduje que podría justificar mi paranoia si trabajaba en protección de personas importantes, además que me da apertura para investigar de cerca a un miembro del concejo.
Si no puedo determinar que está traicionando a todos en SHIELD por lo menos puedo descartarlo.
El timbre de mi teléfono me sorprende, aunque los agentes que pasan a mi lado siguen sin ponerme atención. Me detengo para sacar mi teléfono y una vez que veo quien es me apresuro a mi oficina. Cierro la puerta de golpe y contesto tratando de recuperar el aliento.
– Necesito tu ayuda – me dice urgentemente Rogers antes de que pueda decir hola.
Por mi mente pasan distintos tipos de desastres, como que alguien atacó a Steve o que SHIELD descubrió lo que sabemos. Steve no me llamaría a menos que fuera una verdadera emergencia.
– Pon el cuerpo en hielo, llego en 10 minutos – respondo automáticamente dirigiéndome a la puerta.
Lo más seguro es que si lo atacaron él salió victorioso y ahora tiene cadáveres de agentes de SHIELD de los que se tiene que deshacer.
– ¡¿Qué?! – chilla horrorizado del otro lado de la línea.
– ¿No es eso? – pregunto confundida deteniéndome en seco.
– NO – grita – Tengo un problema con alguien – murmura avergonzado.
Me quedo callada un segundo. Sólo hay una razón que involucra a otra persona y que lo pondría tan nervioso como para llamarme.
– ¿Problema tipo quiero deshacerme de alguien o tipo me gusta? – sospecho.
– Tipo creo tengo una cita – suspira.
– Entonces no puedo ayudar. Sugiero hablar con Natasha – respondo dispuesta a colgar, los problemas relacionados con personas que no necesitan violencia no son mi fuerte.
– Me estuviste insistiendo por semanas que invitara a alguien, aparte eres psicóloga, se supone que sabes estas cosas – dice con urgencia.
– Psiquiatra, inculto – bufo.
– Holmes – advierte.
Suspiro rindiéndome.
– Llego en 10 minutos. Pero que conste que no sé de cuanta ayuda puedo ser – respondo. De los dos él es quien tiene mejor habilidad tratando a las personas.
– Dijiste que habías tenido citas últimamente – reclama.
– Si recuerdo bien mis palabras textuales fueron "He besado gente en los últimos años" – digo medio en burla antes de colgar.
Tomo el archivo que estaba leyendo y lo meto en mi mochila. Luego de darle una rápida revisada para asegurarme que tengo todo me encamino a ayudar al Capitán en apuros.
