Hola y bienvenidos a un capítulo nuevo.
Gracias pajaritodelalma por tus reviews. Realmente me hace tan bien que alguien lea esta historia y, por cierto, cuidado con el corrector automático.
Ahora, un capítulo más de este peculiar fanfic:
Capítulo 12
Amargos dieciséis
—¡No! Esto es imposible —se decía Gideon cuando se enteró que Bill había regresado y estaba ahí, proponiéndole un trato difícil de rechazar, hasta le entregó el amuleto místico como regalo.
Por más que estaba asustado, el niño no armó un escándalo que seguro llamaría la atención de su madre, ocupada con los quehaceres de la casa. Aunque los malos recuerdos lo invadían, ese chico no iba a acceder por las buenas, porque también recordaba que fue atormentado con las pesadillas más crueles de su vida y ahí tenía al culpable. Cuando lo acusó de hacer esas cosas, el rubio simplemente las confesó, agregando que le mostró la realidad, sin importar que le doliera. Ese demonio siguió hablando, explicándole que si no eran aliados, entonces volverían a ser unos enemigos y eso no era conveniente para el mortal. Con eso, estaba obligando al albino a aceptar y aquel tuvo que cerrar el trato con resignación, sin embargo, su expresión cambió de repente y usó su dije de la suerte. Una magia azulada envolvió a ese adolescente, que lo elevó del suelo y lo inmovilizó, preparándolo para lo siguiente: amenazarlo con atravesarle un atizador. Ese joven estaba furioso, mas no cambió su tono de voz ni se puso a gritar, sino que le preguntaba a ese captor por qué lo hacía, si venía con buenas intenciones. El pequeño no iba a perdonar tan fácil.
—Debes prometerme que Mabel será mía —propuso el infante acercando todavía más el arma.
—Me convenciste —dijo aquel sonriendo y dejó de actuar, liberándose con una explosión de luz amarilla—. Iba a dártela de todas formas, pero me alegra que aun tengas ese espíritu de lucha.
El fuerte ruido de la explosión de energía hizo que la señora Alegría viniera de inmediato a ver a su hijo, y lo encontró sano y salvo. Al preguntar sobre el sonido, el visitante se apresuró en decir que quizá el responsable sea alguien probando pirotecnia, alguien que no esperó a las fiestas. La mujer creyó esa explicación, y cambió el tema yendo a buscar algo para convidar a la visita. Con ella lejos, el amo de la mente volvió a sus negocios, pidiéndole a su nuevo aliado que se ocupara de atormentar a sus bravucones y que desatara el caos en su escuela. Aquel dudaba al principio, imaginando que todo el pueblo lo perseguiría después de hacer eso, no obstante, el poseído no estaba preocupado porque le comentó que algo más grave sucedería muy pronto. Eso inquietó al ex convicto, quien quería saber bien qué planeaba ese triángulo, pero la investigación no dio frutos ya que ese alto decidió irse como si olvidó una cosa. Con una cortísima despedida, Lee se fue apresurado al centro comercial, porque tenía que prepararse para lo que vendría esa misma tarde, algo especial que presentía que ahí terminaría una parte de su plan. Él lo logró enseguida.
—Primero buscaré dinero —resolvió ni bien cruzó las grandes puertas de cristal de ese edificio.
—Hola, amigo —le saludó Nate, luego de obtener el contenido de unas billeteras robadas, y ese sujeto se le acercaba con una sonrisa—. ¿También vienes a comprarle un regalo de última hora?
La bestia de un solo ojo maldecía por dentro su suerte: ese muchacho parecía que no vino sólo a saludar, sino que pretendía acompañarlo en sus compras. Por un lado, eso estaba bien, así no le daría sospechas de que no pasaban tiempo juntos y también para saber más detalles de aquella fiesta. Mientras que ellos recorrían las galerías, aquel le contaba que el evento era algo elegante (por más que la familia no tenía esa costumbre), y que se daría en el gimnasio de la escuela. Casi todo el pueblo fue invitado, aunque era una incógnita si irían por el reciente extraño cambio en la cumpleañera. El ser de otra dimensión sólo esperaba a que la mayoría se presentara, los que recordarán el lado heroico de ella y no la nueva actitud paranoica, de esta forma habría muchos testigos que vivirían una noche de terror. Sí, al final llegó el día de revelar algunas verdades y él estaba ansioso, si bien ahora se encontraba soportando las tonterías de ese joven de los brazos tatuados, por su indecisión a la hora de comprar un regalo. Después de observar vidrieras sin un buen resultado, Nate accedió al consejo de conseguir esa misma gorra que ella regaló a Dipper.
—Bueno, ya tenemos los regalos y… —empezó a decir el rubio, deteniéndose para pensar cómo deshacerse de aquel sujeto pesado—. Olvidé que tenía que hacer algo antes de la fiesta. Adiós.
—¿Qué es tan importante? —preguntó el otro un poco molesto—. Lo que sea, te voy a ayudar.
Lee gruñó porque no sabía qué inventar, y en lugar de dar una explicación, iba retrocediendo y se disculpaba a la vez. No era una buena manera de despedirse de un supuesto mejor amigo, no obstante, funcionó por ahora. Al fin estaba libre de ese torpe y se dirigió hacia su casa, andando mucho más aliviado por las veredas, hasta que recordó que no tenía nada bueno para llevar en el evento. Él entró a una tienda de ropa para adolescentes, tratando de hallar algo de su estilo y al final lo consiguió. Al querer él probarse una camisa, encerrado en el probador, Giffany no sólo lo halagó sino que le hizo notar que tenía unos raros símbolos en sus brazos. Eso lo aterrorizó, a tal punto que lanzó un grito que, de seguro, llamó la atención de la gente que estaba cerca. Otro motivo para preocuparse fue que se le estaba haciendo tarde, de modo que se vistió tan rápido como podía para salir de una vez. Primero, él se asomó entre las cortinas para ver si era verdad que alguien lo escuchó y, aunque al principio no vio a nadie mirándolo, a un costado sí lo había.
—¿Qué fue lo que te pasó? —preguntó ese alguien quien resultó ser Nate—. ¿Por qué gritaste?
—¿Acaso me estabas siguiendo? —interrogó el alto sonando enojado, encaminándose a la caja.
—¿Con quién estabas hablando? —insistió y fue persiguiéndolo—. ¿Por qué no me dices nada?
El de piel oscura estuvo detrás de él por varias cuadras, hasta que vio que no iba a rendirse y lo enfrentó diciéndole que podía hablar recién en casa. Durante el tiempo en que el endemoniado caminaba de regreso, no se decidía si confesarle la verdad o no o qué mentira contarle, y eso le causaba un mal humor. Enseguida los dos llegaron al lugar y fueron directo al living, y cuando el de la gorra quería exigir respuestas, el otro chasqueó los dedos y todo se puso oscuro para ese invitado. El sonido de voces discutiendo despertó a ese chico que gustaba de Tambry, y luego se dio cuenta que estaba en casa ajena. Él reconoció la voz de su amigo, pero la otra sonaba como la de una chica ¿robot?, y ni bien él quería levantarse del sillón, su compañero ya venía. Aun no entendía cómo fue que se quedó dormido, sin embargo, había evidencia de que fue por un buen rato porque su socio tenía la ropa cambiada. Él parecía otro con esa ropa elegante y más vestido de negro, menos por la camisa amarilla, y a esto se sumaba el hecho de que tenía el pelo corto.
—Estuve pensándolo y creo que te daré una oportunidad —habló el de los ojos amarillos con un tono misterioso, sentado en el brazo del sillón—. Así que dime: ¿Qué es lo que sabes sobre mí?
—Yo esperaba a que me dijeras lo que te pasaba —respondió desafiante—. Hay algo raro en ti.
A continuación, el que se convirtió una vez en salchicha enumeró todos esos sucesos extraños, incluyendo las pupilas rasgadas, la actitud desquiciada, el saber sobre casi todo, la desgracia que ocurría a su alrededor, las marcas en la espalda. En cuanto a eso último, con cierta inseguridad, aquel le pidió verlas para ver cómo estaban y así sacarlo o no de su lista. El otro no aceptó en el momento, ya que se quedó pensando y reconoció que no hizo un buen trabajo actuando. Había que admitir que lo descubrieron y no tenía una buena mentira para contarle, entonces tuvo que recurrir a la verdad. Él le reveló que estaba así porque un espíritu se metió en su cuerpo y, para probarlo, hizo que la alfombra flotara en el aire. En cuanto a la pregunta de desde cuando podía hacer eso, él comentó que fue hacía un par de meses. El moreno se molestó por el secreto y, al mismo tiempo se atemorizó, porque las películas le enseñaron que una posesión era algo malo. Como si le leyera la mente, Lee explicó que tenía la situación controlada, que el fantasma sólo le daba poder y conocimiento. Aún quedaban preguntas sin respuesta, mas no tenían ese tiempo.
—Ya casi es hora —interrumpió el rubio el cuestionario—. Te pido que no se lo cuentes a nadie.
—De acuerdo, amigo —contestó Nate con muchas dudas, y luego se fue a su casa a prepararse.
Frente al gimnasio de la secundaria, estaba el cartel de anuncios y ahí daba la bienvenida a esos invitados que no tenían ni idea de lo que sucedería. El débil sol del invierno se estaba ocultando y cada vez más personas entraban apresurados al lugar, encontrándose con una fiesta en la que parecía que el varonil Dan gastó lo que tenía por su única hija. El triángulo llegó y notó que gran parte del pueblo asistió, es más, todo se veía bien, por ahora, y las víctimas fingían estar en paz. Entre el gentío, se encontraba Tambry con un vestido corto, ajustado y de color fucsia brillante, y él aún estaba molesto con ella, con lo que ni se le acercó. Ella también lo halló, y para sorpresa del otro, se encaminó hacia él y le comentó que hoy llevaría a cabo su tarea. Eso no logró que él sonriera, así que agregó que a él le quedaba bien su atuendo, por más que esos colores podrían delatarlo. Pasaba lo mismo con ella, observó él, y eso la hizo reír un instante. Seguía sin cambiar el humor en él, y su diálogo y el de los demás se interrumpieron por una voz por el micrófono.
—Amigos, ya es hora que aparezca la cumpleañera —habló Soos de nuevo trabajando como el dj y apuntó hacia una puerta de doble hoja—. Démosle un gran aplauso a Wendy. ¡Feliz cumple!
Y desde ahí venia la pelirroja, vestida como princesa de cuentos, con prendas de un color verde agua. Ella se veía feliz, como si las terribles cosas que le pasaron no le afectaran, y de esa misma manera, saludó a amigos y conocidos. El festejo empezó formalmente, con música fuerte, luces de discoteca y la comida dulce servida por todas partes. Cuando fue el momento de la banda en vivo, Robbie se encargó de tocar junto con su grupo, haciendo de paso publicidad por lo de ese concurso de bandas. Algo llamaba la atención de esos jóvenes y era que tenían alguna parte de su cuerpo lastimado, viéndose a simple vista los yesos y vendajes. A pesar de eso, sus canciones fueron buenas, entre caras sufridas, porque cada uno de ellos quería destacar en el mundo de la música. Ni bien terminaron su show, algunos se tuvieron que volver al hospital a cumplir con los días de internación, mas no fue el caso del líder de la agrupación, quien se la pasó pidiéndole de todo a su novia, como si fuera un niño pequeño. Sí, desde que el gótico fue hospitalizado, le hizo la vida imposible a la chica de pelo pintado que, de un día para otro, se convirtió en enfermera.
—¡Ya basta! —gritó furiosa Pyronica cuando la muleta de su presunto novio se apoyó sobre uno de sus pies, causándole un agudo dolor—. ¿No podías quedarte quieto por un rato? El doctor te dijo que descanses y no que te pongas a bailar. ¡No siempre vas a conseguir todo lo que quieras!
—Oye, cálmate —respondió él un poco enojado—. ¿Por qué no tomas un descanso por un rato?
—¡Es una gran idea! —exclamó ella con sarcasmo—. Un descanso para siempre... ¡Terminamos!
Casi todo el mundo vio esa escena y, mientras ella se alejaba hacia la salida, la gente fue testigo de cómo el de pelo negro pasó de estar confundido a sentir que el corazón se le rompía en miles de pedazos. Sus amigos acudieron a ayudar: el de los tatuajes, la pelirroja y Thomson animaron al guitarrista, en cambio, el rubio se ofreció enseguida a alcanzar a la muchacha, quien se fue al clima helado del exterior. El lastimado se disculpaba una y otra vez con la leñadora, por ser todo un torpe que arruinó su cumpleaños. Ella sentía lastima por él, al verlo como un cachorro triste, y lo invitó a bailar, justo cuando el musicalizador puso su canción lenta favorita. El resto de esas personas también se acercaron a la pista, y su danza fue acompañada por antifaces y cosas así. En el ambiente casi oscuro, los que salieron, regresaron y se mezclaron con la multitud, bailando juntos a pedido de esa diablesa color rosa. El demonio de los sueños estaba satisfecho por aquel buen trabajo y, antes de que Giffany se pusiera celosa, escuchando todo desde el teléfono, él le dio el permiso para que se luciera en la fiesta, tomando el control de esa mezcladora de sonido.
—¿Qué tal, amigos? —habló la del juego ni bien apareció en la pantalla gigante—. Esta es una canción para mi ex novio por siempre, Soos. Quien me rompió el corazón y quemó en un horno.
Mientras que la mayoría se preguntaba qué estaba pasando, el horror se apoderaba del criminal y su novia, más cuando la composición hablaba de una trágica historia. Como no tenía ni idea de cómo detenerla, el administrador de la Cabaña del Misterio se quedó estático, hasta que un par de golpes provocados por Melody le hicieron reaccionar. Tratando de hablar con la chica virtual, las máquinas se volvieron locas, así como otros objetos que se movían solos o se incendiaban. Y como ahora sí era peligroso quedarse, la gente comenzó a irse en una estampida, apretujándose a la salida, contra una puerta que se abría y cerraba sola. Wendy y su grupo se quedaron hasta el final por culpa de Robbie y, con el salón casi vacío y apenas iluminado, ellos alcanzaron a ver a Lee y a Tambry riéndose. Ellos no entendían qué era tan gracioso, y fue ahí que Nate explicó con miedo que su mejor amigo estaba poseído por un fantasma. Esa promesa rota llegó a oídos del rubio, quien se fue acercando despacio diciendo palabras sin sentido. Eso resultó ser un conjuro que fue capaz de sacar a la japonesa de la pantalla, para que tomara una forma física de pixeles.
—Muchas felicidades, Hielo —decía el alto con una sonrisa siniestra, aun faltando varios metros para estar frente a frente a esos chicos—. Espero que no te moleste, pero invité a unos amigos.
Las puertas se abrieron de par en par y con violencia, para dar paso a McGolpes y a una copia de la Corduroy con su ropa normal. El temor se hacía más grande al ver a esos atormentadores y se pudo comprobar en los demás que no eran producto de una retorcida imaginación. Tan sólo dos metros separaban al equipo de enemigos de las indefensas víctimas, y la calma en los primeros causaba mucho más pavor en los otros, como si lo estuvieran saboreando. Aprovechando esos momentos, la leñadora los enfrentó exigiendo saber por qué los estaban atacando y también en dónde estaban sus amigos. Ella no más recibió risas burlonas como respuesta y, después, Bill les confesó que estaba cansado de tener que fingir siempre, mas fue necesario para hacerlos sufrir despacio. La valiente estaba protegiendo a sus colegas, encaminándoles a retroceder de a poco, y siguió insistiendo con sus preguntas, que aquel no respondía por las buenas. Sin embargo, eso no fue necesario, ya que había cosas que se podía averiguar a simple vista: de alguna manera, el de ojos amarillos era el líder y, de seguro, culpable de los ataques que se registraron en Gravity Falls. Los acorralados tenían pensado escapar, aunque el sonido de una llamada los interrumpió.
—Adelante, puedes atender —le pidió el demonio triangular a la que siempre quiso conducir un tanque, puesto que ella planeaba ignorarlo—. Pero, cuando se termine, será mejor que corran.
—¿Sí, Dipper? —atendió la llamada sonando seria y ese nombre hizo que alguien se asombrara.
—Wendy, ya lo descifré —sonó esa voz chillona del otro lado de la línea—. Esto es malo. ¡Es Bill!
—Ah, Pino, veo que tienes algo de Seis Dedos —comentó luego de sacarle el teléfono usando su telequinesia—. Ahora que tus amigos ya saben quién soy, espero que los Pines regresen pronto.
Luego de decir eso, él arrojó el dispositivo de vuelta con su dueña, y les dio a esos mortales diez segundos para escapar. Ellos no querían saber si se negaban a eso, así que comenzaron a andar como podían, ayudando al gótico a moverse más rápido por los pasillos de la secundaria. Aquel ser con respuestas contaba con lentitud y, ni bien llegó a uno, ordenó a sus secuaces a dar por fin el último golpe. Aquellos salieron corriendo, como perros de ataque, y se internaron en los oscuros corredores buscando a sus presas. El líder, en cambio, avanzó caminando con confianza y salió en busca de alguien en especial, quien se merecía un buen castigo por faltar a su palabra.
Ahora es hora de demostrar su valentía y dejarme algún review. Con un "sigue", me conformo.
