9 Pánico
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Después de que Naruto partió, apenas hablando con ella mientras se vestía apresurado, Hinata permaneció completamente inmóvil, agradecida por el sopor que la invadió. Desgraciadamente, tal condición duró poco.
No se tomó el trabajo de evaluar la pasión que Naruto había demostrado. Recordándose que los hombres eran diferentes y que sus cuerpos funcionaban perfectamente con cualquier mujer, no le dio importancia al interludio tierno y sensual.
Finalmente, Hinata había conocido muchas parejas que apenas soportaban la presencia uno del otro, y que estaban rodeados de hijos. Por eso, sabía que no era una gran hazaña que un hombre tuviera sexo con su esposa.
Durante los meses siguientes, Naruto la visitaba con frecuencia. Sus encuentros eran siempre ardientes, pero lo que venía después tampoco cambiaba: él actuaba con frialdad y distancia.
Hinata se asustó cuando sus períodos se atrasaron. No soportaría engendrar un hijo para verlo ser llevado lejos de ella. Sin duda, eso la enloquecería. A pesar, del fuerte deseo de tener hijos, ella rezaba para que la simiente de Naruto no la fecundase.
Tenía la compañía de las criaturas del bosque. Ahora, Izumi, Obito y Rin la visitaban casi todos los días. Hinata se había apegado a ellos, más de lo que debería, pero eran las únicas personas que ella tenía permiso de ver, además de Naruto y la sombría pareja de criados.
Una bella mañana, al inicio de verano, Hinata estaba sentada en un rincón del jardín, cuidando de sus quehaceres, cuando las criaturas llegaron. Ellas siempre la buscaban allí, una vez que aquel era uno de sus lugares favoritos. Hinata había pasado a amar aquella tierra y, siempre que fuera posible trabajaba al aire libre. Los sonidos del bosque se habían tornado familiares, como las señales de la aproximación de visitantes.
Rin fue la primera a llegar, corriendo y gritando su saludo. Se sentó al lado de Hinata y retiró un puñado de semillas que la mayor tenía en las manos.
—Espero que estés pensando en ayudarme, y no simplemente comerlas - Hinata habló con voz gentil.
La niña inmovilizó la mano que iba camino a la boca.
—¿Precisas ayuda?
—Pasé la mañana entera preparando tortas para ustedes. Ahora, estoy atrasada con el resto do mi trabajo. ¿Crees que eso es justo?
Izumi se aproximó y retiró la fuente de las manos de Hinata.
—Haré esta parte del trabajo, mi lady.
—¿Dónde está Obito?
Las dos hermanas intercambiaron una mirada incomprensible.
—Él no vendrá — Izumi respondió. — Papá le destinó algunas tareas.
Hinata frunció el ceño. Sabía que los tres vivían con su padre en algún lugar da bosque, pero no conseguía mas informaciones sobre la vida de la familia.
—¿Y ustedes? ¿No tienen tareas que cumplir, también?
Izumi se encogió de hombros y, en vez de responder, preguntó:
—¿Dónde quieres que ponga las semillas, cuando haya terminado? —Hinata apuntó para a una fuente vacía a su lado, atenta a la manera en que la muchacha imitaba su modo de hablar, pronunciando las palabras como lo hacían los nobles. También notó que los ojos oscuros la observaban con adoración y, poco a poco, Izumi adoptaba cada uno de los gestos de Hinata.
Con una punzada de dolor, Hinata pensó en Hanabi. Desde que había llegado allí, pasaba muchas horas preocupándose por el bienestar de su hermana. Le gustaría pedirle noticias a Naruto, pero su familia no era un asunto que ella pudiera discutir con su marido.
Bien, su afecto sería dedicado a las criaturas del bosque. Una vez más, Hinata examinó con cariño a las dos niñas. Eran lindas. Si no fuese por la suciedad que las cubría, nadie diría que eran campesinas pobres.
Lo que le dio a Hinata una idea.
—Como ustedes vienen a ayudarme, quiero darles una recompensa.
—¿Qué? —Rin preguntó de boca llena.
—Será una sorpresa.
El entusiasmo de la niña se transformó en desconfianza.
—Vamos a comer as tortas, ¿cierto? Hinata rió alto.
—Si, claro, pero sólo después de la sorpresa. Vengan conmigo.
Durante la caminata hasta la casa, Rin contó que Obito había cazado un conejo y que la familia tuvo una cena digna de un rey.
Hinata sintió ternura por las criaturas, pues comparó la comida de los niños con aquellas que acostumbraba a comer en Byakugan: cinco platos, postres, quesos y frutas. Aún en Myōboku, la mesa era abundante y variada. Sin embargo, las niñas estaban, maravilladas por el "banquete" proporcionado por su hermano.
—¿Y en cuanto a la otra mujer... la malvada? — Izumi inquirió, vacilante.
—Olviden a Koharu y vengan conmigo.
—¿Vamos a entrar?. — la muchacha preguntó incrédula.
—¡Claro! Esta es mi casa. Vengan.
Las dos la siguieron escondiéndose detrás de su falda. Después de llamar a Koharu, Hinata las llevó a su cuarto. La llegada de la criada hizo que las hermanas se encogiesen en un rincón del cuarto, como si un chacal hubiese aparecido en la puerta.
—Llena la tina de agua caliente, Koharu — Hinata ordenó. — Y trae todos los retazos disponibles. Ah, trae también mi aguja.
La mayor estrechó los ojos.
—¿Pretende colocar esas dos cositas sucias en la tina del patrón?
Enderezando los hombros, Hinata le lanzó una mirada helada.
—Exactamente. ¿Tienes alguna objeción?
Koharu miró a Hinata por un largo momento, como si estuviese por decir algo, pero se limitó a sacudir la cabeza y rezongó:
— La señora va demasiado lejos.
Pero fue a obedecer las órdenes recibidas.
—Y no te olvides de jabones - gritó.
—¡No te vayas que se nos va a enfriar el agua! - Rin protestó.
—¡Voy, si! - Hinata declaró, volviéndose hacia los rostros aterrorizados. Ante la expresión chocada de las niñas, levantó las cejas, un gesto que no daba lugar a discusiones. Y, como Hinata esperaba, acabó con la resistencia de las dos. Lo que no podía ser de otra manera, ya que había aprendido tal recurso con Naruto.
—Las Damas toman un baño regularmente.
—¡No es saludable!
—Tomo un baño siempre que puedo y no parezco enferma, ¿o lo parezco? Además mis jabones son muy perfumados. Ustedes van a parecer dos princesas, y van a oler como tales también.
La palabra "princesas" acertó en el blanco y las niñas pasaron a demostrar cierto interés.
Cuando la bañera ya estaba llena, Hinata las llevó al cuarto de Naruto.
—¿Nos va a doler? - Rin preguntó con voz temblorosa. Hinata suspiró.
—Rin, ¿alguna vez hice alguna cosa para lastimarte? Ahora, quítate la ropa. Izumi, ayúdala.
Izumi probó su confianza, obedeciendo la orden. Sus movimientos rígidos, sin embargo, mostraban su incertidumbre. Cuando las dos acabaron de desvestirse, Hinata consiguió convencerlas a entrar en la tina.
Cuando refregaba la esponja en el jabón, Rin abrió los ojos.
—¿Estás segura de que no nos va a doler?
—Absolutamente. ¡Mi Dios, Rin, cuanta suciedad! ¿Qué es esto? No consigo limpiarlo...
—¡Ay! — la niña gritó, al mismo tiempo en que eludía las manos de Hinata. — ¡Me estás lastimando! ¡Vos me prometiste no lastimarme! — protestó.
Afligida, Hinata se inmovilizó. —¿Dónde te lastime ? — inquirió, confusa.
Fue Izumi quien respondió:
—Esa mancha no es suciedad.
Hinata se inclinó para examinar la piel más cerca. Inmediatamente, fue invadida por una náusea. Se trataba de un hematoma, y no era el único. Hizo que Rin se diera vuelta y descubrió que la niña tenía los brazos y piernas cubiertos de marcas y cicatrices.
—¿Esto te lo hace tu padre cuando bebe? - preguntó.
Rin pasó a llorar, mientras Izumi la miraba en silencio. Sólo entonces, Hinata se dio cuenta de que el cuerpo de la mayor presentaba las mismas marcas.
—Está todo bien, pequeña —murmuró, envolviendo a Rin en una toalla y la cargó hasta la cama de Naruto.
—Siento mucho haberte lastimado. Sé que prometí que no te iba a doler, pero pensé que estas manchas eran mugre. Ahora, cálmate. Nunca más volveré a lastimarte. ¿Confías en mí?
Los grandes ojos oscuros, bañados en lágrimas, la observaron sin vacilación. Rin sacudió la cabeza en repuesta. En seguida, Hinata envolvió a Izumi en otra toalla y la hizo sentarse al lado de su hermana.
Tenía muchas preguntas que hacer, pero sabía que las criaturas no le darían ninguna repuesta.
—¿Obito está con tu padre?
—Papá dijo que de ahora en adelante, él tendrá que cazar para alimentarnos. Por eso, Obito no podrá venir más con nosotras.
—Dime dónde viven ustedes. ¡Y, esta vez, no voy a aceptar evasivas! -
Izumi abrió los ojos, aterrorizada. — Pero papá...
Levantándose, Hinata le acercó la mano, en un intento de tranquilizarla.
—Me voy a entender con tu padre. Tengo algunas palabras para decirle a un adulto que maltrata a niños. Quédense aquí. Cuando yo vuelva, buscaremos ropas limpias para ustedes.
Reticente, Izumi explicó cómo encontrar el chalet donde vivían. Después de abrazar a las dos niñas, Hinata descendió.
En la cocina, dio órdenes a Koharu:
—Dales ropa limpia a las dos y sírveles las tortas. — Irguiendo un dedo, agregó: — Y trátalas muy bien, pues quiero a las niñas y mucho.
Tomó el cuchillo más grande que había en la cocina, y la guardó en su bolso y salió.
Naruto cabalgaba en dirección al chalet, preguntándose porque se había ido a Konoha, si desde el momento en que pusiera los pies en su casa, sólo había pensado en Myōboku... y en Hinata. Desistió de analizar sus propios sentimientos, luego llegó a quedar con un dolor de cabeza, de tanto intentar comprender el deseo obsesivo que sentía por su esposa.
Y, como había sido inútil intentar resistir, se dijo a sí mismo que no era importante.
La aparición de Homura en el camino fue una gran sorpresa. El criado estaba ridículo, montando una mula marrón y los pies arrastrando en el suelo. Al verlo Naruto, lo notó agitado.
—¡Ella se fue! — gritó. — ¡Ella fue por el muchacho!
Naruto empujó las riendas del garañón.
—¿De qué estás hablando?
—Mi lady fue a buscar al niño. Ella está corriendo peligro.
La mente de Naruto registró dos palabras importantes: mi lady, que significaba Hinata, y peligro.
—Yo la seguí. Nada le pasaría a ella, si yo estuviera cerca, pero me asusté y vine a buscarlo.
Naruto se dio cuenta de que la presencia constante de Homura cerca de Hinata era la manera que el criado había encontrado para protegerla. Ella había conseguido conquistar hasta aquella alma simple, de expresión ruda y corazón blando.
—¿A dónde fue? - preguntó.
Homura explicó la localización del chalet y Naruto partió sin demora. Conocía bien el bosque y no tuvo dificultad en encontrar el lugar. Avistó el chalet desde lo alto de una pequeña colina. Decidiendo que sería más seguro aproximarse a pie, desmontó.
No vio la menor señal de Hinata. A medida que se aproximaba, un hombre enorme apareció. Entonces, la voz de Hinata hizo eco entre los árboles:
—¡Obito!
En aquel momento, ella salió de detrás del chalet y se encontró con el sujeto. Desde donde estaba, Naruto no distinguía las palabras intercambiadas por los dos, pero percibió que la conversación no era nada agradable. Hinata se dio vuelta para llamar a Obito.
Naruto comenzó a correr. El hombre se aproximaba Hinata, por la espalda, con un puño cerrado levantado en el aire. Desesperado, Naruto gritó. Hinata se dio vuelta, pero ya era tarde. El sujeto la golpeó de lleno y ella cayó al suelo.
El hombre levantó los ojos, en busca de quien había gritado. Con rapidez sorprendente, se agachó y tomó una piedra. En seguida, se apostó junto al cuerpo inerte de Hinata y gritó:
—¡Salga de aquí y deje mi familia en paz!
Naruto continuó corriendo directamente hacia él. Él otro asumió una postura defensiva, pero no consiguió intimidarlo. Percibiendo que Hinata no se movía, Naruto desenvainó la espada.
—Apártese o lo mato - advirtió.
Los ojos enrojecidos se estrecharon, antes que el gigante se lanzase hacia Naruto. Con agilidad, Naruto esquivó el ataque y lo golpeó en la espalda.
En aquel momento, otra voz los distrajo:
—¡Vos mataste a mi lady! —un muchacho gritó, corriendo hacia el hombre. — ¡Vos la mataste! Te Odio! ¡Voy a matarte!
Sin demostrar la menor perturbación, el sujeto simplemente empujó al niño lejos.
Furioso, Naruto se preparó para luchar de verdad.
—Es muy valiente con las mujeres y las criaturas — dijo. — Quiero ver como si sabe comportarse como un hombre de su tamaño.
El otro usó una navaja para defenderse, pero en un momento de distracción, fue golpeado en la cabeza por el cabo de la espada de Naruto. Después de mirarlo aturdido el hombre cayó, inconsciente.
En el mismo instante, Naruto se arrodillaba al lado de Hinata. Sólo entonces, ella abrió los ojos.
—Hinata.- él murmuró.
—Naruto. — Ella habló e irguió una de las manos para acariciarle el rostro. Entonces, su sonrisa se hizo más grande. — ¡Obito!
Naruto se dio vuelta para ver que el niño también se arrodillaba al lado de ella.
—Pensé que él la había matado — Obito susurró. Hinata rió.
—Vos debería saber que no es tan fácil matar a una bruja.
Extendiendo la mano, ella le levantó la túnica, descubriendo marcas y cicatrices idénticas a las de sus hermanas. Viendo las señales de malos tratos, Naruto encaró a Hinata, quien le explicó:
—Vine a buscar al niño para llevarlo a casa.
—¡No voy con vos! ¡Cuando papá se despierte va a estar furioso! Hinata se sentó, masajeándose las sienes.
—Vos no estarás aquí cuando él despierte. Nunca más pondrás los pies en este lugar.
En aquel momento, Homura apareció, jadeante. Al encontrarse con el trío, sonrió.
—¡El señor la encontró!
Naruto asintió y, entonces, apuntó al grandulón.
—Cuida de él. Llevaré a lady Hinata a casa. Tomando a Hinata en sus brazos, se dirigió a Obito:
—Toma las riendas del caballo. Espero que seas tan bravo con los animales como fuiste con tu padre, pues Tarsus desprecia a los cobardes.
El niño le lanzó una mirada resentida antes de obedecer Acomodando a Hinata en la silla, Naruto se dio vuelta para hablar con él:
—No sé porque ella quiere llevarte a casa, pero sé que ella se arriesgó mucho para venir a buscarte. Mientras yo no tenga algunas repuestas, vendrás conmigo.
Obito asintió sin protestar y permitió que Naruto lo levantase del suelo y lo colocase sobre el garañón.
—Ya lo sé — Naruto le dijo al caballo al tomar las riendas y conducirlo a Myōboku. - Las mujeres y las criaturas no son tus favoritos.
—¿Qué diablos pensabas que estabas haciendo? — Naruto inquirió, al acomodar a Hinata en la cama.
Había Insistido en cargarla hasta el cuarto, a pesar de las protestas de ella, lo que garantizaba que estaba bien. Ahora, Hinata lo observaba con reservas y decidió mantenerse callada.
—El sujeto es un animal y estaba bebido — él continuó. — Podría haberte matado.
Hinata bajó los ojos hacia sus manos, que se aferraban a los cobertores. Naruto pensó que ella parecía una criatura, arrepentida de alguna travesura cometida. Entonces, se corrigió: ella jamás se parecería a una criatura, con los cabellos sueltos y revueltos, los labios sensuales y los ojos grisáceos.
—¿Quien es el niño? - Naruto preguntó, sentándose al lado de ella.
—Obito.
—Ya sé el nombre de él. Quiero saber porque fuiste a buscarlo.
—Sus hermanas me contaron que Obito estaba con su padre y yo tenía que sacarlo de allá.
—Entonces, ¿sabía que el sujeto es un monstruo?
—Sabía que maltrata a los hijos. No me imaginé que haría lo mismo conmigo.
Naruto suspiró, exasperado. —No sé si sos demasiado inocente, o muy tonta. Si Homura no te hubiese seguido... — dejó de hablar, incapaz de continuar criticándola. — Debe estar precisando un baño. Si estás con hambre, le pediré a Koharu que traga comida al cuarto. Volveré luego.
Los efectos del miedo que Naruto había sentido al verla herida tornaron su voz brusca, pero en verdad no conseguía sentirse realmente enojado con Hinata. Todavía no había comprendido exactamente qué había acontecido, pero lo que más lo intrigaba era su propia reacción.
No era del tipo que se dejaba perturbar por una pelea. Al contrario, su calma ante el enemigo era legendaria. Aún así, se había sentido completamente diferente al ver a Hinata ser golpeada por el sujeto insano. Naruto había luchado por su propia vida innumerables veces, pero nunca antes había luchado como en aquel momento.
Había luchado por Hinata y, por primera vez en su vida, había sentido una emoción hasta entonces desconocida: pánico.
Tales eran sus pensamientos que le ocupaban la mente, cuando entró a su propio cuarto. Fue recibido por un coro de gritos estridentes. Se dio vuelta, asustado, se encontró con dos rostros aterrorizados. Las niñas se aferraban una a la otra, pareciendo desesperadas.
—Qué diablos... — comenzó, pero cambió de idea. — ¡Hinata!
Hinata apareció en la puerta inmediatamente, y las dos corrieron hacia ella.
—Izumi, Rin, cálmense — dijo, antes de levantar los ojos hacia Naruto. — Estas son las hermanas de Obito.
—¿Qué están haciendo en mi cama?
—¡Habla bajo, por favor! – Hinata le advirtió, pues las niñas ya habían vuelto a llorar.
Como si la situación ya no fuese lo suficientemente confusa, Koharu escogió justamente aquel momento para entrar, arrastrando a un airado Obito por el brazo.
—¡Paren con el llanto! - el niño comandó. —Este es el hombre que salvó a lady Hinata.
—¿La salvó de quien? — Izumi preguntó.
—De papá. Ella estaría muerta, si este hombre no hubiese derribado a papá.
—¿Él derribó a papá? - Rin indagó, con los ojos abiertos.
Naruto se sintió ridículo por la satisfacción que lo invadió, ante aquellas miradas de admiración.
—Él estaba bebido - murmuró. -¡Él golpeó a papá en la cabeza con el cabo de la espada! — Obito declaró, riendo. .
—¡Obito!
Hinata lo censuró, fingiéndose ofendida.
—Bien, fue lo que pasó — el niño dijo.
—Todo esto es muy interesante, pero todavía no sé que estaban haciendo ellas en mi cama - Naruto señaló.
—Estábamos durmiendo — Rin respondió con simplicidad.
— Eso ya lo sé — él retrucó, ligeramente irritado, especialmente con Hinata, que parecía una gallina, cercada por sus pollitos. — Quiero saber por qué:
Los labios de la niña comenzaron a temblar.
—¡No me quiere!
Frustrado, Naruto se pasó la mano por los cabellos, lanzando a Hinata una mirada de súplica. Ella asumió el comando de la situación:
—Tonterías, Rin. Lord Naruto está sorprendido y confuso. Le explicaré todo a él. Ahora, bajen con Koharu. Ella les va a calentar leche para ustedes.
—Ella no me gusta. ¡Ella es fea!
Hinata percibió la mirada furioso de la criada.
—No se dice una cosa de esas a nadie —declaró con severidad. — Traten de obedecerme. Dentro de algunos minutos, estaré con ustedes, allá abajo.
—Ven, Rin — Izumi llamó a su hermana, aunque ella misma no pareciese tranquila en relación a Koharu. — Lady Hinata no permitirá que nada malo nos pase.
Cuando Obito se preparaba para seguir a sus hermanas, Hinata lo tomó por la camisa.
— Vos quédate, Obito. Primero, vas a tomar un baño. Después, podrás bajar. – Percibiendo que el niño iba protestar, irguió un dedo y agregó: — A menos que desees que yo permanezca aquí, para asegurarme que obedeces mis órdenes. No te sentarás a mi mesa, si no estás perfectamente limpio.
Obito se aproximó a la tina y espió el agua.
—Está perfumada - declaró, contrariado.
—Traeré un jabón sin perfume. Y trata de lavar bien los cabellos y detrás de las orejas. Deja la ropa sucia con Koharu.
Él revoleó los ojos, pero no dijo nada.
Perdiendo la paciencia, Naruto tomó a Hinata por el brazo y la llevó al cuarto de ella.
—Ahora, me vas explicar todo.
Hinata le contó toda la historia, desde la primera torta robada, hasta el motivo por el cual las niñas habían dormido en la cama de él. Naruto oyó todo, pacientemente, sintiendo que la irritación se disipaba. Lo que vino después fue sorpresa y cierta admiración. Hinata había demostrado gran coraje en defensa de las tres criaturas.
—¿Y qué pretendes hacer con ellos ahora? - preguntó.
—Para ser sincera, no pensé en eso, pero creo que ellos deberían permanecer aquí, conmigo.
Él frunció el ceño.
—Lo que no es una solución práctica.
Si la historia de cómo ella había salvo las criaturas lo había sorprendido, fue un verdadero shock ver la determinación en el semblante de Hinata ahora.
—No voy a mandarlos de vuelta con su padre. Vos mismo dijiste que el hombre es un animal.
—¿En cuanto a la madre de ellos?
—Izumi me dijo que la madre murió hace años. Los tres vivían solos con ese borracho.
— Tienes razón—Naruto acordó. — Ellos no pueden volver allá.
—No causarán problemas aquí. Voy enseñarles a realizar tareas diarias, de manera que no se vuelvan un problema para nadie.
—Está bien, pero no quiero problemas... — Naruto comenzó a hablar, pero fue interrumpido cuando Hinata se tiró en sus brazos:
—¡Ah, gracias! ¡Gracias! - ella le dijo efusivamente, mientras mantenía los brazos en torno al cuello de él; —.Juro que no te arrepentirás.
El efecto de tal demostración de gratitud le pegó a Naruto con intensidad. Los ojos de Hinata brillaban y él no la veía sonreír, de aquella manera desde que la había conocido en Byakugan.
La única cosa que él deseó, en aquel momento, fue besarla. Sin embargo, tan fuerte como su deseo, era su resistencia a perdonar la traición. Aquella era la Hinata que él había perdido, con su rostro franco y sonrisa clara, que le despertaba sentimientos que había juzgado enterrados para siempre.
Como si tuviesen voluntad propia, sus manos la tomaron por la cintura. Naruto quería decirle algo cruel, para apagar aquel brillo espontaneo en el semblante de ella. Al mismo tiempo, se sentía fascinado, justamente por aquella espontaneidad.
La necesidad de llevarla a la cama y hacer el amor con ella era urgente. Sin embargo, Naruto sabía que, si permitía que sus sentimientos asumiesen el control, estaría perdido. No haría el amor como un marido que exige satisfacción de su esposa, sino como un amante enamorado.
Lentamente, se desprendió de los brazos delicados, todavía en torno a su cuello y, con una puntada de dolor, vio el brillo desaparecer de aquellos ojos magníficos.
Recomponiéndose, Hinata murmuró.
—Voy a decirle a las criaturas que pueden quedarse aquí.
Naruto se sintió aliviado cuando ella salió del cuarto. Demoró algunos instantes para volver a respirar normalmente.
Entonces, fue a apresurar a Obito en su baño, pues precisaba desesperadamente estar a solas.
Naruto pasó el resto del día en el establo. No había mucho que hacer allí, pero hasta el mismo ocio era mejor que la confusión reinante dentro de la casa. De a ratos, él oía las protestos airadas de Obito. Más tarde, el barullo de ollas cayendo y la voz irritada de Koharu indicando problemas con la cena.
La reacción provocada por el abrazo de Hinata no le había agradado ni un poco. Si fuese totalmente honesto consigo mismo, tendría que admitir que había quedado profundamente perplejo por lo que había sentido.
La pasión qué tenía por ella era admisible, Hinata era la mujer más deseable que él hubiera visto. Sentimientos tiernos, sin embargo, eran simplemente incomprensibles. ¿Cómo podía olvidarse, por un instante siquiera, de lo que ella había hecho?
Con un suspiro, decidió que estaba demasiado cansado para examinar la cuestión aquella noche. Ya era tarde para volver a Konoha y la casa estaba bastante quieta, lo que indicaba que la situación se encontraba bajo control. Después de una buena noche de sueño, ciertamente sería más fácil comprender los propios sentimientos.
Alguien había encendido la chimenea en su cuarto y la puerta de Hinata se encontraba abierta. Descubriendo que el cuarto de ella estaba vacío, Naruto fue a espiar por la puerta entreabierta del tercer cuarto.
El aposento estaba iluminado por una única vela. En la cama Obito dormía, a su lado la hermana mayor, formando una escena conmovedora. Sentada en una silla, Hinata acunaba a la más chica, cantándole bajito.
Cuando Naruto atravesó el cuarto, Hinata levantó los ojos y llevó un dedo a los labios, pidiéndole que hiciese silencio. Entonces, ella intentó levantarse, pero encontró dificultad ya que tenía a la niña en sus brazos. Sin vacilar, Naruto tomó a Rin en sus brazos y la acomodó junto a sus hermanos.
Inmediatamente, Hinata se puso a acomodar los cobertores. Antes de concluir la tarea, levantó la falda de Rin e hizo una mueca de dolor.
—¿Cómo alguien puede maltratar a una criatura inocente? - susurró.
Naruto se dio vuelta hacia ella, sorprendido con el comentario. Hinata miraba a la muchacha, con una mezcla de piedad y rabia. Apenas se daba cuenta de la presencia de él, pues estaba perdida en sus propios pensamientos.
Una puntada de dolor le acertó. En aquel momento, él casi creyó estar equivocado sobre ella. Finalmente, eran palabras extraordinarias en los labios de Hinata, que lo había usado, lo había mandado a colgar y que casi lo había quemado vivo.
Aún así, ella hablaba con tanta sinceridad, sin el menor esfuerzo para despertar en él alguna reacción. No lo miraba de reojo, ni emitía un suspiro dramático. Simplemente, había hablado conmovedoramente.
Hinata entonces lo miró, y sonrió. Y Naruto vio a la Hinata que había encontrado en el jardín, aquella primera noche: simple, honesta e inocente.
El nudo en su pecho se tornó mayor. ¡Qué tonto era! Como sentía la falta de aquella Hinata, la mujer que le había robado el corazón. Jamás admitiría ante nadie que la amaba. Pero era la pura verdad. Y había sido eso justamente lo que había transformado su vida en una pesadilla sin fin.
Hinata se encaminó a la puerta y, entonces, paró para esperarlo. Por centésima vez, Naruto se preguntó qué le pasaba. La rabia que lo había alimentado durante meses parecía haber muerto. En su lugar, quedaba la más pura necesidad de estar con Hinata.
Salió del cuarto y cerró la puerta. Su esposa lo esperaba en el corredor. Sin decir nada, él la tomó por el brazo y la llevó a su cuarto. Hinata abrió la boca para hablar, pero no tuvo a oportunidad, pues los labios de Naruto se posaron sobre los suyos, con violencia.
Poco a poco, el beso se fue volviendo tierno y suave y, como siempre, ella se entregó de cuerpo y alma, haciéndolo sentirse como el más afortunado de los hombres.
Naruto se descubrió queriendo más y más. Penetrarla, poseer su cuerpo no era bastante, pero él no sabía decir que más le faltaba.
De repente, fue tomado por un miedo irracional y, como un hombre ahogándose, que reúne las últimas fuerzas en el intento de subir a la superficie se apartó de ella.
—No voy a presionarte esta noche —declaró, de espaldas a Hinata. —Tuviste un día difícil. Ve a tu cuarto.
Ella no se movió.
—Pero...
—¡Fuera!
Cuando se quedo solo, Naruto se descubrió deseando que Hinata se hubiese quedado. No era buena compañía aquella noche, ni aún para sí mismo.
Hinata despertó invadida por un sentimiento perturbador e indefinible. Momentos después, todo quedó claro en su mente. Sabía que Naruto ya había partido.
El vacío que ya le era familiar se anidó en su pecho. Sabía que debería estar feliz con la partida de su marido, pero era siempre así, después de las visitas de él.
Cuando Naruto estaba allá, era una agonía estar cerca de él, ser abrazada por él, al mismo tiempo en que él se mantenía frío y distante. Pero, cuando Naruto se iba un fuerte sentimiento de derrota se apoderaba de ella.
Sintió que algo se movía en la cama y se dio vuelta, sobresaltada. En aquel momento, Rin abrió los ojos y exhibió una sonrisa somnolienta.
—Tuve una pesadilla - habló.
—¿Con qué soñaste? - Hinata preguntó, acogiéndola en sus brazos.
—No me acuerdo.
—Bien, ya pasó y el sol ya salió. Las Pesadillas no son reales. Acuérdate siempre de eso. Los sueños no pueden hacerte ningún mal.
La ironía de tales palabras la golpearon con gran fuerza. Se dijo a sí misma que había mentido. Los sueños pueden causar males terribles.
Menma hizo una mueca al mirar al chalet, ya se había olvidado de cuan sombrío era el lugar. Se preguntó como la pequeña perla estaría viviendo allí. La cuestión le llenó el corazón de dudas. ¿Estaría siendo tonto? Naruto, ciertamente, diría, que sí.
Homura tomó las riendas de su caballo y le dijo a Menma que encontraría a Hinata en el salón. Poniéndose el equipaje al hombro, el sacerdote entró a la casa.
Hinata estaba sentada junto a la chimenea, cosiendo. Menma esperó un instante, para controlar su propia reacción. Ella parecía tan solitaria y aislada... exactamente como Naruto había planeado y él mismo acordara.
Muchas cosas habían cambiado en Menma desde entonces. Nadie lo notaría por su apariencia, pero su alma pasaba por una lenta transformación… Y, en el centro de ese proceso, estaba el sentimiento de culpa en relación a Hinata.
Menma había rezado por repuestas, pero no había encontrado ninguna, apenas la necesidad urgente de visitar a su cuñada. Y un propósito que él no comprendía se había tornado imperativo.
Bien, tenía que esperar que fuese inspiración divina. De lo contrario, enfrentaría problemas con Naruto, en caso que él lo descubriese. Su hermano había dejado claro que nadie debería interferir en sus planes en relación a Hinata. Además de eso, Menma dudaba que el comentario sobre salvar el alma de ella fuese sincero.
Respirando profundo, se adelantó en dirección a Hinata. El sonido de sus pasos hizo que ella levantase los ojos. Hinata no escondió la sorpresa al verlo. Se levantó de pronto, rígida, como si se estuviese preparando para recibir una mala noticia.
—Menma – lo saludó vacilante.
—Cálmate, mi lady. No vine como su hermano, sino como sacerdote.
—¿Sacerdote? — ella repitió, incrédula.
—Bien, soy un sacerdote, aunque no venga actuando exactamente como tal. Para ser sincero, nunca me importó eso antes, pero últimamente comencé a darme cuenta de mis responsabilidades.
—¿Y viniste hasta aquí para ser mi sacerdote? Hinata inquirió con un extraño brillo en la mirada.
Dándose cuenta de que, probablemente, ella creía que él se estaba burlando de ella, Menma suspiró y explicó:
—Fui prometido a la iglesia al nacer. Lo que no es extraño, pues es común que algunas personas sean destinadas a la religión. El problema era que yo no me sentía inclinado a ir al monasterio. Prefería cazar con mis hermanos y disfrutar de mi vida. Pero el dinero compra cualquier cosa y, así, no fue difícil conseguir llevar una vida relativamente normal junto a mi familia. Nunca me importó mi falta de atención para con mi profesión hasta ahora. Simplemente, no había conseguido vivir en paz con el hecho de que hayas sido obligada a vivir aquí, sin el beneficio de una... orientación espiritual.
—¿Y qué te hace pensar que preciso de orientación?
—Todos nosotros tenemos necesidades espirituales, mi lady. Voy a usar aquella mesa.
Se dirigió a la mesa en un rincón del salón, abrió el saco que tenía al hombro y saco el mantel del altar, velas, cáliz, crucifijo y Biblia.
Hinata asistió impasible, mientras él preparaba el altar improvisado. Cuando Menma terminó, ella preguntó:
—¿Naruto sabes que estás aquí?
—No.
—¿Por qué debería creerte? Después de todo, vos participaste de mí... secuestro, tanto como él.
—No tiene ningún motivo para confiar en mí, ni tampoco por el hecho de que yo sea sacerdote.
—Conozco sacerdotes cuya lealtad espiritual no es más que su naturaleza humana. Vos continuas siendo hermano de Naruto.
—Es verdad, pero soy un hombre honesto. Además de eso, nunca seguí a Naruto con lealtad ciega.
—Si Naruto no te mandó aquí... ¿Fue Dios quién te envió?
Menma sonrió, en vez de responder.
—Muy bien. ¿Qué quieres?
—Voy a rezar la misa. Pretendo almorzar antes, pero excepto por una comida rápida, estaré desocupado... y estaré disponible para oír tu confesión.
Hinata se puso las manos en la cintura, hirviendo de rabia.
— Es eso lo que quieres oír, mi confesión. Debes estar curioso por saber cómo traicioné a mi marido, como me uní con mi familia cuando pensé que él había muerto. Creo que vas a quedar decepcionado, pues no diré nada de eso.
Giró sobre sus talones, determinada a salir de la sala, pero Menma la tomó por el brazo.
—Hinata, escucha. Te dije que vine como sacerdote, no como el hermano de Naruto. Es verdad. Vos sabes que tengo prohibido traicionar el secreto de confesión. Lo que me digas quedará entre nosotros dos. Pero no puedo permitir que lo que vos me digas me influencie como persona. Si dices que tienes culpa, tendré de olvidar que oí tal admisión de tu pecado... Si fueras inocente, no podré hacer nada para ayudarte, en tu actual situación.
Percibiendo que ella le prestaba atención, agregó: — Hinata, no. puedo ayudarte con Naruto. No fue para lo que vine. Por otro lado, tampoco puedo hacerte mal. Nada de lo que me digas en el sacramento de la confesión hará cualquier diferencia, excepto para Dios.
—Vos crees en mí - dijo de repente, con labios temblorosos y ojos nublados por lágrimas. — Sabes la verdad.
Menma le soltó el brazo y se dio vuelta.
—Ya dije que no fue por eso que vine.
—¡Pero me crees!
Él se dio vuelta para mirarla, esforzándose para enfrentar la esperanza que brillaba en aquella mirada. ¿Sería capaz de creer que aquel rostro ingenuo escondía un corazón frío y calculador?
—Muy bien. Lo admito. Al principio, creí que Naruto estaba en lo cierto. Sin embargo, la nobleza de espíritu con que vos enfrentaste la venganza de mi hermano me persuadió de que nos equivocamos al acusarte.
Con un sollozo, Hinata se tiró en sus brazos. Menma se recuperó de la sorpresa deprisa y la abrazó, sintiendo una extraña paz invadirlo. Cuando los sollozos cesaron, él habló con voz suave:
—Ahora retírate y reflexiona sobre tus pecados. Oiré tu confesión cuando estés lista.
Entonces, subió al cuarto que ocupara en su otra visita a Myōboku. Esperaba que Hinata precisara algún tiempo para pensar, pues él tenía mucho por lo que rezar…
Una brisa suave atravesaba el salón del Castillo Brenton, agitando las llamas de las velas. Las sombras en las paredes danzaban, formando imágenes fantasmagóricas. Shion Hyūga Morino fijó sus ojos en los espectros, cuando su marido eructó.
— ¡Diablos! — él exclamó, mientras usaba una de las manos para limpiarse la boca y posaba la otra sobre su vientre protuberante.
Shion le lanzó una mirada de repulsión, que su marido ni percibió.
—Bella cena — él comentó, a nadie en particular. Uno de sus invitados, un sujeto cuya sonrisa exhibía la falta de varios dientes, soltó una risa alta y estridente.
Exasperada, Shion empujó su plato y se levantó. Chūkichi Morino, conde de Brenton, miró a su esposa.
—¿Te vas a costar, mi amor?
—Sí.
Ella miró por encima del hombro de su marido a Deidara, que asintió, indicando que había comprendido la señal.
—Creo que voy a acompañarla — Chūkichi declaró, poniéndose de pie. A su lado, el camarada desdentado se volvió a reír de manera afectada.
—Voy a caminar por el jardín antes de me retirarme a descansar.
Shion habló rápido, sabiendo que su esposo detestaba cualquier tipo de ejercicio.
—En ese caso – Chūkichi dijo, dejándose caer en la silla —, voy a beber más cerveza.
Shion salió del salón con pasos rápidos, asegurándose que Deidara hacía lo mismo.
—Madame — una criada la llamó. — Hay un visitante buscándola. Está esperando allí.
Shion miró en la dirección indicada. Un hombre alto, de cabellos castaños, se encontraba parcialmente escondido en uno de los arcos, a la salida del salón. ¡Taruho! Un escalofrío de expectativa le recorrió la espina.
Haciendo una señal para que Taruho la siguiese, salió al corredor, donde Deidara ya estaba a su espera.
—Ah, ma cherie, vos...
Shion levantó la mano, exigiendo silencio. Detrás de ella, el extraño atravesó la habitación.
—Lady Shion — él la saludó con una sonrisa.
—¿Alguna noticia? - ella inquirió, sin preámbulos
—Lord Naruto continua en Konoha. Lady Hinata es mantenida aislada.
Shion sonrió.
—¡Ah, muy bien! – Se permitió un momento, para saborear las buenas nuevas. Entonces se dio vuelta hacia Deidara. — ¿No es maravilloso? ¡Imagina la infelicidad de los dos!
—¿Vas a dejarlos en paz? —Deidara preguntó sorprendido.
—Por ahora, pero no para siempre. Debo trazar mis planes cuidadosamente. Fui muy descuidada la otra vez. Ahora, voy a pensar con calma y actuar en el momento adecuado. — Se dio vuelta para dirigirse a Taruho. —Vuelve a Konoha y espera allá. Si algo interesante acontece, preséntate ante mí inmediatamente.
El hombre se inclinó y salió. Deidara se aproximó.
—¿Qué tienes en mente, ma petite?
Los ojos de Shion exhibieron un brillo helado.
—Todavía no lo sé, Deidara. Pero, cuando lo sepa, ten certeza de que será una idea gloriosa.
