DESPUES DE LA HISTORIA
CAPITULO 22
Abrió los ojos de forma débil.
El lugar estaba ligeramente iluminado y a lo lejos podía sentir una voz conocida, hablando al parecer, por teléfono.
― ¿Ju… min?
Expresó apenas audible, mientras trataba de levantar la mitad de su cuerpo, en aquella cama de hospital.
El nombrado notó su movimiento y cortó rápidamente su llamada, para centrarse en él.
― Despertaste… no sabes lo calmante que es. Los doctores temían un daño considerable.
V lo miró confundido.
No entendía a lo que se estaba refiriendo.
Pero justo cuando estaba a punto de preguntárselo, tuvo una lluvia de recuerdos.
Habían salido del hospital, junto con Saeran, para reunirse con los demás miembros de la RFA.
Todo parecía ir viento en popa, pero…
Una punzada le traspasó la mente al grado de tener que llevarse una mano a la cabeza.
― ¿Te encuentras bien? Llamaré al médico ―se le acercó Jumin, con notoria preocupación en su voz, para luego presionar el botón de llamada que tenía la habitación.
― No, no es necesario… ―trató de calmarlo, mientras posaba su mano en la suya para que dejase de presionar el botón de urgencia con notorio desespero―. Es solo que… acabo de recordar el por que volví a despertar en una cama de terapia intensiva… ―terminó su oración, suspirando con pesar―. ¿Puedes ponerme al tanto de lo sucedió después? Por favor, dime que no hay nadie lastimado, aparte de mí.
― Bueno, fue una situación difícil de controlar, pero milagrosamente no hubo bajas que lamentar ―le respondió Jumin, dejando ya el botón, para sentarse en el sofá de descanso, que tenía la habitación, para los familiares de los pacientes―. Luciel y Tú fueron muy confiados, creo que está de mas decirles ahora, que debieron haberme escuchado, sobre internar directamente a Saeran.
― Hum… lo lamento… ―dijo en una mezcla de alivio, pero también pesar, el turquesa, dejándose caer de nuevo en su cama, con la mirada fija en la nada―. Solo quería que Luciel tuviese la oportunidad de poder defender a su hermano y decidir que seria lo mejor para este. Fui tan estúpido al creer que eso sería lo correcto.
― Es posible, pero no te martirices por ello ahora. Luciel también tiene su parte de culpa con lo sucedido. Tu mismo lo dijiste. El decidió mostrar a Saeran, a pesar de los riesgos que esto conllevaba, según los pronósticos médicos ―le respondió Han, cruzándose de brazos en el asiento―. Viendo el lado positivo de todo este caos que sucedió, me dieron las pruebas factibles y la total razón, Luciel no pudo poner objeción alguna luego, para internar a Saeran en el lugar necesario para su tratamiento y recuperación, si es que lo tiene.
― ¿Transfirieron a Saeran… a un hospital psiquiátrico?
― Si, pero descuida, es un buen lugar. Nada parecido a esos manicomios de las películas, donde los pacientes están encadenados y son torturados.
― Me imagino… sé que tú nunca elegirías un lugar así para alguien a quien tratas ayudar ―V lo miró con cierta gracia ante su ocurrencia―. Sé como se ve un hospital psiquiátrico normal.
― ¿Lo sabes? ―preguntó Han con cierta sorpresa, que luego fue reemplazada por su tono de intuición―. Cierto, no lo había pensado, pero supongo que debiste acompañar a Rika antes, cuando intentó tratarse… se que es algo tarde para decirlo, pero lamento que no haya funcionado, no tengo dudas de que intentaste ayudarla.
― Creía que eso hacía, pero ahora, he llegado a concluir que tal vez yo, fui parte culpable en su decisión drástica…
― Deja de culparte. Soy consciente de que eres bastante indeciso y hasta cobarde, pero simplemente no puedo ver la conexión entre lo que tu hiciste, con el caos que provocó Rika y sus "nuevos ideales".
― ¿En verdad piensas eso? ―soltó apenas audible, V, cerrando sus débiles y operados ojos, con un tono de voz, imposible de describir―. No se aun como me tienes en alta estima, a pesar de que ahora sabes todos mis pecados.
― ¿Qué humano en la faz de la tierra está libre de pecado? ― Jumin sonrió con pesar, para luego levantarse, como si recordase que aún tenía cosas que hacer―. Además, somos amigos. Es en momentos de crisis como esta, que se puede medir que tan fuerte y tangible es una amistad. No tengo duda de que tu harías lo mismo en mi lugar…
Se detuvo en sus palabras, al notar que V había vuelto al país de los sueños, ante su notoria debilidad.
― Descansa, mi buen amigo.
Salió del lugar, luego de decir esa ultima oración, dejando a los guardias en la entrada.
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Llegó a su guarida, casi a media noche.
Apenas cerró su portón y verificó que todas sus entradas seguían bien bloqueadas y sin ninguna novedad, se quitó su chaqueta y caminó de forma zombie hasta la habitación donde estaba su cama.
Se dejó caer, chocando su cara directamente contra su almohada, haciendo que sus lentes saliesen volando por el efecto de acción y reacción.
Fue luego de segundos, que se volteó, para ver en la oscuridad de su techo.
Suspiró cansado, al notar que su cerebro lo seguía martirizando con los recuerdos de ese día reciente.
Casi podía escuchar los gritos de la coordinadora, forcejeando con Saeran.
¿Por qué no había reaccionado antes?
¿Por qué siempre terminaba paralizado?
"…nunca pensé que podías llegar a ser el tipo de escoria que abandona a sus amigos con tal de salvar su propio trasero..."
"¡Yo me he sentido culpable desde el momento en que lo supe! ¿pero tú? ¿es que solo importan tus sentimientos? No, ni siquiera parece importarte eso, solo quieres creer que todo lo que sucede a tu alrededor es culpa de otros y poco o nada tuya, cuando no es así. Por eso llorabas en la fiesta, ¿verdad?".
Se refregó los ojos con su antebrazo, como si tratase de ocultar la culpa.
― ¡No, te equivocas! Lo siento, en verdad lo siento mucho ―murmuró con la voz quebrada, mientras se ponía de costado y su mirada se llenaba de angustia―. Sé que soy una basura… pero no sé como puedo dejar de serlo… perdónenme, Yoosung… coordinadora… Saeran… en verdad lo siento…
Se levantó de golpe, para sentarse en la orilla de su cama, con la postura jorobada, mientras se restregaba los ojos con sus manos, para siquiera provocarse lagrimear, ya que no podía llorar de forma natural.
Si no había lágrimas, es porque en realidad no lamentaba nada de lo sucedido.
Y si no lo lamentaba de verdad, entonces la coordinadora tenía razón. Sus lágrimas en la fiesta, solo habían sido lágrimas de cocodrilo, para conseguir una exoneración de la culpa, y cuando la tuvo, ya no sintió nada más.
Era un maldito egoísta y una insensible persona.
Una horrible persona que no dudó en dejar a su hermanito menor con una alcohólica violenta, con la esperanza de que dos jóvenes a los que solo conocía su lado bueno, pudiesen cuidarlo como él lo hacía.
Incluso Vanderwood se lo había mencionado en el pasado, cuando recién lo conoció.
Que no confiase ciega y totalmente en alguien que se negaba a mostrarle pruebas, por que quien hace lo correcto, no teme mostrarlas.
Pasaron minutos desde que empezó a martirizarse, cuando el celular sonó.
Lo sacó de su bolsillo al instante, mas se quedó perplejo al ver que se trataba de un número no agendado en sus contactos.
Su instinto de paranoia, lo hizo levantarse de golpe, para correr a la computadora que tenia cerca y cerciorarse que no se trataba de alguna distracción mientras alguien intentaba infiltrarse en su escondite.
La llamada se perdió.
Pero a los segundos, el mismo número desconocido volvió a llamar.
Luego de una fracción de segundos, se decidió contestar, con la leve esperanza de que tal vez sea Jumin, que paraba cambiando de móvil con frecuencia.
― ¿Sí? ―emitió de forma seca, mientras volvía a sentarse en su cama.
― Buenas noches, ¿hablo con el señorito Luciel? ―se escucho la voz amable, pero a la vez firme, de un hombre.
― ¿Quién habla? ―preguntó algo preocupado el pelirrojo, dibujando una expresión de desconfianza en su rostro.
― ¿Qué quien soy? Bueno, supongo que lo olvidó, soy el Doctor Cha ―le respondió con un ligero aire de gracia, el extraño―. Usted estuvo hace unas horas en nuestra casa de descanso…
Seven se volvió a levantar, para buscar sus lentes, al recordar al parecer, de quien se trataba el desconocido.
― ¿Hola? ¿Es usted el señorito Luciel? Oh… creo que me he equivocado de número, disculpe usted… ―siguió hablando el hombre un tanto apenado al ver que no tenia la respuesta que esperaba.
― No, soy Luciel, siento tardar en reaccionar, es solo que me encontró desprevenido. Ya recordé quien es ―aclaró el rojizo, mientras que, con su mano libre, revisaba su chaqueta que había tirado en el suelo, para sacar de ella la tarjeta de presentación que le había dado en asistencia, sobre tal doctor, y que le habían sugerido que añadiera a sus contactos―. Pero… ¿es normal que los médicos te hablen a una hora tan avanzada de la noche? ―señaló con desconfianza, al notar que faltaba unos pocos minutos para la media noche.
― Hum, comprendo su desconfianza ―le respondió sin ofenderse, aquel médico―, y se podría decir que si, que no es normal que un médico te llame a la mitad de la noche, pero yo tampoco soy un médico normal… ¿puede creer que somos mas temidos que los médicos especializados en oncología? En fin, me reconforta saber que no me equivoqué de número…
― ¿Hay algo importante que deba decirme con respecto al paciente que dejé en sus manos o solo está llamándome para presentarse? Estoy ocupado y preferiría omitirlo, si es eso ultimo―le interrumpió Luciel, sintiendo que no tenia ánimos para escucharlo.
― Digamos que es una combinación de ambos ―le respondió amable el doctor, a pesar de la respuesta molesta que le había dado―. El paciente que usted y el señor de esmoquin nos dejaron se encuentra estable, dejaremos que duerma sin molestarlo por ahora. Ya mañana lo integraremos al grupo. Estará bien, de eso no lo dude, señorito Luciel. Enviaremos un resumen de lo que haya hecho en su recuperación, día tras día. Por cierto, ¿quiere que el reporte que le enviemos sea por este medio, o prefiere un correo electrónico? Si prefiere este último, nos tendrá que adicionar ese dato. Según la asistente que los atendió, solo dieron sus nombres, sin apellido. Y este número. Ninguna otra información adicional.
― Y prefiero que se quede así. Es lo básico que necesita para hacer su trabajo ¿no? ―dijo 707, con notorio hartazgo en su voz, al notar su insistencia en seguir hablándole―. Envíeme su reporte por mensaje a este número. Si eso es todo, voy a colga…
― Desafortunadamente, necesitaré mas datos, para realizar mi trabajo de forma eficiente, señorito Luciel ―esta vez fue el doctor quien lo interrumpió al notar su intensión, pero manteniendo su voz amable con gran estabilidad y calma―. Sé que debe tener sus motivos para no querer proporcionarnos mas información personal. Ya no insistiré en el tema. Pero… para que pueda acercarme y tratar a su hermano menor, necesito saber toda la información emocional que pueda brindarme, no solo él, sino usted…
― ¿Cómo sabe que es mi hermano menor? ¡¿Estuvo buscando información por su cuenta?! Eso no es profesional de su parte ―se quejó el rojizo, ante sus palabras.
― No fue necesario buscar en otro lado. No estuve presente, en la entrega, pero pude verlo retirándose a lo lejos, y cuando vi al paciente, no me quedó dudas del parentesco y similitud que tienen físicamente…
― ¿Por qué me menciona todo esto entonces? ¿A dónde pretende llegar? ―inquirió, ya todo fastidiado, en especial por que a pesar de como le respondía, este no se mostraba afectado.
― Lamento si lo estoy incomodando. Tal vez prefiera que sea directo… bien, lo seré. Todos los pacientes que tenemos, por naturaleza tienden a tener una relación conflictiva con sus familias y cercanos. Tenemos como prioridad ayudar a nuestros pacientes a superarse, pero tampoco dejamos de lado a sus familias, ya que de nada serviría soltar una hermosa pintura restaurada, si la van a poner en la misma pared fétida y mohosa de donde la sacaron. Todo nuestro esfuerzo, seria en vano. Así que lo ideal, es que también restauremos la pared.
― ¿Esta insinuando que soy mala influencia para mi hermano, sin siquiera conocerme?
― No, no lo definiría como mala influencia, mas bien, persona de poco apoyo. No dudo que usted aprecia a su hermano. Con todas las especificaciones y pedidos que dejaron en asistencia, no me cabe la menor duda. Pero, señorito Luciel… usted, también sufre con todo esto ¿verdad? Debe sentirse abrumado y triste, o incluso molesto.
La voz del doctor en esas ultimas oraciones, por alguna extraña razón hicieron que algo dentro suyo sintiese un golpe.
Pero no un golpe, que lo incitara a defenderse, todo lo contrario, sentía ganas de desmoronarse.
― ¿Eh? ―fue lo único que logró articular, tratando de no sonar afectado.
― Muchos creen que cuando una persona se enferma mentalmente, solo sufre esa persona, pero lo cierto es toda su familia se ve afectada con esto. Es normal negarlo en un principio o crear sentimientos de culpa… "Debí haber hecho algo al respecto antes" "¿Por qué no me di cuenta de lo que le estaba sucediendo?" "Soy una mala persona por no haberle ayudado" …son algunos de esos pensamientos. Y no está mal sentirlos. Es una muestra de que pensamos y sentimos como humanos. Por eso, quiero decirle, que también estaré disponible para escucharlo y ayudarlo a enfrentar sus conflictos emocionales.
― Yo no tengo un problema mental, como para necesitar a un doctor psiquiátrico…
― ¿Por qué? ¿Por que cree que doctores como yo, son solo para locos que ya no pueden cuidarse por su cuenta y son un peligro para la sociedad? Los doctores de mi rama, no solo tratan enfermos mentales terminales o graves, también podemos ser un puente y soporte emocional para personas que necesitan sentirse escuchadas y desean aclarar sus conflictos emocionales… sé que mis palabras pueden parecerle incongruentes ahora, pero le ruego, trate de considerarlo. Lo hará ¿verdad?
― No lo sé, soy una persona con el tiempo limitado, aunque lo considerara.
― Comprendo, pero podemos acomodarnos a como usted le sea mas beneficioso. Incluso podemos tener las sesiones por teléfono, si se le hace más cómodo.
― Si le digo que no, va seguir insistiéndome, supongo.
― Veo que ya estamos conociéndonos y entrando en confianza ―enunció con gracia el del teléfono―. Entonces está decidido. Le enviaré un horario por mensaje, para que pueda darse una idea de cada cuanto hablaremos. Las sesiones durarán lo que usted quiera que duren.
― Espere, no dije que sí, lo voy a pensar… ―expresó algo inquieto el rojizo, al escuchar como el extraño ya estaba organizándole un horario.
― Lo sé, solo le doy los datos, para que lo piense mejor. Noto por su forma de hablar que es del tipo intelectual, tal vez un genio brillante, pero con problemas de comunicación emocional con sus cercanos.
― ¿Se arriesga a lanzarme deducciones para impresionarme de su capacidad como médico? ―soltó aun algo incrédulo su escucha.
― No soy alguien que se arriesga. Simplemente fui sincero y di mi primera impresión de usted. Si llego a equivocarme, no dude en corregirme. Bien, ahora soy yo quien debe colgar, siento haberlo llamado tan tarde, pero quería que se sintiera calmado, nuestra institución cuidará lo mejor que pueda a su hermano. Si no tiene alguna duda ahora, procederé a cortar.
― No tengo nada que decir.
― Bien, que tenga una buena noche señorito Luciel, si le cuesta conciliar el sueño, un vaso de leche caliente sin azúcar le ayudará a hacerlo. Nos mantendremos en contacto.
Cortó.
Esa llamada lo había dejado confundido.
Aunque extrañamente mejor, de lo que estaba antes de recibirla.
Sentía que tenía mucho que analizar.
Caminó hasta su cocina, para revisar su heladera, en busca del líquido que le había recomendado el insistente doctor.
Pero como temía, solo había un sinfín de latas de Dr Pepper. Al parecer Mary Vanderwood le había hecho la limpieza, pero no las compras.
Entonces tomó su teléfono y marcó.
― Tom ¿Sigues despierto? De casualidad ¿tienes leche? ―soltó con su voz, ahora un poco menos afligida―. No, no estoy bromeando, quiero tomar leche y no tengo, es demasiado tarde… tengo pereza para ir a comprar al mini super a esta hora… ¿Eh? ¿Que qué ofrezco a cambio de tu cartón de leche? ¿Cómo que va por la mitad? Bien, solo por que lo necesito, acepto tu oferta, tráelo y te daré un six pack de Dr Pepper…
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Dejó la bocina del teléfono, para luego recostarse en el espaldar de su asiento de oficina y estirar los brazos hacia arriba, para calmar un poco su cansancio.
― ¿Otra vez hablando con el familiar de un paciente tan tarde? ―soltó a modo de regaño, la enfermera del turno nocturno, al verlo desde el pasillo de su oficina―. Déjeme adivinar, llamó al familiar del jovencito de nuevo ingreso.
― El trabajo de un médico interno nunca acaba, enfermera Kim ―le respondió con una sonrisa cansada este, mientras se levantaba para salir al pasillo―. Creo que tomaré una siesta, no dudes en llamarme, si alguno de los otros internos se encuentra ocupado y necesitan ayuda.
― Lo haré Doctor Cha, ahora váyase a dormir, que parece un zombie.
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Habían sido unas semanas complicadas, pero al fin había podido dormir en su cómoda cama, en vez de un sofá de hospital.
El día anterior tuvo un mal final, pero este que comenzaba, no tenía que ser igual.
El ronroneo de su preciada gata persa de pelo blanco inmaculado, fue su señal de que era hora de levantarse.
Caminó directo a su tina, donde se relajó por unos minutos, para terminar en su ducha.
Salió envuelto en su bata de baño y pantuflas, para caminar hacia donde estaba su guardarropa y cambiador, donde su mayordomo ya había elegido el atuendo que usaría ese día.
― Por cierto, su padre, el Señor Han, me pidió que le recordase que tiene hoy su almuerzo pendiente con él ―habló el mayordomo, mientras le terminaba de arreglar, pasando con un alineador en su espalda y hombros, para quitar cualquier ligera imperfección de estos.
― Hum, soy consciente de ello. Avisa al chofer Kim de mi agenda.
El mayordomo asintió para luego retirarse y dejarlo solo, arreglándose su corbata.
Apenas salió de su habitación, las sirvientas y el cocinero lo recibieron en el comedor, con su desayuno, y el de Elizabeth 3ra.
Disfrutaba mucho su compañía de esta última, a pesar de que esta no comiese mas que solo sus croquetas.
Era un hábito que tenía, pero que no demostraba cuando tenia visitas, ya que estas, e incluso su padre, veían con malos ojos, que comiese junto con su gata.
Disfrutó en silencio sus croissants rellenos de queso cottage y jamó ibérico, con un café dalgona.
Y terminó con una bowl de ensalada de frutos tropicales.
La servidumbre se despidió de él a los minutos, para seguir la agenda de ese día.
Ya en la oficina, llamó por su interfono a su mano derecha.
― Buenos días, Señor Han. En minutos iniciará la reunión que tiene programada con los socios del nuevo proyecto que está iniciando nuestro sector. Aparte de eso, recuerde que tiene un almuerzo con su padre, que ha estado postergando desde hace días.
― Si, no era necesario que me recuerdes eso ultimo. Incluso él mandó a recordármelo hoy, apenas desperté ―le respondió, mientras ojeaba uno de los tantos folios que ya lo esperaban para ser revisados y aprobados―. Dejando de lado el trabajo de la oficina… ¿Cómo amaneció?
― ¿Eh? ¿Me está preguntando como amanecí emocionalmente? ¿Oí bien? ―sonó algo confundida la castaña ante su última pregunta.
― Hum, eso hago ¿es tan raro que lo pregunte? ―la voz de Jumin seguía normal.
― Bueno, lo es, siendo sincera… ―objetó esta, algo incomoda, para luego deducir el porqué de su cuestionamiento―. Supongo que lo dice por los sucesos que acontecieron ayer, a última hora.
― Ciertamente. Entré al chat, en lo que estaba en el auto, y noté que la ultima interacción que tuvieron los miembros, fue hace casi 24 horas. El chat casi nunca estuvo tan vacío. Los últimos acontecimientos, sin duda ha debido afectar el ánimo de todos, incluyéndola.
― Creo es una reacción que sucedería inevitablemente ―expresó Kang, mientras tomaba su teléfono y entraba para revisar con sus propios ojos, la información que su superior decía―. Personalmente no entré, porque no tenía nada que decir o preguntarle esta mañana, y ayer… creo que a todos nos debió afectar un poco, lo vivido en la tarde. No voy a negar que tomé unas pastillas para conciliar el sueño, ya que sentía que tenia mucho que procesar. Pero hoy me encuentro bien. ¿Qué hay de usted, Señor Han?
― También sentí cierto estrés, pero nada que no pueda controlar, para privarme de mis necesarias 8 horas de sueño saludable… pero dudo que esa sea la condición de los demás miembros del grupo, así que te encargaré que te contactes con ellos hoy y preguntes sus estados. Como líder interino, debo estar pendiente de todos y si es necesario, intervenir.
― Se nota que se toma su puesto muy en serio, pero si me permite sugerirle, creo que deberíamos darle su espacio a los demás, en este momento deben estar batallando sus propias luchas mentales y lo mejor seria esperar a que se calmaran.
― Tiene lógica tu petición, bien, les daremos hoy para calmar sus conflictos por separado, pero mañana trataremos de unificar de nuevo al grupo ―aceptó, mientras tomaba su sello y empezaba a terminar el primer folio con su sello y revisión―. Pero, hay otro asunto del que quiero que te informes lo más pronto posible…
Jaehee lo escuchó concentrada, mas terminó agobiada por su petición.
― Señor Han, creo que no deberíamos ahondar en ese tema, es un problema de pareja que ellos mismos deben solucionar por su cuenta. Estoy casi segura de que se molestarían si alguno de nosotros interfiere. Lo mejor es esperar a que ellos mismos nos lo cuenten, si es lo que prefieren…
― Difiero ―le interrumpió Jumin, con total negativa―. No quiero cometer el mismo error del pasado… ―Su voz sonaba ligeramente molesta―. Pensé lo mismo, cuando veí Rika conflictuados… que era cosa de ellos y no debía meterme, pero… ahora he llegado a la conclusión, de que, si tal vez yo hubiese sido un mediador entre ellos, no hubieran terminado ocultándonos tantos secretos… Esta vez insistiré y no seré alguien que se limite a mirar de lejos con la esperanza de que no se lastimen entre sí.
Jaehee se quedó en silencio por unos segundos.
Pensó que su postura era exagerada. Personalmente, no podía comprenderlo y veía su intensión, como la de un metiche, mas nunca se lo diría, por su posición.
― Será como usted diga, Señor Han ―se limitó a decir, mientras se acomodaba los lentes y evitaba hacer una expresión notoria en su rostro, ya que su intuición le decía, que este lo observaba por los cristales transparentes de su oficina―. Indagaré el motivo, del por que Yoosung y la coordinadora terminaron discutiendo, haciendo que esta ultima se largase antes de terminar la reunión.
― Bien, insiste si es necesario.
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El ruido molesto de la vieja y ruidosa aspiradora de mi madre, en el pasillo, terminó despertándome.
Me estiré lentamente, mientras empezaba a sentir un terrible dolor de cabeza, debido a la resaca, por haber bebido tanto la noche anterior.
Miré el reloj de pared, con los ojos aun medio borrosos.
Ya habían pasado quince minutos, de las once de la mañana.
Ni siquiera recordaba cómo había llegado a casa.
Me senté al borde de la cama, rascándome la cabeza y soportando mi propio olor de ebria, mientras trataba de recordar el por qué había terminado con un aspecto tan patético.
Apenas me puse de pie, empecé a caminar como un zombie rumbo al baño, donde terminé por darme cuenta, que incluso me había dormido con mi traje todo roto y sucio.
Una ducha fría me hizo reaccionar lo suficiente como para parecer alguien decente.
Tomé un suspiro largo, para bajar a la planta baja y tratar de comer algo, a pesar de que aun sentía un nudo en el estómago.
Saludé a mi madre, quien parecía que le faltaba poco para terminar su limpieza exhaustiva de los fines de semana, para luego entrar en la cocina y agarrar lo primero que encontrase para comer y beber.
― ¿Estuvo tan divertida tu salida a beber que llegaste casi a las tres de la madrugada? ―De repente soltó mi madre, entrando a la cocina, con una mirada arbitraria.
"Vaya, ya se estaba tardando en iniciar a regañarme", pensé, mientras seguía masticando apenas, con los ojos casi cerrados, por la sensibilidad, siendo un efecto secundario de la resaca, aparte del dolor de cabeza.
― No realmente, pero me sirvió para calmarme, le mande un mensaje a Suho avisando que llegaría tarde…
― Si, tu hermano me informo de tu mensaje, pero no creas que con eso ibas a evitar que no me preocupe ¿sabes cuanta chica que sale a beber no regresa a su casa?
― No, pero me doy una idea con las noticias, pero no fui a un antro, estuve bebiendo sola, aquí cerca, en el puesto callejero del barrio, a lo máximo pudo haberme mordido el perro de los vecinos de la otra cuadra ―traté de calmarla, sin saber que había empeorado la situación.
― ¿¡Estuviste bebiendo sola?! ¿Qué demonios te pasa? ―se exaltó más―. ¿Por qué hiciste eso? No me digas, ya puedo imaginármelo ―habló como si supiese de mi vida, mas que yo misma―. ¿Es por ese hombre al que has estado conociendo? ¿Descubriste que te engaña? Si, seguro es eso, todos los hombres son iguales, por eso en el fondo siempre desee que te quedaras sola…
No pude evitar escupir lo que tenia en la boca al escucharla.
― ¿Quieres callarte y dejar de adivinar y controlar mi vida? ―solté molesta―. ¡Dios, no por que te haya pasado a ti, significa que yo esté destinada a pasar por lo mismo! Hay una y mil razones por las que me pueda enojar con alguien al grado de querer perderme en el alcohol, y no solo una maldita infidelidad. Agradecería que me dejaras sufrir en silencio…
Me detuve en mi explotar, al notar que mis palabras la habían afectado.
Tomé mi plato con comida, apenas tocado, para envolverlo en plástico sellador y guardarlo en la heladera, para luego sacar una botella de energizante a la mitad que tenía guardada desde hace tiempo.
Estaba molesta, pero a la vez apenada por lo que había dicho.
― Lo siento, yo… mejor me iré a encerrar a mi habitación, para que no te fastidie mi presencia.
Mi madre no me respondió.
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No recuerdo cuantas horas pasaron luego de la discusión con mi madre.
Mi cuarto estaba oscuro, y lo único que lo mantenía iluminado, era la luz de mi monitor, en la cual me había sumergido a jugar, como antaño.
Me sentía horrible al principio, pero luego de un par de horas, estos sentimientos se habían reducido.
― Oh, ojalá la vida fuera tan simple como en los sims… ―pensé mientras manipulaba el juego.
Mis sims.
Mis preciados sims.
¿Cómo es que estuve un mes sin conectarme para seguir creando su historia?
Mi avatar se había casado luego de un largo noviazgo con su vecino tierno y amable (el cual había creado a propósito con esas características). Si bien ella en un principio tenía como objetivo de vida ser una gran abogada, luego de casarse, le surgió la nueva aspiración de tener su propia familia. Al principio le negué el nuevo sueño al que aspiraba e hice que se concentre en su carrera, pero esto afecto a su relación, ya que el otro avatar, aparte de tener su propia profesión, su aspiración principal era tener una enorme dinastía al ser del tipo familiar. La afinidad de ambos empezó a bajar y si no los obligaba a interactuar entre sí, desactivando el libre albedrío, llegaron a tener la afinidad tan baja, que en sus opciones de dialogo, salían la opción de pedir el divorcio. Me había asustado mucho en un principio, ya que no sabía lo que había hecho mal para que mis creaciones llegaran a ese punto, a pesar de que los cree para ser el alma gemela del otro. Luego de intentar varias opciones y cargar partidas anteriores, fue que me di cuenta, que ellos estaban teniendo sus sueños nuevos, para ser felices a entre sí, no por mí. Así que acepté los nuevos deseos y aspiraciones y deje el modo libre albedrío al máximo, y desde ahí, no tuve que volver a intervenir para que su relación siguiese estable, incluso mejoró.
Ahora ellos eran abuelos y vivían solos, peros sus hijos y nietos los visitaban todos los días.
Al final, mi avatar, terminó siendo una entidad diferente a mí.
Me causaba gracia pensarlo.
Pero a la vez gran asombro, ya que, a pesar de compartir los mismos gustos y rasgos básicos, no terminamos siendo lo mismo.
Tal vez eso era. No pueden existir dos seres iguales… Cerré el juego luego de observar un poco más y hacer uno que otro ajuste secundario.
Me recosté en mi cama y encendí mi celular, para ponerme a revisar la tienda de aplicaciones, donde habían salido un montón de juegos nuevos de simulación.
"Ven y acompaña a este grupo de universitarios en su ultimo año y encuentra un posible romance"
Descargué el juego, ya que su intro promocional era bastante llamativo, y con diez rutas disponibles.
Ya estaba tan acostumbrada a estos juegos, que el capítulo introductorio me pareció aburrido.
Por lo menos hasta que apareció "el" personaje.
Ese chico que, a comparación de los otros, que ya hasta te ponían un apodo o te miraban con mala cara, su interacción era casual y te hablaba con cierta timidez, pero a la vez respeto, para luego irse y dejarte con cierta intriga tierna.
A veces era castaño, algunas veces cenizo, pero en su mayoría era…
Rubio.
Mi maldito cerebro empezó a hacer conexiones.
En vez de ver al nuevo personaje rubio, no pude evitar pensar en Yoosung, y, en consecuencia, mi situación actual con él.
Una gran parte de mi estaba furiosa, pero la otra parte se encontraba triste y extrañándolo.
Me exasperé y volví a cerrar el juego.
Tal vez si me tomaba otra siesta, mis pensamientos se aclararían mejor y sabría qué hacer.
Pero cuando estaba acomodándome para dormir mi planeada siesta, a mi celular entró una llamada.
Reconocía el número.
No tenia el mejor humor para hablar con alguien, pero decidí contestar, al presentir de que podría ser algo importante.
― Hola, soy Zen ―empezó a modo de saludo el cenizo, con una voz calmada, que me creó cierta intriga, ya que era el que hablaba siempre animoso―. Necesito hablar contigo, de algo importante…
― ¿Qué ha pasado? Te escucho ―solté, ahora más alerta.
― Prefiero hablarte de ello en persona, de preferencia hoy ―respondió serio, lo cual terminó preocupándome más― yo ya estoy saliendo de mis prácticas, te acabo de enviar una dirección, revísala y dime si te queda cerca.
Despegué el móvil de mi oreja, para revisar la bandeja de mensajes.
Tal como había dicho, tenía un mensaje suyo con una dirección. Lo abrí, y me mostró una dirección en el mapa, a unas dos estaciones de donde vivía. Un lugar considerablemente cerca.
― Ya lo vi, me queda mas o menos a treinta minutos en metro.
― Yo llegaré al lugar en una hora, nos vemos allá entonces.
― Espera ¿quieres que vaya ahora mismo? ¿Hola? ¿Hola? ―traté de quejarme, pero este ya me había cortado.
¿Qué demonios estaba pasando?
¿Por qué Zen me había hablado de forma tan seria y quería encontrarse conmigo tan de pronto?
Me levanté para alistarme en salir.
Si de algo estaba segura, es que quedándome sin hacer nada, no tendría respuestas.
FIN DEL CAPITULO.
