Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


De alfas & omegas

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Draco olía tan malditamente bien...

Harry sintió el cambio en su aroma esa mañana al despertar. Olía dulce, seductor, si Harry pudiera decir a qué no podría describirlo. No tenía un olor específico. No estaba hecho exclusivamente para Harry. El había oído y olido cómo los demás describían a sus parejas: manzanas, miel, whisky... Olores que otros amaban como si el destino hubiera creado a otras personas para ellos. No funcionaba en Harry y Draco, pero eso no hacía menos real sus emociones. Si hubiera sido así, Harry estaba seguro que su pareja habría olido a melaza o algo similar; pero Draco le había entregado a él, a pesar que tuvo la oportunidad de librarse de las dos marcas en el cuello, y Harry estaba complacido de ello. Ayer en la tarde, cuando Draco estaba estudiando con Pansy y Theodore, Harry había decidido visitar su sala común. Y en medio de la plática en la cual Harry exclamaba orgulloso su matrimonio, Neville, un alfa que Harry no había visto acosando al rubio (pero Ron había dicho que definitivamente se había unido al grupo del comedor que rodeó al slytherin antes de que Harry lo marcara) había dicho avergonzado una vez que, para él, Draco olía, bueno, no exactamente olía a, sino que olor le recordaba a una fogata. Cálida, poderosa. Destructiva también. Lavander, quien resultó ser una omega, lo había corregido diciendo que Malfoy olía al océano. A la brisa marina, en un día de viento. Salvaje, tentadora, incitándote a montar una ola. Seamus había exclamado que estaban tontos, que Malfoy definitivamente olía a días de lluvia y por eso combinaba tan bien con el olor a tormenta eléctrica propio de Harry. Había habido un debate con otros olores, hierba fresca, rosas, madera, aire de montaña.. hasta que le preguntaron qué era lo que él olía.

Todos lo habían mirado con atención, hasta que Harry lo pensó mucho y llegó a la conclusión de que no estaba seguro. No había un olor exacto ahí. Como había dicho Neville, no olía, sino que te hacia sentir que olía. A veces, Harry sentía que olía dulce como un caramelo fino, atrayente como una aromática taza de café. A veces olía a algo, no estaba seguro a que, pero encendía la adrenalina en Harry, y a Harry le encantaba la adrenalina. Como si capturara una snitch, montara un dragón, escapara del fuego maldito, pelearas con un maldito basilisco o montaras un hipogrifo... A veces olía a hogar, a túnicas elegantes, ropas nuevas, ay en ocasiones, cuando estaba triste, olía a algo que te hacía sentir nostalgia. A veces olía a invierno, a veces a primavera. A veces simplemente olía a perfume. La mayoría de las veces a Harry ni siquiera le importaba como olía, sino como sus ojos brillaban. Plata fundida, acero impenetrante, luna... Había un tono cuando lo miraba con una sonrisa suave y mejillas sonrojadas que hacían sentir a Harry como si todo el peso de su corazón, la guerra, hubiera simplemente sido reemplazada con una pequeña llama de calidez y felicidad. Con frecuencia, esa pequeña llama se volvía pasión, ira, o exuberante felicidad. Recordando la manera en que Draco se había sentado en su regazo en la cena del otro día, y soñoliento había cenado, a pesar de la mirada de muchos, dejando toda su protección a Harry, el héroe se lamió el labio, invocando ese pequeño olor que decia que Draco quería ser mimado, sin poder identificar exactamente cómo lo sabía. Solo podía recordar lo muy orgulloso que estaba de que Draco confiara totalmente en él para bajar la guardia, y como eso lo hacía sentir más poderoso que patearle el trasero a otro alfa.

Cuando lo notó, tenía encima muchas miradas nubladas.

-Compañero- había dicho Ron-si estás pensando en Malfoy, será mejor que vayas con él. Los estás acalorando y no todos están unidos.

Harry, avergonzado, había salido de la sala común sin responder y rápidamente se encaminó hacia la biblioteca buscando a Draco, y cuando lo encontró, enfrente de todos los alumnos, incluso de la Bibliotecaria, se encaminó hacia él y lo alzó entre sus brazos, para llevarlos a su habitación. Draco se había quejado, como el señorito sangre pura y remilgoso que era durante todo el camino; pero el gryffindor no lo había bajado sin importar sus pataletas, porque podía sentir el nerviosismo del otro. Ese nerviosismo le encantaba, porque como bien le había dicho a su pareja, ellos ya lo habían hecho, muchas veces y aun así, el Príncipe de Slyterin seguía actuando como si fuera sus primeras veces

Posicionándose sobre él, Harry olfateó su cuello, y Draco tembló, liberando ese nuevo olor que su esposo no reconoció antes en medio de la lujuria, pero ahora podía oler claramente; y hacía que despertara algo en él, incitándolo a tomarlo de nuevo. Una y otra, y otra vez. Y lo hizo. Tomó a su compañero, lo tocó, lo llenó. Adoró cada parte de su cuerpo, escuchó sus peticiones... Entrelazó sus manos todo el tiempo, invadió su boca una y otra vez, intentando no separarse de ninguna manera. La noche había caído pronto y en algún momento ambos cayeron dormidos. Ahora, con la luz del día, Draco estaba ahí, quieto, dormido. Respirando suavemente. Cuando Harry abrió los ojos solo quería acurrucarse contra él, y había descubierto que, a pesar que su perfume despertaba la adrenalina, había algo que le decía que su compañero era un delicado y precioso tesoro y debía tener cuidado con él.

Harry, estuvo seguro, era el olor que declaraba su nuevo estado.

Toma al omega.

La voz del alfa sonó en su cabeza, y Harry dudó unos segundos, antes de escucharla de nuevo.

Es mío, es tuyo, es nuestro.

Deja nuestro olor, deja nuestra magia en él.

Que todos sepan que él y el cachorro es nuestro.

Que él sepa que es lo más importante.

Ojos dorado cubrieron los verdes, y el alfa se posicionó sobre el beta, quien dormía boca abajo, besando su espalda y dejando pequeñas marcas. Oyendo sus suspiros, entró en él.

Draco jadeó sorprendido, pero no enojado con la manera en que había sido despertado.

-Harry-lloriqueó como si su contacto con Harry lo volviera una masa ardiente y necesitada. Activo una pequeña corriente que lo recorría a ambos. Nadie más tendría el placer de ver esto, se regocijó.

-Shh, Draco. Sigue descansando.

Draco se dejó hacer, dócil. Sus gemidos fueron susurrantes, tímidos. Antes de susurrar un simple 'Si, alfa' que hizo a Harry temblar de pies a cabeza

-Hueles tan bien... Eres tan hermoso y tu voz es tan perfecta, podría escucharte siempre- respondió en cambio, sabiendo que los halagos eran algo que hacían a Draco más receptivo. Lo debilitaban, especialmente si venían de él. Su padre había sido duro con él, reacio a darle su aprobación. Palabras como 'Es tu obligación', 'No esperaba menos de un Malfoy', 'Naturalmente, todo sangre pura podría haberlo hecho, no es gran cosa' había creado una imagen en Draco de no ser lo suficientemente bueno. Tan duras palabras solo llevaron a Draco a esforzarse más y más, y a amargarse con el paso del tiempo cuando las cosas no salían como lo planeó. Según Hermione, cuando se habían ido de Hogsmeade, por la pelea entre Draco y Ron, Theodore había dicho que era natural que Draco estuviera enojado todo el tiempo con el trío dorado en el pasado, habiendo escuchado todo el tiempo reclamos de por qué no podía vencer académicamente a una sangre sucia, o al mestizo jugador de quidditch, o al traidor de la sangre que sí había podido hacerse amigo de Harry Potter. Y luego la guerra había venido y Draco había sido obligado a trabajar bajo amenazas en retos casi imposibles. Y Harry estaba seguro que ese casi solo existía porque el rubio había ideado algo que sí había funcionado, en contra del pensamiento del mismo Dumbledore, y Voldemort. A pesar de ello, la idea de que él no era apropiado para Harry Potter había sido implantada en el momento en que Harry no aceptó si mano y creció con el tiempo, a medida que eran de bandos distintos y peleaban cada vez más. En el fondo de su mente, Nott insistía que no sería difícil convencer a Draco de que no era apropiado para Harry, sin importar cuan confiado se viera al respecto.

-¿Lo hago?-jadeó Draco, sacándolo de sus pensamientos.

-Si.- Con delicadeza, lo besó suavemente. -Tu olor cambió.

-¿Huelo a cabello de bebé recién nacido? ¿A leche o a algo?

-No, pero hueles suave. Como si me recostara en una cama llena de plumas blancas y quisiera quedarme por siempre.

-Oh-suspiró el rubio.-¿Y quieres hacerlo?-preguntó tan silenciosamente que pareció no querer que el otro lo escuchara.

-Lo haría. Podría pasarme la vida, contigo. Aquí.

Draco sonrió.

-Recuerda que hoy iremos a visitar a padre.

-Noté que tu madre envió ropa con el aroma de ambos.- Lo había hecho, al principio su alfa había gruñido cuando identificó que su esposo se había acostado a su lado, cubierto de feromonas de otros dos alfas, de tres, si contaba su propia ropa, pero pronto los identificó como familiares. Ciertamente uno de los olores era de Narcissa.

-Lo necesito, para el nido. Quiero más de ellas. Quiero más tuyas.

Harry sonrió.

-Pronto saldremos de Hogwarts. ¿Quieres anidar aquí?-preguntó sabiendo que, si lo solicitaban la directora no se negaría.

-No. Quiero Grimmauld.

-Bien-respondió Harry, complacido.

-Pero quiero algo de Severus. Tráeme algo de Severus. De Pansy y Theo.

-Bien-exclamó nuevamente el alfa, empezando a moverse más rápido y buscando el placer de su beta. Cuando por fin terminaron, sudados, exhaustos y complacidos. Draco se acercó a él y se acurrucó.

-Tengo tanto sueño, Harry.

Harry sonrió.

-Es natural. Estará bien. Madam Pomfrey dijo que tu cuerpo necesitaría mucha magia y fuerza para el bebé. Lamento usar tus pocas energías en esto.

-Puede que robe mucha energía, pero me hace sentir bien. Es como si el bebé absorbiera mucha magia y tu me dieras la tuya, para compensarlo. Además, estás aquí, lo que significa que ningún otro omega, alfa o beta está batiendo su malditas pestañas o dejando su aroma en ti.

-Yo no los dejaría.

-Lo sé... es solo que estoy celoso de solo la idea que tomes a alguien más, a alguien más conveniente, más compatible, ¿no es tonto?

Harry negó y lo abrazó, dejando salir sus feromonas.

-Te amo, pero si lo haces me romperías el corazón. Y no podría amarte más.

Harry lo sabía. Si había algo que Draco podía hacer era odiarlo. La sola idea lo aterraba porque al final, Draco era un beta. Era su género dominante. Por mucho que lastimara al omega dentro de él, el beta tomaría el control. Tomaba el control del alfa también. Haciéndolo más estable y menos influenciado a los instintos; pero Harry, Harry era un alfa, sentiría con dolor la distancia y el alejamiento. Lloraría la distancia, así sea emocional del otro. Cuando el rubio tomó su mano y la puso en su estómago, esos pensamientos se alejaron.

-Quiero que tenga un nombre de estrella. Como mi madre, y yo.

Harry besó su frente.

-Como desees dragón.

Draco sonrió.

-No podría odiarte de nuevo-dijo como si adivinara sus pensamientos anteriores- Estaría muy enojado y te tiraría cosas. Si yo hago algo que tu odias, dímelo también. Antes de un omega y un alfa, somos Harry y Draco ¿recuerdas?

Harry asintió.

-Lo somos.

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Así que, con la mente en que este era el padre de su esposo, Harry se sentó frente a Lucius, quien miró a Draco con indiferencia. Harry hubiera estado nervioso, si no fuera porque podía sentir el letargo en Draco, lo cual significaba que él estaba a cargo de ambos. Lucius, sentado en una silla frente a una mesa, rodeado de dos alfas (quienes no apartaban la mirada de Draco, con miradas confundidas y sorprendidas; pero sin moverse de su posición), miró a su hijo sin emoción y en el interior de Harry, él solo podía enojarse con él. Había sido tan diferente a la manera en que Narcissa se había derretido al ver a Draco, en que había dicho que lo amaba o había visto a Draco y había encontrado la ventaja de su situación, en la que se había enorgullecido de él... Narcisa parecía complacida, Lucius parecía decepcionado, como si Draco no fuera lo que él había querido. Incluso arrugó la nariz al olerlo, cuando los otros dos alfas prácticamente se habían deleitado con el aroma.

-Tu madre me ha dicho que no tienes un género específico-finamente exclamó el alfa, ignorando a Harry-y que ahora esperas un niño. Escuché también cómo lo descubriste.

Ante sus palabras, uno de los alfas sonrió y murmuró en un breve felicidades a los dos chicos frente a ellos. El otro pareció aún más confundido.

Draco asintió.

-Si, mis felicitaciones-exclamó, sin ninguna felicidad- sin embargo, tu hijo es un mestizo. Cientos de generaciones sangre puras deshonradas por tu unión a un mestizo, media sangre. Acaso no...- Harry frunció el ceño, y sintió a su alfa siendo retado por otro, que no retrocedía a pesar de la magia que soltara. Los dos guardias rápidamente se prepararon para intervenir.

-Y tú estás en Azkabán. Siendo un despojo humano.

Las palabras de Draco congelaron las palabras de Lucius e hicieron a Harry temblar por el tono en que fueron dichas. El olor alrededor de él cambio y dominó sobre los demás. Fue como si disipara de golpe a los otros, demostrando que los demás no podían igualarlo, la única razón por la que el mismo alfa en Harry no se sintió escandalizado, era que el olor de Draco y el suyo estaban mezclados; especialmente después de sus actividades matutinas.

-¿Qué has dicho?-Exclamó el hombre, no acostumbrado a que su hijo le respondiese.

-Dije que tú estás en Azkabán. Cientos de generaciones sangre puras, arrasando todo a su paso, saliéndose con la suya, deshonradas por ti. Aquí. Sucio. Encarcelado. Porque decidiste lamerle las botas a un mestizo, precisamente.

Malfoy padre frunció el ceño y luego rio.

-¿Así que tú lo haces de otra forma? ¿Le lames las botas a un mestizo también? ¿Sigues mis pasos aún? Eso te vendrá bien, ¿no? Dado que esperaste al final de la guerra para hacer tus movimientos. Al final eres como yo, Draco. ¿Quién lo diría? Parece que al fin aprendes a comportarte. Puedo ver entonces porque escogiste a Potter, siendo el esposo del Héroe del Mundo Mágico no solo tomas una buena posición social, sino que te haces fácilmente de su fortuna. Incluso lo amarraste con un cachorro, ahora jamás se deshará de ti. ¿No eres encantador?

-No- respondió él- no lo soy. Jamás lo fui. Y eso siempre te decepcionó. Creí que cambiarías, porque madre dijo que hablaría contigo, porque me enviaste ese presente,- ¿presente?, murmuró Lucius con crueldad, yo no te envié nada- pero al final fue madre encubriéndote como siempre. Tienes suerte que ella te quiera, porque yo no lo hago más. Siempre pensé que te amaba, pelee en la maldita guerra por ambos, pero parece que en realidad me manipulabas más de lo que pensé. Y ahora estás frente a mi, y no pareces fuerte, ni poderoso, ni altivo. Ni siquiera tu alfa puede asustarme. Puedo adivinar tus pensamientos, como crees que soy débil por tener un omega en mí, un cachorro. Como piensas que escogí mal a mi pareja. Cómo crees que aún puedes decidir sobre mí y mi vida... pero eso no pasará. Estos dos alfas no te dejarán tocarme. Los instintos no le dejarán hacerlo. El cachorro que tanto desprecias, no dejará que hagan el trabajo sucio por ti. Y aunque lo hicieran no le ganarán al Salvador del Mundo Mágico.-Se puso de pie, y Harry lo imitó- Estás vivo y yo he cumplido mi promesa. Si estás aquí es por tus sabias y arrogantes decisiones, ahora lidia con ellas. Puedo escuchar muchas cosas de ti, padre. Pero no dirás nada de mi bebé. No le joderás la vida como a mi. No te dejaré hacerlo.

-Sigo siendo la Cabeza de la Familia.

Draco sonrió.

-No si puedo resolverlo. Adiós, padre. Pronto escucharás de mí.

-¡Draco, no te atrevas a tomar la casa!-exclamó con esa voz alfa que obligaba a los omegas a obedecer, seguro que funcionaría, pero Draco solo lo miró con lástima.

-Soy un beta, padre. Tu voz no hace nada en mí. Creíste que sería más débil que tú, porque fuiste un alfa y yo un beta, pero simplemente no te diste cuenta de que en realidad, no podrías dominarme. No por ser un alfa, y no por ser un alfa más fuerte que yo. Ser un beta retiró la cadena que tenías sobre mí. No puedes desheredarme, la casa no permitirá que desheredes al único heredero y madre no lo permitiría tampoco. Pasarás un tiempo aquí, solo. No creo tener hermanos pronto. Y aún así, no me importa. Desherédame, quítame el legado Malfoy. Aún soy un Potter.

-Mientras él te conserve-se burló.

-Y siempre seré un Black. Madre no cederá ante ti, incluso si intentas convencerla de desecharme. Entre tú y yo, ¿a quién querrá más, a su esposo, al cual no pudo vincularse ya que estás aquí, o a su propio cachorro?

-Saldré de aquí.

-Eventualmente, claro. Eso es lo que lo hace emocionante.