Su cabello flotaba libre, oscuro; como un delicado manto que seguía cada uno de sus movimientos, y dejaba una estela en su camino.

Sus pies, aquellos que la habían llevado por muchas aventuras, ahora avanzaban solos, veloces y ligeros; increíblemente hábiles, por aquellas calles llenas de gente.

Y el cansancio no importaba.

Nada importaba.

Porque en ese preciso instante, todo lo que necesitaba era avanzar, seguir, moverse…

Y huir.

Esa mañana, después de que habían pasado dos días de su ida al clan Hyuga, había amanecido con una extraña fuerza que la inundaba. Como si algo en su interior hubiese, al fin, encajado; y supo, que ese largo proceso llegaba a su fin, que había llegado el momento.

Hoy enfrentaría al destino.

Kiba, la recibió con los brazos abiertos y ella habló con sinceridad y convicción, porque hoy moría y volvería a vivir.

Se ofreció a acompañarla, pero se negó; esto era algo entre ella y su sol.

Los últimos párrafos de su historia.

Dejó a Lili en sus brazos, siempre confiables y seguros, y se fue.

El siguiente, en ese camino, era Shino; el eterno caballero de armadura invisible que muy pocos sabían ver; aquella alma silenciosa y compañera. Le robó un abrazo, y le contó, porque esa sería una tarde angustiante y la noche sería peor; y él, jamás le perdonaría que fuera sin decirle.

Sus brazos fueron la última fuerza, el último impulso para convencerse, de que esto era lo correcto.

Sus pies continuaban corriendo sin control.

Chocó con un par de personas, en su loca y desenfrenada carrera, se disculpó rápidamente y continuó. Esta vez, las personas, conocidas o no, ya no importaban.

Porque ahora, todo lo que necesitaba era avanzar, seguir, moverse… y esconderse.

No te detengas más.

El sol brillaba esa tarde fría de invierno.

El trayecto desde su departamento hacia su antiguo hogar pasó rápido.

Demasiado rápido.

Y aquellas puertas que antes eran familiares y acogedoras, hoy ya no lo eran.

El jardín de entrada esta muerto y descuidado; como si no viviera nadie ahí. De sus rosas, aquellas que había abandonado, solo quedaba el triste esqueleto de madera, como un recuerdo de algo que fue hermoso.

Como su historia.

Suspiró, dándose el último momento para serenarse, frente a esa puerta que, hasta hace poco, significaba la bienvenida a un lugar querido; y golpeó con suavidad para llamar a la puerta.

Tímida pero segura; no había vuelta atrás.

Y ahí, aquellos ojos que amó, y que aún amaba, aparecieron una vez más.

El sol miró a la luna, otra vez; en aquella última etapa del eclipse que terminaba.

Su corazón latió con fuerza, sus piernas temblaron con emoción y todo su cuerpo gritó por algo que ella sabía que ya no podía ser. Porque era fácil engañarse, fácil satisfacer un deseo; pero no era fácil olvidar.

Imposible.

No era fácil volver a mirar a Naruto, y recordar aquellas palabras que la hirieron tanto. No era fácil mirar a su amor, y saber que jamás podría volver a sentirse segura y querida con él; porque la duda siempre estaría.

Y la duda, el miedo y las inseguridades, corroen al corazón.

Y Hinata no quería envenenarse.

Libérate.

Avanzaron, por aquel pasillo lleno de recuerdos; por aquellas paredes que fueron testigo de caricias, de besos y de un amor desenfrenado.

Ingresaron a la pequeña sala de estar, que guardaba aún más memorias y sueños, deseos de futuro; y ella habló.

Porque ya no podía volver a soñar.

- Yo…- su voz sonó como un susurro, débil, pero con convicción – vengo a firmar.

Naruto se detuvo, aún dándole la espalda, porque era incapaz de verla y no rogar. Porque era incapaz de tenerla ahí y dejarla ir.

Porque era difícil aceptar, que este sería el último encuentro.

Quería besarla, gritarle que la amaba y que todo había sido un error, hacerle el amor una vez más, mostrarle que él estaba dispuesto a todo.

Pero se contuvo.

Se giró.

Y la miró una vez más.

Huye.

Sus pies seguían sin detenerse, su respiración se volvió agitada; errática.

La gente se perdió, el ruido de las calles se acabó y el silencio fue su compañía en esa carrera sin fin.

Pero continuaba corriendo.

Porque la realidad la alcanzaba y todo lo que necesitaba era avanzar, seguir, moverse… y desaparecer.

Déjalo fluir.

Sus ojos conectaron una vez más, el tiempo se detuvo una última vez para ellos, y aquel baile iniciaba la estrofa final de su canción; porque hoy, la cortina se cerraba y su historia terminaba.

Y sus ojos grises atraparon al color cielo.

Sus cuerpos chocaron con violencia, en un último abrazo.

Desesperado.

- Lo sé – dijo él – estaba esperando.

No la soltó inmediatamente, porque ya no habría otra oportunidad.

No lo soltó inmediatamente, porque ya no podría sentir sus fuertes brazos alrededor suyo.

Su aroma ya no estaría.

Sus manos no volverían a entrelazarse.

Ni sus labios se encontrarían una vez más.

Libérate.

Se soltaron lentamente, y sus frentes se unieron de forma sincronizada, en su último secreto; un último recuerdo íntimo para cerrar su historia.

- Sé que no es suficiente – habló él – pero te amo.

Ella suspiró, dejando que sus ojos comenzaran a nublarse y que su garganta se cerrara poco a poco. Porque aquellas palabras eran ciertas.

Se amaban, pero su amor ya no era suficiente.

- Y mi inseguridad fue una obsesión infantil, porque para mi, siempre fuiste tú.

Las primeras lágrimas escaparon.

Porque ella le creía, porque sabía que era así; pero ahora, el amor de Naruto no era seguro, y ella no quería dudas. Ella quería todo.

Y su corazón estaba roto.

Y olvidar era imposible.

- Para mi, Naruto, siempre fuiste tú – respondió – y nunca pude ver a nadie más.

Los ojos de él se llenaron de lágrimas al escucharla, mientras ella recorría con sus dedos, ese rostro que quería tanto. Y él hizo lo mismo.

- Te amo, Naruto – le dijo y su voz se quebró – pero es hora de que te deje ir.

Por mi y por ti.

Una rama que no logró esquivar rasguño su rostro, en su mejilla y dejó fluir un pequeño hilo de sangre.

No importó.

Nada lo hacía.

Porque su corazón dolía y no lo soportaba.

Porque terminó y ahora, todo lo que necesitaba era avanzar, seguir, moverse… y…olvidar.

Firmó, en aquella mesa que alguna vez fue su comedor, y él también lo hizo; en silencio.

Miró una vez más a su exesposo, que ahora se mantenía quieto, que no sonreía, y que sus ojos ya no brillaban; y él dijo aquellas palabras que necesitaba escuchar.

"eres libre"

Y ella salió, por aquella puerta de madera, una última vez.

Los últimos párrafos habían sido escritos; y esta historia llegó a su fin.

Sus pisadas se hundieron en la nieve al llegar a su destino.

Su carrera llegó a destino.

Y frente a ella, estaba aquel lago que la recibió cuando todo comenzó, hace meses atrás, en una de las noches más oscuras de su vida.

El frio no importaba.

Porque ella solo quería arrancar ese dolor.

El cansancio no importaba, porque necesitaba botarlo todo.

Avanzó.

Con sus ojos nublados por las lágrimas que no estaban siendo contenidas.

Y finalmente, liberó todo.

Lo dejó fluir.

Gritó.

Porque había tanto que quería decir y nunca pudo hacerlo; porque tenía tantos te amo guardados para el futuro que ya no serían dichos.

Gritó, porque su garganta estaba oprimida; porque la contención había llegado a su límite y ella no quería seguir acumulando.

Lloró con desesperación, mientras caía al piso derrotada y dejó que sus piernas y sus pies se hundieran en la nieve fría y húmeda.

Por que tal vez, de tantas lágrimas, lograra fundirse con el lago y desaparecer.

Lloró ahogada, porque tenía rabia contenida; porque odiaba que Sakura hubiese hecho dudar a Naruto, porque odiaba que se hubiese declarado; pero a la vez, sabía que había sido lo mejor. Porque los engaños no duran para siempre.

Lloró, gritó y se ahogó; porque, a fin de cuentas, su amor no fue suficiente.

Y ahí, en la inmensidad de su tristeza; en la profundidad de su llanto y desesperación; un cuerpo tibio se apegó a su espalda como un caparazón. Un brazo fuerte la atrapó por sus hombros, y la enderezó, y una voz inesperada se escuchó en su oído.

"va a pasar"

Sasuke.

Él estaba ahí. Otra vez.

Se mantuvo firme, como el apoyo que ella necesitaba y con esa capa que siempre llevaba la cubrió; como si aquello fuera una protección.

Le obligó a recostarse entre sus piernas, apoyando su espalda en su pecho, su brazo rodeando sus hombros y su rostro en su oído; susurrándole palabras dulces.

"llora"

"libérate"

Hinata lloró sin cesar, soltó sus sentimientos una última vez, liberó aquellas palabras de amor, que no llegarían a destino, sin vergüenzas; y se dejó llevar.

Lo amaba tanto.

El eclipse había terminado, y la luna y el sol se liberaron.

La noche llegó, y acompañó a la luna en su tristeza.

Las lágrimas de Hinata se secaron, su voz se perdió; y en aquel silencio, Hinata se giró y buscó un último consuelo, en aquel hombre que estaba ahí.

Hundió su rostro en su pecho, y sus pequeñas y delgadas manos se aferraron a la cintura e Sasuke; y él la dejó. Porque para eso estaba ahí.

Porque por eso, había seguido a Hinata cuando la vio cruzar corriendo por las calles de la aldea; ese día que había decidido comprarle flores para hacer más evidente sus intensiones.

Acarició su cabello, su espalda, y apoyó su mejilla en su cabeza; mientras deseaba, por primera vez, tener su otro brazo, solo para estrujarla contra él y brindarle un lugar seguro.

- Hinata – habló cuando sintió que ella se había calmado – es hora de volver.

Ella asintió y se liberó de su agarre.

Él tomó su capa, y se la sacó para cubrirla y colocarle la capucha. Porque probablemente, ella no quería ser vista así.

Porque hoy, entendió porque Shino cubrió su rostro esa noche cuando él trato de acercarse en esa misión.

Porque la mirada de Hinata era limpia, clara y transparente; porque aún en su tristeza, ella seguía siendo hermosa. Y porque sus lágrimas no merecían ser vistas por cualquiera.

Hoy estaba vulnerable, derrotada, abatida. Pero mañana estaría mejor, y el próximo mucho mejor; porque hoy ella se había liberado, al fin.

Tomó su mano, firme, y sin intensiones, porque hoy no podía jugar a conquistarla; hoy era un compañero, un amigo invisible, un apoyo, una mano amiga; y la guió en silencio, devuelta a su hogar.

Ingresó a su departamento, y en la oscuridad, la guió a su cama para recostarla y ahí; en ese último momento, habló nuevamente.

- Hinata, siempre estaré aquí, para escucharte.

Ella lo miró, con sus ojos vidriosos, tímidos e inseguros; cansados.

- Gracias Sasuke.

Las puertas de su departamento se abrieron de golpe, y Sasuke supo que había llegado el momento de retirarse.

Kiba y Shino habían llegado, y ese era un momento privado.

Cruzó por esa blanca calle hasta su propio edificio y miró por última vez, en esa noche, el departamento de Hinata.

Porque él estaba ahí, dispuesto a lo que sea, con tal de que ella volviera a sonreír de verdad otra vez. Y el camino sería largo, la ruta a su corazón difícil y lenta; y tal vez, su declaración de intenciones debería esperar un poco más.

Porque Hinata, recién hoy, había liberado su corazón.

Libérate.

Todo lo que necesitaba era avanzar, seguir, moverse…y mirar al futuro.

Volver a comenzar.