Pareja: YuixShu
Rating: "M"
Capitulo Final
Capitulo XXI
Picazón en tu pie y una sonrisa marchita.
Sorprendentemente la emisión de nuestros trapos sucios, o mejor dicho, la cocina y bocas sucias, no disuadió a nadie de venir a la inauguración de Seduction and Snacks. Pero si una persona más me pregunta si el señor Hunt está disponible, voy a darle un puñetazo en el riñón.
Shu, Takumi, Liz, Jim y yo llegamos a la tienda un par de horas antes de abrir para terminar los últimos detalles y preparar todo. Afortunadamente, la apertura de hoy no requirió las tetas y penes de chocolate. Drew comió todos los que no se pegaron a mi culo. Ahora que pienso en ello, pudo haber comido también esos. Me acordé que dijo algo acerca de una "Regla de los cinco segundos de culos", que no debe confundirse con el original "Regla de los cinco segundos" para cuando se te cae la comida al suelo. Lo desconecté cuando le dijo a Shu—: ¡Será mejor que su culo esté tan limpio que puedas ver tu cara en él!
Para nuestra sorpresa, había una cola de gente en la acera esperando que abramos.
¿Está era mi vida en este momento? ¿Cómo he llegado hasta aquí? Hace unos meses, era una madre soltera sin vida social o perspectivas románticas en cualquier lugar en mi futuro, y me hallaba estancada en un trabajo sin futuro en un bar. Ahora, abría un negocio, para hacer lo que me gustaba todos los días, y encontré al amor de mi vida que era el mejor padre del mundo para nuestro hijo.
Ah, y mi vagina recibía ejercicios regulares, de manera casi diaria. No podía olvidar la exquisitez ya que probablemente era lo más importante. Pensaba que si mi vagina tenía que esperar más tiempo para la acción, se levantaría y saldría de mi interior para encontrar otro par de piernas en los que ubicarse. Me habría convertido en una mujer falsa. Si abría las piernas, me parecería a Barbie con su coño de plástico que no tiene agujero. Al menos Ken no se perdía de pegarse a ella. Pobre hombre, sólo tenía un par de calzoncillos sin bulto. Esto es probablemente por qué cuando era más joven, siempre les hacía follar sin ropa. No había mucho más que pudieran hacer, de verdad.
La tienda ha estado abierta durante dos horas y todavía tenía que estar vacía. Liz y yo mantuvimos la puerta contigua abierta para que la gente pudiera mirar de un lado a otro. Me preocupaba un poco cómo tomaría la gente de Butler el tener una tienda de juguetes sexuales en el centro, pero me sorprendió gratamente averiguar cuántas personas sucias vivieron aquí. Liz iba a resucitar la vida sexual de todo el mundo en esta ciudad con un consolador.
Ella preparó el frente de su tienda con sólo lo necesario. Más que nada con ropa interior, lubricantes, lociones para masajes, velas y otras cosas que eran valoradas para todo público, así no asustaría a nadie que pasara por allí. Dejó catálogos en el mostrador con fotos de todos los demás elementos que se encontraban en la parte posterior de la tienda. Uno podría simplemente señalar lo que quisiera y ella iría atrás y lo conseguiría por ti, envolviéndolo en un pequeño bolso negro para que nadie supiera lo que era.
Mi padre tomó el lado de la tienda de Liz con tanto entusiasmo como yo esperaba. Pasó las puertas contiguas y se detuvo en seco en medio de una rejilla de ligas y corsés. Echó un vistazo alrededor y proclamó alegremente—: ¡Bah! —Luego regresó a mi lado.
Takumi, naturalmente, era la vida de la tienda. Pasó por la entrega de muestras con el lema: "Una para ti, seis para mí". Fue así que por las doce de la tarde, saltó sobre el azúcar. Para el final del día, iba a tener que rasparlo del techo.
Me paré junto a la caja registradora, terminando un pedido de galletas de un cliente cuando me di cuenta que Shu hablaba con un tipo por la ventana delantera. Tenía un niño pequeño en sus brazos y Shu reía de algo que dijo el tipo. Estaba de espaldas a mí, así que no tenía idea de quién era, pero algo en él resultaba familiar. Di las gracias al cliente, le di un folleto y me dirigí hacia Shu.
Shu me vio caminar hacia él y sonrió.
—Esta es mi chica —dijo mientras levantaba el brazo para que pudiera acomodarme a su lado.
El chico se volvió al oír las palabras de Shu y cuando nos vimos, no estaba segura de quien tenía la expresión más sorprendida en su cara.
— ¿Oh, Dios mío, Max?
— ¿Yui? —respondió, igualmente sorprendido.
Shu miró entre ambos, obviamente desconcertado.
—Esperen, ¿se conocen? —preguntó.
—Um, sí. Pero lo más importante, ¿cómo lo conoces tú? —pregunté.
Esto era tan incomodo que deseé que un meteorito se estrellara en la calle. Necesitaba un caos total en este momento para distraer a todos de esta situación demencial.
—Conocí a Max en la biblioteca cuando llevé a Takumi una tarde para que pudieras trabajar, ¿recuerdas? Me dio algunos consejos sobre las alegrías de la paternidad. —Shu se rió.
Max no había apartado los ojos de mí durante el intercambio y me reí con nerviosismo. No creía que esto terminara bien. En absoluto.
—De todos modos, ¿cómo se conocen? —volvió a preguntar Shu.
Lo miré y traté de transmitirle con mis ojos que esto se iba a poner extraño. Shu no entendió la indirecta y me miró expectante.
—Hola, tierra a Yui —dijo Shu con una sonrisa—. ¿Qué le pasa a tu cara?
Suspiré, pensando que ya podría terminar con esto.
—Shu, es Max —dije, levantando las cejas y esperando que lo captara.
Sólo se rió y negó con la cabeza.
—Sí. Ya lo hemos dicho. ¿Estás bien? —preguntó mientras se inclinaba hacia mí.
—Shu. Es. MAX —dije de nuevo, acentuando el nombre de Max con una gran sonrisa falsa.
Shu me miró como si estuviera loca por 3.2 segundos más cuando la bombilla por fin estalló en su cerebro. En serio, ¿cuántos malditos Max conocía? No era como si el nombre del tipo fuera John o Mike y él podría haber asumido que era otra persona. Su nombre era Max, joder. Tan pronto como lo conoció, ¿no debería haber aparecido una bandera roja en su cabeza?
Sin duda apareció ahora. La cabeza de Shu se echó hacia atrás y adelante, entre Max y yo tan rápido que casi parecía que sacudió la cabeza. Tal vez así era. Su cerebro podría estar en una sobrecarga en estos momentos y gritara—: ¡Nooooooooooo! ¡Error de cálculo!
— ¿Eres Max? —preguntó.
Max asintió, por fin apartando la mirada de mí para mirar a su hijo, que se retorcía en sus brazos.
—Eres Max —afirmó.
Me reí incómodamente. —Creo que ya lo hemos cubierto, cariño —dije con una sonrisa y los dientes apretados.
Deja que la locura comience.
Shu comenzó a reírse.
Cerré los ojos, sin querer presenciar lo que sin duda iba a seguir.
¿Por qué alguna vez pensé que era necesario compartir todos los detalles de esta historia? ¿Por qué?
— ¡El de las dos penetraciones! —dijo Shu con entusiasmo, seguido por más risas.
Max se quedó allí con una mirada aturdida en su rostro.
Entonces Shu levantó el brazo y lo señaló, sin dejar de reír, debo añadir.
— ¡Eres el tonto!
—Oh Jesús —murmuré.
— ¿Qué? —preguntó Max.
Shu sonreía como un demente.
—Nada —le dije a Max—. No le hagas caso.
— ¿Dónde está su ropa interior? —preguntó Shu, repentinamente serio.
El hijo de Max comenzó a patalear en un intento por bajar. Él lo levantó más arriba en sus brazos y me dio una sonrisa.
—Bueno, será mejor que me vaya. Fue bueno verte de nuevo, Yui. Buena suerte con la tienda —dijo mientras se dirigía a la puerta y usaba la espalda para abrirla.
—Podría decirlo DOS veces más —rió Shu.
Golpeé su brazo mientras Max levantaba la mano en un saludo.
Shu se despidió de él, moviendo la mano en el aire frenéticamente como si fuera un niño pequeño viendo un desfile.
— ¡Regresa! —Gritó Shu mientras Max salía hacia la acera—. A Yui le gusta cuando la gente dura más de dos segundos.
Max finalmente desapareció de la vista y Shu se volvió hacia mí, con una sonrisa persistente en su rostro.
— ¿Qué? —preguntó cuando vio mi mirada.
—Cuando estés listo para comenzar a actuar como un adulto, avísame —dije.
—Los adultos son los más pequeños, ¿verdad? —me gritó mientras me alejaba.
Negué con la cabeza mientras me dirigía al mostrador. En ese momento, mi papá regresó del lado de Liz con un bolso negro agarrado firmemente en su mano.
Oh dulce Jesús, hoy mi cerebro no podía aguantar más locura…
Nos detuvimos frente a los demás y trató de ocultar la bolsa en su espalda.
—Papá, ¿acabas de comprar algo en la tienda de Liz? — pregunté desconcertadamente.
¿Que en la jodida mierda iba a necesitar de ahí? ¿QUÉ? Oh Dios, ¿dónde está Jim? Necesito su ojo blanqueador.
—Bueno, tengo una cita esta noche —afirmó con total naturalidad.
— ¡Así que llevaras algunos chocolates! O una caja de galletas. Estoy bastante segura de que lo que hay en esta tienda no es material de primera cita —dije con pánico.
Podría haber lubricante con sabor en la bolsa. O un anillo para el pene. O una correa. Oh dulce madre jodida de Jesús, ¿y si ha pasado mucho tiempo desde que mi padre ha estado con una mujer que ahora juega para el otro equipo? Nada en contra de los homosexuales. Me encantan los hombres gays. En la universidad tenía un amigo gay con el que me gustaría seguir en contacto. Le gustaba mostrarme su impresionante radar gay, señalando cada hombre gay dentro de un radio de tres kilómetros. ¿Qué diría si estuviera aquí en este momento? "Oh, Yui, ese hombre es más gay que Richard Simmons sudando por los viejitos en un arco iris."
Cuando llevé a Takumi a la biblioteca la semana pasada, había un libro llamado "Compañero de cuarto de papá" en la sección de niños. ¿Debería volver y conseguir ese libro? Tal vez debía comprar una copia para futuras referencias. También había uno llamado "Ojalá papá no bebiera tanto" y "Me duele cuando hago popo".
¿Qué demonios le ha pasado a la literatura infantil desde que era pequeña?
Sabía que sin importar qué, amaría a mi padre. Eso era un hecho. Para citar a mi película favorita: "¡Amo a mi muerto, hijo gay!"
Bueno, amo a mi muerto, padre gay. Er, es decir a mi padre gay.
Necesito un trago.
— ¡No teman, el señor Hunt está aquí! —proclamó Drew mientras entraba de la mano de Jenny. Mi padre levantó su ceja a la camisa de Drew que decía: "Descansa con tu almeja afuera".
—Hola, señor K., ¿cómo va todo? —preguntó él mientras se acercaba y estrechaba la mano de mi padre.
Va un poco a la izquierda de la Avenida Pérez Hilton.
—Oh, mira ya va a probar la mercancía —dijo Drew, acariciando la espalda de mi padre en forma de felicitación mientras se reía del bolso negro que seguía firmemente aferrado en sus manos.
— ¡Yui, la tienda se ve muy bien! —me dijo Jenny mientras me daba un rápido abrazo.
—Gracias, mi papá tiene un compañero de cuarto —solté.
Los tres me miraron en silencio.
—Mamá, ¿puedo tener otra galleta? —preguntó Takumi, corriendo hacia mí y estrellándose contra mi pierna.
—No, no hay más galletas. Ya tuviste una galleta de chocolate. Obviamente, no fue suficiente para ti y ahora quieres probar una diferente. Apuesto a que quieres probar una galleta de mantequilla de maní, que es exactamente lo contrario. Las galletas de mantequilla están en un equipo diferente que las galletas con chispas de chocolate. Supongo que las galletas de chocolate ya no te satisfacen ¿no? Un día te despertaste y decidiste que querías comer una galleta completamente diferente a la que siempre te ha gustado desde que naciste. No puedes decidir a tu edad que deseas una galleta diferente. No funciona de esa manera. ¡Escoge una galleta y te quedas con ella!
Takumi me miró con confusión. Su pobre cerebro de cuatro años probablemente iba a explotar.
—Bien, ¿puedo tener una ventosa de chocolate, entonces? — preguntó inocentemente.
Era muy consciente de que nadie se movía y que todos seguían de pie allí, mirándome como si estuviera teniendo un ataque de nervios. Tal vez era así. Tenía un padre gay, se me permitía enloquecer.
—Oye, mamá, ¿adivina qué? Anoche papá besó a alguien —dijo Takumi con una sonrisa.
Oh Dios, aquí viene. ¿Quién era? ¿Bill de la ferretería? ¿Tom de la cafetería de la esquina? ¿Quién sería mi nuevo padrastro-tío-amigo?
—Takumi, se supone que es un secreto. —Mi papá se rió incómodamente.
Ja, ja, qué historia tan divertida. Mi papá y Takumi tenían un secreto. ¿No es lindo? ¿No es esto jodidamente lindo? Me gusta que mi hijo no esté en lo absoluto desconcertado al ver besarse a dos hombres. Esto muestra una gran promesa para el futuro de este país. Sin embargo, ¡no me gusta que no esté en absoluto desconcertado al ver a su abuelito chuparse la cara con un amigo!
— ¡Ah, ja, ja, un secreto! —Me eché a reír histéricamente—. Supongo que el tipo está fuera de la bolsa eh, ¿papá? ¿O debería decir del armario? Uf, ¿hace calor aquí? —divagué, abanicando mi cara con la mano.
Shu se acercó entonces, dejando su puesto en la puerta para recibir a los clientes. Debe haber visto mis ojos locos desde el otro lado de la tienda y sabía que estaba seriamente enloqueciendo. Peor que aquella vez que comí una galleta de marihuana en la escuela secundaria y luego vimos el "Mago de Oz" mientras escuchaba "The Wall" de Pink Floyd, cuando todo el mundo sabe que se supone que debes escuchar "The Dark Side of the Moon" y empecé a llorar porque Toto me miraba divertido y cuando ladró salió como: "¡Oye tú, parado en el pasillo, con la picazón en tu pie y una sonrisa marchita ¿puedes oírme?" y pude oírlo y mis pies empezaron a picar. Lloré durante tres horas diciéndoles a todos que la galleta era mala y me mataría en mi sueño.
No consuman drogas.
—Yui, ¿estás bien? —preguntó Shu, recogiendo a Takumi en brazos de pie a mi lado.
— ¡Estoy súper! ¡Nunca he estado mejor! ¡Este es el mejor día de mi vida! —Dije con una gran sonrisa—. Todos deberíamos ir atrás y fumar un poco de marihuana.
¿Qué diablos escupí de mi boca?
—Seiji, olvidaste tu recibo —dijo Liz mientras se acercaba a su lado con una hoja de papel en la mano.
—Makoto va a amar ese camisón, te lo digo. La seda es tan suave y ese color melocotón va a parecer increíble con su tono de piel —dijo Liz, acercándose al lado de mi papá y entregándole el recibo.
Espera, ¿qué? ¿Makoto? ¿Había un chico llamado "Makoto" en Butler? ¿No debería saber esto?
Mi padre se sonrojó y rápidamente me miró.
—Uh, sí. Gracias, Liz. Estoy seguro de que a ella le encantará.
¡Ella! Makoto es una mujer. Ella es una Makoto.
— ¡Ella es ella! —proclamé.
El brazo de Shu que no sostenía a Takumi se envolvió alrededor de mi cintura para sostenerme. Estaba segura de que pensó que en cualquier momento iba a romperme de forma permanente, y caerme de bruces en el suelo sin poner mis manos para detenerme como algunos de esos idiotas en el programa Tosh.0.
Podía oír la voz de Tosh en mi cabeza—: Bueno, vamos a ver eso de nuevo en cámara lenta. ¡Ahora mira como cae, sin poner los brazos y luego BAM! ¡Cae de bruces! ¡Vaya, eso tiene que doler!
—Probablemente debería haberte dicho esto antes, Yui. Estoy viendo a Makoto Zammond. ¿Ya sabes, esa mujer que dirige la agencia de viajes sobre la avenida Short? Así que, sí. Estoy viéndola —dijo Seiji, arrastrando sus pies.
—Bien por ti, Seiji—le dijo Shu mientras le daba un abrazo de felicitaciones. Mi padre no había salido con nadie en serio desde que mi mamá se fue. Por la expresión en su cara, yo diría que las cosas con Makoto podrían estar dirigiéndose en esa dirección y me alegré por él.
Shu, Seiji y Drew se acercaron al mostrador para ayudar a algunos clientes, mientras que las chicas y yo nos quedamos atrás y miramos.
—Estoy tan enamorada de Drew —dijo Jenny con un suspiro—. No puedo mirarlo sin pensar en su rostro cuando tiene un orgasmo.
— ¡Jesús, Jenny! No es necesario compartir —se quejó Liz.
—Así que van en serio, ¿eh? —pregunté, tratando de no vomitar al pensar en las palabras Drew y el rostro en el orgasmo en una sola frase.
Ella asintió y sonrió.
— ¡Sí! Me va a llevar a Chicago la próxima semana para conocer a sus padres. ¡Estoy tan emocionada! Nunca he estado en el Windy Cindy —dijo alegremente.
Liz abrió la boca y rápidamente la cubrí con mi mano.
—No lo hagas. Sólo... no —le dije.
Drew se acercó por detrás de Jenny y luego envolvió los brazos alrededor de su cintura, inclinándose para besarla en la mejilla.
—Disculpa, ¿me preguntaba si había algún lugar en el que pueda poner mi erección?
Jenny soltó una risita y Liz hizo gestos de arcadas.
—Así que Liz, ¿ya han puesto una fecha de boda, Jim y tú? —preguntó Drew, manteniendo los brazos firmemente alrededor de Jenny.
—En realidad sí. Así que será mejor que mantengan sus calendarios bien libre para el próximo par de meses. Habrá reuniones y discusiones y citas y pruebas —dijo mientras marcaba los elementos con los dedos—. Ah, y Yui, queremos que Takumi sea nuestro portador del anillo.
La miré como si estuviera loca.
— ¿Has conocido a mi hijo? —pregunté.
Ella se rió de mí.
Pobre y confusa Liz. Lo averiguará muy pronto. Cuando esté de pie en la parte trasera de la iglesia, en el día más importante de su vida y mi hijo corra por el pasillo a toda velocidad frente a ella, arrojando la almohada en la cabeza de su abuela y diciéndole escroto sucio al tío de Jim.
—Liz, ¿qué piensas del vello facial para la boda? —preguntó Drew seriamente mientras pasaba sus dedos por la barbilla.
—Ni siquiera pienses en tener una barba tipo "mosca" en mi boda, Drew. No está permitido —respondió ella.
Liz volvió su atención a mí. —Hablando del futuro, ¿qué será lo próximo para Yui y Shu?
¿Qué es lo siguiente? La mejor pregunta es "qué no es". Tanto estaba cambiando. Jesús, tanto ya HABÍA cambiado.
Vi a Shu caminar hacia mí con Takumi en sus brazos, haciéndole cosquillas y haciéndolo reír tontamente. Tomé unas cuantas respiraciones profundas y me calmé. Todo el mundo que amaba se encontraba de pie en esta habitación, en mi tienda, feliz y saludable. Shu se acercó a mi lado y pasó su brazo alrededor de mi cintura, recordándome que sin importar lo que viniera en mi camino, no tendría que enfrentarlo sola. Tenía a mis amigos, a mi familia y a Shu.
La semana próxima pondría mi casa en el mercado. Me asusté un poco. Me convertí en una madre en esa casa. Aprendí a amar a otro ser humano, más que a mi propia vida en esa casa. Pero llegó el momento de decir adiós y pasar a cosas más grandes y mejores. En unos pocos meses, empezaríamos nuestro futuro juntos y manejaríamos cualquier cosa que la vida arrojara en nuestro camino. Sabía que tendríamos dificultades. Sabía que tendríamos muchas cosas a las que amoldarnos mientras aprendíamos a vivir juntos pero también sabía que íbamos a hacer todo lo necesario para que funcione.
Conocí a un chico en una fiesta de fraternidad, lo vencí en un juego de beer pong y lo dejé tomar mi virginidad y a cambio me dio un bebé. No es un comercio justo, pero no lo cambiaría por nada del mundo.
Me volví hacia Shu y envolví los brazos alrededor de su cintura y me puse de puntillas para besar la mejilla de Takumi mientras nuestros amigos charlaban detrás de nosotros con mi papá.
—Oye Takumi, ¿adivina qué? Papá y yo tenemos algo que decirte.
Shu me miró con una mirada sorprendida. Acordamos esperar hasta que la fecha se acercara para decirle a Takumi, pero no podía aguantarlo más. No me importaba si él me volvía loca preguntándome si ya era el momento. Me sentía feliz y emocionada y quería que mi hombrecito también lo sintiera.
Esperé a que Shu me diera el visto bueno para continuar. Le pronuncié las palabras "te amo" y traté de no llorar. Este hombre era todo lo que siempre había soñado y más. Y era todo mío.
Él asintió en acuerdo y sus labios formaron un "te amo" a modo de respuesta.
Levanté mi mano y alisé el pelo de Takumi de su frente, dejando que mis dedos se arrastren por sus mejillas y sobre sus dulces hoyuelos.
—Vamos a vender nuestra casa y luego vamos a vivir en la casa de papá con él —le expliqué.
Takumi se me quedó mirando durante unos minutos y luego cambió su enfoque a Shu.
— ¿En serio? —preguntó.
Shu asintió. —En serio, amigo.
Takumi me miró y sonrió, abriendo la boca para esperar decirnos lo feliz que era.
— ¡SANTA MIERDA!
FIN
