Cómo ligarte sin querer a un millonario.

Capítulo 12.


Terminó arrojando el móvil en las profundidades de su mochila después de ver las actualizaciones de la página del club de solteros, Sakura insistía en que pudo haber asistido al evento durante algunas horas y después correr a la estación para estar a primer hora del día en Kioto, todo eso más bien parecía una sucia artimaña de su jefa para torturarla.

Suspiró con los ojos cerrados intentando enfocarse en su propósito para el fin de semana, quería despojarse de su desastrosa vida por algunas horas y concentrarse en el príncipe encantado que se encontraba a solo unos metros de distancia de ella. Por motivos de logística les fue imposible compartir asientos pero eso no importaba demasiado. Syaoran se había quedado dormido minutos después de comenzar su viaje y en parte Sakura agradecía tales inconvenientes.

No sabía qué decir ni cómo comportarse frente a él ahora que ella le había dejado en claro que también estaba interesada en él de una forma romántica. Al instante se odió a sí misma por haber salido de casa vistiendo andrajos. Antes de su arribo a la estación de Kioto sacó su bolsita de maquillaje en un intento poco fructífero de cubrir sus ojeras y pecas abundantes.

Los pasajeros comenzaron a moverse ansiosos en sus butacas, guardando sus cojines y cerrando sus equipajes, preparándose para la llegada a su destino. Los altavoces sonaron y las compuertas se abrieron al unísono. Sakura esperó a que el vagón estuviese casi vacío para acercarse a Syaoran y despertarlo con suavidad.

A pesar de ello él despabiló sobresaltado, tomándose unos segundos para aclarar en su mente todo lo sucedido esa noche. Syaoran siempre se caracterizó por despertar malhumorado cuando sentía que no había descansado lo suficiente pero en esa ocasión se permitió sonreír debido al maquillaje improvisado de la mujer que lo acompañaba.

—No debiste molestarte arreglándote para mí —se burló, acercándose peligrosamente a ella para susurrarle al oído—, últimamente estoy muy obsesionado con tu aspecto al natural.

Sakura ocultó su sonrojo cubriéndose las mejillas con las manos. Había olvidado lo detestable que podía llegar a ser Syaoran cuando se ponía en plan seductor.

—Recuerdo que el día que nos conocimos, mi rostro al natural fue tu objeto de burla —se quejó ella, saliendo del vagón con el ceño fruncido.

—¿Te gustaría saber cuándo cambié de opinión?

—Oh, sí. Estoy muy curiosa —respondió, fingiendo desinterés mientras leía un folleto sobre los puntos turísticos de Kioto.

Él se adelantó unos pasos, caminando de pronto hacia atrás para mirarla sin detener su andar. Por algún extraño motivo Syaoran lucía realmente entusiasmado de haber realizado ese viaje con ella. A Sakura le conmovía lo fácil que resultaba impresionar a Li con cosas que para gente como ella eran actividades comunes, así que decidió seguirle el juego sin perder los estribos.

—La noche que fuimos a la playa, ¿recuerdas?

La mención de ese día provocó que ella deslizara su mirada del panfleto hasta él, tragando saliva con dificultad. No identificó en su rostro ningún gesto de humor, Syaoran estaba hablando demasiado en serio.

—Ocurrió incluso antes, al verte desfilar en mi habitación con total sencillez, llevando tus pijamas diminutas o quizás fue el día en que te vi vestida de novia —continuó—. Lo único que sé con certeza es que no quiero apartarme de ti. Choco y Late también te están echando de menos.

—Solo estás intentando decir que extrañas mi particular sentido del humor —murmuró Sakura, recordando lo molesto que él se ponía cuando ella revoloteaba de un lado a otro en su mansión—. Si me pagas bien, podría ir a ponerte las cosas de cabeza un par de días.

—Es una oferta tentadora —admitió él con un brillo malicioso en sus ojos. Habían dejado de caminar sin darse cuenta, dejando una distancia casi inexistente entre sus cuerpos—. Solo que esta vez, seré yo quien establezca los términos del contrato.

Lo odiaba.

Detestaba la espléndida atracción que sentía por él. Cuando le ofreció acompañarla en su viaje, creyó que al menos resistiría la primera noche manteniendo su distancia de él, pero había fallado y admitiría su derrota sin ninguna clase de vergüenza. Al diablo Nadeshiko Kinomoto y su estúpida agencia de solteros; adiós a la falsa idea de convertirse en la esposa ideal para Daisuke y a su perenne temor de ser abandonada de nuevo.

Se lanzó a los brazos de Syaoran insonorizando el ruido del mundo para obedecer su propio interior. Lo besó en los labios con ansias y libertad, ya no estaba dispuesta a ocultar las sensaciones que afloraron en ella desde la primera vez que lo vio cruzar las puertas del club con su hermoso rostro engreído ocultando su dulce corazón.

Syaoran sonrió en medio del beso. Lo sabía. La suerte y el enigmático corazón de Chispita corrían de su lado. Ella tenía razón, era cierto que durante varias noches aspiró a tenerla en sus brazos pero más que nada extrañaba su compañía. Su sonrisa por las mañanas, su aroma en la oficina y ni hablar de cuando ella se escabullía en su habitación solo para abrigarlo. Sakura había sido la única capaz de iluminar ese sitio que él llamaba hogar.

—Además de seducirme, ¿qué otro plan figura en tu agenda para este fin de semana? —inquirió Syaoran todavía sobre sus labios, provocando que ese par de relumbrantes ojos verdes se abrieran sorprendidos—. Es mi primera vez en esta ciudad, así que tengo muchas expectativas.

Sakura hizo un mohín. ¡Era ella quien estaba cayendo en su juego de seducción! Suspiró ante su guapo tormento y lo tomó de la mano para salir lo antes posible de la estación. Habían demasiadas personas murmurando los actos impúdicos de una chica patosa y muy pocos señalándolo a él. La sociedad siempre ensañándose con el más pobre.

—No puedo creer que siendo este tu país natal, no hayas visitado Kioto durante el otoño ni una sola vez —regañó Sakura, realmente ofendida—. Incluso yo venía cada año en mi época de estudiante.

—Ya te he dicho que pasé gran parte de mi juventud en el extranjero y nunca tuve la oportunidad de hacer un recorrido por el país.

Sakura no sabía si sentir pena o envidia por él.

—Pues la verdad no tenía grandes planes para estos días —confesó, como todo en su vida parecía ir cuesta abajo, creyó que pasaría mirando la televisión mientras devoraba comida preparada en la tiendita de conveniencia hasta que llegase el momento de cumplir con sus obligaciones laborales—. Con los viáticos que me dieron en la agencia, apenas logré comprar los boletos del tren y reservar el hotel.

Syaoran miró a su alrededor un tanto decepcionado.

—Entonces, ¿cómo pensabas llegar al hotel? —preguntó, era evidente que ella no había alquilado un coche ni contratado un servicio de transporte privado.

—¡Mira aquí! —indicó ella, con gran emoción, señalando un tablero que indicaba las rutas y horarios de autobuses—. Esta es la mejor manera de conocer la ciudad.

Él arqueó la ceja, escéptico. —Lo resolveré —dispuso, sacando su móvil.

—Ni hablar —negó ella, quitándole el aparato de las manos—. Cuando viajes conmigo, te apegarás a mis reglas. No necesitas hacer alarde de tu dinero, sé que con una llamada podrías facilitarnos todo pero quiero gozar del privilegio de darte una experiencia que jamás hayas tenido.

A decir verdad, cada minuto a su lado era un terreno inexplorado sin embargo el objetivo de Syaoran esa noche era complacerla y comenzaría hacerlo accediendo a viajar en autobús. Esperaron uno junto a otro en la solitaria banqueta de la estación, inmersos en un silencio expectante. Esa noche se estaba convirtiendo en un sueño que él ni siquiera tuvo tiempo de imaginar.

—¿Puedo saber por qué vistes tan elegante?

Syaoran se aclaró la voz antes de responder.

—Tenía que cumplir con algunos compromisos sociales, pero también quería asistir a la gala del club, pensando que esa era mi única manera de encontrarte.

Sakura se mordió los labios en un gesto culpable, tal vez había sido demasiado brusca evitándolo todos esos días pero necesitaba tiempo para procesar su reciente situación familiar y analizar el curso de su relación con Daisuke. Dispuesta a reivindicarse se puso de pie con la llegada de su transporte, abordó sin dudarlo y apresuró a Syaoran haciendo señales desde la ventana.

Para buena fortuna suya la unidad se encontraba casi vacía, así que se dio el derecho de acomodar su cabeza en el hombro de su lindo acompañante. Cerró los ojos y dejó que el aire fresco de la noche se mezclara con el perfume de él. Mientras Syaoran descubría el encanto de utilizar el transporte público, la visión de la ciudad era gratificante con las hojas de los arboles comenzando a teñirse de un rojo cálido, matizando a la perfección con la fachada tradicional de sus calles.

Sakura alzó el folleto de recorridos turísticos señalando varios puntos con el dedo.

—No tendremos el tiempo suficiente para recorrer todos los lugares que desearía pero iremos a los más representativos.

A Syaoran le pareció graciosa la seriedad en el rostro de ella, parecía realmente comprometida en su tarea como guía turística.

—¿Tuviste tiempo de cenar?

Él negó con la cabeza.

—Es mi oportunidad de sorprenderte —el brillo malicioso que surcó esos ojos verdes fue realmente preocupante.

—Oye, Chispita, ¿por qué no nos dividimos los gastos?

—Sobre mi cadáver —negó, cruzando los brazos—. Debes aprender que no todo en la vida se trata sobre lujos. Apuesto a que cada vez que viajabas con alguien en el pasado eras tú quien absorbía todos los gastos.

—Estás en lo cierto —concedió. Ahora que lo pensaba Hayami jamás pagó las cuentas de nada, ni siquiera cuando organizaba cenas con motivos de aniversario o cumpleaños, tuvo que estar realmente enamorado para dejar de notar un sinfín de detalles que indicaban que su antigua mujer solo guardaba una fascinación por su cuenta bancaria. Antes de poder suspirar ante su inminente decepción Sakura se puso de pie, indicándole que su próximo destino estaba cerca.

Pese a que faltaban pocas semanas para terminar el año la noche era cálida y Syaoran detestaba la idea de no llevar consigo ropa más cómoda. Caminaron algunas calles tomados de la mano, pretendiendo ser una pareja común y corriente. Y como tal, se infiltraron a un pequeño supermercado, Sakura tomó una cesta y arrojó una diversidad de comida empaquetada.

—¡Mira son los favoritos de Eriol! —dijo Sakura, señalando un onigiri de camarón.

Syaoran gruñó con la mención de Hiraguizawa, no estaba nada contento con él.

—Siempre he tenido la curiosidad de saber dónde conociste a Hiraguizawa —notó que Sakura titubeó.

—Nos conocimos en... una biblioteca cuando éramos chicos, desde entonces somos casi inseparables incluso me llevó con él a su viaje por las Vegas —relató con renovada energía—. Siempre ha sido demasiado bueno conmigo, he vivido grandes momentos gracias a él.

Syaoran sacó un refresco de la cámara refrigerante disimulando su inconformidad, estaba seguro de que Sakura no era del todo sincera. Hiraguizawa no tenía la costumbre de leer más allá de lo estrictamente necesario.

—¿Y alguna vez ustedes...

—No te atrevas a insinuarlo —regañó Sakura, estrujando una bolsa de frituras—. Eriol es como un hermano para mí, jamás hemos tenido ese tipo de interés el uno por el otro.

Internamente Syaoran se quitó una carga de encima, sabía perfectamente que podía confiar en Chispita sin embargo Hiraguizawa era un polo opuesto, por algún motivo no soportaba la idea de que ambos compartieran a la misma mujer aunque hubiese sido en tiempos distintos.

Recordaba que su rivalidad con él se vio incrementada desde la primera vez que regresó a casa en compañía de Hayami, solo un ciego habría sido capaz de ignorar las miradas que ellos intercambiaban. En ese entonces él no consiguió externar su enojo y trabajó aún más duro en demostrar que él era mejor que ese charlatán. Entre más lo analizaba se daba cuenta de que Hayami había herido su orgullo y machacado su autoestima por demasiado tiempo.

—¿Y qué me dices de tus padres o tu familia? —preguntó Li, puesto que nunca había visto alrededor a nadie que guardase algún parentesco con ella.

—Separados —se limitó a responder, era lo más probable.

Syaoran la observó colocar las compras en la banda de la caja registradora con el ceño fruncido y el rostro ensombrecido. Al parecer el divorcio de sus padres había marcado la infancia de Sakura de forma muy desagradable, así que decidió guardarse el resto de preguntas para después.

El hotel era más bien una casa tradicional de hospedaje, fueron recibidos por un anciano que recogía las hojas secas del jardín. Mientras Sakura completaba el registro, Syaoran se dedicó a husmear en el pasillo todavía cargado de innumerables bolsas plásticas en sus manos. Encontró una particular salita de estar decorada con un cerco de bambú y una fuente de rocas, un ambiente bastante relajante.

Muy en lo profundo no dejaba de sentirse culpable por abandonar la ciudad sin decirle a su abuela, no quería que sus acciones fuesen malinterpretadas otra vez. Y con la ayuda ofrecida a Tomoyo no hizo más que sumarse un peso que no necesitaba. Sin embargo no pudo mantenerse al margen de la situación, en cuanto Sakura se marchara del hotel tendría que trabajar para no dejar suelto ningún cabo.

—Todo está listo —anunció Sakura, sacudiendo frente a él la llave de la habitación.

—Qué bien, estoy a punto de morir de hambre.

—Creí que las personas delgadas como tú no comían a altas horas de la noche, se dice que eso te hace aumentar de peso terriblemente.

—Todo lo contrario —se burló Li, guiñándole un ojo—. Necesito energía para mantener una actividad física intensa, sobre todo por las noches.

Sakura se sonrojó, luchando con el viejo cerrojo de la puerta.

—No tienes por qué estar nerviosa —aseguró Syaoran, desatascando la puerta de un empujón—, ya te he demostrado que puedo ser un hombre bastante decente cuando me lo propongo, a no ser que tú desees lo contrario.

El argumento no le ayudó en nada a Sakura. El corazón parecía palpitarle en los oídos cuando se adentraron en la habitación, dentro de sus aspiraciones no estaba perder el control de ella misma frente a él. Si en algo había destacado hasta ese día era en no haberse derretido en los pies de Syaoran como hacía el resto de mujeres cuando lo veían entrar a algún sitio. Al menos era lo que quería creer.

—Antes que lo inevitable suceda, quiero aclarar un punto contigo —Syaoran colocó las bolsas sobre la mesa y ocupó una de las dos sillitas de madera, invitándola a hacer lo mismo. Sakura acató la orden acomodándose el cabello detrás de las orejas con timidez—. Sé que tienes un compromiso con otra persona porque yo mismo prometí solventar los gastos de tu boda y también sé que si alguien ha jugado de manera deshonesta todo este tiempo he sido yo, porque nunca debí poner mis ojos en ti.

—Syaoran tú no... —Syaoran cortó su sobresalto con un gesto y Sakura no tuvo más remedio que volver a cederle la palabra.

—Después de firmar nuestro acuerdo, dejé que te inmiscuyeras en mi vida y entré más te conocía, más te quería para mí. No creas que simplemente soy una buena persona por llenarte de regalos, en realidad lo único que pretendía era atraer tu atención hacia mí.

—No era necesario tanto esfuerzo —confesó Sakura, regalándole una dulce mirada—. La indiferencia que mostré por ti desde un principio solo fue una manera de protegerme. Eres un hombre muy atractivo a primera vista pero lo más bonito sobre ti yace en tu interior, pude ver que en realidad eres alguien demasiado dulce y sensible.

—Entonces si sabes eso, te pido que seas sincera conmigo. —La atrajo hacia él, sentándola sobre su regazo. Tenía miedo de romper la magia que existía entre ellos con sus palabras pero sabía que no era capaz de tolerar otra decepción cuando recién había decidido soltar su pasado. Le acarició el rostro manteniendo sobre sus ojos una mirada profunda—. ¿Por qué estás haciendo esto? No pretendo poner en juicio tu decencia pero de verdad necesito escuchar que lo nuestro no es solo un juego para ti, Sakura. Lo que va a pasar entre nosotros a continuación es más que claro pero, ¿qué pasará conmigo y tu prometido cuando regresemos a Tokio? ¿A quién vas a elegir?

—Antes de venir, busqué cualquier excusa para discutir con Daisuke porque fui incapaz de confesarle que ya no deseo ser su esposa —murmuró Sakura esquivando la mirada al borde del llanto, cuando Syaoran planteó su situación de esa manera la hizo sentir un verdadero monstruo. Sin embargo no existía otro culpable más que ella misma—. Adoro a Daisuke, crecimos juntos y eso nos hizo dependientes el uno del otro. Mis dudas acerca de nuestro noviazgo surgieron mucho antes de conocerte y tengo miedo de reconocerlo delante de él porque no quiero herirlo y tampoco quisiera perderlo. Él representa una gran parte de mi historia.

—Aferrarnos a una persona por temor a estar solos termina siendo doloroso para ambas partes —le consoló Syaoran—. Tú y yo podemos comenzar a salir de manera oficial una vez que hayas resuelto tu situación con él, ahora que sé que no voy a perderte tan fácilmente puedo relajarme un poco.

—Lo único que quiero es estar contigo y eso me convierte automáticamente en una mala mujer —se quejó Sakura, pegando su frente a la de Syaoran—. No quiero esperar, me conozco y si me dejas darle largas al compromiso, podría elegir el camino equivocado. Necesito que me ates a ti aquí y ahora.

Syaoran le dio un corto beso en los labios.

—¿Qué te parece si me dejas cenar primero?

Sakura volvió a su silla con el rostro ruborizado, sacando la comida de las bolsas con las manos temblorosas. ¡Por todos los cielos! ¡Era una tonta! Acababa de ofrecérsele a Li Syaoran y había sido rechazada por un estúpido emparedado de jamón. Quería morir.

Syaoran observó con dulzura los torpes malabares de Chispita para recomponer la situación. Sin embargo entendía a la perfección que el tema del compromiso era una fibra sensible y no quería sentir que estaba aprovechándose de un momento de debilidad para acostarse con ella. Sakura e incluso él mismo merecían más que eso.

—Tuve un día muy complicado, ¿sabes? —suspiró Syaoran, apoyando los brazos sobre la mesa. Su Chispita lucía realmente decepcionada—. Sin embargo tú podrías darle un buen giro si colaboras conmigo para cumplir una de mis más recientes fantasías.

—¿De qué se trata?

Syaoran se puso de pie, sacándose la ropa para dejarla tendida sobre la silla. Sakura abrió los ojos de la impresión y aunque estuviese llena de vergüenza era un espectáculo que no dejaría pasar. Lamentablemente él conservó su ropa interior y la tomó de la mano para conducirla a la cama, se acostó gentilmente junto a ella y reposó la cabeza en su pecho mientras la abrazaba.

—La última noche que pasaste en casa quise quedarme contigo, ya me gustabas desde entonces pero más allá de desearte de una forma física, anhelaba conservar a mi lado a la única persona que me demostró un poco de cariño desde que llegué aquí.

—Eso no puede ser cierto, se nota que tu abuela te quiere mucho —repuso Sakura, acariciándole el cabello.

—Jang siempre ha ocupado el lugar de mis padres y aunque no lo diga, sé que todavía está sufriendo la pérdida de su único hijo. No tiende a exteriorizar sus verdaderos sentimientos y eso la convierte en una mujer poco cariñosa.

—Todavía tienes a tu madre, podrían trabajar un poco en su relación, estoy segura de que ella...

—En estos meses no ha hecho ningún intento de acercarse a mí y yo estoy demasiado resentido para tomar la iniciativa —suspiró, apretando los brazos alrededor de ella—. A veces pienso que esa relación no tiene arreglo. Déjalo así, no deseo hablar más sobre el tema.

Eso fue lo último que él dijo esa noche, mientras ella se debatía por controlar sus emociones, la respiración de Syaoran así como su abrazo fueron perdiendo fuerzas. Quizás estuviese loca por comparar esa pequeña intimidad con vivencias similares junto a Daisuke a lo largo de su noviazgo, descubriendo que nunca se había sentido tan desesperada por verse envuelta en el calor de un hombre como lo hacía con Syaoran, esa noche se convenció de que estaba con el indicado.


Mientras el cojín rosa afelpado surcaba el cielo de la habitación Eriol pensó que su vida acababa de sufrir un serio retroceso. Se ocultó detrás del sofá procurando esquivar la secuencia de objetos que su abuela le arrojaba en simultáneo con una retahíla de insultos.

—Estoy harta de ti —gritó Miki, montándose sobre el sofá al tiempo que propinaba pequeños golpes fúricos a la espalda de su nieto—. Por un momento quise creer que por fin estabas madurando, pero solo buscaste una excusa para hacer tus clásicas sinvergüenzas.

Eriol sonrió débilmente en señal de disculpa mientras sujetaba con cuidado las muñecas de su abuela.

—Todo tiene una explicación —se disculpó—. Si aceptas una tregua te daré todos los chocolates que quieras.

—¿Y después qué? —gritó ofendida Miki, arrancándose el pañuelo que llevaba alrededor del cuello. Comenzaba a sentirse acalorada—. ¿Piensas ocultarme la insulina para que muera sin castigarte? Eres un tonto, el más grande de todos. Puedo perdonarte cualquier cosa menos que estés acostándote con esa actriz de pacotilla. Nunca, escúchalo bien, nunca más volverás a ver un centavo de mi fortuna si insistes en continuar con esa relación.

—Te prometo que todo acabó entre nosotros —dijo Eriol, con la mano en el corazón. ¿Quién seguiría con una mujer que hacía todo lo posible por destruirte? Syaoran tenía que ser convertido en un santo por soportar a una mujer tan malvada.

En el instante en que Hayami descubrió que la silla de Syaoran estaba vacía todo se vino abajo para él, ni siquiera tuvo oportunidad de dialogar con ese demonio. Ella envió de inmediato el video a su abuela y ahora estaba sufriendo las consecuencias. Ya le dolía lo suficiente el corazón por haber coqueteado toda la noche con una desconocida enfrente de Tomoyo para que encima tuviese que cargar con el espectáculo que su abuela estaba dando en el piso.

—Nos marchamos a casa en este instante —ordenó Miki, alisándose la chaqueta—. Llévate solo lo necesario, lo último que necesito es que conviertas este lugar en un prostíbulo.

Ella le lanzó una mirada despectiva a un sostén que Hayami olvidó en su arrebatada salida del departamento. Así que con un fatigado suspiró Eriol se incorporó y con la ayuda de un colador y un florero, sacó a Kerberos y Spinnel de la pecera y con el rabo entre las patas volvió a someterse a la dictadura de la familia Hiraguizawa.

—Por la tarde irás a esa universidad donde juegas al profesor y vas a pedir tu renuncia —sentenció Miki, presionando una y otra vez el botón del elevador—. Ya es momento de que asumas una responsabilidad completa en la empresa, ya te he dejado disfrutar demasiado de la vida. Conocerás a más gente importante y estoy segura que entre ellos hallarás una buena esposa.

En contra de su voluntad haría todo lo que Miki exigiera y cuando ella estuviese realmente satisfecha con los resultados, le presentaría a su mujer ideal. Esperaba que para entonces, Tomoyo fuese libre de ese matrimonio. Iba a ser un honor llevar a casa a una chica tan valiente como ella.


Syaoran giró sobre su espalda antes de abrir los ojos, se llevó una mano a la cabeza sintiendo un ligero dolor, lo cual significaba que había dormido en exceso. Era pasado el mediodía cuando volvió a conectarse con el mundo que lo rodeaba, tenía acumulado varios correos y unas cuantas llamadas perdidas. Notó un par de prendas extrañas tendidas sobre la cama, ninguna destacaba pero ese definitivamente no era su estilo.

Sobre la mesa encontró un cartón de leche y una manzana, la pobre Chispita debió despertar temprano para ir y venir del hotel con las compras. Internamente se lo agradecía, hacía varias semanas que no se tomaba un ligero descanso y la noche anterior durmió como un bebé en los brazos de ella.

Sakura era la mujer con la que siempre había soñado, era atenta, cariñosa y de verdad se preocupaba por escucharlo y entenderlo. No pretendía lucir como un muchachito enamoradizo pero no podía ocultar lo entusiasmado que se sentía por Chispita.

Lo tranquilizó saber que el detective había contactado a Tomoyo y para certificar su seguridad usarían teléfonos desechables para comunicarse con ella, enviando mensajes en clave para saber en qué tipo de situación se encontraba. Acabó de arreglarse y siguió un desastroso mapa que Sakura dibujó indicando el punto de reunión.

La encontró sentada en una banqueta afuera de una tienda de alquiler de Yukatas, ella se puso de pie y lo saludó ondeando el brazo en el aire antes de correr hacia él, quien la recibió con un fuerte abrazo.

—¿Fuiste a trabajar con esa ropa? —inquirió Syaoran, notando que la falda de su vestido corto se elevó con la brisa.

—¿Pensaste que andaría por la calle con el uniforme de la agencia? Por supuesto que no —espetó ella, con los brazos en la cintura—. Siempre viajo preparada para todo.

Syaoran negó con la cabeza.

—Debo admitir que guardo una fascinación especial por tu uniforme —se burló.

—No me digas, ¿cuál es tu pieza favorita? El despreciable color de la chaqueta o los zapatos absurdamente altos que nos obligan a utilizar. Tengo la teoría de que Nadeshiko diseñó esos uniformes para que el resto de mujeres lucieran horrendas a su lado.

—El collar de perlas —confesó divertido—. Es lo único que te queda bien, la próxima vez que me visites en privado después del trabajo, intenta vestir únicamente eso.

Sakura se sonrojó con la insinuación no obstante también le hizo recordar la decepción de la noche pasada. Camino al hotel Syaoran parecía decidido a todo, pero en cuanto llegaron a la habitación su intensidad se esfumó. Por supuesto que ella se había sentido herida y pensó que quizá no era lo suficientemente hermosa para despertar ese deseo en él.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Lo que quieras.

Sakura se plató frente a él con los pómulos ruborizados y sus ojos verdes cristalinos mirándolo acusadoramente.

—¿Por qué no quisiste hacer el amor conmigo anoche?

—¿Lastimé mucho tu orgullo? —resopló Syaoran, el rostro de Chispita respondió la pregunta por sí solo. Tiró de ella a una calle menos concurrida porque le preocupaba ventilar su vida privada en medio de una turba de turistas. Se escondieron detrás de un árbol y sostuvo a Sakura de los hombros frente a él.

—Te prometo que tenía todas las intenciones de hacerlo pero era más apremiante saber que esto no era un juego para ti. Por la manera en la que me conociste, tal vez te hayas hecho una idea equivocada sobre mí y por eso quiero que entiendas que contigo es distinto, tú significas demasiado —Syaoran sentía el calor acumulado en su rostro, evitando a toda costa tartamudear y quedar como un tonto—. Después de escucharte hablar de tu prometido pensé que lo mejor sería esperar un poco más, no pretendo que sigas acumulando remordimientos por mi culpa.

—Estar contigo es algo de lo que nunca me arrepentiré, estoy segura.

Syaoran rió entre dientes, Sakura estaba mancillando su autocontrol.

—Entonces, ¿quieres regresar al hotel?

—No. —Ella frunció el ceño—. Prometí que pasaríamos un día genial y eso es lo que haremos. Solo ten presente que esta noche tienes que saldar una deuda conmigo.

Syaoran solo esperaba no enloquecer antes de tiempo.

—Entonces, ¿qué será lo primero que haremos?

Sakura se lo pensó, dándose toquecitos en el mentón con los dedos.

—Ya sé —exclamó, dirigiéndose a toda prisa a un puesto de alquiler de bicicletas. Lamentablemente las dobles estaban agotadas y solo pudieron ofrecerle una individual.

Syaoran se mofó de la expresión decepcionada de ella, arrebatándole la bicicleta.

—Yo voy a pedalear —anunció.

—Está bien —dijo Sakura, colocándose el pequeño casco sobre la cabeza.

—Tú solo debes correr para alcanzarme, eso si no quieres ir el resto del camino a pie.

Antes que Sakura pudiese alegar cualquier cosa, el abusivo de Syaoran comenzó a pedalear. Claro, el hecho de estar prácticamente en una relación no le quitaría tan fácil el papel de bufón que él le había impuesto, Sakura lanzó una maldición y comenzó a apresurar el paso, Syaoran lucía muy cómodo y divertido disfrutando de la fresca brisa alborotándole el cabello.

Antes de doblar en dirección al bosque de bambú se compadeció de ella disminuyendo la velocidad, Sakura pudo montar la bicicleta en medio de jadeos, apretando sus brazos alrededor del cuello de ese villano.

—¿Por qué sigues siendo malo conmigo? —se quejó Sakura.

—Solo estoy intentando ser romántico —contestó cínicamente—. En las comedias románticas, el chico siempre le hace travesuras a la chica que le gusta.

—Creo que el hábito de la lectura ha creado un efecto contraproducente en ti.

—En la escuela me criticaban mucho debido a mis preferencias literarias.

—Pues gracias al cielo que te apasiona el romance y no el terror psicológico.

—También soy amante de la historia, el cálculo, la astronomía y la erótica.

A pesar de que era difícil ver su rostro, Sakura estaba segura que él había dicho lo último con una sonrisa siniestra. Antes de entrar al concurrido bosque hicieron una parada para degustar de los típicos bocadillos callejeros. Ahí Syaoran descubrió que su dulce favorito era el dango y se sorprendió al saber que las hojas de color rojo que caían de los arboles podían comerse como frituras.

Verlo sorprenderse con detalles tan sencillos era un deleite para Sakura. Atravesaron las imponentes cercas de bambú caminando uno junto al otro, sin tener siquiera la necesidad de hablarse. Esa dicha complaciente era justo lo que ella había buscado durante toda su vida. La admiración que sentía por él iba más allá del deslumbramiento, entre más tiempo compartían, más deseaba de él.

Recorrieron un templo cercano donde aún perduraba un museo de antigüedades, Syaoran se había comportado como un auténtico nerd estudiando cada una de las piezas, perdieron gran parte de su tarde ahí. Debido a que se les hizo muy tarde para subir al parque de los macacos y que a Sakura le dolían las piernas, cenaron en un restaurante de fideos.

—Syaoran —le llamó Sakura.

—¿Sí? —respondió él, sin despegar la mirada del menú de postres.

—¿Puedo saber qué se siente perder a uno de tus padres?

Observando a las decenas de familias alrededor de ellos sintió curiosidad y reparó en que el día que Touya le informó que su potencial madre biológica había fallecido, ella no sintió ningún tipo de tristeza o vacío, lo que era irónico ya que durante varios años deseó que al menos uno de sus padres regresara a la casa hogar para buscarla.

Syaoran dejó la cartilla sobre la mesa y la miró, desconcertado.

—No sé qué responder —se disculpó con voz baja—, es la primera vez que me lo preguntan. Cuando él murió, nadie me preguntó cómo me sentía al respecto, solo me indicaron qué hacer y qué decir. Al principio me sentí frustrado porque con su partida perdí la oportunidad de demostrarle lo que valgo; poco después de tomar su lugar tanto en casa como en la empresa pensé que en realidad perdí la oportunidad de aprender de un gran hombre. Nunca trabajamos por formar un vínculo afectivo pero yo en realidad lo respetaba mucho, me esforcé preparándome para ser alguien igual o mejor que él.

—Puedo ver que tus sentimientos respecto a él son distintos que hacia tu madre.

Syaoran suspiró.

—Mi padre jamás se interesó demasiado por mí, en cambio Ieran procuraba imponer siempre su voluntad, pretendía jugar el papel de madre a distancia escrutando cada uno de mis movimientos e interviniendo cada vez que me consideraba incompetente —Syaoran bajó la mirada removiendo su cuchara en el tazón vacío—. Sin embargo siendo sincero, todavía no logró perdonarle que me haya enviado lejos de casa siendo tan pequeño.

—Todas esas dificultades hicieron que te convirtieras en el maravilloso hombre que eres ahora.

—Deja de esforzarte por alagarme, ya me tienes. De ahora en más te será difícil deshacerte de mí.

—Confío en tu palabra.

Syaoran se sintió sereno luego de la conversación, externar sus incomodidades le había hecho bien. Regresaron a la habitación del hotel inmersos en esa calma silente y ahí la paciencia de su corazón se agotó.

—Tengo que usar el baño —se disculpó Sakura.

—Por supuesto —concedió Syaoran, sentándose en la orilla de la cama.

Se tiró del cabello con los dedos, ¿por qué estaba tan intranquilo? Durante incontables noches había entrado y salido de los hoteles con distintas mujeres y aunque no siempre llegaba a consumar una relación íntima con ellas, con ninguna experimentó ese tipo de nerviosismo. Ahí fue donde comprendió que los sentimientos dominaban cualquier tipo de placer.

—Estoy lista.

La puerta del baño se abrió revelando a Sakura vistiendo únicamente una fina bata de seda. Se dirigió a él sin titubeos y se despojó de la bata dejándola caer en el piso.

—Eres hermosa —le alagó Syaoran, mirándola a los ojos.

Sakura apretó los dedos de los pies sobre la alfombra, jamás dimensionó la posibilidad de estar desnuda frente a él con todas las luces de la habitación reflejándose sobre ella. Pensó que mostrarle su cuerpo no era nada comparado a lo que él hizo en el restaurante exponiendo su alma con ella.

Se sentó a horcajadas sobre él, sacándole la ropa. Syaoran la ayudó despacioso, llenándose de ternura con el fino temblor que provenía del cuerpo de ella, pudo notar a través del acelerado palpitar de la escotadura de su cuello lo nerviosa que estaba y de cierta manera eso lo llenó de consuelo. No iba a ser el único que corría el riesgo de actuar de forma torpe.

La acostó en la cama mientras se liberaba de sus pantalones y se tomó el tiempo de observar su corto cabello regado sobre la almohada, el color uniforme de su cuerpo y el hechizante calor entre sus piernas. La besó sin prisas, disfrutando de las formas y texturas de su piel hasta que estuvo embriagado de su aroma.

Ella se había mostrado intrépida en un inicio pero a medida que las caricias fueron subiendo de tono sus manos se pegaron a las sábanas y sus besos se volvieron rígidos.

Sakura había evitado hacerse expectativas acerca de su primera vez, ya que en muchas ocasiones estuvo cerca de consumar la relación con su novio, no obstante acababa de superar ese punto de intolerancia y fragilidad con Syaoran y no se arrepentía. Sentirlo superaba cada uno de los anhelos que alguna vez pudo tener, él era un hombre cálido y gentil.

Syaoran descansó ocultando el rostro en el pecho de ella después de terminar. Ella seguía aferrándose con todas sus fuerzas a su espalda y él simplemente estaba demasiado avergonzado para mirarla. Ella había minimizado un importante detalle que tampoco deseaba mencionar, su orgullo masculino había tocado el cielo pero su caballero interno permanecía inconforme.

Finalmente se atrevió a mirarla y fue recibido por un par de bonitos ojos verdes sonrientes, ella le apartó el cabello de la frente con una caricia, dejándole saber que todo estaba bien. Syaoran se prometió compensarla el resto de su vida si era necesario, más que hacer el amor esa noche, ellos acabaron adquiriendo un compromiso.


Fujitaka terminó de regar la planta que reposaba en la ventana de su oficina con la cabeza llena de pensamientos, su hijo no se había comunicado con él desde su regreso al país y eso lo mantenía en extremo ansioso. No quería que Touya se sintiese relegado de su lugar como miembro de la familia Kinomoto ahora que se encontraba casado y disfrutando nuevamente de la paternidad.

No era un secreto para nadie que Nadeshiko y Touya no congeniaban y eso lo llenaba de tristeza. Siempre mantuvo la esperanza que llegado el momento tanto Touya como su hermana biológica pudiesen integrarse a la familia. Sin embargo el carácter de su esposa era el principal obstáculo para alcanzar ese sueño.

—¿Puedo pasar? —Eriol tocó la puerta abierta esperando pacientemente en el umbral.

Fujitaka dejó el depósito con agua en la ventana e indicó a Eriol que tomara asiento. Recién comenzaba a descubrir que los años no solo traían consigo experiencia sino también una enorme nostalgia. La primera vez que se entrevistó con Hiraguizawa se vio así mismo cuando era joven con el brillo entusiasta en la mirada, con su rostro fresco y despreocupado. No obstante en la actualidad, viendo a ese muchacho rememoraba el tormento de haber puesto sus ojos en una mujer que estaba fuera de su alcance.

Eriol procuraba mantener su sonrisa juguetona y sus ojos amables, pero todo aquel que había experimentado el dolor, sabía que ese muchacho también estaba sufriendo. Solo esperaba no convertirse también en un motivo más de tristeza.

—Me sorprendió que solicitaras una audiencia en privado —comentó Fujitaka, sirviendo dos tazas de café sobre la mesa—. Y quiero pensar que es para ponerte al día con tu viejo amigo.

Eriol se rió, sosteniendo la taza entre las manos.

—Digamos que he tenido muchos compromisos.

—Me gustaría creer en tu palabra pero honestamente prefiero saber la verdad, no olvides que antes que jefe soy padre y tu cara en este justo momento me recuerda a la de mi hijo cuando está inconforme con algo.

—Es solo que me duele reconocer que todos a mi alrededor tenían razón —Eriol dejó la taza en la mesa y apoyó los codos sobre sus rodillas con desanimo—. Mientras yo pensaba que me estaba saliendo con la mía haciendo mi voluntad y esquivando responsabilidades que no deseaba, en realidad estaba cayendo en mi propia trampa.

—No entiendo qué quieres decir exactamente con eso, lo que eres hoy lo has logrado gracias a tu propio esfuerzo —concedió Fujitaka—. Estas acostumbrado a tomar decisiones por ti mismo, incluso te negaste a estudiar en los colegios y universidades que ellos exigían y mírate ahora, un día serás mejor catedrático que yo.

—Eso era lo que creía, fue solo hasta ayer que me di cuenta de la poca influencia y credibilidad que tengo —soltó con tono de ironía, alzó el rostro, mirando seriamente a su amigo—. ¿Recuerdas que te platiqué acerca de la mujer que amo? Cuando tuve la oportunidad de ayudarla, no pude hacerlo. Dejé que otro hombre asumiera una responsabilidad que me correspondía y eso me hace pensar que cuando la encuentre otra vez, estaré demasiado avergonzado por cederles mi trabajo a otras personas mientras que yo espero cómodamente por ella.

Fujitaka esbozó una sonrisa paternal hacia él. Cada persona lleva un ritmo de crecimiento y madurez distinto, era similar al proceso de aprendizaje, unos tardaban más que otros y eso no significaba que aquellos que se quedaron atrás un tiempo no pudiesen superar a los que mostraron mejores habilidades en un inicio. Eriol finalmente se había convertido en un hombre.

—Por favor, no le digas a nadie que vine a decirte todo esto. Todavía me queda una imagen por mantener.

—Tus secretos están a salvo conmigo —bromeó, moviéndose incomodo en el sofá. Había llegado la parte que había estado evitando durante la semana, pero era imposible postergarlo más—. Aprovechando nuestro encuentro, debo plantearte una situación. Y antes que nada deseo que comprendas que esta decisión está fuera de mis manos.

—Hablas como si fueras a despedirme —jugó Eriol, sonriendo.

Fujitaka se rascó el cuello, intentando relajar la situación.

—Prefiero llamarlo una suspensión indefinida.

Eso era algo que Eriol no se esperaba sin embargo a raíz de los malos entendidos que tuvo por culpa de Hayami se mentalizó durante la tarde que debía despedirse de su trabajo preferido.

—Lo acepto, no te preocupes —tranquilizó—. Aunque me encantaría conocer el verdadero motivo de mi despido, mis alumnos de adoran, así que dudo que alguno de ellos o el resto de docentes se quejaran sobre mi desempeño.

—Siendo sincero a mí también me tomó por sorpresa, en efecto la petición viene de un mando superior, sin embargo ignoro su origen especifico.

Eriol se retiró de la oficina meditabundo. Tenía la certeza de que no fue su familia quien intervino en la renuncia y eso aperturaba otra brecha sobre cualquier sospecha que Kai pudiese tener sobre él. Eso significaba que la noche de la subasta mintió fingiendo no reconocerlo, vaya sujeto. Era absurdo creer que alejarlo de un simple pasatiempo iba causarle algún daño, a menos que ese solo se tratase de su primer movimiento.

Apoyó la frente en el volante del coche mientras pensaba. Syaoran tenía razón, era mandatorio hacerse de más seguridad cuanto antes. Y eso lo obligaba a realizar una llamada que no quería, iba a sentirse demasiado embustero pidiéndole ayuda a Daisuke después de haber solapado la relación de Sakura con Li.

—Demonios.

Se dio un par de golpecitos en la frente estudiando su lista de contactos, cualquier otra persona a la que recurriese iría a informárselo a su familia incluso antes de cortar la comunicación. Se encontraba en una situación desesperada que requería discreción, algo en su interior le decía que acorralar a Kai no sería tan sencillo como planearon en un inicio. Lamentablemente tenía que esperar hasta la mañana siguiente para hablar con Li.

Colocó el teléfono en altavoz e insistió una y otra vez hasta que la llamada fue correspondida.

¿Qué quieres? —gruñó Daisuke.

—Necesito un poco de ayuda —musitó Eriol con voz de disculpa.

Nadie necesita más ayuda que yo en este momento.

—¿Eso crees? Dime dónde estás, iré a recogerte para conversar.

Merecía que lo quemara un rayo, ¡era un hipócrita! De antemano sabía que el único motivo de decepción que atormentaba a Daisuke era Sakura. Su pena aumentó cuando Daisuke comenzó a sollozar en el teléfono, evidentemente borracho.

Ella piensa dejarme, ¿no es cierto? Eres su mejor amigo, ustedes siempre se cuentan estás cosas.

—Te equivocas, hay muchas cosas que no sabemos del otro en la actualidad y quizás es mejor que por un tiempo permanezcan así.

No soy un tonto —se quejó Daisuke—, Sakura está distinta. Estoy casi seguro de que ella está viéndose con alguien...

—Escucha —le cortó Eriol—, necesito que me envíes tu ubicación. Hablaremos tranquilamente en persona.

Al parecer, tendría que pasar la noche con uno de los nuevos miembros del club de corazones rotos.


Estoy sumamente emocionada de compartir este capítulo con ustedes! Gracias a todos/as los que me han acompañado hasta aquí, justo como dijeron en comentarios anteriores falta poco para acabar la historia y todo es gracias a ustedes que me animan a seguir con sus comentarios y lecturas. Espero publicar el próximo capítulo antes que termine el mes y despedir el año como se debe. Espero se encuentren bien, cuídense mucho.