Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Canción utilizada: Infinity - Back-on

"Incluso cuando sentimos que no tenemos a nadie en quien confiar, debemos recordar que hay seres que estarán ahí incondicionalmente; nuestra familia."

Capítulo 12: Somos familia

Sasuke detuvo su auto frente a la casa de Sakura, había estado varias veces ahí, pero esta era la primera vez que venía por algo que no era un trabajo de la escuela. Su celular volvió a sonar, no lo había querido contestar mientras estaba conduciendo, estaba por atender la llamada, pero en ese momento Sakura comenzó a reaccionar, abriendo débilmente sus ojos verdes.

—¿Q-qué pasó? –murmuró, confundida. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que ya no estaba en la escuela, sino frente a su casa.

—Sakura –escuchó la voz del azabache, así que miró a su costado, abriendo sus ojos con sorpresa—. ¿Estás bien? –preguntó él, acercándose a la chica para poner una de sus manos sobre su frente, dejando de lado el celular. Frunció el ceño al sentir su temperatura alta—. Te dije que debías quedarte en casa, ¿por qué eres tan terca? Tienes fiebre.

Ella estaba muda, no sabía qué decir, ¿por qué Sasuke estaba haciendo aquello? ¿Por qué la llevaba a casa? ¿Por qué se preocupaba por ella?

—S-Sasuke-kun… –tartamudeó la peli rosa, echándose un poco hacia atrás para alejarse de él, aunque le gustaba la idea de estar cerca de Sasuke, estaba desconcertada y sorprendida—. ¿Qué pasó? –preguntó, notando que Sasuke también se echaba hacia atrás.

—Te desmayaste en la escuela, deberías ir al médico –le respondió, desviando la mirada—. No vayas mañana, me encargaré de la reunión y de los últimos detalles del festival.

La Haruno no sabía qué decir, se sentía agradecida con él por haberla traído, pero también estaba consternada, no entendía por qué de pronto Sasuke era amable con ella, ¿por qué se comportaba de ese modo? Justo cuando ella estaba haciendo todo lo posible por olvidarlo, ¿por qué Sasuke parecía no querer que lo hiciera?

—Gracias… –murmuró, quitándose el cinturón de seguridad y abriendo la puerta del auto para salir, pero él la tomó por la muñeca y la detuvo, había sido un impulso estúpido, simplemente no quería que se fuera, quería estar cerca de ella un poco más.

Al atraerla hacia su cuerpo, el azabache la abrazó, Sakura se sentía débil y apenas pudo reaccionar, pero sintió que su corazón se aceleraba y su estómago se apretaba. Estar entre los brazos de Sasuke se sentía muy cálido, era una sensación que simplemente no podía describir, lo había esperado tanto, tanto que pensaba que esto no era más que un sueño, que estaba alucinando por la fiebre.

—Sakura, yo… –él se separó levemente, mirándola a los ojos, podía sentir de cerca su respiración agitada y también notaba su pequeño cuerpo temblar, fue cuando la tuvo así, que se dio cuenta de algo que había estado tratando de negar durante muchísimo tiempo; sentía algo por Sakura, algo que ni él mismo podía explicarse.

—T-tengo que entrar a casa, Sasuke-kun –habló ella, sin atreverse a mirarlo.

Sasuke frunció el ceño.

—Tengo que decirte algo.

La chica negó con la cabeza, abriendo nuevamente la puerta.

—Me dices otro día –respondió, corriendo hacia el interior de su hogar, aunque se sentía mareada y aun le dolía el pie lastimado.

Él sólo la vio huir, entendía por qué estaba escapando de él, porque era un idiota, estaba actuando como si tuviera el derecho de acercarse a ella, cuando sabía que no. Sakura estaba con Naruto y él lo sabía, no podía ser tan maldito de tratar de meterse entre ellos, además, estaba el contrato con la disquera.

—Ah, ¿qué estoy haciendo? –se dijo, pasándose una mano por el cabello. El celular volvió a sonar, frunció el ceño al ver que se trataba de Naruto, en serio era insistente—. ¿Qué? –habló, pero tuvo que alejarse el aparato del oído al escuchar el grito de su amigo, que le urgía a presentarse cuanto antes en la disquera, ya que tendrían pronto una presentación.

*• - _ -•**• - _

A pesar de lo mal que se sentía después de que Gaara le había dicho que nada más pasaría entre ellos, Matsuri estaba tratando de mantenerse fuerte y de sonreír, había llorado un poco cuando llegó a casa, pero su mamá le dijo que llegaría temprano y le daba mucha vergüenza que ella la encontrara con los ojos rojos y la cara hinchada, así que se fue a lavar la cara al baño y se puso a tocar un poco el piano para distraerse.

Hinata le había contado sobre el contrato que firmaron los chicos, ellos no podían tener novia y Matsuri no era tan egoísta como para hacer que Gaara renunciara a su sueño, incluso si él era para ella su sueño. Le dolía pensar en tener que estar alejada de él, pero, por otro lado, también estaba segura de una cosa, de que no quería olvidarse de lo que sentía.

Con miles de pensamientos sobre él rondando su mente, ella comenzó a tocar las teclas del piano, creando una dulce melodía que salía desde el fondo de su corazón, revelando su alma y sus más profundos sentimientos de amor y desolación.

—Matsuri, ¿llegaste a casa? –escuchó la voz de su mamá, la cual acababa de entrar por la puerta. Ella dejó de tocar y se volteó, realmente había llegado más temprano de lo normal, era muy extraño.

—Mamá, hola –le saludó, levantándose del asiento del piano para correr y abrazar a su madre—. Qué inusual es verte aquí a estas horas.

Su madre correspondió al abrazo, apretujando a su hija y casi dejándola sin aire, pero ésta no se quejó, siempre le gustaba que su progenitora fuese melosa con ella.

—Te dije que teníamos que hablar sobre algo serio, Matsuri –respondió la hermosa mujer de cabellera castaña, separándose de su hija para poder quitarse el saco del uniforme de satín que siempre llevaba y colgarlo sobre el perchero.

Ayako vestía siempre de modo elegante, con trajes simples, pero bonitos, era muy joven, pues había dado a luz a su hija a una edad temprana y, a pesar de que su matrimonio con el padre de ésta no había funcionado, ella nunca se dejaba derrotar por nada, por eso Matsuri la admiraba a montones.

—¿Es algo malo? –preguntó la menor, ladeando su rostro. Estaba segura de que tenía que ser un tema serio, sino su madre no se habría ido temprano del trabajo sólo para tratarlo.

—No es malo –respondió la mujer. Tomó asiento en el sillón de la sala y le indicó a su hija que también se sentara—. Bueno, en realidad, eso depende de cómo lo tomes, Matsuri.

La chica frunció el ceño y también los labios, tenía un mal presentimiento.

—Okay, ya dime, entre más rápido, mejor.

Ayako soltó un suspiro, Matsuri tenía razón, era mejor que se lo dijera rápidamente, si le daba demasiadas vueltas al asunto, podría terminar complicando las cosas. No encontró mejor manera que estirar su mano hacia su hija, de modo que ella pudiera ver el llamativo anillo que llevaba puesto en el dedo anular, el cual era coronado por un precioso diamante.

—Voy a casarme –dijo entonces, notando que Matsuri abría sus ojos hasta casi salírsele de las cuencas—. Desde hace algún tiempo yo mantengo una relación sentimental con mi jefe y… él me ha pedido matrimonio.

A Matsuri casi se le cayó la mandíbula, no sabía si es que acaso esto se trataba de una broma o de una cámara escondida, por si las dudas, echó un vistazo a su alrededor, pero era evidente que esa enorme roca no era falsa, era más real que ella misma, debía valer una fortuna, lo que significaba que su madre le estaba hablando en serio.

—N-no sé qué decir –habló por fin—. Y-yo, supongo que… te felicito, mamá.

—Matsuri –Ayako se levantó de su asiento y se acuclilló frente a su pequeña, que ahora ya era casi una mujer—. Sé que esto puede ser complicado para ti, siempre hemos estado las dos solas, pero créeme, él es un buen hombre y a su lado, seremos capaces de formar una familia, ya no tendremos que estar solas nunca más, incluso vas a tener hermanos –dijo, limpiando una pequeña lágrima que se asomaba por los negros ojos de su hija, era obvio que su Matsuri se asustaría con esto, estaban a punto de romper su normalidad.

—Yo soy muy feliz de que tú estés enamorada, mamá –dijo la menor, dibujando una suave sonrisa en sus labios—. Sólo quiero estar segura de que ese señor te quiere y te respeta, si tú dices que es así, entonces te apoyaré.

La madre abrazó muy fuertemente a su hija, intentando transmitirle su confianza y seguridad; todo iba a estar bien.

—Pronto lo conocerás, vas a ver que él es un hombre muy bueno y te va a querer como si fueras su hija, sus hijos también sabrán hoy sobre el compromiso, espero que se lleven de maravilla.

—Lo voy a intentar –respondió la castaña menor, asintiendo con la cabeza. Ella pensaba que esto iba a ser algo bueno, siempre y cuando hiciera feliz a su amada madre, pero no tenía idea de que, tal vez, sería más problemático de lo esperado, después de todo, era toda una nueva familia a la cual acostumbrarse.

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Itachi había llegado a casa después de sus clases en la universidad, estaba muy cansado, ya que las fechas estaban llenas de exámenes, uno tras otro, por eso, solamente tenia ganas de dormir, pero sabía que su padre tenía algo que decirle a él y a su hermano.

Se arrojó sobre el sofá y miró la hora en su celular, todavía era temprano, su padre iba a llegar en un par de horas más, así que llamó a Sasuke, pero éste no le atendía. Frunció el ceño, le había dicho a su hermano que tenía que estar temprano en casa, ¿ese chico nunca entendía?

—Rayos, papá se va a volver loco como llegue y Sasuke no esté aquí –murmuró.

Iba a guardarse el teléfono para subir a darse una ducha rápida, pero una notificación de sus redes sociales le llamó la atención. No las usaba mucho, lo cierto era que no le gustaban para nada, las había abierto solamente porque a veces se comunicaba por ahí con sus compañeros de la universidad.

—¿Qué es esto? –se preguntó, abriendo dicha notificación, se trataba de una solicitud de amistad, el nombre decía Izumi. Itachi la reconoció, era una compañera de la escuela, no la veía hace tiempo, pero era de las pocas que le caían bien y le parecían agradables—. Oh, veamos…

Abrió el perfil de la chica, aparecían varias fotos de ella, salía en la playa, con su familia, con amigos. Parpadeó al notar lo bonita que se había puesto, solía ser una niña muy desaliñada, era increíble lo mucho que había cambiado.

—Uhm, supongo que la aceptaré –susurró, sonriendo levemente.

Después de eso, se guardó el celular y se puso de pie para ir al baño, necesitaba darse una ducha tibia y relajarse un poco, esperaba que Sasuke llegara pronto.

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Algo que Shikamaru odiaba con todas sus fuerzas era ir al supermercado, siempre se hacía el dormido o el enfermo para que su madre no lo fastidiara enviándolo a comprar algo, pero hoy no se había podido zafar y, ahí estaba, empujando ese bendito carro lleno de productos que ahora mismo se dirigía a pagar.

Soltó un suspiro cuando se dio cuenta de que todas las cajas estaban ocupadas y que, además, había una larga fila en cada una de ellas. Buscó con la mirada la que fuera más corta y se formó, esperando a que le llegara su turno, solamente quería pagar e irse rápido de ahí, además, todavía tenía tarea que terminar y quería practicar un poco con el bajo, necesitaba ponerse al día con su instrumento musical.

—¡Ya le dije que yo llegué primero! –escuchó un grito proveniente del otro lado del supermercado, de una voz que se le hizo muy familiar. El pelinegro se dio la media vuelta, curioso, igual que el resto de clientes, sólo para ver con sorpresa a cierta chica rubia, discutiendo con un señor en el pasillo de productos congelados, mientras agitaba un paquete de camarones que tenía en la mano derecha.

—Escucha, mocosa, yo lo agarré primero, así que yo me lo llevo –dijo el hombre, el cual era muy alto y parecía intimidante, pero a esa chica no le daba ni una pizca de miedo, Temari era una mujer de armas tomar, después de todo.

—¿Sí? Pues quien lo tiene en sus manos soy yo, yo me lo llevo –contestó ella. Tomó su pequeño canasto, en donde llevaba pocas cosas y se marchó hacia la fila, hoy tenía que preparar la cena, pensaba hacer algo delicioso, que le gustara a su hermano Gaara y a su padre, no iba a dejar que nadie se lo arruinara, menos ese sujeto impertinente.

—¿A dónde crees que vas? –el tipo le agarró fuertemente de la muñeca, por muy ruda que Temari fuera, era una chica y era mucho menos corpulenta que el hombre, quien aplicó demasiada fuerza y le provocó dolor—. Me vas a dar ese paquete de camarones o te juro que te vas a arrepentir.

Temari intentó soltarse, pero no lo conseguía, se estaba cabreando, pensaba clavarle su tacón en el ojo si era necesario, pero le sorprendió ver que alguien más sostenía la muñeca del tipo.

—No es educado tratar así a una dama –dijo Shikamaru, apretando firmemente el brazo de ese hombre, era sorprendente pensar que un chico de instituto que, además no lucía nada musculoso, en realidad tuviera tanta fuerza, pues la piel del enorme sujeto pronto comenzó a amoratarse.

El tipo miró a Shikamaru, descubriendo sus ojos llenos de enojo, entonces se fijó en que las demás personas no dejaban de verle con reproche e incluso una chica en la fila lo estaba filmando con su celular, así que decidió dejarlo por las buenas y soltó el brazo de Temari. Shikamaru al instante lo dejó ir y éste se dio la media vuelta, buscaría otras cosas y esperaría a que todos esos chismosos se alejaran antes de ir a pagar sus compras.

—Qué problemático –suspiró el Nara, mientras Temari le observaba con gran sorpresa. Desde que había conocido a ese chico, siempre le pareció que era del tipo que nunca se metería en donde no lo llaman, no podía creer que alguien así se hubiese atrevido a defenderla. Él la miró entonces, notando que su piel estaba un poco roja—. ¿Estás bien? –le preguntó, tomando su mano con delicadeza, pero la chica apartó la misma con rapidez.

—Sí, gracias –respondió, todavía un poco desconcertada—. Gracias por ayudarme, aunque lo tenía controlado –añadió, un poco más relajada, pensaba que, si bromeaba un poco, sería capaz de superar ese tenso momento.

Shikamaru frunció el ceño, mirándola fijamente.

—Supongo que no debí meterme entonces –dijo, llevándose las manos a los bolsillos de la chaqueta color verde militar que llevaba puesta—. Pero me alegra que estés bien.

La rubia sonrió ligeramente, no podía negar que sí se había asustado cuando ese tipo la tomó de ese modo, estaba verdaderamente agradecida con Shikamaru, pero no se lo iba a dejar saber en voz alta.

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Cuando Sasuke llegó al edificio de la disquera, se dio cuenta de que los chicos se encontraban en una sala de prácticas muy amplia, era la que Hinata utilizaba para ensayar sus coreografías. Ella estaba junto a sus amigos, todos estaban sentados, haciendo un círculo en el medio del salón. El Uchiha arqueó una ceja, ya que no entendía bien qué estaba pasando.

—¿Qué rayos? –preguntó, acercándose.

Naruto fue el primero en reaccionar al verlo llegar, poniéndose de pie y jalándolo para obligarlo a sentarse en la silla que estaba vacía, junto a la suya.

—¡Hasta que apareces, teme! –exclamó—. ¿Se puede saber en dónde rayos estabas y por qué no respondías? ¡Tenemos trabajo que hacer!

El azabache se sintió molesto por ser regañado por alguien como Naruto, un chico escandaloso, despistado y descuidado, que siempre dejaba todo para el último minuto.

—No te incumbe –contestó, cruzado de brazos, y es que tampoco le iba a decir a Naruto que había estado la última hora junto a la novia de él, que la había abrazado, que se había dado cuenta de que sentía cosas por ella.

—Es bueno que hayas llegado –dijo Gaara, intentando calmar un poco el ambiente tenso que había notado—. Nos han dicho que tendremos que presentar tres canciones en el concierto que dará Hinata este domingo, una de las canciones la cantaremos con ella –comentó, mostrándole a Sasuke la letra y las partituras del tema en cuestión—. Los otros dos los podemos elegir nosotros.

Sasuke miró aquella canción, como él era quien escribía los temas del grupo, solía ponerle muchos peros a usar otras canciones que no fuesen la suyas, pero esta no le había parecido mala, al contrario.

—Supongo que está bien, no tiene acordes difíciles, sólo necesitamos practicarla un poco –dijo, alzando la mirada para ver a Hinata Hyûga, la idol había estado muy callada todo el tiempo y, en cuanto notó su visión sobre ella, se sintió un poco intimidada, lo mismo le sucedía con Gaara y con Sai, ellos eran personas muy distantes y que le provocaban ese sentimiento de opresión, a diferencia de Naruto, con quien siempre estaba cómoda.

—Yo ya me los aprendí –dijo con orgullo el rubio, apuntándose a sí mismo con el dedo pulgar—. En lo que tú perdías el tiempo, hice algo productivo.

—Te felicito, primera vez que haces algo productivo –le atacó Sasuke, borrando la sonrisa del rostro de su amigo—. En fin, Hinata –dijo volviendo su atención a la joven—. ¿Ya pensaste en cómo harás tu entrada? Aquí dice que no cantas hasta la segunda mitad de la canción, ¿no sería bueno mantener tu participación secreta hasta que llegue el momento?

La chica asintió con la cabeza, sonriendo.

—Sí, ya lo había pensado, mientras ustedes tocan, yo entraré desde bambalinas para empezar con mi parte.

Mientras ellos hablaban, Sai estaba sosteniendo las baquetas de la batería, simulando que interpretaba los sonidos de percusión en el aire, era una composición simple, pero le entusiasmaba la idea de aprenderla.

—Yo tengo dudas acerca de si nuestras voces van a combinar –dijo Gaara, dirigiéndose a Hinata—. Tu voz es, evidentemente, muy dulce y clara, la mía es mucho más grave, ¿no crees que sería un poco fuera de lugar?

—La mejor forma de saber si funcionará es haciendo una pequeña prueba –habló Sai, que seguía simulando tocar la batería—. Canten la canción juntos, traten de ajustar sus voces, vamos a ver si funciona.

Gaara y Hinata asintieron con la cabeza y, mientras Naruto les tocaba la guitarra, el pelirrojo comenzó a entonar la melodía, mirando la letra que estaba escrita en la hoja de papel que sostenía en su mano derecha. Sasuke agarró el bajo, intentando entonar con ellos, en lo que Sai solamente cerraba sus ojos para oírlos. La sorpresa de todos fue muy grande cuando ambos jóvenes cantaron la línea que les correspondía juntos y, a diferencia de lo que habían pensado en un inicio, sonaban demasiado bien, tanto, que Naruto tuvo envidia de Gaara por un instante.

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Después de que se dio un baño y se puso su pijama para descansar, Sakura se metió bajo las sábanas y cerró sus ojos. No tenía fuerzas ni para hacer su tarea y su madre le aseguró que mañana a primera hora la llevaría a ver al médico, así que era mejor que se olvidara de las clases por unos días.

—Odio faltar a clases, pero me siento tan mal –se dijo con el ceño fruncido.

Se cubrió con el edredón de la cama, tenía fiebre alta, pero estaba muy mejorada respecto a como se había estado sintiendo en la escuela. Cuando abrió nuevamente los ojos, recordó lo que había pasado con Sasuke en el auto de él, sintió que su cara ardía, pero ahora no sabía si era por la fiebre o por él.

—Sasuke-kun… –susurró, mordiéndose el labio inferior. Recordaba perfectamente las manos de Sasuke alrededor de su cuerpo y el tibio calor de su cuerpo, sentía que su corazón se agitaba de un modo que le llegaba a molestar, como si se ahogara, ¿por qué tenía que pasarle eso?

—Sakura –la voz de su madre la distrajo. La chica se sentó en la cama y vio que su mamá entraba al cuarto, trayendo una bandeja con comida ligera en sus manos—. Debes comer un poco, hija, te preparé un delicioso caldo para que recuperes fuerzas –dijo amablemente, sonriendo.

Sakura también sonrió, su mamá era muy dulce, ya que ella era hija única, sus dos padres la cuidaban como si ella fuese su mayor tesoro, eso siempre le había hecho sentir privilegiada.

—Gracias, mamá –contestó, mientras la mujer acomodaba la bandeja sobre sus piernas. Mebuki Haruno era una mujer de cabellera rubia y ojos verdes, un poco más oscuros que los de su hija, aunque sus rostros eran muy parecidos. Ella trabajaba como ama de llaves en una casa de ricos, tenía unos horarios muy estrictos, así que trataba de aprovechar todos los momentos posibles junto a su hija.

—Sakura, cariño, estás demasiado roja, parece que tienes mucha fiebre –dijo la rubia, posando una mano sobre la frente de su hija—. Vamos, come, come, te sentirás mejor.

—Sí –Sakura sonrió levemente y comenzó a comer.

No quería seguir pensando más en Sasuke Uchiha por ahora, se suponía que ella se había propuesto superar ese amor no correspondido.

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Trabajar para Neji Hyûga era la cosa más cansada del mundo, a parte de tener que fingir que era su novia y de soportar que la ex de él siempre lo quisiera matar, él parecía ser un jefe explotador, siempre mandándole a hacer una cosa y otra, ahora le había pedido que organizara el vestuario de Hinata para este domingo. Tenten estaba revisando las prendas una por una, fijándose si ninguna tenía algún fallo, o si el material de alguna de ellas podía irritar la piel de Hinata, había escuchado que su piel era muy sensible y delicada.

—Debe ser grandioso ser tratada como una princesa –dijo para sí misma, mientras dejaba una preciosa chaqueta de color rosa colgada en el perchero largo, en donde los demás trajes esperaban revisión.

—No es tan grandioso –escuchó una voz femenina a su lado, la cual le hizo dar un salto del susto. Tenten se volteó rápidamente a verla y ahí la notó, Hinata Hyûga estaba de pie a su lado, luciendo su hermosa sonrisa, su perfecta cabellera sedosa y su preciosa figura.

—S-señorita Hinata –dijo apenada la castaña.

—Por favor, Tenten-san, sólo dime Hinata –dijo la ojiperla, desviando su mirada hacia las prendas que Tenten estaba colgando—. Muchas gracias por revisar y organizar mi vestuario, sé que noes algo fácil –añadió, sorprendiendo a Tenten por su amabilidad, ya que había escuchado que Hinata tenía un carácter explosivo, que a veces era dulce y buena, pero otras veces se volvía loca.

—Es mi trabajo –contestó la castaña, esbozando una gran sonrisa—. Todavía falta el vestido de la fiesta de apertura –bajó un poco el tono de su voz, acercándose a Hinata para susurrar a su oído—. Escuché que asistirán los chicos de Strikes, ¿es cierto?

—Oh, sí –contestó Hinata, asintiendo fervientemente con la cabeza—. Ellos estarán presentes en el concierto también, son realmente populares entre las chicas.

Los ojos de la china se iluminaron, ella era fan de esa banda, estaba perdidamente enamorada del vocalista, le parecía que era un chico sumamente apuesto y agradable, aunque solamente lo había visto por la televisión.

—Qué suertuda soy, le pediré su autógrafo a Toneri-san –al oír la mención de ese nombre, el ceño de Hinata se frunció ligeramente, pero Tenten ni siquiera lo notó—. Me pregunto si en persona será tan guapo y amable como luce en entrevistas.

—Es un pesado –respondió la idol, llamando la atención de la asistente, que le miró sorprendida. Hinata se dio cuenta de lo que había dicho y rápidamente negó con la cabeza, nerviosa—. N-no me hagas caso –dijo, agitando sus manos de un lado al otro—. De todos modos, cuando traigan mi vestido, me avisas, ¿sí?

—¡Claro! –contestó la chica, entusiasmada.

Hinata no era para nada como le habían contado.

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Era bastante tarde cuando terminaron los ensayos de ese día, Sai se había despedido de los chicos y se dirigía hacia su casa. Hace un par de horas, llamó a su madre para avisarle que llegaría tarde, no quería preocuparla, últimamente se estaba sintiendo mejor, pero, de todos modos, no le agradaba que se alterara.

—Hace frío… –murmuró, abrazándose a sí mismo, ya que no iba muy abrigado que digamos. Su casa no quedaba tan lejos del estudio, así que había preferido irse caminando, ya que era mejor ahorrar todo el dinero que pudiera para los remedios de su madre.

La enfermedad que ella sufría se podía controlar con medicamentos, pero para que pudiera curarse, era necesaria una cirugía muy cara. Sai había intentado hablar con su padre -al cual detestaba- para pedirle ayuda, pero éste apenas y le había recibido en su lujoso despacho, él era un hombre despreciable y descorazonado, ni siquiera le afectaba ver que la mujer que le había dado un hijo podía morir, aunque, tampoco le importaba su hijo, por eso, Sai no usaba su apellido, sino el de su madre.

Se metió las manos a los bolsillos de la chaqueta, ya que las tenía heladas, entonces pasó por afuera de una tienda de flores, la cual le llamó bastante la atención, pues en el letrero ponía Yamanaka. Ese era el apellido de su compañera de clases, Ino Yamanaka, esa chica que era extremadamente efusiva y linda.

—¿Sai? –escuchó su nombre ser mencionado, así que se volteó, encontrándose con la muchacha que justamente ocupaba sus pensamientos. Ella le miraba curiosa, con sus enormes ojos azules. Llevaba un ramo de flores en sus manos, parecía que pertenecían a esa tienda—. ¿Qué haces aquí? –le preguntó ella, ladeando su rostro.

El pelinegro bajó la mirada, fijando sus ojos en aquel ramo de flores, se preguntaba si acaso ella las traía porque alguien se las había regalado, alguien como su novio, por ejemplo.

—Solamente iba pasando –contestó finalmente, esbozando esa típica sonrisa enigmática que siempre ponía.

—¡Estás temblando de frío! –exclamó la rubia, notando lo pálido que él estaba, más de lo normal, pero su nariz estaba roja—. ¿Hace cuánto rato que estás paseándote así por la calle? Ven, ven –dijo, empujándolo hacia el interior de la tienda, gesto que lo tomó totalmente desprevenido—. Esta es la tienda de mi familia, mis padres son los dueños –le explicó.

Sai se dejó empujar hasta estar dentro de la floristería, dentro había un buen y cálido ambiente, se sintió aliviado, ya que se estaba congelando.

—No es necesario que me dejes pasar, Ino-san, mi casa queda cerca.

La chica le miró con el ceño fruncido, dejando las flores que traía en sus manos sobre una mesa.

—A mí nadie me dice qué tengo que hacer –respondió, poniéndose las manos sobre la cintura, en un gesto claramente desafiante. Sai parpadeó al verla hacer eso, estaba sorprendido, genuinamente sorprendido—. Voy a traerte un café y buscaré un abrigo, no vas a salir con este frío mientras yo lo pueda evitar –aseguró, yendo por unas escaleras de caracol hacia el piso de la tienda que no se podía ver para el público.

—Qué chica tan rara… –murmuró el baterista.

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—¿En dónde está tu hermano? –preguntó Fugaku, frunciendo el ceño al ver a su hijo mayor sentado a la mesa, pero del menor no había ni sus luces, ya era la hora de la cena y Sasuke no se presentaba, ¿acaso no le habían dicho que tenía que estar ahí?

Itachi se encogió de hombros, cerrando sus ojos.

—No lo sé, lo llamé un montón de veces, pero no contesta –respondió el pelinegro.

Fugaku hizo un gesto a la empleada de la casa para que les sirviera la comida, no quería empezar sin que estuvieran los tres, pero se estaba haciendo algo tarde y Sasuke no aparecía, no dejaba de preguntarse en dónde se habría metido el muchacho, parecía que siempre se mandaba solo.

—Señor –le dijo la otra empleada, la cual se encargaba de mantener a las demás en orden—. El joven Sasuke acaba de llegar, dijo que se cambiaría el uniforme de la escuela y vendría enseguida –informó la mujer de avanzada edad, a lo que el padre de la familia Uchiha asintió.

—¿Ves, padre? Sasuke ya llegó –comentó Itachi, mucho más relajado, era difícil cubrir a Sasuke con su padre y, lo más seguro era que se encontrara con su banda. Itachi sabía muy bien lo de la banda de Sasuke, inclusive, había sido él el que le ayudó a conseguir la firma de su padre—. En fin –siguió hablando el joven—. ¿Qué era eso tan importante que tenías que decirnos?

—Lo diré cuando tu hermano esté aquí –contestó, dándole una probada a la comida que le acababan de servir.

Sasuke se acercó al cabo de unos minutos, como se había pasado desde el colegio directamente a la casa de Saura y luego al ensayo con los chicos, había traído puesto todo el día el uniforme, este no era demasiado cómodo, menos para cenar.

—Hasta que das la cara, hermanito –habló Itachi, provocando que Sasuke frunciera el ceño, ¿siempre tenía que ser tan molesto?

—Cállate –dijo de mala gana, tomando asiento en su lugar de siempre.

El padre de ambos carraspeó su garganta, tenía los ojos cerrados y una expresión seria en el rostro, los otros dos le miraron curiosos, habían olvidado de qué se trataba todo esto en primer lugar.

—Ah, padre, ¿ahora ya vas a decirnos qué sucede?

Fugaku Uchiha asintió ante la pregunta de su hijo mayor, luego los miró a ambos fijamente.

—Sé que es un poco repentino, pero lo que debo decirles quizá produzca un gran cambio en la familia.

Ambos, Sasuke e Itachi, lo observaron sin comprender, ¿acaso había sucedido algo malo? ¿Qué clase de cambio les esperaba?

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Cuando Naruto llegó a casa, se sentía sumamente cansado. Se había aprendido una nueva canción en tiempo récord y todavía tenían que practicar las otras dos que iban a interpretar con el grupo, aunque ya habían elegido la lista. Estaba muy nervioso, había anhelado por mucho tiempo algo como esto, poder presentarse frente a muchas personas, se sentía emocionado y aterrado a la misma vez.

Se sentó sobre su cama y tomó entre sus manos la fotografía de su madre Kushina, ella era tan bonita, Naruto aún recordaba su brillante sonrisa y su hermosa voz, ¿cómo sería estar con ella ahora? Seguramente no habría tenido ningún problema para seguir su sueño, aunque Naruto no le guardaba rencor a su padre, entendía bien por qué Minato había prohibido que él se dedicara a la música en un principio, afortunadamente, eso ya no era así.

—Mamá, muy pronto todos van a conocer mi música, ¿no es eso genial? –habló con una enorme sonrisa a aquella fotografía, pero unos golpes a su puerta le distrajeron.

—Naruto –dijo Minato, el cual abrió la puerta sin esperar respuesta—. Es la hora de cenar, tu padrino nos espera en la mesa, ¿qué haces?

—Ah, nada –contestó el rubio menor, volviendo a poner la foto de su madre sobre la mesita de noche, para luego levantarse de la cama—. Papá, tengo que contarte algo –dijo, caminando junto al mayor hacia el comedor. Ambos tomaron asiento junto a la mesa, en donde Jiraiya ya les esperaba, manteniendo la cara escondida entre las páginas de un libro de dudosa procedencia.

—¿Qué sucede? –preguntó Minato, sirviéndose un poco de jugo para beber.

—El domingo mi grupo y yo nos vamos a presentar en un concierto –contestó, llevándose un pedazo de carne a la boca enseguida, aunque notó de reojo que su padre y también su padrino le miraban sorprendidos.

—¿Tan pronto? –el que preguntó había sido Jiraiya, dejando de lado su libro por un momento. Naruto asintió con la cabeza, sin dejar de comer con emoción, ya quería que llegara el día.

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Temari terminó de servir la cena y notó que sus hermanos y su padre se acercaban a la mesa, Gaara apenas había llegado hace unos minutos y Kankuro salía de su cuarto, luego de estudiar para sus exámenes universitarios.

—Vaya, vaya, pero qué delicioso se ve esto –comentó un animado castaño, sentándose a la mesa con alegría, estaba muerto del hambre y le agradaba la presentación y el aroma de la comida. Su hermana no era una experta en la cocina, para nada, pero tampoco era del todo mala, siempre se esforzaba mucho para hacerlo lo mejor posible, aunque casi siempre era el mismo Kankuro el que se encargaba de la comida.

—Más te vale que te guste, porque sino te pateo –dijo Temari, a lo cual, Kankuro le miró un poco nervioso.

—Pero no me trates así –se quejó—. Gracias por cubrirme hoy en la cocina, pude estudiar muy bien al aprovechar el tiempo libre.

La rubia se cruzó de brazos, haciéndole un desprecio.

—Pero que conste, no lo hice por ti, sino por Gaara –comentó, mientras el pelirrojo se acomodaba en la silla.

—Gracias –fue todo lo que dijo él, pues no estaba del todo puesto en la cena familiar, no dejaba de pensar en Matsuri y en lo sucedido durante la tarde. Odiaba verla llorar, pero incluso más que eso, detestaba ser el motivo de sus lágrimas.

—Temari, toma asiento –dijo Rasa, a lo cual, su hija mayor asintió con la cabeza y se sentó, quitándose el delantal que había estado usando para cocinar y proteger su ropa—. Dime, ¿cómo te ha estado yendo con su práctica? –interrogó, comenzando a comer.

—Ah, muy bien, no he tenido inconvenientes –respondió la chica, mirando de reojo a Gaara, por suerte, éste no se había metido en demasiados problemas desde que ella estaba en su escuela.

—¿Qué hay de ti, Kankuro? –esta vez le preguntó a su segundo hijo, el que ya había empezado a comer también. Éste le miró con una enorme sonrisa, dándole la respuesta obvia a su pregunta.

—Excelente, papá –contestó.

Se hizo un pequeño silencio y, entonces, Rasa miró a Gaara.

—Escuché que compartes el primer puesto con dos de tus compañeros –le dijo al menor, quien no parecía muy interesado en la conversación, pero asintió.

—Sasuke, Sakura y yo tenemos el promedio perfecto –dijo. No le gustaba mucho hablar con su padre, siempre lo ponía de malas, porque él, a pesar de que muchas veces se acercaba a ellos de modo amable, al final acababa diciendo algo molesto que, al menos a Gaara, lo sacaba de sus casillas.

El padre de familia no respondió, sólo siguió comiendo, así que sus tres hijos lo imitaron, pero, apenas se le acabó lo que tenía en el plato, volvió a tomar la palabra.

—Tengo que decirles algo –habló, llamando la atención de sus hijos, quienes voltearon a verle. Era extraño, pero Rasa parecía muy nervioso, eso no era nada normal en él—. He estado pensando varios días sobre cómo comunicarles esto, quiero que sepan que respeto enormemente a su madre, pero ya ha pasado mucho tiempo y…

—¿Qué pasa? –le interrumpió Gaara, frunciendo el ceño. Rasa le miró seriamente y continuó con su charla, no había tiempo que perder para confesar algo tan importante.

—Lo que sucede es que voy a casarme –dijo al fin, dejando anonadados a los otros tres presentes, incluso Gaara tenía los ojos sumamente abiertos.

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—¡De ningún modo! –exclamó Sasuke, poniéndose de pie y dándole un golpe a la mesa, lo que hizo que todos los platos y cubiertos resonaran—. No me interesa ir a vivir al extranjero, papá, te puedes ir solo si quieres.

—¡Sasuke!

—¡No voy a ir! –aseguró el menor, manteniendo el ceño fruncido y dándole otro golpe a la mesa, para luego salir corriendo de ahí.

Itachi suspiró, era obvio que su hermano no iba a aceptar algo como eso, él tenía toda su vida en este país, en esta ciudad, su reacción era sumamente normal.

—¡Sasuke, regresa aquí! –exclamó Fugaku, poniéndose de pie para ir detrás de su hijo, pero Itachi se interpuso en su camino, tenía que calmarlo y permitir que Sasuke también se tranquilizara.

—Papá, deja a Sasuke, está muy alterado por la noticia, no es buen momento –le dijo al mayor, el cual le observó fijamente durante unos breves segundos, para luego asentir con la cabeza y soltar un suspiro, Itachi tenía razón, después de todo, Sasuke tenía un carácter sumamente explosivo cuando algo no le gustaba.

—Él tendrá que aceptarlo tarde o temprano –dijo el hombre, cerrando sus ojos—. Esta oportunidad es buena para nosotros, se trata de un negocio importante.

—¿Es necesario que vayamos? –inquirió el azabache, con seriedad. Lo cierto era que él tampoco quería irse a otro país, no era un buen momento para él.

Su padre no le respondió enseguida, lo meditó por un instante, pero terminó por asentir con la cabeza, creía que era imperativo aceptar aquel negocio que su primo Obito Uchiha le había propuesto.

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La floristería de los Yamanaka era grande y muy bonita, a pesar de que ya habían cerrado, Sai continuaba ahí dentro, observando el precioso lugar y bebiendo el café que Ino le sirvió. Ella se encontraba sentada frente a él, bebiendo otro café.

—¿Ninguno de tus padres está aquí hoy? –interrogó el pelinegro, que ya no sentía sus manos y rostro congelados, gracias a que Ino le había prestado una chaqueta de su padre, la cual éste nunca usaba.

—No, papá está fuera de la ciudad y mamá se fue temprano porque tenía cosas que hacer –explicó la joven—. Yo a veces me quedo a cargo, como hoy –Ino sonrió dulcemente y le dio un sorbo a su café, el cual estaba demasiado caliente—. ¡Ah, eso quema! –exclamó, alejándose la taza de los labios y agitando su mano para tratar de bajar un poco la molestia.

—¿Estás bien? –cuestionó Sai, acercándose un poco a ella para revisar que no se hubiese hecho mucho daño. Ella lo miró un poco sorprendida por su cercanía repentina, sin evitar que sus mejillas enrojecieran.

—Sí, sí, sólo fue una quemadura leve –contestó, avergonzada.

Sai asintió con la cabeza y se volvió a echar para atrás, entonces Ino solamente bajó la mirada. El chico se quedó en silencio durante unos segundos, hasta que echó un vistazo a las flores que Ino traía entre sus manos en el momento en que se encontraron.

—¿Esas flores te las dio tu novio? –interrogó, señalando el ramo.

Ino miró ese ramo y rápidamente negó con la cabeza, un poco confundida y desconcertada por aquella extraña pregunta.

—Oh, no, eran de un cliente, salí a entregárselas, pero parece que no estaba en casa –respondió, soltando un hondo suspiro—. Mamá va a matarme cuando lo sepa.

El chico ladeó su rostro, ¿entonces no eran las flores de un novio para su novia, sino la devolución de un cliente? Bueno, no es como si a él le importara, se suponía que no le incumbía anda de esto, ¿entonces por qué le había preguntado a Ino en cualquier lugar?

—Si lo deseas, yo puedo comprarlas –dijo de pronto, notando la expresión de asombro de su compañera de clases—. No suelo utilizar el dinero para cosas que no necesito, pero es seguro que a mamá le encantarán esas flores –añadió, mostrando una sonrisa amable y sincera, una que provocó el sonrojo de las mejillas de la Yamanaka.

—C-claro –respondió, sin saber por qué rayos había tartamudeado.

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Como Hinata tenía que dar un show individual, a parte de la canción que debía cantar con los chicos, ella se tenía que quedar a ensayar más horas, porque todo debía salir perfecto. Eran cerca de las diez de la noche cuando terminó, estaba exhausta, pero sabía que sólo le quedaban dos días más para ensayar, jueves y viernes, ya que el sábado se llevaría a cabo la dichosa fiesta y el domingo por fin se presentaría. Todavía tenía que manejar el cumplir con todas sus materias de la escuela, pero, de algún modo, todavía era capaz de hacerlo todo, incluso si era difícil.

—Gracias por su esfuerzo –les dijo a sus bailarines, los cuales se iban despidiendo uno por uno, hasta dejarla completamente sola en la sala. Ella se sentó en una silla solitaria y suspiró, mientras Tenten se le acercaba y le ofrecía una botella de agua, por supuesto, ella debía quedarse hasta que el horario de Hinata acabara.

—¿Cómo puedes con todo lo que debes hacer? –cuestionó la castaña, mientras la cantante tomaba la botella con una de sus manos, quitaba la tapa y daba un sorbo.

—Estoy acostumbrada, supongo –respondió la joven, sonriendo quedamente.

Tenten la admiraba, Hinata era muy joven, sólo tenía diecisiete años, pero era sumamente trabajadora y perfeccionista, tenía el coraje que muchas chicas ni soñarían con tener a su edad, era una gran persona, sin duda alguna.

—Por cierto –volvió a hablar la ojiperla, mirando en todas direcciones—. ¿En dónde está mi primo Neji? Ya tiene un rato que no lo veo –Tenten se dio cuenta de ello en cuanto Hinata lo mencionó, también mirando en todas direcciones, pues no había sentido la ausencia del hombre.

—Uhm… –frunció ligeramente el ceño—. Iré a buscarlo, espérame aquí, ¿sí?

La Hyûga asintió con la cabeza y, en lo que Tenten abandonaba la habitación de ensayos, ella tomó el pequeño control remoto del aparato de sonido y seleccionó el modo de reproducción en radio, enseguida, escuchó algo que le llamó la atención.

We're never turning back! Tamerai kirisaku!
Momata tobidatsu mikai no kanousei
Daremo ga ka kara kirou shuusei
Darekato onaji nantei no way!

Frunció el ceño al reconocer una de las canciones más famosas de la banda Strikes, en donde era integrante aquel chico, el llamado Toneri. A Hinata no le agradaba Toneri, él siempre trataba de seducirla, cada vez que la veía le coqueteaba, ella no lo toleraba. No negaba que era un chico apuesto, pero habían pasado cosas que le impedían verlo con ojos románticos, cosas que le hacían despreciarlo.

Kimi to te wo tsunai de fly! Ruuru nante kowasu I am a new type!
Kono sora hiro garu hirai saigou let's go! It's show time!

—No lo soporto –murmuró, aunque no cambió la canción, porque, a decir verdad, le gustaba. Toneri tenía una voz bonita, era muy talentoso, muy a pesar de su pésimo carácter de fuckboy.

Todavía recordaba lo mucho que la prensa y los programas de chismes le habían estado inventando un romance con él, todo por un rumor falso que él mismo esparció por los pasillos de la televisora en donde habían asistido junto a un programa de variedades, Hinata había tenido que pasar días y días negando todo, pero Toneri ni siquiera había hecho declaraciones al respecto; claro, estaba manteniendo un elegante silencio.

Itsu mo kanjou teki ni hashiri tsuzuketai
Jibun to ni u manifeesuto kogete
Kangai teki ni mou o to jiyuuni theory
Tori ja tsumaranai darou!?

Su celular comenzó a sonar de repente, así que Hinata dio un pequeño salto del susto, entonces se fijó en que tenía un mensaje de Naruto. Sonrió como una boba cuando vio aquel nombre en su pantalla, a diferencia de las náuseas que le provocaba el sólo hecho de oír hablas de Toneri Osotsuki, cuando se trataba de Naruto Uzumaki, su corazón se agitaba violentamente.

"Creo que tú y Gaara suenan increíbles juntos, pero, a decir verdad, pienso que tú y yo sonamos mejor."

Cuando leyó lo que Naruto había escrito, se sorprendió y sintió que sus mejillas ardían, nunca pensó que él le mandaría algo como eso, ¿por qué razón Naruto lo haría? Se quedó mirando el mensaje durante varios minutos, no sabía qué responderle, realmente deseaba decirle algo, pero estaba muy avergonzada y asustada de contestar algo estúpido.

—Vamos, Hinata, tú puedes, eres la idol más famosa de Japón –se dijo, dándose ánimos a sí misma, mientras apretaba un puño y miraba hacia el frente con decisión.

"Yo también pienso lo mismo, ojalá algún día volvamos a cantar juntos. Buenas noches, Naruto-kun."

Suspiró después de enviar aquello, guardándose el teléfono, no sin antes mirar la hora. Ya pasaban de las diez con quince minutos, ¿en dónde rayos se habían metido su primo y Tenten?

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—Ya te dije que no quiero hablar más contigo, ¿es que no entiendes? –dijo Neji en voz baja. Se encontraba dentro de una de las habitaciones que a esa hora estaban vacías en el edificio del estudio, Eri lo había llevado ahí y lo mantenía acorralado contra el muro del cuarto oscuro.

Neji Hyûga siempre se había jactado de ser una persona con un fuerte autocontrol, pero cuando tenía a esa mujer así de cerca, siempre se sentía débil y abrumado, si no fuera por el daño que ella le hizo, seguramente ahora mismo la estaría besando contra esa pared y la estaría desvistiendo, porque sí, tenía fuertes sentimientos por su ex novia, todavía.

—Neji, por favor –insistió la joven, estirándose un poco para alcanzar la altura del castaño—. Yo te puedo explicar todo lo que pasó, solamente dame una oportunidad, ¿sí?

Él frunció el ceño, desde que habían terminado, ella insistía en que podía explicarle las cosas, pero ¿qué iba a explicar? Él no era estúpido, sabía muy bien que Eri había estado acostándose con otro a sus espaldas, no necesitaba escuchar sus mentiras.

—No –respondió cortante, obligándola a retroceder y a soltarlo.

La chica se mordió el labio inferior, ¿realmente no existía ni la más mínima posibilidad de que Neji la perdonara?

—¿Qué tengo que hacer para que me des un momento y me escuches?

—Mira, Eri –cuando él estaba a punto de hablar, la puerta que estaba a unos metros de ellos se abrió de golpe, dejando ver la figura de Tenten Ama, la supuesta novia de Neji. Eri la observó con rabia, esa chica debía ser la única culpable de que Neji ya no quisiera anda con ella, tenía que ser así.

—¿Es por esta estúpida acaso? –reclamó la joven empleada del sello discográfico—. ¿No me quieres porque estás enamorado de ella?

—¿Eh? –Tenten arqueó una ceja, confundida. Ella solamente lo estaba buscando y le tocaba ser testigo de una de sus escenitas de pareja, ¿por qué tenía tan mala suerte? Rodó los ojos y se dispuso a salir, no estaba dispuesta a entrar en el juego tóxico de esos dos, pero se quedó estática con la respuesta que Neji le dio a su ex.

—Sí, amo a Tenten, ¿estás contenta con eso?

Ella sabía muy bien que eso era una infame mentira, pero, tan sólo por un instante, sintió que su interior se sacudía y que le costaba respirar. No tuvo tiempo de decir nada, cuando Neji se acercó a ella, tomó su mano y la miró fijamente.

—Vamos –le dijo, aunque ella parecía desconectada del mundo en ese instante, así que él solamente la jaló consigo, yendo juntos hacia la sala de ensayos, en donde Hinata tenía que estarlos esperando.

Por su parte, Eri se quedó ahí, estática, furiosa, esto ya era el colmo, esa idiota de Tenten no se iba a salir con la suya, no se iba a quedar con su Neji.

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Su padre debía haberse vuelto completamente loco, ¿casarse? ¿A estas alturas de la vida se le ocurría una tontería como esa? Temari se encerró en su habitación, se sentía sumamente enojada y frustrada, ¿por qué ninguno de sus hermanos dijo nada? ¿Acaso no les importaba que su padre olvidara a su madre?

La respuesta era clara, Gaara no la conoció, Kankuro la olvidó, así que ella era la única a la cual le dolía pensar en que otra mujer llegara a ocupar su lugar, era la única que pensaba que nadie podría reemplazarla y se sentía morir por ello. Claro, los menores tampoco estaban felices con la idea de agrandar la familia, pero ellos no lo tomaron con el peso que Temari lo hizo, con lo que ello significaba, ella era la mayor, la que debía dar el ejemplo de madurez; sin embargo, apenas lo supo, se fue corriendo a su cuarto.

—Papá debe estar bromeando –murmuró, echándose sobre la cama y escondiendo el rostro en la almohada.

Tenía muchas ganas de llorar, sin embargo, no lo hizo, solamente se quedó así durante un par de minutos, hasta que alguien golpeó a su puerta,

—No quiero ver a nadie, váyanse –dijo en voz alta, sin siquiera moverse de su lugar, pero aquella persona insistió—. ¡Que se vayan! –exclamó esta vez.

La puerta se abrió igualmente, dejando ver a un tranquilo Gaara, pero que tenía el ceño fruncido.

—Temari, habla conmigo –dijo el pelirrojo, cerrando la puerta detrás de su espalda. La chica, al oír la voz de su hermano, se volvió a sentar sobre la cama, manteniendo la mirada baja.

—¿Qué?

Gaara se sentó a su lado, sin buscar que lo mirara, él sabía que -seguramente- Temari se sentía avergonzada y abrumada por haber dejado salir a la luz su lado débil y sensible ante toda su familia, ya que ella siempre se hacía la fuerte.

—No tienes que sentirte mal –dijo el menor, soltando un suspiro—. A mí tampoco me agrada la idea de tener una madrastra, pero, ya estamos todos grandes, papá se quedará solo y no creo que sea bueno para él.

—Tú jamás te preocupas por papá –respondió la chica, abrazándose a la almohada, mientras fruncía el ceño y también sus labios—. Siempre dices que no te importa lo que haga o diga.

—Eso digo… –la secundó, haciendo una ligera mueca de disgusto—. Pero es mi padre, después de todo.

La rubia volvió a fruncir el ceño, ¿desde cuando Gaara era más maduro que ella?

—No quiero que nadie reemplace a mamá –confesó, sintiendo sus mejillas arder. Su hermano menor sonrió ligeramente, él sentía lo mismo, por supuesto, incluso si nunca pudo compartir un segundo junto a su madre, él sabía que, de los tres, Temari era la única que aún la mantenía presente en sus recuerdos, por eso debía dolerle más que a él y a Kankuro.

—No creo que eso suceda, Temari, mamá es irreemplazable –aseguró, entonces Temari pensó que él tenía razón.

La puerta se abrió una vez más, dejando ver a Kankuro esta vez, él lucía agitado y alterado.

—¡No te pongas mal, Temari! –exclamó, pero se dio cuenta de que Gaara estaba ahí y de que su hermana mayor ya se había calmado, así que frunció el ceño—. Tsk, Gaara, ¿por qué te me adelantas? –cuestionó, haciéndose el ofendido, aunque, enseguida cayó al suelo por la culpa de un cojín que le dio directo en la cara.

—No seas payaso –le dijo Temari, comenzando a reír a carcajadas.

Kankuro, sobándose el trasero, también se empezó a reír, y Gaara solamente sonrió. No importaba con quién se fuera a casar su padre, a fin de cuentas, se tenían ellos tres y sabían que su madre siempre sería la única mujer que les dio la vida y los amó con todas sus fuerzas.

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Apenas eran las seis treinta de la mañana cuando ese infernal sonido de cosas moviéndose le hizo despertar. Kakashi se talló los ojos, ¿quién demonios estaba jodiendo tanto tan temprano por la mañana?

Se levantó de la cama y dio un suspiro, igualmente no podía seguir durmiendo, tenía que prepararse para irse al colegio, así que se levantó y se dirigió al baño para tomar una ducha que lo sacara de su estado letárgico. Después de bañarse y vestirse, desayunó algo rápido, no solía comer mucho en las mañanas, sólo algo leve para mantenerse fuerte hasta la hora del almuerzo. Rin solía regañarlo por eso, pero estaba acostumbrado, ya no podía cambiarlo.

Eran pasadas las siete y un cuarto cuando salió del departamento, entonces notó que el departamento de al lado estaba abierto y que el pasillo estaba lleno de cajas, apenas y se podía pasar por ahí. Frunció el ceño, habían pasado varios meses desde que alguien ocupó el departamento de al lado del suyo, ya que la persona que vivía ahí había desaparecido misteriosamente, algunos decían que lo habían asesinado, así que a todos les daba miedo siquiera acercarse, era curioso que por fin hubieran encontrado una persona que no se asustara de eso.

Al tratar de pasar entre las cajas, sin querer, Kakashi tiró un pequeño retrato al pasarlo a llevar con su zapato, éste se quebró al estrellarse contra el suelo.

—Ah, qué problema… –murmuró, agachándose para recoger el objeto. La persona que aparecía en la foto era una mujer, ésta tenía un hermoso cabello verdoso, liso, estaba sonriendo, mientras sostenía una especie de diploma.

—¿Qué habrá sido ese ruido? –escuchó una voz femenina, entonces notó que la misma chica de la foto salía por la puerta abierta del departamento, aunque lucía un poco más grande y muy, muy guapa.

Kakashi abrió un poco sus ojos cuando notó que su pequeño accidente había sido descubierto, pero, lo que más llamó su atención era esa hermosa chica, quien no apartaba sus ojos color avellana de su persona.

Parece que la había liado.

Continuará…

...

En este episodio, que por cierto me quedó súper largo, me quise alejar un poco del romance y centrarme más en la familia y en las historias individuales de nuestros personajes, sé que no hay mucho NaruHina, pero prometo que más adelante habrá, no sólo mucho de ellos, sino de todos, jajaja.

¿Ya se dieron cuenta con quién se va a casar la mamá de Matsuri? Se viene problemas xD