Palabra: equipo.


10. Entrenamiento

The way that I survived
It's a violent world, but today I'm still alive
I need you to tell me everything will be alright
To chase away the voices in the night

When They Call My Name, Black Veil Brides


Después, a Eijiro no le sorprende verlos hablando a veces. Los intercambios a veces son bruscos, cortos y acaban demasiado pronto, pero Midoriya se acerca a Bakugo sin la cautela de antes. Marca su territorio que dice «no volveré a ser un saco de boxeo para ti» y Bakugo lo acepta con la misma cautela. De lejos, le parece que se llevan mucho mejor, aunque las distancias usuales continúan. Midoriya come con su grupo y Bakugo y Kirishima con el suyo. En clases, las relaciones no cambian.

El cambio es más al fondo, más sutil, diferente. Hay más madurez y más tranquilidad en la manera en la que se tratan. Bakugo hace un esfuerzo consciente por arreglar, de la manera que Midoriya lo deje, el daño hecho tiempo atrás. Midoriya simplemente parece contento de ser capaz de mantener una conversación con el otro sin que todo acabe en una pelea.

Intentan darse tiempo para enfrentarse a lo que sienten, pero pronto se dan cuenta que no va a ser posible.

Eijiro consigue que Amakiji acepte presentarlo con Fatgum y Midoriya, al parecer, también ha conseguido un lugar para hacer sus prácticas. Bakugo no comenta nada, pero Eijiro ve en su ceño fruncido que le duele tener que quedarse atrás y haber fallado. Le cuesta hacerse a la idea de que algo le falta, cuando tanto tiempo se tuvo como la imagen de lo que era un héroe. Quizá es porque siempre estuvo viendo sólo un matiz.

Para intentar animarlo, Eijiro consigue permiso para entrenar un rato y luego lo jala hasta la habitación de Midoriya.

—¡¿Qué demonios…?!

—Pensé que a Midoriya y a mí no nos vendría mal entrenar un poco, ¿no? —dice él—. Por si conseguimos nuestras prácticas y eso. Además seguro que él es un manojo de nervios.

Bakugo bufa.

Eijiro llama a la puerta.

Midoriya responde casi de inmediato.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—Estaba pensando que quizá querías entrenar un rato —dice Eijiro con una sonrisa enorme—. Con las prácticas seguro que nos viene bien. ¡Estaremos preparados! Y no tendremos demasiado tiempo después para… —carraspea, nervioso— hacer algo juntos y… quizá… —Se siente enrojecer—. Pensé que sería buena idea.

—Oh. ¡Claro! Eh…, sí. Sólo necesito cambiarme.

Así que Eijiro y Bakugo esperan.

Después, entrenando, primero sin singularidad y luego con ella, es obvio que Bakugo puede barrer el piso con ambos —aunque con Midoriya la tiene mucho más difícil y Eijiro siente los golpes—. El entrenamiento también los hace experimentar lo que es pelear sintiendo el dolor de otro —algo a lo que se enfrentan algunos profesionales— y lo que es saber que el daño infringido en tu cuerpo afecta a alguien más. No pueden disimularlo demasiado bien, pero tendrán que aprender. Los villanos harían una fiesta si descubren que tres pros son almas gemelas.

Midoriya y él acaban aliados contra Bakugo, una pelea bastante más desigual. Pero tras dos o tres en las que los aplasta —en parte porque Midoriya parece distraído—, deciden que la unión hace la fuerza y acaban con Bakugo en el suelo. Midoriya sobre él, con todo su peso en las piernas de Bakugo y en su cinta, para que no pueda moverse. Kirishima con las manos de Bakugo atrapadas entre las suyas, endurecidas, para que no pueda liberarse con una explosión.

—¡Eso no fue una pelea limpia! ¡Idiotas! —Bakugo se queja, pero Eijiro no lo suelta. En vez de eso, sonríe.

—Oh, vamos, tienes que admitir que somos buen equipo, Bakugo —responde—. Además, imagina los tres…

—Podría… podría ser interesante —dice Midoriya—. Nuestras singularidades… Juntas. Podría…

Lo dice con dudas, porque todavía hay muchas en el panorama. Pero Bakugo sonríe de lado y parece satisfecho, aunque no lo sueltan. Parece imaginarse un futuro que casi puede ver en sus ojos. Eijiro lo ve brillar imaginando un futuro más claro, más tranquilo, sin nubes, donde no esté sólo ni cargue él solo con todo lo que se echa a la espalda. Y ve a Midoriya con alivio en sus ojos. Y duele y alegra al mismo tiempo, porque si la historia fuera mejor, quizá ese alivio sería solo alegría pura, pero alegra porque mira al futuro sin desprenderse de ningún pasado.

Y es ahí cuando Eijiro se da cuenta clara y dolorosamente también que su corazón late más rápido. No es sólo el dolor físico compartido, diciéndole que está unido a sus almas gemelas, sino algo más fuerte, más poderoso, diferente. Algo que es cálido y en su pecho se siente como un hogar.

—Los quiero —musita y apenas si se oye el mismo. Pero los dos lo escuchan y tienen reacciones tan parecidas que nadie pensaría que son diferentes. Ambos enrojecen y Eijiro lo hace después de ellos, por los nervios y todo lo que se le retuerce por dentro para llegar a esa conclusión—. Lo quiero.

Suelta a Katsuki porque si lo toca un segundo más va a explotar algo dentro de él. Se aleja un paso y se sonroja más de lo que ya está.

—Deku, suéltame.

Pero Midoriya está distraído, mirando a Kirishima con los ojos muy abiertos y probablemente sin gestionar en lo más absoluto lo que está pasando.

—¡Deku!

Y entonces por fin se hace a un lado y Bakugo se incorpora y se acerca a Kirishima.

—¿Es sincero? —pregunta.

—¿… qué?

—¿Es sincero, idiota? —repite, con cara de que Eijiro es un imbécil.

—¿Por qué no habría de serlo…?

—Kacchan, no lo abrumes. —Midoriya se acerca, por fin—. Déjalo en paz.

—¡Lo abrumaré tanto como quiera, idiota!

El cerebro de Eijiro hace cortocircuito porque no entiende lo que se supone que debe estar pasando en ese momento. No sabe cuál es la respuesta pertinente que tendrían que otorgarle, pero no es Bakugo lanzándose contra él y quedando a horcajadas sobre él, mientras lo inmoviliza en el piso.

—Dilo otra vez —pide Bakugo.

—¡Kacchan!

—Dilo otra vez —repite.

—Los quiero —murmura Eijiro y siente a sus inseguridades nacer dentro de él. Porque ellos no lo han dicho. Porque Bakugo está sobre él demandando su vulnerabilidad entera, desnuda ante él. Lo mira fijamente, pero es demasiado.

—Kacchan. —Esa vez, la voz de Midoriya suena más lejana, pero más conciliadora. Más en busca de tranquilidad.

—Bakugo…

—Katsuki —dice él.

—¿Qué?

—Dime Katsuki. Es mi nombre de pila.

Eijiro tiene ganas de llorar de felicidad y de desesperación a la vez. Porque entiende y no entiende. Porque el nombre de pila de Bakugo es algo íntimo y diferente y grande y las sílabas se le atoran en la garganta.

—Kacchan —interrumpe Midoriya y Katsuki voltea a verlo.

(Kat-su-ki, las sílabas se apelotonan en su mente. Katsuki).

—¿Vas a besarlo?

Eijiro enrojece.

Hay un silencio y entonces, con cuidado, Katsuki responde con otra pregunta.

—¿Te importa?

Midoriya, a escasos dos pasos de ellos, sentado en el suelo, se encoge de hombros.

—No importa. Es sólo… Es el primero. Malo sería que fuera el último. —Sonríe y Eijiro considera que su sonrisa ilumina el mundo—. Habrá otros. Después. Infinitos.

Y entonces Katsuki lo ataca. Para Eijiro no hay otra manera de describir ese beso. Katsuki ataca y, en respuesta, Eijiro lo hace también.

«Los quiero, los quiero, los quiero».

Esa es la única letanía de su mente.


Notas de este capítulo

1) Disculpen ustedes la ausencia. Así pasa cuando sucede y en los eventos de diciembre siempre hay que ir corriendo porque si no nos alcanza el tiempo.

2) Y luego hay un timeskip de unos días. Nada más dejen ver cómo ocurre todo en el anime porque las dos cosas que siguen van juntas pero separadas. Lol.


Andres Poulain