Capítulo 11

Fate se colocó bien la chaqueta y se dirigió lo más rápido que pudo a su despacho para encararse nuevamente con Scaglietti. Suspiró un par de veces. No sabía si estaba lista para lo que podría encontrarse hoy, pero tenía que hacerlo. Llamó un par de veces y entró sin esperar respuesta.

- Buenos días, Scaglietti. Siento la demora, pero estaba atendiendo a una clienta.

- Buenos días, Fate. Lo sé, me lo dijo tu recepcionista… ¿o debería de decir amante? –sonrió burlesco y le mostró dos fotos donde en una, ambas iban tomadas de las manos, y en otra, se estaban abrazando. Eran fotos de navidad, antes de entrar en casa de sus madres. La rubia palideció al verlas.

- ¿Qué significa esto? –frunció el ceño– ¿Se me está espiando? ¿Por qué motivo?

- Verás, Fate. Esto no es por ti, es por la señorita Nakajima. –la rubia abrió los ojos en sorpresa.

- ¿Qué? –susurró.

- Ginga Nakajima tiene que irse.

- ¿Cómo? –preguntó sin entender.

- No la quiero en este hotel. –la oji borgoña se volvió a sorprender– Esto que ha pasado, no puede volverse a repetir. Así que, está despedida.

- ¡No! –levantó la voz– No lo voy a permitir. Este hotel funciona gracias a ella. Es la mejor recepcionista que existe. No encontrarás a nadie como ella.

- Ya veo que realmente sois amantes. –sonrió burlesco– No quise creerlo hasta que vi las fotos, que hablan por sí solas.

- Eso no es cierto. Ginga es sólo una amiga a la que aprecio mucho. Somos amigas desde que éramos unas niñas. De todas formas, aunque así fuese, estaríamos hablando de mi vida privada y no tiene nada que ver con lo laboral.

- Parece que no lo entiendes, Fate. –tomó el teléfono y llamó a recepción– Wendy, dile a Nakajima que venga al despacho de Fate de inmediato. –Sí, señor.

- Ginga-san… –la llamó la cobriza mientras caminaban por el pasillo– Gracias por tu ayuda. –le sonrió.

- De nada, Nanoha-san. –le devolvió el gesto– Fate merece ser feliz. Las dos lo merecéis.

- Gracias por no haber dejado sola a Fate-chan todo este tiempo. –volvió a sonreír– Lo cierto es que me caíste muy mal cuando nos presentó en mi fiesta de cumpleaños. –la pelimorada rió– Y te odié cuando te volví a ver en la fiesta de navidad en casa de las mamás de Fate-chan. –frunció el ceño de graciosa manera– Sobre todo cuando vi cómo os tratabais mutuamente. Realmente parecíais una pareja. –se afligió– Después de lo que pasó durante la acampada, no entendía lo que había ocurrido. Al principio pensaba que estaba muy ocupada intentando salvar el hotel, pero después me di cuenta de que me estaba evitando y eso me destrozó. No fue hasta el día de la fiesta que lo entendí todo. Yo nunca he estado con Yuuno-kun. Él siempre fue un buen amigo… –entristeció– Jamás me perdonaré lo que pasó.

- Ya me di cuenta de tus miradas asesinas, Nanoha-san. –se cubrió un poco la boca mientras reía levemente haciendo sonrojar a la cobriza– ¿Por qué no le contaste a Fate que ese chico estaba durmiendo en tu apartamento?

- … –suspiró– Porque ellos nunca se han llevado bien. –volvió a suspirar– Yo siempre quise creer que Fate-chan sentía algo por mí al igual que yo por ella. Siempre que Yuuno-kun se acercaba a mí o yo lo mencionaba, ella fruncía el ceño. Y al igual que ella, él hacía lo mismo. Quizás tendría que haber sido valiente y haberme confesado antes a Fate-chan y así evitar todos estos malentendidos. No se lo conté por ese motivo, porque sé que entre ellos existe una especie de rivalidad. –la pelimorada rió.

- Pareciera que luchaban por conseguir el amor de la princesa.

- ¡Ginga-san! –la cobriza se ruborizó para después reír junto a la pelimorada– Espero nos llevemos bien a partir de ahora. –le ofreció su mano.

- Por supuesto que sí, Nanoha-san. Podéis contar conmigo para lo que necesitéis. –estrechó su mano.

- ¡Ginga-san! –la llamó cierta pelirroja– Scaglietti quiere verte de inmediato en la oficina de Fate-san.

- … –suspiró– Tengo que irme, Nanoha-san. Este hombre no ha dejado de molestarnos desde que llegó. –volvió a suspirar– ¿Recuerdas cómo llegar al salón comedor? –la cobriza asintió– Después ve a relajarte al spa o a nuestra piscina cubierta. Fate irá en tu busca en cuanto termine la reunión. –le sonrió– Si tienes alguna duda, en recepción te ayudaremos Wendy o yo en lo que necesites.

- Gracias, Ginga-san. Te veo después entonces.

- Hasta luego, Nanoha-san.

Tras despedirse de la cobriza, se dirigió hacia la oficina de su rubia amiga. Tocó la puerta y entró una vez que recibió el permiso. Jail estaba mirando al exterior por la ventana mientras Fate se encontraba sentada en su sillón con el ceño fruncido y las manos cerradas en forma de puños mirando fijamente a su escritorio.

- Siéntese, señorita Nakajima. –le dijo el pelimorado sin voltearse– He mantenido una reunión con la señorita Testarossa antes de comunicárselo a usted. –la oji esmeralda no entendía nada– Muéstraselo, Fate. –rió burlesco antes de voltearse.

- … –la oji borgoña no se movió ni dijo nada.

- Fate… –la llamó preocupada– ¿Qué… qué pasa? –y entonces la rubia le mostró la carpeta que tenía delante donde se encontraban las fotografías de ambas en Uminari– ¿Qué es… –abrió los ojos en sorpresa– esto? –miró a su amiga y después a Scaglietti que no dejaba de reír– No… entiendo…

- Verá, señorita Nakajima. Tenía mis sospechas de que eráis algo más que amigas. He de confesar que me sorprende que el hotel vaya tan bien a pesar de que mezcláis vuestra vida personal con la laboral… y también he de admitir que me costó averiguarlo.

- ¿Qué?

- Una de las dos tiene que irse, y, siendo honesto, prefiero despedirla a usted, pero Fate no está de acuerdo con eso. –la oji esmeralda abrió los ojos en sorpresa y dirigió su mirada a ambos sin entender aún– Les daré un día para que tomen la decisión correcta. Si no llegan a un acuerdo, considérese despedida sin derecho a indemnización, señorita Nakajima. –dijo y se marchó dejando a ambas allí.

- Fate… –la pelimorada estaba en shock.

- ¡Joder! –la rubia se puso en pie a la vez que, con toda su furia, arrojó al suelo todo lo que había sobre su escritorio– ¡Joder, joder, joder! –gritó una y otra vez mientras daba golpes a la mesa.

- ¡Fate! –su amiga se levantó y corrió a su lado para tomarla por los brazos– ¡Fate! ¡Detente! –la rubia miró a su amiga y rápidamente salió de la oficina– ¡Fate! –gritó mientras iba tras de ella– ¡Fate, no lo hagas! –exclamó desde recepción haciendo que los que se encontraban a su alrededor mirasen, incluida Nanoha– ¡Fate, no!

- ¡Vete al infierno! –gritó la oji borgoña antes de propinarle un fuerte golpe en la cara a Scaglietti.

- ¡Fate! –gritó la pelimorada mientras la sujetaba por los brazos para que no lo golpease más– ¡Fate! ¡Basta! ¡Fate! –la gente alrededor miraba atónitos la escena.

- Suéltame, Ginga. –forcejeaba.

- ¡No!

- ¡Suéltame! –intentó zafarse del agarre, pero su amiga no la soltó.

- Haz caso a la señorita Nakajima. –dijo serio mientras se limpiaba un rastro de sangre.

- ¡Cállate! –exclamó furiosa.

- Nos veremos mañana. –se puso en pie y se marchó rápidamente.

- ¡Suéltame, Ginga! –siguió forcejeando– ¡Se está yendo, suéltame! –le dedicó su gélida mirada– ¡Ginga!¡Maldita sea! –gritó antes de recibir una bofetada por parte de su amiga.

- ¿Te has vuelto loca? –explotó la oji esmeralda una vez que se fue el de ojos color miel– Fate, ¿qué has hecho? –le reclamó.

- ¿Por qué no me has soltado? –gruñó enfurecida– ¿Por qué has tenido que sujetarme? ¡No debiste hacerlo! –vociferó– ¡No voy a permitir que te despida!

- ¿Y crees que propinándole una paliza vas a solucionarlo? ¡Podría despedirte a ti, idiota! –gritó con lágrimas en los ojos.

- ¿Crees que me importa eso?

- ¡A mí sí!

- ¿Fate-chan? ¿Ginga-san? –las llamó dudosa la cobriza acercándose lentamente– ¿Por qué has hecho eso? ¿Qué ha pasado?

- Luego hablamos, Nanoha. Ahora no es un buen momento. –intentó decir lo más calmada posible– Os veo luego.

- ¿A dónde crees que vas? –le preguntó la oji esmeralda sin soltarla del brazo.

- Tranquila. No voy a pegarle más. –la pelimorada se relajó– De momento. –y tan rápido como se relajó, se volvió a tensar– Voy a ir a hablar con Leti Lowran. Me debe un favor y voy a cobrármelo.

- Pero…

- Pero nada. –negó suavemente– Luego te llamo. –la abrazó fuertemente– No me importa que me despida, pero no voy a permitir que se salga con la suya. –se separó del abrazo y le dio un beso en la frente– Te quiero. Sabes que haría lo que fuese por ti, ¿verdad? –le sonrió– Te veo luego. –se volteó hacia la cobriza y se acercó– Nanoha… –dijo su nombre en un suspiro– Perdóname. Luego te explicaré todo lo sucedido. Quédate con Ginga, ¿de acuerdo? –la cobriza asintió y la rubia se volteó para marcharse.

- Fate-chan, ¡espera! –la sujetó del brazo y la besó de imprevisto– Ten cuidado y no hagas ninguna tontería más, por favor. Te estaré esperando. –le sonrió con dulzura.

- Nanoha… –le devolvió la sonrisa– Te prometo que no haré más tonterías. –le acarició la mejilla– Hasta luego. –le dio otro rápido beso en los labios y se marchó.

- Nanoha-san, mi turno termina en breve. ¿Te parece bien que te instales en nuestro apartamento? Así podremos controlar a Fate entre las dos. –suspiró cansada mientras se frotaba la sien.

- Si no es inconveniente para vosotras, iré. Creo que tenéis mucho que contarme…

- Sí... –asintió– Sígueme, te enseñaré el hotel. Necesito relajarme un poco. –la cobriza la acompañó– Wendy, le enseñaré a Nanoha-san el hotel. –dijo a su compañera– Si me necesitas, llámame. Llevaré el móvil.

- Tranquila, Ginga. Yo me encargo de todo.

Nanoha siguió a Ginga, quien le enseñó todas las salas del hotel. Le mostró la piscina cubierta y las piscinas exteriores. También le mostró el spa, gimnasio y un sinfín de salas más, dejando para el final, el rincón favorito de Fate. Era un lugar privilegiado desde donde se podían ver las puestas de sol. El paisaje era fantástico. Un mar infinito que era acompañado de algunas montañas a los laterales. El lugar era hermoso.

- Este es el rincón favorito de Fate. –le explicó– Nadie viene a esta zona del hotel. Es un rincón al que solo ella tiene acceso, y yo, claro. –rió un poco– Durante los tres años que llevamos trabajando en este hotel, casi todas las tardes, al atardecer, viene a este lugar y se queda perdida en el tiempo, en sus pensamientos y tengo que venir a buscarla para llevarla a casa. –suspiró– Siempre dijo que las puestas de sol le recordaban a ti. –la cobriza abrió los ojos en sorpresa a la par que se ruborizaba– Ha tenido muchos días de tormenta interior, Nanoha-san. La he visto caer tantas veces… –miró a la cobriza con seriedad– Sé que ahora todo irá a mejor porque estarás siempre a su lado. Quiero pedirte, como favor personal, que la cuides mucho y que le hagas saber cada día que hay alguien a su lado y que no está sola. Ella tiende a alejar a las personas que le importan. –sonrió triste– Cuando tiene un problema siempre intenta solucionarlo ella sola. No quiere la ayuda de nadie. Sé que eres tan obstinada como ella, así que sé que conseguirás que te lo cuente todo. –le sonrió amistosamente.

- Ginga-san… ¿por… por qué me dices todo esto?

- Quizás tenga que irme del hotel, Nanoha-san. –la cobriza se sorprendió– Si eso ocurre, volveré a Uminari. Aquí ya no tendría nada. Fate ya no me necesita. Ahora te tiene a ti. –le sonrió– Vivo aquí porque me gusta mi trabajo y porque estaba Fate, pero…

- Fate-chan siempre te va a necesitar, Ginga-san. –no la dejó continuar– Si te escuchase decir eso, se pondría muy triste. Eres una persona muy importante para ella. Os conocéis desde hace muchos años. Sois como hermanas. Siempre has estado a su lado y ella al tuyo. A pesar de que quise matarte en la cena de navidad al ver como besabas su mejilla –admitió avergonzada haciendo sonreír levemente a la oji esmeralda– pude ver cómo la calmaste cuando estaba a punto de tener un colapso. La conoces tan bien que sabes qué hacer en cada momento, ya sea darle ánimos o una bofetada… –la oji esmeralda se sonrojó– Realmente no sé qué ha pasado con ese tipo, pero por lo que pude escuchar mientras os gritabais mutuamente, Fate-chan lo hizo por ti… –la pelimorada abrió los ojos sorprendida– No quiero tampoco que digas que no tendrías nada aquí. Tienes a Fate-chan… y ahora me tienes a mí también, Ginga-san. Sé que casi no nos conocemos, pero eres muy importante para Fate-chan, y yo quiero eso también. Quiero formar parte de tu vida como Fate-chan la forma. No sé nada de ti, pero estoy segura de que seremos buenas amigas. Ahora tú también eres mi familia. Sois todo lo que tengo aquí. Además, si tienes que marcharte del hotel, siempre podrás trabajar conmigo en la pastelería. Me vendría bien una ayudante. –le sonrió con sinceridad.

- Nanoha-san… –le devolvió el gesto– Ahora entiendo por qué Fate está completamente loca por ti. –se sonrojó ferozmente– Gracias, Nanoha-san. ¿Nos vamos? Déjame terminar un asunto pendiente y nos vamos a casa. Recoge tus cosas y espérame en recepción, ¿de acuerdo? –la cobriza asintió.

- Estúpida Fate Testarosssa… –hablaba para sí mismo el pelimorado– Esto no quedará así. Vas a pagármela.

Fate se subió a su auto y puso rumbo a la oficina central ubicada en Fira. Condujo de forma vertiginosa para llegar lo antes posible. Tenía que hacer algo rápido o no podría ayudar a Ginga. Bajó del auto y corrió hasta el interior del edificio que tenía justo enfrente. Saludó a la secretaria que se encontraba en la entrada y le pidió que avisara urgentemente a Lowran. La responsable de los hoteles de la isla salió para atender a Fate personalmente. Tras saludarse, ambas se dirigieron a la oficina para hablar largo y tendido sobre lo que había sucedido en el hotel esa misma mañana. Leti escuchó atentamente todo lo que le contaba Fate. Era obvio que Jail estaba tramando algo en ese hotel, pero no sabían el qué. Debían actuar rápido o sería demasiado tarde para poder ayudar a Ginga, e incluso, a la misma Fate después de haberle propinado un fuerte golpe a Scaglietti. Estuvieron reunidas hasta prácticamente el anochecer. Quedaron que volverían a hablar al día siguiente para terminar de concretar un plan. Fate le agradeció la ayuda y salió del edificio. Al subir al auto, recibió una llamada de su amiga.

- Hola, Ginga.

- ¿Hola? ¿Cuándo piensas volver? –le reclamó– Hoy me toca turno de noche, Fate. –suspiró cansada– Nanoha-san está en nuestro apartamento. Vuelve a casa ya, está preocupada y esperándote. Y yo también… –susurró haciendo que a la rubia se le formara una sonrisa.

- Lo siento, Ginga. Esto era importante. Como directora, debo proteger tu puesto de trabajo. Y como amiga, te defenderé de quien sea. –le dijo con cariño.

- … –se escuchó un suspiro– Vuelve a casa, Fate, por favor.

- Iré enseguida, Ginga. Lo prometo. –dijo y colgó.

A diferencia de la ida, la vuelta la hizo más calmada. Condujo rápido, pero no a la velocidad que lo hizo en la mañana. Había sido un día agotador. Quería llegar a casa. Quería estar con ellas. Las amaba a las dos. Amaba estar con su amiga y con ¿su novia? No había hablado con Nanoha sobre eso. ¿Qué eran? Nanoha le había dicho que había venido hasta aquí por ella, pero ninguna habló sobre qué pasaría ahora. Se sonrojó al recordar el motivo por el que no hablaron. Sacudió la cabeza para quitarse las imágenes de una cobriza jadeante debajo de ella. Era tan sexy. ¿Cómo podía sentirse tan caliente con el solo hecho de imaginársela así? Volvió a sacudir su cabeza. Tenía que estar en todos sus sentidos, al menos hasta que acabara con el plan de Scaglietti. Suspiró cansada. Aceleró un poco más. Quería llegar a casa y descansar un poco antes de ir al hotel. Cuando llegó a su apartamento, no le dio tiempo de sacar sus llaves para abrir la puerta cuando ésta se abrió.

- Bienvenida a casa, Fate. –le habló su oji esmeralda amiga con una sonrisa apagada.

- Estoy en casa, Ginga. –la abrazó fuerte por unos instantes y después le besó la frente– ¿Ya te vas? –la pelimorada asintió– Te llevo.

- No, Fate. –negó– Quédate con Nanoha. Lleva toda la tarde nerviosa. –la rubia miró hacia el interior y vio a la cobriza quien la miraba con una sonrisa triste– Nos vemos mañana. –le dio un beso en la mejilla– Buenas noches, Nanoha-san. –le dijo con una sonrisa.

- Buenas noches, Ginga-san. –le devolvió el gesto y la pelimorada se marchó en su auto.

- Hola, Nanoha. –dijo al entrar y cerrar la puerta.

- Hola, Fate-chan. –le dijo con un leve sonrojo mientras se acercaba a la oji borgoña– Has tardado mucho. –dijo haciendo un puchero.

- Lo siento, Nanoha. –suspiró mientras la estrechaba entre sus brazos– Las cosas no van bien y necesito ayuda para solucionar este problema. –la cobriza la tomó de la mano y la guió al sofá para que se sentase.

- ¿Me explicarás que ha pasado? –le dijo seria mientras se sentaba enfrente de ella– ¿Por qué pegaste a ese hombre? Tú no eres así. Jamás te he visto golpear a nadie. –la rubia cerró las manos en forma de puños– Fate-chan… –la cobriza puso sus manos sobre sus puños– Tranquila. Sé que está más que justificado. –le sonrió– Pero me gustaría entender qué es lo que está pasando.

- Nanoha… –la llamó en un suspiro una vez que se relajó– Jail Scaglietti está tramando algo y tengo que impedirlo. Ginga es muy importante para mí. Lo sabes. –la cobriza asintió– Si no hago algo, la despedirá. –la oji lavanda puso cara de no entender– Él cree que Ginga es mi pareja. Tiene fotos nuestras donde salimos abrazadas o tomadas de las manos. –la cobriza abrió los ojos en sorpresa– Nos ha estado espiando y ha sacado sus propias conclusiones. Esas fotos son de nochebuena, en la cena con mi familia. –la rubia se puso en pie– No puedo permitir que se salga con la suya.

- ¿Y por qué no simplemente le explicas que eso no es cierto?

- Él no quiere escuchar ninguna explicación. Está tramando algo y no sé el qué. Por eso fui a hablar con Leti Lowran. Ella es la responsable de nuestra cadena de hotel aquí en la isla. Conoce muy bien a Scaglietti. Yo ayudé a su hijo con el hotel en Uminari, cosa que también conoce Jail, así que le he pedido que ahora me ayude ella a mí. Me debe ese favor.

- Entiendo. –se puso en pie– ¿Tienes hambre, Fate-chan? Te prepararé algo mientras te duchas. Tienes que estar cansada. Cena y duerme hasta que tengas que irte. Van a ser días intensos por lo que puedo ver. –dijo y se dirigió a la cocina sin esperar respuesta.

- Nanoha… –la tomó de la mano para hacerla girar– Yo… –la miró directa a los ojos– Yo… soy feliz de que estés aquí, conmigo. –a la cobriza le brillaron los ojos– Gracias. –se acercó a su rostro y le dio un tierno y corto beso– Prometo compensarte cuando todo esto termine. –la oji lavanda asintió y se fue, ahora sí, a la cocina.

Ginga llegó al hotel. Aún no era su hora de entrada, así que se quedó apoyada en la baranda de madera que estaba junto al camino hecho del mismo material que llegaba a la playa. Miró hacia el horizonte donde ya se podía ver la luna. Algunas lágrimas escaparon sin querer de sus ojos. No quería perder su puesto de trabajo. Amaba su trabajo y amaba este lugar. Este sería su último turno de noche. A partir de mañana, ya no tendría trabajo. Dejó que más lágrimas salieran sin retenerlas. Miró su reloj. Era hora de entrar. Se limpió las lágrimas y se retocó un poco. Observó el hermoso paisaje que estaba frente a ella por última vez y entró al hotel, donde su compañera la estaba esperando.

- Buenas noches, Wendy. ¿Cómo ha ido el servicio?

- Buenas noches, Ginga. Todo ha estado muy tranquilo. –miró hacia la entrada donde la estaba esperando una castaña– Espero que tu servicio sea igual de tranquilo. Nos vemos mañana.

- Hasta mañana, Wendy. Disfruta de tu cita. –le guiñó un ojo haciendo ruborizar a su compañera con sus palabras.

- Lo haré. –le contestó feliz y se marchó.

Ginga dejó sus cosas en su casillero y se sentó en su asiento de recepción. La noche amenazaba con ser demasiado tranquila y así fue hasta que alguien se apoyó en el mostrador de recepción.

- Buenas noches, señorita Nakajima.

- Scaglietti… –susurró aterrada.

- ¿Por qué no hablamos ahora que estamos solos? Tengo que proponerle algo. –sonrió maliciosamente.


Siento la demora en subir este capítulo, pero han pasado muchas cosas últimamente. Entre ellas, mañana me someto a un test para saber si tengo covid ya que mi hermano dio positivo. Llevo unos días con síntomas, aunque espero que el resultado sea negativo. Aparte de eso, han pasado más cosas que no vienen al caso y por eso os pido disculpas. No era mi intención tardar tanto. Intentaré subir el siguiente en lo que va de semana si los síntomas me permiten estar unas horas delante del ordenador.

Sin más, como siempre, os agradezco a los que sigáis ahí. Ya queda poco para el desenlace final. ¿Qué será lo que Scaglietti está tramando y qué es lo que quiere proponerle a Ginga?


*Saizoh: Paciencia, querido lector. Muy pronto, todas tus preguntas tendrán respuesta :) Sólo ten algo más de paciencia. Pronto sabremos qué pasará con Ginga y Cinque y Nanoha y su pastelería.