By Messel.
22
My blood.
La figura de un hombre se reflejaba en el balcón de su dormitorio, sus largos cabellos azabaches se mecían con suavidad a causa de la fría brisa del exterior. Sus negras pupilas observaban aquellas luces titilantes de la inmensa ciudad debido a la espectacular vista que su balcón ofrecía, en su mente rememoraba toda la situación que había acaecido hace algunos instantes.
Tomó el teléfono entre sus manos y observó la última llamada realizada, con letras bastante claras reflejaban el nombre de su pequeño hermano.
Cada vez más sentía que no podía lidiar con la situación, no era nada sencillo vivir con una enfermedad mortal y seguir adelante con los planes que tenía para proteger a los que ama.
Soltó un suspiro pesado intentando no cometer el error de volver a llamarlo, no hace mucho que Sasuke colgó la llamada dejándolo con la palabra en la boca. Estaba preocupado, le costaba un mundo no intentar localizarlo, debía confiar en que sabrá mantenerse firme por ese día y que pueda darle una oportunidad para hablar sobre el tema.
La familiar sensación de vacío se hizo presente en su estómago, la culpa le carcomía la mente al pensar en que pudo hacer las cosas diferentes, si tan solo hubiese hablado con Sasuke desde el principio no tendría tanto dolor acumulado en su alma, si hubiese enfrentado a su padre cuando era un adolescente tal vez podría haber huido con su madre y hermano.
Llegar a esa conclusión solamente lo hacía sentirse más miserable, no siempre las decisiones que uno toma son las correctas, lo único que se daba cuenta en ese momento era que fue un estúpido egoísta.
No había mucho que pensar, Sasuke necesita tiempo y él lo entendía, pero tampoco iba a permitir que no tenga donde quedarse, tomó el teléfono una vez más con la intención de buscar una solución.
Ajeno a la situación, una delicada mano acariciaba suavemente los negros cabellos del Uchiha, pasaron varios minutos cuando la calma se hizo presente.
Sasuke se mantenía escondido en el cuello de la pelirosa, palpar su calidez lo hacía sentirse reconfortado, quería olvidarse de todo por un momento, las emociones presentes en ese día fueron demasiado exuberantes, estaba agobiado y abatido.
Las caricias de Sakura permanecían, sus manos eran tan delicadas y frágiles. El pelinegro soltó un suspiro haciendo que la pelirosa sienta un cosquilleo en el cuello, sus mejillas se ruborizaron enseguida haciendo que se detenga al instante.
El Uchiha sintió que se detuvo, pero no quiso alejarse de su cuerpo. Para su mala suerte Sakura se alejó suavemente y lo observó a los ojos, sus destellos verdes lo miraban con amor. Sintió un cosquilleo en el pecho, no podía equivocarse, su mirada era distinta, tan dulce y explicita.
Sus ojos negros notaron su delgado cuerpo levantarse, poco después entreabrió sus labios con la intención de decir algo.
—Regreso en un momento —dijo con su dócil voz.
Sasuke observó cómo se daba media vuelta con la intención de irse, no sabía en qué momento pasó cuando por inercia sujetó su mano atrayendo la atención de Sakura.
—No te vayas.
Sus ojos verdes se posaron en sus ónix con sorpresa, poco después apaciguó el rostro mostrándole una dulce sonrisa.
—No tardaré —aseguró todavía sonriente—, acabo de recordar que dejé la estufa prendida, recuerda que estaba calentando un poco de agua.
—Lo había olvidado —dijo el pelinegro sintiéndose bastante ingenuo, poco después una leve sonrisa se hizo presente en sus labios riéndose de sí mismo.
Sakura lo observó expectante, si podía tener una lista de las cosas que más amaba la sonrisa de Sasuke estaría dentro de ella.
Soltó su mano con delicadeza y le permitió retirarse, en su pequeña ausencia no hizo más que desear que su alma descanse de toda esta pesadilla. Sabía a la perfección que las cosas malas predominaban de las buenas, pero aun así no podía dejar de lado la situación especial que pasó en ese día.
Una figura apareció frente a él, sus ojos negros se posaron en aquella mujer de melena rosa.
Su mente se mantuvo firme en Sakura, era increíble que esa mujer haya hecho tanto en tan poco tiempo. Observó con detenimiento cada detalle de su rostro, su piel tan blanquecina resaltaba sus preciosos ojos verdes, aquellos que eran grandes con sus pestañas tan espesas. Su delgada nariz tenuemente respingada y sus labios tan rosados y carnosos.
Sus ojos se posaron en su llamativo cabello rosa, ese que tanto le gustaba, tan largo y sedoso que parecía fantasía.
Jamás podría negar lo bella que era, sonrió por inercia sintiéndose un completo tonto, estaba completamente enamorado. No podía ocultar su sonrisa puesto que era difícil creer que el mismo estaba aceptando algo así, agradeció más que nunca tener a Sakura a su lado, sentía que podría atravesar toda esa mierda porque ella estaría ahí, lo único que podía rescatar de su existencia.
—¿Por qué me miras así? —preguntó la Haruno con sorpresa, aquella mirada era tan profunda y expectante.
—Me gustas mucho —soltó sorprendiéndose de sí mismo ante esa confesión.
La expresión de la pelirosa reflejaba notable asombro, no se esperaba tal cumplido de su parte y menos en una situación así. Parpadeó varias veces y tragó saliva intentando calmar los latidos eufóricos de su corazón, sentía tanta vergüenza de que la mire de esa manera.
—N-No digas eso.
Sus ojos verdes se posaron en los suyos con una mirada apenada, Sasuke se quedó en silencio mientras la observaba con determinación, segundos después desvió la mirada sonriendo levemente.
Definitivamente debo estar tan cansado.
Pensó al reafirmar que él no diría algo así tan fácilmente, no mentía, pero tampoco era tan expresivo, le asustaba no poder ocultar lo que sentía por esa mujer.
Un pequeño bostezo casi imperceptible se hizo presente por parte de la Haruno, unos ojos negros se posaron en ella por inercia.
—¿Tienes sueño?
Él la observó con ternura, se veía tan adorable.
—Un poco —confesó con vergüenza, clavó su verdosa mirada en él percatándose que sus ónix lucían bastante cansados—. ¿Tú tienes sueño?
—Siento mis ojos pesados —habló sin observarla—. No sé si sea por sueño, pero no puedo negarte que me siento agotado.
Sakura lo observó con mirada comprensiva, era de esperarse que se sienta de esa manera, fue un día bastante explosivo y las lágrimas se hicieron presentes.
—Deberías intentar descansar. —Sakura tomó su mano y le dió un suave apretón—. Lo necesitas.
Sus ojos negros se posaron en ella, sabía que debía hacerlo, sus ánimos estaban por el suelo y lo menos que quería era seguir sintiéndose tan lamentable. Tal vez no aliviaría su dolor espiritual, pero el dolor físico podría controlarlo.
—Bien, no me opondré por esta vez.
Ella sonrió ante sus palabras.
—Te traeré algunas mantas —mencionó para empezar a alejarse.
—¿Puedo dormir contigo?
Sus pasos se detuvieron al instante, un puñado de nerviosismo se adueñó de su cuerpo.
¿Qué?
¿Acaso escuché bien?
¿Él... quiere dormir conmigo?
Regresó a verlo por inercia intentando asegurarse de haber escuchado bien, su semblante era sereno sin una pizca de timidez.
—¿Q-Qué dijiste? —balbuceó sin despegar su mirada de sus preciosos ojos negros.
—¿Puedo dormir contigo? —soltó una vez más sin pizca de duda.
Los ojos verdes de Sakura se explayaron de sorpresa, su rostro empezaba a arder y su corazón se alteraba con notoria facilidad.
Su mente se paseaba en un sinfín de posibilidades, en cada uno de ellas sentía como sus mejillas se tornaban más acaloradas, no entendía su propósito, jamás había pasado por una situación así.
—N-No creo que sea correcto...
Él la observó con una sonrisa traviesa, su preciosa mujer era un libro abierto, sus expresiones demostraban lo que pasaba por su mente, sonrió bastante divertido, era tan inocente, pero a la vez pensaba en situaciones más delicadas.
—No es lo que te imaginas —aseguró con su gruesa voz. Ella lo observó con asombro, poco después la vergüenza se hizo presente al darse cuenta que siempre lo tachaba de pervertido—. Lo primero que siempre haré es respetarte, Sakura. —Sus ojos verdes lo observaron expectante—. Dedicaré mi vida a cuidarte y protegerte, no permitiré que alguien te lastime, nadie tiene ese derecho.
—Sasuke...
El pelinegro soltó un suspiro al rememorar lo que acababa de decir, no podía negarlo, tenía demasiado miedo al verla tan indefensa, sabía que no era una mujer débil, pero no confiaba en el mundo ni en su padre, especialmente en este último.
Sin pensarlo demasiado se puso de pie y la tomó de la mano, ahora que conocía el lugar no era difícil dirigirse a su habitación. Ella no decía nada, solamente se encargaba de observar la figura del Uchiha.
Sasuke se recostó al fondo de la cama jalando suavemente a Sakura junto a él, quedaron frente a frente mientras se daban un pequeño contacto visual, no tardó mucho cuando los fuertes brazos del Uchiha la acercaron a su pecho aferrándola en un fuerte abrazo.
—Esto es lo que quería —confesó en un susurro cerrando los ojos con tranquilidad.
Sakura estaba más que apenada, su cercanía la descolocaba por completo. Tragó saliva al percatarse de los latidos del Uchiha, aquellos que eran tan eufóricos y fuertes.
—Tu corazón late muy rápido —musitó la ojijade mientras sus brazos empezaban a envolverlo, no sabía si él estaba peor que ella, aunque lo dudaba, sentía que su corazón se le saldría en cualquier momento del pecho.
Sasuke abrió los ojos y sus labios se separaron con la intención de hablar.
—Acabas de descubrirme. —Hizo una breve pausa—. Es algo que no puedo controlar, mucho menos si estás cerca de mí.
La Haruno se quedó sin palabras, no se esperaba tal respuesta de su parte. Se escondió en su pecho y apretó suavemente la camisa del Uchiha, este último solo la aferró más en sus brazos mientras que con su derecha acariciaba su cabello con delicadeza.
—Descansa, Sakura —susurró con suavidad, sintió como se aferraba más a su cuerpo sintiéndose bastante protegida. El Uchiha se percató poco a poco como su respiración se tornaba más serena, finalmente se había dormido.
Cerró sus ojos negros complacido, empezaba a disfrutar del calor que Sakura le brindaba, tenerla entre sus brazos era algo que agradecía con su vida, nunca imaginó estar así con una persona, pero el solo hecho de estar ahí junto a la mujer que le revuelve los sentidos le hacía sentirse alucinado.
Poco a poco la sensación de cansancio se apoderaba más de él, pasaron algunos minutos cuando el semblante del Uchiha se tornaba tranquilo, finalmente llegó el momento en que podía descansar de tanto tormento.
La noche se tornó infinita hasta dar paso al amanecer mostrando aquella estrella radiante aparecer entre las montañas.
En la residencia Uchiha el silencio era impecable, en el despacho yacía el primer ministro sentado en el sofá con su derecha posando en su mentón, su mirada era perdida notando a simple vista que pensaba en algo con bastante mesura.
Su pulgar pasó levemente por la comisura del labio sintiendo una leve punzada, gruñó por instinto al sentir el dolor de aquel golpe que se rehusaba a dejar pasar. La noche para aquel hombre se tornó eterna, el insomnio se hizo presente al buscar la manera de intentar controlar a Sasuke, el cual era un verdadero problema.
Pensó en varias opciones, incluso en el chantaje que podría usar tomando la seguridad de cierta pelirosa a su favor, pero había un enorme muro en ese instante al pensar en esa posibilidad, cierta persona que le complicaba todos sus planes, Itachi.
Por el momento no podía actuar de forma tan desesperada, si no fuera por su hijo mayor hace mucho que Sasuke estuviese bastante condicionado al cometer el gran error de fijarse en una cualquiera.
Soltó un suspiro bastante cabreado, no sabía en qué momento las cosas se salieron de sus manos, tenía tanta furia retenida al sentirse limitado, empezaba a odiar a Itachi tras haberle apuñalado por la espalda, apenas se daba cuenta que tenía la culpa de que su hijo tenga tanto poder, fue un estúpido al confiar en él.
Se reclinó en el asiento y cerró los ojos frustrado, suspiró con resignación mientras pensaba en su última opción.
Mientras tanto, leves rayos de sol empezaban a colarse por la ventana, aquella luz incesante se postró levemente en el rostro de Sakura iluminando al instante su radiante cabello. Intentó moverse con la intención de escapar de la molesta y repentina luz, pero no podía, crispó los ojos y sus largas pestañas dieron paso a sus brillantes pupilas verdes.
Unos fuertes brazos la rodeaban sin intención de soltarla, levantó suavemente la cabeza fijando la mirada en cierto pelinegro, se quedó en silencio sin dejar de observarlo, su rostro se veía tan sereno, como si todo el dolor y sufrimiento hubiesen abandonado su cuerpo, parecía que la paz finalmente lo acariciaba.
Lo examinó con lentitud, su piel tersa y blanquecina era radiante, sonrió al darse cuenta lo largas que eran sus pestañas, sus cejas pobladas y su fina nariz, sin poder evitarlo observó sus labios, aquellos que estaban ligeramente entreabiertos, con suavidad se zafó levemente de su agarré, se acercó a él y depositó un suave beso en sus labios. Se separó con delicadeza mientras lo observaba con ternura, jamás se cansaría de verlo, aquél hombre se volvió una parte importante de su vida.
Se levantó sigilosamente y con la manta lo acobijó hasta el cuello, lo observó por última vez y abandonó la habitación con mucho cuidado.
Una vez afuera su mente se instaló en un solo objetivo, preparar un buen desayuno para él, después de todo su intención es ayudarlo, si no podía sanar su corazón al menos quería darle fuerza y energía para seguir afrontando los obstáculos de la vida.
Se dirigió a la cocina con un semblante radiante, ahora que lo pensaba podía preparar algo más elaborado gracias a Sasuke, debido a las compras que hizo el otro día.
Tenía un desayuno tradicional en mente, se sentía emocionada de alguna manera, sacó los ingredientes que usaría, prendió las estufas y se puso manos a la obra.
Pasaron varios minutos hasta que el tiempo se tornó efímero y la comida estaba casi lista. Sasuke seguía dormido mientras su cuerpo agradecía cada segundo de descanso, apostaría que podría quedarse así todo el día de no ser por un travieso rayo de luz que atravesó su mirada, crispó los ojos por el repentino reflejo y no tardó en abrirlos con lentitud.
Su mirada se posó a un costado suyo notando la ausencia de la pelirosa, sus ónix la buscaron con rapidez y con un poco de dificultad se levantó de la cama al no divisarla.
Salió de la habitación y no tardó en encontrarla, simplemente la observó por unos segundos, Sakura estaba acomodando unos cubiertos sobre la mesa, sintió una presencia detrás así que volteó a ver encontrándose con aquellos pozos negros. Era imposible no observarlo más de lo normal, una sonrisa encantadora salió de sus labios al contemplar al Uchiha con su cabello todo alborotado y con cara de sueño. Se veía demasiado adorable.
—¿Cómo amaneciste? —Sakura le hace un ademán para que se acerque y Sasuke obedece.
—Me siento mejor —respondió mirando con curiosidad la mesa frente a él—. ¿Por qué no me despertaste?
Sus ojos negros la observaron al instante, un delicioso aroma se instaló en sus fosas nasales haciendo que desvíe la mirada a la cocina.
—No hacía falta. —Hizo una breve pausa terminando de poner los últimos palillos sobre la mesa—. Quería que descansaras un poco más.
Se acercó a él y lo jaló suavemente de la mano hacia uno de los asientos, el Uchiha la observa curioso mientras Sakura abre la boca con la intención de hablar.
—Siéntate, preparé el desayuno —soltó bastante emocionada, el pelinegro sonrió sutilmente al verla de esa manera, obedeció sin más mientras Sakura desaparecía ante su atenta mirada.
Pasaron un par de minutos cuando la observó acercándose con varios platillos en una bandeja. Empezó a depositar cada plato en la mesa bajo la mirada expectante del Uchiha, estaba bastante asombrado.
—¿Esto es...? —habló Sasuke sin dejar de observar. Sus ojos negros se paseaban por cada plato que Sakura ponía frente a él, divisó un bol de arroz, pescado a la parrilla, sopa de miso, siendo estos tres los platos principales. Observó cómo sus delicadas manos depositaban pequeños platillos con tsukemono, siendo este un encurtido compuesto por pepinillo, rábano blanco, berenjena y ciruelo. En otro acompañamiento estaba el infaltable tamagoyaki, aquella tortilla de huevo tan usual pero no menos apetitosa. Otro platillo depositado en la mesa, se trataba de pequeños trozos de tofu frito, esté suele vertirse en la sopa o comerlo individualmente. Estaba bastante sorprendido. Por último y no menos importante, el aroma a té verde se hizo presente fijando su mirada inmediatamente en aquel líquido tan delicioso y calmante.
—Un desayuno tradicional —terminó las palabras por él. Sasuke regresó a verla aún con sorpresa en su mirada. Ella le sonrió con dulzura y prosiguió—. Aún falta lo más importante —aseguró atrayendo la curiosidad del pelinegro, de la bandeja tomó el último platillo y lo depositó frente a él aún sonriente. El Uchiha observó un bol fijándose lo que llevaba en su interior, en este había varias tajas de tomate cortadas cuidadosamente, por instinto regresó a verla aún más sorprendido—. Te dije que lo tomaría en cuenta.
Sasuke sonrió por inercia al notar que no lo había olvidado. Sintió algo raro en el pecho mientras volvía a observar lo que Sakura había hecho por él, todo se veía espectacular, soltó un suspiro de nostalgia al recordar por un instante a su madre, ella solía preparar este tipo de desayuno muy a menudo, por no decir todos los días. Cada vez Sakura lo sorprendía aún más.
—Se ve delicioso —aseguró con su grave voz—. Gracias, Sakura.
—No tienes porqué agradecer, has hecho muchísimo por mi —respondió mientras tomaba asiento frente a él—. Además esto también es gracias a ti —mencionó haciendo referencia a las compras del día anterior.
—Eso no es nada. —Sasuke fijó su mirada en sus potentes jades—. Aún no has visto lo que estoy dispuesto a hacer por ti.
Sakura sintió calor de repente, sus mejillas se encendieron ante sus palabras y la seguridad de cada una de ellas. El pelinegro lo notó y sonrió internamente al causar ese efecto en Sakura, después de todo no era el único que se apenaba ante esas muestras de afecto, pero eso sí, cada palabra las decía con toda la sinceridad del mundo. Si de él dependiese haría mucho más por ella, pero poco a poco lograría que Sakura se habrá un poco a la idea de recibir ayuda, después de todo el quiere ser su apoyo incondicional y se esforzará por ello.
—Buen provecho —musitó con una sonrisa nerviosa intentando cambiar de tema, tomó los palillos y Sasuke la imitó.
—Buen provecho.
El pelinegro estaba muy curioso de todos los platillos que Sakura había preparado, ya los había probado con anterioridad debido a su madre, pero habían pasado muchos años desde la última vez que lo hizo. Sin perder el tiempo y con el palpable interés empezó a probar un poco de cada cosa sin imaginar que el sabor era tan exquisito que se quedó unos segundos paralizado con la punta de los palillos en la boca.
Había pasado tantos años desde la última vez que probaba algo así, no negaría que de vez en cuando comía uno de esos platillos de forma individual, pero no un desayuno tradicional completo. Después de todo las costumbres niponas empezaban a cambiar implementando otro tipo de comida a sus costumbres, como el desayunar un par de tostadas huntadas con mermelada y una taza de café, costumbres extranjeras que cada vez más se implementan día a día.
—Está delicioso —aseguró Sasuke tras recuperarse de la sorpresa inicial. Sakura lo observó maravillada, estaba tan contenta de que le haya gustado, verlo de esa manera después de aquel día tan agobiante le reconfortaba mucho—. ¿Cómo es que cocinas tan bien?
—Mi madre me enseñó —confesó orgullosa—. Hubo un tiempo donde mi madre trabajó de ama de casa y al terminar la escuela solía acompañarla. En ese proceso la ayudaba en lo que podía y fue en ese momento cuando me enseñó.
Sasuke rió levemente y no pudo evitar soltar un suspiro nostálgico.
—Me recuerdas mucho a mi madre.
La pelirosa lo observó en silencio tras esa confesión, tenía muchas preguntas referente a eso pero decidió que sería tema para después, suspiró por inercia y lo observó degustar de su desayuno.
Pasaron varios minutos mientras desayunaban y entablaban una que otra conversación sobre temas no tan importantes. Terminaron de comer sintiéndose bastante satisfechos, definitivamente estaba delicioso.
—Gracias por la comida —habló el pelinegro—. ¿Hay algo que no hagas bien? —soltó con una leve sonrisa.
Sakura se sonrojó ante ese cumplido escondido y estaba dispuesta a responder cuando una melodía inundó sus oídos. El pelinegro reconoció el sonido al instante y del bolsillo sacó su teléfono. Fijó sus pozos negros en la pantalla iluminada y en este volvía a reflejar el nombre de su hermano.
Dudó unos segundos en responder pero finalmente optó por hacerlo, después de todo no podía seguir alargando lo inevitable.
—No pensé que llamarías tan temprano —soltó apenas acepto la llamada—. ¿Qué es lo que quieres?
Cierto mutismo se hizo presente al otro lado de la llamada, al azabache le tomaba desprevenido que su hermano vaya directo al grano, es más, incluso había pensado que tal vez lo ignoraria, menos mal no fue la ocasión. Carraspeó antes de hablar tratando de organizar las ideas en su cabeza.
—Tenemos que hablar. —Hizo una pausa—. Déjame ayudarte.
Sasuke bufó enseguida, su instinto defensivo se activo rápidamente.
—¿Ayudarme? —espetó con sorna—. ¡Por favor! ¡Tú formaste parte de esta farsa! —Apretó la mandíbula intentando contenerse, sintió un apretón en su mano percatándose que Sakura lo observaba con aquellos ojos que le pedían no ceder ante el dolor. Cerró los ojos con pesar para después abrirlos un poco más calmado—. Eres el menos indicado para ayudarme, Itachi.
Unos ojos verdes se sorprendieron por un instante, nuevamente lo había llamado, se sintió mal por él, después de todo Sakura sabía lo que en realidad había pasado y toda la carga que aquel buen hombre tuvo que llevar toda su vida. Suspiró con resignación, aquella familia no merecía pasar por tanto dolor, era inadmisible.
—Dame la oportunidad de explicarte —suplicó Itachi a través del teléfono. No podía negar que le dolía las palabras de su hermano, pero no tenía derecho a reclamarle, después de todo en cada una de sus palabras tenía razón. Aún así no era suficiente para darse por vencido y dejarlo a su suerte, amaba demasiado a su hermano cómo para olvidarse de él—. Me conoces, Sasuke, siempre he querido protegerte.
Sasuke mordió su labio inferior ante sus palabras, tenía razón, rememoraba varias situaciones donde Itachi fue su salvación, sobre todo en temas relacionados con su padre, siempre se ponía de su lado, defendiéndolo y apoyándolo.
Lo meditó un par de segundos antes de darle una respuesta, mientras que aquel mutismo se tornó eterno para el Uchiha mayor. Estaba impaciente, lo que más deseaba en ese momento era estar bien con su hermano.
—Te veré afuera de casa —dijo sin más. Cortó la llamada de inmediato sin darle oportunidad de responder y se quedó en silencio un instante.
No supo en que momento Sakura se puso de pie hasta que sintió sus brazos envolver su cabeza acercándolo a su cuerpo.
—Estás haciendo lo correcto Sasuke —aseguró con tono tranquilo. Acarició suavemente uno que otro mechón de su cabello haciendo que el pelinegro sienta un cosquilleo en su nuca.
—¿Por qué estás tan segura? —preguntó sin ánimo, ya no sabía qué pensar ni mucho menos qué hacer, su mente divagaba en un complejo enigma de emociones punzantes—. Toda mi vida ha sido una mentira.
La ojijade se alejó suavemente y con sus manos levantó el rostro del Uchiha quién se encontraba cabizbajo observando algún punto del suelo.
—Tú más que nadie debe conocer a Itachi-san —mencionó con una sonrisa, Sasuke la escuchaba con atención, aunque no pudo dejar pasar aquél sufijo con el que se refería a su hermano—. El no es una mala persona.
Sus ónix se clavaron en ella tras sus últimas palabras, la curiosidad le inundó de repente pues no era usual hablar sobre él, pero la seguridad de sus palabras lo descolocaba un poco. Sin embargo tenia razón, su hermano nunca dio un indicativo o iniciativa de querer hacerle daño, al contrario, siempre se mostró bastante protector.
—Hablaré con él —dijo con mucha seguridad. Se levantó del asiento y después de tomar las llaves del auto se acercó a Sakura y le depósito un beso en la frente.
—Ve con cuidado, por favor.
—Lo haré.
Sakura divisó como Sasuke se marchaba, soltó un suspiro deseando que todo saliera bien y empezó a recoger los platos.
En la residencia Uchiha todo se encontraba en absoluto silencio. Itachi estaba en su habitación aún con el teléfono en la mano, finalmente su hermano accedió a hablar, esperaba de corazón aclarar todo lo sucedido y así romper esa cadena de mentiras que fueron forzados a vivir. Guardó el teléfono y de su bolsillo sacó un llavero que acababa de adquirir, jugueteó con él unos segundos y con determinación lo sujetó con fuerza para después salir de la habitación.
Caminaba por el pasillo cuando escuchó la puerta principal ser abierta. No detuvo su paso hasta que divisó a cierta persona en particular, endureció la miraba hasta que estuvo lo suficientemente cerca para escucharlo hablar.
—Buenos días, Alteza. —Se dirigió Kabuto ante su presencia. Se inclinó levemente dándole una reverencia e iba a proseguir con su camino cuando su voz lo detuvo.
—¿A qué has venido? —Itachi lo observó expectante, su presencia en la mansión no le daba buena espina en lo absoluto. Su padre siempre solicitaba sus servicios cuando deseaba hacer alguno de sus «encargos».
Kabuto lo observó con seriedad ante su pregunta. Abrió sus labios con la intención de hablar.
—Su majestad requirió verme.
Itachi rodó los ojos ante su respuesta, tal vez un poco infantil de su parte, pero era imposible no hacerlo ante su obviedad.
—Eso lo sé. —Endureció la voz mostrando fastidio—. ¿Qué estupidez te pidió que hicieras?
—Alteza, lo que...
—Cállate, Kabuto. —Una gruesa voz se hizo presente a espaldas del azabache. Itachi reconoció la voz al instante y chasqueó hastiado—. No te metas en mis asuntos.
Fugaku volteó e hizo un gesto con la cabeza indicando a su asistente que lo siga de inmediato. Empezó a alejarse por donde había llegado con el semblante bastante irritado.
Itachi observó cómo el peligris pasaba por su lado y escuchó ambos pasos alejarse, antes de seguir con su camino pensó que no estaba de más darle su respectivo recordatorio.
—No hagas nada estúpido, padre —sentenció desafiante. Regresó a verlo con odio mientras aquellos potentes ojos negros ya lo observaban con repudio.
Esté último no se iba a quedar callado ante las palabras de su hijo, él siempre tendría la última palabra, estaba dispuesto a hablar cuando el teléfono de Itachi sonó de repente.
El azabache tomó el móvil y observó de quién se trataba, aceptó la llamada y acercó el aparato a su oído.
—Dame un minuto.
—Hm.
Cortó la llamada al instante sin dejar de conectar sus oscuras miradas.
—No tengo tiempo para pelear contigo ahora. —Itachi volteó y empezó a alejarse, Sasuke estaba fuera de casa y no pretendía hacerlo esperar, no conociéndolo, en el peor de los casos se fastidiaria y se perdería la oportunidad de hablar con su hermano.
Fugaku apretó los dientes con bastante coraje, Kabuto notó ese gesto y rápidamente llamó su atención para que la situación no se torne problemática.
Ambos se alejaron y se adentraron en su despacho. Itachi se acercó a la puerta principal atravesándola rápidamente para después salir de la residencia. Sus ojos negros observaron el auto de Sasuke, este último apenas y quería mirarlo pero no tuvo más opción, presionando un botón quitó el seguro de las puertas dándole a entender que podía subirse. Itachi captó enseguida y no tardó en hacerlo.
—Sasuke...
—Aquí no. —Sasuke tenía la vista al frente mientras su mirada se endureció claramente—. No quiero encontrarme con Fugaku. —Regresó a verlo bastante cabreado—. No quiero cometer una locura.
Itachi mantenía sus ojos en él hasta que desvío la vista y soltó un pesado suspiro.
—Entiendo.
El auto no tardó en arrancar y se alejaron de la residencia. Sasuke simplemente manejaba sin tener un lugar en mente, pensaba demasiado las cosas y empezaba a sentir leve ansiedad. Tantos confrontamientos en tan poco tiempo, tantas revelaciones en cuestión de segundos y ahí estaba, a punto de sumar a la lista una confrontación más, pero está vez con su hermano.
El mutismo se apoderó del lugar, el Uchiha mayor no quería hablar en ese momento, no quería causarle una reacción demasiado negativa a su hermano y al conducir solamente causaría un accidente.
Pasaron largos minutos cuando el pelinegro se estacionó en un lugar bastante desolado, parecía una especie de parque a la entrada de un bosque, no se observaban personas en el lugar lo cual fue un alivio para ambos.
Salieron del auto con paciencia cuando la suave brisa mecío sus cabellos, Sasuke respiró hondo al percibir el aire fresco que sentía que le hacía falta. El lugar era agradable, definitivamente la naturaleza era un tesoro en el mundo.
Itachi se acercó un poco tomando las agallas que en ese momento necesitaba, carraspeó un poco al sentir ganas de toser maldiciéndose así mismo sin compasión alguna, no era el momento indicado para que su enfermedad empezará a joderle.
El pelinegro giró en sus talones y clavó sus potentes ónix en su hermano.
—Te escucho. —Se adelantó Sasuke. Su hermano lo observó con pesar, había tantas cosas que decir, pero no sabía por donde comenzar. Tenía que pensarlo bien, ya que si decía algo que se malinterprete lo más probable era que Sasuke pierda sus casillas y se largue del lugar. Lo conocía tan bien.
—No sé exactamente qué es lo que sabes. —Lo observó con seriedad—. Supe que te enteraste de todo por boca de nuestro padre. —Sasuke crispó los ojos ante la mención de ese cretino—. Él me culpó creyendo que fui yo quién te reveló todo. —Un silencio se hizo presente—. Aunque tal vez no esté tan equivocado, también creo que todo esto es culpa mía.
El pelinegro alzó una ceja ante su último comentario, no podía negar que le hervía la sangre al sentirse como un completo imbécil tras ser engañado vilmente, pero tampoco podía desquitarse con quien no hizo el mayor daño. Notó como su hermano mayor desviaba la mirada, sus ojos negros se hundían en un mar de culpabilidad.
—Tú no maltrataste a mamá —soltó atrayendo su atención, éste lo observó enseguida, Sasuke apretó el puño con fuerza, acto que no pasó desapercibido por su hermano—. ¡Pero eso no justifica todo este engaño!
—Mi única intención era protegerte, Sasuke, yo...
Este último soltó una risa fingida.
—¿Protegerme? —Lo observó borrando toda sonrisa de su rostro—. Que rara manera de proteger haciendo más daño que la propia verdad —dijo denotando dolor en su mirada. Llevó una mano a su pecho y agarró su camisa en el acto—. ¿Acaso sabes la horrible sensación que siento aquí dentro? —Itachi bajó la mirada abrumado—. ¿Vivir pensando que mi madre es una cualquiera, que nos abandonó por otro hombre? ¿Qué tal vivir con un completo abusador que hizo la vida de mi madre miserable? Sin mencionar la mierda que Fugaku era conmigo. ¿Acaso eso era lo mejor para mí? —inquirió sin entender—. ¡¿Qué dices de ocultarme la enfermedad de mi madre, eh?! ¡Qué manera tan absurda de proteger!
Sasuke estaba sufriendo, seguía sin comprender el porqué tomó la decisión de ocultarle todo. Sentía tanta impotencia, las cosas serían diferentes de no ser por tan malas decisiones. Sus oscuros ojos se tornaron cristalinos, estaba harto de todo, hastiado de su familia.
—Tienes razón —aceptó con dolor en sus palabras. Su voz empezó a entrecortarse al asimilar las palabras de su pequeño hermano, pero de verdad en sus adentros sólo quería protegerlo—. Me equivoqué, solamente te causé más daño.
—¡Dime todo lo que sabes! —ordenó endureciendo la mirada, no quería más mentiras, sentía que merecía saber qué había pasado tiempo atrás.
Itachi lo observó con tristeza, por supuesto que lo haría, no pensaba cometer el mismo error dos veces. Soltó un largo suspiro, empezaba a sentirse agotado.
—Cuando era pequeño fui testigo de los cambios que empezó a tener papá, era muy diferente a lo que es ahora, aunque debo admitir que sabe fingir muy bien. —Sasuke puso atención, finalmente era momento de escuchar su versión de la historia—. Con nosotros se comportaba como un buen padre, era atento y cariñoso, incluso podría decirte que se sentía feliz de tenernos a ambos. —Itachi bajó la mirada observando algún punto del lugar—. Tú eras muy pequeño, así que era imposible que hayas podido darte cuenta de la actitud cambiante que él camuflaba. Yo crecí lo suficiente para darme cuenta que él era diferente con mamá, apenas la observaba, incluso había días en las cuales ni se hablaban.
El azabache tragó saliva al recordar una vez más todo ese tormento, había pasado tantos años y finalmente llegaba el día de soltar esa carga que había mantenido por tanto tiempo.
—No vi algún abuso en todo ese transcurso de tiempo, al menos no ante mis ojos —continuó. Sasuke no decía nada, solamente se limitaba a escuchar—. Conforme iba pasando el tiempo noté como nuestro padre se tornaba agresivo, su semblante era frío y ya ni siquiera se esforzaba en ocultarlo. —Hizo una pausa—. Su actitud arisca me empezaba a molestar demasiado, no por mí, si no por nuestra madre, quien era la que más sufría. Intenté ayudarla en lo que podía y la defendí cuando lo permitía, todavía era muy pequeño para enfrentar a ese monstruo, es cuando mi resentimiento hacia él se acogió en mi corazón con fuerza.
Itachi pasó una mano por su cabello intentando disipar el nudo que se había formado en su garganta, recordar toda esa impotencia acumulada lo descolocaba por completo.
—Fue hasta cuándo cumpliste los tres años cuando la situación se tornaba incontrolable.
—¿A qué te refieres? —inquirió el Uchiha menor tajantemente. El azabache lo observó con tristeza haciendo que a su hermano se le oprima el corazón.
—A Fugaku ya no le importaba golpear a nuestra madre ante mi presencia, una y otra vez. —Apretó el puño con fiereza—. Lo enfrenté muchas veces... —Cerró los ojos con fuerza al recordar, su voz se entrecortó sin poder evitarlo—. Pero terminaba igual que ella, maltratado y humillado ante él, nuestra madre gritando que se detuviera y yo retándolo en su cara que si volvía a tocarla lo mataría sin dudar. —Débiles hilos de agua cayeron por sus mejillas, jamás había hablado sobre esto, de las veces en las que se odiaba a si mismo por no haber podido hacer mucho más. Si tan solo hubiese tenido más fuerza, más coraje, porque la determinación de salvar a su madre estaba más que latente, pero Fugaku era un oponente tan inalcanzable...
Sasuke estaba molesto, impotente y afligido, un sinfín de emociones se destapaban sin vacilar, sus ojos negros miraban fijamente a Itachi sin saber qué hacer, verlo de esa manera era tan impactante para él, no recordaba haberlo visto llorar, siempre se mostraba con una postura inquebrantable, pese a ser comparado con él siempre lo admiró, como aquél pequeño héroe de cuando era un infante.
Dudó en acercarse, exasperó con nerviosismo tras los detalles que su hermano le contaba, conocía la historia, sabía que es lo que ha estado pasando por parte de Mikoto, pero al saber la historia completa sin duda lo asfixiaba. Sabía que aún no había terminado e Itachi le dió la razón cuando entreabrió sus labios con la intención de hablar.
—Intenté convencer a mamá que no merecía esto, pero entiendo que lo soportaba por no alejarse de nosotros. —Lo observó con mirada rota—. No pasó mucho cuando mamá empezó a sentirse mal, era un completo martirio verla sufrir a ese extremo... De no ser porque cayó inconsciente no nos hubiésemos enterado de su condición. —Volvió a llorar sin poder evitarlo, le había dolido tanto verla padecer de esa manera, aquellas frágiles manos manchadas de carmín con aquella tos incontrolable, tragó ese nudo en la garganta al entender lo que ella sufría, después de todo lo había heredado.
—¡Sigo sin comprender porqué no me dijeron nada! —espetó Sasuke intentando contener la rabia acumulada. Recordó con pesar la situación en la que observó a su madre de esa manera, ella en el piso aclamando el nombre de su hermano. Aquél momento en que se sintió tan inútil e impotente.
—Mamá me suplicó que no lo hiciera —musitó débilmente—. Perdóname Sasuke, merecías saber lo que estaba pasando, fue un gran error ocultarte tantas cosas, pero erróneamente creíamos que sería lo mejor para ti.
El pelinegro posó sus manos en las caderas y observó al cielo bastante aturdido, seguía sin comprender porqué habían tomado esa decisión, su vida fue una mierda, por esa misma razón era incapaz de entender sus intenciones.
Itachi limpió el rastro de lágrimas que sus ojos emanaban, con la intención de finalizar con la historia sus labios se abrieron sutilmente mientras soltaba un suspiro, faltaba lo último.
—Mamá empezó a tomar en consideración la idea de irse... —Sasuke clavó sus ónix en él—. Batallaba mucho en la idea ya que tuvo una discusión con papá, este la amenazó chantajeándola con nosotros. —El puño del pelinegro se tornó blanquecino tras cerrarlo con fuerza—. Es cuando llegó esos días, cuando no pudo más, aquél momento donde papá perdió la cordura y no le importó golpear a mamá a pesar de estar enferma...
Sasuke se derrumbó al volver a escuchar eso, no lo podía creer, pensar en esos momentos le daba una rabia incontrolable, imaginarse a su madre soportar tanto le daba una sensación de vacío en su alma, se sentía tan estúpido al haber aumentado esa agonía con su actitud infantil, llamándola cualquiera y creyendo en el veneno que su padre le escupía sin remordimiento alguno.
—¡¿Por qué dejaste que la golpeara?! —bramó Sasuke con dolencia en su mirada, Itachi sentía claramente como dolía todo lo que decía—. ¡Cómo hombre debiste haberla protegido! ¡¿Por qué esperar tanto y no decirme nada maldición?!
Este último no pudo aguantar las lágrimas de impotencia, odiaba vivir así, en una familia tan inestable llena de maltratos y secretos, sabía que estaba mal culpando a su hermano, pero era lo primero que podía hacer en ese momento, porque para él lo más seguro era ir hacia Fugaku y literalmente acabar con su vida de la peor manera posible.
Al joven azabache se le rompía el corazón al ver a su pequeño hermano sufrir de esa manera, se acercó hacia él y sin ser apartado lo envolvió en un fuerte abrazo, no pudo evitar quebrarse también, lo abrazó con tanta fuerza haciendo evidente que deseaba hacerlo hace muchos años atrás, la última vez que abrazo a su hermano era un infante, después de que Sasuke desarrollo su personalidad arisca era difícil acercarse a él, pero ésta vez no le importó y lo abrazó con tal intensidad que reflejaba lo mucho que amaba a su hermano, sin dejar de lado la intención de querer protegerlo siempre.
—Perdóname Sasuke —musitó con voz rota—. Hice lo que pude para proteger a mamá... —Sasuke solo lloraba, escuchó atentamente a su hermano y se percató del dolor en sus palabras—. Después de todo que podía hacer un niño insolente.
Sasuke le correspondió el abrazo al escucharlo, tenía razón, después de todo solo era un niño. Aquél hermano que tanto admiraba cargó con tanta tragedia en sus hombros, no estaba de acuerdo, pero se puso en su lugar y estaba seguro que no debió ser nada sencillo soportar todo ese infierno.
Sollozos se hicieron presentes ante el mutismo de su contacto, Itachi sufría por toda la carga que tuvo que soportar y Sasuke estaba en plena agonía tras el engaño y la vida que tuvo que llevar a causa de una mala decisión, vivir con odio y el maltrato de su padre. Definitivamente las cosas no salieron como se esperaba en un comienzo.
—Perdóname hermano —soltó Sasuke con arrepentimiento mientras se soltaba del abrazo—. Tú no eres el culpable de nada.
Itachi clavó sus enrojecidos ojos en él, lo observó con sutil sorpresa sintiendo una punzada en su corazón, había deseado tanto escuchar algo así, su vida se arremolinaba en un sinfín de lamentos latentes.
¿De verdad no soy culpable?
Sasuke posó la mano en el hombro de Itachi y le dedicó una leve sonrisa, intentó disipar toda reacción precipitada y su mente tomó un respiro, no quería seguir haciendo daño, detestaba la idea de seguir buscando culpables cuando el único responsable de todo era su padre. No fue la mejor decisión haberle ocultado todo, pero ya habría tiempo de seguir aclarando sus dudas, estaba tan cansado de llorar, tan harto de vivir en agonía, ahora tenía a su madre de vuelta, eso era suficiente por el momento.
Itachi le devolvió la sonrisa y le abrazó nuevamente siendo correspondido en el acto, está vez no habían lágrimas, una inimaginable paz se instala en su pecho, finalmente aquella pesada carga se esfumaba de sus hombros, sabía que todavía debía aclarar muchas cosas e incluso el tema de su enfermedad permanecía vigente, pero no era el momento, no quería arruinar esa fugaz paz que se sentía en el ambiente. Entendía a la perfección que Sasuke prefería absorber toda esa ira y ese dolor para una persona en especial, no lo juzgaba, más bien agradecía mentalmente que piense con la cabeza fría está vez y tener en cuenta al verdadero culpable.
Ajeno a la situación, en la mansión Uchiha el ambiente se conservaba tenso, en su despacho aquel frívolo hombre yacía sentado frente a su escritorio mientras meditaba un sinfín de posibilidades en las que podía actuar.
Su cabeza no dejaba de retumbar ante el martirio reciente de la soberbia de sus hijos, estaba harto de tanta desobediencia y tan cansado de no poder deshacerse de ellos como le gustaría. Se quedó pensando unos segundos, su rostro se iluminó tomando por sorpresa al asistente que tenía frente a él.
—Majestad, ¿se encuentra bien? —Kabuto dejó de hacer sus pendientes y le prestó atención. Nunca entendería a su amo, sin embargo le convenía estar de su lado.
Fugaku rió por lo bajo y reclinándose en su asiento entreabrió la boca con decisión. Quizá no era lo mejor que podía hacer, pero era de las pocas cosas que podía permitirse al sentirse tan limitado.
Sonrió con ímpetu y prosiguió.
—Mandaré a Sasuke al extranjero.
