Hades les mostraba las distintas secciones del inframundo, había una que era para capacitar a las sombras para que puedan trabajar, en su mayoría en fábricas.

El rey del inframundo hablaba muy satisfecho sobre el trabajo continuo no remunerado pero a Uno le daban ganas de partirle la cara.

La sombra con el ceño fruncido miraba las filas donde las otras sombras se formaban para trabajar como peones para el inframundo, Hades debió notar el malestar en la diosa y la sombra porque les preguntó.

—¿Así que éste es el destino de las sombras que no han sido malvadas? ¿pasarse el resto de la eternidad trabajando como lo hicieron toda su vida solo para en la muerte trabajar para ti?—si era así ¿ese era el destino de sus padres y demás seres queridos?

Con furia y sin hacer caso de las llamadas de Perséfone se fue de allí sino no respondía por golpear a ese azul presumido, es cierto que él era alguien cuyas acciones lo llevaron al Tártaro donde iban las almas malvadas y que cometieron atroces actos.

Pero Uno pensó que al menos las almas merecedoras y dignas descansarían eternamente en recompensa por sus buenas acciones y su bondad, no lo veía justo.

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Hades y Perséfone lo buscaban mientras hablaban sobre las implicaciones de que la diosa de la primavera fuera de la fertilidad.

Ambos hablaban sin darse cuenta de que eran observados por cierto dios.

—Espiando como siempre ¿no Thanatos?—

El dios de la muerte pegó un salto, detrás de él cruzado de brazos estaba Uno, pese a que se alejó para calmarse no fue demasiado lejos para no mantener a ambos dioses fuera de su vista por si acaso.

Y mira a quién pilló espiando.

El dios de la muerte si hubiera podido se habría puesto aún más pálido intentó irse pero el otro lo agarró de cuello de la camisa y lo estampó contra la pared haciendo que se golpeara la cabeza contra ella.

—Ahora escúchame bien pollo con alas—susurró de forma fría y que trajo escalofríos por la columna del dios—Si te veo de nuevo espiando o haciendo algo que no me guste te sacaré el ojo ¿¡entendido!?—

Thanatos endureció su mirada, no dejaría que una simple sombra lo asustara o le dijera qué hacer.

—No se quién te has creído pero sólo eres un muerto, una sombra y yo soy un dios que no se dejará pisotear tan fácilmente como las otras veces y esta vez no puedes hacerme nada, lo juraste en el Estigio—

—Puede, pero eso no quiere decir que no pueda frenarte o vigilarte, conozco a los de tu tipo Thanatos. Los dioses vais de que sois mejores que los mortales pero en el fondo compartimos los mismos defectos, ira, odio, vanidad, orgullo y celos—

Miró fijamente al dios.

—Eres un dios que no hace su trabajo y por lo que oí de los otros empleados eres hasta perezoso—se burló ante la sorprendida del hombre gris—¿Creía que no lo sabía? Es lo que dicen por hay, no tienes derecho a sentirte celoso por los demás cuando tú no has trabajado para conseguir tus logros—

Soltó al dios mirándolo con desprecio.

—Te lo repito no intentes nada de ningún tipo porque créeme me las arreglare para que lo lamentes con juramento o sin él—

Después Uno se fue dejando al dios solo.

Thanatos y Minthe conversaban en el almacén sobre su desdén mutuo hacia Perséfone y también a Uno.

—¡Te lo digo en serio que la han metido por enchufe! Se cree mejor que los demás como todos los del Olimpo—dijo Thanatos.

—Sí le dan demasiado tratamiento especial—la ninfa roja estaba de acuerdo.

—Investigaré, hay algo que no entiendo—tal vez encontrara algún trapo sucio de la diosa—Pero hay que tener cuidado con ese imbécil de Uno, antes me arrinconó y amenazó lo vamos a tener vigilándonos—

La ninfa roja torció el gesto ante la mención de esa sombra lo detestaba tanto como esa tonta rosa.

—También deberíamos encontrar la forma de librarnos de él no me siento cómoda con ese chiflado rondando por aquí—

—Sí deberían devolverlo al Tártaro—el dios de la muerte juró que encontraría el modo de quitar del medio a esos dos.