Capítulo 22

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Observó el rostro sonriente de Karin, a centímetros del suyo, no había en los ojos rojos nada más que el gusto de poder verlo tragarse completamente el ácido veneno que acababa de escupirle. Apretó los puños, sin dejar de mirarla, sin alejarla.

—… deja de decir estupideces.

Rodó la mirada y lo soltó, casi agitándole la mano en el rostro.

—¿Por qué te diría mentiras? —Se detuvo y giró apenas, clavándole la mirada, el énfasis creado por sus cejas fue accidental. —¿Qué gano diciendo mentiras? —insistió. —No lo hice cuando te quería, mucho menos ahora que no me interesas… no gano nada, Sasuke.

La amargura y la tristeza se enredaron en su lengua y empaparon las palabras. Sasuke sentía que el corazón le palpitaba con fuerza en el pecho, el enojo crecía, convirtiéndose lentamente en furia y Karin solo estaba alimentándolo con aquella actitud.

—Tú no vas a venir corriendo a mis brazos, aunque aún lo quisiera… y él no va a contestarme, quizá nunca vuelva, por más que me esfuerce… supongo que gana ella…

Karin seguía murmurando cosas, olvidándose de él, que trinaba por el enojo que le crecía dentro. Había ido ahí, buscando el hilo del que pudiera tirar para descubrir la verdad… y ahora salía lleno de mierda. Chasqueó la lengua y desvió la mirada, los puños tan apretados que sus nudillos se volvieron aún más pálidos de lo que eran.

De pronto los labios de Karin dejaron de moverse y el silencio los rodeó, en aquellos momentos algo de la cordura le volvió a la pelirroja y sus ojos perdieron aquella emoción y el vacío y se llenaron por completo de la tristeza que se había esforzado por ignorar. Se llenaba de remordimientos con cada segundo que pasaba, aunque ninguno de ellos estaba dedicado a Ino, ninguno de sus pensamientos podía ayudarla a entender lo que acaba de hacer.

Aquel era el ojo del huracán y no lo entendía.

—¿Estás segura de lo que estás diciendo? —sonó la voz de Sasuke de pronto.

Plana, casi vacía, ahí solo había calculaciones frías.

Dejó salir una risa y le dedicó una última mirada. Quizá exageraba, pero incluso ella llevaba a Ino tatuada en la piel, gracias a esos dos; observó el cielo entonces y asintió una sola vez.

—… segurita.

Los pasos resonaron en la cabeza de Sasuke. Karin perdió la sonrisa al girarse y saber que él ya no podría verle el rostro, sus cejas se juntaron apenas y apretó los labios, luchando contra las lágrimas. No había nadie ahí, pero sentía tantas miradas sobre ella, escuchaba tantas palabras… ecos de acusaciones que nunca había vivido en carne propia, roces que no habían sido dedicados a ella, ni dedicados por ella.

…sí, lo admitía, la idea de Shikamaru tocando a Ino, Ino besándolo a él, él adorándola a ella, no la hacía feliz.

—¿Quién es, Karin?

—¡Pffft! Hasta crees que voy a decirte, irás directo a destruirle la… —la mano que levantaba a modo de despedida se detuvo al procesar lo que acababa de decir.

Sus ojos observaron cada cosa enfrente de ellos, comprendiendo pronto que Shikamaru estaba en severos problemas ahora que había abierto la boca. Se mordió el labio, furiosa, y se giró lentamente, clavando la mirada en Sasuke.

—¿Quién es? —insistió.

La amenaza brillaba en los ojos de Karin, ensombrecidos por aquella noche, su enojo y sus penas y lo que sea que su cerebro se esforzaba por mostrarle.

—No te atrevas a tocarlo…

—Hm.

—… hey, hey Sasuke-kun… —sonrió, volviendo sobre sus pasos. —La única persona que te debe respeto es la zorra a la que decidiste prometerle tu apellido. Desquítate con ella.

Por más que intentó Karin jamás dio su brazo a torcer y le prometió meterlo en problemas si no le prometía comportarse y por más peligrosa que aquella amenaza hubiera podido ser, él tampoco cedió ante ella. La miró alejarse en silencio, luego de dedicarle un último vistazo lleno de advertencia. Se pasó una mano por el rostro y se alejó en la dirección contraria… pensando. Respirando. Vivía en un constante estado de enojo desde la muerte de su hermano, así que había aprendido a contener su furia.

Pero aquello lo superaba.

Ino lo esperaba, rodeada por completo de oscuridad, la única luz en aquella habitación provenía del exterior y del tenue brillo que moría en el pasillo. No había puertas ni cajones abiertos, pero las maletas que mantenía en su auto evidenciaban el vacío que había dejado en aquella habitación… la primera vez que se entregara Shikamaru.

Mordió la punta de su dedo, pues había acabado con sus uñas minutos atrás. No tenía razones para sentirse nerviosa, pero no podía tranquilizar las revoluciones dentro de ella. Sus manos temblaron al escuchar el motor de un auto morir, en la lejanía, y segura de lo que tenía que decir y comprendiendo que ya no había más de que esconderse, se levantó y giró el pestillo.

Volvió a tomar su lugar en la cama y cuando la puerta se abrió no pudo evitar mirarlo, aquel semblante no delató al portador, bajo ninguna circunstancia, pero había un brillo en la mirada que le indicó a Ino que Sasuke no estaba tan tranquilo como debería o ella había esperado.

—Sasuke —saludó, en un hilo de voz. —Tenemos que hablar.

La única respuesta que obtuvo fue el golpe de la puerta al cerrarse y no pudo evitar el sobresalto. Sasuke se cruzó de brazos y la miró, expectante.

—Habla —urgió, ante aquel silencio.

Aquella actitud la hizo dudar, pero no calló aquel monólogo practicado. —Sé que quizá esto venga de la nada, pero lo he pensado y he decidido que no voy a casarme contigo…

—Por supuesto que no —interrumpió. —Dime su nombre.

El corazón se le congeló en el pecho y la sangre en las venas. Su alma habría huido de no ser porque su corazón errático se esforzó por hacer circular aquel hielo por sus venas. No pudo hablar, ni negar, ni siquiera balbuceó, pero su cabeza se movió en un intento de negativa, que murió al instante.

—¿Con quién te has estado revolcando todo este tiempo?

El semblante fue la única respuesta que necesitó, el miedo que asomó por las facciones de Ino confirmó las palabras agrias de Karin, ya no había cabida a alucinaciones o juegos sucios por parte de la pelirroja, lo único que había salido de esos labios habían sido verdades llenas de ponzoña. Apretó los puños, quería estamparlos en el rostro de alguien y había recorrido la ciudad con aquella urgencia y necesitaba saber quién era el acreedor de su violencia.

—Ah, mierda… —gruñó, relajando los puños y dándole la espalda.

—Sasuke…—susurró, sin atreverse a acercarse a él, postrada junto a la cama como la había encontrado.

—¿Quién es, Ino?

Mentir no serviría de nada, a menos que sus intenciones fueran empeorar las cosas, y aunque había logrado recolectarse mientras lo esperaba y sabía que lo mejor era mantenerse tranquila y compuesta, rompió a llorar. No se arrojó a sus pies, no empezó a escupir ruegos estúpidos, solo lloró en silencio.

—… puedo explicar…

—Tengo una idea muy clara de cómo te revolcabas-

—N-No —interrumpió, cortando la distancia que había entre ellos, aferrándose con algo de reservas a la camisa —… Sasuke.

Sentía las manos que la rechazaban, cuidándose de no hacerlo con fuerza, cuidándose de dañarla de la manera que fuera, pero ella seguía insistiendo. Sintió una palma en el rostro, otra deslizarse entre su cuello o sobre su hombro, unas conectaban con su cuerpo y la empujaban.

—P-Perdóname, Sasuke… creí… ¡perdóname, perdóname!

—Dame el nombre, Ino.

—¡N-No! ¡Vas a matarlo!

—¿¡Por qué te importa él!?

—¡No me importa él! —gritó, cubriéndose los labios con horror luego de escucharse, atropellándose la lengua al saber que había estado a punto de retractarse.

Sasuke enarcó la mirada, Ino se hacía más y más pequeña con cada segundo que pasaba. Estaba dando un salto, quizá hacía una caída libre… pero Karin había hablado en plural sobre las ganancias de Ino y la ventaja que le llevaba en tiempo.

Considerando a las hermanas Hyuuga, había dos personas que quedaban descartadas de la reducida lista de personas que Karin e Ino tenían en común, dejándole con una sola que, si se basaba en las preferencias de Ino, también quedaba descartada por completo… y considerando la personalidad y la moral de Shino, dudaba que él accediera a un amorío.

—Lo conozco —murmuró.

Ino negó frenéticamente. —Sasuke… eso ya no importa… fue mi culpa, ¿sí?

Apretó los puños y le dio la espalda, mirando al techo, pensando. Ino no era una desalmada, no iba a darle el nombre tan fácil, pero tampoco se arriesgaría a defender a alguien que no importaba. Vislumbró algo… allá arriba en la oscuridad.

Se pasó la mano por el rostro y la dejó sobre sus labios.

—… es Shikamaru.

—¡No!

Sintió las manos en sus brazos y se giró, encarándola, quizá la desesperación pudiera ocultar los tintes de las mentiras, pero en Ino solo brillaban con más intensidad. La miró fijamente, guardando silencio, recordando las palabras de Shikamaru ante la puerta, las cosas que había dejado ir cuando Ino llegara y le gritara en la cocina, y las alucinaciones de Karin a las que les restara importancia.

Había dado en el clavo.

Ino negó, frenéticamente. —Escúchame, por favor…

—No me interesan tus excusas.

Caminó a la puerta, con claras intenciones de salir de ahí, pero Ino se arrojó a impedirle que pusiera un pie fuera de la habitación y le tomó el brazo, obligándolo a soltar la perilla; se enredaron en gritos que no tenían sentido y no decían nada, pues la mayoría de las veces terminaban en gruñidos, y en manoteos, en un abrir y cerrar de la puerta que coronaba la histeria de una y el enojo del otro.

—Sí sales ahora solo harás una locura, te arrepentirás… ¡lo sabes!

—¡Tus juegos psicológicos no van a funcionar conmigo!

—¡No estoy…! ¡Lo digo como alguien que se preocupa por ti!

El silencio y la inactividad los rodearon de pronto.

La mirada que recibió le indicó que había cometido el peor error de su vida al pronunciar aquello y que no había vuelta atrás, ni manera de calmar la tormenta que había desatado. Bajó la mirada al suelo, resignada… no esperaba una bofetada o un tirón de cabello, Sasuke jamás le pondría un dedo encima, no era esa la manera en que él destruía a la gente que lo hería. El sonido de los pasos pesados por el pasillo la obligó a reaccionar y corrió detrás de él, aferrándose a su brazo poco antes de que alcanzara las escaleras, tirando de él con fuerzas y desbalanceando su andar.

—¡Sasuke, por favor!

—Suéltame Ino.

—¡No!

Gritó al sentir que el brazo cedía y de pronto sus pies dejaban de tocar el suelo, Sasuke la había cargado y le aprisionaba las manos con fuerza, los ojos negros la miraban fijamente y no hubo necesidad de palabras, se quedó quieta luego de aquel ridículo forcejeo con el que no logró nada y cerró los ojos, sintiendo el descenso por las escaleras. Contó cada paso, pues se sabía de memoria el número de escalones, y cuando estuvieron seguros en el piso, se aferró con fuerza al brazo que intentó alejarla.

Se movieron lentamente, claramente en dirección al garaje, en un tira y afloja que Ino perdía; sus pies arrastraron unos momentos y por última vez plantó bien los pies en el suelo, enredado las manos en el brazo de Sasuke lo mejor que pudo y echando todo su cuerpo hacia atrás.

—¡Sasuke, por favor…!

Las palabras se atoraron en su garganta, la mirada negra que se posó sobre ella no la perdonaba. Cerró la boca, sin dejar de apretar sus manos sobre el brazo al que se había aferrado.

—Hiciste un infierno cada vez —murmuró —, cuando eras tú la que estaba siendo infiel realmente.

—¡Lo hice porque pensaba que estabas con ella, Sasuke… no lo hice porque no te quisiera! ¡Te amo!

—Eso ya no importa —cortó. —Si no es Shikamaru, dime quién es, Ino.

Podía negarse…

No iba a matarla, tampoco iba a echarla dramáticamente a la calle… si pensaba rápidamente podría inventarse a alguien, de lo contrario Shikamaru iba a tener que defenderse de una lluvia de golpes de la que no podría recuperarse pronto, ni defenderse muy bien.

Negó.

—¿Por qué te molestó tanto que Shikamaru me pidiera que no tocara a Karin?

El miedo le borró cualquier defensa prefabricada, pero se obligó a recordarlas o construir una. Se aferró a la única cosa que había poseído todo ese tiempo… aunque no fuera la verdad y recuperó aquel sentimiento del que no podía desembarazarse a pesar de la realidad.

—… porque te acostaste con ella y la odio.

Asintió. —Si llamas a Shikamaru y le preguntas si está saliendo con Karin, ¿qué crees que conteste?

—… que no, supongo… no la conoce y en todo caso-

Asintió, interrumpiéndola. —¿Y si le pides que venga a verte… como siempre?

—… vendrá a consolarme, como siempre… y si me estás pidiendo que me le insinúe por teléfono dudo que vaya captarlo —aseguró, recordando aquella noche en que Sakura apareciera ante su puerta y la advertencia la muchacha que le diera aquella tarde de lluvia.

Maldijo en su fuero interno.

—Pruébalo… llámalo ahora.

La mirada que recibió logró desconcentrar aquella furia que lo había estado descontrolando hasta ese momento. Sintió las manos soltarlo lentamente y luego de palpar los bolsillos, Ino caminó hacia el teléfono de casa, sin dejar de mirarlo de aquella manera.

—¿Solo quieres que le diga eso? —murmuró, amargamente. —¿O se te ocurre otra cosa, Sasuke-kun?

Marcó consciente de que el teléfono móvil no sería atendido por Shikamaru, quizá por nadie… y que el teléfono de casa ni siquiera conectaría.

.

Los rayos asomaron en el momento habitual, pero a Shikamaru le pareció que el amanecer se había comido las horas solo para burlarse de él.

Miró el sol naciente, a través del vidrio ligeramente empañado de su auto. La imagen de Karin, al otro lado de la vía transitada no lo había dejado estar tranquilo en su apartamento o pensar en lo que lo había alejado de ella en un principio; sin más opciones, subió a su auto y fue en busca de la pelirroja, pero se cansó de llamar a la puerta, y tras ser echado por uno de los vecinos, había vuelto a su auto.

No sabía si Karin no estaba en casa o si simplemente era muy buena ignorando las llamadas, pero estaba dispuesto a esperarla todo el tiempo que le fuera posible ahí afuera. Si no estaba, tendría que volver, y si estaba ahí dentro, tendría que salir, y él aplazaría lo que podía esperar y cancelaría lo que no tenía importancia. Iba a encontrarla, así tuviera que andar hasta en las afueras de la ciudad.

Manejó en dirección a la oficina, dispuesto a acelerar sus compromisos y deshacerse de lo demás. El brillo amarillento que rebotaba en sus pupilas, le echó en cara todos sus errores… una vez más.

—¿Dónde estás, Karin?

¿Estás bien?

El recuerdo que tenía de Konan era el gesto frío al que estaba habituada, aunque había un fantasma que de pronto le mostraba unas cejas ligeramente enarcadas, pero lo sacudía de su cabeza. En el momento se había arrojado a los brazos de ella, como lo habría hecho de encontrarse frente a Kin o Tayuya, y se había dejado llevar al carro, seguida de un silencioso Nagato y un incómodo Yahiko que no hizo comentario alguno… al menos no frente a ella.

¿Estás bien…?

Observó su mano, estirada al frente, extendiéndose hacia el techo, más allá de sus dedos había un ventilador que se mantenía apagado porque ya no era necesario. Dejó caer la mano y respiró profundo. Aquellas cosas a las que corría para evadirse la habían traicionado y le golpearon en la cara con fuerza… no podía decir que no había dolido, pero tampoco se sentía sumida en una terrible tristeza que la consumiera, como había imaginado que pasaría… solo estaba vacía y quizá eso era peor.

… maldijo esa lengua suelta que le había complicado aún más las cosas.

Escondió la mano debajo de las cobijas y frotó el futón unos momentos, consciente de la hospitalidad de aquella pareja a la que no conocía más allá de unas cuantas interacciones.

La cabeza le palpitaba y con cada oleada de sufrimiento se iba aferrando cada vez más a las ideas a las que se había visto obligada a enfrentarse horas atrás, aquellas de las que había intentado huir todos esos años… terminó entregándose, como se le había entrado a Shikamaru aquella noche luego del festival y después escondidos en su apartamento, solo que ahora no había abrazos ni calidez, solo el aire estancado y ligeramente frío del apartamento y la crueldad de la verdad.

Dejó de huirle a la realidad, su vida estaba vuelta un desastre y, en su mayoría, era por completo culpa suya; estaba consciente que en cuanto a la situación con Sasuke realmente nunca había tenido voz y voto y se había esforzado por engañarse a sí misma con ilusiones estúpidas, por más que hubiera intentado convencerse de que estaba consciente de la realidad en ese plano de su vida… y ahora aceptaba que quizá cargaría hasta la muerte con la impotencia de no poder hacer algo por Kin o Tayuya, pero no había nada de malo en ello y aunque no le llegaba el descanso que suponía aquella revelación debería tener en sí misma, se propuso ignorar sus sentimientos negativos hasta que el momento de sufrirlos realmente le llegara.

Porque llegaría.

Aquella verdad a la que había llegado, casi sin querer, la detuvo en el sitio unos momentos; observó sus cabellos, pendiendo frente a sus ojos, estirándose hacia el suelo. No se estremeció ante aquella idea, ni ante la aceptación de haber vivido a base de mentiras e imaginaciones tontas, no solo en cuanto a Sasuke… se estremeció al recordar el lío en el que había metido ahora a Shikamaru y al comprender que en cuanto a él aún no sabía qué pensar, sus sentimientos estaban encontrados, pero terminaba defendiéndolo luego de tirar y aflojar.

Como lo defendería de Sasuke… si se llegaba a dar el momento y rogaba porque no.

Confusa, quizá por sus meditaciones o solo por la resaca, salió de aquella casa luego de ordenar en la medida de lo posible el espacio que le habían asignado para dormir, dejando el futón y las frazadas en una esquina. No miró atrás, ni se preocupó por grabarse la dirección, no tenía intenciones de volver, al menos no por su propio pie.

¿Estás bien…?

Gruñó y recargó la cabeza en sus manos, nunca le habían agradado los sonidos del metro y aquel día no sería la excepción; observó el vagón, lleno de gente al ser lunes, con suerte había alcanzado un asiento que se había desocupado. Observó los rostros, de manera discreta, imaginándose las vidas aburridas y ordinarias que todos esos oficinistas y estudiantes deberían de llevar… y por un pequeño momento los envidió.

Pero descartó aquel sentimiento pronto, no cambiaría su vida por nada del mundo… así ellas ya no estuvieran, no podía arriesgarse a vivir en un mundo donde no existieran.

Caminó hasta su apartamento, después de confirmar que no tenía el valor de ir a pararse a casa de Juugo luego de caer, una vez más, en aquellas costumbres, recordando aquella aseveración hecha en un momento de coraje que le había indignado tanto.

—… al final del día, Juugo siempre tiene la razón —murmuró, amargamente y su gesto cambió por uno de fastidio. —¿Qué haces tú aquí?

Se detuvo al reconocer el auto de Sasuke estacionado en la acera y gruñó, volviendo sobre sus pasos luego de no ver reacción alguna. Sentada detrás de un auto, se dedicó a echar vistazos cada diez minutos, decidida a quedarse ahí hasta que el muchacho agotara su tiempo libre y su sentido de la responsabilidad lo obligara a irse… pero aquel momento no llegó pronto y el dueño del auto, que le servía de escondite, decidido irse demasiado temprano.

Se vio en la penosa necesidad de levantarse y caminar a casa, a pesar de Sasuke, al no tener otra manera de entrar. No miró en ningún momento al interior del auto y al pasarlo de largo lo hizo como si no lo hubiese notado siquiera, a pesar de que con cada paso sentía que se detenía su corazón.

—¡Karin!

El pánico le corrió por las venas de inmediato y se echó a correr, lejos del edificio, justo hacia la acera y con intenciones de cruzar la calle y perderse, pero Sasuke le dio alcance pronto, impidiéndole alejarse. Lo escuchó gruñir un "tenemos que hablar" y soltó su cuerpo por completo, escurriéndose del agarre del muchacho y cayendo pesada y lánguida al suelo. Sus ojos enfrentaron el cielo y el brillo del sol que le empeoraba el dolor de cabeza.

—Párate y camina —ordenó Sasuke.

—No.

—… Karin.

Pero los párpados se cerraron y el gesto de la muchacha se volvió altanero.

Con dificultades se las arregló para levantarla del suelo y luego de unas cuantas maniobras fallidas, pues Karin se esforzaba por deslizarse hacia el suelo, logró echársela al hombro como si se tratara de un vil costal.

Karin escuchó la respiración trabajosa de él y no pudo evitar sonreír, supuso que ya no se encontraba en la misma forma que años atrás, cuando aún se juntaba con ellos. Desencajó la quijada y sopesó las probabilidades, estaba segura que podría asestarle un buen golpe y sofocarlo, ganando tiempo suficiente para huir… pero la pensó dos veces, no había lugar en Konoha, quizá ni siquiera en Japón, donde pudiera esconderse de Sasuke.

Lo dejó cargarla los primeros dos pisos y luego se agitó, mareada.

—Bájame.

Se detuvo unos momentos, pero la puso en el suelo, cuidando siempre de tenerla bien asida del brazo para que no fuera a salir corriendo, y subieron los escalones restantes y caminaron hasta el apartamento en completo silencio, sin acuerdo alguno, alerta el uno del otro. Karin se las arregló para abrir la puerta con su mano izquierda y se quejó al sentir el empujón que le daban para entrar al apartamento.

Dio un par de pasos para no caer y se llevó las manos al rostro y las arrastró por su cabello y su cuello, había perdido sus gafas. Cerró los ojos e inspiró.

—¿Qué quieres ahora, Sasuke?

La miró, ahorrándose por completo el fastidio que sentía. No le había sido del todo fácil empezar aquel día como si nada hubiese pasado durante la noche, no tanto por el sueño con el que cargaba al no haber dormido, pero más bien por su decisión activa de no correr y estamparle el puño en la cara a Shikamaru… después de todo él también había sido infiel, una mueca se formaba en su rostro cada que se recordaba aquello.

Porque no se comparaba.

Aun así, le rehuyó a todas las oportunidades que tuvo de escaparse para canalizar su furia con la única persona que podía darle una buena excusa, pero no pudo ignorar las cuentas pendientes con Karin y en la primer oportunidad que tuvo para escaparse unos momentos de su rutina diaria, manejó hasta llegar ahí y a pesar de las decisiones tomadas tiempo atrás y los eventos más recientes, había promesas que prevalecían sobre cualquier otra cosa.

Karin le debía la verdad.

—Vas a decirme todo lo que sabes.

—¿De qué?

—Ino y Shikamaru.

—¡Pffft!

Enarcó una ceja, Ino se había rehusado a confirmarle quién era el imbécil. Una sonrisa se extendió apenas por sus labios y Karin la pescó a tiempo, palideciendo, comprendiendo su error.

Recibió el empujón sin decir palabra alguna, pero al segundo intento tomó las muñecas de Karin y forcejeó con ella, rodeado de gruñidos y quejidos y chillidos sobre llamar a la policía si no se largaba de ahí.

Todo eso, como siempre, eran amenazas vacías.

—¿Por qué no me dijiste nada? —gruñó, logrando encerrarla en un abrazo apretado, aprisionándole las manos entre sus cuerpos.

—Acabo de enterarme —mintió, sin dejar de sacudirse para escapar de su agarre. —¡Suéltame!

Una mano de Sasuke se escurrió hasta su rostro y le apretó las mejillas, obligándola a mantener el contacto visual con él; su respiración se agitó y hacía que los cabellos que le habían caído sobre el rostro subieran y bajaran, cosquilleándole le nariz.

—… te acostaste con Shikamaru —comprendió.

La manera en que los ojos y el semblante cambiaron ante la pronunciación de aquel nombre le contaron toda una historia que solo ayudó a cimentar sus rencores.

—…y te enamoraste de él.

—…no puedo creerlo Sasuke, tú estás comprometido con Ino y vienes a reclamarme.

—Ya no estoy comprometido con ella —pronunció, consciente de que Karin era la primera persona a la que se lo decía.

… irónicamente.

Contuvo la respiración y clavó sus ojos en los de él, aún más desconfiada que momentos antes. La miraba, serio, como siempre, sus ojos no mostraron sentimiento alguno, pero pudo notar sus ojeras y lo ligeramente pálido que lucía… casi parecía estar decaído.

—No te parten el corazón a diario, ¿eh? —arrastró un poco las palabas por el agarre en sus mejillas.

El agarre se apretó sobre su rostro y, aunque no dolía, apretó un ojo, sin dejar de cuidar a Sasuke con el otro. Recordó aquella maldita noche con él y sentía cada vez más asco, aunque pareciera imposible; su gesto se contorsionó, reflejando todo lo que sentía en esos momentos, y volvió la mirada al frente.

—… me das asco —susurró.

Sasuke sonrió. —¿Dónde está Shikamaru, Karin?

Lo miró enternecida, pero no como lo fingía antes, en aquellas ocasiones en que había intentado echárselo al bolsillo… era la primera vez que sentía pena por él luego de uno de sus conflictos con Ino.

—Púdrete.

Una serie de golpes a la puerta interrumpieron la intensa batalla de miradas que libraron luego de que aquella palabra se deslizara entre ellos; Sasuke giró el cuello y Karin apenas necesito desviar la mirada para mirar a la puerta.

—¿Karin, estás ahí?

Sasuke se giró para mirarla y disfrutó ver aquel brillo en los ojos de la muchacha, que lo habían mirado al instante, como imantados a sus propios ojos.

Separó los labios para gritarle que se fuera, pero la mano de Sasuke se apretó contra sus labios y el sonido que se arrastró entre sus dientes, aunque solo era una inocente orden para que guardara silencio, le recordó a la advertencia de una víbora antes de atacar.

Negó.

—… que no sepa que estoy aquí —susurró.

Shikamaru volvió a llamar a la puerta y luego su voz resonó. —… tus gafas estaban tiradas afuera.

La mano que se apretaba contra sus labios se alejó, al igual que el brazo que la sostenía firmemente. Miró a Sasuke, desconfiada, que le señaló la puerta con un movimiento de la cabeza.

—Y-Ya… —su voz murió y tuvo que carraspear. —¡Ya voy!

Se alejó un par de pasos y miró a Sasuke de nuevo, miraba su reloj y la ignoraba. Volvió a mirar al frente y caminó, escuchando los movimientos detrás de ella; apretó los ojos un poco antes de quitar la cadena de la puerta. Abrió con cuidado, apenas lo suficiente para poder asomarse, Shikamaru sostenía sus gafas a la altura de su rostro.

Las observó.

—¿Qué haces aquí, Nara? —murmuró, tomando sus gafas.

El corazón le latía acelerado en el pecho y no podía culpar a la ridícula carrera que acababa de echarse; miró a la pelirroja, todo su cuerpo expedía un rechazo increíble.

—Tenemos que hablar.

—Hmm… —tenía la garganta demasiado apretada para hablar. —¿Estás seguro? No contestaste mis llamadas, ni mis mensajes.

Hundió las manos en sus bolsillos, cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a la otra. —No encuentro mi teléfono.

—… ah.

Bajó la mirada… allá se iba una de sus excusas para seguir molesta con él y echarlo. Ya no escuchaba a Sasuke moverse detrás de ella, pero no se atrevía a mirar atrás por miedo a que Shikamaru tuviera alguna sospecha. Alejó un poco el rostro de la puerta, con la excusa de quitarse el cabello de la cara, y miró a un costado, notando a Sasuke a una cortísima distancia de ella. Volvió a pasarse la mano por el rostro, incapaz de contener el temblor, y miró a Shikamaru.

—Este no… —carraspeó. —Este no es un buen momento.

La puerta se soltó de su mano y miró confundida cómo se abría.

—No te preocupes, ya me iba.

El cuadro que obtuvo Shikamaru fue lo suficientemente desagradable para revolverle el estómago y luego de mirar a Sasuke, notando inmediatamente las puntas de la camisa que asomaban y el cinturón mal abrochado, miró a Karin, que tenía los ojos clavados en Sasuke y un gesto incomprensible.

—Shikamaru —saludó, tomando a Karin del rostro como momentos antes y estampándole un beso en los labios. La miró fijamente, antes de susurrar contra sus labios. —Hasta luego.

Se alejó, dejando a Karin paralizada frente a la puerta, profundamente indignada, y a Shikamaru mirando al frente, decepcionado. Estaba consciente de lo infantil que había sido aquella pequeña venganza, pero no por eso dejaba de estar satisfecho con ella; acomodaba su camisa cuando la voz de Shikamaru lo obligó a detenerse y girarse.

—Sasuke.

Apenas los ojos negros se posaron sobre él, dejó ir su puño al frente, conectándolo perfectamente con el rostro pálido. Detrás de ellos Karin se había paralizado, mortificada. Sacudió la mano, sintiendo el dolor en sus nudillos, mientras Sasuke se reincorporaba luego de dar un par de pasos atrás y casi caer al suelo; una mano frotaba la mejilla, los labios ligeramente separados le conferían a sus ojos aún más enojo del que sentía.

—¿Qué fue eso, Nara?

—Te dije que no volvieras a tocar a Karin.

—Hm…

Se giró, como para seguir su camino, pero su puño terminó clavándose en el estómago de Shikamaru, la voz de Karin les llegó lejana a los oídos, las rodillas del muchacho tocaron el suelo y lo tomó del cuello de la camisa, obligándolo a levantar la cara para poder descargar más golpes sobre él.

—¡Basta! —rogó Karin, aferrándose al codo de Sasuke antes de que descargara el tercer puñetazo. —¡Él no tiene la culpa!

—Cállate —espetó, empujándola.

Trastabilló y se detuvo de la pared, miró al pasillo, notando las puertas que se cerraban discretamente, negándole la ayuda que había estado a punto de pedir. Shikamaru había logrado conectar un par de golpes también y aunque Sasuke había perdido la agilidad de años atrás, seguía teniendo un poco de esa maña que daban los pleitos callejeros y tenía la ventaja. Un sonido de frustración escapó de sus labios al ver la sangre escurrir de los labios de Shikamaru.

—¡Vas a matarlo, animal! —sollozó.

Los golpes de Shikamaru no eran completamente certeros y Sasuke no pudo evitar sonreír al verlo sostenerse de la pared luego de aquel último puñetazo que terminaba de reventarle la boca, aunque su enojo no mitigaba. Le pateó uno de los pies, tumbándolo, y se disponía a clavarle un puntapié cuando sintió el peso de Karin encima, obligándolo a retroceder y tambalearse. Forcejearon unos momentos, la mano de Karin se había aferrado a su cabello y le obligaba a echar la cabeza hacia atrás, mientras que con la otra le golpeaba el hombro o el cuello si fallaba.

Enredó sus dedos en los cabellos de ella y tiró, obligándola a mirarle a los ojos; las lagrimillas de dolor se mezclaban con las de desesperación.

—Suéltame, Karin.

—Suéltame tú a mí —amenazó, abriendo la boca para morderle la cara.

Sintió que la presión en su cuero cabelludo desaparecía y luego de unos segundos un rápido movimiento de sacudida y un empujón a sus piernas lograron hacer que resbalara un poco y cayó al suelo; se levantó de inmediato, viendo a Sasuke descargar un último golpe, que se encontró con el codo de Shikamaru, y la mano sacudirse luego de ello.

—Uno por Karin —jaló aire de nuevo, disimulando el dolor en los nudillos.

El berrinche le estaba pasando factura. La sangre le contorneaba los dientes y coloreaba los labios… en su mano derecha, ahora inerte, los nudillos estaban enrojecidos y comenzaban a hincharse. A pesar de la respiración agitada y los dolores que lo aquejaban, miró a la muchacha, se había levantado tan rápido como su cuerpo se lo permitía y se había arrojado sobre Shikamaru, protegiéndolo.

Shikamaru lo miraba con rencor… ignorando los susurros que prometían alivio.

—… y todos los que van por Ino. Estamos a mano, Nara.

—Lárgate, Sasuke… —amenazó Karin, pasándose el brazo de Shikamaru sobre los hombros.


Jueves, 21 de enero de 2021