"Las damas son como flores" Eso era lo que Shion siempre les decía.

Aioros fue enseñado a siempre ser delicado con las mujeres, al igual que todos sus compañeros.

Su madre, su padre y más tarde Shion le inculcaron que las muchachas eran flores, seres bellos y frágiles a quienes se debían tratar con cuidado y respeto.

Aquellas enseñanzas se habían transformado en una especie de instinto para él y para sus compañeros. Pues por más fríos o toscos que fuesen, si tenían una mujer cerca se volvían bastante más gentiles.

Deathmask podría considerarse una excepción, pero él cambió por completo al haber revivido en Asgard y haber conocido a la dulce Helena.

Y una vez que Mei llegó a su vida, aquella doncella que era fragilidad personificada, podría decirse que ese instinto se volvió aún más fuerte en Aioros.

Porque Mei era delicada, tan delicada como una flor.

Y una flor preciosa, tanto que Aioros no tuvo coraje de querer arrancarla, simplemente la contemplaba, intentaba memorizar su figura y cuando tenía oportunidad la tocaba.

Ella era tan bella que Aioros no soportaba la idea de herirla.

Su piel era tan sensible que él no quería causarle ni un rasguño, pero al mismo tiempo quería cubrirla de besos.

Sus labios parecían tan suaves que él quería besarlos y no permitir que nadie se atreviera a golpearlos o dañarlos.

Su figura parecía tan apetecible que él quería ser el primero y el único que la conociera.

Ella era tan sensible, tan emotiva que sus lágrimas hacían que se le encogiera el corazón.

Tenía un corazón tan tierno que el prefería cualquier cosa a romperlo o verlo romperse.

Deseaba protegerla, quería estar ahí para consolarla y abrazarla, ser esa figura paterna que le quitaron a muy corta edad. Ella llegó a significar tanto para él que lo confundía e incluso lo irritaba.

Ese deseo de protección acabó creciendo, desarrollándose hasta que terminó amándola.

Sí, la amaba.

Porque Mei se ocupó de impresionarlo con su belleza, embotar sus sentidos con su aroma y finalmente cautivarlo con sus encantos.

Mei era una flor, su flor.

Ya que, cuando algún otro hombre la hubiera arrancado y la hubiera hecho marchitarse, él la cuidó, le habló y la nutrió.

Ya que Aioros cedió a la seducción de la flor, quien no deseaba ser mimada por nadie más que por Sagitario.

"Alguien a quien una rosa le parece bonita se limita a arrancarla, pero alguien que ama a esa rosa la riega, le habla y la cuida hasta que florezca"

— Anónimo.
¡Aquí les traigo el día 10! Espero que compense lo corto que lo dejé.

¡Miren eso! Ya la primera fila está terminada.