"Su lado (4)"

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El día siguiente, Izuku no fue a la cafetería. Lo que desconcertó a Katsuki, quien lo esperaba con bastantes ansias de poderlo ver y así averiguar el motivo del porqué se marchó tan de repente, sin anticiparle, o tan siguiera decirle desde un principio que se iría por alguna urgencia.

De cualquier forma, el hecho de que Izuku no hiciera acto de presencia en el café, desató su mal humor a su máxima potencia. Atendió con molestia a todos los clientes que le tocaron, así como también limpió las mesas con tal agresividad que causó que varias miradas se posaran en él.

Finalizada la jornada laboral, caminó hacia la parada del autobús con la espalda gacha, el caminado tajante, la mirada seca, una mueca disgustada decorando sus facciones toscas.

Katsuki no estaba de humor para lidiar consigo mismo en medio de la soledad que compone gran parte del recorrido diario.

No haber visto a Izuku ese día, lo dejó con un sabor amargo en la boca y un sentido de desazón invadiendo su pecho. No entendía el detrás de tal sentimiento, mismo que lo hacía cabrear.

Si Izuku no vino, ¿significa que le disgustó el detalle de haberle preparado Katsudon?pero de ser así, se lo habría dicho de otro modo, ¿no es así? Y en caso de ser de dicho modo, Katsuki lo habría intuido con su brillante capacidad de observación, misma que lo ha llevado a ser un alumno de excelentes calificaciones.

Sin embargo, para el próximo día, Izuku tampoco se presentó en el café, acción que desató su furia descontrolada por todos lados sin excepción de los clientes y sus compañeras de trabajo, sitio que experimentó su malhumor estando dentro del foco de atención.

La nitidez de su raciocinio se vio terriblemente afectada por el desaire de saber que ni siquiera tiene el celular de su supuesto novio para mandarle mensajes cuando se le venga en gana.

Para arruinar todavía más su malhumor, el tercer día de su nada apacible estado anímico, vislumbró a la pareja de tórtolos de sus amigos tomados de la mano y para pudrir sus vanos intentos de mantenerse sereno en el campus, terminaron abrazados frente él y inevitable excelente vista. Fue la gota que colmó el vaso en su fruncido rostro, para que fuera suficiente ira reprimida en su interior y que desparramara gritos por doquiera.

Katsuki estaba echo una furia de gritos, insultos, quejas, empujones, crujidos de dientes, etc. Por fortuna, no fue sentenciado a un castigo por parte de la universidad, dada la circunstancia que se encontraba a escasos metros del campus y salió libre de culpa dado su impecable currículum escolar.

Si bien, Kirishima no se molestó con su actitud, junto con Kaminari que no lo vio como algo insultante en su amistad de preparatoria, sino que lo vieron como una rabieta de su parte, debido a su incapacidad de discernir sus propias emociones.


Después de que toda la conmoción diera lugar fuera del campus universitario, sus amigos decidieron tratar el tema en alguno de los cafés que se localizaba cerca de la escuela. Katsuki, muy a regañadientes aceptó pasar un rato en compañía de sus amigos, antes de marcharse al trabajo.

Una vez tomando asiento, pedido las órdenes, las miradas curiosas de sus dos amigos lo acusaron de repente, haciéndolo incomodar.

—¿Qué quieren?— Masculló Katsuki.

—Saber qué es lo que te tiene así— Obvió Kaminari. —Dinos qué pasa. Somos todo oídos.

—No tengo nada que contarles, inútiles.

—Oh vamos— Insistió Kaminari.

—Sí, dinos— Ofreció Kirishima. —Escucharemos lo que sea que te esté molestando.

Katsuki ladeó la cabeza, haciendo una mueca de reticencia. Sobrepuso los ojos hacia el lado de la ventana.

Hablar con sus amigos no suponía ningún problema que se le pareciera, sino que el problema radicaba en otro punto. Otro punto que no les concierne a sus amigos, pues él no quiere contarles sobre todo lo que ha sucedido en los últimos tres días, puesto que ese asunto, tenía por bien sabido (por parte de sus padres, claro) que debía de dialogarlo con su pareja. No con los dos extras que lo están viendo en ese momento.

Sin poder desviar el asunto por aquel menoscabo de tiempo, tuvo que verse en la terrible necesidad de abrirse un poco y decir lo que pasó, con sus no tan sutiles modos de expresarse.

—El imbécil no ha aparecido en tres jodidos días— Fue lo que simplificó a cuestas de su orgullo.

—¿De quién está hablando Bakugou, amorcito?— Susurró Kaminari al oído de su novio pelirrojo.

—De su novio—Kirishima susurró de regreso, mostrando mayor disponibilidad a él, quien estaba a punto de dejar de hablarles. Kaminari puso gesto de sorpresa y emoción por la noticia, pero no dijo nada, pues Katsuki le dirigió una mirada asesina antes de que ello sucediera. —; Ahora sí dime. ¿Tu novio no ha venido al trabajo?

—No lo repetiré, bastardo— Refiere él, en tono enfadado.

—¿Eso es lo que te tiene así?— Insistió Kirishima, concertado por su condición.

—¿Debo tener otras razones para estar así?— Inquirió gruñendo.

—No, no dije eso— Explicó Kirishima. —Lo que quiero decir es que, está bien que estés enojado, si no sabes nada de este sujeto con el que andas.

—Tsk— Chasqueó, moviendo la cabeza, desanimado.

—A lo mejor y quiere terminar contigo— Supuso Kaminari, recibiendo al instante un codazo de parte de Kirishima, quien lo silenció expresivamente.

—No digas eso— Siseó al oído de su novio con cara de pikachu.

Katsuki bajó la cabeza, tomándoselo muy a pecho. No soltó aquella posibilidad de su cabeza al momento en que entró por su oreja y se quedó plantada en las raíces de sus pensamientos puestos en marcha.

Y si, ¿Izuku quería romper con él? La mera posibilidad causó un enorme escalofrío en su columna vertebral.

—Bakugou no le hagas caso— Repuso Kirishima. —No sabes si en verdad quiere terminar contigo, si apenas están comenzando a salir. Tal vez esté ocupado con asuntos de la escuela y por eso no viene al café. No… ¡no te pongas triste!

—¡No estoy triste!— Gritó Katsuki, gruñendo con los dientes de fuera.

—Mira, si apenas se conocen, no sabes en qué asuntos se habrá ocupado esta persona— Tomó el hilo de donde se había quedado. —No creo que él quiera terminar contigo, porque tú vales mucho. No dejes que su ausencia te desanime. Y si te hace sentir mejor, puedes golpearlo en cuanto lo veas. Exígele que sea atento contigo y no te deje en la situación en la que estás. Sé exigente con él, exprésale lo que no te gusta, lo que no quieres que él haga (como ausentarse de repente y dejarte solo). Dile a este chico que quieres su atención, que te escuche cuando quieras algo. Eso es lo mejor que puedes hacer cuando lo tengas de frente.

—Sí, en este tipo de casos, dile todo lo que sientas— Coreó Kaminari, recargando su cabeza en el hombro del pelirrojo, quien sonrió gustoso por el gesto de su pareja.—Y si no entiende, le damos una golpiza entre los tres.

—No necesito ayuda— Bramó, haciendo una mueca de disgusto, luchando por no mostrar un ápice de emoción en su rostro, debido a que saberse apoyado por sus amigos lo hacían sentirse menos peor en los pasados tres días.

—Aunque no la pidas, te la daremos— Arguyó Kirishima. —Para eso estamos aquí. Para apoyarte y defenderte si alguien te hace infeliz.

—Exacto— Concordó Kaminari, sonriente.

En cuanto terminaron la conversación, la comida había llegado a su mesa y los tres comieron, platicando cualquier otra trivialidad, evitando que no fuera lo anteriormente discutido, pues Katsuki no quería tocar ese tema otra vez.


Después de comer con sus amigos y haberse relajado debido a la agraviante tensión que padecía sin mesura, ni orgullo. Se despidió de sus amigos y tomó el autobús con destino al trabajo.

Entretanto, no se quitaba el pensamiento que dijo Kaminari, sobre que Izuku rompería con él. Se llenaba de escalofríos de sólo imaginárselo. Sentía a viva piel, algo parecido a un aguijonazo perforar su piel dejando que la sangre corriera despacio. Caliente y espesa, como un líquido emulsificándose.

Durante el trayecto, lucía entristecido, con la cabeza gacha y los párpados decaídos.

No tenía ganas de seguir pensando en si Izuku romperá con él o no, porque si continuaba divagando entre el pozo de pensamientos, se lastimaría más en el proceso.

Ya era suficiente estar tres días sin Izuku, como para darle rienda suelta a su imaginación, si desconocía todo con certeza. De todas maneras, era su primera relación. No podía usar de base las relaciones de sus conocidos, si cada relación es distinta.

Katsuki se bajó del autobús llegado a la parada.

Se encogió en cuanto una ventisca de viento tan frío como el hielo arremetió contra sus sentidos, calándole hasta los huesos. Se hizo bolita en la chamarra que a duras penas lo cubría lo suficiente para caminar con rectitud con sus piernas.

Maldición. Katsuki detesta el frío, sobretodo en horas vespertinas, donde debería de estar pasando el tiempo en su departamento, echo un ovillo bajo el océano de cobijas que tiene especialmente para el clima invernal.

Retoma el hilo de la caminata, dirigiéndose hacia el trabajo, esbozando una mueca de disgusto. Piensa en Izuku, sintiendo un ligero estremecimiento en su interior. Piensa en el mar de pecas que adornan el rostro infantil de su novio, imaginándose que lograría verlo en la cafetería.

Su aliento se corta en medio del recorrido, cuando divisa una particular cabellera verde a un par de metros lejos de él. Sus orbes se expanden sorprendidos.

Izuku… piensa ofuscado.

Esa cabellera, ese abrigo anticuado, esa manera de caminar. No puede estar equivocado. Es Izuku.

Emocionado por verlo, aceleró sus pasos.

—¡Oi, Izuku!— Grita, alzando la mano. —¡Izuku! ¡Espérame, estúpido!

Sin embargo, éste no volteó a su llamado, incluso llegaba a parecer que no lo escuchaba. Acaso está en una especie de trance, puesto que no hubo una sola reacción proveniente de él.

Katsuki se extrañó y cabreó al mismo tiempo. A consecuencia de esto, aceleró su paso, haciendo un puchero.

—¡Izuku!— Agitó la mano a los lados. —¡Izu-

Se trabó justo al vislumbrar la expresión que habitaba en el rostro de Izuku, sintiendo una opresión en el pecho, que lo paralizó en segundos.

Izuku, él, lucía abatido.

¿A qué se debía esa expresión? ¿Alguien lo habrá molestado? O peor aún, lastimarlo.

Ve que Izuku toma una calle alterna a la del café, alejándose de ahí con cierta divergencia en la forma en la que sus manos se metieron a los bolsillos de su abrigo de corte antiguo.

Los aires cargados de tristeza circulan el aspecto, el proceder, la forma en la que la cabeza decae, llaman a Katsuki a abandonar la ruta directa a su trabajo y seguirlo. Y hasta cierto punto, es justificable, pues no lo ha visto en tres días enteros y le urge hablar con él.

Una corazonada lo incita a tomar la calle alterna y avanzar por detrás de su rastro. Incesantes palpitaciones son aquellas que detienen el flujo de sus pensamientos, adicional a que perdería la impecable puntualidad del turno vespertino del café. Pero no importa, lo que le importa es averiguar el porqué el inútil de su novio no había aparecido por esos rumbos.

La inquietud que circula por sus venas vacían levemente la cizaña que Kaminari había impuesto.

Izuku dio una vuelta, deteniéndose donde la calle está en semáforo rojo para los peatones. Katsuki se frena en sus pasos, dejando cierta distancia de por medio, ya que no busca ser descubierto tan rápido por su novio, hasta que el aludido se detenga por completo.

Sin más remedio, la luz de pone en verde e Izuku avanza a una velocidad moderada, pasando a los demás peatones sin el menor interés de abordarlos. Katsuki lo siguió, sin perderlo de vista, dado que esa cabellera verde era un buen punto de referencia. Además, tenía de ventaja que Izuku fuera tan jodidamente alto, que era fácil ubicarlo entre la multitud nipona que es mucho más bajita.

Izuku camina unas cuadras hasta arribar a un pequeño parque público en la mitad de una avenida transitada. La distintiva cabellera verde se vislumbra entre el follaje de algunos árboles de desiertas copas; ve que Izuku dirige la vista hacia los árboles calvos, y curiosamente, descubre una sonrisa en sus labios.

Es una sonrisa cargada de nostalgia. Pero, ¿por qué?

Katsuki frunce el ceño, metiéndose en el parque de igual manera, siguiendo los pasos de su novio.

Después de un rato de verlo caminar por un tramo de hiedra enrollada en postes de luz y un bonche de árboles desnudos por la escasez de hojas, Izuku logra detener su marcha y termina tomando asiento en una banca pública vacía.

Su cabeza se vislumbra gacha, sus ojos verdes plasmados en el suelo, o tal vez en la suela de sus zapatos. Sus manos yacen dobladas sobre su regazo.

La elegancia de su postura en la banca, mezclada con los infantiles rasgos de su rostro, emiten un aire solitario.

La espalda de Izuku alude a que carga con un gigantesco peso sobre sus hombros; Derrotado y desplomado.

Incapaz de no hacer nada por él, se acercó hasta donde Izuku se hallaba sentado, dispuesto a recurrir a su encuentro. Aunque desconoce todo lo que involucra a Izuku y lo relacionado con su vida, quiere estar a su lado y ofrecerle su apoyo.

En estos momentos, Izuku tiene pinta de haber pasado por una tormenta, de la cual apenas puede mantenerse en pie.

Katsuki se dirige a él y se planta ante éste con presencia.

No pasan más de dos segundos para que Izuku moviera la cabeza a la dirección de sus pasos. Aquellas orbes verdes similar a la esmeralda lo envuelven en su órbita. Lo absorben en su inmenso oleaje enigmático.

Oh, cuánto extrañó ese par de ojos verdes.

—Katsuki— Articula Izuku, que luce totalmente sorprendido de verlo.—¿Q-qué haces aquí?

Katsuki se sienta a su lado, percibiendo un aroma a menta brotar del abrigo de Izuku. Sólo él sabe lo bello que es Izuku a sus ojos.

—Luego de que te das el lujo de desaparecer, ¿Te atreves a preguntarme eso?— Sisea indignado. —Patético, Izuku.

Los ojos de Izuku se tiñen de oscuro. —Lo siento— Dice en voz baja. —Pasaron cosas y no pude asistir al café.

—¿Qué tipo de cosas?

—Me surgieron problemas.

—¿Qué tipo de problemas?— Interroga ejerciendo presión en su tono.

Nota que Izuku se incomoda con su insistencia, mas no se muestra tan importunado por ello, sino más bien, acomoda su espalda en el respaldo de la banca, tornando su gesto a uno meditabundo.

—Katsuki— Solamente pronuncia su nombre y se ruboriza de sólo escucharlo salir de su boca. Es tan suave, melodioso. —Se me presentaron problemas en el trabajo.

—¿Estudias, Izuku?

—No, trabajo— Responde.

—¿No estudias?— Luce sorprendido con saberse el único que estudia.

—No. No. Solamente trabajo.

—¿Y en qué trabajas?

—¿Conoces los condominios Shinkatsu?

Katsuki abre los ojos de par en par. —¿Los condominios que son de lujo?

Izuku asiente sonriendo un poco.

—Trabajo ahí.

—Entonces, eres rico— Suelta sin filtros.

Izuku suelta una carcajada. —Algo así, Katsuki— Y lleva una mano sobre su cabeza, posándose en su cabello rubio, revolviendo sus mechones. El blanquecino rostro de Katsuki se tiñe de rosa. —Ser rico o no, no es todo en esta vida.

—Hablas como señor— Refunfuña Katsuki, haciendo un mohín.

Izuku sonríe tiernamente.

—Puede ser— Dice soltando una risita al final.

—¿Pudiste resolver los problemas del trabajo?

—Sí— Asegura vehemente. —Quedaron resueltos los pormenores que se presentaron en el trabajo. Pese a que fue muy pesado trabajar mucho en tan pocos días, ¿Sabes? Estoy agotado de estar tanto sin dormir.

La mano de Izuku regresa a su regazo, dejando a Katsuki con una sensación de insatisfacción, ya que quería sentir más las gentiles caricias de su novio.

—En fin…— Espeta Izuku, quien sobresalta al rubio con la velocidad de su abordaje. —Lamento haberte preocupado con mi ausencia, Katsuki.

—Está bien— Desdeña. Al menos no ha dicho nada de que romperá conmigo.

—No, no está bien— Insiste Izuku, concertado. —Me aseguraré de no ausentarme sin avisar.

—¿En serio?— Balbucea tontamente.

—Por supuesto, Katsuki— Dice y esta vez, no se oye tan desmoronado como minutos atrás. Hace una pausa, añadiendo—:Gracias por escucharme.

—¿Tienes otros problemas?— Se avienta a preguntarle.

Izuku se ladea a verlo a los ojos y Katsuki se siente acalorarse con su mirada fijada en la suya.

—Bueno, Katsuki. Tengo muchos problemas— Se ríe. —Bueno, todos tenemos problemas.

En parte sonrojado y en parte tímido bajo los orbes verdes que lo miran, dice—:Pero quiero escuchar todos tus problemas.

Izuku se remueve en la banca, luciendo bajo guardia. Desconcertado por su petición. Los ojos verdes se clavaron en sus manos, luego cambiando su vista hacia uno de los árboles, sin tener un punto específico de referencia en ellos.

—¿En verdad quieres escuchar todos mis problemas, Katsuki?

El rubio asiente disparatado.

Por consiguiente, Izuku guarda silencio, moviendo los labios en una leve mueca que atenúa con la expresión de mortificación. Katsuki mira detenidamente los micro gestos que habitan en Izuku.

Es sorprendido cuando Izuku de pronto se levanta de la banca en un acto precipitado. Sacude las manos, arregla su abrigo que acentúa su figura esbelta de estatura prominente.

—Bien, Katsuki— Verbaliza Izuku, que dirige su mirada a él. —Vamos— Lo invita.

—¿Hah?— Musita sonsacado. ¿Acaso Izuku lo invita a caminar con él?

Ve que su novio pecoso lo espera, en anticipación de su respuesta. En la mirada verdosa de su pareja lee entrelíneas que él aún se encuentra triste, a pesar de que su sonrisa no lo demuestra totalmente.

—Sí— Acepta la invitación, parándose de la banca a la expectativa de estar más tiempo a su lado y decirle lo que había conversado con sus amigos.

El rubio se sitúa a uno de los costados de Izuku, con una evidente expresión de ilusión pintando su cara.

—¿Te gusta comer nieve, Katsuki?—Le pregunta Izuku en tono curioso.

—¿Hah? No— Replica él. Odio el frío.

—A mi me encanta— Admite Izuku, esbozando una sonrisa tímida, que lo hace estremecerse. —La nieve en el frío es fantástico.

—Hm.

—¿Qué dices si damos un paseo, Katsuki?— Lo invita Izuku en un tono galante, que le provoca un vuelco asentarse en el pecho.

—¿No lo estamos dando?— Replica sarcástico.

Izuku pone cara estúpida y por consiguiente, ríe. Esas risas merman cualquier rastro de preocupación que agravaron la tranquilidad del rubio.

—Tienes razón, Katsuki.

—Yo siempre tengo razón— Presume él.

—Oh, ¿De verdad?— Expresa interesado.

Katsuki asiente, inflando el pecho en aire de superioridad, gesto que lleva haciendo desde la infancia.

—Bueno, Katsuki. Yo creo que es admirable que tengas el conocimiento suficiente para tener la razón en todo. Digo, no todos tenemos la capacidad de saber si las decisiones que tomamos saldrán como lo esperamos, ¿no opinas tú lo mismo?

Katsuki hace una pausa, sin anticipar que Izuku saldría con una secuencia de frases puestas bajo el nombre de "opinión/halago hacia él", aunque no era cosa del otro mundo. Katsuki podía expresar opiniones, es solo que con Izuku en la espera de su replica, se envolvía en una maraña de nervios que lo sacudían de pies a cabeza.

—Yo sólo sé que tengo la razón en todo lo que digo— Opina Katsuki, animado en su respuesta.

—Eso expresa madurez— Dice Izuku mostrando un dejo de elegancia. —Es una buena cualidad para un jovencito como tú.

—No soy un jovencito— Alega el rubio con el orgullo medio dañado. —¡Soy un adulto! Uno que es perfectamente capaz de cuidarse por sí mismo. Hago todo por mi maldita cuenta, jodido imbécil. Así que quítate esa opinión retorcida que tienes sobre mi, porque no soy ningún jovencito del que puedas pisotear y burlarte como se te dé en gana, maldito idiota.

—Vaya— Izuku exhala asombrado.

Katsuki se detiene de golpe, realizando la metida de pata del tamaño del mundo que acaba de hacer. ¡Carajo!¡Acaba de insultar a Izuku dos veces seguidas! De seguro, querrá romper con él después de decirle esas cosas tan feas.

Oh no.

Katsuki está perdido.

—No quise decir eso— Se retracta, viendo el gesto asombrado que todavía abarca el rostro de Izuku. —Lo que quise decir es-

—Me quedó perfectamente claro lo que quisiste decir, Katsuki— Irrumpe el pecoso con total normalidad.

—¡Escucha, Izuku! Yo-

—Katsuki, está bien— Irrumpe por segunda vez, mostrando madurez en su proceder. —No me ofendiste, al contrario, me abriste los ojos.

—¿Hah?

—Me hiciste ver que no eres un jovencito solo por tener veinte años, sino que eres independiente. Que eres capaz de ver por ti mismo. Eso es una excelente cualidad en ti— Dice en tono halagador. —No ocultes tus cualidades, Katsuki, porque las que he visto hasta ahorita son fantásticas.

Katsuki se sonroja cual tomate.

¿En verdad cree eso de mí? Se dice ilusionado. ¿Cree que mis cualidades son fantásticas? Siente su rostro encenderse y su pecho latir rápido. Una pequeña sonrisa amenaza con formarse en sus labios tras saberse bien visto a ojos de su novio.

Pelo pincho tenía razón.

Y se da la posibilidad de sonreír aunque sea en diminuto, advirtiendo la presencia de Izuku cerca suyo.

Es sorprendido en pleno ocaso de sus pensamientos, cuando Izuku sale disparado escapándose de su lado.

—¡¿Izuku?!— Exclama Katsuki, yendo detrás suyo. Su corazón bombeando fuertemente contra su pecho, a punto de salirse de sus casillas.

No sabe porqué Izuku corre hasta que lo ve pararse en un maldito puesto de helados que pasaba por donde estaban los juegos de los niños.

¿Era malditamente en serio? Pasó por la mente del rubio en un santiamén. Que Izuku de repente emprenda una corrida hacia un puesto de helados, es una reverenda tontería.

Cabreado con su novio, empuña las manos dispuesto a darle un puñetazo. Se detuvo de cabeza con ver la enorme sonrisa situada en la cara de Izuku.

De todo las sonrisas que ha visto en su rostro, esa había sido la más bella de todas.

El enojo que apenas duró unos segundos, se esfumó con la misma velocidad con la que arribó. Y fue prisionero de los latidos que resonaban desde su corazón. Unos latidos potentes, penetrantes, acaloraron el frío curso de sus venas.

Se maldijo por su impulsividad, pues no esperaba ver un escenario tan hermoso como ése.

Su novio. Su primer amor. Luce tan precioso pidiéndole un helado al hombre del puesto; luce inocente a través de esas mejillas sonrosadas que pintan el panorama con su hermoso color.

Suspira. Cómo quiere a ese hombre; tanto que no le cabe en el cuerpo lo mucho que lo quiere. Lo mucho que siente con sólo estar a su lado.

Katsuki lo sigue a donde él recibe su helado que alude a que es de vainilla, mientras paga por éste.

—¡Muchas gracias, señor!— Lo oye agradecer con mucha efusividad. Nota que Izuku se da cuneta de su presencia a su lado. —Perdona, Katsuki. Se me olvidó preguntarte si querías un helado tu también.

—¿Hah? No gracias— Rehusa el ofrecimiento.

—¿Seguro?— Lo ojea risueño, sonrojando a Katsuki.

¡Joder! Que lindo se ve cuando sonríe

—¡No, carajo!

—Está bien— Izuku retorna su atención al vendedor y le tiende una sonrisa, seguido de una breve inclinación de cabeza. Regresa su vista a Katsuki. —Bien, vamos Katsuki— Dice mirando en admiración el cono de helado que se halla en su agarre.

Katsuki avanza a la par de Izuku, viendo de reojo que se decanta en el helado sonriendo completo. —¡Hace años que no comía un helado! ¡Este está fantástico!

—¿Tanto te gusta el helado en el invierno?— Pregunta Katsuki en un dejo de incredulidad.

—¡Por supuesto!— Gorjea. —No me afecta el frío, Katsuki. Puedo comer helado todo el año, pero en esta temporada sabe mejor.

—Ah.

—El helado y el Katsudon son mis dos comidas favoritas—Confiesa al aire, enseguida soltando un jadeo de su garganta, llevándose una mano a su boca. —Perdona, hablé de más.

—No importa— Disuade, pese a que recién se entera de otra cosa que le gusta a Izuku.

Definitivamente no lo dejará pasar.

—Es bueno conocer cosas de ti— Replica Katsuki, mirando la cara de arrepentimiento que colorea el rostro pálido de su novio. Le extraña que se ponga de ese modo, sabiendo que fue él quien lo dijo en primer lugar, pero no importaba. Si a Izuku le gusta cierta comida en especial, Katsuki se la prepararía para complacerlo. —Para eso estamos saliendo, ¿no?

—Sí— Responde Izuku, tras unos segundos de silencio. —Tienes razón.

—No te avergüences de contarme tus gustos, Izuku— Katsuki toma el hilo del tema. —Es normal que las parejas se cuenten sus cosas y sus problemas, es parte de— Se sonroja. —No te juzgaré, si eso es lo que te inquieta.

—Katsuki— Articula incrédulo.

—Soy tú novio, Izuku— Plantea de forma sustanciosa. —Para eso estoy aquí, para-

Se corta en cuanto Izuku pasa una mano por su hombro y lo atrae a su lado. La fricción de su tacto lo acalla, robándole todo el aliento del pecho. Por inercia, abre las orbes de sus ojos. —¡¿Izuku?!

Ve pasar una bicicleta en donde segundos antes él estaba en ese sitio. ¿Es que Izuku lo protegió de ser golpeado por un ciclista?

—Lo siento si te interrumpí, pero ese individuo te iba a golpear con su bicicleta— Excusa Izuku. —Sería fatal si algo malo te pasa, Katsuki.

A esto, se ruboriza tanto como puede.

El brazo de Izuku rodeando su hombro, lo hace sentir mejor de lo que se admite a sí mismo. Es como un mimo del que no huiría, aunque todo el mundo lo viera.

El tacto de Izuku lo calienta más rápido que su chamarra de una capa de tela. Es tan frenético y efusivo que lo hace temblar de emoción.

En cuanto siente que Izuku retirará su brazo de él, lo detiene en el acto, sobresaltando a su novio.

—¿Katsuki?

—Mantén tu brazo así por un rato— Pide enrojecido, tratando de no verse tan jodidamente débil. —Me gusta— Dice en voz chiquita.

Me gusta mucho.

—De acuerdo— Concede, atrayendo su brazo por el otro extremo de su hombro y lo apega a su lado.

¿Así de bien se siente tener un novio? Piensa. Mira a Izuku unos segundos, admirando esas pecas que lo pierden de cabeza.

Despacio, inclina la cabeza sobre el fuerte hombro de Izuku, sintiéndose el chico más afortunado del mundo.

Finalizando de pasearse por el parque, Izuku se ofreció a llevarlo a la parada de autobús, ya que dijo que aún era muy pronto para dejarlo en la puerta de su casa. Así que sin mucha demora en el asunto, Izuku lo acompañó a que él tomara el autobús, sin quitarle el brazo del hombro una sola vez.

Pese al tiempo que pasaron juntos, en lugar de que él fuera a trabajar (siendo así su primera falta en el trabajo desde su ingreso hace seis meses), no quería que el rato que permaneciera a lado de Izuku se acabara tan pronto.

No quería que fuera tan pronto para decirle adiós, aun cuando sabía que se verían al día siguiente en el café. Pero esas inquietudes por mucho que sonaran ridículas dentro de sus pensamientos, florecía una semilla de aborrecimiento frente a lo rápido que el tiempo pasa con Izuku.

Carajo. Quiero pasar más tiempo con este idiota.

—¿Ese es tu autobús?— Pregunta Izuku, vislumbrando un autobús con destino al distrito que existe por donde está su apartamento.

—¿Huh? Eh…— Se ladeó a ver el autobús, reconociendo que era el suyo. —Sí, lo es.

Maldición. Rechinó los dientes. No quiero irme a casa.

El autobús se detuvo justo en la parada, abriendo sus puertas de par en par. Desganado se separó del brazo de Izuku, sintiendo una ráfaga de frío entrarse por la zona donde antes estuvo su brazo.

En cuanto, puso un pie en el escalón de entrada, una mano lo jaló, girándolo de vuelta a atrás. Ojos rojos se fijaron en las lagunas verdosas del hombre pecoso y de manos grandes.

Sus alientos chocaron.

—Izuku— Musitó Katsuki, sorprendido. —¿Qué haces?

La mano de Izuku apretó su brazo y con su otra mano, atrapó su fina cintura, atrayendo su rostro al suyo.

Izuku se acercó y capturó sus labios en un pequeño y tierno beso, que lo dejo atontado.

—Cuídate. Regresa a casa a salvo— Dijo su novio, golpeando su rostro con su relajante aliento.

—Sí…

—Nos vemos mañana— Sonrió dejándolo entrar al autobús, quedándose solo afuera con el frío.

—Sí…—Articuló embelesado.

No esperaba que lo fueran a besar, pero fue genial volver a sentir los labios de Izuku unidos a los suyos, aunque duraron una fracción de segundo.

En lo que caminaba en busca de un lugar para sentarse, vio la figura de Izuku desvanecerse conforme el autobús avanzaba. Su espigada silueta, los rizos que adornaban su apariencia infantil, sus piernas alargadas firmemente plantadas en la banqueta, su abrigo anticuado siendo el decoro que lo acompañaba y el mero sonido de su voz armonizando el corazón.

Se percata que sus labios aún poseen el tinte ferviente de los labios de Izuku pegados en los suyos. La dulzura de su sabor, devolvió la calidez que se había esfumado de su cuerpo luego de desprenderse de él.

Quiero pasar más tiempo contigo, Izuku. Más tiempo contigo. Tanto que no alcancen las palabras para decirnos todo lo que nos pasa cuando estamos juntos.

Una leve sonrisa apareció en sus labios, ilusionado con sus muchos anhelos relacionados con su novio.