Los personajes no son de mi autoría, pertenecen a Kishimoto-sensei
Capítulo X
Baño caluroso
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No existe arma más poderosa y letal, que las definidas curvas de una mujer.
Y él podía dar fe de ese hecho.
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Si por algo no era conocido Sasuke Uchiha era precisamente por su paciencia, una virtud la cual él estaba absoluta e irrevocablemente seguro le fue negada al nacer, esa minúscula tolerancia que le había tomado años y mucho esfuerzo forjar, ahora no era nada más que un mísero recuerdo, tan intangible y efímero como la neblina.
Soltó un bufido exasperado a la vez que esquivaba un kunai. A estas alturas de la vida no estaba realmente seguro quien lo crispaba más, si el montón de ninjas renegados que los atacaban…o aquellos dos.
Y una gran parte del le decía que de hecho, quienes lo estaban llevando al límite de sus nervios eran justamente ese par.
— ¡Karin!— bramó entre el bullicio generado por la batalla— ¿no se supone que era un máximo de dos horas? ¿Por qué aún siguen igual, que no debió de pasar el efecto del veneno ya?
La aludida se exaltó esquivando por poco el ataque de uno de los bandidos, maldijo entre dientes, tacleando en el acto al sujeto para pasar al siguiente, un total de veinte hombres les tenían rodeados, en otras circunstancias aquello no habría sido problema alguno teniendo a tres monstruos con ella como compañeros, lamentablemente hoy no era uno de esos días, no cuando uno de ellos se había convertido en un completo inútil.
—Tsk, lo más probable es que absorbieran demasiado veneno, por eso su organismo está tardando tanto en eliminarlo.
Sasuke masculló una leve maldición mientras impactaba su chidori en uno de sus adversarios, una potente vena palpitó en su sien, era demasiada casualidad que justo cuando dos de sus compañeros quedaban inutilizados, repentinamente un grupo de renegados apareciesen para atacarlos, más extraño aún un grupo tan grande.
La mente del Uchiha se encontraba tan centrada en todas las posibilidades, que no se percató cuando un cuerpo voló en su dirección, tirándolo de lleno al suelo, un quejido se ahogó en su garganta al sentir una suave, redonda y muy conocida textura impactar contra su cara.
Eso debía ser una jodida broma.
— ¡Mierda! todavía no me acostumbro a usar bien el cuerpo de Hina-chan — el Hōzuki bajó su mirada al bulto que se encontraba debajo del— ¡joder! Al menos podrías invitarme a tomar algo antes de llegar a la tercera base.
Sasuke gruñó, apartando sin ninguna delicadeza el cuerpo de la Hyūga lejos de si, definitivamente mataría al Hōzuki cuando todo eso terminara.
—Deja de hacer idioteces y concéntrate Suigetsu.
— ¿Exactamente qué quieres que haga? No tengo ni idea de cómo activar el dōjutsu de Hina-chan.
Puso los ojos en blanco, eso era absolutamente perfecto, dos de los más agiles de sus compañeros convertidos en inútiles, viró su rostro buscando el cuerpo del Hōzuki –el cual se encontraba siendo ocupado por la Hyūga– convertido en un charco de agua.
Sí, definitivamente eso era una jodida broma, una de muy mal gusto. Sintió la ira burbujear en su interior mientras creaba un potente chidori con la intención de noquear a todos sus adversarios, ignorando completamente los gritos de advertencia de Karin cuando inevitablemente, los ninjas hicieron explosión espontáneamente.
Sí, ese no era su jodido mejor día.
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Hinata se sentía frustrada, se supone que aquel efecto no tardaría mucho en desaparecer, y aun así allí estaban, todavía en cuerpos ajenos. Bajó su cabeza, no le desagradaba el Hōzuki, de hecho se aventuraba a decir que este le caía bien, sólo que una cosa era que te agradara alguien, y, otra muy diferente era cambiar cuerpo con este, no se sentía capaz de controlarlo, si se desconcentraba terminaba convirtiéndose en agua, por no mencionar que no era capaz de manejar la enorme espada del hombre, estar en ese cuerpo le hacía sentir justamente como cuando apenas tenía doce años: una completa inútil.
Y estaba absolutamente segura que eso es lo que pensaba el Uchiha, no necesitaba decirlo en palabras, pues su helado y frío silencio era prueba más que suficiente de su molestia. Ni ella ni el ninja de la niebla fueron un elemento útil durante la reciente batalla, de hecho, solo habían terminado siendo una carga para el resto, siendo protegida al final por Jūgo, quien le cubrió la espalda cuando se convirtió en agua.
Soltó un soplido cansino, lo peor de todo no era el hecho de estar en cuerpos ajenos, sino que aparte de eso después de la explosión de los ninjas, ahora estaban cubiertos de sangre y otras cosas más en las que no quiso reparar. Lo cual le hizo nuevamente replantearse su mal karma, parecía que los dioses mismos querían divertirse a costa de sus miserias, al menos eso es lo que la vida le daba a entender.
—Nada más estamos a un kilómetro del siguiente pueblo— habló la Uzumaki, con el ceño visiblemente fruncido.
Alzó ligeramente el rostro hasta la pelirroja, quien al verla le dio una mirada de muy pocos amigos, aunque sinceramente no sabía si esa mirada cargada de desdén iban dirigidas a su persona o al cuerpo que habitaba, en cualquiera de los casos, la Uzumaki parecía querer fulminarla con la mirada, lo cual le hizo pegar nuevamente su rostro al suelo.
Se sentía inservible, ni siquiera podía usar su visión para notificar a nadie sobre su ubicación, aquello de lo que tanto se sentía orgullosa ahora se le había arrebatado. Se sentía frustrada y para sumarle más puntos en contra, el calor estaba haciendo mella en su persona. Continuaron caminando en un completo y sepulcral silencio hasta llegar al pueblo.
— ¡Ah! Pensé que nunca llegaríamos, estoy muriendo del hambre y este calor me está sofocando— vociferó un estridente Suigetsu en boca de la Hyūga.
— ¿Puedes dejar de hacer un escándalo de todo? No importa en qué cuerpo estés, sigues siendo igual de patoso.
Se encogió de hombros, con una lánguida sonrisa marcada en su rostro.
—Solo estás celosa, porque incluso cubierta de mugre Hina-chan sigue viéndose espectacular…a diferencia de otras por aquí.
— ¡Suigetsu-kun! No debería de decirle esas cosas a Karin-san— masculló un nervioso Suigetsu posicionándose entre ambas mujeres.
—Lo que ocurre Hina-chan, es que cuatro ojos aquí presente está molesta porque ella nunca logró llegar a tercera base con Sasuke.
La cara tanto de Suigetsu como de Karin se tiñeron de un potente carmín, solo que uno por la vergüenza y la otra de la rabia.
Eso era suficiente, le partiría la cara al estúpido de Suigetsu y lo mejor, es que tendría satisfacción doble al golpear ese rostro insulso de la Hyūga, se abalanzó hacia la peli azul con toda la intención de plantarle un buen golpe y de tirarle quizás unos cuantos dientes, seguro luego de eso ninguno seguiría pensando en lo hermosa que era.
— ¡Ya basta ustedes tres! en vez de discutir deberían hacer algo productivo como buscar una posada, por ejemplo.
Interrumpió el Uchiha, con una mirada de muy pocos amigos, los tres ninjas se estremecieron ante aquella visión, si algo tenían todos claro sobre Sasuke Uchiha, es que cuando este perdía la paciencia nada bueno podía ocurrir.
Los tres asintieron en silencio, continuando con su camino, Sasuke al frente guiando al grupo con Karin a su lado, intentando sacar conversación de alguna manera, Hinata y Jūgo iban detrás de ellos hablando sobre sólo el cielo sabe qué, y, al final Suigetsu iba acompañado de la pequeña Nozomi y su gato.
El calor que estaba haciendo era infernal, la chica sentía que podría morir en ese momento de deshidratación, y, como si aquello no fuese castigo suficiente, a cada posada a la que habían ido, les habían cerrado las puertas. Lo cual le hizo replantearse nuevamente a la Hyūga si acaso no estarían pagando un castigo divino.
—Creo…— comentó Jūgo deteniendo su andar— que lo mejor es ir primero a un baño público, dado el estado en el que nos encontramos, dudo que alguien quiera hospedarnos.
Todos bajaron la vista a sus ropas, entendiendo la obvia razón por la cual en cada posada en la que entraban eran recibidos con miradas aterradas y desconfiadas.
Lucían como mierda.
—Por allá hay un baño público— señaló tranquilamente Jūgo.
Cuatro cabezas asintieron tácitamente girándose en la dirección que marcaba el enorme peli naranja, todos excepto una persona, la cara del ninja de la niebla era de profundo y absoluto terror, hasta ahora no había caído en cuenta de lo que implicaba un baño, si estuvieran en una situación normal aquello no sería problema, pero esta, distaba muchísimo de ser una situación normal.
Sintió todo su cuerpo –o el cuerpo de su hospedero– temblar, la sola idea de que el Hōzuki le viese desnuda le ponía el rostro de todos los tonos.
— ¡Date prisa Hyūga!— vociferó el moreno, dirigiéndose al ninja de la niebla al darse cuenta de que este se había quedado atrás.
Con toda la fuerza de voluntad que poseía dirigió sus pies en dirección de los otros ninjas, tragando seco con cada paso que daba. Delante sus ojos se alzaba imperiosa esa pequeña cortina con aquel distinguible hiragana "yu", el cual hacía mención al "agua caliente", inmediatamente pudo sentir el vapor flotando a su alrededor y como sus fosas nasales eran inundadas por olor a menta y otras esencias. Las personas iban y venían sin reparar mucho en los ninjas que acababan de entrar al lugar, completamente absortos en aquella sensación relajante que un buen baño podía ofrecer, el aire familiar rápidamente cubrió todo su panorama, caras felices y despreocupadas se dibujaban en los rostros de los aldeanos, quienes disfrutaban de un relajante baño junto a amigos o familiares.
Estaba tan inmersa en aquella paz y felicidad que irradiaba todo el sitio, que inconscientemente sus pies le guiaron hacia el acceso que conducía a la sección de mujeres, siendo recibida inmediatamente con un fuerte y nada agradable golpe en la cabeza.
Se masajeó la coronilla, conteniendo un quejido de dolor, alzando la vista a la anciana que se encontraba en la división de ambos baños, observándole con el ceño fruncido y una vara de madera en sus manos.
—Esto no es un baño mixto chico…— escupió con un acento osco la anciana mujer, señalándole la cortina divisoria azul con la palabra, hombre, marcada en ella.
Quiso reprochar y decir, que de hecho, no era hombre sino una mujer, pero dada la situación en la que se encontraba dudaba seriamente de que ese argumento tuviese algún efecto.
Conociendo su suerte, la anciana terminaría confundiéndole con algún tipo de pervertido o transformista, idea la cual, tampoco le agradaba mucho.
Con un suspiro resignado se encaminó hacia el vestuario de hombres, buscó entre las taquillas una desocupada en la cual pudiese dejar sus cosas, tomo la toalla que se le había dado en la entrada y lo necesario para su aseo, conteniendo un gritillo cuando un hombre enorme se situó a su lado, desprendiéndose de todas sus ropas y quedando completamente desnudo. Esas ganas de desmayarse que creyó haber superado años atrás estaban regresando.
Y sin ninguna sutileza cabe destacar.
—Tsk, contrólate quieres, es momento de que superes ese excesivo pudor que tienes.
Habló la fuerte y ronca voz del Uchiha, ocasionando que el ninja de la niebla diese un respingo en su lugar, asintió sin devolverle la mirada, lo menos que quería era ver al Uchiha en esas condiciones.
Aunque, si se lo pensaba detenidamente, esta no era la primera vez que lo veía semidesnudo, ya iban dos ocasiones en la cual eso ocurría, una en el lago y la otra…esa mañana cuando lo encontró con Karin.
Nuevamente su rostro se tiñó de un carmín intenso.
—Y date prisa en ducharte, realmente apestas.
Dijo, sin absolutamente ninguna delicadeza, enrojeciendo aún más si se podía sus mejillas, aunque en este punto no sabía bien si de la vergüenza o el enojo. Con un soplido molesto se quitó sus prendas dejándolas en un pequeño espacio para la ropa sucia y se encaminó a la zona de las duchas.
Volvió a tragar grueso, cuando una fila de hombres desnudos se plantaba ante sus ojos, cada uno peor que el otro, y, en ese preciso instante la muchacha atrapada en aquel cuerpo lo supo:
Los dioses la odiaban.
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¡Los dioses lo amaban!
Él estaba absoluta y definitivamente seguro de eso, no solo se encontraba en el muy bien dotado cuerpo de la Hyūga, sino que además de eso, podía entrar libremente en aquel paraíso prohibido.
Si eso no era ser amado, entonces no tenía ni idea de qué lo sería.
No tardó mucho en desprenderse de las sucias ropas que cargaba, completamente dispuesto a introducirse en aquel mundo de vapor y esencias femeninas capaces de embriagar a cualquiera, está definitivamente era una oportunidad que pocos tenían en la vida, y él no pensaba desaprovechar ni un solo momento.
— ¿Qué mierda crees que haces aquí?— bramó una rabiosa Karin, con ambas manos en las caderas.
— ¿Qué acaso no es obvio? Ducharme, creo que eres lo suficientemente lista para darte cuenta de eso Karin.
Farfulló un muy seguro Suigetsu mientras se pavoneaba frente a la pelirroja.
—Tú no deberías estar aquí, esta es la sección de mujeres.
—Creo que deberías de cambiarte los anteojos, fresita, porque de hecho, soy una mujer.
Se encogió de hombros con una ancha sonrisa en su pálido rostro, sabía que jugaba con fuego al meterse con la Uzumaki, pero al diablo, eran justo esos momentos los cuales le llenaban de un placer culposo, por alguna razón molestar a la mujer se convirtió en su pan de cada día, y, cuando la oportunidad llegaba no la podía dejar pasar.
—No tienes por qué estar celosa Karin, estoy seguro que si vamos con la vieja Tsunade te dará el secreto para unos pechos tan enormes como los de Hina…
Las palabras se ahogaron en su garganta, cuando sintió un fuerte y nada delicado codazo clavarse en su vientre, bajó su mirada al causante de aquello, abriendo esos orbes perlas que no le pertenecían desmesuradamente.
— ¿Quiere dejar de perder el tiempo jugando con el cuerpo de Hinata onee-chan?—expuso una ceñuda Nozomi, con los brazos cruzados y su quijada alzada muy orgullosa. Por segundos Suigetsu creyó ver una versión pequeña, altanera y femenina de su irascible líder. Sacudió su cabeza quitando esa extraña imagen de ella.
—Tsk, ¿acaso no te enseñaron a que no puedes golpear a los mayores pequeña?
— ¿Acaso nunca viste a una mujer antes?
Suigetsu arqueó los labios en una mueca, un ligero tic se enfrascó en su ojo como un gusano saltarín. Karin sonrió con sorna, regalándole una mirada de superioridad al Hōzuki la cual detestó con su alma, no existía nada que le cabreara más en la vida que la mujer gozara con sus desgracias.
—Hasta una niña te deja en ridículo ¿Qué tan patético se puede ser en la vida, sardina?
—No tanto como alguien quien está encaprichada en un hombre que nunca la vera como algo más, al menos, yo si tengo dignidad y no me ando arrastrando en busca de un poco de atención.
Un silencio incómodo acunó todo el lugar, miradas avergonzadas acompañaron silenciosamente a la Uzumaki, mientras otras un poco más duras iban dirigidas hacia la Hyūga, y luego estaban aquellas, esas miradas ancianas y veteranas, que al verlas te relataban tantas historias en sus ojos que podías perderte fácilmente en ellas, esas le miraban con aflicción, y, comprensión, al entender la pena de un corazón que no es amado y otro que grita por atención.
Las mejillas de Karin ardían, como la lava que se desbordaba de un volcán, llameante, furiosa, ardiente. No era la primera vez que Suigetsu le molestaba, mucho menos que hacía mención a esa afirmación, que si bien en lo profundo de sí sabía, tampoco quería aceptar, sin embargo, escucharlo de esa forma tan abrupta, tan tajante y para empeorar las cosas…de los labios de esa mujer.
Ni el mismísimo chidori de Sasuke le hubiese herido tanto.
Suigetsu acababa de lastimarla, no solo su orgullo, sino algo más, algo que hasta este momento no sabía que existía, pero estaba ahí, palpitando como un ente con vida propia. Y ahora, sangraba, sangraba como nunca antes lo había hecho alguna herida física.
Y entonces, estalló.
El Hōzuki no tuvo tiempo de pestañear, ni de argumentar, cuando de un momento a otro una muy, pero muy violenta Karin se abalanzó en su contra, rodando ambas mujeres por el suelo, en un penoso y nada elegante acto. Nozomi se cubrió el rostro, avergonzada, esperando que nadie la relacionase con aquellas dos. Soltó un suspiro fastidiado, la verdad le traía sin cuidado el pleito de esos dos, pero, ya que el extraño ninja con dientes de tiburón estaba en el cuerpo de la Hyūga, se sentía con la responsabilidad de, no sé, hacer algo.
— ¡Alto! Si siguen peleando así nos sacaran del lugar.
Habló lo más fuerte que pudo la niña intentando atraer la atención de las mayores, pero esta, al igual que aquel monte Fuji pintado en los mosaicos, solo era un adorno.
— ¡Quítate de encima idiota cuatro ojos!— bramó furioso el ninja, intentando quitar a la mujer, quien estaba tan sujeta a sus cabellos que sentía como si le fuese a arrancar el cuero cabelludo, bien, si Karin quería jugar así, entonces así sería.
En un rápido movimiento giró sobre sí mismo posicionándose sobre la pelirroja, con una sonrisa de autosuficiencia en su rostro. La Uzumaki contuvo un gruñido cuando los enormes pechos de la Hyūga le golpearon la cara, como una burla más a su persona.
Sin pensarlo detenidamente, y guiada únicamente por la vorágine de sentimientos que pululaban en su interior, como miles de abejas picoteando su raciocinio, en un rápido movimiento de su cabeza la estampó contra la contraria.
Un sonido seco aulló por las duchas, consiguiendo miradas espantadas y sorprendidas a su alrededor, Nozomi, quien se encontraba a unos centímetros de ambas kunoichis observaba, sin ver nada en realidad.
—Pero…pero ¿Qué mierda está mal contigo mujer, cuál es tu problema?
— ¿Y aún lo preguntas imbécil?— dijo, seriamente mareada ¿de qué estaba hecha la cabeza de esa mujer?— ¡tú! Eres lo que está mal aquí, tú estúpido idiota dientes de pez, eres mi problema.
Una parte del vibró, aunque a ese punto no estaba seguro si de rabia, frustración o simple aversión, para ella, él siempre era lo peor, nunca tan fuerte como Sasuke, nunca tan maduro como Jūgo, simplemente era un bufón, un simplón más al cual no dudaría en reemplazar por un hurón si le daba la gana.
Que él era su problema, pues tenía noticias para la gran y orgullosa Karin, ella también era su jodido problema.
Se levantó de un tirón, y, con todo el equilibrio que gozaba el cuerpo de la Hyūga giro sobre sí mismo lanzando una certera y potente patada a la Uzumaki, enviándola de un golpe a la enorme bañera.
El agua fluyó como en un manantial, potente y salvaje, gritos de mujeres horrorizadas inundaron todo el lugar, creando una sinfonía caótica que rompía con toda aquella sensación de paz y tranquilidad que hasta los momentos reinaba en el baño.
Nozomi soltó un bufido, irritada, tomando un taburete y un cubo, se ducharía antes de que el encargado del lugar decidiese sacarlos a rastras del sitio por todo el caos causado, se preguntó cómo lo estaría pasando la Hyūga —la real— en el otro lado, seguro mejor que allí.
Karin tosió secamente, expulsando el agua que se había adentrado en sus pulmones, observando incrédulamente a la mujer —o el hombre, ya ni siquiera sabía cómo catalogarlo— frente a ella. Bajó la mirada, avergonzada, perder contra aquella debilucha era más que un golpe a su orgullo, era un golpe a su persona, sentía que perdió más que una simple riña, perdió su fuerza, su templanza, aunque Suigetsu fue el que dijo todas esas cosas, ella solo veía a esa, Hyūga, humillarla, hacerle sentir como nada. Sus mejillas se enrojecieron, como dos maduros duraznos.
El labio de la Hyūga tembló ligeramente, el no esperaba lastimarla tanto, solo quería sacársela de encima, se acercó cuidadosamente a la Uzumaki, manteniendo una distancia prudencial entre ambas.
—Hey, estás… ¿estás bien?— farfulló apenas
Silencio.
—Puede que me sobrepasara, la verdad no controlo bien este cuerpo así que.
Explicó nuevamente el Hōzuki, sin conseguir reacción alguna por parte de la pelirroja.
— ¡Oye, Karin! ¡Respóndeme!— pronunció, esta vez un poco más fuerte mientras tomaba por los hombros a la pelirroja, zarandeándola.
Todo pasó en cuestión de segundos, la mirada cínica de Karin, el golpe, los gritos de asombro, una muy angustiada y horrorizada Nozomi, él siendo lanzando por los aires estrellándose contra algo duro, para finalmente caer en la cálida agua.
Sus brazos se agitaron frenéticamente bajo el agua, sus pulmones se sentían a punto de reventar, le parecía irónico que justamente él quien vivía sumergido en un charco eterno, fuese a ahogarse por aquel elemento que tantas veces le salvó la vida anteriormente. Tal vez ese era su castigo divino por todas las atrocidades cometidas en vida, cerró sus ojos dejando que el agua limpiara todo su cuerpo y su alma, cuando un fuerte y nada sutil tirón lo trajo de vuelta a la realidad.
Sus ojos se abrieron como platos, cuando frente a él se mostraba el rostro algo indescifrable del Uchiha.
— ¿Qué demonios haces en el baño de damas? No pensé que fueses uno de esos…
Habló Suigetsu, con una sonrisa socarrona en el rostro y las manos en las anchas caderas del cuerpo que ocupaba. Sasuke usó toda la escasa paciencia que tenía para no lanzarle un chidori ahí mismo al ninja.
—Así que a la final no te has podido resistir a ver el cuerpo de Hina-chan, tenía la ligera impresión de que te gustaba, pero ahora lo acabo de confirmar.
Sasuke chasqueó con su lengua, soltando unas cuantas maldiciones ininteligibles mientras tomaba la toalla que llevaba consigo y se la estampaba en la cara al ninja de la niebla.
—No seas imbécil, este no es el baño de damas, es el de hombres, y, si tanto te agrada la Hyūga como dices, ten la decencia de no andar luciendo su cuerpo ante todos los que están aquí…
Suigetsu fue a reprochar, virando su cabeza para detallar el lugar, confirmando penosamente lo que decía el moreno, los orbes perla se encontraron con los morados, quienes lo veían con una mezcla de vergüenza y espanto, sintió una punzada en su pecho, culpa quizás, la Hyūga era muy pudorosa y él no había hecho nada más que jugar y fanfarronear con el cuerpo de la chica; sin detenerse a pensar en cómo ella tomaría todo eso, agarró de mala gana la toalla que le ofrecía su líder, cubriendo con ello el cuerpo de la mujer mientras se dirigía en dirección de la salida.
—Y Suigetsu, te agradezco que dejes de decir estupideces, como si fuese a caer tan bajo como para interesarme en la Hyūga.
Soltó, tajante y frío, Suigetsu hizo una mueca ante el comentario del moreno, notando por el rabillo del ojo como la aludida se hundía lentamente en el agua. Puede que el fuese un idiota, pero Sasuke definitivamente era un imbécil.
Soltó un bufido airoso mientras salía con toda la dignidad que le era posible de aquel lugar.
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No sabría decir si fue a causa del vapor, pero luego de salir de aquel infernal lugar, todo había vuelto a la "normalidad", si es que algo se podía considerar normal nuevamente claro está, aun así Hinata estaba más que agradecida de encontrarse en su propio cuerpo otra vez, por más que le agradara el Hōzuki, no quería volver a tener que ocupar su lugar… ¡nunca! Había tenido suficiente de jutsus extraños por un tiempo. Suspiró, decir que estaba cansada se quedaba realmente corto para todo lo que le pasó en un solo día, por no olvidar mencionar que el cuerpo le dolía horrores, cortesía de la Uzumaki, después de salir del sento Nozomi le narró todo lo ocurrido a la Hyūga.
Hinata hizo una nota mental de disculparse con la mujer cuando tuviese la ocasión, a pesar de no haber sido ella quien dijese todas esas cosas, se sentía medianamente responsable por lo sucedido, había sido su cuerpo después de todo, y, además de eso nadie entendía mejor los sentimientos de Karin como ella, Hinata sabía por mano propia lo que era esforzarse al máximo para ser reconocida por aquella persona que se ama, esperando aunque inútilmente que voltee a verte, que se dé cuenta de que estas ahí, que te corresponda de la misma manera. Se llevó la mano al pecho, sintiendo como su corazón se oprimía dentro de su caja torácica, como si de pronto sus paredes costales redujeran el espacio impidiéndole el funcionar debidamente.
Sí, amar a alguien que no te correspondía dolía muchísimo más que cualquier jutsu existente, ni siquiera el puño suave de su primo podía ser capaz de herirla tanto, como lo hacía recordar esa mirada zafiro que por años persiguió incansablemente, y, que aun en ocasiones le estrujaban el corazón.
Y a pesar de todo eso ella se sentía afortunada, pues aunque sus sentimientos no eran correspondidos, amar a Naruto era como amar al mismo sol, uno que no paraba de brillar y de iluminarte en el camino, uno el cual no te menospreciaba ni apartaba, incluso luego de confesarle sus sentimientos en esa torrencial batalla contra Pain, él no cambio con ella, no le trato diferente ni con rechazo. Sin embargo, eso no era así para todas, la Hyūga aun recordaba esas frías noches en las que había tenido que consolar a una muy afectada Sakura luego de ser rechazada fríamente por el Uchiha, lo cual le hizo sentir un poco más de pena por la pelirroja.
A pesar de que ella misma reconocía que el Uchiha no era una mala persona, pues tenía un lado más o menos amable, en lo que se relacionaba al ámbito sentimental, tenía el tacto de un gigante. Frunció levemente el ceño, al recordar la expresión del moreno cuando negó al ninja de la niebla sentirse aunque fuese mínimamente atraído por ella.
Hinata no esperaba gustarle al Uchiha ¡por los dioses que no! Ella nunca había sido capaz de ver al hombre con otros ojos que no fuesen de temor o respeto, sin embargo, tampoco creía que ella le produjera tanto ¿ desagrado? pensó muy idiotamente tal vez, que en ese poco tiempo en el cual estuvieron viajando juntos, al menos habían instaurado una amistosa y respetuosa relación de compañeros, cosa la cual en ese preciso momento ella dudaba mucho.
Tragó grueso, revolviéndose nuevamente entre las sábanas de la cama, por más que intentara le era imposible borrar esa mirada desdeñosa que el Uchiha mostró cuando el Hōzuki bromeó con la idea de que ella le gustase a él. ¿Acaso era tan desagradable? Tal vez, el problema no fuese con ella en realidad, sino con todo lo concerniente a las relaciones, aunque no conociese muy bien a Sasuke Uchiha —ni muchísimo menos su vida privada— hasta los momentos no recordaba verlo con ninguna pareja, quizás ese tipo de cosas le incomodaban, lo cual ella podía entender muy bien, después de todo tampoco era muy dada a nada que se atribuyera a relaciones ni contacto físico de ninguna otra forma que no fuese enteramente por entrenamiento, o en dado caso en batallas.
Existía la posibilidad que ese fuese el caso del moreno, y que simplemente no fuese muy fan de compartir su espacio personal de esa forma.
Soltó un largo y pesaroso suspiro, esa noche estaba resultando más calurosa de lo normal, con todo el silencio que pudo se levantó de la cama, cuidando de no hacer ruido para de esa forma no despertar a Nozomi. Luego de que pudieron ducharse conseguir posada resultó mucho más sencillo, hospedándose en una pequeña casa la cual tenía disponible justamente tres habitaciones, por lo cual se dividieron en parejas, Hinata se había quedado con Nozomi, Jūgo con Karin —ya que esta se rehusaba el compartir algún sitio con Suigetsu, y, Sasuke por ningún motivo aceptó ser su compañero de cuarto— dejando a Suigetsu junto a Sasuke.
Hinata se preguntó cómo lo estaría pasando el ninja de la niebla ya que el pelinegro tampoco lucía muy feliz de compartir habitación con él. Echó un último vistazo a Nozomi antes de salir, la pequeña dormía profundamente, una leve sonrisa se dibujó en su rostro y salió del cuarto, necesitaba un poco de aire, despejar su mente de todo ese largo y agotador día, caminó en silencio por los largos pasillos de madera los cuales se encontraban tenuemente iluminados por la luz de la luna que entraba a hurtadillas por las ventanas.
Una ligera brisa la envolvió, aplacando un poco el sofocante calor de esa noche de verano, caminó un poco más antes de detener sus pasos abruptamente al ver como una negra y alta figura se movía entre las sombras, tragó grueso, enfocando mejor su mirada hasta detallar al intruso, abrió sus labios para decir algo cerrándolos de golpe al ver como el hombre se paraba frente a una puerta.
Arqueó sus cejas, si recordaba bien esa no era la habitación donde se estaba quedando el Uchiha y tampoco era la habitación de Jūgo y Karin, entonces ¿Qué demonios hacía el Uchiha en ese lugar? por alguna razón Hinata sentía que no debía de estar allí, pero cuando quiso dar unos pasos atrás e irse del lugar antes de que el moreno notara su presencia, este se volvió hacia ella. Todo su cuerpo se tensó cuando aquellos orbes negros como el mismísimo carbón, se posaron sobre ella, sus labios temblaron mientras intentaban articular una explicación lógica de por qué estaba en ese sitio, siendo interrumpida por el chirrido de la puerta al abrirse, dejando al descubierto la figura de una alta mujer la cual solo iba envuelta por una delgada y traslucida sábana, que no dejaba nada a la imaginación, la Hyūga sintió su rostro enrojecer en medio de la oscuridad.
Una sonrisa ladeada se formó en los labios del Uchiha mientras aceptaba la invitación de aquella seductora mujer, no sin antes regalarle una última mirada irritada a la Hyūga, la cual no estaba segura de que pensar exactamente.
Aquella teoría que horas atrás se había formulado podía desecharla entera al bote de basura, porque al parecer, el Uchiha no tenía absolutamente ningún problema con el género femenino. No, al parecer el único problema que tenía el moreno era con ella.
Frunció levemente su entrecejo, sí, el Hōzuki tenía razón en algo:
Sasuke Uchiha era un completo imbécil.
Y con su cara aún acalorada y ya no sólo por el calor del verano, Hinata Hyūga se dirigió a su habitación.
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Continuará…
Notas de autora:
¡Hola! ¡Feliz año nuevo! Espero lo hayan pasado muy bien con sus familias a pesar de la situación de la pandemia, y como regalo de año nuevo, aquí les traigo este capítulo recién salido del horno, la verdad me estuve rebanando los sesos para acabarlo, pero aquí está finalmente. Como vemos ese cambiazo entre Hinata y Suigetsu llevó a más de uno a su límite, muchas verdades le fueron escupidas a Karin de una forma nada agradable, creando más tensión entre la pobre Hina y ella (es que Sui no controla su bocaza pues) y vemos a un Sasuke un tanto odioso con Hina luego de lo ocurrido en los baños ¿por qué será? pobre Hinata, a pesar de que ella no siente nada por el —aún— ese comentario le dolió, vamos, nadie se tomaría bien que le dijeran de esa forma que nunca se fijarían en ella, pero créanme que todo tiene su propósito, no hago que Sasuke la cague por nada XD.
Y bueno eso fue todo por esta semana, crucen los dedos para que pueda terminar a tiempo el siguiente cap y actualice el otro fic.
Y antes de irme tengo una recomendación, es de un fandom completamente diferente —Big Hero 6— pero para aquellos amantes de esta película/serie y de la comedia romántica, les recomiendo este fic de Hiro y Karmi de Valen95, el cual te saca más de una risa, por ahora solo van dos capítulos, pero son muy entretenidos.
¡Muchísimas gracias por sus comentarios me llenan de amor y me motivan a escribir! De verdad espero les guste mucho el cap, lo hice con mucho cariño.
¡No se olviden de dejar su comentario, nos leemos el próximo lunes!
¡Sayonara!
Daria R.
