© Todos los derechos del autor reservados.
© Los personajes de One Piece pertenecen a Eichiro Oda.
© El personaje femenino que utilizará la autora se llama Rose.
Ya era sábado de por la mañana y yo estaba listo para irme de casa y recoger a Rose. Realmente fue una buena idea de ir con ella al parque de atracciones que se abrió hoy. Siento a Snow correr por todos lados como queriendo decirme algo. Yo sé lo que quiere. Desea ver a la joven. Hacía tiempo que no la veía. Parece que le cogió algo de cariño en la chica. Lo siento, chico, pero en otra ocasión.
Acaricio la cabeza del Husky para que entendiera la situación y él solo se sienta en su sitio ya tranquilo. Es demasiado inteligente. Bueno es hora de irse. Cojo las llaves de casa y del coche, y me marcho de ahí dejando a Snow con comida y agua. Ya estoy dentro del coche y arranco el motor para dirigirme a la casa de Rose. ¿Cómo irá? Me supongo que irá en chándal. Ya me gustaría que se pusiera alguna ropa más decente y poder un poco más de ella.
Enciendo la radio para estar relajado. En realidad, estaba un poco tengo porque no sé lo que puede pasar allí en el parque. Eso sí, la maldita me dejó con las ganas aquella vez. Sin embargo, la entiendo, ella aún no está preparada para llegar a tener una relación sexual conmigo. ¿Se sentirá insegura aún? Es probable. Y lo curioso es que pueda soportar aquella vecina calienta camas. ¡Dios! ¿Como puede ser que esa mujer tenga energías? Yo quiero imaginarme a Rose debajo mía y gimiendo. ¡Mierda! ¡Céntrate y déjate de calentar!
Ya llegué a la casa y parece ser que ya me estaba esperando. Admiro un poco las ropas que llevaba y parece que está decente. Pantalones y camisa no ajustadas haciendo que no se viera aquello que le incomodara. La entiendo perfectamente. Suspiro levemente viendo que la chica se acerca al coche para subir.
—Buenos días —me saluda.
—Buenos días. —Llevo la mano a su rostro para acariciar su mejilla lentamente—. ¿Lista?
Asiente levemente con la cabeza a lo que sonrío un poco y me dispongo a conducir en dirección hacia el parque. No estaba lejos realmente. Suelen poner aquel parque cerca del estadio de fútbol, antigua propiedad de Foxy. Qué ahora no es suyo por cierto por estar en la cárcel. El terreno que estaba al lado del estadio era muy amplio como para organizar un evento como éste. Un lugar donde los niños pueden disfrutar como nunca con sus padres. O incluso las parejas.
De vez en cuando, miraba a Rose que se dedicaba a observar el paisaje a través de la ventanilla. Se encontró relajada, algo que me gusta verla de ella. Sin preocupaciones alguna. Poso mi mano sobre sus muslos donde capto su atención en mí como queriendo una explicación. Yo no digo nada, tan solo exhalo el humo de mi boca con toda la calma posible. Y la noté. Su mano en la mía a lo cual sonrío para mis adentros.
Menos mal que hemos cogido una buena hora para llegar ya que se forma un atasco y no encontraríamos aparcamiento hasta el mediodía. Quiero pasar el tiempo con ella todo lo posible. Me gustaba su compañía. Nos entendíamos con solo mirarnos. Ya con eso me era suficiente. Escucho un sonido de sorpresa de Rose que miraba con asombro el lugar. Sí, el parque era enorme, se podía ver perfectamente desde nuestra posición la noria. Ya me gustaría subir con ella y ver las vistas. Sobre todo, del océano. Si tuviera suficiente dinero, no dudaría en comprarme una casa en la playa.
—Hemos tenido suerte —comento ya llegando al aparcamiento.
—Es raro, el primer día suele haber mucha gente.
—Eso es porque conozco muy bien los horarios de llegada. —No mentía. Siempre venía a este sitio con Hina. Y no lo deseaba comentar porque no quiero que piense mal.
—Eres un calculador —¿Debería sentirme halagado?
—Llámalo como quieras.
Aparco el coche y nos bajamos de él para ponernos rumbo a la entrada del parque. Yo, sin dudarlo a penas, cojo su mano a lo cual ella no la rechaza. Definitivamente, quisiera decir que realmente somos pareja; aunque, no le haya dicho de si desea ser mi novia. Esa pregunta sobra, ya con mis acciones era suficiente para mostrar realmente que ella me interesa y removería tierra y mar hasta tenerla de nuevo en mis brazos.
Es tan pequeña e indefensa a mi lado que cualquiera pudiese hacerla daño. Yo estaré ahí en ese momento cuidándola. Maldita sea el día en que se quedó sin batería y yo preocupándome. Lo admito, esta chica me saca de quicio a veces y algún día me dará un paro cardíaco. Llegamos a la entrada dónde saco los tiques y pudimos pasar sin ningún problema. La cara de Rose era de puro asombro al ver aquellas máquinas funcionar y que todo tuviera vida.
—¿Nunca ha ido a un parque de atracciones? —Pregunto ya caminando con ella en el interior del sitio.
-No. La verdad es que no lo hacía por miedo a que alguien me raptase y me pusiera como mascota de circo por ser "gorda".
—Eso ha sonado duro. —Esta chica tiene cada cosa en su cabeza que me asombra.
—Es la verdad. —Agacha la cabeza para clavar sus ojos en el suelo como una forma de estar avergonzada.
—Bueno, de todas maneras, tu pasado es duro. —Intento animarla acariciando su mano con mis dedos—. Y ahora debes centrarte en el presente.
Alza la mirada donde nuestros ojos se conectan y me dedica una pequeña sonrisa un tanto tierna para mi gusto. Te juro que, si encuentro un baño, no dudaría en meterla ahí y hacer todo lo que quisiese con ella. ¡Fumador, controla tus hormonas! Sé que puedo ser un pervertido, pero no tanto, joder. Por su parte, Rose aprovechaba la ocasión para mirar los escaparates donde hay peluches que solo puedes conseguir uno ganando puntos.
Los niños correteaban a nuestro alrededor como si no hubiera un mañana, jugando y divirtiéndose. Yo solo espero que ninguno se pierda porque este sitio es enorme y cualquiera puede aprovechar para raptar a uno de estos niños. Un leve jalón hace que me detenga viendo que Rose estaba mirando un sitio. Sigo aquello que estaba mirando hasta toparme con uno de esos escaparates. ¿Qué estará mirando? Me acerco un poco para tener una mejor visión y ángulo desde nuestra posición hasta que lo capté.
Era un peluche, no medianamente grande ni pequeño, de color blanco y con forma de perro. Yo pensaba que ella no era la típica chica que le gustase los peluches, pero me equivoqué. Para ganarlo habría que conseguir 300 puntos. No parece difícil, ¿verdad? Siento que me jala del brazo como queriendo olvidar el asunto. ¡Ah, no! Mi orgullo me lo impide. La atraigo hacia mí caminando hacia el escaparate donde el dueño de aquel juego me sonríe.
—¡Bienvenido, señor! Este juego consiste en disparar con estos fusiles de juguete hacia los bandidos. —Bandidos, ¿eh? Este juego me va a gustar mucho—. Cada una de las partes de las maquetas tiene puntos. —Señalando con un bastón—. Solo puede tener diez tiros en esta jugada.
—¿Cuánto sería?
—Fumador, no. —A Rose no parecía convencerla del todo.
—Serían 10 bayas, señor.
No lo dudé. Pagué a ese hombre y cojo uno de los fusiles de juguete que estaban en el mostrador. Siento la mirada de Rose clavarse en mi nuca como no creyendo lo que estaba viendo. No me iba a ir sin algo en mis manos. Además, soy comisario. Los policía nos entrenamos todos los días para mejorar nuestra puntería. Me voy colocando, manteniendo una postura cómoda y que mi ojo izquierdo tenga visibilidad en la puntería.
Apunto con precisión donde las balas de goma golpeaban en cada parte que me interesaba. Cinco golpes en el pecho y otros cinco en la cabeza de las maquetas. Aquel hombre estaba sorprendido ante mi puntería. Se puso a contar.
—¡Ha ganado 300 puntos, señor! —Justo lo que quería—. ¡Por ello, ha ganado uno de estos premios que hay en mi mostrador! ¿Cuál desea?
—El peluche blanco con forma de perro. —Siento un grito de asombro en Rose detrás mía. Mocosa, tengo buena vista como para no fijarme.
—¡Buena elección, señor! —El dueño de aquel juego coge el peluche para entregármelo—. Aquí tiene y que tenga un buen fin de semana.
—Lo mismo digo. —Giro sobre mis talones para entregárselo.
—Smoker, no tenías que haberte molestado —me dice con las mejillas ruborizadas, cogiendo aquel muñeco.
—Lo hice por ti —confieso donde acaricio su cabeza removiendo sus cabellos—. Tengo curiosidad, ¿por qué el perro?
—Pues ... —abraza con fuerza aquel muñeco poniéndose nerviosa—, como tienes a Snow, pensé que a lo mejor el peluche serías tú cuando no estamos juntos por temas de trabajos y demás.
¿Qué el peluche hará que se acuerde de mí? ¡Joder, es tan jodidamente tierna a su manera! No sé si son cosas mías o qué, pero siento como mis mejillas se ponen coloradas ante tal cosa. Hasta mi garganta carraspea ante tal confesión. Me acerco un poco más a ella para implantar un beso en su frente a modo de que me ha gustado. Rose ríe con timidez sin dejar de abrazar aquel muñeco. ¿No se cansará de ello? Si yo fuera ese peluche, dejaría que me abrazase todo lo que quisiese.
Seguimos caminando ya entrando en la zona de diversión. Casa del terror, la montaña rusa, la noria ... Todo un lujo con una sola cosa en común: que la gente se divierta y no haya ningún peligro. Y mi olfato se agudiza al oler ese exquisito dulce que me encantaba de niño. Algodón de azúcar. ¿Querrá ella? A mí se me antojaba. Camino con ella hacia el puesto viendo como la persona encargada de crear tal maravilla daba vueltas aquel palo y que poco a poco vaya apareciendo el azúcar. Era hipnotizante la verdad.
Era nuestro turno para que nos entregara el algodón. Uno solo, ya que tenía el pensamiento de compartirlo con ella. Está algo pegajoso, sí, pero eso bastaba. Rose miraba con duda aquel dulce, no sabía si comerlo o no en presencia de otros. Vamos, ya lo superaste. Cojo un trozo donde mis manos quedan pegajosas y se lo acerco a los labios de ella. Me mira y, con decisión, abre la boca para recibirlo. Todo su cuerpo se estremece.
—¡Muy dulce! —Grita a lo que río un poco.
—¿Qué esperabas? Es azúcar de todos modos —Muerdo un poco aquel algodón.
—Sí, pero no me esperaba que fuera tan dulce.
Tan sabroso como siempre, aunque prefiría un helado con este tiempo. Una idea loca se me cruza por la cabeza y me gustaría ver la reacción de ella. Cojo otro trozo de algodón con mis dientes y me acerco a ella intentando aprovechar que tiene la boca abierta como disimular aquel sabor y la beso. Su cuerpo se tensa al recibir tal beso y con el algodón dentro de su boca que poco a poco se estaba derritiendo. Me separo para ver esa expresión en su rostro que me encantaba.
—... ¡Smoker no vuelvas hacer eso! —Roja como un tomate.
—Oh, vamos, tengo que alimentarte —bromeo.
—Smokey me protegerá de tus intenciones. —Pone al muñeco como una manera de defensa. Espera, ¿le ha puesto nombre?
—¿Humo?
—S ... Sí ...
—Dime, por favor, que no has cogido mi nombre y utilizando ese término.
Silencio es la que obtengo. ¡Oh, joder con esta niña! ¿Por qué no me llama así? Suena tan tierno cuando lo dice ella. En forma de venganza, cojo otro trozo para hacerlo de nuevo, pero se defiende con el peluche. No voy a perder tan fácilmente. La cojo por sorpresa con mi brazo, elevándola un poco y la beso de nuevo. Y esta vez no era un beso tierno, es mucho más dominante que el anterior. Explorando lentamente la cavidad de su boca recibiendo pequeños suspiros de ella. No puedo esperar el momento cuando esté en mi cama y gimiendo mi nombre.
Nos separamos un poco y ella, con intuición, oculta su rostro en el peluche yo no pudiendo evitar reír levemente. Es como una niña pequeña y asustadiza, explorando un mundo desconocido para ella. Aprovecho el momento para abrazarla con mi único brazo disponible, acariciando lentamente su espalda. Es tan pequeña, no dudaría en protegerla. Bueno, creo que alguien se comerá solo el algodón de azúcar. No lo iba a dejar a medias eso está claro.
Retomamos el paseo volviendo a cogernos de la mano mientras mirábamos las atracciones. Tal vez era mejor ir a uno suave que uno brusco como la montaña rusa. Sí, la mejor opción era la noria. Te relajas sin ningún tipo de problema y aprovechabas para mirar el paisaje. Nos ponemos en la fila y siento un breve apretón en la mano. La miro y su rostro reflejaba inseguridad.
—Oye, estoy aquí. No va a pasar nada.
—Es que ... no sé si me gustan las alturas.
—Mientras estés conmigo no pasará nada, te lo prometo.
Debía inspirar confianza para que ella no tuviera miedo de nada. Se apega más a mí en busca de protección y no tuve problema en atraerla con mi brazo a modo de escudo. Era nuestro turno de subir y la hago entrar primero para que estuviese tranquila. El chico de la noria cierra la puerta y vamos ascendiendo lentamente. Ella coge de mi mano con fuerza y con los ojos cerrados. Me está dando pena, en serio.
—¿Ves? Nada está mal.
Va abriendo poco a poco los ojos y va mirando a su alrededor lentamente.
—Aun así, no estoy tranquila.
—¿Y lo estarás cuando veamos el paisaje?
Capté su atención dirigiendo su mirada hacia mí. Pero no me miraba, sino al paisaje donde yo también lo admiro. Una gran ciudad y más allá de ella el océano. La belleza era espléndida y sin igual. Me pasaría la vida viendo esa escena o tener esta imagen en un cuadro.
De repente, un leve estruendo hace que me despierte y siento a Rose abrazarme con fuerza. La noria se detuvo en seco asustando a la gente. Miro un momento abajo y veo que el chico buscaba la solución al problema. Bueno yo tengo que resolver el mío. La pobre estaba tan asustada que no quería separarse de mí.
—Tranquila, solo se detuvo la noria.
—Quiero bajarme —confiesa con lágrimas de cocodrilo—. No me gustan las alturas.
—¿Ni siquiera cuando estás conmigo?
Sus ojos se clavan en los míos de color café.
—Contigo me siento segura.
—Eso me alivia bastante. —Acaricio lentamente su mejilla que estaba colorada por ese tono de color rosa.
Debo distraerla con cualquier cosa. El paisaje era la única manera que se me ocurrió, aunque habría otras cosas en mente, pero no es el buen momento.
—¿Sabes? Si tuviera una cámara podría fotografiar este paisaje y admirar su belleza.
Por un momento, mira el sitio y luego a mí.
—¿Y no te vale un cuadro hecho por mí?
También es cierto. Recuerdo el día en que llegué a su casa, el día que me fío un susto de muerte, aproveche la ocasión para ver sus obras. ¿Y sabéis? Eran una maravilla. ¿Por qué no se los muestra a un pintor o un museo para que lo expongan? Ganaría mucho dinero. Sus manos son mágicas. Hacen una obra maravillosa. Y que pinte ella este paisaje me haría mucha ilusión, a lo que sonrío.
—No es mala idea.
—Me pondré con ello cuando llegue a casa.
—Tampoco quiero que te esfuerces mucho —comento, exhalando el humo de mi boca.
—Cuando se trata de un paisaje bonito, me gusta hacerlo antes de que se me olvide.
—Que perfeccionista saliste.
Cada vez me estaba gustando esta chica. Todo de ella es algo único y exclusivo. Retiro los puros de mi boca para darle un pequeño beso en sus labios. Ella no dudó en corresponder el beso y apoya las manos en mi pecho con algo de timidez. Rose es tan perfecta para mis ojos. No dudaría en mimarla en cualquier momento. ¿Qué estás haciendo conmigo? Haces que sea una persona diferente a lo que suelo ser. Un hombre frío y duro como una rosa, y tú estás haciendo que me ablande.
Un suspiro sale de mis labios al separarme de aquel beso y apoyo mi frente contra la suya para mirar aquellos ojos que me hipnotizan tanto. Aquel color me llamaba mucho la atención. Tan únicos y especiales. No me cansaría de verlos una y otra vez. Estaría admirando aquel brillo que desprendían cada vez que está conmigo. Mi pequeña. Mi ángel. Ya ni sé qué nombre ponerle. Mi mirada estaba perdida en sus ojos oculares y no era el único.
Como me gustaría hacerlo aquí con ella mientras intentan arreglar el problema. Y, obviamente, las celdas eran visibles para cualquiera. Un pervertido podría aprovechar la ocasión para vernos y no estaría de humor como para que alguien la viese. Yo solo puedo verla y la deseaba. Deseaba despojar aquellas ropas que estorbaban para mi vista. Coger con mis propias manos aquellos muslos carnosos donde es fácil sujetarlos. Y no hablar de su trasero que me daban ganas de apretarlo y dar leves palmadas.
¡Mierda! Me estoy calentando de una manera sobrenatural. Debo tranquilizar estar hormonas de adolescente, antes de que pierda el control de mí mismo. Un gruñido de frustración sale de mi garganta y apoyo mi cabeza en su hombro. Su aroma era tan atrayente. Joder, ¿por qué me haces esto? De verdad que deseo ver tu cuerpo y que estés a mi merced. Así puedo tranquilizar al animal que llevo dentro. Estar mucho tiempo sin sexo es malo para mí. Y es extraño, no suele importarme demasiado. Pero esta vez es diferente. Ella desconoce que me está persuadiendo con su cuerpo, ocultado por aquellas ropas un tanto abultadas.
Iba a besarla de nuevo; sin embargo, la noria se mueve dando sentido que ya estaba arreglado el problema. Rose apoya su cabeza en mi pecho ya estar más relajada de lo normal. Yo, como de costumbre, la abrazo con todas mis fuerzas sin hacer ningún tipo de daño. Le daba todo el cariño del mundo, algo que no suelo hace muy a menudo. Definitivamente, Rose me ha hechizado. Ella lo puede negar todo lo que quiera, pero yo siento que mi corazón bombea cada vez que la veo. Eso se le llama felicidad y me gustaba.
Ya dimos unas cuantas vueltas por la noria hasta que terminaron la atracción y nos bajamos. Rose alivia todo su cuerpo de que todo haya salido bien y se apega más a mí como una muestra de no querer separarse. Ni yo tampoco quería. Quien nos viese, no estaría de acuerdo de que ella y yo seamos pareja ya que somos diferentes físicamente. Me daba igual lo que pensasen. Yo estaba feliz con ella. Es mi felicidad. Es mi vida. Y Rose también lo siente.
¿Cómo lo sé? Es fácil ver como ella se sonroja cada vez que le digo algo sorprendiéndola. A la hora de abrazarla. De besarla. Todo lo puedo ver y sentir. Estábamos cómodos y ninguno quería separarse del otro. Beso levemente su frente recibiendo una pequeña risa de ella. Me encantaba escucharla. Era música para mis oídos.
—Fumador —me llama a lo cual la miro—, ¿y si nos vamos?
—¿Ya? ¿No quieres comer algo aquí dentro?
—No quiero que te gastes el dinero por mí.
—Vamos, puede que no tenga el mejor sueldo del mundo, pero probar algo nuevo no es nada malo. —Quiero tentarla a que prueben cosas nuevas.
—Eres una mala influencia —ríe bajito.
—Pero te encanta. —No pude evitar reír con ella acariciando levemente su rostro.
—¿Y si vamos a comer fuera?
—¿No quieres comer aquí dentro? —Me sorprende.
—Mucha fritanga y comida basura de por medio.
—Por un día no pasa nada.
Vamos, ya sé que es insano, pero no pasaba nada. Ella asiente con la cabeza a lo que la guío hacia la zona de comida. Pues sí que había mucha gente para comer. Menos mal que esto es rápido y no como en los restaurantes. Entonces sí que nos morimos de hambre. Ambos pedimos lo mismo: un perrito caliente. Lo estaba disfrutando como un niño y ella, como de costumbre, se manchaba sin querer, sobre todo la boca.
Oh, es tan linda. Menos mal que cogí unas cuantas servilletas y pueda limpiarla bien. No me mira porque estaba sintiendo vergüenza. No debería sentirlo.
Realmente me gustaba estar cerca de ella y mimarla como quisiese. Sin que todos pensaran que ella y yo no estamos destinados a estar juntos. Si lo estamos y no dudaría en estar así siempre. Y así fue como nuestra relación ha ido fluyendo de manera mágica.
Reseñas:
Monnie's: En un principio quería juntarlo con Robin, pero al final lo decidí así jajaja. Ya quisiera uno tener un novio así que se preocupe y que rebuscaría por el todo mundo. Y la vecina, la pobre Rose, lo que tiene que soportar jajaja. Gracias a ti por leer. 3
