Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 10: Creo que podría
¡No sé cómo sucedió, lo juro!
La película ha terminado, hace mucho que terminó, y de alguna manera me he situado en una posición complicada. El brazo de Edward ya no está envuelto alrededor de mi hombro, pero estoy cómoda como un insecto, acurrucada en su costado.
¡Ni siquiera estoy dormida!
Pero me pongo muy sentimental y cómoda cuando comienza a hablar sobre su abuela en Luisiana y cómo quiere hacer una parada y visitarla. Tiene noventa años, cabras, un perro llamado Popeye y un columpio.
—No he estado en un columpio desde que mi primo Felix me empujó tan alto que me caí y casi me saco los dientes. Está bien, estaba parada sobre él, lo cual es una especie de no-no, pero aun así. Mis labios estaban rotos y tuve dos ojos negros durante un buen tiempo. Las fotos de la escuela fueron esa semana y mamá las compró —digo—. Quizás debería alejarme del columpio.
—Seré amable contigo —dice.
—Oh, está bien —acuerdo, cediendo, porque el gentil Edward suena como algo con lo que podría estar de acuerdo, como para sentarme en un un columpio de llanta.
—Mi tía tiene una granja de pollos...
—¿Una granja de pollos? —pregunto, levantando un poco la cabeza incluso si no quiero—. ¿Como con gallos?
Su cabeza se inclina hacia abajo, y puedo ver sus fosas nasales. Pensarías que sería asqueroso, pero no, no lo es.
—Mayormente gallinas. Venden huevos. Te llevaré allí.
—No soy muy aficionada a los gallos.
—¿Has tenido muchos gallos? —inquiere, y todo lo que oigo es que Baby le pregunta a Johnny si ha tenido muchas mujeres y me dan ganas de reír.
—Nunca tuve. A la mamá de mi amiga se le metió en la cabeza que quería ahorrar dinero comiendo huevos frescos, así que compró un gallo y dos gallinas. Su papá construyó un corral grande como con una puerta de tamaño normal. Estaban en el trabajo, y yo estaba pasando el rato y su padre la llamó y le dijo que necesitaba... —me empiezo a reír solo de recordar esta historia—... que necesitaba que recogiera los huevos. Ella estaba demasiado asustada, así que dije que lo haría; no estoy muy segura de por qué, ya que no soy una persona valiente, pero lo hice y el gallo me atacó. Mi amiga no me dejaba salir, estaba demasiado asustada de que el gallo se saliera y su papá se cabreara, así que corrí por el corral asustada por mi vida, gritando a todo pulmón. Ella se rio tan fuerte que se orinó en los pantalones, consiguió lo que se merecía, diría yo.
—Es cierto. —Edward se ríe—. Siempre tienes una historia, Swanie. Si lo recuerdo bien, dijiste que ni siquiera has vivido.
—Como adulta —agrego—. No he vivido como una adulta. De hecho, soy una adulta bastante aburrida.
—Tienes razón. Estoy muerto de aburrimiento en este momento. —Se mueve y envuelve un brazo alrededor de mi hombro, dándome un abrazo.
Santo Dios.
—¿Vamos a jugar un juego? —pregunto
—Creo que lo haremos. —Él se ríe y quita el brazo, ¡por qué!
—Me gustaba tu brazo allí. Me mantenía caliente.
—¿Sí? —No puedo mirarlo después de esa declaración, pero me encanta poder escuchar la sonrisa en su voz—. Puedo apagar el aire acondicionado —sugiere, alcanzando la perilla.
—¿Qué? ¡No! El brazo servirá.
Se ríe y vuelve a envolverme con el brazo, dándome un agradable abrazo.
—Si quieres abrazos, solo tienes que pedirlos. Soy bueno abrazando.
Salí con algunos chicos el año pasado en la universidad, pero ninguno de ellos, ninguno de ellos, eran hombres como Edward. ¿A quién estoy engañando? Ni siquiera eran hombres. Eran chicos universitarios de fraternidad que buscaban echar un polvo. No podré volver a mi vida normal y aburrida sin Edward.
¡No me dejes nunca, vaquero!
Mi teléfono suena fuertemente en el asiento del pasajero, y desde aquí puedo ver el nombre de mamá en la pantalla, y la maldigo al infierno y de regreso por hacerme mover del amado brazo de Edward.
—Hola, mamá —saludo.
—Bella, cariño, ese hombre es hermoso —dice, ni siquiera un hola.
La profunda risa de Edward me dice que acaba de escuchar lo que mamá dijo.
—¿Qué respondo a eso? —pregunto, deseando no haber respondido. Quiero decir, estoy de acuerdo de todo corazón, y si Edward no estuviera sentado aquí, hablaría de él sin parar.
—Tu padre todavía está histérico, y yo también estoy un poco recelosa, incluso si esa cara parece que fue tallada por los mismos dioses griegos.
La risa de Edward se hace más fuerte, y le echo un vistazo, encontrándome sonriendo por su sonrisa, porque su sonrisa es increíblemente hermosa, luego me da un guiño, y me derrito en su costado de nuevo.
¡A quién le importa si piensa que soy pegajosa!
—Mamá, él puede escucharte. —Ahora, siento la risa de Edward.
—Ups —dice—. ¿Dónde estás?
—No estoy segura. En algún lugar entre aburrido y más aburrido.
—¡Bella!
—Estamos en Texas —respondo.
—Te está tomando una eternidad —se queja, obviamente no entendiendo que un viaje por carretera con Edward debería durar toda la vida—. Te vas a perder todas las vacaciones.
—Estaré allí. No me perderé todo. Edward me llevó al zoológico ayer. Eso fue divertido.
Más divertido de lo podría estar en Florida con mis padres.
Ni siquiera lamento admitir eso, en mi cabeza de todos modos.
—Disney World es mañana —intenta incitarme.
Ella no está entendiendo.
—Te llevaré a Disney World —susurra Edward.
Sonrío y asiento con la cabeza vigorosamente, con entusiasmo, y él frota mi brazo con su mano, tirando de mí hacia su costado.
Sí, mamá realmente no lo está entendiendo.
—Llegaremos antes de que acaben las vacaciones. Lo prometo.
—Está bien —suspira—. Cuídate.
—Lo haremos. Te amo.
—También te amo, cariño.
Ella cuelga y dejo mi teléfono en mi regazo.
—Dioses griegos, ¿eh?
Me encojo de hombros y me pongo el pelo detrás de la oreja.
—Estoy segura de que te has mirado en un par de espejos. Tendrías que estar ciego para no verlo.
—¿Sí? —pregunta—. Creí que me estaba mirando a la cara.
—Déjame mostrarte —digo, levantando mi teléfono y haciendo clic en la cámara. Lo sostengo y enciendo el modo selfie, poniéndonos a ambos en el marco—. Actúa natural.
Mantiene sus ojos en la carretera, pero presiona un lado de su rostro contra mi cabello, y cuando mi cuenta regresiva llega a tres, él mira y sonríe, con hoyuelos y todo, y tomo esa foto rápidamente.
—Sí. Estado de dios griego.
—Cállate —ríe—. Muéstrame.
Lo sostengo donde él pueda verlo, y niega con la cabeza, sonriendo.
—¿Y tú, Swanie? ¿Eso te convierte en una diosa?
—No —me ahogo—. Soy un cisne.
¡Sí, porque un cisne es mejor que una diosa!
A veces quiero golpearme hasta la inconciencia.
—Correcto. Elegante. Los cisnes son bonitos.
—¿Me estás llamando linda?
—No. Te estoy llamando bonita.
—A eso me refería.
—Entonces sí. Eres bonita, Swanie. Bonita como un cisne, ¿verdad?
Oh, Dios mío.
—Si tú lo dices. Yo era como el patito feo en el pasado. Uno de estos días te mostraré las fotos. Mientras esperas, ¿quieres un bocadillo?
—Por supuesto. Podría comer. Unas pocas millas más y me detendré y podremos comer.
—Bueno.
—¿Cuál es este juego que querías jugar? Me gustan los juegos. Soy bueno ganando.
Pongo los ojos en blanco.
—Te dejé ganar, lo sabes.
—Ganar es ganar, Swanie.
—Es el juego de las matrículas, pero empezaremos después del almuerzo.
—Bien. Seré gentil contigo.
—Espero que no haya autos en millas.
Edward se ríe, y lo observo, luego se desvía en una salida y se estaciona para almorzar.
Después de que Edward me sube a la parte trasera, ese misterio se resuelve, no soy demasiado pesada, nos preparo sándwiches y él agarra las papas fritas horneadas y los jugos capri.
Cuando tiene dificultades para insertar la pajita, la agarro y lo hago por él.
—Tienes que inclinar la pajita —digo, dándole una lección—. Entonces solo la metes. ¿Entendido?
Él sonríe y toma un sorbo del que le preparé.
—Sí, señora.
¿Sí, señora? ¿Por qué quiero que vuelva a decir eso?
—¿Qué dijiste? No te escuché.
Sacude la cabeza, como si no me creyera. ¿Dónde está la confianza?
—Sí, señora. ¿Debería gritarlo?
Salta a mi lado, alineando nuestros muslos, y le entrego su sándwich.
—No, está bien. Simplemente no susurres la próxima vez.
¡El hoyuelo!
Si pudiera casarme con él, lo haría.
—Así que —comienzo, tomando un sorbo de mi jugo capri—. Nunca pregunté, pero ¿alguien especial en tu vida?
¡Solo di novia! ¿Y si tiene una? No estoy segura de que viajaría conmigo por el maldito mundo si tuviera novia. Es demasiado bueno para eso.
Pero si tuviera una, moriría. Ya es mi vaquero, no puede ser de otra persona. Ni siquiera tendría sentido. Las estrellas ya se han alineado y todo eso sea lo que sea.
Es mi salvador de pasajeros de avión.
Mi caballero.
No puede tener novia.
—Sí —dice, y muevo la cabeza en su dirección. Está masticando y masticando y masticando sin ninguna preocupación en el mundo mientras yo tengo un mini ataque de pánico.
—¿A ella... —ni siquiera puedo creer esto—... le va a importar que estés en un viaje conmigo?
Los ojos arrugados de Edward encuentran los míos, luciendo todo verde majestuoso a la luz del sol.
—Chip es un chico, Swanie, pero no creo que le importe. Parecías gustarle.
—¿Chip? —replico.
—Sí, es muy especial. Eso ya lo sabías.
—Sí —me río nerviosamente, metiendo la pajita en mi boca—. Es un buen chico.
El hombro de Edward choca contra el mío.
—¿Esa fue tu forma de preguntar si tengo novia?
—¿Qué? No. Está bien, tal vez estaba preguntando sutilmente.
¿Qué sentido tiene mentir? Total ya me descubrió.
—Nope. Sin novia —dice—. ¿Quieres postularte para el puesto?
¡Oh, Dios mío!
—¡Sí, de ninguna manera! Detesto las entrevistas —bromeo, pero lo digo en serio—. En la escuela secundaria me entrevisté para un puesto en esta heladería local. Me congelé en la primera pregunta y todo lo que me pidieron fue que les contara un poco sobre mí. ¡No tengo nada! Ni siquiera llegué a la pregunta dos. Me disculpé y nunca miré atrás. Incluso dejé de ir a comer helado, y me encanta el helado.
Sí, todo eso literalmente salió de mi boca.
—Entonces, no, ¿no estás aplicando?
—Cállate —me río empujándolo con mi propio hombro, haciéndolo reír profunda y seximente.
Terminamos el almuerzo y compartimos algunas galletas antes de volver a la carretera. Mi piel se siente bronceada y cálida por nuestro pequeño picnic, y tal vez un poco también por la conversación.
Estoy abrochándome el cinturón, de nuevo en mi asiento del pasajero habitual, cuando Edward me mira, con las cejas bajas como si estuviera confundido.
—¿Qué estás haciendo hasta el otro lado? Hace frío aquí.
No puedo evitar la sonrisa que estira mis labios, y cuando lo miro a los ojos, su sonrisa es más grande que la mía.
¿Lo amo?
Creo que podría.
¡Creo que todas podríamos amar a este Edward! Me encanta leer sus comentarios, saber que están amando la historia tanto como yo. Gracias por las alertas y favoritos también, son un amor. Les dejo el capítulo de regalo por llegar a los 300.
Estaré esperando ansiosa sus comentarios para saber qué les pareció.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
